"La Corona."
Por B.B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne (principal). Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Barbara Kean/Leslie "The Doc" Thompkins. Menciones de Bruce/Selina, Bruce/Otros, Jim/Sofía, y Jim/Lee.
Rating: Adult, porque Bruce es un menor de edad involucrado en actividades de embriaguez y conductas sexuales promiscuas. Y ni siquiera son inventos míos. Agradezcánle al canon.
Resumen: Post-4x11. Después de perder la jugaba ante Sofía Falcone, Jim busca una forma de recuperar el control de la ciudad. Sin embargo, lo que empieza como un simple plan de contraer nupcias de conveniencia con Bruce Wayne, termina siendo más de lo que Jim había estado buscando.
Continuidad: Universo Alterno de las temporadas 2-4. Spoilers de 4x15 "The Sinking Ship, The Grand Applause."
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vi.
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"Algún día, el amor te encontrará.
Romperá las cadenas
que te atan."
-Journey.
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En menos de cuatro horas, el Pingüino estaba fuera de Arkham. Gracias a Nygma.
"Tienes que estar bromeando, Harvey." Había sido lo primero que Jim había gruñido por teléfono. Aun así, habían quedado en verse cerca del Mercado Negro, donde el consultorio de Lee podría estar alojando al trío de secuestradores. Jim dudaba que fuera a ser tan fácil, pero tenía que checar.
Después de haber buscado por Selina en vano en el Sirens, Jim estaba desesperado por cualquier tipo de pista.
Alguien allá arriba debía estar escuchándolo, porque tan rápido como dobló en una esquina hacia la cuadra del consultorio, Jim se encontró cara a cara con Oswald Cobblepot.
Oswald vestía una bata vieja y desaliñada. Además, el tipo no estaba prestando atención por donde iba. Jim sacó su arma de manera sigilosa, y caminó lentamente, sin llamar la atención.
"Espero no hayas hecho planes."
Oswald frenó. Se armó de una botella de vidrio en cuestión de instantes, rompiéndola en dos para protegerse.
"¿Qué rayos haces aquí?"
"Yo debería preguntarlo, ¿no crees?" Jim le sonrió.
Oswald batió la botella fracturada en su cara. "¡Esos malditos cargos falsificados que usaste para encerrarme han perdido sus colmillos! ¡Martín está con vida!"
"Prodúcelo, entonces."
"Nope. No estará seguro hasta que me encargue de Sofia Falcone de manera permanente, ¿me escuchas?"
Jim dudó un instante, luego comenzó a bajar su arma. Oswald podría estar causando histerias en la calle, pero no estaba huyendo en dirección opuesta. Eso tenía que significar algo. "Creo que tú y yo queremos lo mismo, Oswald. Ambos deseamos que Sofía desaparezca."
El rostro de Oswald brilló por entero. "Entonces date la vuelta y aléjate, Jim. Déjame hacer lo que siempre hago."
"No puedo. Hay personas en riesgo, en caso de que actuemos de forma precipitada."
"Sí, sí, tu querido Bruce Wayne. ¿Cuando no, está ese chiquillo en el medio? ¡Deberías mocharle las manos, antes de que las use para ponerle la estúpida corona a esa loca!"
Rodando sus ojos, Jim, terminó de guardar su arma en el estuche de su cintura. "La quiero en prisión y para eso necesito evidencia. Quiero a tu antiguo contador. El Sr. Penn."
"¿Para qué diablos一?" Jim temió que un embolia terminaría con la vida de Cobblepot justo allí. El shock lo barrió por completo, al atar los cabos sueltos. "Esa maldita comadreja… ¡¿trabajaba para ella?!"
Detrás de Jim, la voz de Harvey marcó su entrada. "Así es. Trabajaba para ella, para Don Falcone, ¡para básicamente todos! Yo que tú, checaba tu estilo de administrar a tus changos, amigo."
El gruñido de Oswald se sintió como un llamado de guerra. "Lo voy a matar. Lo voy a matar, lo voy一"
"Oswald," Jim se le acercó con cautela, alzando su mano para atraer su atención, y una pizca de feromonas para tranquilizarlo. "Oswald, cálmate antes de que se te reviente una vena… Dinos dónde podemos encontrar al Señor Penn… Y te dejaré ir."
Temblando como volcán a punto de erupción, Oswalds lo miró con sospecha. "No te creo."
Bullock rió. "Sofía mandó a Zsasz a Arkham a asesinarte. Sus secuaces manejan los Estrechos. ¿Por cuánto tiempo más, crees que podrás seguir evadiéndola?"
Tras otra breve crisis en el medio del mercado negro, Cobblepot admitió derrota. "Puede que haya escuchado al Señor Penn hablar sobre un lugar especial, justo a las afueras de la ciudad, del Tricorner Spa Bo'sh Sumka." Una risa sarcástica se fugó de su boca pálida. "Ofrece terapia especial. Si se está escondiendo como la rata que es, ahí es donde muy probablemente lo encuentren."
Así de sencillo. Por un lapso, Jim no pudo creerlo. Estaba cerca de la pistola humeante para acabar con Sofía…
"Oswald." Jim se tornó hacia el hombre, cuando éste siguió con su camino, atravesándose entre ambos Detectives. Al escucharlo, Cobblepot titubeó, pero se detuvo. Vio la mano extendida de Jim con un amplia gama de sentimientos-Porque su relación siempre sería complicada. "Gracias."
Oswald asintió. Aceptó la mano del enemigo por esta ocasión.
Hasta que Bullock rodeó la muñeca de Oswald con las esposas.
"Eso fue lindo. Ahora pon tus manos detrás de tu espalda."
"Harvey, ¿qué estás haciendo?" Jim gruñó, pensando en la ironía que ahora Bullock arrestaba al hombre al que había respaldado en el pasado.
"¡Aah! ¡No, teníamos un trato!"
"Si quieres disimularla, ese es tú problema, Jim. Yo no prometí nada por el estilo. ¡Vamos, Cobblepot!"
Oswald estaba en histerias. "¡No, no! ¡No lo olvidaré, traidores!"
Jim suspiró, tomando al Pingüino de las manos de Harvey para guiarlo al auto. "Relájate. Si tu información sobre Penn es válida, estarás libre de Sofía en poco tiempo."
"Vaya, vaya."
Los tres se congelaron. Jim, con su mano en la cabeza de Cobblepot mientras lo metía a la patrulla, y Harvey en la puerta el conductor.
En la calle frente a ellos, Victor Zsaz les sonreía. "Sofía va a tener curiosidad de saber por qué están buscando a Penn."
A su lado, otro secuaz bastante familiar para Jim le mandó un saludo a Oswald.
"Esperen." Victor levantó una mano enguantada. "Este tipo, Penn. ¿Es importante?"
Hubo una larga pausa.
