El día siguiente transcurrió con una aburrida normalidad hasta las cinco y tanto de la tarde, el tintineo de la campanilla que me avisaba la llegada de otro cliente me hizo levantar la mirada desde mi puesto en el mesón y las palabras de bienvenida en la punta de mi lengua murieron ahí. ¡Casi me voy de espaldas!

—Hola, Marinette. —El mismísimo Adrien Agreste, el chico de indiscutible belleza y dueño de mi corazón, me agitaba la mano con su etérea sonrisa de modelo profesional. Definitivamente se merecía el primer puesto en mi top ten de las sonrisas de Adrien. ¡Cómo hubiera deseado tener mi cámara fotográfica en ese momento para captar la perfección del gesto en el papel especializado y pegar la imagen junto a sus hermanas en el mural de mi habitación! Y la forma en que dijo mi nombre, nunca me había preocupado por cómo sonara mi nombre en la boca de alguien, "Marinette" es uno bastante común, ¿No creen? Y sin embargo, cuando la atractiva pareja de labios de tono melocotón del chico vocalizó cada sílaba delineada con una palpable ternura... Ah, basta decir que me supo al cielo en la tierra.

Me di un sutil pellizco en la piel del antebrazo para cerciorarme de que no fuera otro de mis constantes fantasías donde él se dejaba caer por la panadería de mis padres para declarar su amor eterno por mí y pedir respetuosamente mi mano en matrimonio. El dolor leve me hizo ver que no era mi imaginación y chirrié para mis adentros.

«Tranquila, Marinette. Actúa con naturalidad y todo saldrá bien.»

— ¡Adrien! —Su nombre en forma de chillido delató mi emoción al tiempo en que sonreía de oreja a oreja con las dos manos delante de la boca. Recé a la superior fuerza divina por que no se diera cuenta de que estaba con los nervios a flote. —Ah, digo, ¿Qué aquí haces? Quiero decir, ¿Qué haces aquí? No es que no te quiera aquí, ¡Por supuesto que te quiero! Ay, ¿Qué estoy diciendo? Dime que esta es otra pesadilla. —Me llevé la mano a la cabeza, sacudiendola con exasperación por el ridículo que siempre hacía en su presencia mientras cerraba los ojos con bochorno, admito que la idea de darme unos buenos golpes contra el mostrador con ella era tentadora, pero eso haría que Adrien creyera que estaba loca y lo menos que yo quería era ahuyentarlo de mí.

Adrien dejó escapar una breve risita meliflua, ajeno a mi mirada fascinada y el leve rubor que tiñó mis mejillas.

—Es simple, Bu... Marinette. Vine a ver a mi persona favorita. —Explicó.

—Oh. —Atiné a pestañear un par de veces. —Pero, ¿No deberías estar en esgrima? ¡Quiero decir! No es que me sepa tu horario de memoria, bueno, tal vez sí. ¡Pero no es que te acose ni nada! Es sólo que... Espera —Cesé mi vómito verbal cuando mi mente procesó lo último que había dicho Adrien y me quedé estupefacta—, ¿Tu persona favorita?

—Tranquila. —Rió. —No te equivocas, debería estar en mis clases, pero decidí escaparme de mi guardaespaldas un rato para pasar a saber cómo estabas. —La diversión en sus agraciadas facciones cambió a una indiscutible mirada de inmesurable dulzura y algo más, a la vez que se aproximaba más a mí y su mano con el anillo de plata cogía delicadamente la mía. Eren me aclaró que eso en sus ojos era amor, y que hasta este día él mira de esa manera al novio que tenía en vida secretamente, Levi. — ¿Acaso no lo sabes? —Me regaló una sonrisa pequeña pero colmada de afecto cuando susurró. —Tú eres mi persona favorita, Mari.

No supe qué responder, sólo sonreí nerviosamente y le ofrecí una cajita de macarrones cómo agradecimiento por su preocupación, cortesía de la casa. Adrien me dio las gracias y se fue con la promesa de que vendría mañana, no sin antes besar mi mejilla. Yo suspiré risueña y empecé a chillar de forma estridente mientras daba saltitos en mi posición, cuando de pronto vi a mis padres en la entrada a la parte de la panadería donde estaban los hornos. Los dos me miraban con una sonrisa a sabiendas, y yo les di una mirada acusadora mientras inevitablemente me ruborizaba, ¡Habían estado atentos a nuestra conversación!

