"La Corona."

Por B.B. Asmodeus.

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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne (principal). Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Barbara Kean/Leslie "The Doc" Thompkins. Menciones de Bruce/Selina, Bruce/Otros, Jim/Sofía, y Jim/Lee.

Rating: Adult, porque Bruce es un menor de edad involucrado en actividades de embriaguez y conductas sexuales promiscuas. Y ni siquiera son inventos míos. Agradezcánle al canon.

Resumen: Post-4x11. Después de perder la jugaba ante Sofía Falcone, Jim busca una forma de recuperar el control de la ciudad. Sin embargo, lo que empieza como un simple plan de contraer nupcias de conveniencia con Bruce Wayne, termina siendo más de lo que Jim había estado buscando.

Continuidad: Universo Alterno de las temporadas 2, 3, y 4. Spoilers de 4x16 "One of my Three Soups." Además, el último fragmento se sitúa directamente después de 3x21 "Destiny Calling" y estiré un poco la realidad sobre las habilidades de teletransportación de Hugo Strange. Porque, ya saben, es Hugo Fucking Stange.

Notas extras:

(1) Olviden todo lo que sabían de la Corte de Búhos pre-serie. He hecho mi propia versión de su nacimiento y creación.

(2) PORN IS AHEAD. ESTE CAPÍTULO NO ES SEGURO PARA EL TRABAJO NI PARA REUNIONES FAMILIARES, GENTE. BRUCE Y JIM TIENEN NECESIDADES.

(3) Random, pero agradézcanle a Michael Jackson este capítulo. "Give Into Me" inspiró todas las escenas Brim de este capítulo.


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vii.

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"Porque te tengo y no

porque te pienso

(...)

tengo que amarte

aunque esta herida duela como dos

aunque te busque y no te encuentre

y aunque

la noche pase y yo te tenga

y no."

-Mario Benedetti.


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Antes.

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Todo empezó con una boda.

"Voy a casarme."

Agatha dejó de acosar a los invitados con su mirada, para tomar una nueva trayectoria. Una que la llevó a la cara de emoción resguardada de su hermano.

"¿Casarte?" Agatha repitió la palabra, el significado no calando muy hondo. Thomas introducía una nueva locura cada dia distinto a su rutina, después de todo. "Santo dios, ¿ves lo que yo veo?"

Thomas hizo una mueca. "Otra campeona más para la colección."

La reciente nueva conquista de Falcone estaba abriéndose camino por la sala funeraria con toda la frescura del mundo. Recientemente, Falcone estaba pasando por un fase de rubias y altas, y la joven de hoy encajaba a la perfección. Algo desaliñada, vestida en ropa demasiada cara一La fulana llamó la atención como un pulgar hinchado. Su cabellos largos necesitaban de una buena cepillada, y sus ojos ser limpiados de tanto delineador oscuro.

"¿Está acaso… robándose los canapés?" Thomas susurró, humor brotando de su voz raposa.

"Toda una dama."

"Es apenas una adolescente." Thomas reprodujo un tut-tut.

Agatha desvió su mirada para no tener que seguir observando el espectáculo. Su madre tendría una ataque, en cuanto viera a Don Falcone aparecerse al funeral de su esposo. "Así que. Casarte, ¿eh? ¿Cansado del spelunking?"

Thomas ajustó los gemelos de su traje. "Hablo en serio. Le propuse matrimonio a Martha hace dos días. Aceptó."

"Pensé que odiabas la noción del matrimonio."

"Lo hago." Thomas acercó su boca a la oreja de Agatha para garantizar la protección de la siguiente confesión. "Pero, odio la idea de perderla aún más."

Agatha apretó sus labios. Martha. La heredera de los Laboratorios Kane, con la que su hermano había estado saliendo por más de un año. "No sé qué decir."

"Está embarazada."

Agatha se giró hacia el hombre con una manazo listo. "¿Qué?"

Thomas esquivó el manazo fácilmente, con su mentón apuntando hacia Falcone y su mascota. "No que justifique su asalto sin misericordia a la mesa de los aperitivos. Pero, he visto suficiente mujeres en mi carrera para saberlo. Probablemente dos meses y medio. Tres, a lo más. ¿Veces su vestido holgado?"

Oh. Agatha parpadeó. En seguida, el resentimiento por la extraña se transformó en lástima. Pobre chiquilla. No tenía idea en el lío que se estaba metiendo.

"Oh, no一"

"一Ahí viene mamá."

Ambos se dieron la media vuelta, pretendieron admirar la hilera de arreglos florales que invadían la sala. Ligeramente escucharon una bofetada; susurros de escándalo. Unas cuantas risas. Luego, a su madre exclamar maldiciones a los cuatro vientos.

"¡Fuera de aquí, cerdo italiano!"

Agatha cubrió su boca para frenar su risa incrédula. Thomas tuvo más autocontrol. Alzó sus cejas de manera estupefacta.

"¿Cómo tienes el descaro de pararte aquí? ¿Admirando tu obra maestra?"

No era secreto que Ángela Wayne repudiaba toda asociación de la Mafia en los negocios familiares. Eso no había detenido a su padre por armarse de relaciones valiosas con Falcone u otros personajes de baja reputación en Gotham para llevar una coexistencia estable con los demás representantes de poder de la ciudad.

-Siempre sé inteligente, no un tonto sentimental, había sido su lema.

"Angela, necesitas tranquilizarte."

"¡Dije que fuera de aquí!"

Agatha giró su rostro para echar un vistazo sobre su hombro. Como siempre, Falcone mostró tener un poder sobrenatural sobre la gente. Unas cuantas palabras de sosiego Alfa, un apretón de su mano en la muñeca de su víctima para imponer respeto, y en instantes, la furia de la viuda se apaciguó a un fuego lento. Angela no sollozó, pero admitió derrota con sutileza, permitiendo que la mano de Falcone se aferrara a su muñeca un rato más, sólo para después liberarse con una ondulación de su brazo.

"Es una mujer fuerte."