Víctor sacó ambas pistolas. "Ése es un sí. ¿Les ves la cara?" Le compartió a su compañero. "Esa definitivamente es su cara de Sí."
Jim empujó a Oswald al auto con todas sus fuerzas.
"Chicos. ¡Podemos hacerlo de la manera fácil, o de la manera divertida!"
Jim golpeó la ventana del conductor. "Arranca." Le gruñó a Bullock.
Entonces, una lluvia de balas abrió fuego en plena calle.
Todo sucedió increíblemente rápido. Jim tomó cubierta detrás de otro automóvil, mientras que Harvey hacía lo que Jim le había ordenado, pisando el acelerador hasta al fondo. Victor cesó el fuego en cuanto el Pingüino estuvo fuera de la zona, sin embargo. Probó lo que Jim había sospechado. Sofía iría tras Oswald, a como diera lugar.
Jim se escabulló del barrio y pidió un taxi. Dio la dirección que Oswald le había compartido.
Su teléfono sonó durante el trayecto. Jim miró el nombre en la pantalla.
"Gordon."
"Jim."
"¿Bruce?" Jim tragó saliva. "No te preocupes, todo saldrá bien."
"¿Cómo está Alfred? ¿Se encuentra bien?"
"Lo estará一"
"¿No te enseñó tu madre a no echar mentiras? Tut tut." Sofía hurtó la bocina en dulce tono. "Dame a Oswald, James. No querrás presenciar las consecuencias."
"Tienes una larga lista de deseos hasta ahora, Sofía. Alfred, Oswald, la Corona. No puedes tenerlo todo."
"Sé que andas detrás de Penn. Debes tener cuidado, Jim. No querrías a tu querido Bruce… con nueve dedos, ¿en lugar de diez?"
"Estás blofeando."
"¿Quieres averiguarlo?"
"No te creo. Estás tan cerca de lo que quieres… No arruinaría tus probabilidad de ser Coronada por las buenas, solo para enseñarme Tortura 101."
El silencio que prosiguió fue justo la confirmación que Jim ocupó. Respiró hondo.
"Haz lo que te dé la gana, Sofía. Bruce no es como tú. Si hay una oportunidad de ponerte detrás de las rejas, él sabe que tengo que hacer mi trabajo. A diferencia de ti, Bruce sabe el significado del sacrificio por el bien de su ciudad… Es lo que lo hace digno de gobernar."
Lo que sea que Sofía estuviera presenciando de parte de Bruce del otro de la línea, le hizo perder toda dulzura de su voz. "Recuerda este momento cuando recibas un paquete con tu anillo todavía enroscado en su dedo."
Colgó.
Jim, lentamente, cerró el móvil con un click. Miró la hora. 10:54 PM. Casi nada para la media noche.
Tenía una elección frente a él. Viajar a las afuera de la Ciudad con dirección a la zona turística, le llevaría una hora aproximadamente. Si iba tras Harvey, no podría llegar a tiempo a la reunión con las Sirenas.
"Détente." Jim dio un golpe en la ventanilla del conductor. "Cambié de parecer."
Llamó a Harper, compartiéndole la dirección del Spa al que Harvey estaría dirigiéndose, seguramente perseguido por Zsasz. "Necesitará refuerzos para extraer a Penn del lugar."
"De acuerdo, Jefe. Ya estamos en camino."
Cincuenta minutos después, estaban allí. El resort, junto a la bahía. Escalofríos lo envolvieron al evocar一
一Bang! Bang! Bang!
El terror en el rostro de Lee.
El cuerpo de Mario caer.
一Paró al conductor del taxi antes de tomar la ruta de la cabaña que Lee y Mario habían escogido para su Luna de Miel. Le mostró la insignia para ordenarle que permaneciera en el lugar, lo cual hizo a regañadientas.
Pistola en mano, Jim caminó el sendero conocido. Ninguna clase de iluminación se colaba por las ventanas de la cabaña. No había señal de ocupantes.
Se detuvo. Supo que estaba siendo observado.
Bajó el arma.
"¡Estoy aquí! ¿Querías hablar? ¡Hablemos entonces, Lee!"
Nada.
Vapor salió de su boca al dejar salir un gemido de frustración. Por un momento, se sintió de lo más tonto. ¿Se habría ocupado de dirección?
"¡LEE!"
"Dios. Cálmate, viejo. Te oí la primera vez."
De los arbustos del lado norte, Selina se extrajo de las sombras en atuendo completo de cuero.
Jim colocó su mano en el arma en señal de precaución. Selina levantó sus manos enguantadas con ojos saltones.
"No es necesario que me apuntes con eso. El trato es hablar, ¿recuerdas?"
Jim caminó hacia la chica, sin una onza de paciencia ya. "Llevame a donde se encuentra Alfred. Ahora."
Selina le señaló con su mano derecha hacia los arbustos de los que había salido. "Ogros primeros."
Caminaron por el área silvestre que constituía el área de descanso para familias, pero Selina no se detuvo hasta llegar a las cabinas en la orilla de la bahía, donde se encontraban las cabinas de los botes de paseo.
Jim se detuvo en seco a un par de metros de la última cabina. "No tengo tiempo para sus juegos."
"¿Quién está jugando?"
Típico. Jim escuchó el click de un arma detrás de su cabeza. "Pensé que querías negociar, Lee."
"¿Vienes solo?"
"Llegó en taxi, por Dios." Selina lució exaltada. "¿Podrían todos, relajarse? Gordon tiene razón, se supone que vamos a hacer un trueque, ¡no un duelo del oeste!"
Manos alzadas, Jim se dio la vuelta. Miró a Lee directo a la cara, desafiándola en silencio.
"¿Alfred?"
"Negocios primero."
"No." Jim dejó suelto al Alfa entonces, el gruñido desatando feromonas de intimidación. "No negociaré nada sino veo a Alfred primero. Vivo."
Harvey había tenido la razón. La mano de Lee era un chiste. Inclusive si intentara dispararle, Jim podría escabullirse de su mano temblorosa.
Lee respingó. "¡De acuerdo!"
Tabitha Galavan eventualmente salió de la cabina con sus hombros rodeados del brazo sano de Pennyworth. El hombre estaba despierto, aunque no aparentaba estar de lo más lúcido. Debajo de su camiseta desabotonada, había vendas alrededor de su estómago. Su brazo derecho estaba vendada. "¿Todo bien?"
"Volando alto, amigo." Alfred balbuceó, indicando que estaba bastante drogado, seguramente para contrarrestar el dolor.
Detrás de Tabitha y Alfred, Bárbara fue la siguiente en aparecer, sosteniendo un maletín reforzado en su mano.
"¿Contento?" Lee sonrió.
Jim sacudió su cabeza. "No tenías que llegar a esto, Lee. Para hablar conmigo solo hubieras podido usar el teléfono."
