"La Corona."
Por B.B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne (principal). Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Barbara Kean/Leslie "The Doc" Thompkins. Menciones de Bruce/Selina, Bruce/Otros, Jim/Sofía, y Jim/Lee.
Rating: Adult, porque Bruce es un menor de edad involucrado en actividades de embriaguez y conductas sexuales promiscuas. Y ni siquiera son inventos míos. Agradezcánle al canon.
Resumen: Post-4x11. Después de perder la jugaba ante Sofía Falcone, Jim busca una forma de recuperar el control de la ciudad. Sin embargo, lo que empieza como un simple plan de contraer nupcias de conveniencia con Bruce Wayne, termina siendo más de lo que Jim había estado buscando.
Continuidad: Universo Alterno de las temporadas 2-4. Spoilers de 4x14 "Reunion", y 4x15 "The Sinking Ship, The Grand Applause."
Nota Importante: THIS RIDE IS ABOUT TO GET WILD. BUCKLE UP!
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v.
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"He tirado del gatillo
a nuestro amor.
Sigue jugando conmigo.
Tengo mi dedo en la pistola,
Bang Bang!
Te he disparado."
-Florrie.
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"Mis padres pasaron su vida ayudando a los necesitados. Estaba tan orgulloso de ello y yo deseaba que ellos estuvieran orgullosos de mi. Y luego, miré cómo los asesinaron. Pero he sobrevivido gracias a un número reducido de personas que siempre me han apoyado. Antes de asistir esta noche, me hice una pregunta: ¿Qué he hecho por ellos?"
"Lindo discurso." Bárbara ya había visto la transmisión en todos los canales. Para ahora se lo sabía de memoria.
"Es bueno. Podemos aliarnos."
Barbara hizo una mueca. "No te emociones tan rápido."
Leslie se levantó de la cama. "Sabemos que Bruce está haciendo esto para ayudar a Jim. Es con el GCPD con quien podríamos unir fuerzas para destronar a esa perra loca."
"¿Podrías bajar la voz?" Bárbara se apresuró a colocar una mano en la boca de la mujer. "Esa perra loca tiene oídos y ojos en todas partes. Reviso por micrófonos todos los días, pero uno nunca puede estar seguro."
Leslie rodó sus ojos, quitándose la mano de encima. Lucía tan hermosa con su maquillaje corrido y cabello desaliñado. El baby doll de encaje dejaba poco a la imaginación, y Barbara podía contar los moretones recorriendo su cuerpo. "Seamos reales. Jim muy posiblemente causará la muerte del mocoso. Necesitas aceptar la oferta de Sofía. No trates de ser la salvadora de todos los fenómenos en Los Estrechos, Les. El 30% es básicamente nada, a cambio de tu pellejo."
El silencio petulante dejó mucho que desear. Leslie comenzó a cazar por sus tacones y el resto de su ropa.
Barbara suspiró, atrapando a la mujer por las espaldas. "Tú misma lo dijiste. Esa mujer es impredecible. Saldrás lastimada si no le das lo que quiere."
"No sabía que te importara." Leslie ladeó su rostro para hacer que sus perfiles conectaran.
Antes de morir, a Bárbara le hubiera valido un bledo lo que pasara con Leslie Thompkins. Pero volver a la vida, había aflojado cosas en Bárbara creídas ya perdidas. Desde que había puestos sus ojos en la Doc, obsesión había echado raíces. Que Les le fuera recíproca, sólo había empeorado la fijación.
"No lo hago por chicas idiotas que no saben lo que les conviene." Soltó a la mujer tras una ligera nalgada. "Por suerte, eres una dama lista que quiere sobrevivir, ¿cierto?"
Una vez vestida de nuevo, Leslie se acercó a Bárbara para quitarle el cigarrillo de la boca que aún ni siquiera encendía. "Te matarán." Lo tiró, junto con la cajetilla, a la basura en su camino fuera de la recámara del penthouse.
Bárbara rodó sus ojos. "¡No sabía que te importara!"
Y el maldito día apenas comenzaba.
Después de prepararse, arribó al Sirens al medio dia. Miró a Selina jugando con los vasos del bar, todavía en su etapa de emo, tras haber perdido rastro de su vieja amiga, la pelirroja demente. Bárbara le quitó una copa justo antes de que su endemoniado látigo lo hiciera trizas. "Lo rompes, lo pagas."
"Como sea." La chica murmuró.
"En serio. Ya supéralo, ¿quieres? Necesitas conseguirte amigas que no estén locas, eso es todo."
Selina no rezongó. Mala seña. La chica enrolló su látigo, vacante de su usual chispa. Barbara suspiró, sospechando la razón. Se colocó tras la barra para prepararle algo dulce y energizante. "¿Estás preocupada por él?"
"¿Quién?"
Bárbara le lanzó una mirada.
Selina rodó sus ojos.
"Llámalo. Visítalo. Haz lo que sea necesario para sacar este humor negro tuyo fuera de tu sistema. Es malo para el negocio."
"No quiero verlo."
"Selina." Bárbara pausó, el ruido de la licuadora interrumpiendo la conversación. Pensó en compartir lo que Wayne le había escupido de su bocota la última ocasión. ¿Sería lo mejor para la chica, saber que el chiquillo estaba montándose a cierto Capitán del GCPD? ¿Creería una palabra de lo que Bárbara le dijera? Al final, Bárbara mantuvo el pico cerrado, enfocándose en la malteada de fresas que le preparó a la chica. "Tómalo. Lo necesitarás. Tengo una misión para ti hoy. Te ayudará a enfocarte en cosas productivas."
