"La Corona."
Por B.B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne (principal). Menciones de Bruce/Selina, Bruce/Otros, Jim/Sofía, y Jim/Lee.
Rating: Adult, porque Bruce es un menor de edad involucrado en actividades de embriaguez y conductas sexuales promiscuas. Y ni siquiera son inventos mios. Agradezcánle al canon.
Resumen: Post-4x11. Después de perder la jugaba ante Sofía Falcone, Jim busca una forma de recuperar el control de la ciudad. E involucra contraer nupcias de conveniencia con Bruce Wayne.
Continuidad: Universo Alterno de las temporadas 2-4. Sabrás cómo, si sigues leyendo.
Extra: La serie "The Crown" es la responsable por inspirarme a escribir un AU con Jim y Bruce casados, y los Wayne siendo parte de la realeza de Gotham. Por ello, el título de este fic. Sin embargo, no esperen muchas similitudes entre las series.
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ii.
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"Estoy esperando por un héroe,
hasta el final de la noche."
-Bonnie Taylor.
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El precinto estaba involucrado en el alboroto típico de los lunes. Gordon ni siquiera parpadeó mientras hizo su entrada. Cargaba con su café y su impermeable, la misión en su mente siendo su oficina.
Pasó por las celdas, al encaminarse a las escaleras.
Pausó.
Retrocedió.
Casi escupió parte del café que recién había tomado. "¿Bruce?"
Dentro de la celda, el muchacho en cuestión se encontraba acostado sobre la banca, su cabeza en el regazo de una de las chicas también encerradas, dejándole que jugara con sus mechones de cabello. "Buenos días, Capitán."
Jim jaló del primer oficial que tuvo cerca. "Sácalo de ahí. ¡Ahora!" Prácticamente empujó de Castro para que el hombre abriera la celda. "No digas una palabra. ¡A mi oficina!"
Bruce tuvo el descaro de reírse por la secuencia de órdenes. Tenía puestos sus lentes oscuros y por su mueca ante la luz repentina cerca de su arrogante rostro, una pesada resaca.
"¿Oigan, que hay de nosotros?" La chiquilla se quejó del otro lado de la reja. No solo era ella, sino todo un grupo de niños ricos todavía medio ebrios.
"Chocaron contra un carro de hot dogs en la calle 14." Castro explicó, en cuanto sintió la mirada asesina del Alfa.
Un carro de hot dog. Dios mio. Era demasiado temprano para esto. "Contacta a sus padres."
Del puro gusto, Jim arremató la puerta de su oficina lo más ruidosamente posible. Bruce se cubrió los oídos, murmurando maldiciones desde su asiento en el pequeño sofá de huéspedes. Jim colgó su impermeable, y plantó su café en la superficie plana del escritorio. Del cajón sacó una tira de aspirinas. La lanzó y cayó directo en las manos del muchacho, a pesar de los lentes oscuros cubriendo la mitad de su rostro.
"¿Qué crees que estás haciendo?"
Había brillantina en el cuello del Omega. Brillantina. ¿Cómo? ¿Por qué? "Por el momento, solo permanecer quieto e inmóvil, mientras empiezas con tu reprimenda."
-Oh, apuesta en ello. "Vas a pagar por cada último centavo en las reparaciones del puesto de hot dogs que arrollaste. Además, pagarás por las fianzas de cada uno de tus amigos allá afuera, sólo para que pienses dos veces la próxima vez que quieras terminar en una de mis celdas."
Bruce cruzó sus piernas. Cumplió con su promesa. Permaneció quieto y callado, reclinado por el sofá como si estuviera tomando el sol en la playa. "¿Que te hace pensar que fue mi auto el que arrolló el puesto del Señor Monroy?"
Harper había tenido la delicadeza de dejar el reporte del arresto de Wayne y compañía en su escritorio. Jim lo abrió. Suspiró con la primera fotografía del Ferrari lleno de hendiduras en el lado derecho. "Tus placas."
"Ups." Bruce ajustó sus lentes. Jim notó el ligero temblor de su cuerpo.
Jim suspiró. Descolgó su impermeable. Lo ofreció al Omega, sabiendo que el muchacho debía estar muriéndose de frío con la delgada camiseta que llevaba puesta. La estación no era conocida por tener la mejor calefacción. Bruce dudó en primera. Luego estiró su brazo para aceptar la ofrenda.