"Ahórratelo." Lee dijo, con quietud letal. "Sé que necesitas al mayordomo para hacer paz con Sofía. Pero me temo que entra en conflicto con lo que yo quiero."
Jim suspiró. "¿La cabeza de Sofía en un plato? Haz fila. Ya sabes que asesinarla no es lo que haré."
"¿Por qué no? Te deshiciste de Galavan."
"Oye-" Pero Tabitha no llegó lejos con su queja, el tenor de Jim sobrepasándola.
"Me prometí nunca hacerlo de nuevo. No es el camino correcto. No quieres esa sangre en tus manos."
"¡No sabes lo que quiero!"
"¿No te fue suficiente la bomba? ¿Las víctimas del virus?" Jim encajó, alzando su tono hasta retumbar. "¿Lo que me hiciste?"
Lee estaba temblando más que su propia mano. "¡Fracturó mi mano, y nunca podré operar de nuevo! ¡Está lastimando a gente inocente en Los Estrechos! ¡Esa perra no se detendrá aún siendo arrestada! ¡Lo sabes!"
"Tengo evidencia que la condenará de por vida." Jim caminó hacia la mujer cuidadosamente. "Lee, confía en mí. Puedo encargarme de ella. Necesitas detenerte."
Lee le permitió la cercanía, aunque su mirada nunca dejó de ser fría. "Bruce, querrás decir. Él es quien puede detenerla."
El mentón de Jim se empinó con desconfianza. No le sorprendió que ahora todos querrían usar a Bruce para su ventaja. "Bruce morirá, a menos que me ayudes. Eso, como que no va con tus planes, ¿huh? No puedes hacer alianzas de poder con un cadáver."
Lee resopló, relajándose ligeramente.
Jim se atrevió a acercar sus dedos a la mano fracturada de la mujer. La sostuvo con delicadeza. "No puedo hablar por Bruce, pero estoy seguro que estará dispuesto a escucharte. Para… ayudar a tu gente."
Lee huyó de su mano, después de un breve contacto.
"Conmovedor, tórtolos. Pero antes de adelantarnos con nuestros deseos de Navidad, el mocoso necesita ser Coronado primero. ¿Cuál es el plan?"
Jim se tornó hacia Bárbara. "Necesito sacar a Bruce de la Mansión primero. Así, la ceremonia no podrá ser realizada."
"Suicidio seguro." Selina insertó. "No tienes los suficientes hombres para adentrarte al terreno de Sofía sin ser detectado. Créeme, lo chequé yo misma. El GCPD será buen abono para el jardín si marchan por la puerta delantera."
"Sofía estará esperándome. Planeo usar ese hecho para mi ventaja."
"¿Te estás escuchando? Te matará en cuanto estés a su alcance." Lee se cruzó de brazos. "No. Déjala que siga con la ceremonia. O por lo menos déjala que siga con la ilusión de tenerla."
Frunciendo su ceño, Jim se tornó hacia el resto de la chicas. "El momento que Bruce sea Coronado, Sofía lo obligará a convertirla en Consorte. Después, nada existirá para ponerle alto. ¿Quieres ayudar, Lee? Junta a toda la gente que aun te es fiel y crea una distracción en las puertas del Estado Wayne. Yo me encargaré del resto."
"No entiendes." Bárbara se le acercó. "Presta atención, Jim." Le plantó contra el maletín que había estado cargando. "Aquí tienes algo mucho más valioso para negociar con ella que el lomo de Pennyworth. Úsalo."
Sus manos buscaron por la manija del maletín en automático. "Necesito reagruparme con mi gente."
Lee intercambió una mirada con Bárbara, una vez que la mujer se estacionó en su flanco derecho. Eran la noche y la luna, esas dos.
Lee asintió. "Te veremos al amanecer."
El amanecer. Prácticamente a un parpadeo de distancia.
No fue hasta que se encontraban en el taxi de vuelta a la estación, que Jim decidió abrir el maletín. Entendió la luz del tablero superior y dio un leve vistazo adentro.
"Mierda."
Alfred rodó su cabeza en su dirección sobre el respaldo del asiento. "¿Ahora qué?"
Sin palabras, Jim pasó el maletín.
Le costó al Alfa invocar la coordinación suficiente para husmear en los adentros que Jim le indicó.
"¡Mierda!"
Ambos se miraron en completo asombro.
Luego, Alfred le arrojó le devolvió el maletín cual juego de la papa caliente. "Tu quédatela."
"¿Qué? ¿Estás bromeando?"
"Es tu deber, hombre. De ahora en adelante. Literalmente, yo no puedo tocar la maldita cosa. ¡Es un deshonor!"
"Maldición." Jim no se dignó a ver los contenidos de nuevo. Selló el maletín con más recelo.
Al llegar al GCPD, todos los ojos se plantaron en su persona. Fue un golpe que lo dejó inmóvil por un momento. Luego, respiró hondo…
"¡Todos, escúchenme!" Todos dejaron sus actividades, para obedecer el comando. En la multitud, Vanessa y Fox fueron los primeros en resaltar en su visión. "En cuatro horas, Sofía Falcone intentará usar a Bruce Wayne para ser Coronada. Si tiene éxito, tendrá poder absoluto sobre la ciudad." Jim analizó a cada uno de los agentes frente a él, sabiendo que encontraría huecos de los oficiales que habían sido asesinados esta mañana. Le dolió. "No podemos permitirlo. Nuestros hermanos y hermanas siguen en aquella zona de guerra que Sofía ha construido en el Estado Wayne. Sus cuerpos…" Jim carraspeó su garganta. "Tenemos que recuperarlos y darles el descanso que merecen."
Harvey, apresurado y bastante desaliñado, empujó su camino por las escaleras. Jim sintió alivio al verlo ileso. Bullock le dio un pulgar arriba, y el alivio se duplicó, al entender a lo que el hombre se refería.
Jim regresó a su público. "Tengo evidencia que pondrá a Sofía en un celda el resto de su vida. Pero la parte difícil será acorralarla. Y yo… No puedo hacerlo sin ustedes."
"Puede contar con nosotros, Cap." Harper se apartó del resto, brazos cruzados. Ante la pausa de sus compañeros, la mujer se tornó hacia sus compañeros. "¿Cierto, chicos?"
De manera graciosa, los murmullos poco convincentes pronto se convirtieron en exclamaciones de afirmación. Jim se sintió orgulloso de Harper, en ese momento. La mujer se había ganado la confianza del GCPD con más que su estatus de Alfa. La mujer había nacido para ser Comandante.
"Bullock, Álvarez, Harper, conmigo." Jim comenzó su camino hacia su oficina, pausando solo cuando Bullock se le cruzó en dirección opuesta.
Alfred, quien había estado recuperando su compostura en una estación vacía, fue entonces acogido en un abrazo de oso por parte de Harvey.
