"La Corona."
Por B.B. Asmodeus.
[+]+[+]
Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne (principal). Menciones de Bruce/Selina, Bruce/Otros, Jim/Sofía, y Jim/Lee.
Rating: Adult, porque Bruce es un menor de edad involucrado en actividades de embriaguez y conductas sexuales promiscuas. Y ni siquiera son inventos míos. Agradezcánle al canon.
Resumen: Post-4x11. Después de perder la jugaba ante Sofía Falcone, Jim busca una forma de recuperar el control de la ciudad. Sin embargo, lo que empieza como un simple plan de contraer nupcias de conveniencia con Bruce Wayne, termina siendo más de lo que Jim había estado buscando.
Continuidad: Universo Alterno de las temporadas 2-4. Spoilers de 4x14 "Reunion."
Nota Importante: Este fic está tomando vida propia. I CAN'T STOP.
[+]+[+]
iii.
[+] + [+]
"No lo quiero oir.
No quiero saber.
Por favor,
no digas que lo sientes."
-Madonna.
[+] + [+]
Bruce abrió el maletín. La máscara y su traje reforzado permanecían justo como los había abandonado.
Tomó la máscara en sus manos. A pesar de conocer su relieve, sus yemas recorrieron la forma y la textura.
Recordó su visión, la experiencia de vivir sin rostro alguno.
Arrojó el antifaz sólido, al fuego de la chimenea. Lo observó resplandecer por las altas temperaturas.
Bruce volvió a guardar el maletín debajo de su escritorio.
Al ver la hora, nervios lo invadieron. En menos de cincuenta minutos, tendría que encarar a Alfred y pedir disculpas por su horrendo comportamiento. No sería bonito.
Si no hubiera vaciado cada botella de alcohol en la mansión, Bruce estaría tentado a servirse un trago, solo para calmarse.
-No. El Omega apretó sus puños, odiando su falta de disciplina. -Encuentra una distracción.
De reojo, miró el teléfono. Dudó por un momento.
Dos minutos después estaba pidiendo hablar con el Capitán del GCPD. Lo colocaron en espera por tanto tiempo que Bruce estuvo a punto colgar y darse por vencido.
"Gordon al teléfono."
Bruce sonrió ante el tono afinado con perpetuo mal humor. "Sólo dando señales de vida, Capitán. Probablemente puedes encontrar mejores usos para tus hombres el dia de hoy."
"Bruce." Jim articuló su nombres, sin mucha sorpresa. "Tu seguridad siempre es prioridad para el GCPD."
Era bueno que Bruce estuviera a solas, para no atestiguar el rojo de su metabolismo crecer hasta las puntas de sus orejas. "Puedo cuidarme solo. Ya no soy un niño."
"Sí, lo vi. Aun así. Siempre me preocuparé."
Bruce tragó saliva. "¿Alguna noticia sobre Ivy?"
"Todavía no. Pero estamos buscándola."
"¿Crees que sea lo prudente? Considerando la forma en que puede hipnotizar a cualquiera."
"Por favor. Dame algo de crédito, Bruce." Cierto grado de orgullo se filtró por la voz. "Tengo mis propios trucos."
-Debería estar ayudando. Bruce sabía que cargaba con mayor responsabilidad por la creación del Agua de Lázaro que cualquier otra persona. Sin embargo, esa maldita agua siempre traía los peores de los recuerdos debido a la raíz del asunto. Debido al maníaco que lo había llevado a conocer de su existencia, en primer lugar. "Iré a ver a Alfred el día de hoy."
"Oh. Me alegra saberlo."
"Ni siquiera sabes lo que pasó entre nosotros." -No sabes nada de lo que he hecho. "No lo haz preguntado."
Jim suspiró a través de la bocina. La pausa que se extendió le invitó a Bruce a sospechar.
"¿Cierto?" Presionó, de repente con miedo.
"Soy un Detective. No puedes esperar que no indague."
Los dedos de Bruce presionaron la bocina con más ímpetu. "¿Y?"
"Y…" Otro suspiro. "Bruce. Sabes donde encontrarme cuando quieras contarme la historia completa."
"No lo creerías." Bruce susurró, tras una larga pauta de detenida consideración. "No es fácil de explicar一La mitad del tiempo prefiero pensar que no sucedió. Y es fácil, por ser algo tan surreal."
"Bueno… Vivimos en Gotham. He visto mi propio catálogo de surreal."
