5.

—¡Genkoro! —exclamó, llegando hasta donde estaba él—. ¿Dónde está? —preguntó.

—¿Zenitsu? —cuestionó.

—¡Mi chica! —vociferó—. Hablo de ella.

—¡No es tuya! —repuso ante la posesividad que marcaba el muchacho.

—¡Es mía! —dijo—. ¡Dije que era mía! ¡Así que es mía!

—¡No funciona así! ¡Ella no es un objeto para que sea de tu propiedad!

—¡Cierra la boca, Tontaro! —replicó. Y Tanjiro tenía ganas de golpearle la cabeza hasta que entienda de que Kanao no era de nadie—. ¡Se lo que intentas hacer y NO, no te dejare que la tengas! ¡ES MIA!

—¡No quiero a Kanao! —refutó—. ¡Y ella no es un objeto para decir que es tuya!

—¡Eso lo dices porque la quieres para ti! —gritó—. ¡A mí no me engañas! ¡Vamos, niégame que no te gusta!

¿Gustar?

Y lo que estaba a punto descubrir antes de que Inosuke con su llamado lo interrumpiera era eso. Kanao le gustaba, sus mejillas quemaron. Pasaron segundos y el chico de la máscara de Jabalí se estaba impacientando.

—Hey, ¿Por qué no dices nada, Gontarou? ¡Hey, Hey, Hey! ¿Tengo razón? —cuestionó, el seguía en silencio.

El silencio también podía ser considerado una respuesta.

— ¡¿LA TENGO?!

Tanjiro decidió no contestar, él era un mar de emociones.

—Mira, Chanjiro ¡Ella me gusta! y te aseguro que es mucho, mucho más que tú —refutó, convirtiéndolo todo en una competencia—. Yo la vi primero, así que es mía.

—Eso no es una razón válida para que sea tuya ¡Ni siquiera está enamorada de ti!

—¿Si la enamoro? ¿Ya es mía? —Tanjiro no pudo replicar cuando Inosuke ya le había declarado la guerra—. ¡Bien, hare que se enamore de mí, antes que ti! ¡Y será MIA! Tenlo por seguro, Tangoro.

—¡Mi nombre es Tanjiro! —gritó molesto, pero no por el incorrecto nombre fue que estaba con esa emoción en su corazón que ahora conocía—. ¡Inosuke! —pronuncia—. No dejare que Kanao sea tuya.