"¿Qué clase de misión?"
"De la clase donde se te pagará extra."
Por primera vez en días, Selina sonrió.
"Así me gusta." Bárbara se sirvió el sobrante de la malteada. Ambas hicieron brindis.
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Cuando Jim recibió la llamada, sabía que se trataría de malas noticias.
Lee estaba hospitalizada. Su mano izquierda había sido fracturada a martillazos.
Menuda forma de comenzar la mañana.
Jim no dudó en dirigirse a Gotham General, todo el viaje imaginando sus manos alrededor del cuello de Sofía. Ya en el lugar, una enfermera le orientó hacia la habitación donde Lee estaba en recuperación.
Se congeló al mirar a través de la ventana.
Lee no estaba tan sola como lo había pensado.
Bárbara se encontraba dentro.
El primer impulso de Jim fue tomar su arma, aun cuando su cerebro estaba procesando la imagen frente a él.
La mano izquierda de Lee estaba vendada, pero manchas de sangre habían traspasado el material después de la cirugía. No estaba consciente, obviamente sedada por contrarrestar el dolor. Con gentileza que resultaba alienígena para sus ojos, Bárbara acariciaba el flequillo castaño de la mujer, dándole la espalda a la puerta.
Jim se sintió invasor. La intimidad del gesto lo sacó de órbita, no pudiendo creer lo que estaba viendo.
No transcurrió mucho tiempo para que un enfermero se le acercara, curioso por su presencia en el pasillo desierto. "Disculpe, ¿es usted familia?"
Ronco con furia, confusión y desesperación, Jim abrió su abrigo una fracción para mostrar su insignia. "Soy policía."
El enfermero asintió. Echó un vistazo a la habitación justo como Jim lo había hecho. "No nos ha dicho quien la atacó."
Era para reírse. "No necesita decirlo."
Comenzó a alejarse del pasillo, su mano sacando su móvil de su abrigo en el proceso.
"Yo que tú, no me sentiría tan mal por alguien que estaba por traicionarme."
Pausando, Jim dio la media vuelta. Cerca de la máquina de golosinas, Selina presionaba botones para ver el catálogo de precios.
"¿De qué hablas?"
Tras decidirse, Selina recogió un paquete de twinkies. Al tornarse en su dirección, Jim reconoció ligera simpatía en su rostro. "Estuve allí. Cuando Sofía la atacó."
Jim comenzó a avanzar, preguntas en la punta de su lengua.
"Te iba a vender. Le ofreció a Falcone acceso a todos tus secretos a cambio de seguir siendo dueña de los Estrechos."
"¿Por qué estabas allí?" Resultó más fácil enfocarse en interrogar a la chica, que asumir el impacto que sus palabras le arrojaron.
"Trabajando."
"Espiando."
"Da lo mismo." La Alfa se recargó sobre la máquina. "Dijo que tenía información sobre Bruce también, ¿sabes? Información para saber cómo lastimarlo y por ende a ti."
Jim cerró ojos, oprimiendo sus párpados por un momento. "Discúlpame si me cuesta creerte, con lo frecuente que cambias de bandos."
"¡No estoy mintiendo!" Súbitamente, Selina fue la que se abalanzó hacia él, impulsada por un furia con la que Jim podía empatizar. "Mira, no me importa tu larga fila de ex-brujas psicópatas. ¡Pero no puedes dejar que Bruce sea arrastrado a esta telenovela patética junto contigo!"
"Estás exagerando"
"Oh, por favor." Selina estaba inadvertidamente destrozando los twinkies con la fuerza de sus dedos. "¿De repente le entraron las ganas por ser el Príncipe de esta ciudad de porquería, así nada más? ¿Esperas que me crea su discurso cursi? Lo hizo por ayudarte."
"Bruce hace sus propias decisiones." Jim gruñó, sarcástico. "A estas altura ya debes saber que nadie lo puede obligar a hacer algo que no quiere. Mucho menos alguien como yo."
"Como sea." Selina le picoteó el pecho. "Si en verdad eres su amigo, le dirás que se retracte."
Tragando saliva, Jim no permaneció en el pasillo un minuto más para recibir más regaños de una chiquilla de moral dudosa. Salió de Gotham General como torbellino, aquella malditas palabras repitiéndose en su cabeza, una y otra vez.
"Te iba a vender."
¿Por qué estaba sorprendido? Lee no había escondido su nueva pasión por ser la Alfa de los Estrechos, engreída, y tratando de ser el héroe de otros para limpiar su historial de desastres personales. Había sido fría y cordial la última vez que se habían visto, y en ningún momento Lee había mostrado algo más.
Jim era un tonto por sentirse traicionado.
El GCPD era el caos de siempre a las 10:45 am. Jim no se percató de la presencia de Harvey hasta llegar al segundo piso con rumbo a su oficina. Incrédulo, inseguro de estar presenciando un espejismo o al verdadero hombre, Jim se acercó lentamente a su ex-compañero, corazón desenfrenado y manos sudorosas.
Observando su antiguo reino desde lo alto, Harvey tornó su perfil hacia Jim al sentirlo aproximarse. "Felicidades. Escuché que salvaste el día. Buen trabajo."
Jim sacudió su cabeza.
"Hay una razón por la que eres el Capitán y yo un fracasado de cincuenta años."
Ya no soportando la cruz sobre su espalda, Jim se sostuvo del balcón. "Sí hay una razón. Pero no la que crees."
Harvey lo miró directo a los ojos. Con eso bastó.
