Más tarde esa noche, a las diez en punto, me puse por última vez la máscara por ese día tras desearle buenas noches a mis padres, y enganché mi yoyo para balancear mi cuerpo desde mi balcón. Tenía una "cita" con Chat Noir para patrullar las calles, y... Llevé el amuleto de la suerte que me había obsequiado Adrien. ¡Ay! ¡Lo sé! ¡Fui una tonta! No se me pasó por la mente que mi Gatito pudiera ser alguien de mi clase, mucho menos Adrien, ¡Sus personalidades eran tan desiguales! Chat era coqueto, engreído y fanático de los juegos de palabras, mientras que mi futuro esposo era humilde, simpático y caballeroso, ¡Ay, todo un sueño! ¡Lo amo tanto!
Um, pues volviendo al tema; aterricé en nuestro punto habitual para cuidar la seguridad de París, la cima de un edificio donde podíamos apreciar de cerca el elegante porte romántico de la Torre Eiffel y la belleza de nuestra ciudad. El viento desordenaba con ligereza mi peinado de dos coletas, pero el material de mi traje no le daba el paso para hacerme sentir su baja temperatura. Chat no había asomado su rostro presumido aún, y tomé ese momento a solas para darle más vueltas a la historia de Celine y mi elección de palabras, en tanto giraba el amuleto de la suerte que el chico que rondaba mis pensamientos me había fabricado para mi último cumpleaños. ¿Debería empezar a escuchar mis propios consejos y dejar ir a Adrien de una vez por todas? Él era mi primer amor, nunca había tenido sentimientos tan apasionados por un chico, ni deseado que me besara, me tocara, que me amara. ¿Es que Adrien no era tan perfecto como yo lo pintaba?
De la nada, una voz masculina conocida ronroneó un par de palabras en mi oído.
—Luces garrandosia en esta velada, mi Lady.
Un grito agudo surgió desde lo más profundo de mi ser y simultáneamente me paré de un salto guiada por la sorpresa, mas como había estado sentada en la orilla de la construcción, mis pies no consiguieron mantener estabilidad en la superficie redondeada. Luché por no perder el equilibrio pero la gravedad no estaba de mi lado, mi cuerpo estaba a unos segundos de precipitarse al vacío. Fui salvada por mi fiel compañero, quien en un movimiento ágil me sujetó de la cintura con un brazo para arrimarme a él. Mi corazón no se daba tiempo a respirar entre latidos, y yo intenté normalizar mi respiración para recuperarme del susto de casi haber muerto.
—Mi Lady. —Dijo Chat, con una voz extrañamente estrangulada. —No es que no esté contento con nuestra cercanía, pero no puedo... ¿Podrías aflojar.. ?
Lo miré enseguida, mis brazos se habían agarrado con desesperación a su cuello y lo estaba exprimiendo. Me disculpé en un murmullo y lo solté para resguardar el amuleto de Adrien en un lugar seguro que era entre el hueco de mis manos y mi pecho. No lo dejé ir en ningún minuto, y eso me hizo suspirar con alivio. Entonces reparé en que Chat seguía con sus brazos en torno a mi cintura, y le dediqué una mirada molesta, no sólo por estarse aprovechando del momento sino por haberlo provocado. Puso las dos manos arriba en respuesta, la derecha estaba cerrada alrededor del mango de un paraguas oscuro.
—Perdón, perdón. —Exclamó a la defensiva— No era mi intención darte un susto, es que estabas tan concentrada en la nada que no me escuchaste llegar. —En su cara se formó una sonrisa coqueta, y haciendo alarde de su acostumbrada galantería, cogió mi mano y besó la superficie de látex de su dorso de manera delicada. —Buenas noches, por cierto, mi Lady.
—Hola, Chat. —Retraje mi mano mientras le brindaba un giro juguetón de los ojos. — ¿Por qué trajiste un paraguas?
—Es simple, Buginette. Mis sentidos felinos me avisan que se avecina una tormenta. Tan sólo soy purrcavido. —Inclinó su rostro más cerca del mío con sus hipnotizantes ojos felinos cerrados a medias y una sonrisa ladeada, la que era según él su mirada matadora, a la que las chicas caían rendidas. Probablemente, si hubiera sido una admiradora cualquiera habría hecho efecto, pero no era el caso conmigo. —No puedo dejar que mi Lady se moje.
—Vaya, vaya. Qué caballeroso es mi Gatito. —Lo alejé de mí con el índice en la punta redonda de su nariz, no pudiendo ocultar una sonrisa de diversión. Llevé mis ojos hacia el cielo nocturno para juzgar por mí misma, la media luna de aquella noche mostraba su rostro blanquecino esporádicamente entre campos de nubes de algodón oscuras. Di un asentimiento. —Muy bien. Confiaré en tu palabra, Chat.