Jim alzó una ceja. Prosiguió su camino hacia su oficina.
"Tienes un paquete en tu escritorio. No tiene remitente." Harper apuntó hacia el punto indicado, ya que estuvieron reunidos en el mismo lugar.
Jim recogió el tubo porta-planos de cartón. "¿Bomba?" Bromeó.
Harper sonrió. "No escuché ningún tick tack."
Había una nota colgando con listo del tubo. Jim abrió la tarjeta y encontró en letra cursiva:
-Felicidades por Penn. No tan tonto, como luces.
Jim no reconoció la letra. Y conocía muy bien la letras de Sofía, Lee y Bárbara.
Dudó por un instante.
Pero porque era Jim Gordon, pronto se encontró abriendo el tubo. Golpeó ligeramente el tubo contra el escritorio para que los contenidos fueran salpicados en la superficie.
Bullock, recién llegado, le ayudó a estirar los planos junto con Lucius. "¿Qué demonios es esto?"
Aunque se encontraban bien conservados, los planos eran viejísimos. Olían a otra Era. Jim leyó el encabezado principal, y sus ojos se engrandecieron.
Sin embargo, fue Lucius quien chifló con apreciación. "Las Catacumbas Wayne."
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Los sonidos de tortura podían ser escuchados claramente. La cocina de Alfred nunca sería el mismo lugar.
Agatha regresó al estudio, tras horas de haber desaparecido. Lo vio y emitió un sonido de enojo directo a la cara del perro guardián que Sofía había dejado, para usurpar su presencia.
"¡Por todos los cielos! Puedes soltarlo, no irá a ningún lado. No hay necesidad de ser incivilizados."
-¿Incivilizados, ellos? Bruce se mantuvo tieso, mientras el matón de Sofía cortaba las sogas de sus muñecas.
"Déjanos." Agatha ordenó desde su lugar en el sofá. "Come." Apuntó hacia el plato que habían traído desde hacía media hora. El estofado estaba frío. "Oh, no seas un bebé. Agradece que no tiene dientes dentro, considerando como están volando por la cocina."
Bruce no pudo controlarlo. Después de una hora de escuchar lo gemidos y gritos de agonía de Edward Nygma—todo eso, mezclado con la noción de comer—Bruce vomitó en la alfombra.
Se tomó un momento para reincorporarse, sudor apareciendo en su rostro.
Un trapo apareció en su periferia. Estaba húmedo. Bruce, a movimientos mecánicos, prosiguió a limpiar su mentón. Su cuello. Su cuerpo se fue hacia atrás, chocando con la mesa. Bruce miró sus muñecas, irritadas por la soga.
Miró el anillo que Sofía había amenazado cortar.
"Vamos. Arriba. Necesitas una ducha y descansar."
Bruce rehuyó de las manos de la mujer. "No me toques."
"Es un mal momento para ser orgulloso. Enójate conmigo todo lo que quieras, pero solo trato de evitarle más catástrofes a esta hermosa alfombra." La mujer volvió a estirar su mano en apoyo.
Bruce usó la mesa para levantarse. Caminó fuera del estudio, sabiendo que tendría una sombra a sus espaldas. Contó los guardias que ahora ocupaban su hogar. Todos armados. Bruce podría incapacitar máximo dos a al vez, pero sería un caso perdido. Lo someterían fácilmente.
Los carcajadas de Nygma eventualmente perdieron ímpetu conforme subió al segundo piso.
Aún así, Bruce yacía en espera.
Al llegar a su habitación, Agatha entró junto a él, cerrando la puerta tras de sí.
"¿Es tan horrible, mirarme a la cara?"
"No tengo tiempo para lidiar con traidores."
Agatha suspiró. No tuvo pena en familiarizarse con esta nueva versión de su recámara, tocando sus dibujos, las fotografías, sus platos con restos del desayuno todavía en su escritorio. "Depende de la perspectiva."
Bruce removió su suéter, quedando en su camiseta interior. "¿De qué demonios hablas? Estás de lado de la Reina de la Mafia."
"Como a su vez, Peter Gordon estuvo de lado de Carmine Falcone. En caso de que creas que los Gordon son una mejor elección."
Aventando sus zapatos, Bruce dirigió su mirada por primera vez hacia la mujer. "No puedes culpar al hijo por los errores del padre."
Agatha rió con honesta incredulidad. "No te dejes llevar por una joya bonita, pollito. Son encantadores, oh sí. No lo puedo negar." Sus facciones femeninas eran increíblemente bonitas, a la luz de la lámpara. Agatha había envejecido de la mejor forma. Y lo devastador era que Bruce la había extrañado. "Unos diablos apuestos, ¿huh? Impulsivos. Apasionados con sus ideales. Soñadores empedernidos. Luego, sus sueños se derrumban y terminan en un bar llorando sus penas. Los Gordon siempre han sido una generación de hombres débiles."
Bruce parpadeó, inseguro de la ruta de la conversación. "Bueno. Jim estuvo allí en la noche que mis padres murieron. Y en todo lo que le siguió." Se encogió de hombros. "Es más de lo que puedo decir sobre ti."
"Nunca fuiste mi responsabilidad, Bruce." Agatha suspiró. "Tu custodia siempre estuvo decidida que iría a alguien más. ¿Para qué mostrar mi cara? Tu padre, incluso muerto, lo hubiera preferido de esta forma."
"¿Cómo puedes decir eso? ¡Eres el único miembro de la familia que me queda! No tienes idea de lo que he descubierto, sobre la corrupción de Wayne Enterprises… La Corte..."
La expresión de su tía no expresó ninguna onza de sorpresa.
Bruce tragó saliva. "Sí lo sabes."
Agatha se encogió de hombros. "Algunas partes. Las más importante, supongo. La Corte de Búhos… ¿Cómo crees que Katryn Monroe llegó a su posición? Tuvo que matar a tu madre para robar su lugar."
Bruce retrocedió un paso.
"Claro. No empezó como el producto final que tú conociste." La mujer sacó de la bolsa de su chaqueta un encendedor y una caja de cigarrillos. Tras tres intentos de encender el cigarro, la mujer se dirigió a la ventana para abrirla y liberar el humo a la noche. Le dio las espaldas a Bruce, y el chico inspeccionó su escritorio, catalogando lo que podría usar como arma. "Cuando éramos jóvenes, teníamos un objetivo para la Corte, lejos de lo que terminó convirtiéndose. Poco a poco, cada uno de nosotros fue siendo eliminado y para llenar sus asientos, otro tipo de… personajes viles se fueron uniendo, y obteniendo control. Al final, sólo Carmine pudo alejarse ileso." Agatha se dio la vuelta. "Pfft. Para lo que le sirvió. "
Aun con su mano en el abre-sobres que pronto escondió en su pantalón, la curiosidad siempre fue la maldición de Bruce.