"Lo arruiné, Harvey." Jim gimió. "Lo arruiné todo." Su voz quebró. Sabía que lagrimas de coraje amenazaban con romper su compostura. "Y necesitaré tu ayuda para corregirlo."
Todo se escupió de su boca, justo como lo había hecho con Bruce aquella noche. "Sofía contrató al Pyg. Yo lo sabía… Y lo encubrí. Lo encubrí todo."
"Jim, tu gran hijo de puta."
"¡Lo sé, lo sé!" Jim resopló por sus narices. Recordó las palabras de Selina sobre obligar a Bruce a retractarse, justo cuando en esos momento miraba a Wayne entrar al precinto.
Nadie podía culpar a Harvey por lucir tan pasmado.
Desde el piso inferior, Bruce conectó su mirada con la suya, satisfecho con encontrar a su blanco sin mucho obstáculo. El muchacho le sonrió.
"La voy a hacer añicos."
Bruce estaba subiendo las escaleras. Jim dejó a un todavía boquiabierto Harvey en el balcón. Esperó por Bruce en su oficina, colgando su abrigo en el perchero.
Escuchó la puerta cerrarse, cinco minutos posteriores.
"Has estado evadiéndome."
"He estado ocupado." Jim dilató el momento de encarar al Omega lo más que pudo, pero al moverse detrás del escritorio no dejaba mucha escapatoria. Sabía que debía lucir aun traslocado. Bruce ciertamente lo leyó como un libro, en cuanto el chico descansó sus ojos en él.
"¿Qué sucedió?"
El Alfa descansó sus manos en el escritorio. "¿No deberías estar rodeando de mi equipo de seguridad?"
El mentón de Bruce se alzó con arrogancia.
Jim suspiró. "Daño colateral." Observó a Bruce jalar de la silla frente a él para tomar asiento. "Sofía ha comenzado a tomar represalias."
"¿Contra quién?"
Jim miró directo en los ojos índigos del muchacho. "No importa. Lo que es prioridad es que estés preparado para lo que se avecina."
Bruce rodó sus ojos. "¿Crees que llenar mi propiedad de patrullas es prepararme?"
"¡Estaba esperando que te distrajera al menos, mientras formulaba una salida de este matadero!" Jim golpeó el escritorio con su puño. "Diablos, Bruce. Me lo hubieras advertido."
"Eso hubiera implicado que mi decisión dependía de ti, y lamento lastimar su ego, Capitán, pero mi universo no gira alrededor de usted." Bruce estiró su mano lentamente, hasta acaparar el puño todavía tenso del Alfa. "Es hora de que tome responsabilidad. Mírame a los ojos y dime en mi cara que este momento no fue algo por lo que habías estado esperando, desde la noche que nos conocimos."
Su puño no se relajó del todo, a pesar de la calidez de los dedos de Bruce sobre los suyos. Jim aun no dejaba de ver la sangre de los nudillos de Lee en su mente.
"No puedes enfrentar a Falcone tú solo… Déjame ayudarte."
Sacudiendo su cabeza, la bestia en su interior se aferró a un deseo guiado por el núcleo más primitivo de su ADN. "Tengo que protegerte, Bruce." El mentón del Omega se abrió, Jim se apresuró. "Le he fallado a personas importantes para mi en el pasado. Sigo fallándoles hasta este dia… Pero no soportaría fallarte a ti. No de nuevo."
Bruce frunció su ceño. "Nunca me haz fallado, Jim."
Expiación fue lo último que Jim había esperado. Sintió sus ojos humedecerse de nuevo. Fue de lo más ridículo. Jim debía estar en su última onza de compostura, para no poder controlar el vómito de emociones que lo arrollaron. "En Indian Hill."
"No." Bruce enfatizó con su tenor. "Escúchame. No me fallaste."
Apartados por la distancia emocional y física de un año y medio, a Jim se le había facilitado llegar a Bruce con una propuesta totalmente egoísta, nacida de su necesidad por manipular a una fuente de poder y derrocar a Sofía. Al principio, Jim se había convencido que lo hacía por el bien de la ciudad; frío y desolado, Jim no se había permitido recordar que Bruce Wayne había sido alguien que en el pasado lo había marcado.
"Tengo que mantenerte a salvo." Ahora, Jim estaba desguarnecido ante el latente pedido que su Alfa había sentido desde aquella noche en el callejón, viendo a Wayne sollozar. "Incluso si soy el último de pie entre Sofía y tú."
"¿Por qué?" Bruce susurró, obviamente impactado. Retiró su mano, y con ello, su calidez. "No sabes lo que he hecho."
"Mira, Bruce. Sé que la Corte de Búhos te lavó el cerebro para activar la bomba. Leí los reportes." Si Jim no hubiera estado totalmente drogado con ese maldito virus, tal vez hubiera podido ayudar. "Pero, nada de eso fue tu culpa."
Bruce resopló con ironía. Y algo más ácido. "¿Asesinar a alguien a sangre fría no es mi culpa?"
El cerebro de Jim dio un freno. Uno doloroso. "¿Qué?"
Bruce se tomó un momento para reincorporarse, endureciendo sus hombros como si estuviera dirigiéndose a la guerra. "Me dijiste que habías indagado. ¿Qué tanto sabes?"
¿En verdad quería Bruce tener esta conversación? Jim respiró hondo, sabiendo que sería un tonto si no le tomaba al chico la palabra.