Agatha retornó hacia Thomas, hacia la suavidad de su susurro, ahora picoteando una margarita de la corona frente a ellos. Lució embrujado. Enfermizo con una condición que Agatha asociaba con pubertos enamorados.

"No puedo dejarla ir."

Agatha acogió la palma de su hermano, entrelazando sus dedos libre con los suyos.

Entre todo el caos, alguien vomitó en una de las macetas decorativas. La gatita preñada, sin duda.

"No sé qué decir." Agatha, raramente desolada como en este momento, repitió. Esto cambiaría todo. Lo sabía. Thomas estaba tomando un camino que los separaría a distancias de las que uno no podría regresar.

"¿Qué tal felicidades?" Thomas golpeó su hombro contra el suyo. "Mamá se distraerá, por lo menos. Se volverá loca con los preparativos."

Agatha intentó sonreír, a pesar de la pesadez en su estómago.

"Felicidades."


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Actualidad.

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"¿Estabas acostándose con ella?"

Jim apretó sus dientes, mirando a Dent escribir sus notas. "Acaso de testificar que no."

Dent alzó una ceja. "La manera en la que la defendiste de Oswald Cobblepot dejó mucho que hablar."

"Estaba haciendo mi trabajo. No sabía que había asesinado a su propio padre."

Dent suspiró. "Seré directo. Encontraron grabaciones de seguridad de ti yendo y viniendo a la Mansión Falcone casi todas las noches. No da una buena impresión, Gordon."

"Pero siempre salía de la Mansión en la misma noche, ¿cierto?" Jim sonrió levemente. "Sofía se encontraba en constante contacto con Oswald en aquel tiempo. Nada perdía con tratar de recobrar información contra él de una buena fuente. Típico trabajo policial. No pueden acusarme de otra cosa. De nuevo, sólo estaba haciendo mi trabajo." Jim siempre había sido extremadamente cuidadoso. Nunca se había quedado a dormir, y en menos de dos horas, ya había estado fuera de las garras de Sofía.

"¿Vas a negar también que fuiste tú quien trajo a Sofía de Miami?"

"Fue a visitar a su padre." Jim gruñó. "Nunca le pedí a Sofía venir a Gotham. Esa decisión la tomó ella sola. Sofía tenía sus propios planes sobre recuperar el poder las manos del Pingüino."

Harvey Dent cerró su libreta. "Eres un mejor mentiroso que cuando te conocí. Te doy crédito por tu práctica."

Jim rodó sus ojos, impaciente por salir de la maldita oficina. Tenía un sin número de tareas que abordar. Desastres que limpiar.

Siete oficiales habían caído durante el ataque de Sofía al ejido Wayne. Tenía que asegurarse que los arreglos funerarios estuvieran listos.

A una semana del intento de Coronación de Sofía, Jim estaba totalmente consumido por las preparaciones del caso contra la mujer. Desde su arresto, Sofía había sido puesta en la custodia de Blackgate de inmediato, pasando allí su recuperación en el ala de enfermería.

Acusaciones contra Gordon habían sido de esperarse. Sofía no mantuvo su boca cerrada sobre el tipo de relación que ambos habían compartido, y mucho menos sobre la supuesta colaboración entre los dos para traer al Profesor Pyg a la ciudad.

Sin embargo, Sofía no tenía evidencias. Si las había tenido, no parecía tener el poder suficiente para recuperar pruebas de algún tipo.

El mismo Jim había revisado la mansión Falcone de arriba a abajo. No había encontrado nada comprometedor.

Eso no significaba que Jim no se sintiera peor que la suela de su zapato.

"¿Me puedo ir?"

Dent lo examinó de pies a cabeza. "Intentarán transferirla a Arkham. Es mejor que te lo advierta desde ahora."

"¿Qué? Sofía no está loca."

"No es lo que sus abogados creen."

"Estaba en sus cinco sentidos cuando secuestró a Bruce Wayne. Créelo."

Dent extendió sus manos como símbolo de paz. "Te creo. Pero sigue siendo una Falcone, Jim. El apellido todavía tiene amigos criminales que le son fieles. Sofía va a intentar todo a su alcance para causar lastima."

Jim salió de la oficina de Fiscal con un mal sabor de boca.

Al siguiente día, después de la Ceremonia realizada en honor a los policías caídos, Jim procuró que Harvey se le uniera en el bar de siempre.

Con un botella de cerveza en sus manos, observando su reflejo en el espejo encabezando la barra del bar, Jim anunció sus intenciones.

"Voy a re-nombrarte Capitán." El papeleo que había preparado fue colocado encima de la barra. "Debo confesar mi conexión con Sofía."

Bullock no respondió en el momento. El hombre midió su tiempo cuidadosamente, sus ojos viendo de reojo el sobre manila. "No."

"¿A qué te refieres?" Jim masculló.

"¿Quién se beneficiaría de hacer algo así?" Harvey vació su vaso de shot. "Nadie más que tú. Te darías el lujo de gozar de tu papel de mártir, para sentirte mejor contigo mismo. ¿Pero qué hay de lo que en verdad importa? El GCPD perdería a su héroe, si la verdad sale a la luz. De eso no se trata, Jim… ¿Quieres pagar tu deuda?" El sobre fue deslizado de regreso a las manos de Jim. "Vive con ella. Justo como yo."

Jim sintió náuseas. "¿Entonces Sofía gana, después de todo?"

"Sí es lo que la ciudad necesita."

Con eso, Bullock se puso de pie.

Media hora después, los papeles estaban en la basura.

Al salir de bar, atendió una llamada de auxilio cerca del área. Aparentemente un intento de asalto en la Calle 14. Cuando Jim arribó a la escena, se encontró algo mucho más bizarro.

El asaltante estaba atado a un poste de luz. La víctima, una joven estudiante de Universidad sana y salva, se lanzó sobre Jim en cuanto lo miró, parloteando sobre un hombre encapuchado apareciendo a su rescate.

Jim realizó el reporte del incidente entero, encontrando similitudes con otros que habían brotado desde la línea de tiempo en la que Oswald había reinado con sus permisos para cometer crímenes.