Bruce sonrió. Jim Gordon al rescate, de nuevo, con su inyección de realismo cotidiano. "Puede que lo considere, si me invitas a almorzar."
La propuesta fue espontánea, que se coló por su boca sin consultar con su cerebro. Bruce deseó poder retractarse de todo一la esperanza en su voz, la vulnerabilidad que ocasionaba permitirle a Jim Gordon regresar a su vida, la soledad que en el momento lo capturaba.
"Seguro."
No entraron en detalles. La promesa fue sólo eso, una probabilidad. Bruce se despidió, porque del contrario, llegaría tarde. Y Alfred no ocupaba de más razones para decepcionarse de él.
El hombre, como lo había predijo, ya estaba en la cenaduria esperando por él. Verlo, fue un golpe a su pecho que lo dejó sintiéndose pequeño. Torpe.
"Gracias por venir." Bruce tomó asiento a su lado. Alfred no se inmutó, mirada fija en sus manos entrelazadas sobre la barra. Bruce pidió por un café, queriendo agarrar valor. "La fundación de mis padres armará una cena especial esta noche. Pensé que podríamos asistir…"
"Dudo que me hayas traído hasta el centro de la ciudad sólo para hablar de galas, ¿o sí?"
La mesera le trajo la taza de café, negro y sin azúcar.
"Bruce, ¿qué es lo que quieres de mí, exactamente?"
Bruce recordó su visión, la sensación de ser tragado por la oscuridad. Recordó las palabras de Jim一No luches solo.
"Ayuda." Le proclamó directo al rostro de su ex-mentor. "Quiero descifrar cómo superar este desastre. Sé que no puedo hacerlo solo."
Por su expresión, Alfred no había esperado su honestidad. Muy posiblemente, sus expectativas habían sido más juegos, más humillación e indiferencia como la última ocasión.
"Alfred… Necesito tu ayuda."
Pudo distinguir la añoranza en el Alfa, sus deseos de volver a casa. Por dentro, Bruce repitió por favor por favor por favor.
Perdóname.
Alfred abrió su boca. "No."
"¿Qué?"
"No puedes esperar que regrese a la Mansión a limpiar tu basurero y servirte té como si nada hubiera sucedido. ¿Después de todo lo que me hiciste?"
"¡No te quiero para eso! ¡He cambiado!"
"Oh, vaya. Del dicho al hecho, hay mucho trecho, muchacho. Así que, muéstramelo. Muéstrame cómo has cambiado y puede que reconsidere."
Bruce movilizó su boca sin sonido por unos instantes. Necesitó de un trago del café primero. "¿Cómo?"
Alfred no tenía la respuesta. "Bueno… ese es tu trabajo, ¿no? Averiguar cómo."
Bruce respiró hondo. "Estoy pidiéndotelo como un amigo."
"No soy tu amigo." Una dureza sin igual se reflejó en el perfil del Alfa. "Era tu mayordomo… Y me despediste."
Se levantó entonces. Le hizo una señal a la mesera con su mano. "Él pagará por el té, querida."
Y lo dejó justo allí, como un mequetrefe todavía sin poder articular defensa alguna.
Una parte de Bruce sabía que merecía el mal trato, pero la mayor parte sólo quería rebelarse. Quería brincarse el trabajo duro y tener gratificación instantánea一un rápido perdón, un arreglo a sus problemas sin dolor.
Bruce dejó un billete de veinte dólares en la barra.
Saliendo de la cenaduría, merodeó por el centro, manos en su abrigo y mentón cabizbajo. Por dentro, la neblina en su mente no le permitió pensar con claridad. Los engranes no avanzaban, las piezas no se armaban. Había un muro que Bruce sabía que tenía que tumbar, pero sentía horror por lo que encontraría del otro lado.
Regido por impulsos, había sido como había comenzado su día. No fue sorpresa que se dirigiera al Sirens, buscando por Selina.
Era demasiado temprano, claro. Estaban limpiando el lugar, pero aun así nadie le impidió el paso. Como era usual, el club apestaba a Alfas femeninas, azúcar espolvoreada sobre billetes, con una pizca de látex. Más que por el alcohol y la buena compañía, Bruce asistía con frecuencia por otra razones.
El club Sirens solía oler a un viejo abrigo, a un albergue con el que podías confiar para olvidar tus patéticas penas. Olía a Selena.
Al sentarse en el gigantesco loveseat del centro del club, codos sobre sus muslos, Bruce cerró sus ojos.