"Mencionaste cuando éramos jóvenes. ¿Quienes fueron los que fundaron la Corte, entonces? ¿Aparte de mi madre y tú?"
Agatha lo miró arriba-abajo. "Están muertos, Bruce. No te enfoque en el pasado."
Ras 'Al Ghul estuvo en la punta de su lengua. Fue deprimente recordarse que no podía confiar en Agatha como antes. "¿Qué haces aquí, si no estás de mi lado?"
"¡Dios mío! ¡Una pregunta tras otra!" Agatha gruñó. "Chop-chop. Ve a ducharte, niño. Suficiente por hoy."
Bruce no le llevó la contraria. Admitió que necesitaba tiempo a solas. Su cabeza no dejaba de girar.
Se dirigió al baño adjunto.
"Deja la puerta abierta."
Bruce rodó sus ojos. "Pervertida."
Al comenzar a desnudarse, escondió el abre-sobres detrás del retrete. Se bañó con agua fría, para mantenerse alerta. Repasó las última 24 hrs. en su cabeza, mientras borraba rastros de su secuestro de su cuerpo. El dolor de sus muñecas fue manejable. Bruce lo bloqueó de su mente.
Cuando salió de la ducha, su ropa de dormir había sido arrojada sobre la tapadera del retrete de manera descuidada. Bruce sintió su rostro calentarse al también notar la existencia de ropa interior. En cuanto se vistió, recuperó el abre-sobres.
"No olvides estudiar." Agatha dijo desde su asiento en la ventana abierta. Apuntó hacia la cama, donde un grueso volumen de caratula dura yacía. En las orillas salían hojas de cuaderno一notas, hechas apresuradamente. "Marqué lo importante."
"¿Por qué no te Coronas tú, si tanto te interesa esta estúpida ceremonia?"
Agatha había estado a punto de emitir un enunciado, cuando la pregunta de Bruce la tomó con la guardia baja. Lo observó con su ceño fruncido, labios rojos entreabiertos.
"'Sólo un Wayne puede Coronar a otro Wayne.' Todos tienen su rol, Bruce. El mío sólo involucra poner una linda tiara en tu cabecita." Agatha terminó su cigarrillo. Antes de salir de la recámara, pausó detrás de Bruce. Cuando se atrevió a tocarlo, fue para ajustar la manga de su bata de dormir.
"Juega tu papel, Bruce."
Bruce aguardó el sonido de la puerta cerrarse para levantarse.
Se asomó por la ventana, y antes de tan siquiera dudarlo, estiró su pierna一
-Pausó.
Todavía no recogían los cadáveres de los agentes policíacos que Sofía había asesinado. Bruce distinguió las siluetas, retorcidas en el piso de su porche.
Se dio la vuelta, reintegrándose a la recámara.
Regresó a la antología.
Releyó las notas del puño de su padre, una colección de críticas a cada pasaje que había encontrado arcaico y una violación al libre albedrío de los individuos. En contra de su voluntad, Bruce fue absorbido por el material que había trascendido generaciones.
Juega tu papel. Thomas había rayado en sus notas, fuerte emoción guiando su poca nitidez. La frase estaba subrayada en tinta azul. ¿Cual maldito papel? ¿El ser una marioneta?
Bruce suspiró, sobando su frente.
Absolutamente todo estaba escrito en el maldito libro. Era literalmente un manual de como la ceremonia de Coronamiento debería ser llevada a cabo一el lugar, la hora, la vestimenta, el juramento, la posición perfecta de la corona en su cabeza一todo.
Celestine Wayne III había sido la última en reinar en la Dinastía. Justo en el auge del desenlace de la Segunda Guerra Mundial. La mujer había permanecido en poder por treinta y siete años, antes de fallecer de una pulmonía, sola, frígida, y bastante alienada de la ciudad que se suponía debió haber mantenido en orden. Celestine nunca había nombrado un Consorte, y su sobrino había heredado la Corona.
Thomas Alan Wayne. Su bisabuelo.
Quien la había rechazado.
Su padre siempre había dicho que cada generación Wayne que había gobernado había sido un reflejo del contexto de su época. Thomas Alan había sido el primer acto de rebeldía cuando el mundo había estado en estragos. No había sido un hombre con esperanza. Demasiado cínico. Un científico. Un hombre en busca de otro tipo de respuestas que la burocracia real no le ofrecería. Con su bisabuelo, Wayne Enterprises había encontrado renovado empuje hacia la investigación farmacéutica, insertando una nueva fuente de empleos e impulso económicamente a Gotham.
Su inicio y su fin había sucedido en el corazón de su imperio.
Había sido el primer Omega que pudo haber reinado.
Bruce se saltó fracciones de página, no queriendo perder tiempo en el pasado y en hubieras. Siguió los marcadores dejados por Agatha. Cuando sus ojos captaron la frase Juramento, Bruce se detuvo. Su corazón dio una voltereta.
Ridículo.
Bruce cerró el libro, aventándolo sobre el escritorio.
Ya sentado en la orilla de la cama, despeinó sus cabellos en un desolado momento que le golpeó el alma. Resultó irónico. Todo este tiempo, había buscado la soledad. Ahora, Bruce no la soportaba. Quería ver a Alfred. Ver que estuviera bien.
Quería ver a Jim.
-"No soporto nada peor, que el queso amarillo no se derrita."
El recuerdo se coló, al momento de recordar el último rato que había compartido con el Detective.
Bruce había reído tan fuerte que malteada había salido de sus narices, al escuchar la petulante queja. Un hombre como Jim Gordon, ¿encontrando ofensa tan personal, en un omelette de queso gelatinoso?
Mirando el anillo en su dedo le trajo ansías. Emoción. Maldito miedo, por no tener idea a qué demonios se había comprometido…
Bruce se levantó de golpe. Volvió a abrir el libro.
Le tomó una hora finalizar el capítulo que había capturado su atención previamente. Al inicio, las palabras fueron solo información en su cerebro. No fue hasta que Bruce se acostó en la cama, mirando el techo de su recamara, que el peso一el significado一le botefeó en venganza.
En pocas horas, sería Rey.
Corrió al baño, pero no llegó a tiempo, parte de su bilis siendo depositado en los azulejos.
-Juega tu papel.
[+]+[+]
Sofía entró a la cocina en corset, zapatillas y bata de seda. "Vaya. Esto es inesperado."
Recibir a un hombre congelado en un cubo gigante de hielo, después de todo, no era algo que uno miraba todos los días.
Fries cobró una admirable cantidad de dinero por traerle al Pingüino en su hábitat natural. Sofía no podía dejar de sonreír. "Págale." Le ordenó a su secuaz de la hora.
Sofía se acercó al cubo de hiel. "¿Sigue con vida allí dentro?"