Todos los avistamientos anteriores concordaron con la descripción más reciente del sujeto encapuchado.

"Así que, tenemos un Vigilante en nuestras manos." Vanessa concluyó, tras armar los avistamientos en un solo caso, ambos bastante estimulados por el nuevo enigma.

Después de la semana que Jim había vivido, un nuevo enigma fue justo lo que necesitó para despejarse. Para recobrar su concentración y su pasión por su trabajo. Entre menos lo esperó, las cosas parecieron volver a su ritmo normal en el precinto.

Luego, para comenzar su lunes一

一Encontró las malditas rosas.

Escuchó los chiflidos primero. Vio las las cejas alzadas, y los risillas, en cuanto puso un pie en el GCPD.

"¿Qué acaso me levanté con cara de payaso hoy?" Jim le ladró a Álvarez mientras subió las escaleras junto a él. "¡Regresen a trabajar!"

Las risas sólo empeoraron.

Harper estaba esperándolo en la puerta de oficina. Tenía un sobre color dorado en su mano, y una expresión totalmente diabólica. "Buenos días, Jefe. Recibió un paquete desde muy temprano. Lo firmé de recibido por usted."

"Mm." Jim aceptó el sobre con desconfianza. No lo abrió. En lugar de eso, abrió la puerta de su oficina.

Parpadeó.

Los chiflidos subieron de volumen.

Jim cerró la puerta detrás de sí, la mezcla de sentimientos provocadas, naciendo de una inmensa confusión.

En su escritorio, el elegante empaque bicolor blanco-negro, hizo un contraste atractivo con el rojo intenso de las rosas acomodadas en su interior. Jim duró un buen rato parado frente al arreglo floral, contemplando la ofrenda en silencio.

Tiró de la orilla del sobre para liberar el mensaje guardado. Tal vez todo tendría sentido, entonces.

"Porque te tengo y no.

Porque te pienso."

-BW.

Fue ridículo a su edad sentir el fondo de sus entrañas dar tremenda revolcada. Pero, sucedió. Jim releyó las dos líneas dos veces más, conociendo la letra de Bruce por primera ocasión dentro de un contexto tan surreal, dulce一Abrasador.

Jim acarició una de las rosas, odiando que su rostro estuviera compartiendo de su color.

Luego, carraspeó su garganta.

Guardó el sobre en su chaqueta y le ordenó a Vanessa traer un contenedor con agua fresca para las rosas. La mujer lo hizo con gusto.

Una hora después, Dent llamó a su oficina.

Sofía se había salido con la suya. Sería transferida a Arkham después de no aprobar su examen psiquiátrico. No había nada que se pudiera hacer para evitarlo. No todavía.

Jim se enfocó en las rosas, mientras la voz de Dent le ordenó mantenerse con la cabeza baja durante la movilización de Falcone fuera de Blackgate. "No atraigas más atención innecesaria a tu persona, ¿de acuerdo?"

Como si Gordon tuviera otra maldita opción.

Esa noche, mientras patrullaban los muelles, encontraron a dos vendedores de heroína atados, ahora a un contenedor de basura. Bullock tuvo la carcajada de su vida.

Quien fuera el causante de esto, todavía se encontraba en la vecindad de la escena. Jim se sintió observado. Siguiendo sus instintos, revisó el área mientras Bullock se encargaba de arrestar oficialmente a los dos rufianes de la noche.

Apuntó hacia lo alto de los contenedores de metal con su pistola, frunciendo su ceño.

Nada.

"Gracias por el regalo." Gordon gritó, haciendo eco entre las paredes de metal. "Pero, lo que estás haciendo es peligroso. Vigilantes trabajando fuera de la ley, son considerados enemigos del GPCD."

Con eso, Gordon regresó con Bullock.

No dejó de sentirse observado.


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Antes.

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Tan pronto como levantaron sesión, la primera pregunta fue la que Agatha había estado esperando.

"¿Esto significa que Thomas reactivará la dinastía?"

Agatha, aún con el antifaz, se sintió vulnerable. La mera mención de Thomas en el círculo, le causó consternación. "Mi hermano no está interesado en la Corona."

Peter Gordon se mostró escéptico. "¿Qué hay de los Kanes?"

A la cabeza de la mesa, Martha se elevó sobre su silla, colocando sus manos en la superficie. "Servimos el bien de la Ciudad, no la Corona. No tengo ninguna inclinación por gobernar sobre Gotham, y tampoco Thomas. Lo juro ante todos ustedes. Nunca… nunca los traicionaría de esta forma. Este Consejo se creó para mostrar que no necesitamos de los Wayne para cuidar de los intereses de Gotham."

"Pero te estás acostando con uno." Peter inyectó, filoso y conciso. "Con un Wayne, aclaro."

Agatha conectó su mirada con la Alfa, al igual que el resto. Para muchos, Martha podría dar la imagen de ingenuidad y gentileza. Pero, Martha había sido criada para este rol. Agatha sabía que había más facetas de las que la Alfa había mostrado hasta ahora.

La mujer había causado algunos cambios positivos en su hermano; aunque Martha Kane también había reforzado otros de los peores. Ambos eran dos aliados secretivos. Ahora, más que nunca.

"No fue planeado. Nada de esto."

"Nunca lo es." Peter reiteró. Luego, el hombre pareció tener suficiente del tema.

"Tenemos un problema mayor a la mano." Frank escogió ese momento para ingresar a la sala. Siempre tarde. "Ha sido confirmado. Falcone espera otro bebé con su más reciente conquista."

Hubo un suspiro colectivo. Agatha recordó a la jovencita que había apestado a cigarrillos el dia del funeral de su padre. Recordó su bolso lleno de canapés.

"Falcone lo hace adrede." Peter fue el primero en opinar, para la sorpresa de nadie. Siempre salía a la defensa de Carmine, de una manera u otra. "Entre más herederos, mejor para él. No podemos mantenerlo alejado por mucho más tiempo. Insiste en conocer a los miembros de la Corte. Si le negamos el acceso una vez más…"

Martha asintió. "Habrá consecuencias. Lo sé." Su mirada viajó hacia el asiento vacío a su derecha, donde su madrina debería estar sentada. "Katryn me ha aconsejado en sin número de ocasiones: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Sé que ella aprobará la decisión de invitar a Falcone a la Corte de Búhos. Voto a favor también."