Ra's Al Ghul fue un eco. Una risa lejana en su consciencia. Pronto, una risa distinta lo reemplazó一Jim riéndose por las tonterías que el perico parloteaba en los peores de los momentos. Sus manos cálidas, como lo fueron al rodear el rostro de Bruce, besándolo como si el mundo estuviera a punto de irse al diablo.
Bruce parpadeó, escalofríos recorriéndolo.
Quizás, estaba en el lugar equivocado, buscando a la persona errónea.
"Todavía no abrimos."
La fría voz de Selina lo sacó de su trance. Al verla parada en la entrada, Bruce brincó de su asiento. "Quería verte."
"¿Por qué? ¿Por qué no fuiste suficiente imbécil la última vez que nos vimos?"
Excelente. Otra leída de cartilla. "Selina, escucha一"
"No tengo tiempo para esto, Bruce. Tengo mis propios problemas." Ciertamente, Selina estaba apurada. La chica se dirigió directo a una mochila que yacía en una de la mesas. Bruce sospechaba que sus contenidos violaban más de una ley.
"Algo sucedió." Muchas cosas. Muchas malditas cosas. "Necesito hablar con alguien."
"¡Pues ve a encontrar Alfred!"
"Lo hice." Bruce gruñó.
"Oooh. ¿Y no quiere saber nada de ti?" Selina sonrió de manera cruel, y muy posible, placentera. "Muy inteligente de su parte." Con eso, la Alfa prosiguió con su tarea, abriendo y cerrando zippers.
"Podrías por lo menos escuchar mis razones一"
"¡No, Bruce!" Selina se tornó hacia él con relámpagos en su ojos, ahora con su látigo bien ajustado a su cintura. "Porque Ivy está allá afuera asesinando personas y necesito detenerla antes de que tu preciado Jim Gordon la perfore a balazos. ¡Cual sea tu problema, tendrás que averiguarlo tú solo!"
Bruce quiso preguntar más a fondo sobre el paradero de Ivy, pero Selina fue una fuerza de la naturaleza. El Omega fue empujado fuera de su camino; descartado en segundos.
"Aw. ¿Pelea de novios?"
-Por supuesto. Bruce rodó sus ojos, antes de girar hacia la dirección de la nueva compañía. "Lejos de ello. Ya debe conocer a Selina. Le gusta tener salidas dramáticas, Señorita Kean."
"Bárbara, por favor." La rubia tenía un martini en su mano. Le dio un breve sorbo, nunca dejando de sonreir. "Cierto. Había olvidado que tus gustos han cambiado recientemente. Mil disculpas. Rubios y musculosos es lo que está en la carta ahora, ¿cierto?"
Bruce alzó una ceja. "¿Asumo que se refiere a lo que han publicado en los periódicos?"
Kean caminó hacia él con un objetivo, hacerlo sentir insignificante. No lo consiguió. Bruce le sonrió abiertamente, alzando su mentón.
"Yo que tú, lo pensaba cuatro veces antes de abrir esa lata de gusanos. Apégate a lo clásico y a lo que conoces, chicas rebeldes de pelo rizado y amantes del cuero."
-Porque funcionó tan bien la última ocasión. "Gracias por el consejo."
"No es consejo. Es la realidad, niñito. Te dejas chupar en el hoyo negro que es Jim Gordon, y nunca saldrás. ¿Crees que todas estas batallas son por nada?" Kean estiró sus brazos para hacer énfasis en su punto. "Sofía Falcone en el Inframundo. Thompkins en Los Estrechos, hasta el maldito de Oswald Cobblepot一¿Por qué crees que todos han querido un pedazo del alma de Jim? El hombre está en el centro del caos, y siempre lo estará. Es la carne de cañón de Gotham ante todos nosotros. Y eventualmente… uno de ellos lo desmenuzará hasta el hueso. No querrás estar cerca cuando eso suceda."
Sintió total coraje ante la cruel descripción de cómo veían a Jim一como lo simplificaban一carne de cañón一Bruce quiso romperle la nariz con un puñetazo.
Pero del coraje, claridad vino de la persona menos esperada. Fue irónico, y algo gracioso.