"Gracias."
"Duerme. Tengo mejores cosas que hacer que ser tu niñero, Bruce." No esperando por una respuesta, Jim salió de la oficina, de repente incapaz de seguir viendo a Bruce en estado tan decadente. Caminó por todo el segundo piso para liberar parte de su ira y frustración.
¿Por qué calaba tan hondo este cambio en Bruce? Ni el mismo Jim tenía una razón legítima. Bien sabía que él era la última persona en poder juzgar a alguien por perder su camino. No cuando Jim había recién salido de su propio Infierno. Debería actuar con más empatía. Resultaba difícil, sin embargo. Bruce había sido este perfecto pequeño ser que Jim había tenido en un pedestal desde el primer encuentro. Se sintió como una enorme falla de parte de Gordon. Le había fallado a Bruce en más de una vez. Cuando realmente había importado.
Su regreso fue más tranquilo y cauteloso, en la segunda ocasión.
Bruce estaba acurrucado en el sofá, tapado por completo por el saco del Capitán. Se había retirado sus botines para doblar sus rodillas. Parecía un gato enojado, despeinado y a la defensiva, incluso en su dormir.
Jim tomó asiento en la silla de Harvey.
Terminó su café justo a tiempo para recibir a Fox. Lucius dio un vistazo alrededor después de tocar a la puerta y auto invitarse a entrar. Miró la silueta de Bruce, sacudió su cabeza, y salió de nuevo.
Jim volvió a suspirar.
Revisó cinco reportes de casos recién resueltos, otorgando su firma en cada uno de ellos.
Bruce despertó de un salto. Luciendo verde. Jim movió el cesto de la basura justo a tiempo para que el muchacho vomitara sus entrañas. Jim abrió la puerta de la oficina para pedirle a Ramírez una botella de agua. Los gruñidos del Omega sonaron dolorosos. Jim comenzó a preocuparse de más. "Esta no es una resaca normal."
Bruce aceptó la botella de agua. Enjuagó su boca, escupiendo más saliva en la cesta. Los lentes oscuro habían caído al suelo durante su abrupto despertar.
"¿Qué tomaste?" Insistió, voz baja y suave con preocupación. ¿Qué más estaba Bruce consumiendo aparte de alcohol?
"Estoy bien." El Omega presionó la botella contra su frente. "Resulta que erré en mis cálculos. Estaré bien una vez que tome mi medicamente."
Mierda. "¿Estás por entrar en tu ciclo? Maldición, Bruce."
"Pre-Ciclo. No entres en pánico. No estoy por aprovecharme de tu virtud." Bruce estaba sudando. "Maldición. No recuerdo dónde dejé mi chaqueta… Mis llaves…"
"Sólo relájate." Llamó por Fox. ¿Qué otra opción tenía?
Lucius era el monumento de la decepción cuando llegó al auxilio de ambos. Le dio un rápido chequeo al Omega, siempre procurando mantener su distancia. "Nadie mejor que tú, conoce las consecuencias de salir de fiesta bajo estas circunstancias."
"Sé cuidarme solo." Excepto, que no tanto. Porque Fox era quien tenía en posesión una caja de tabletas de supresores. Bruce tomó su dosis recomendada totalmente indignado.
Ramirez tocó a la puerta. Tenía el saco de Bruce en sus manos. Jim la tomó, agradecido. "Levántate. Te llevaré a casa."
Bruce se sentía tan mal que no dio objeción. Al salir de la oficina, Jim procuró rodearlo de la cintura para espantar cualquier ojo curioso. Las feromonas del Omega todavía se encontraban bajo control. Era afortunado que el ciclo de Bruce apenas estuviera comenzando.
Mientra Jim conducía, Bruce miró el paisaje por la ventana.
Jim aclaró su garganta. "Sabes que siempre puedes contar conmigo. Para lo que sea."
"Por supuesto. Por eso me obligarás a pagar las fianzas de otras personas a pesar de que yo no era quien conducía. Garry fue el idiota que giró del volante para no matar a un gato en el medio de la calle."
Jim sonrió. "Agradece que no te haya dejado en las celdas el resto del día."