Frank y Peter repitieron el voto a favor. Agatha tomó de su copa de vino, antes de dar a conocer su decisión.

"De acuerdo. Puede tomar mi lugar."

Todas las cabeza se dirigieron en su dirección. Agatha sintió la mirada de Peter sobre ella, pero lo ignoró.

"No tengo interés en seguir en la Corte. Sólo me uní en primer lugar porque creí que haría enloquecer a mi padre de la rabia. Al final, si se enteró, le importó un bledo." Agatha sonrió, haciendo brindis para sí.

Martha lo pensó detenidamente. "Si es lo que deseas."

"Debe de haber una razón para que quieras salir corriendo justo ahora." Peter Gordon refunfuñó.

"En la Corte de Búhos no tenemos miembros presentes en contra de su voluntad." Martha concluyó, manos entrelazadas de manera insegura. "Agatha Wayne. Eres despedida de la Corte."

Agatha no perdió tiempo. Se quitó el antifaz. Salió de la sala con una última mirada recorriendo a los presentes.

"¡Es una locura!" Peter la acorraló justo afuera de restaurante de comida china que utilizaban de frente. En el callejón, las luces de neón pintó la cara incrédula de Peter. "¿Qué rayos crees que haces?"

Agatha sacó su cajetilla de cigarros de su chamarra de cuero. "La mujer va a casarse con mi hermano. ¿Qué más esperas que haga? No puedo dejar que Thomas se entere."

"¿Justo cuando podemos formar un balance entre la Mafia y la Oficina de Fiscal, huyes con la cola entre las patas?" Peter la jaloneó del brazo. "Estamos tan cerca, Aggy. No puedes irte."

"Es la Mafia." Agatha enfatizó. "Falcone nunca, nunca, entregará su poder sobre la ciudad. A nadie. Míranos, somos una broma andante. Una Doctora, un Detective y un Fiscal de Distrito tratando de jugar a los superhéroes. Sentarnos todos los jueves por la noche a platicar de los chismes de la semana no sirve nada. Tu sigues haciendo el ojo ciego para proteger a Carmine. Frank sigue aceptando dinero sucio, ¿y yo?… Una espía que traicionó los secretos de su propio padre, para ser aceptada."

"Ayudaste. No hubiéramos logrado embargar los centros de lavado de dinero de Maroni sin la información que nos proporcionaste. Has estado ayudando a la ciudad. No te menosprecies."

Agatha soltó su brazo. Inhaló de su cigarrillo. Exhaló el humo. "Si Thomas se entera, nunca me lo perdonará."

"Tendrá que enterarse de que existimos, tarde o temprano."

"Y cuando lo haga, estará cegado por amor a su esposa. La perdonará. No será tan suave conmigo. No conoces a Thomas como yo."

Con un suspiro decisivo, Peter dejó el asunto descansar. "Necesito un favor. El último."

Agatha gruñó. Quiso rehusarse de inmediato, pero sabía que le debía una larga cuenta al Detective.

Peter sacó un sobre tamaño carta de su saco. Agatha sintió el grosor de los billetes dentro. "Ocupo que lo lleves al lugar indicado en el interior. Es para una informante."

Agatha abrió el sobre. Trescientos dólares en efectivo. Además, un post-in con la dirección de un punto usual donde policías y capos hacían trueques. Cuando leyó Maria Kyle, Agatha no lo podía creer. "¿Estás bromeando?"

Peter comenzó a alejarse. "Hoy a las 11:00 pm estará esperando en la lavamática de la calle Jefferson y Octava. Sólo dale el sobre y aléjate."

"¿La chiquilla está trabajando para ti?"

Los Gordon eran unos bastardos. Esto lo probaba. "Le di a escoger. Era servir de mis ojos bajo bastidores en la Mansión Falcone, o pudrirse en prisión. No quiere tener el bebé… por obvias razones. Fue un accidente. Con esto, puede lidiar con el asunto como se le venga en gana. Falcone ha regresado a Miami por el fin de semana. La chiquilla sólo tendrá esta oportunidad."

"Es el último maldito favor." Agatha tiró su cigarrillo al piso, aplastándolo con la punta de su botín.

El maldito último favor.


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Actualidad.

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Habían reporteros por todas partes.

"¡Muévanse!" Bullock comenzó a pitar en cuanto el auto estuvo en la cercanía del caos frente a las rejas de la Mansión Wayne. "¡GCPD! ¡Muévanse el trasero, vamos!"

Atascados entre la gente obstinada, Jim se salió del asiento del pasajero. "¡No tienen derecho de estar aquí! ¡Es propiedad privada!"

"¡Tenemos derecho a la libertad de expresión! ¡Estamos en terreno público acá afuera!"

El coro de apoyo del Gazette y demás tabloides fue ensordecedor.

Jim sacó su insignia. "Lo diré sólo una vez más: Abran paso o tendrán el derecho a permanecer en silencio en una celda."

No hubo una repetición de su orden, aunque la ola de quejas entre dientes no se dejaron esperar.

"Soy yo." Jim le indicó al intercomunicador instalado en el pilar de ladrillo. Las rejas se soltaron con un zumbido resonante, permitiendo que Bullock introdujera el Cadillac al ejido. Jim le siguió, procurando que ningún reportero se quisiera escabullir. Regresó al asiento del pasajero con un dolor en su cabeza tomando venganza.

"Y es sólo el inicio." Bullock se estacionó justo al frente de la entrada. Al bajar y dirigirse a la puerta, no fue Alfred quien los recibió.

"¿Por qué la tardanza, chicos?" Barbara les guiñó el ojo.

Sintiéndose escalofríos con la imagen frente a él, Jim la ignoró, abriéndose camino al estudio.