"Sé que hace cuatro meses atrás, Bullock se encargó del caso del asesinato de Niles Winthrop en el Museo de la ciudad, y que anduviste jugando al detective con él, por ser la última persona en estar en contacto con la víctima." Había tenido que extraer la información de la boca de Bárbara para tener confirmación de lo último, porque Harvey no había cooperado. Aun así, Jim no había parado. "Sé que Alex Winthrop, el nieto del encargado del Museo fue asesinado, aunque Harvey lo haya encubierto como muerte accidental." Fue terrible ver el cuerpo entero de Bruce endurecerse en piedra justo frente a sus ojos conforme le escuchaba. Su reacción sirvió para hacerle saber a Jim de que tan acertada su suposición había estado. "Además, sé que Harvey acompañó a Alfred a Blackgate el día del funeral de Alex. Fox encontró una grabación de seguridad de ti saliendo de la prisión junto con ellos, horas posteriores… Y sé que lo que sea que haya pasado allá adentro, te cambió."
Bruce cerró sus ojos. Su quijada se apretó. Lució pequeño, sino es que vencido. Jim odió avistarlo de tal manera. Le impulsó a levantarse, a acercarse al muchacho.
Posó su mano en uno de sus hombros.
"No tienes que decirme detalles. Lo que sea que hayas tenido que hacer, lo hiciste por una buena razón."
"¿Cómo puedes estar tan seguro?"
"Bruce. Tú y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo… Puede que ya no sientas que eres ese niño que conocí… pero sé que existe en ti todavía. Es un niño que cree en hacer el bien y luchar por lo correcto. Es alguien que haría cualquier cosa para proteger a sus seres queridos."
"Me traicioné a mi mismo y a la memoria de mis padres." Bruce susurró, ojos aun cerrados. "Tomé una vida."
"Yo también." Jim lamió sus labio secos, recordando a Galavan. "Y caí en en mi propio pozo de mierda y culpa… Pero me aferré y pude salirme de él, levantarme de nuevo." Sus dedos rozaron una camino desde el hombro del chico hasta su mejilla, acariciando la piel con sus dígitos delicadamente. "Veo que es lo que estás tratando de hacer también. Puedes usarme de soga, si lo deseas, Bruce. Pero sé que te puedes levantar de nuevo." Se inclinó para otorgar un beso en la sien del joven, percibiendo su estremecimiento.
Bruce cubrió su rostro con su palma.
Luego, sus labios se partieron, manifestando su deseo por continuar la conversación. "Su nombre era Ras' al Ghul…"
Esta vez, le tocó a Jim escuchar.
Cuatro años atrás, Jim no lo hubiera creído. ¿Un hombre inmortal a cabeza de la Corte de los Búhos? Aún más fantástico, ¿un hombre que se había convertido en esqueleto al ser asesinado con un cuchillo místico, en cuestión de segundos?
Cuatro años atrás, Jim se hubiera reído.
Sin embargo, Jim había leído los reportes de Lucius acerca del Proyecto Lázaro. Había leído con sus propios ojos las propiedades regenerativas de la sustancia. Peor aún, había visto los resultados de la masacre de Ivy, a causa de sus malditas plantas. Después de atestiguar eso y más, imaginar a Alfred siendo revivido por un pozo de agua milagrosa, no estuvo tan fuera de la realidad en la que vivía a diario en esta maldita ciudad.
"Creo que de esa misma forma, revivió a Bárbara Kean, usándola después como su peón para comprar el cuchillo. Puedes preguntarle si te cuesta creerme."
Con una mueca, Jim masculló un seco "Te creo."
Una ceja del Omega fue alzada. Jim se encogió de hombros.
"Suena loco. Pero te creo."
Bruce juntó sus manos en su regazo, absorbiendo la calma después de la tormenta. Jim en verdad esperaba que el hablar sobre sus pecados, sirviera para traerle algo de paz.
Jim se dirigió al cajón de su escritorio. Titubeó antes de que sus dedos tocaran el objeto a extraer.
Su madre se lo había mandado por correo desde los días en los que Jim había estado seguro que se casaría con Lee. Después, Lee había perdido el bebé, y Jim el interés. Más de una ocasión había estado a punto de devolverlo…
Colocó el estuche cuadrado frente a Bruce, el diámetro de su tamaño comparable al de la palma de su mano.
Bruce miró la caja con aprehensión. Era listo, sin embargo. Jim sabía que encajaría las piezas en su lugar en un santiamén.
Cuando ocurrió, Jim no esperó el extremo rubor pintando su rostro. Fue dulce; una reacción que delataba la joven edad de alguien que pretendía ser un alma de antaño.
Jim aclaró su garganta. "Prefiero hacerlo sin una audiencia, si te parece."
"Maldición."
Jim sonrió. Tomó el respaldo de la silla donde descansaba el muchacho, girándola lejos del escritorio.
"Mierda." Bruce escaló de profanidad, observando a Jim agacharse para quedar a su nivel.
Retomando el estuche entre sus dedos, Jim hurtó de la mano izquierda del Omega para colocarla alrededor, obligándolo a aceptar el obsequio. "Hay una razón de por qué el primer intento fue un desastre. No suelo ser bueno con palabras en estos casos que involucran…"
"¿Sentimientos?" El mocoso interceptó, las puntas de sus labios peleando por no levantarse. "Comprendo. Te gusta ir al grano."
Sintiéndose escudriñado, Jim rodó sus ojos.
"Házlo, entonces." Bruce perdió la batalla con su euforia. Su sonrisa se alargó, algo diabólica, en su opinión. "Ve al grano, Jim Gordon."
Jim lo tomó como el desafío que necesitaba escuchar para seguir adelante con esta locura.
"Cásate conmigo."
Bruce bajó su mirada a la caja. La abrió, finalmente. Contempló su contenido con curiosidad. Incredulidad. Miedo.