"Quien sabe." Freeze recibió el costal de dinero y reajustó su pistola. "¿A quién le importa? Será buena decoración."
"Buena respuesta." Sofía picoteó el hielo en saludo. Luego, se recordó el cuerpo inconsciente de Nygma aun en la cocina. "Tírenlo a los muelles. Matenlo y lánzenlo a los pescados."
Sus sirvientes se apresuraron a obedecer.
Justo entonces, Víctor entró a la cocina por el pasaje del jardín. "Tenemos buenas y malas noticias. ¿Cuáles quieres primero?"
Sofía rodó sus ojos. "Dime las malas."
Víctor se colocó a buena distancia primero. "Jim Gordon tiene a Penn."
Maldición. Un frío inmenso la invadió. "¿Qué estás esperando? ¡Ve por él! ¡No me importa que tengas que volar el GCPD!"
"¡Sabía que dirías eso!" Víctor sonrió. Extendió un brazo en la dirección del jardín. Cuando nada sucedió, Zsasz emitió un sonido de decepción. "Dije... ¡Sabía que dirías eso!"
"¡Oh!" Entonces, Headhunter empujó a la persona menos esperaba al comedor. "Ah一¿Cuál era mi línea? ¡Oh, sí! ¡Pero tenemos a Jim Gordon!"
Jim tenía sus palmas arriba. "Técnicamente, vine por mi propia cuenta."
"Llegas temprano, Jim." Con un puchero, Sofía recorrió su mano por su cabello despeinado con algo de pena. "Ni siquiera me he cambiado aun."
Los ojos del hombre la examinaron. "Sabes lo que dicen. Aunque la mona se vista de seda… "
Una carcajada brotó del estúpido de Wendell. Una mirada fulminante fue suficiente para callarlo.
"Zszas. Si calificas esto como buenas noticias…"
"Tengo la Corona." Jim interceptó, mentón en alto, ojos oscuros con determinación. "¿Asumo que la ocupas para tu Gran Día?"
Sofía escuchó trompetas de victoria en su cabeza. Pero con Jim, nada era así de fácil. "Y te debo de creer, ¿por qué?"
"Soy un hombre de palabra."
Cierto. Sofía levantó su palma en espera.
Con un resoplido, Gordon lo hizo. De su abrigo, extrajo una bolsa de tela.
Lo presenció en cámara lenta: la pieza de oro siendo descubierta justo frente a sus ojos. Bañada en oro, las piedras preciosas capturaron la luz del amanecer y no la dejaron ir. Sofía salivó, impactada por tenerla tan cerca. Tan real.
Todos los demás compartieron la sensación de pesadez. La atmósfera cambió, en cuanto Jim presentó la Corona ante todos.
Sofía estiró sus dedos.
Jim alejó el tesoro. "¿Bruce?"
"Aw. No está aquí. Está esperándome en la capilla, cariño. Todo perfumado, brillando como un penny." Sofía no pudo evitar aspirar profundo. Las feromonas de Gordon la reconocieron, y la piel de Sofía se estremeció. "¿Quieres ayudarme a terminar de arreglarme?"
Esta vez, cuando lo dedos de Sofía se anclaron en la corona, Jim cedió, permitiendo que Sofía lo jalara a su proximidad utilizando el objeto.
Luego, el cubo de hielo explotó.
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Jim empujó a Sofía lejos, pero la mujer se aferró a la corona. Agarrando lo más cercano a sus manos一un mazo de madera一Jim lo estrelló en la cabeza de Headhunter para aturdirlo y hurtarle una de sus múltiples armas.
"¡Zsasz, dispárale! ¡Mátalo!"
"¡No tan rápido!" Oswald gritó en plena histeria. "¡Con un demonio! ¿Tú también, Dentista de pacotilla? ¡¿Todos estaban trabajando para ella?!"
"¡Oswald, concéntrate!" Jim gritó, protegiéndose detrás de la pared del jardín. Al asomarse, divisó a Victor Zsasz escudando a Sofía fuera de la cocina, mientras Oswald disparaba a diestra y siniestra. Fries no se molestó en ayudar a ningún bando, optando por salir de la zona de peligro con su motín, sumándole a lo que ya había cobrado al GCPD.
Jim derribó a los cinco matones que Sofía mandó al lugar para enfrentarlos. Uno por uno.
A lo lejos, reconoció los gritos de Bullock. "¡A la capilla! ¡Con un demonio, gente! ¡Muévanse."
Alfred fue el primero en irrumpir, casi resbalándose con los trozos de hielo en el suelo.
Oswald estaba ocupado noqueando al Dentista, para cuando Jim se les unió.
"¿Funcionó?"
"Está corriendo justo a donde la queremos. Como conejo a la madriguera." Alfred disparó a las espalda de Jim, derribando a otro servidor de Sofía que se había colado por el jardín. "Por todos los cielos. ¿Qué demonios le sucedió a mi cocina?"
Jim hizo una mueca.
"Tienen a Ed." Oswald se tambaleó hacia ellos con el sombrero de copa en sus manos.
"Estaban torturándolo." Jim asintió hacia la silla que había estado cerca del sink. Había sangre por todo el lugar.
"¡Tengo que encontrarlo!"
Jim gruñó. "¡No tenemos tiempo!" No esperó por una respuesta, comenzó a correr fuera de la cocina junto con Alfred, quien conocía la mejor forma de salir en la dirección de la capilla.
Había amanecido.
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La capilla había sido limpiado y remodelada en cuestión de horas. Bruce no la reconocía de la infraestructura invadida por vegetación y descuido que siempre había asociado por esta área olvidada del Estado Wayne.
"Los invitados están llegando." Agatha, de traje sastre, entró a la capilla con cierto aire de ansiedad.
"Lo puedo ver." Bruce murmuró, cansado de estar parado en el altar sin nada que hacer. Detrás de él, el oficial del Ayuntamiento que tenía como objetivo ser testigo oficial del acto de Coronación, no dejaba de limpiar sus lentes.
Agatha se detuvo en el primer escalón del altar, levantando su vista y siendo pasmada sin razón aparente.
"¿Qué?"
Agatha visiblemente se reincorporó. "Luces listo."
Más valía que así fuera, considerando que el traje Armani había sido proveído con dinero de la Mafia.
Bruce masculló "Lo estoy", con un cuarto de verdad y todo lo demás siendo una mezcla de sentimientos arrebatadores.
El Omega redirigió su atención al frente, al escuchar conmoción en la entrada. En el corazón, Sofía Falcone hizo su entrada en corset y saco de vestir el doble de su talla. La mujer causó sorpresa entre los invitados que ya habían arribado.
"Cierra las puertas." Sofía le mandó a los guardias en la entrada. Las puerta del santuario fueron abarrotadas de inmediato. "¡Tú!" Sofía jaloneó a la primera chica de su tamaño que encontró. "¡Dame tu vestido!"
