Unos ojos azules se abrieron de par en par y de golpe. Ron Weasley despertó en un lugar que no conocía, el cual era húmedo y oscuro, las paredes eran de piedra, sin color y el ambiente se sentía infeliz, no hubo poder humano que hiciera a Ron sentir algo que no fuera tristeza y desesperanza.

¿En dónde estoy? Se inquirió internamente. Casi como si hubiera hecho la pregunta en voz alta, una voz quedamente le respondió:

Estás en Azkaban, infeliz… ¿Qué hiciste para terminar aquí?

Ron no tenía idea de qué demonios podía estar haciendo en Azkaban, incluso, no creía dicha aseveración. Simplemente ignoró la voz que le había informado tal cosa y empezó a gritar por auxilio.

AYUDA! Auxilio! No sé en donde estoy! Ayuda por favor!- gritó Ron sin escuchar respuesta alguna.

De repente sintió como cada parte de su ser se enfriaba, como cada esperanza de felicidad se desvanecía y empezó a escuchar gritos de una mujer que agonizaba.

Ronald, debes ser fuerte, tu padre y yo ya no veremos tu futuro, pero te amamos con toda el alma- Decía dicha voz.

Una figura con capa apareció del otro lado de la reja del lugar en donde Ron se encontraba, instintivamente él busco entre su túnica su varita, sin embargo, dicho instrumento no estaba en donde usualmente estaba. Ron se estremeció y sintió como cada parte de su ser perdía hasta la última pisca de felicidad y escuchaba la voz de su padre decirle:

Se fuerte Ronald, ya no estaré contigo, pero te amo con cada parte de mi ser.-

Hermione despertó el lunes un poco desubicada, sin saber exactamente en donde estaba o por qué estaba ahí, en sus sueños se encontraba en un tren rumbo al sur, el cual iba rumbo a España, sin embargo, al abrir sus ojos vio su habitación y con ella el recuerdo de las palabras que había leído por parte de Ronald.

En ese instante entró su tía Hilda.

¡No puedo creer lo mal educado y rencoroso que resultó ese chamaco! ¡Jamás había presenciado semejante grosería en mi vida!

Tía, Ron tenía todo el derecho de odiarme, permití que una educación y un físico me deslumbraran, dejando de lado el excelente trato que él siempre me dio. Yo habría hecho exactamente lo mismo.

¡No trates de justificarlo, Hermione! ¡Él se fue con una mujer y va a ser padre!

Eso ya lo sé, pero aun así no puedo condenarlo. Le fallé, tía.

¡Tal vez, pero está Harry! Sabrás olvidar a Ron estando con ese muchacho, por cierto, deberías enviarle una lechuza con tus disculpas, el día de ayer que volviste de sabrá Dios donde, y perdiste el conocimiento, tu madre le envió un mensaje diciéndole que te encontrabas mal de salud, de hecho te acaba de llegar este arreglo! – dijo mientras señalaba un jarrón que contenía un sin número de flores y estaba en la meza central de la habitación de Hermione.

Devuélvelas tía, sé que el señor Potter no tiene la culpa, pero más vale acabar con esa posibilidad de una buena vez, no quiero que se confunda y piense que podrá obtener algo que jamás le daré.

De ninguna manera! ¡Si quieres devolverlas hazlo tú, chiquilla, yo no haré semejante grosería a una persona que solamente trata de agradarte!

Hermione no siguió discutiendo, al salir su tía de su habitación, echó más agua a las flores, después de todo ellas no tenían la culpa de nada.