Sacó el anillo, girándolo con detenimiento. Las iniciales al reverso, al conjunto con los restos de feromonas aun selladas en la reliquia, dejaron en claro a quien le había pertenecido.
El zafiro negro de la banda de plata sterling había sido usada por Peter Gordon hasta el dia del accidente automovilístico que había cobrado su vida. Por Ley y tradición longeva, el anillo había pasado al siguiente Alfa en su generación. Jim.
Ahora, sería usado por un Wayne. Un Omega.
Peter Gordon debía estar revolcándose en su tumba.
"Sabes lo que esto significa, ¿verdad?" Bruce meneó su mano frente a sus ojos en perpetua maravilla, anillo ya puesto en su dedo.
La espalda de Jim se quejó al levantarse del piso. Resultó de lo más dañino para su orgullo. "¿Qué empezarás a hacerme caso?"
Bruce se levantó. Frenó en seco a Jim, al plantar una mano en su pecho y consecuentemente su boca en la del Alfa. Fue como besar un enchufe eléctrico. Ambos perdieron el aliento con el mero contacto.
Al separarse, la voz de Bruce fue un zumbido de abejas.
"Tenemos que celebrar."
Sonaba tentador. Pero… Jim suspiró. "Por ahora, tendrás que consolarte con el almuerzo que te debo."
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"Regresarás a la fuerza, ¿entonces?"
Harvey colgó su fedora. Suspiró.
Había sido un largo dia.
Se fue directo al refrigerador por una cerveza. Al regresar a la sala se dejó caer en el sofá a lado de su más reciente compañero de cuarto.
"Justo cuando creemos que la libramos, nos jalan de nuevo, ¿huh?"
"Creo que… Todo está a punto de cambiar, Harv."
¿El hombre también era brujo? Harvey le dio un largo sorbo. Supuso que no era el mejor momento para sacar el tema de Bruce Wayne haciéndole una profunda examinación de las anginas de Jim en su oficina. Esas persianas no habían dejado mucho a la imaginación. "No tienes idea."
"Todo el día… Lo único que pude pensar fue en tomar al Amo Bruce a Suiza y nunca regresar."
Harvey sintió culpa tintar su conciencia, porque no era capaz de ofrecer consuelo. Wayne estaba justo en medio de la mierda que Sofía Falcone y Jim Gordon habían estado cosechando todo este tiempo. "Todo el GCPD estará cuidando del niño. No será tan fácil para Falcone intentar lastimarlo. Jim… Ya sabes que Jim no permitirá que lo toque."
Alfred hizo sonar su botella de cerveza con la suya. A pesar de su consternación, el hombre estaba sonriendo. "Hice pollo frito."
"Dios bendito." Harvey gimió. "Justo lo que necesitaba escuchar." Resultaba increíble que en un par de meses, Alfred fuera alguien que Harvey no quisiera dejar ir. Usualmente, Harvey estaría desesperado por volver a su usual soledad. Lo que había comenzado por lastima, por darle alojo al pobre hombre después de la muerte de su fugaz lío amoroso con la mesera, lentamente se había vuelto algo bueno. Algo agradable, al llegar a su pocilga diaria y tener a alguien esperándolo.
Alfred tenía las mejores malditas historias.
"No me digas que también hiciste ese puré de papa con verdadera mantequilla y queso derretido."
Alfred se levantó para regresar a la cocina. "De acuerdo, no te lo diré."
Otro gemido. Harvey le siguió, necesitando impulso extra del respaldo del sofá-
Con mínimo sonido, la figura de Alfred tropezó, de repente agarrándose de la pared de manera desesperada.
Harvey miró un punto rojo, ahora apareciendo sobre la nuca del hombre. "¡ABAJO, ABAJO, ABAJO!"
Alfred tenía excelente reflejos. Al siguiente disparo, la pared fue la víctima. Harvey pateó la mesa del centro en su dirección y Alfred se arrastró para cubrirse.
Los disparos continuaron, proviniendo de la ventana del lado norte. Harvey tenía su arma apuntando al punto de origen, disparando a lo ciego. "¿Puedes llamar al 911?"
Silencio.
No, no, no. "¿ALFRED?"
"¡En eso estoy!"
"¿Donde te dieron?"
Otra pausa. "¡Hombro!"
Mentiroso. "¡LLAMA A JIM AHORA ANTES DE QUE TE DESANGRES!"
"¡DIJE QUE YA ESTABA EN ESO!"
La puerta de su departamento fue derribada por segunda ocasión en una semana. Harvey estaba por cambiar de dirección a sus disparos, cuando Alfred demostró no estar desprotegido. El hombre había sacado su propia pistola. Disparó hacia la entrada.
"¡No tan rápido, mayordomo!" Bárbara Kean evadió la primera bala, y tenía su arma en el siguiente "Así no se recibe a la caballería."
Fue tanto el shock de Harvey, al ver a Leslie Thompkins entrar detrás de Kean, que le tomó un momento registrar que los disparos de larga distancia habían cesado, y que ahora dos matones a sueldo estaban tratando de llevarse a Alfred del lugar. "¡Oigan, deténganse, Femme fatales!"
"No te muevas." Lee le apuntó. Harvey le correspondió. Ambos encajaron sus miradas de manera amarga. "Mucho tiempo sin vernos, Harvey."
Harvey asintió. "Y aun así, muchas cosas no cambian."
Para completar el cuadro de viejas locas, Tabitha se agregó a la escena, su caminar no tan apresurado. Lució aburrida, limpiando una navaja con su abrigo. "Hecho. Definitivamente el francotirador era una de la mascotas de Sofia."