Gran parte de la tensión en su cuerpo se disolvió, por fin comprendiendo por qué el destino lo había juntado con aquel Detective ingenuo en la noche más aterradora de su vida. Por años, el lazo del primer encuentro los había mantenido atados, en constante afloje y aprieta. Esa composición de confianza, lealtad, y secreta añoranza por algo más一Bruce pudo nombrarla. Pudo comprender por qué cuando Jim Gordon lo tomó de la cintura en dos pistas de baile radicalmente distintas, sus células quemaron con deseo.
Bruce sintió la magnitud de la revelación hacer temblar sus huesos, bombear gasolina pura por su corazón.
Cuando alzó su mirada de nuevo, hasta Kean se percató del total cambio en su porte. Se notó en sus facciones de muñeca, en su ceño torcido y su boca haciendo pucheros.
"De nuevo, gracias por el capitulo extra en el Arte de la Guerra." El Omega reiteró, acercándose a la mujer. De su copa, Bruce extrajo la aceituna verde encajada al palillo. La masticó con verdadero gusto. "Pero, Gotham es caprichosa, ¿no lo crees, Bárbara? Un día puedes estar en la cima…Mmm. Y al siguiente… Bueno." Se encogió de hombros. Dejó la mejor parte en el aire, implícita en la atmósfera, para que Kean fuera corriendo a susurrarlo a su jefa. "Además, Jim es un endemoniado excelente besador. ¿Ese truco especial que hace con su lengua, que no puedes decidirte si desmayarte o escalar al hombre como árbol?" Manifestó un gemido exagerado que hizo girar varias cabezas en el club, incluido el de la socia de Kean. "¿Por qué volver a lo vanilla?" Regresó el palillo al martini de la mujer y con un guiño, Bruce hizo su retirada.
Múltiples ojos lo siguieron, incluso ya afuera del edificio. Porque Falcone tenía ojos en toda partes.
Bruce pidió un taxi para volver a la mansión.
Al llegar, Bruce se dirigió directamente a la habitación de sus padres. Algo que escasa ocasión hacía. La encontró con polvo y desatendida por la ausencia de Alfred, pero Bruce no pudo sentirse culpable al respecto. No había nada en la recámara más que fantasmas. Bruce abrió las ventanas. Se dirigió al closet donde los vestidos de su madre aún estaban colgadas. Bruce vació una caja con viejos tacones y se dispuso a vaciar todo objeto pequeño del tocador en la caja.
Descolgó los vestidos. Los trajes de sastre. La camisetas, pantalones, corbatas. Despojó la cama de las sabanas y el edredón. Todo lo hizo una bola gigante que empujó hacia el pasillo. Llamó por la gerente de la Fundación de Caridad Wayne, pidiendo que mandaran por alguien a recoger las pertenencias. Donaría todo, porque la misma Martha Wayne lo había hecho constantemente en vida. Por meramente caprichos de su adolorido hijo, sin embargo, no se había dado seguimiento a sus deseos.
Hasta ahora.
Abrió los cajones de todas las cajoneras en busca de la agenda personal de su madre. La encontró en el tocador, todavía abierta, un listón marrón dividiendo la agenda en dos partes. Su dedo buscó en la sección W, sabiendo que su madre llevaba registro de todos los parientes de su esposo, por más lejanos que estos fueran. Martha siempre había abogado por su tía, siempre negociando que Thomas tuviera mejor relación con su hermana.
Agatha Wayne. La letra cursiva de su madre había atribuido solamente un número de teléfono, sin dirección.
Lo último que Bruce sabía de su tía era que ésta había vivido toda su vida en el Reino Unido, sin una locación en especial. A veces Londres. Cardiff.
Agatha siempre había sido "un alma libre."
O más frecuentemente referida por Thomas Wayne, "una vaga."
Bruce arrancó la hoja y guardó la agenda en el bolsillo trasero de sus jeans, su objetivo encontrado.
Se dejó caer en la antigua cama, ahora desnuda. Todavia habia linea de telefono funcionando en la mesa de estar del lado de su padre. Levantó el teléfono, marcando el numero tal y como se mostraba en la agenda.
No hubo operadora que irrumpiera la llamada. Entró directamente. Luego, una serie de beeps.
El sonido de alguien respondiendo. Silencio. Estática.
Bruce lamió sus labios. "¿Hola?" Más estática. Rodó sus ojos. "Soy Bruce. No estoy llamando para reclamarte por no haberte aparecido en el funeral. O ya sabes, no llamar por los últimos cuatro años para saber como me encontraba."
Bruce juró haber detectado un suspiro en la otra línea.