Me quedé con la cabeza en las nubes hasta el día después de ese, cuando Adrien se dejó caer por mi casa a la misma hora y los siguientes. Mis papás recibían sus visitas con los brazos abiertos, entendían por qué su hija estaba loca hasta los huesos por él, e insistían en que se quedara a cenar con nosotros. Adrien siempre decía que sí, aunque bromeara continuamente de que tanto dulce iba a ponerlo gordo. En nuestro tiempo juntos competíamos o probabamos videojuegos que él compraba especialmente para la ocasión, compartíamos mis audífonos mientras se reproducía la música del disco más reciente de Jagged Stone, y Adrien no temía ensuciar su ropa de marca si se trataba de ayudar a manipular ingredientes como la harina o huevos. Yo le pregunté si se metía en problemas con su padre por ausentarse de sus sesiones de fotos o sus clases de esgrima para ir a verme, pero el modelo sonrió sin preocupación alguna, prácticamente irradiaba pacífica felicidad.

—Por primera vez en mi vida me da lo mismo meterme en problemas con él, Marinette. Quiero estar aquí contigo.

Le correspondí con una suave sonrisa. Adrien sabía en carne propia lo que era no tener ni un amigo y estar solo, no iba a dejar que yo sufriera lo mismo. Tikki me dijo que cuando lo oyó decir eso desde mi alcoba, tuvo que tapar su pequeña boca para no dejar salir un sonido que causara sospechas, que era más que evidente que Adrien gustaba de mí. Me robó una buena carcajada. ¿Yo gustarle a Adrien? Sí, claro. Y sin embargo, mi amiga kwami tenía razón, el chico con el que las adolescentes parisinas sólo soñaban con estar, había empezado a mirarme con otros ojos, ya que hizo la promesa de amar a quien fuera que estuviera bajo la máscara de Ladybug, y casualmente era yo, la común y corriente Marinette, así que hizo planes para revelarme su identidad, la noche de ese trágico día de Diciembre.

El director Damocles llamó a nuestra casa por teléfono, antes de que se cumpliera la semana de suspensión, para informarnos que Lila se había retractado de sus palabras y que era libre de volver a la escuela para retomar mis clases. No pude evitar sentir sospecha, ¿La misma Lila que juró arruinarme la vida ahora tenía un cambio de actitud? Debía estar planeando hacer otra maldad en mi contra, pero no iba a permitir que esta vez se saliera con la suya. Mientras tuviera a Adrien y Chat Noir de mi parte, todo estaría bien.

Papá y mamá me dijeron que siempre existía la opción de cambiar de escuela, pero les aseguré, muy confiada, que podía con eso. De modo que la mañana de mi desaparición me levanté temprano (Sorprendente, ¿No? Es que me caí de la cama) y sin saber por qué, tuve el deseo de sacarme una foto con la cámara que me habían comprado para mi cumpleaños. La puse sobre mi escritorio, tomé asiento en mi silla rosada con las piernas dobladas, relajé ambos brazos y sonreí. Tikki fue la encargada de presionar el botón. Fue mi última fotografía en vida.

Me di una ducha caliente que acabó por quitarme los restos de sueño que me quedaban y me vestí con mi atuendo invernal. Cómo era costumbre, me di el tiempo de meditar con mamá, antes de tomar mi desayuno que consistía de un tazón de leche con chocolate y mi cereal favorito. Tras reposar, me fui sin prisa hacia la escuela, en cuya puerta de entrada me esperaba mi amado príncipe azul, quien sonrió en cuanto me vio. Adrien me dio un beso en la mejilla y caminamos a clases. Mis compañeros ni se molestaron en reconocer mi regreso, y aunque me dolió profundamente, era de esperarse, por lo que en lugar de sentarme en mi puesto de siempre con Alya, tomé asiento al final de la fila de en medio. Suspiré hondo, y abrí grande los ojos cuando Adrien me siguió y se sentó a mi lado.

—Tengo mejor vista desde aquí. —Respondió dulcemente ante mi mirada confusa.

Me quedé absorta en esa grandiosa sonrisa de dientes perlados y entonces esbocé una propia. Chloe y Lila me daban miradas asesinas y celosas, esta última por cierto, quiso que Madame Bustier la cambiara de puesto conmigo ya que de repente y milagrosamente su tinnitus se había curado. Por suerte la maestra le dijo que no, así que pude estar junto a mi Adrien y reír con él durante la larga jornada de escuela, sin interrupciones. Ni Hawk Moth y su akuma de ese día pudieron arruinar mi buen humor.