Bruce por fin tornó su perfil para darle la cara. Lucia notablemente mejor. "¿Esa es la manera correcta de dirigirse con alguien a quien trataba de cortejar hace unos días? Luego te preguntas porque no acepto tus impulsivas propuestas de matrimonio."
El pecho de Jim ardió con el recuerdo. El rechazo de su proposición sería fácilmente una de las peores humillaciones que había tenido que experimentar. Guardó silencio, sin ganas de involucrar en un peor argumento.
Le sorprendió, entonces, escuchar a Bruce suspirar.
"Eso fue descortés. Ofrezco disculpas."
Ah. Ahí estaba. Una pizca del Bruce que Jim recordaba. Jim sintió algo aligerarse en su pecho. "Lo merezco. Debí molestarme con un ramo de flores, por lo menos."
Cuando volteó en dirección del Omega, Bruce estaba sonriendo.
Al llegar a la Mansión, resultó natural para Jim regresar al vestíbulo que había visitado un sinnúmero de ocasiones. "¿Seguro que no quieres—?"
Bruce lo interrumpió al regresarle su impermeable. "Le dejaré regresar a sus labores, Detective. Espere mi cheque por todo los daños ocasiones ante del final de este dia."
"Bruce." Su mano rodeó la muñeca del joven. Jim parpadeó, sorprendido con su propio impulso. "Llámame, o a Lucius, si nos necesitas. Lo digo en serio."
Bruce asintió, su rostro retornando a una máscara indescifrable. Jim soltó su muñeca-
-Esta vez, Bruce quien jaló de él, en un parpadeo teniéndolo presionado contra la pared del vestíbulo.
Bruce era… fuerte.
Jim alzó su mentón, entrando en estado defensivo de manera automática. Se habían acabado los días donde Bruce necesitaba ponerse en puntas para balancear sus alturas. Ahora, eran iguales, en más de un sólo sentido.
La misteriosa inspección de Bruce se prolongó por 6.7 segundos. Jim los contó en su mente. Concluyó con una inhalación, cerrando sus párpados brevemente.
"Ah." Al volverse a abrir, las pupilas del Omega resplandecían. "Ahora lo entiendo."
El chiquillo retrocedió, enigma tejiendo la sonrisa en su rostro.
"Estamos en contacto, Capitán Gordon."
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Así fue.
Una semana después, Jim estaba interrogando al manager de un stripclub por alguna pista del repentino auge de cocaína por el barrio de la Calle 17, cuando un resplandor de piel pintada de brillantina le cegó el rabillo del ojo.
Bruce.
Acompañado de su usual entorage, el Omega se encontraba en una de las esquinas del establecimiento, observando a un increíblemente flexible bailarín hacer su trabajo alrededor de los tubos. El bailarín estaba vestido más de una capa gruesa de brillantina que en ropa interior.
El primer impulso de Jim fue el de cruzar el club hasta llegar a la mesa de Bruce y demandar qué demonios estaba pensando. Estuvo a punto de hacerlo, sus pies adelantándose antes que su mente fría—Pero en un momento de perfecta coordinación, Bruce ladeó su rostro en la dirección del Alfa. Sus miradas se cruzaron.
Jim leyó el mensaje con claridad: No se entrometa en mis asuntos.
Dos días después, Jim se encontró firmando de enterado el reporte de otro choque liderado por el Ferrari de Wayne, esta vez por evitar atropellar a una anciana.
El siguiente fin de semana, justo cuando Jim disfrutaba de una cerveza en horas de descanso, Bruce estaba justo allí—en el bar favorito de Jim—entrando con una chiquilla de cabello castaño agarrada de su brazo.
Jim no logró terminar su botella. Se vio obligado a escurrirse por la salida de emergencia, sin estar dispuesto a ser testigo de los espectáculos del muchacho.
Bruce estaba obviamente, tratando de llamar a su atención. ¿Por qué? Jim no tenía ni la menor idea. ¿Aburrimiento? ¿Soledad, ahora que Alfred estaba ausente? No importaba. Jim no tenía tiempo para juegos.
El punto de quiebre vino durante su -muy obligatoria- asistencia a una de los galas anuales de caridad que terminarían dando fondos al precinto, si Jim sobrevivía la noche sin darle un puñetazo en la cara a ningún político.
No obstante, a tan solo el primer paso al salón, Jim ya estuvo arrepintiéndose. Todos vestían antifaz, un detalle que Jim había pasado por alto por falta de verdadero interés.