"Escúchame. Te llamo por una razón más importante que disputas familiares." Fue el turno de suspirar para Bruce. Sabía que exactamente se tenía que hacer, porque Thomas se lo había enseñado. Era una frase que cambiaría todo, si Bruce tan sólo dejara de alargar el momento. "La ciudad me necesita. Es todo lo que sé. Por eso lo hago. Y yo te necesito." La última vez que Agatha había visitado, Bruce había tenido siete años. De forma típica, Thomas había terminado peleando con ella, por razones que Bruce aún desconocía. Aun asi, Bruce recordaba el regalo que Agatha le habia traido para su cumpleaños. Un barco mecánico de color azul celeste. "Necesito que por primera vez en tu vida, te hagas responsable de tu apellido."
Nada.
Bruce respiró hondo. "Jeg har blitt lovet. Wayne-dynastiet må stå opp."
Y colgó.
Cuando se volvió a levantar, fue después de un largo lapso, una vez que Bruce estuvo seguro que sus piernas no lo traicionarían.
Se alistó para la cena.
[+] + [+]
"Ahora, con ustedes, Bruce Wayne. ¡Nuestro anfitrión!"
Hubo un round de aplausos. Bruce salió de su escondite, parpadeando al tener el reflector en su rostro. Caminó hacia el podio, su corazón latiendo demasiado fuerte. Al tomar su posición, Bruce analizó la multitud.
Dios.
Fue difícil tragar saliva. Fue difícil respirar. Tenía una tarjeta en sus manos, pero Bruce no la creía muy útil. "Buenas noches. Bienvenidos a la tercera entrega de la gala anual en honor a la Fundación Thomas y Martha Wayne. Este año hemos recabado 4 millones…" A la distancia miró la silueta de Alfred entrar al salón detrás de una cortina dorada. Bruce volvió a sus notas. Pausó. Intentó seguir con las líneas de introducción, pero no tuvo paciencia para frivolidades. "Mis padres pasaron su vida ayudando a los necesitados. Estaba tan orgulloso de ello y yo deseaba que ellos estuvieran orgullosos de mi. Y luego, miré cómo los asesinaron." Predeciblemente, los rostros de la mayoría de los espectadores bajaron en falsa simpatía. "Pero he sobrevivido gracias a un número reducido de personas que siempre me han apoyado. Antes de asistir esta noche, me hice una pregunta: ¿Qué he hecho por ellos?"
Alfred. Jim. Lucius. Selina.
Mirando directo hacia Alfred, Bruce perdió su miedo. "Y descubrí que no he hecho absolutamente nada."
Se vino una ola de cuchicheos.
"Me he rodeado de las personas más fuertes, inteligentes y valientes que puedes encontrar en esta ciudad. Me han enseñado, me han protegido, han estado conmigo en mis momentos más oscuros. Pero, me he dado cuenta que nunca les he dicho que la persona que soy ahora es gracias a ellos. Espero que hoy, con mi decisión, puedan verlo."
Los murmullos comenzaron a subir de volumen.
Bruce aventó las tarjetas al podio. Cuando regresó a su audiencia, sintió extrañamente, calma. "Espero mis padres puedan ver que estoy tratando de ser tan valiente como ellos lo fueron y aunque esto no era lo que querían para mí, puedan entender… Porque he decidido activar la Dinastía Wayne."
El público enloqueció.
A la distancia, Bruce sabía que el mentón de Alfred estaba en el suelo.
"La ciudad está enferma." Insistió, recordando las patadas que Jim había recibido en el suelo, indefenso, mientras Sofía se había reído. "Y firmemente creo que puedo hacer un mejor trabajo en ayudarla a sanar que la actual Cámara de Gobierno… Sólo espero tener el apoyo de todos los presentes, así como de todos aquellos que creyeron en el trabajo de mi familia." Podía escuchar las preguntas, la excitación en sus voces. Le sorprendió ver la alegría en muchos de los rostros. La emoción real en sus expresiones. "Gracias."
Le sorprendió aún más, el conjunto de aplausos que recibió entonces. La audiencia se levantó para aplaudirle.
Bruce buscó por Alfred. El hombre no estaba aplaudiendo. Bruce sólo esperaba que no estuviera sufriendo de un ataque cardiaco.
Al bajar del podio, se apresuró para no ser detenido por nadie, caminando directamente hacia Alfred.
"No puedo creer lo que acabas de hacer." Ciertamente, los ojos del hombre eran dos platos. La suavidad en su voz, sin embargo, fue algo que Bruce había extrañado. "Tú, muchacho loco… No tienes idea de lo que puede pasar ahora."