"¿Qué demonios está sucediendo?" El gruñido vino de Pennyworth, débil ahora antes las fuerzas inmovilizándolo.
Estaba desangrándose de alguna parte de su estómago.
"Maldito mentiroso." Harvey retornó su atención a la mujer frente a él, alguien que alguna vez había querido hacer el bien. "Lee, vamos, necesita atención médica."
"Dile a Jim que estoy interesada en hacer un trato." Thompkins estaba sangrando de su mano opuesta, su mano de cirujana. Había cortado su cabello, y ahora estaba obsesionada con el negro.
"¿Qué clase de trato? ¿Y qué tiene que ver Pennyworth? ¡Hazme el favor, Lee! ¿Qué te ha hecho el hombre?"
"¡Él será nuestra garantía de que Jim nos escuche!" Lee vociferó. Harvey notó el temblor de su mano en el gatillo, porque no era su mano dominante. "Dile que piense en mi Luna de Miel. Sabrá de qué hablo. Lo esperaremos a la media noche."
Con un arma en la sien del desfallecido Alfred, Harvey sabía que no tenía alternativa. Bajó su arma. Bárbara asintió en la dirección de sus matones y todos emprendieron la salida del departamento.
Quedando a solas con Lee, Harvey respiró hondo. "Más vale que Alfred aguante hasta la media noche."
"¿O qué? ¿Jim me dará un sermón por haber sido una mala chica, aun cuando en el fondo le gusta?"
Dios. Qué bruja. "Porque de lo contrario, yo mismo me encargaré de meterte una bala entre medio de los ojos. Te lo juro."
Los labios rojo de la Doc delinearon una sonrisa vampírica. "Puedes intentarlo."
En cuanto se fueron, Harvey corrió hacia el rincón donde Alfred había estado desangrándose. Encontró el móvil, encendido y en plena transmisión de la llamada. Harvey puso la bocina en su oreja, escuchando el nombre de Alfred sin parar.
"Jim."
"¿Harvey? ¿Qué diablos? ¿Qué está ocurriendo?"
Harvey ya estaba de pie, fedora en mano y pisando su propia puerta para salir del departamento. "¡Voy camino a la Estación! Escúchame, ¿está Wayne contigo?"
El silencio lo dijo todo. Mierda. "Lo tengo bajo vigilancia, la Mansión está rodeada一"
"No será suficiente, Jim. Sofía acaba de mandar a un francotirador para intentar matarnos一"
"Dios mío." Total furia se contrapuso al sacrilegio. El gruñido del Alfa fue fácil de detectar, a pesar de la distancia.
"Jim." Harvey ladró, con igual potencia. "No pierdas la cabeza, todavía ni te enteras de la mitad. Esperame en la Estación, no cometas más estupideces一¡Y que recojan a Wayne!"
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No podían comunicarse con Bruce.
Aun así, Jim marcó el número de móvil por milésima ocasión. ¿Qué demonios pudo haber sucedido en camino a la Mansión? Álvarez había jurado que lo había visto entrar por la maldita puerta一
一"Hola, Jim."
No.
"Sofía." De inmediato, Jim le señaló a Harper comenzar a rastrear la llamada.
"No suenas sorprendido. Qué bueno. Nos ahorraremos los por qués y los cómos."
"Esto es bajo hasta para ti." Jim apagó al Alfa. Apagó sus emociones. Sólo frío se coló por su voz. "¿Acosando a jovencitos en sus propios hogares? ¿En serio te sientes tan insegura y paranoica?"
Vanessa estaba haciendo su mejor esfuerzo por rastrear la llamada junto con Lucius. Jim intercambió miradas con ambos, siguiendo sus instrucciones de alargar la conversación lo más posible.
"Sólo estoy visitando. Ha pasado tiempo desde mi última charla con nuestro querido Bruce. Oh, por cierto. Tu seguridad apesta. Deberías venir a limpiar el desastre que dejamos en el porche."
Jim sintió náuseas ante la implicación. "Déjame hablar con él."
"Áh, áh. Negocios primero. Supongo que no debería sentirme sorprendido por la traición de tus exes, pero aun así, esperaba que tuvieran más materia gris en sus lindas cabezas. Parece ser que robaron un motín que me pertenece. Devuélvemelo y te dejaré hablar con Bruce."
Harvey se había unido al grupo; había removido los audífonos de Lucius a sus propias orejas, y al escuchar la última frase, Bullock enunció Alfred sin voz en su dirección.
"Sofía." Jim se obligó a suspirar de forma condescendiente. "¿Qué esperas ganar con esto? Estamos hablando de Bruce Wayne. Lo lastimas…" -Te mato. "La ciudad entera se irá contra ti."
"No seas tonto, Jim. Puedo ser desalmada, pero sé cuando es más importante negociar. He decidido irme por la navaja de Occam. Bruce está de acuerdo conmigo."
"¿Qué estás diciendo?"
"Estoy diciendo…" La pausa dio paso que Jim reconociera lo gemidos de Bruce en el fondo. Estaba muy posiblemente amordazado. "Quiero ser Reina. Entonces lo seré. Y la ciudad lo aceptará, porque nadie mejor que Bruce Wayne pondrá la corona en mi cabeza. Tienes hasta el amanecer para devolverme lo que me pertenece. No te preocupes por los detalles, sólo enciende la televisión."
La llamada finalizó.
Lucius fue el primero en hablar. "Provino directamente de la Mansión Wayne."