Fue un niño esta vez, Chat Boy, como de unos ocho años, pero no se dejen engañar por la edad. No era como Gigantitán o las Sopotis, este era un pequeño genio que soñaba con ser un superheroe como Ladybug y Chat Noir, pero cómo desconocía de qué forma habíamos conseguido nuestros poderes, utilizó su inteligencia y conocimientos tecnológicos para construir artefactos que le permitieran hacer lo que nosotros, como propulsores, guantes de super fuerza y adherentes, cosas de ese estilo. Se metió en nuestro camino y entorpeció nuestro trabajo, ¡Casi salió lastimado gravemente por su comportamiento irresponsable! ¿Dónde estaban sus padres? Chat se marchó en un cerrar de ojos después de celebrar nuestra victoria, no gracias a Chat Boy debo añadir, mientras que yo me quedé un poco más para darle el regaño que se merecía por haberse puesto en peligro y dejarle en claro que ni mi compañero ni yo requeríamos ayuda, mucho menos de un niño. No me di cuenta de que habían cámaras. Tras sentir que había aprendido la lección, se lo entregué al agente Roger para que lo llevara a casa y su mamá supiera lo que había hecho. El papá de Sabrina demandó saber su nombre real y él se lo dijo en voz baja. Sus amigos vieron el vídeo de mi amonestación y se burlaron de él, eso más el duro castigo de sus padres provocaron un resentimiento hacia mí y fue infestado por un akuma.

La batalla fue un poco dificultosa, pero nada de lo que un gran equipo como Chat y yo no pudieramos hacernos cargo. Vaya qué eramos un gran equipo.

— ¡Ganamos! —Mi compañero y yo chocamos puños triunfantes, y solté un atropellado "Nos vemos", dispuesta a desaparecer antes de que se me acabara el tiempo.

— ¡Espera, Ladybug! —Su mano enguantada en mi antebrazo frenó en seco mi retirada. Me voltee confundida y él se frotó su cabeza rubia con sus ojos en cualquier parte menos en mí. — ¿Esta noche tienes algo que hacer?

— ¿Algo que hacer? —Batí mis pestañas una vez y me hice a mí misma la misma pregunta para darle una respuesta. —Eh, pues no que yo sepa, ¿Por qué?

—Es que... — ¿Era eso un sonrojo en sus mejillas? Oh no, no iba a pedirme una cita, ¿O sí? —... Quería saber si vendrías a comer conmigo, esta noche.

—Chat —Me sujeté el puente de la nariz con exasperación, ¿Esto de nuevo? —, sabes que no podemos revelar nuestras identidades...

—No habrá necesidad porque no será en un restaurante ni nada público. Piensalo, sólo nosotros dos en nuestro lugar favorito a la hora de siempre, comiendo y charlando como los buenos amigos que somos. Lo prometo. —Puso una mano en alto para demostrar que lo decía en serio y me guiñó el ojo derecho– ¿Qué dices, mi Lady?

Chat tenía una manera con las palabras que hacía sonar la idea bastante tentadora, y para la sorpresa de ambos, me encontré aceptando la invitación, aunque no del todo segura. Su par de labios se extendieron en una sonrisa de gato de Chesire.

—Ya verás, te sorprenderé. —Dejó un beso en mi mejilla, tan repentino que ni tuve tiempo de protestar, y se fue dando saltos por los aires.

Ninguno de mis compañeros señaló mi temporal desaparición del salón de clases, incluidas mis peores enemigas, y cuando estuve de regreso en mi asiento, suspiré inaudiblemente con alivio. Entonces junté las cejas, pues Adrien brillaba por su ausencia, ¿Dónde podría haber ido? ¿Acaso tuve que retirarse temprano por alguna sesión de fotos? Pero si fuera así, me lo habría comentado. ¿Y si fue algo de última hora? ¿O si tuvo una emergencia? No tuve que seguir con mis preocupaciones por más tiempo, Adrien mismo entró muy sonriente por la puerta con las manos en los bolsillos delanteros de sus jeans con casualidad, mientras su boca reproducía una tonada alegre cualquiera en forma de habilidoso silbido.

—Adrien, ¿Por qué tardaste tanto en el baño? Ya va a terminar la clase.

Ah, así que había ido al baño igual que yo. Ay, hasta para eso teníamos una conexión, ¡Por favor, que eso fuera una señal!

—Perdoneme, Madame Bustier. Tuve algunos inconvenientes. —Había la posibilidad de que se metiera en problemas por su demora, pero la sonrisa de mi amor no tambaleó en lo más mínimo. No pude evitar que me picara la curiosidad por saber qué lo había puesto de tan buen humor. En ese momento, miró directamente hacia mí y me guiñó el ojo con complicidad, causando que mi cara se pusiera caliente y que lo demás ya no tuviera importancia, todo pasó a segundo plano. Típico.