Frente al televisor instalado en el centro de la sala, se encontraba Bruce en primera fila, manos unidas en su regazo. Selina mordía de una manzana, semi-acostada sobre el sofá, fingiendo desinterés, aun cuando sus ojos estaban clavados en la espalda de Bruce.

Lee, apoyada cerca de la chimenea, conectó su mirada con la suya brevemente. A pesar del instintivo jalón que Jim sintió al verla, sus pies lo llevaron de paso, dirigiendolo hacia el televisor, donde la Conferencia de Prensa del Alcalde ya había comenzado.

"... impredecible cadena de eventos ha causado un impacto innegable en la ciudad. En más de treinta años, ninguna clase de apoyo de la Dinastía Wayne se había manifestado en la Cámara de los Funcionarios del Ayuntamiento…"

"Mis padres ayudaron a la ciudad desde siempre. Está mintiendo." Bruce gruñó.

A pesar de la tentación a apretar el hombro del muchacho, Jim se frenó. "Es la especialidad de los políticos. Torcer las cosas."

"Gotham fue fundada con el propósito de ser independiente, un símbolo de fortaleza. Metrópolis y Ciudad Star comparten nuestro idealismo, siendo las únicas ciudades restantes regidas por una Dinastía. No estoy negándolo. Esta son nuestras raíces… Sin embargo…"

"Aquí vamos." Bárbara murmuró.

"Los tiempos han cambiado. Gotham ha cambiado. Nuestro pueblo一"

Jim ya estaba suspirando, sospechando lo que estaba por salir de la boca del Alcalde.

"一ha cambiado. Tenemos libertad de escoger quien nos gobierna. Quien nos guíe. Bruce Wayne no puede someternos a su reino sólo porque… no lo sé, siente su llamado, o simplemente porque se encuentra aburrido. Hay regulaciones. Protocolos a seguir."

"¿Qué está diciendo, Alcalde? ¿Está insinuando que negaría la existencia de la Dinastía Wayne y su reclamo de poder porque Bruce Wayne no llenó las formas adecuadas?"

La interrupción sacó de su concentración a Wilkins, fue obvio. Así como las risas que brotaron de la prensa. "Mmm. Bueno. Sí."

"¿Tiene la autorización de negarle a Wayne su derecho de gobernar?"

La cara de Wilkins se enrojeció. "Si el Ayuntamiento lo cree conveniente一"

"¿Conveniente? Es Ley que un Wayne puede intervenir en el gobierno de su ciudad, si el Ayuntamiento está deshabilitado a hacerle frente a las amenazas recurrentes. Si usted le niega su reclamo a Bruce Wayne, entraría en guerra con la Dinastía. ¿O tengo mis hechos incorrectos, Alcalde?"

Wilkins golpeó el podio. "¡Un chiquillo no puede gobernar Gotham!"

Caos eruptó por toda la sala de conferencias. Reporteros se levantaron de sus asientos, y se perdió control de las preguntas. Wilkins ni siquiera había terminado su discurso.

"No es sorpresa que iban a armar un berrinche." Harvey fue el primer en romper el silencio. "Están acostumbrados a servirle a la Mafia, porque ellos también salen bien recompensados. Cobblepot por lo menos compartía sus ganancias con él y el Comisionado. No mirarán chiste en servirle a la Dinastía sin algo a cambio."

"La Ley es la Ley." Leslie citó, alzando sus manos al cielo de manera dramática. Mira a los Luthors. Después del fallecimiento del Rey Lionel, su hijo mayor Alexander Luthor tomó su lugar. Nadie parpadeó al cambio, y el chico es de edad aproximada a la de Bruce."

"La diferencia es que los Luthors nunca desactivaron su reinado. Metropolis siempre ha estado bajo su control." Jim añadió.

Leslie cometió un sonido de incredulidad. "Pueden patalear, pero no pueden ir en contra de la Constitución. Gotham fue fundada por los Wayne, no por Falcone o Maroni. Punto final."

"Y la gente estará desesperada." Bárbara inyectó, sintiéndose lo suficientemente cómoda para servirse más del whiskey en la mesa del centro. "Seguirán a Wayne. Con la adecuada estrategia de marketing, claro."

"Ni los Falcone, ni los Maroni tienen presencia ya." Bruce se levantó para apagar el televisor. Al darle frente a su audiencia, Jim conectó miradas con el Omega por primera vez desde su llegada. "¿Con quién más podría refugiarse el Alcalde, para intentar sabotearme?"

Jim pensó unos minutos, luego sus ojos se engrandecieron.

"Oswald." La voz de Bárbara le hizo coro a su propia epifanía. Ambos se voltearon a ver. Barbara alzó una ceja.

"Aunque si alguien más le lava el cerebro antes del Alcalce, podríamos tenerlo de aliado."

Harvey rio incrédulo. "¿Están bromeando? Cobblepot no tiene ni un centavo. El tipo acaba de salir del manicomio."

"Hablaré con él." Jim le interrumpió, ya odiando la idea de visitarlo, pero sabiendo que Bárbara tenía una fracción de razón. "Podríamos negociar con él."

"¿Por qué?" Bruce renegó. "¿Que acaso no fue por culpa del Sr. Cobblepot que llegamos a esta situación, en primer lugar? Fue por sus permisos para realizar crímenes que fuiste tras Don Falcone. Pensé que la idea era que el Pingüino terminara justo como ahora, sin poder y sin influencia."

Fue tanta la sorpresa ante la declaración hostil de Bruce, que Jim no supo cómo formular lo que sentía por un momento. Jim levantó su mentón en defensa; caminando en dirección del Omega.

"Bruce, conociéndote, dudo que no sepas el significado de la frase Mantén a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún más."

"¿Qué piensas decirle?" Bruce disparó de nuevo. "¿Y por qué crees que te escuchará?"

"No lo sé aún, pero pensaré en algo." El tono dejó en claro que sus acciones no estaban abiertas a debate. "Mientras tanto, necesitamos ser un frente unido." Se dirigió hacia Lee. "¿Cómo se ven las cosas en Los Estrechos?"