Mi amigo y yo adoptamos mi posición anterior a su llegada, con nuestras piernas colgando por la cornisa exterior del edificio, dividas por un espacio nulo de centímetros y gracias a la gran confianza que nos teníamos el uno al otro, no era algo que nos hiciera sentir incómodos. Chat se echó ligeramente para atrás, descansando la mitad de su peso sobre sus manos y contempló el panorama de la ciudad cuya paz nos correspondía velar. Yo recosté mi cabeza en su hombro duro por el constante trabajo de sus músculos en las batallas contra los akumas y solté un prolongado suspiro. Abrí la palma de mi mano sobre mi regazo para mirar el amuleto de forma pensativa mientras me preguntaba, ¿Qué estaría haciendo Adrien ahora mismo?
— ¿Qué tienes ahí, Buginette? ¿Un regalo para mí? Que yo sepa no es mi cumplea...
El resto de la palabra se perdió en algún lugar de sus labios dignos de una revista entera dedicada a ellos y yo levanté la cabeza. La cara de mi felino favorito era todo un poema, parecía estar congelada en un gesto de ojos desorbitados y la boca abierta como si fuera a modular la letra 'A'. Su mirada había ido a dar con mi amuleto de la suerte. Enarqué mi ceja izquierda, desconcertada.
— ¿Qué?
— ¿De...? —Se cortó para pasar saliva con esfuerzo y completó en un hilo de voz. ¿Era idea mía o su piel de tonos cálidos que no cubría la máscara de látex del mundo había palidecido? — ¿De dónde sacaste eso?
Con una sonrisa absorta, barrí mi pulgar, casi como una tierna caricia, por la silueta de la avecilla de oro de la pulsera.
—Este es un amuleto de la suerte que me hizo mi... Un muy querido amigo para mi último cumpleaños. —El murmullo de mi voz se redujo a un suspiro apesadumbrado. —Bueno, sigo tratando de descifrar si somos amigos.
— ¿Por qué lo dices? —Se formó un surco que denotaba perplejidad entre sus cejas de pelos dorados.
Desde luego que antes de abrir la boca, consideré los pros y contras de dejar que supiera de mis inquietudes respecto a mi amistad con el único hijo de Gabriel Agreste. Ya saben que nuestra relación estaba en un nivel elevado en el que éramos los mejores amigos. Podíamos extender pequeñas conversaciones por horas, tanto si fuera un vídeo de preciosos gatitos encontrado en Youtube o una simple tontería como sus chistes, éramos capaces de perder la noción del tiempo hasta que tocaba la alarma que concluía el patrullaje o que uno de los dos se quedara dormido. Eso sí, por orden mía, estaban prohibidos los temas de nuestra vida privada, o dar siquiera una pista para ayudar a que el otro pudiera descubrir la identidad de civil de su compañero. No obstante, yo fui y rompí esa regla por el mero hecho de que me hacía falta un oído, un amigo, alguien que prestara suma atención a lo que mi corazón quería expresar sin sacar sus propias conclusiones primero. Chat fue esa persona, y hasta este día no me arrepiento de haberlo elegido. Era una agradable sensación, ¿Saben? Contar con alguien como Chat, porque él me entendía en un sentido que ninguna otra persona podría comprender. Sólo nosotros, Chat Noir y Ladybug, sabíamos lo que era la presión de ser un superheroe.
Por obvias razones, procuré censurar los nombres de las personas involucradas que no fueran Adrien, pero no fue necesario para que mi Gatito pudiera comprobar con asombro que la heroina más querida en la era moderna de París, la osada chica con actitud a la que le escribía poemas que no podía terminar, no era nadie más que la muchacha tímida de su clase que se sentaba un puesto atrás del suyo y que había concluido que lo odiaba, si sus reacciones de aversión al tenerlo a una distancia prudente eran una prueba suficiente. Mi relato, que incluyó la amenaza de Lila en el baño y las palabras del modelo que me hicieron pensar dos veces si debía dejar al descubierto las mentiras de la chica, mientras procesaba la información hizo que una emoción y un sentimiento atravesaran los ojos velados de pestañas que le robaron un rayo al sol de Chat Noir y que también se presentaran en su lenguaje corporal, pero fueron detalles a los que no presté atención en su momento. Ahora puedo decir que lo aquejó el enojo, ya que el extremo interior de sus cejas se contrajo en una curva en forma de 'u' hacia su ceño y el exterior lo mismo pero invertido, su mirada estaba entornada con levedad y en los suaves matices verde oliva de esta esa emoción negativa saltó a la vida, mientras que su boca era una línea delgada llena de tensión y sus puños estaban hechos una pelota.