-Sólo una hora. Una hora y se escabulliría. Emergencias necesitando su presencia sobraban, después de todo.
El salón estaba a reventar con la crema y nata de Gotham. Jim fue interceptado por el Comisionado, por el Alcalde y su esposa, la hija del Secretario de Educación Pública de Gotham. Jim emplastó su mejor sonrisa, asintió en los momentos adecuados—Sólo porque su gente lo necesitaba.
Extrañó a Harvey con una intensidad que le partió el pecho en dos.
Sin estar del todo consciente de cómo su trayecto lo fue acercando al centro del salón, Jim se dejó llevar por las masas. Resultó fácil con las máscaras, con el ambiente de anonimato que les permitió a todos aquellos buitres sentirse seguros en sus propios engaños.
Justo cuando Jim podía divisar la barra del bar cerca, el espacio entre dos parejas se dispersó sobre la pista, colocándolo directo en la línea de visión de la última persona que quería ver.
Sofia.
Jim se frenó de golpe.
La mujer, en similar moda que Gordon, no se había molestado con una máscara. Un trozo de velo negro cubría la mitad de su rostro. Sus labios—siempre rojos—se alargaron en una sonrisa tentadora. El vestido plateado era una obra maestra alrededor de sus curvas. Jim odió como parte de su libido se inyectó de interés, al recordar todas aquellas noches donde las manos de Jim las habían recorrido…
"¿Matrozca?"
La visión de Sofía fue cancelada por el cuerpo de Bruce Wayne, bloqueándola de su percepción, antes de que Jim volviese a cometer otra estupidez.
"¿Disculpa?" Jim no sintió verdadera sorpresa. Por supuesto que Bruce estaría aquí.
La silueta de su antifaz asimilaba al rostro de un búho. Las plumas lucieron reales. Jim no supo si Bruce estaba tratando de enfatizar un punto en específico con su elección. "Matrozca, el vals." Jim parpadeó al sentir la mano del Omega apoderarse de la suya. "¿Quieres intentarlo? Prometo no pisarte."
"Bruce—" Jim no se consideraba un as para el baile. Aunque había sobrevivido acudir a galas con Bárbara.
"Puedes guiar." El Omega reiteró, sus dedos llevando la mano derecha de Jim a su cintura. "No mires tus pies. Sólo enfocate… en mi."
No fue como si Jim tuviera otra opción. La cercanía de Bruce fue una fuerza absoluta. Su aroma atolondró a Jim, colonia mezclada con un perfume más primitivo.
Comenzó como un enfrentamiento.
Jim percibió la tensión en el cuerpo de Bruce conforme empezaron a moverse. El joven no pudo esconderse al cien por ciento detrás de su fachada rebelde sin causa. Jim olfateó su ansiedad.
Apretando la unión de sus manos, Jim decidió aprovecharse de la oportunidad.
Atrajo al Omega hasta que sus pechos chocaran.
Bailaron.
"¿Sabes? Hay formas menos riesgosas de obtener mi atención."
Las plumas del antifaz de Bruce le hicieron cosquillas al acercar su boca a la oreja del muchacho. Al rotar el cuerpo del joven en dirección opuesta a como habían comenzado, Jim descubrió a Sofía todavía de espectadora, aunque ahora en los brazos de un pobre soquete.
"¿Quién dice que tu atención es algo que deseo?"
"Bruce, si no te conociera, ya hubiera levantado una orden de restricción en tu contra." Y antes de darle oportunidad de una sosa respuesta, Bruce fue girado sobre su propio eje.
Al regresar, el cuerpo de Bruce se sintió más caliente.
Continuaron, cada vez a ritmo más acelerado. A pasos alargados el par fue adueñándose de la pista. La melodía en sí fue una trampa, al igual que el predicamento de sus cuerpos. Lo que había comenzado suave y serena, fue escalando en notas desesperadas, arrastrandolos hacia un caótico climax.
Su conexión, sin embargo, fue ininterrumpida.
Sus palmas transpiraron. Sus respiraciones se entrecortaron por el ejercicio corporal. Sin importar cuantas ocasiones Jim envolvió a Bruce en piruetas para liberarse de la intensidad de su mirada, el Omega nunca desistió, ávido en su observación de todo movimiento que Gordon realizaba.