"Eso es bueno. Los tendremos rodeados."
"No." Jim cortó a Harvey en seco. "Si la acorralamos, se vengará con Bruce. Debemos dejarla creer que lleva la delantera. Harper, prende el televisor. ¿Dónde diablos está Alfred? "
Harvey le contó sobre la emboscada en su apartamento. Bárbara, Lee y Tabitha. Justo lo que Jim necesitaba. "Lee dijo que fuéramos a su Luna De Miel a la media noche. Dijo que sabrías a qué se refería."
Jim hizo una mueca. "Donde asesiné a Mario."
Bullock talló su rostro. "Poético. Dijo que quería negociar. Así que puede que esto no termine en una repetición… "
Jim estaba viendo el televisor, y Harvey lo imitó al darse cuenta de que no estaba siendo escuchado. En la pantalla, la reportera del Gotham News tartamudeaba sobre el más reciente anuncio de prensa que había llegado a sus manos.
"La mayor noticia de Gotham en siglos, Damas y Caballeros: Mañana a partir del amanecer, como lo dicta la tradición, se llevará a cabo la ceremonia de Coronación de Bruce Wayne."
La ceremonia se llevaría a cabo en la antigua Catedral que residía dentro del terreno Wayne. La ciudad entera estaba invitada.
"Será caos total." Fox exclamó con cierto grado exacerbación que no le era común. "Y es exactamente lo que ella quiere. Usará a Bruce de su escudo."
Jim asintió. "Debió haber querido usar a Alfred desde un inicio para chantajear a Bruce. Por eso lo quiere de vuelta. Es con lo que lo está amenazando para realizar la Ceremonia."
"¿Lo haría?" Harper le preguntó directamente. "Me refiero a Wayne. ¿En serio coronaría a alguien más en su lugar, para salvar a su mayordomo?"
Jim sólo tenía una respuesta. "Alfred es más que un simple mayordomo." Le jaló a Harvey de la manga. "Harvey, a mi oficina."
"Tenemos que encontrar una conexión entre Sofía y el Pyg antes del amanecer. Marchar a la guerra sin armas legales, no nos servirá de nada. Don Falcone sabía que el Pyg sería un peligro para la ciudad. Eso significa que alguien trabajando para Sofía debió habérselo dicho. Eso significa que alguien podría tener evidencia que vincule a Sofía con el Profesor."
Harvey pareció recordar entonces, que tan cabreado estaba con Jim. "Maldita sea, Jim ¿Cuándo lo supiste?"
"Juro que no lo supe hasta después. Cuando era demasiado tarde." Levantó una mano para señalarle que se calmara. "Puedes estar enojado lo que quieras, pero esta batalla nos ha sobrepasado." No desperdició su tiempo. Sacó la insignia de su cajón. La colocó frente a Harvey. "Necesito saber que puedo confiar en ti."
Bullock sólo dudó una fracción de momento. "Esto no significa que lo hago por ti."
Jim asintió, nudo en su garganta.
"Hablo en serio. Puedes contar contigo, Jim. Espero que puedas derrotar a Sofía, salvar el dia, y cabalgar al amanecer con Wayne en tus brazos. Pero no pienses que lo voy a olvidar. Necesitarás pagar por lo que hiciste. Lo garantizaré yo mismo."
Fue un golpe peor, que el de la traición de Lee.
Harvey se levantó, objetivo claro en su andar. "Conozco a uno de los antiguos asesinos a sueldo que trabajaban para Falcone. Se llama el Skinner. Podría saber algo sobre Sofía y el Profesor."
Jim comenzar a levantarse.
"Tienes tus manos llenas aquí. Si te ocupo, te llamaré. Skinner y yo tenemos historia."
Jim plantó su trasero de regreso a su silla.
Treinta segundos después, estaba de pie de nuevo.
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El florero fue estrellado en la parte alta de la chimenea, seguido de un potente berrinche que puso en verguenza todos los que el mismo Bruce había puesto en práctica.
"Zsaz. ¿Cómo puede ser que Martín haya desaparecido?"
El asesino en cuestión se encogió de hombros.
Sofía bajó de intensidad sus emociones con bastante dificultad. "No importa. El Pingüino sigue en la prisión. ¡Dirígete a Arkham y termina con él!"
De manera irreal, Zsaz le preguntó si uno de sus amigos recientemente liberado del hospital, podría unirse a la misión. Trás otra muestra de histeria de la mujer, Zsaz salió de la sala Wayne.
Sofía se dejó caer en el asiento detrás del escritorio de su padre. "Lo siento. No debí haber perdido los estribos así."
Bruce sólo la continuó mirando, sus manos amarradas a la espalda de la silla. Rodó sus ojos.
Tras un sonido meditativo, la mujer se levantó. Le retiró el trapo con el que había estado amordazado. "Es aburrido sólo oírme hablar. ¿Quieres un trago?"
Bruce volteó su rostro, en rechazo del sorbo de vino que Sofía quiso alimentarle. "Ese florero costaba millones."
"Te lo repondré." Sofía rebuznó. Se tomó el resto de la copa ella sola. "Puede que no lo veas ahora mismo. Pero hiciste la elección correcta."
Como si hubiera sido una elección del todo.
"¿No lo ves? Orden, un sistema que ayude a la ciudad, es precisamente lo que deseo. ¿Qué tan diferente es tú y yo al mando, que cuando lo estaba mi padre? Lo tenemos todo, Bruce. Todo para reinar de manera justa."