Una vez que terminé con mis desahogos, suspiré contenta pues fue como si un peso invisible con el que había cargado por días se levantara de mis hombros. Me quedé a la espera de su veredicto, sabiendo que fuera cual fuera, no me decepcionaría de ningún modo. Chat no me devolvió la mirada, en realidad parecía haber olvidado hace mucho que yo estaba ahí con él. Continuaba abstraído en el sentimiento de culpa que mis palabras lo habían hecho experimentar, tenía su diente hincado en la carne de su labio inferior, y sus orejas de gato estaban ligeramente caídas. ¿Creen que es extraño que lo haya analizado tan a fondo? Intenten morir de aburrimiento, no literalmente, y que lo único que puedan hacer para alimentar su entretenimiento y no caer en la desesperación sea esto.
— ¿Chat? —Lo toqué de forma tentativa y eso lo hizo espabilar. Miró mi mano en su antebrazo y parpadeó, para luego darme una mirada opaca que se avivó con dolor y atraparme en un firme abrazo. Aunque me había tomado por sorpresa, no hice ningún intento por apartarlo de mí pues podía sentir que no era uno de sus juegos para hacerme caer en sus redes. Dios, si hubiera sabido que Adrien Agreste en persona me estaba dando un abrazo me habría puesto a chillar y mi rostro de mil colores. Lo envolví con mis brazos sin dudar. — ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
—Lamento que hayas tenido que sufrir por mi... Por la culpa de ese idiota, mi Lady. —Escuché que me decía en tono susurrante.
— ¿Adrien? No es un idiota, él sólo... trató de hacer lo correcto. —Quise justificar al chico que mi corazón amaba, pero no pude lograr siquiera un tono de voz convincente. Forcé una carcajada sin aire. —Tampoco es para ponerte así, gatito tonto.
Su cuerpo era una masa temblorosa en mis brazos, y temí que fuera porque lloraba, pero mi única pista cuando se alejó con reticencia era que sus ojos lucían tristes.
—Sí, perdona. —Murmuró Chat de manera apagada. —Pues en mi purrspectiva —Puso en su rostro lo que pretendía ser una sonrisa traviesa, pero sus ojos no dieron el mismo mensaje. Yo omití su broma y junté las cejas en un ceño fruncido, ¿Qué estaba mal con él? —, no debes darte por vencida con ese chico, Buginette. Suena como un idiota, pero tengo la certeza de que si le das una oportunidad de explicarse, tendrá una buena razón para no haber hablado. —Se quedó con la mirada perdida en un punto en la distancia mientras decía en un volumen de voz cabizbajo. —Puede que le asuste meterse en problemas.
Las palabras que acababa de emitir me dejaron pensativa.
— ¿Tú crees? —Le susurré, con una sonrisa pequeña. Mi preocupación por su inusual comportamiento quedó enterrada bajo la esperanza que nacía en mi pecho por que no todo estuviera perdido con Adrien.
Mi fiel superheroe asintió. Me tendió su mano con garritas en las puntas de los dedos, no para que la tomara sino para que le prestara el amuleto por un segundo. Coloqué la pulsera en su palma abierta sin detenerme a considerar si era buena idea, Chat sabía lo valioso que ese accesorio era para mí, no permitiría que nada le sucediera mientras lo tuviera en sus manos. Rodeó mi muñeca derecha con ella y le hizo un nudo, para acto seguido volver a besar mi mano, lo que me dejó con efervescencia en el estómago por una desconocida razón. Habría sido comprensible si hubiera sabido que Chat Noir era Adrien con un antifaz, pero yo no tenía esa clase de sentimientos por mi compañero de batallas. En lo absoluto. Una sonrisa adornó suavemente sus labios y esta vez no se vio del todo forzada, abrió el paraguas en un movimiento grácil y lo puso sobre nuestras cabezas. Yo me quedé inexplicablemente hechizada por la luminiscencia de sus irises, esa noche parecían resplandecer más de lo habitual y recuerdo ese detalle en particular porque nunca me había puesto a observarlos detenidamente. ¿Han visto un atardecer al aire libre en el campo? ¿Cuando el sol está parcialmente oculto en el incandescente horizonte, emitiendo sus últimos rayos de fulgurante luz y contagia de tono dorado la superficie de plantas verdes? Traten de imaginarlo y entenderán de lo que estoy hablando. Así de cálidos y hermosos eran.
Di un respingo cuando vino el ruido de un trueno del cielo, y a los segundos, una lluvia intensa se desató. Me fue imposible no devolverle la sonrisa a Chat, pues era tal como él había dicho. Nos pusimos a reír al unísono.
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Puro LadyNoir en este capítulo. Gracias a las personas que comentaron y siguen la historia. Espero publicar el siguiente pronto, ya lo tengo casi terminado uwu.