"La tengo." Bruce interceptó. "Guerra."
"Por Dios." Alfred susurró. "Lo eres, ¿escuchas? Eres el joven más valiente que he conocido. Y tus padres estarían orgulloso de ti, hasta hartarse."
Bruce comenzó a sentir alivio一
"Pero yo no puedo ayudarte."
一¿Estaba este hombre bromeando? "¿Qué?"
"No hasta que aceptes quién eres en realidad."
"Sé quien soy. ¡Créeme, he visto lo que hay dentro de mi!"
"Oscuridad y enojo, lo sé. Pero debajo de todo eso, está tu corazón. Un corazón que siente dolor. Un corazón que quiere ayudar a otros. Tu corazón es tu verdadera fuerza, Bruce. Si niegas tu propia oscuridad, te niegas también lo bueno de ese corazón. Y el aceptar que necesitas de esa oscuridad es algo que debes hacer por tu cuenta… ¿Me comprendes?"
Aceptar, significaba revivir el pasado. Revivir a Ra's Al' Ghul. Alex. Y eso era lo último que Bruce quería. "Fue estúpido de mi parte buscarte."
No dejó que Alfred lo detuviera. Aun consciente de que estaba comportándose de manera petulante e inmadura, Bruce ya estaba acostumbrado a huir.
"¡Bruce!"
En plena salida, el Omega se detuvo en seco.
Jim Gordon y un equipo SWAT estaban invadiendo el lobby con una misión.
"¿Se encuentra Ivy Pepper allá adentro?"
Bruce tuvo el peor de los presentimientos. "¿Ivy? No. Quiero decir, no la vi…"
Gritos repentinos vinieron del salón. Mierda.
Jim ya tenía su arma en sus manos. "Sal de inmediato de aquí."
"¡Alfred está allí!"
"¡Lo ayudaremos!" Jim le empujó del hombro hacia la salida. "Pero no te necesito allá adentro siendo una distracción para mi, ¿de acuerdo?"
"Debes de estar bromeando-"
"¡Vamos!" Jim ya estaba volando al centro del fuego, ignorando el resto de sus quejas. Bruce echó salir maldiciones, solo congelándose por un momento antes de seguirles.
Cuando llegó, había disparos por doquier. Gritos. Vidrios rompiéndose. Gente corriendo por todas partes. No miró a Jim por ninguna parte, pero Bruce divisó a un integrante del equipo SWAT inconsciente en el piso, no muy lejos de su persona.
Actuó en instinto.
Tomó el chaleco antibalas y el pasamontañas del hombre. Una vez cubierto, fue fácil bajar la palanca de la corriente eléctrica en el panel del salón.
Buscó por Alfred, ayudado de las luces de emergencia. El hombre estaba tirado en el suelo, recién recobrando la conciencia. Bruce se le abalanzó a uno de lo matones hipnotizado por Ivy, justo a tiempo antes de que hiciera de Alfred su próximo objetivo.
"Te sacaré de aquí. ¡Vamos!" Bruce gruñó, ofreciéndole la mano al Alfa.
"¡No, no! Escucha, escucha一" Alfred lo jaló del chaleco. "Esta gente necesita tu ayuda. Olvídate de una maldita Dinastía一¡Ayúdalos!"
Bruce tragó saliva. Adrenalina lo llenó.
Dejó a a Alfred, y se adentró a la oscuridad.
[+] + [+]
Ivy no estaba por ninguna maldita parte.
Jim, tras separarse de Álvarez, merodeó los pasillos del backstage del salón, sin nada de suerte.
-Tan cerca, sólo para perderla de nuevo. El Alfa rumió desde su pecho, su decepción siendo un sabor amargo.
Al doblar una vuelta en el pasillo principal que lo llevaría de regreso al salón, Jim se frenó en seco al encontrarse con una escena algo confusa. Dos cuerpos cubiertos en negro estaban en medio combate. Jim apareció justo a tiempo para ver el cuerpo más grande ser tumbado al piso, por uno más esbelto. Dicho contrincante se mostró veloz y súbito con su gusto por mandar a su enemigo a la inconsciencia con la cola de la escopeta.
"¡Oye!"
La figura se congeló.
Jim alzó su arma, comenzando a avanzar.
"Oye, quédate justo一"
"¡Espera!"