El escandoloso timbre de salida me sacó de ese estado de atontamiento. Nino llamó la atención de su mejor amigo y le pasó un brazo por los hombros, yo me di prisa en echar los lápices y el cuaderno que había usado dentro de mi bolso, para huir de Adrien en dirección de los casilleros. Ya era capaz de mantener una conversación decente con él, pero todavía conseguía ponerme muy nerviosa en ocasiones y ni siquiera lo intentaba o era consciente de eso.

—Ah, algún día él va a matarme, Tikki. —Expresé.

— ¿Quién va a matarte?

Automáticamente pegué un salto hacia atrás en una ridícula pose de kung fu, adjunto a un grito de sorpresa. El apuesto rubio de mis pensamientos me observó divertido y con curiosidad en su cándida mirada.

— ¡Adrien! Hola. —Se desató la risita nerviosa que burbujeaba dentro de mí. —Nadie, sólo estaba pensando en voz alta.

— ¿Estás mintiendo? —Movió su rostro más cerca del mío, sus ojos estaban entrecerrados con picardía.

— ¡N-No, claro que no! ¿Por qué estaría haciendolo? —Me reí de nuevo, rogando que eso ahogara los latidos frenéticos de mi corazón por la súbita falta de espacio entre nosotros. Un poco más y sus labios estarían sobre los míos.

—No lo sé, tú dime. —Una sonrisa de "Yo sé algo que tú no" los delineaba y en su mirada había un infantil brillo travieso.

Quise decirle que no tenía idea de lo que estaba hablando, pero mi cerebro y mi lengua se habían desconectado y sólo farfullé cosas sin sentido. Cuando Adrien se largó a reír, me callé perpleja.

—Tranquila, Marinette. Sólo estoy jugando contigo.

—Ah. —Después de un momento de vaporoso deja vu, me uní a sus carcajadas, y me reproché por haberme puesto así de nerviosa. No había forma de que él supiera que yo era LadyBug, mi secreto estaba a salvo un día más.

Una vez que nuestras risas cesaron, lo miré embelesada, sin saber qué decir, pero supe que el silencio no era un problema cuando Adrien me sonrió con un suave tirón de sus labios, su acogedora mirada de sombras y colores verde oliva escrutaba mi rostro con fascinante adoración.

—Eres bella, Marinette Dupain-Cheng. —Susurró, y un cálido estremecimiento vibró a lo largo de mi cuerpo.

¿Era idea mía o hacía más calor? Cada vez me iba sintiendo más mareada y cada vez sus labios de melocotón estaban a menos centímetros de los míos. Me pregunté si tendrían el mismo sabor, pero al cerrar los ojos me di cuenta, con la respiración entrecortada, de que pronto lo descubriría, la temperatura tibia y la textura sin callos de la piel de su mano ahuecó mi mejilla, la electricidad que hizo crecer en ella me erizó los vellos, sólo un poco más...

—Adrien, hermano, ¿Estás aquí?

El modelo y yo pusimos distancia entre los dos a toda velocidad y miramos en la dirección de la voz con las mejillas arreboladas y los ojos abiertos como platos. Nino asomó su cabeza al pasillo en el que nos encontrabamos y juntó las cejas en un gesto de confusión al vernos con tales expresiones.

—Uh, ¿Todo bien, chicos? —Inquirió. ¡Gracias al cielo era él y no Alya! Ella habría visto que nuestra actitud era sospechosa y nos habría presionado hasta que le dijeramos la verdad.

—S-sí. Nos vemos el lunes. —Balbucee de forma prácticamente incomprensible, después corrí como alma que lleva el diablo.

No me detuve hasta estar detrás del pretil de cemento de la escuela, pero fue sólo para no correr el riesgo de que Adrien u otra persona me vieran dar un brinco y gritar llena de regocijo con los brazos al aire. Finalmente dentro de la intimidad de mi casa, me dediqué a dar piruetas de ballet por mi vasto ático-habitación con mi kwami igual de risueña que yo entre mis manos. Ninguna de las dos podía dejar las risas.

— ¡Adrien trató de besarme! ¡Ay! ¿Puedes creerlo, Tikki?

— ¡Eso significa que le gustas, Marinette!

— ¡Es demasiada felicidad! ¡Siento que voy a tener un ataque al corazón!

— ¡Yo siento que voy a vomitar!

— ¡Marinette, cariño! —Que mi mamá me llamara nos hizo parar en seco, de primera pensamos que había abierto la trampilla y me había sorprendido con Tikki a la vista, pero no era el caso así que debía estar al pie de las escaleras, preocupada por el escándalo— ¿Todo bien allá arriba?

— ¡Sí, mamá! Disculpa, sólo vi algo emocionante en internet. —Le contesté.