"Estoy trabajando en un terreno medio. Les puedo vender la idea de aceptar a Bruce, pero tienen que ver que no me estoy sometiendo a un líder extranjero. No después del abuso que Sofía les ocasionó. Dame más tiempo."

Jim inclinó su mentón. "Tengo que admitir, estamos en el mismo bote. El GCPD está partido justo a la mitad con esto."

"Entonces, forza a la otra mitad, Gordon." Bárbara recalcó. "Tendrán que subirse a bordo, tarde o temprano."

Jim esperó manifestar su mejor mirada de advertencia. "Mi gente no está en venta."

Harvey se puso de pie, atrayendo la atención de Jim. "Recibimos órdenes del Comisionado, lindas. Hasta nuevo aviso, no tenemos que meternos más de lo que nos incube en este asunto." El Detective señaló a sus alrededores con una mueca. "Técnicamente, no deberíamos ni estar aquí. Jim y yo no tampoco queremos perder nuestras pensiones."

Jim observó de reojo la confusión en la cara de Bárbara. Confusión que pronto se convirtió en diabólico deleite. "Oh, Bullock. Es gracioso que lo menciones一"

"Bárbara." Jim gruñó.

"Aw. Nunca me dejas divertirme." Bárbara hizo un puchero. "Y mentir con tu cara bonita no te ha servido de mucho últimamente. ¿En serio quieres seguir con esa táctica? Pensé que todos éramos amigos y deberíamos ser honestos dentro de este círculo de aliados."

"¿Qué demonios están diciendo?" Harvey miró entre los dos con ojos suspicaces. En segundos, Jim reconoció la expresión Estoy por escuchar otra pavada de mi querido compañero y probablemente lo querré matar. "¿Jim?"

Jim tragó saliva, manos en sus cinturas. Por detrás de Bullock, su mirada encontró a Bruce, quien hasta ahora se había mantenido en perturbador silencio. El chico lució incómodo, inseguro de involucrarse o no. Jim siguió sus vistazos en dirección de Selina.

¿Cómo decirlo? Este era posiblemente el peor escenario, rodeado de las peores personas para escuchar esta noticia.

"Harvey." Lamiendo sus labios, el Alfa tomó un paso hacia el hombre. "¿recuerdas cuando quise regresarte el título de Capitán?"

"Oh, por Dios." Harvey gimió. "Juro Jim que si me dices que seguiste con tu estúpido plan de entregarte a las autoridades, te romperé la nariz."

"¿Qué?" Bruce brincó de su asiento.

"No es eso, pero deberías saberー"

"Ya sé demasiado, ese es el maldito problema."

"¿Es verdad? ¿Intentaste entregarte a las autoridades?" Bruce se había deslizado hasta quedar frente a Jim en cuestión de segundos. Ahora, el shock de su cercanía le robó la voz a Jim por un momento. "¿Cuando pensabas contarme esa parte?"

Maldita sea.

Bárbara estaba sonriendo ante el espectáculo. Conocía el anillo en la mano izquierda de Bruce, y la maldita mujer estaba disfrutando de cada minuto.

Lee y Selina, por su parte, eran un monumento de confusión, ceños fruncidos en sospecha.

Jim levantó su mano, rodeando la mejilla de Bruce con suavidad. Esperó que el gesto dejara en claro lo que estaba sucediendo.

Su mano entonces cayó. "Tenía que intentarlo. No me necesitas, para hacer bien por la ciudad."

Bruce rodó sus ojos. "¿Estamos jugando a quien es el más mártir, de nuevo?"

Harvey levantó sus manos al aire, cerrando sus ojos. "¿Sabes qué? No quiero saber. No he visto nada." Comenzó a retroceder por la sala. "De todas las locuras que pudiste haber hecho, Jim."

"Esto no cambia nada."

"¡Cambia todo!" Harvey explotó, frenando justo en el umbral. "Pensé que habías aprendido tu lección, Jim. Ayer fue Sofía, ahora estás… ¡lo que sea que estás haciendo con Wayne! No vengas conmigo cuando te vuela en la cara esa clase de dinamita."

La salida melodramática se llevó con ella todo espíritu de trabajo en equipo. Selina saltó del sofá sin una palabra, siguiendo el destino de Bullock. Leslie estaba sonriendo, una letal arma de labios rojos y frialdad en sus movimientos.

"Eso fue divertido." Bárbara se levantó tras finalizar su trago. "Deberíamos hacerlo más seguido."

"Sal de aquí." Jim le escupió. "Disfruta tu buena obra del dia, mientras puedas."

"Sólo quería ayudar." Bárbara tocó su pecho con fingido dolor. "Sé qué tan difícil es para ti comunicarte con los demás, Jim."

"Babs." Leslie interceptó. Ambas intercambiaron una mirada de mensajes en incognito. Luego, Lee miró a Jim y tras asentir en su dirección, guió su propia salida junto con la rubia platinada.

A solas, Jim suspiró. Apretó el tabique de su nariz, mientra Bruce se encargaba de recoger las copas de cóctel que Bárbara había dejado regadas. Jim caminó por la sala con la misma intención, recogiendo cigarrillos abandonados de la alfombra que le habían pertenecido a sus invitados. Abrió la ventana para dejar la peste salir.

Una copa apareció en su periferia, servida de lo que pareció ser whiskey.

Jim miró a Bruce de reojo. Aceptó el tragó, sus dedos tocando los del chico en el proceso. Pasó la copa de su mano derecha a su izquierda, usando su brazo de inmediato para atraer a Bruce de la cintura. Una de las manos del Omega se sostuvo de su pecho.

Eventualmente, el cuerpo de Bruce se suavizó, su mentón encontrando un lugar para anclarse en el hombro del Alfa.

"Por eso no habías venido a verme, ¿cierto? Porque planeabas entregarte a la policía."

Jim tomó un trago. No lo negó.

"¿Considerabas verme… un riesgo?"

Silencio.

Bruce suspiró. "Difícilmente podría cambiar tu parecer sobre cualquier cosa, Jim."