"¿Qué? ¿Estás loca?"
"Ahora." Sofía le apuntó con su arma. Todos emitieron sonidos de shock. "Oh, por favor. Viven en Gotham, gente."
"¿Qué está sucediendo?" Bruce bajó dos escalones.
"No te muevas." Sofía le apuntó con el arma. Le sonrió. "Quiero decir, todavía no estoy vestida, cariño. No queremos arruinar la sorpresa para la Luna de Miel."
Sintiendo escalofríos con la noción, Bruce regresó a su lugar asignado. A su lado, Agatha tomó su codo. Ambos intercambiaron una mirada, para luego Agatha volver a bajar.
"¿Ocupas ayuda, linda?"
Sofía era un desastre viviente. Aceptó la ayuda de Agatha con poca resistencia, nunca soltando el arma. Bruce no perdió de vista como la mujer vigilaba las puertas.
"La tengo." Una vez vestida, Sofía presionó un objeto cubierto en una bata de seda ensangrentada al pecho de su tía. "No esperemos más."
Bruce tragó saliva, sospechando de qué Falcone hablaba.
"De acuerdo." A la distancia, Agatha miró a Bruce de nuevo. "¡Atención! ¡La ceremonia está por comenzar!"
Para su suerte, el vestido que le había arrancado a la invitada, había sido blanco, justo ceñido a la figura de Falcone. Su cabello, ahora liberado de los rollos para ondularlo, cubrió sus hombros, pero no las salpicaduras de sangre en su pecho.
Conforme la Alfa se fue acercando, más tenso Bruce se sintió.
"De acuerdo." Agatha declaró ante todos, una vez en el altar. "Baja un escalón. Mírame sólo a mí, sin importar lo que pase, ¿de acuerdo, amor?"
Con un nudo de repente en su garganta, Bruce asintió.
El estruendo en contra de los portones, hizo que todos brincaran de sus asientos.
"Apresúrate." Sofia gruñó, feral. "O tu querido fenómeno de circo se ahogará en su propia sangre, sin su preciado medicamento."
Bruce apretó sus puños. Otra pieza. Quizás la más importante.
Para su crédito, Agatha no dio pie a reacciones histéricas. Fue una piedra, al dirigirse a todos los invitados.
"Estamos reunidos hoy. Justo ante los primeros rayos del amanecer, como lo dicta la tradición… y las ocurrencias de nuestros ancestros, de hecho." Eso causó unas cuantas risas.
Otro estruendo. Los portones temblaron.
Agatha miró a Bruce en un corto momento de contemplación. "Estaba allí cuando naciste. Me alegra estar aquí, para verte cumplir tu destino."
Bruce parpadeó, de repente, sin palabras.
Agatha destapó la Corona.
Los invitado se pusieron de pie.
"Presento al nuevo Protector de la ciudad que Solomon Wayne y Joshua Wayne fundaron entre la tierra, el sol, la piedra, y el metal." Agatha dio un paso atrás, y Bruce fiel a su guión, giró sobre su propio eje, enfrentando al público.
"Bruce Thomas Wayne. El Primero de tu nombre, ahora referido como Bruce I, el reformador de la Dinastía Wayne, eres nombrado Rey de la tierra que sus antecesores conquistaron… Gotham será la primera dama y la última en residir en tu corazón. ¿Lo juras?"
Los portones fueron derribados. El crujido, el caos, los gritos一Bruce sonrió.
"Lo juro."
Y frente a él, Jim Gordon entró a la capilla, arma en el aire, flanqueado de Alfred y el resto de su escuadrón.
"¡Manos arriba!"
"¡Todos afuera! ¡Todos salgan!"
En un parpadeo, Sofía tuvo la punta de pistola en la sien de Bruce. "Lo juro. Da un paso más, Jim."
Jim se detuvo, levantando una mano a sus oficiales. La capilla comenzó a vaciarse en tiempo récord. "¡Sofía, se acabó! Tengo a Penn bajo custodia. Quedas bajo arresto."
"¿Y me harás compañía, James?" Hubo una pausa. "Eso pensé."
Pocas ocasiones, Jim Gordon dejaba sus emociones reinarlo frente a tantas personas. Pero Bruce divisó su enraizada culpa, esculpiendo cada rasgo de su rostro. "Al final de todo, es muy probable que te alcance en el Infierno, Sofía. Pero por ahora, tienes que rendirte."
"Bruce." Sofía encajó la pistola con más fuerza. "Nómbrame tu Reina ahora. O tu primo será cortado en pequeñas piezas. Tu tía sabe que no estoy bromeando. Matar a otro engendro que mi padre ha dejado en este mundo, me daría el mayor de los placeres."
Bruce peló sus dientes del coraje. "Agatha, termina." Deslumbró a Jim comenzar a acercarse. "No. Détente."
A pesar de todo, las manos de Agatha fueron firmes al colocar la corona en su cabeza.
"Te nombro Rey."
"¡Felicidades!" Harvey Bullock anunció, al lado derecho de la capilla. "La próxima vez intentémoslo con la verdadera corona y no una salida de la casa de empeño, ¿eh?"
El shock que corrió por Bruce, fue idéntico al que dejó a Sofía completamente vulnerable一atorada por un milísegundo entre sus propias emociones一y firmó su propia perdición.
El disparo sobre su hombro la tumbó directo al suelo.
El momento que Sofía azotó al piso, Bruce pateó la pistola fuera de la mano de la psicópata, evitando que lastimara a alguien más.
"¡Por fin!" Bullock proclamó, haciendo eco a lo que la mayoría de los presentes sentía.
Bruce corrió hacia Alfred. Lo abrazó con todas sus fuerzas, sonriendo ante las maldiciones de júbilo saliendo del hombre.
De fondo, escuchó a Jim pedir por asistencia médica por el radio, mientra le leían sus derechos a una herida Falcone. Escuchó las esposas engranarse en las muñecas de Falcone. Sus latidos y los de Alfred.
"Uno de estos días, chiquillo, me matarás de una aneurisma."
"Lo siento." El Omega gimió contra la textura de la chaqueta del Alfa, respirando de vuelta estabilidad.
Al separarse, Bruce recordó a alguien más que merecía sus disculpas.
Agatha estaba hablando con un par de los detectives, todavía en el altar. Bruce caminó hacia ellos, incómodo, cuando la observó liberar un sollozo ahogado.
"Sí, es él." Articuló, mientras asentía a la pantalla del móvil de la Detective.
"Lo encontramos en la Mansión de Falcone. Está bastante asustado. No nos decía su nombre—Por ello, no teníamos idea de quién podría tratarse. Pero, al oír la amenaza de Falcone—"
"¿Dónde se encuentra ahora?"
Bruce reconoció a la Detective, actualmente sonriéndole a su tía.