La dejó hablar. Por dentro, Bruce estaba ocupado armando las piezas. Tratando de averiguar cómo Sofía había logrado escabullirse a la Mansión sin ninguna fuente de seguridad siendo violada. Bruce había cerrado la puerta de la entrada, y en segundos había sido asaltado. No había tenido oportunidad de hacer absolutamente nada. Para cuando los hombres del GCPD se habían percatado, habían sido acribillados a muerte desde los adentros. Bruce aun podía escuchar la lluvia de balazos. Los gritos.
Los hombres de Jim.
"Una vez… Una vez mi padre me dijo una historia algo increíble. Nunca supe con certeza si decía la verdad, o si el viejo sólo intentaba enseñarme otra de sus lecciones."
Bruce comenzó, a lentamente, poner a prueba el nudo de la soga alrededor de sus manos.
"Me dijo que una noche, Thomas Wayne lo salvó de morir."
Bruce se paralizó.
"Mi padre estaba lastimado en batalla. Conocía a tu padre así que acudió por su ayuda. Wayne lo curó, justo aquí en esta sala. Lo detuvo de morirse desangrado. Mi padre nunca lo olvidó."
Bruce rió sarcásticamente. "¿Así que lo agradeció, al dejar que la Corte de Búhos lo asesinara?"
"Ah. Habla." Sofía alzó sus cejas. "No lo sé, Bruce. Todos mienten." La mujer se mostró brevemente vacante. "Don Falcone era una gran hipócrita. Aclamaba amar a mi madre, pero se rodeaba de mujerzuelas. Hasta tuvo una hija bastarda con una de ellas, ¿puedes creerlo? ¿Cómo pueden ser capaces de traicionar a la persona que aman, así de fácil?"
Fue el turno de Bruce de susurrar: "No lo sé."
Sofía, toda de blanco, absorbió la iluminación de las llamas de la chimenea al acercarse a ellas. Suspiró con el peso del mundo. "No quiero matarlo."
Bruce estaba reconsiderando tomar del vino. "Lo sé. De una manera, bastante torcida, puedo asumir que una parte de ti… lo quiere."
Sofía se encogió de hombros. Se tomó otro momento de contemplación.
"Es… gentil. Nunca había hecho el amor con alguien tan gentil." Un resoplido. "Incluso cuando me está volviendo loca de la rabia, quisiera… que sólo se rindiera. Que estuviera a mi lado, en lugar de en mi contra."
Bruce tragó saliva. "Sabes que Jim Gordon no es esa clase de persona."
"Mm." Rotando su cuerpo para enfrentarlo, la mujer sonrió. "Aun así. Es un bello sueño."
Uno de los matones de Sofía escogió ese momento para aparecerse. "Ma'am. El cargamento está aquí."
"Excelente." La mujer resplandeció con completa felicidad que tuvo Bruce en guardia en instantes. "¿Qué esperas ahí parado? ¡Tráelo de inmediato!"
Un cofre que era lo suficientemente pesado para necesitar ser cargado por otros dos Capos, fue colocado en medio del estudio, justo frente a Bruce.
Sofía no dejaba de sonreír. Colocó sus manos en los extremos de la tapa y empujó con todas sus fuerzas en dirección ascendente.
Bruce sintió el fondo de su estómago caer al suelo, al ver la insignia de la familia Wayne moldeada en el fierro del baúl.
"¿Es una broma?"
Los Capos se miraron entre sí en confusión.
De los adentros, Sofía extrajo una corona de papel dorado. Tenía golosinas pegadas a su alrededor, en pobre imitación de gemas.
Bruce recuperó su aliento.
Entre sus dedos, la corona de papel fue hecha pedazos. "¿Dónde está?"
Los Capos tartamudearon. Sólo uno de ellos tuvo las agallas de hacerle cara. "El cargamento no ha sido tocado, Ma'am. Hicimos justo como lo mandó. De los muelles transportamos el baúl al Sirens para que el experto examinara su autenticidad, ¡justo como usted lo instruyó!"
Sofía gruñó en total y oscura frustración. "¡Esas malditas mujeres!" Cerró el baúl en furia. "¡La robaron! ¡Se robaron la Corona, idiotas!"
Bruce sonrió.
Selina.
Sofía les apuntó con su arma. "No me importa cómo. ¡Tienen que encontrarlas! No regresen sin esa Corona, o serán sus cabezas las que rodarán, ¿queda claro?"
"Santo Dios. Qué escándalo."
La sonrisa en el rostro de Bruce murió, al escuchar la nueva voz integrándose al estudio.
Acento fuertemente británico, continuó. "Mira nada más a esos pobres hombres correr como ardillas sin pelotas."
"No las tendrán, la próxima vez que los tenga enfrente." Sofía bajó su arma. "Llegas tarde."
"Al contrario, pequeña. Siempre estoy a la hora indicada, en el lugar indicado." La voz se acercaba, pasos suaves de tacón sobre la alfombra pérsica. Bruce, endurecido, se rehusó a levantar su rostro del cofre. Abnegado, el Omega insistió en que su imaginación estaba haciéndole trucos. "Maldición."
Hubo una pausa. La tensión se intensificó.
Luego, una suave caricia a su mejilla. "Mírate nada más."
Bruce apretó su quijada, rehuyendo de la mano.
Su olor era el mismo. El afecto en su tenor.
A su vez, Bruce pronto descubrió, que su tía Agatha tenía los mismos ojos de su hermano.
"Hola, pollito."
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Fin de Parte V.
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Nota: He partido este capítulo en dos, porque ES DEMASIADO. LITERALMENTE ME OBLIGUÉ A DETENERME Y POSTEAR ESTA PARTE DE INMEDIATO.