Jim dejó la copa en la orilla de la ventana, todavía con líquido. Se tornó lentamente, apoderándose del cuello delgado del joven con recelo. Bebió algo más rico en significado, entonces. En el ángulo filoso del mentón de Bruce, la blancura de su tez. En el eterno descontento que siempre arrugaba el ceño de Wayne.

"No te subestimes, Bruce."

Las pestañas ya estaban cayendo, el pulso que Jim sintió bajo su pulgar, ya acelerándose, cuando Jim tragó el gemido de sorpresa del chico al besarlo con todas sus fuerzas.

El puño de Bruce torció la camisetaーel cuello, la corbataーacabando en la nuca de Jim, brindando dolor al intercambio con la fuerza de sus dedos en su piel. Besó de vuelta con poderío equitativo a lo que Jim estaba desatando.

Este maldito deseo.

Esta endemoniada chispa que luego se detonaba en pasión, sin coordinación o cautela. Jim forzó la boca de Bruce en ángulos imperfectos, su lengua invadiendo el paladar a su merced, sin consideración. Bruce maulló cuando sus cuerpo se oprimieron, Jim apresurándose a aplastarlo contra la pared. El joven abrió sus piernas en automático, dándole un lugar entre ellas.

Era un gran inconveniente. Que Jim no pudiera dejar de besarlo.

Gruñó, al sentir las manos de Bruce recorrer su espaldaーsu traseroーoprimiendo, jalando.

El Alfa le dio oportunidad de respirar, trasladando su boca por el cuello, por su lóbulo pálido. Succionó una marca en su pulso, y las piernas de Bruce temblaron.

"... cierto lo que dicen sobre Alfas." Brotó el murmullo sin aliento, mezclado con tono divertido y ligera arrogancia.

Jim arrastró su perfil por el cuello del Omega, hasta tenerlo cara a cara. "¿Sobre?"

Los ojos de Bruce eran dos pozos negros, su boca, una fuente de más líneas descarriladas. "Estamina."

Jim alzó sus cejas. "¿Oh?"

"Tenía que saber一Ah." Bruce cerró sus ojos un instante, sus caderas ondulando. "Tenía que saber… en qué lío me metía."

"Bruce." Jim gruñó en la oreja del muchacho. "No tienes ni la menor idea."

Sostuvo las caderas de Bruce y las alzó, apoyado de la pared. Bruce no tuvo la gracia inmediatamente para saber el propósito, pero al tercer intento, sus brazos de colgaron de Jim y su piernas se flexionaron en el momento adecuadoーJim gruñó con aprobación, apoyando los muslos del Omega para que sus largas piernas lo rodearan por completo.

"Jim." Escuchó el jadeo. "JimーDios."

Jim lo podía oler. La respuesta fisiológica de Bruce ante su compatibilidad. Podía sentir la humedad del pantalón Armani, ahora en fricción constante con el cinturón del Detective. Eran tan joven. Jim se lo recordó. Bruce no era como nadie con quien Jim había estado antes. Bruce era joven, inexperto, y muy posiblemente, todavía inconsciente de lo que su cuerpo estaba pidiendo. Sus feromonas se estaban adulzando, incitando, queriendo convencer a Jim de nunca detenerse.

Terminaron en el sofá, con Bruce siendo acostado, y el cuerpo de Jim siendo un desastre sobre élーla mitad en el aire, y la otra enredada en un joven lleno de hormonas y personalidad demandante.

Jim terminó riendo, cuando sus cuerpos no pudieron ponerse de acuerdo. Se separó, sosteniéndose del respaldo del sofá para recuperar oxígeno. Debajo, Bruce estaba riendo de igual cuenta, su rostro iluminado como el interior de una toronja.

"¿Te gustaron las flores?"

Jim rodó sus ojos. "Lo hiciste a propósito. Querías que todos se enteraran."

"No supieron quien te las mandó. Me aseguré de ello." Lamiendo su labio inferior, Bruce jugueteó con la corbata. "¿Entonces? ¿Te agradaron?"

"Mm." Jim se ocupó de retirarse los zapatos y su saco de vestir. Al terminar, dejó su cuerpo caer en el extremo opuesto, todavía jadeando. "Rosas rojas. Fue una buena elección. Espero le haya dado buena propina a la florista."

"Idiota." Bruce le arrojó un cojín en el pecho. "Las escogí yo mismo."

Jim sonrió de oreja a oreja, sintiendo su cuerpo arder con otro tipo de calor. Se tomó unos momentos antes de responder, su humor madurando a algo más suave. "Me gustaron."

Bruce fue el espejo de su sonrisa, totalmente satisfecho. "Se suponía que tenían que ofender tu hombría lo suficiente para que vinieras a regresarlas."

"Las puse en agua." Jim se encogió de hombros. "Hombría intacta." Masajeó una de las piernas del joven, notando el bulto que sufría aun en el regazo del Omega. Jim se obligó a frenarse, retirando su mano.

Bruce tuvo otra idea. Se irguió del sofá, conectando su mirada con la suya. "Quería que vinieras a verme. Pero eres un hombre obstinado, Jim Gordon."

Un suspiro salió del Alfa. "Me distraes." Acarició el mentón frente a él. "No puedo dejar que lo hagas cuando estoy haciendo mi trabajo."

"Cuando estás cometiendo acciones precipitadas sin consultarme, querrás decir."

"¿No te mordiste la lengua?"

Bruce sonrió hasta mostrar su dentadura. Tomó la mano de Jim y la apartó de su rostro. Al bajarla, la sangre de Jim corrió en una sola dirección, y lo último de pensamiento coherente dejó las premisas.

Apretando sus dedos con los de Jim sobre su erección, Bruce se impulsó hacia el Alfa, iniciando una cadenas de besos ligeros por su mejilla.

"Tócame."

Jim cerró sus ojos. Decidió que nunca se cansaría de escuchar a Bruce Wayne mendigarle al oído de esta manera. "¿Lo habías pensado antes? ¿Lo habías imaginado?"

Su dedos trabajaron en el botón y el zipper sin precipitarse.