El desenlace fue abrupto, pues en un parpadeo, Jim se percató de las miradas ajenas.
De los murmullos.
Del flash de una cámara. El Gotham Gazette, lo más seguro.
Bruce apretó sus dedos alrededor de los suyos. Su aliento extenuado sopló por encima de la nariz del Alfa. "Eres… en definitiva… un hombre de varios talentos secretos, Jim."
Jim inhaló profundamente, de golpe cayendo en la tentación—Bruce estaba endemoniadamente cerca—lluvia torrencial se manifestó en sus fosas. Bruce olía a lluvia de primavera, cuando en el pasado Jim lo había comparado a dulce rancio. Un diminuto sonido se produjo de su garganta. Receptivo. Abriéndose a nivel fisiológico…
Bruce se apartó.
Pestañeando con desconcierto, Jim se soltó del amarre de feromonas, y a su vez, del de sus manos.
Para cuando volvió en sí, Bruce se había esparcido con el resto de la multitud.
Y los cuchicheos fueron empeorando. Jim decidió que no se le atravesaría momento más indicado para marcharse del lugar.
Ya afuera, a menos de un metro de su auto, el primer signo de ataque fue el brazo alrededor de su pescuezo.
Jim entró en combate automático, sus manos haciendo todo en su poder por liberarse. Fue en vano, siendo arrastrado lejos de su auto hasta el callejón más próximo. En el piso instantes después, recibió un asalto de patadas a su estómago. Jim ni siquiera pudo gritar, con el oxígeno dejando sus pulmones del shock.
Aun nublado por el dolor, Jim reconoció el olor de la Alfa.
"No seas maleducado, James. La próxima vez, invita a una dama a bailar. No es como si fuéramos extraños."
Otra patada. Esta ocasión, el cuerpo endurecido de Jim había estado preparado. No se defendió. No tenía caso. Sofía quería impartir una lección, después de todo. Entre más rápido la mujer exteriorizara el berrinche de su sistema, más rápido podría Jim regresar a su departamento a lamerse las heridas.
"No toques su preciosa cara, Grump. Es uno de sus más finos dotes." Jim sintió un beso sobre su frente, marcando la retirada de la Falcone. Jim escuchó sus zapatillas alejare hasta quedarse mudas. Si sus brazos no hubieran estado inmovilizados, Jim sabía que la hubiera ahorcado—
—Gemidos que no provinieron de Jim se comenzaron a materializar.
"¡Que demonios!"
"¡Detrás de ti!"
Hubo un disparo al aire, y más sonidos de forcejeo. Jim rodó sobre sus cuclillas, sosteniendo su abdomen. Buscó por su arma-sólo par encontrarse con el rostro inconsciente de uno de los matones cayendo a su lado sobre el piso. Jim se apresuró pr levantarse.
Apuntó su pistola directo en la cara de Bruce.
"Mierda." Jim movió la pistola en la dirección del segundo matón, quien había estado incorporándose del piso para atacar al Omega por las espaldas. Le disparó en la pierna. El tipo se derrumbó con un aullido de dolor. "¿Qué demonios…?"
"Oigamos el sermón después." Bruce tenía sangre en el cuello deshecho de su smoking, pero no era suya. Jim se percató, al tener el apoyo de su cuerpo a su alcance. Bruce rodeó sus hombros con el brazo del detective, guiandolo fuera del callejón. "¿Y tu auto?"
"Justo a la vuelta."
El Omega siguió sus indicaciones escupidas en gruñidos, reconociendo el Cadillac de Gordon rápidamente. Bruce lo apoyó contra la puerta mientras comenzaba a rebuscar el abrigo de Jim por las llaves.
"¡Espera, espera! Si crees que estoy por dejarte frente al volante—"
Rodando sus ojos, Bruce aprovechó su torpeza para extraer las llaves del bolsillo. "¿Qué otra opción tienes, Jim?"
Llamar a Harper sería la obvia alternativa. Lástima que Jim no estaba en sus cinco sentidos para insistir. Bruce lo sorprendió con su gentileza para introducirlo al asiento del pasajero. El joven dio la vuelta, se metió en el lado del conductor y encendió el auto sin problemas. Solo hasta que estuvieron fuera de la calle Huston, Jim se permitió suspirar en rendición. La adrenalina fue dejando su cuerpo, y el dolor se agudizó.