"En una patrulla con uno de nuestros detectives. Lo llamaré para que se dirijan hacia acá." Y la mujer hizo justo eso, separándose de Agatha para hacer la llamada.
Bruce lamió sus labios, ahora sin barreras entre la mujer y su persona.
Agatha parpadeó, percatándose de su presencia. "Oh, ahí estás."
"¿Estás…? Quiero decir, ¿está él bien?"
Con una ligera sonrisa, Agatha asintió. "Parecer ser. Es resistente."
Bruce sonrió de igual manera. Cansado. Algo confundido.
Agatha liberó un suspiro que tomó toda vitalidad con ella. "Te das cuenta que tenemos que hacerlo todo de nuevo, ¿cierto?"
El Omega frunció su ceño.
"Tal vez, ni siquiera... podrían molestarse."
Al escuchar la voz de Jim viniendo del pasillo, Bruce se tornó hacia él.
Jim resplandecía, el sol de la mañana enmarcando su silueta en el centro del pasillo. Cuando Bruce comenzó a acercarse, el hombre prosiguió a llamar a Lucius Fox. El hombre cargaba con un maletín cromado. Saludó a Bruce con un apretón de hombro, prosiguiendo a ofrecerle el maletín.
Bruce miró directo a los ojos azules de Gordon. No le gustó la expresión del Capitán.
"No tienes que seguir adelante, Bruce. Sofía pasará el resto de su vida en la cárcel. En lugar de ser Coronado, podrías optar por… seguir siendo sólo Bruce Wayne."
El maletín fue apoyado en una de las bancas. Cuando Bruce tuvo su primer vistazo de la verdadera Corona, atracción pulsó por su persona. Un jalón de sangre, muy posiblemente.
"¿Qué pasaría si… no quisiera ser sólo Bruce Wayne?"
Demasiadas emociones cruzaron la mirada índiga de Jim. "Puedes ser libre, Bruce. Yo te metí en este dilema, y ahora está resuelto."
"Sí. Luego, alguien más aparecerá, queriendo lo mismo que Sofia."
"No es tu trabajo-"
"¡Pero, lo es!" Bruce, al final, no sintió temor, al hacerle cara a este monstruo. Recordó su alucinación; las palabras de Alfred, sobre aceptar la oscuridad junto con todo lo demás. "¿No lo entiendes?"
Alfa inclinó su cabeza hacia el maletín, amenazando la Corona con el gesto.
Sin embargo, Jim Gordon lo sorprendió de nuevo.
"Entonces, no estarás solo."
[+]+[+]
Habían clausurado y evacuado el área. Se podían escuchar las patrullas en las afueras de la capilla, pero relativamente podría decirse que gozaban de un rato de calma.
En la primer fila, Alfred asintió en su dirección, cuando Bruce le buscó. A la izquierda del Alfa, la Detective Harper lucía algo incómoda, insegura si en verdad su presencia era requerida.
En la fila paralela, Harvey Bullock sacudía su fedora para echarse aire. Seguía mascullando quejas al oído de Jim Gordon, ganándose unos buenos codazos de su parte.
"Bruce Thomas Wayne." Agatha reprodujo por segunda ocasión, ahora con un tono íntimo y suave. "El Primero de tu nombre, ahora referido como Bruce I, el forjador de la Dinastía Wayne después de sesenta años de su rompimiento; eres nombrado Rey de la tierra que sus antecesores conquistaron."
Bruce intercaló miradas con Jim.
"Gotham será la primera dama y la última en residir en tu corazón. ¿Lo juras?"
Jim arqueó una ceja escéptica. Bruce mordió su mejilla por dentro para disimular el impulso de sonreír.
"Lo juro."
"Te nombro Rey, en nombre de sus ancestros, puesto que la misma sangre que fluye por mí, fluye por ti."
Esta vez, su cuello se quejó ante el peso. La Corona se sintió como un caja fuerte. Fría, difícil de descifrar, pero con un inimaginable valor en su interior.
Agatha descendió los escalones, sonriéndole de una manera que le recordó a su padre. "Larga vida al Rey."
Alfred fue el primero en aplaudir, repitiendo al unísono de todos los presentes.
"¡Larga vida al Rey!"
Bruce divisó una silueta levantaré del fondo de la capilla. Selina. No estaba aplaudiendo. Pero estaba presente. Eso importaba.
Luego, Bruce cometió el error de ladear su cabeza demasiado al frente, y la maldita cosa cayó sobre su nariz.
El Detective Bullock chifló. "Ahí se va el estilo, hombre."
"Harvey." Jim gimió. "¿Podrias mostrar un poco de respeto?"
"Estoy bien." Ruborizado, Bruce se apresuró a reajustar el objeto.
Agatha suspiró. "Quitatela antes de que te rompas el maldito cuello, niño. Tendremos que hacerle modificaciones."
Los testigos de la ceremonia comenzaron a filtrarse al pasillo. "¡Genial! ¿Qué sigue? ¿Shots para celebrar? Yo invito al Rey, claro."
"Son las 9 de la mañana, Harvey."
"De acuerdo. ¿Bagels y café?"
"¿De Tony's?"
"Oh, Harper. Sabía que tenías buenas ideas."
Alfred le dirigió otra sonrisa, antes de unirse a los demás. Agatha no tardó en seguirle, ahora con la Corona en su custodia y hablando por su móvil.
Bruce bajó los tres escalones, quedando justo a la altura de la persona que aun permanecía de pie cerca de su banca. "Me preguntaba… "
Jim orbitó hacia él. "¿Hmm?"
"¿Alguna vez has besado a un Rey?"
"Hm." El Alfa pretendió meditarlo, mordiendo su labio en inferior. "Admito que no puedo decir que haya tenido la oportunidad."
Bruce tomó posesión del saco del Alfa. "¿Quieres intentarlo?"
En típico estilo estoico, el hombre le escudriñó el alma misma, antes de decidir si sería sabio cumplirle otro capricho a Bruce Wayne.
Cuando las palmas de James rodearon su rostro, Bruce recibió la sorpresa de un beso en su frente, la reverencia del acto acelerando su corazón.
Sus narices se rozaron. Bruce gimió impaciente, abriendo su boca a ciegas. Cuando hizo contacto con los labios de Jim, su cuerpo se soltó del rígido autocontrol de las últimas veinticuatro horas.
El beso fue algo delicado. Dulce. Diseñado para dejar a Bruce al límite, pendiente de un hilo.
"¿Qué?" Jim murmuró, al sentirlo resoplar.
Bruce sonrió.
"Aun sabes a queso."
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Fin de Parte 6.
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Nota Importante: Lo admito. No estoy feliz con el resultado a un 100%. Aun así, sabía que tenía que postear algo antes de que lincharan, kids. Gracias por leer, y dejar su apoyo en bonitos reviews. Ahora sigue Te Encontré…