Su dedo en el gatillo lo traicionó al mismo tiempo que Jim reconoció aquel tono de voz. Sintió terror al ver caer el cuerpo al piso por culpa de su disparo en el pecho.
"¿Bruce?" Jim se agazapó en cuclillas sobre el cuerpo, arrancando parte del pasamontañas del rostro del muchacho. "Demonios, Bruce."
El Omega despertó de golpe, un gemido ahogado chillando de su garganta. Jim se dejó sujetar por el chico, ayudándole a recuperarse del impacto.
"Me disparaste." Bruce tuvo el descaro de acusarle.
"No te mentiré, tengo ganas de hacerlo de nuevo." Usando las franjas del chaleco, Jim levantó al Omega del piso con facilidad. "Acabas de robarme veinte años de mi vida."
"Me. Disparaste."
"Por todos los cielos. No vi que eras tú." Jim se apresuró a revisar el pecho del joven. En efecto, ninguna bala lo había atravesado. Pero oh vaya que los moretones serían épicos. "No es como si esperara encontrarte peleando maleantes en este lugar, después de haber sido bastante claro en que salieras de aquí."
Bruce hizo una mueca bastante familiar a estar alturas. La "Estoy esperando a que termines tu sermón y todo duele" tipo de mueca. "¿Tienen a Ivy?"
Jim esperó que su expresión lo dijera todo.
Así fue. "La encontraremos." Bruce le intentó consolar. "Y con mi suerte, en otro evento que involucre el apellido Wayne."
El pobre tipo que había caído al piso, comenzó a gemir. Bruce lo pateó.
"Oye, tranquilo." Jim lo alejó del cuerpo antes que desatara más de su furia. "Es un inocente manipulado por un psicópata, no lo olvides."
En súbito cambio de papeles, Jim se encontró siendo alejado de la luz, presionado en la pared del pasillo con Bruce cubriéndolo de pies a cabeza.
Jim no gimió por el beso hirviendo de hormonas de Omega que se le plantó. Fue el aroma. La fuerza. El arrebate, con el Bruce lo tomó para sí, por su simple antojo. Era algo impermisible para muchos Alfas- que tu Omega no te respetara, que no esperara a recibir órdenes primero- pero a Jim le importaba poco.
Se sostuvo del trasero del joven y rozó sus torsos juntos, ondulando su cadera para que Bruce sintiera exactamente lo que causaba con sus locuras.
El gemido de total aprobación fue hilarante. Bruce se colgó de su cuello, abriendo-abriendo-abriendo su boca sin mucha coordinación. No hubo fineza con la forma que quiso marcar la boca del Alfa con su saliva, un adolescente desenfrenado en pleno apogeo.
Jim sintió su entusiasmo por toda su cara, y cuando brindó una de sus piernas entre medio de las de Bruce, sintió tal pasión por el resto de su cuerpo.
El maullido frágil que brotó del Omega, le rompió el corazón. Jim movió su muslo oprimiendo contra el regazo en necesidad. Bruce fue incapaz de seguir besándolo entonces, jadeando la separación, con su dulce aroma a lluvia invadiendo las fosas nasales de Jim.
"Está bien…" Jim murmuró, guiando al Omega en movimientos prácticos que lo llevarían a la culminación que tanto quería. "Te tengo."
Las embestidas fueron un choque de tren. Bruce le tomó la palabra, prácticamente montando la pierna de detective, persiguiendo la constante fricción.
"Dios." Bruce nunca apartó sus ojos, a pesar de estar en la parcial oscuridad. "Dios, eres tan… "
Luego, el espasmo final llevó a Bruce a apretar sus piernas, atrapando la del Alfa, chillar contra la boca de Jim, y llegar a un clímax que Jim tendría tatuado en su mente por el resto de su vida.
Jim besó con suavidad la cara de estupidez pura del rostro de Wayne, preguntándose一¿Cómo demonios terminamos aquí?
Le dio una ligera palmada al glúteo del Omega, para señalar que su Hora Feliz tenía que terminar.
Bruce gruñó, no exactamente en molestia.
"Oh, no. Todavía tengo trabajo que hacer, a diferencia de ti. Quítate de encima."
"Mmm." Bruce sumergió su rostro en el cuello del Alfa, completamente drogado por sus feromonas. Por la deliciosa combinación de sus esencias, que ni alguien como Ivy podría llegar a perfeccionar para enamorar a otros. "¿Qué hay de ti?"