No hubo costillas rotas, por lo menos. Jim había tenido suficientes palizas para notar la distinción.
Por lo menos, Bruce se dignó a respetar los semáforos y las demás señales de tráfico. Fue en una luz roja, que Jim se tornó hacia el conductor.
Miró los puños apretando el volante de manera exagerada. La furia en la expresión de Wayne. Jim tuvo déja vú. Este era el Bruce de sus recuerdos más marcados.
"No debiste meterte."
Bruce le echó una mirada fulminante, girando un milímetro su mentón en dirección del Alfa. No se dignó con una respuesta, aun después de arrancar a la luz verde.
"Hablo en serio. Cuando esos gorilas vuelvan a su dueña y le digan lo que pasó… Lo último que quiero es que Sofía ponga un blanco en tus espaldas, Bruce."
"Es algo tarde para eso."
Jim sintió hielo colarse por su pecho. "¿De qué hablas?"
Bruce aceleró la velocidad del Cadillac, impulsado por sus emociones. "Hablo de que su última visita sin invitación a mi hogar, no dejó mucho a la imaginación de qué tan amenazante Sofia Falcone ya me considera."
Dios, no. "¿Qué te dijo? ¿Qué quería exactamente?" Si esa maldita mujer había tocado un cabello en la cabeza de Bruce… "¿Y podrías despegar tu pie del acelerador por un momento?"
El tono enfurecido de Wayne, sin embargo, sólo se elevó como la espuma de un expresso. "¿Tú qué crees, Jim? Quería saber de qué lado estoy. Obviamente, sospechaba de lo que planeabas proponerme la otra noche. Hizo su mejor esfuerzo por intimidarme."
Fue el turno de Jim para apretar sus puños. "Mierda."
A estas alturas, Bruce dejó claro que estaba tomando rumbo a la Mansión. Una parte de Jim se sintió aliviado, puesto que el último lugar en el que había querido terminar, había sido el Gotham General.
"Nunca debí…" Jim no sabía cómo terminar la frase. ¿Nunca debí involucrarte? Eso no lo había detenido antes. Había estado tan obsesionado con la idea de destronar a Sofía, que no había meditado tan de cerca el nivel de peligro en el que metería a Bruce en el proceso. Una parte estúpida de su persona había asumido que Sofía sólo se enfocaría en él.
Segundo gran error. Sofía se tomaba todo personal.
En cuanto el Cadillac se detuvo en la entrada de la Mansión, Jim se impulsó por su cuenta fuera del auto. No dejó que Bruce lo volviera a tocar, sintiéndose como una enfermedad que Bruce nunca debía adquirir.
"¡Prr! ¡Sírveme otro trago!"
Jim alzó una ceja al escuchar el gorgoreo. Provino de una jaula en el medio del estudio.
"¡Prrrr, voy a vomitar!"
"No preguntes." Bruce tomó una manta para cubrir al perico parlante. "Siéntate, iré por el botiquín."
"Estoy bien." Fue tan poco convincente, que Bruce lo ignoró.
Ya solo, y libre de admitir derrota sin ojos ajenos, Jim gimió del dolor al flexionarse para tomar asiento. Terminó recostándose en uno de los sillónes, como una tortuga incapaz de volverse a poner de pie. "Demonios." Desabotonó su camisa formal. Los moretones ya estaban formándose en su abdomen.
Al volver, Bruce trajo más que el botiquín. Le sirvió al Alfa un vaso con un dedo de whiskey, ante de hincarse a revisar el abdomen del hombre.
Esta vez, al sentir el efecto entumecedor del whiskey en su garganta, Jim gimió por razones diferentes. Se tragó dos píldoras para el dolor, a secas. "Son sólo moretones. Matarte, no era el motivo de Sofía." Todavía. "Sólo estaba tratando de obtener mi atención."
Jim recordó el baile, entonces. La manera natural en la que había deslizado a Bruce por la pista. La intensidad de la interacción que habían compartido.
"Dime, Jim. ¿En qué consiste tu suerte para atraer a este tipo de mujeres excepcionales?"
"Locas, querrás decir."
Bruce aplicó gel antiinflamatorio sobre su piel descubierta. Jim brincó con el contacto.