—Está bien, amor. ¿Quieres que te suba algo de comer?

—Eh.. ¿Tienes hambre, Tikki? —Le pregunté en un susurro.

Mi pequeña amiga lo pensó.

—Unos macarrones no me vendrían mal.

—Golosa. —Critiqué con una sonrisa, y volví a alzar la voz. — ¡No te preocupes, mamá! Bajaré en un momento.

A continuación de nuestra merienda compartida, que constó de dulces macarrones y un vaso de leche, mi kwami abrió su boquita en un largo bostezo, con una mano en su pancita satisfecha.

— ¿Por qué no tomas una siesta, Tikki? —Yo estaba sentada en mi escritorio, terminando de actualizar mi diario cuando se lo sugerí. Ella reposaba sobre mi cabeza como una estrella de mar.

—Pero, ¿Y si hay un akuma, Marinette? —Objetó, medio dudosa, medio convencida.

—Ve, no te preocupes. Si Hawk Moth convierte a alguien más, te despierto.

—Sólo será unos minutos. —Aceptó somnolienta, voló hacia mi cama con lentitud y allí se rindió al sueño en cuestión de segundos.

Sus tiernos ronquidos me hicieron soltar una risita mientras regresaba mi diario a su caja de seguridad. Con un suspiro de enamorada miré las fotografías de un sonriente Adrien que embellecían las paredes de mi habitación. Una parte de mí no podía creer aún que el chico que amaba en secreto había tratado de darme un beso, Adrien no era el tipo de persona que se entretuviera jugando con los sentimientos de otros, era muy amable y considerado, la definición de una buena persona, así que... ¡Oh por Dios! ¡Tikki tenía razón entonces! ¡Yo definitivamente le gustaba a Adrien!

Por mi ventana podía observar el mágico comienzo del desfile anual de los copos de nieve en primera fila y abrí los ojos ampliamente. ¡Era 6 de Diciembre! En diecinueve días sería Navidad y yo no había comprado los regalos aún, ¡Tenía que ir cuanto antes!

—Um, podría ser justo ahora. —Moví mi mirada hacia la mariquita durmiente y el verla descansar tan a gusto me hizo tomar la decisión de no molestarla, además de que estaba helando allá afuera y no quería exponerla a que pezcara un resfriado.

Me protegí del frío con mi abrigo encima, mi bufanda rosada, y mis orejeras blancas. Luego bajé los peldaños que conectaban a la panadería y les pedí permiso a mis padres para ir a dar una vuelta por el mercado navideño a las afueras de la Catedral de Notre Dame, sólo cruzando el río Sena. Los dos accedieron, no sin antes hacerme prometer de que tendría cuidado y que volvería antes de las ocho para la cenar. Besé ruidosamente sus mejillas en despedida y grité sonriente "¡Nos vemos, mamá y papá! ¡Los amo!" mientras desaparecía hacia el exterior. Si sólo hubiera sabido que esa sería la última vez que los vería, les habría dado un fuerte abrazo y no sé si hubiera podido soltarlos, no habría salido por esa puerta. Dios sabe que ellos habrían hecho lo mismo.

Había una interminable fila de carpas blancas con picos, y por donde miraras habían brillantes luces de varios colores como azul, dorado, verde, etc. - Los colores tradicionales de esa época. ¡No podía esperar a que fuera de noche y no poder despegar la mirada de esa maravillosa visión! De acuerdo a la festividad, de los puestos pendían esferas navideñas gigantes, velas dentro de frascos de vidrio y olorosas piñas, también tenían adornos de madera y guirnaldas. De vez en cuando me topaba con pinos naturales con esos objetos, custodiados por figuras de renos artificiales y hasta un pingüino de gran tamaño que honestamente me robó una risotada. Estaba repleto de civiles, tanto que tenía que abrirme paso a empujones. No importaba si fueran niños o adultos, todos reían y sus rostros se llenaban de asombro al conocer las delicias y la mercancía que ofrecían los vendedores, mientras sorbían el vino caliente que calentaba automáticamente sus estómagos y engullían sus porciones de nueces tostadas que por culpa del hambre les quemaba la lengua.

Me di el tiempo de escoger con esmero los regalos, entre los que estaban un par de bolas de nieve de LadyBug y Chat Noir, yo me quedaría con la suya y la mía era para él. Supe en cuanto mis ojos se posaron en ellas que debía comprarlas, mi compañero iba a amar su obsequio, estaba segura.

Emprendí el camino a la pastelería, cuando una voz adulta conocida exclamó mi nombre y me volví con una sonrisa afable extendida por mis labios.

— ¡Monsieur Theo!

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