"Estoy bien." Jim tuvo que ser la voz de la razón. Detuvo la mano explorado de Bruce, porque no quería estar en aquel sucio pasillo toda la noche. "No fui yo a quien le dispararon, después de todo."
"Me debes el almuerzo." A pesar de empezar a caminar con las espaldas al muchacho, Jim pudo sentir el puchero.
Alfred no fue difícil de encontrar, una vez de vuelta en el salón. Jim nunca había estado tan feliz de verlo como este momento. Bajo distintas circunstancias, Jim lo hubiera abrazado一pero su gabardina no podía esconder tanta evidencia incriminatoria. "Sé que ya no eres su mayordomo. Pero, ¿te molestaría…?"
"Lo llevaré a casa." Ah, sí. Siempre podrías contar en Alfred para leer tu mente. "Para bañarlo con agua fría, por supuesto. Te recomiendo hacer lo mismo, Capitán." Así como para juzgarte con su mirada láser. Aceptando el billete que Jim ofreció para el taxi, el Alfa hizo una mueca. "Parece que me he perdido un par de novedades."
"Sólo un par."
"Me muero de hambre." Bruce agregó, de vuelta a un traje de sastre y no el chaleco antibalas. Sus cabellos eran una locura, y su boca estaba enrojecida. Jim estuvo seguro de ser el culpable. "Y mi pecho duele." El calor en la mirada del Omega, sin embargo, no comunicó más resentimiento. Sólo una dulzura inusual.
Bruce estaba completamente embelesado por las feromonas, y Jim lo encontró adorable.
一¿Adorable? ¿Qué demonios? Jim se tornó a Alfred, de nuevo. "Por favor. Te lo ruego." Llevatelo ya.
Alfred rodó sus ojos, emprendiendo camino. "Un par de idiotas, es lo que son."
"Bye." Bruce tocó brevemente la manga de Jim.
Jim apuntó con su barbilla que siguiera adelante. No se sintió competente para dirigirle otra palabra.
Terminó de supervisar los cabos sueltos en la escena, los heridos, y el número de muertos. El resto se lo dejó a Álvarez.
Regresó al Precinto.
Fue extraño desde el momento que entró, sentir tanta actividad y energía en el turno de la noche. Todos estaban hablando, en susurros y en voz alta. Por primera vez, nadie lucía a punto de quedar dormido en su estación. Jim se apresuró al sanitario para corregir su apariencia y refrescar su cara con agua fría.
Al salir, la atmósfera había elevado su intensidad. Jim no podía entenderlo.
Luego, subió al segundo piso, donde Harper y Lucius tenían la televisión encendida en su oficina. Las noticias de las 11 estaban puestas. Fox tenía una expresión de estupefacción, mientras que Harper sólo resoplaba por su narices, cejas por los aires en incredulidad.
"¿Qué está pasando?" Se plantó frente al televisor, justo para ver una fotografía de Bruce en la pantalla al lado de la comentarista en turno. En la parte inferior de la televisión leyó el título de la noticia.
BRUCE WAYNE ANUNCIA SU DESEO DE SER CORONADO-
El piso desapareció debajo de sus pies.
-EN EVENTO A FAVOR DE SUS PADRES.
Reprodujeron la grabación del discurso que Wayne había preparado para el evento. Jim escuchó cada palabra, cada una sintiéndola como un bofetada.
"Este chiquillo está loco. Acaba de ponerse un blanco en la espalda."
Harper tenía toda la razón. Sus palabras cortaron por el shock. Jim parpadeó, y volvió a la realidad. "Harper. Quiero un equipo de vigilancia en la Mansión Wayne de inmediato, escoge los mejores."
La Detective se despabiló en tiempo récord. Comenzó a asentir, aunque pausó en el umbral. "Capitán, debo recalcar que Wayne no es muy agradecido con la invasión a su propiedad, sin previo aviso. La última vez le aventó huevos a una de las patrullas."
Así fácil, Jim dejó de sentir remordimiento por haberle disparado. "No me importa que Bruce quiera lanzar macetas. Mis hombres no se mueven de allí, hasta que yo diga lo contrario, ¿entendido?"
"Entendido, Jefe."
Lucius apuntó a la televisión. "Algo redundante, pero creo que un Cuidado con lo que deseas, está en orden."
Jim gruñó. "No me obligues a golpearte de nuevo."
[+] + [+]
Fin de Parte IV.
[+] + [+]