"Lo peor es, que no puedo arrepentirme de haberla traído." Jim lamió sus labios. "Los permisos que Oswald estaba manejando para cometer crímenes de manera legal eran un hazmerreír para la justicia. Tenía que hacer algo. La ciudad lo necesitaba. Pensé que traer de vuelta a Carmine sería el mejor de dos maldades."
Bruce sacó una venda del botiquín y cuando fue adecuado, Jim levantó su torso ligeramente para que la venda recorriera su espalda.
"Confié en que Sofía tendría el mismo sentido de honor de su padre. Por eso le seguí el juego… Le dejé que jugara sus artimañas con El Penguiño, fingiendo ser su amigo para luego despojarlo del poder…"
"Pero, tenía sus propios planes."
Jim suspiró. "No tenía a nadie más en quien confiar, Bruce."
Era la primera vez que lo admitía en voz alta.
Sonaba a excusa. No dejó ser la verdad. Jim había estado desesperado por tener a un verdadero aliado, desde que Harvey había cedido a los permisos de Cobblepot. Desde aquella caminata por la playa de Miami, Sofía había llenado el vacío de manera efectiva. Por lo menos, al inicio. Sofía había sabido exactamente cómo seducirlo, primero con palabras bonitas, luego con su personalidad apasionada.
Sin olvidar que Sofía había sido la primera persona en perdonarlo por la muerte de Mario, algo que Lee nunca haría.
"De acuerdo. Comprendo lo que te motivó para traerla aquí… ¿Pero, por qué no la puedes detener? Hay algo que te está frenando. Lo sé."
Tan listo. Jim lo admiraba por ello. Por más que tal agilidad mental lo metiera en tantos líos. Su primer instinto fue el de no contar lo que Sofía estaba usando en su contra. Luego, la parte más cansada de Jim Gordon, sólo cedió.
Le contó a Bruce sobre el Profesor Pyg. Algo que le causaba inmensa vergüenza, cada día.
Tras haber concluido su tarea, Bruce ahora permanecía hincado en el piso, ambas manos descansando en los cojines. Los nudillos de su mano derecha estaban hinchados.
"Deberías ponerla en hielo."
Bruce salió de su trance lo suficiente para levantarse. Se marchó silenciosamente, al parecer, procesando lo que Jim había compartido con detenimiento. Por su parte, bajo la influencia del medicamento, los párpados de Jim se volvieron pesados. Retiró sus zapatos a pequeñas patadas. Exhausto, no le costó nada caer dormido.
Cuando despertó, fue cerca del amanecer. El sol aún no subía al horizonte.
Jim se reincorporó lo más calladamente posible, notando la silueta de Bruce aun durmiendo en el sofá opuesto. Se colocó sus zapatos y recuperó las llaves de su auto de la mesa. Antes de marcharse, pausó frente al cuerpo del Omega, viendo las llamas de la chimenea colorear de naranja su rostro.
Jim no se frenó esta vez, estirando sus dedos para acariciar la corona de cabellos de Bruce.
Debió de haber sentido satisfacción, por saber que Bruce seguía siendo el mismo en el fondo—Por tener la seguridad, de que al joven le importaría lo que fuera a suceder con un perro viejo como él.
Pero Jim no saboreó algo dulce con la revelación. En lugar de eso, la usual culpa, fue su omnipresente compañera. Culpa por haber querido involucrar a Bruce en una guerra contra la Mafia, sólo por sus propios intereses.
Era hora que Jim aprendiera a limpiar sus propios desastres.
"Pídemelo de nuevo."
Los dedos de Jim se congelaron, ahora flotando en el espacio, en medio de la retirada.
Bruce destapó su cuerpo de la manta bordada, prosiguiendo a sentarse. No lució desorientado, por lo cual Jim sospechó que el joven había estado fingiendo, o había tenido poco tiempo durmiendo. Cuando se tornó hacia el Alfa, sus ojos fueron claros y firmes, nítidos con propósito.
Jim tragó saliva, hipnotizado por la maldita belleza que todo este tiempo había estado evadiendo. "¿Pedirte qué, Bruce?"
En pies descalzos, el joven se levantó, vestido en pants y camiseta deportivos. Caminó hacia Jim con una sonrisa.
"Pídeme de nuevo… que me case contigo."
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Fin de Parte ii.
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