Una exhalación de calor golpeó su oreja. "Sí."

Dios.

No había parte de Bruce que no fuera elegante. Jim pudo jurar que hasta su miembro tenía actitud, firme y esbelto en su mano. Sus caricias fueron experimentale en primera instancia. Lentas. Tortuosas para el bulto de hormonas que tenía convulsionando en sus brazos, tratando de dejarlo sin aire con sus besos.

Jim jaloneó de los pantalones y la ropa interior hasta que el regazo estuviera parcialmente desnudo. Las caderas de Bruce fueron una estructura pálida, virgen para los dedos que Jim apretó hasta marcar la piel. Encontró suavidad donde Jim no creyó que hubiera. Encontró dulzura, cuando creyó que Lee se la había llevado toda.

Descubrió que todavía era capaz de tejer romance con otra persona. Descubrió que todavía ofrecer placer, sin tener que involucrar intenciones alternas.

Dejó de besar a Bruce para poder divisar su cara. Bruce bajó su rostro, los sonidos saliendo de su boca aparentando una agonía que le fue foránea. Nueva.

"Oye." Jim besó su sien. Su puño apretó con más objetivo. Como lo había anticipado, Bruce se retorció en sorpresa, alzando su rostro con las sensaciones. "He pensado en ti también."

Bruce produjo un resoplido de aliento y sonido, su rostro mutando en un gesto de placer fisiológico. Su mano dejó de encajar sus uñas en su cuello para bajarーtocando el miembro de Jim sin titubeos, todavía dentro de sus pantalones.

"Diablos." Jim cerró sus ojos, porque fue demasiado. Demasiado. Bruce desabrochó su cinturón. Abrió sus pantalones. Y tocó a Jim con desesperación y mucho entusiasmo. Desde la base hasta la punta, Bruce fue brusco con su manipulación. Aun así, Jim no encontró de qué quejarse. No podía recordar haber sido tan deseado por alguien más al punto que Bruce expresaba. Lo nubló.

Pudo haber jurado que escuchaba campanas resonar en su cabeza.

Luego, Bruce se abalanzó, dirigiendo su cabeza a donde su mano se encontraba.

Jim tuvo la sensación de haber pateado algoーprobablemente la mesa. Con el cambio de posición, su propia mano fue dislocada de la erección del Omega, y un hilo de maldiciones salieron de su boca. No pudo ver. No pudo escuchar. Tiró su cabeza al respaldo y dejó que Bruce hiciera le que le diera en gana.

Sus propias manos tuvieron ingenuo propio. Jim sintió el cabello moldeado con producto en su mano izquierda, mientras su derecha sobaba la piel húmeda de un glúteo, quedando a su completo acceso.

Sus dedos se extendieron, rozaron más allá. Encontraron más viscosidad.

Bruce emitió una serie de vibraciones, su boca haciendo contacto con la punta del miembro del Alfa.

Jim recordó Tócame ー sus dígitos se deslizaron, cubriéndose en lubricación natural. Fue gentil. Estremeció al dueño con caricias aligeradas, apenas dejando sentir su presencia. Bruce, aun así, no pudo manejarlo. Su cadera se electrocutó y el olor a consumación llegó a las fosas nasales de Jim. El Alfa gimió con la presión de los dedos alrededor de su erección; jaló de la nuca del Omega, indicándole regresar.

"Bruce." Al borde de la urgencia, Jim atrajo al muchacho por entero a su regazo, rodeando su torso con sus brazos par darle la oportunidad de en verdad disfrutar del clímax que todavía le azotaba. -Tan joven. Jim se repitió. Poco le importó el desastre de eyaculación prematura manchando sus pantalones. Jim recogió el saco que había descartado y le cubrió las espaldas al chico. "¿Mejor?"

Bruce encajó su rostro en el pecho del Detective, todavía estremecido. "'Stoy bien."

Jim jugó con sus mechones despeinados. "Entonces dame a mi un segundo, porque yo no lo estoy." Su propia erección persistía entre los dos. Jim la ignoró, enfocándose sólo en el Omega. Las feromonas fueron una tormenta, junto con relámpagos. "Mierda, eso fue…"

Demasiado intenso. Demasiado súbito.

Bruce se reacomodó, jalando de sus pantalones y ropa interior. Jim sintió el frío del anillo de plata Sterling de nuevo en su regazo. Quiso oponerse, gruñendo.

"No seas ridículo." Bruce le besó la quijada. Sonrió cuando estuvieron a la misma altura. "Quiero verte."

Tomó poca estimulación para llevara Jim al clímax, y no supo que lo precipitó, si la intensidad en la cara de Bruce, o la agilidad de su mano.

Bruce lo abrazó en los momentos posteriores, imitando el gesto que Jim le había brindado. Jim nunca se lo diría, como nunca había sido así de suave con alguien más. Después de tener sexo, Jim no solía ser la persona menos perceptible a ser afectivo. No era de su usual gusto.

Con Bruce, lo dejó pasar. Culpó a la confusión de sus sentidos.

Les tomó media hora para reincorporarse, Bruce extendido por el sofá disfrutando de una breve siesta, con su piernas en el regazo de Jim.

"Lo siento." Jim le imploró al techo. "No debí tocarte de esa forma."

"No. Seas. Ridículo." Se le repitió, acompañado de una serie de ligera patadas. El Omega sonó ronco. "¿Ayudaría decirte que no fuiste el primero?"

La referencia lo llevó a recordar todas las noches de fiesta en las que Bruce debió haber extendido su repertorio. Recordó el stripclub, todas las chicas colgando del brazo de Bruce.

"No." Intentó sonar neutral al respecto.

Bruce se levantó sobre su codos, solemne, y con la marca del cojín impresa en su mejilla derecha. "De acuerdo. Fuiste el primero, pero confío en ti. Olvida todas las ideas prehistóricas sobre la Santidad del trasero de un Omega, por favor. Es ofensivo."

Jim apretó su tabique. La risa escapó de su boca. "Por favor, no midas tus palabras, Bruce."

"Lo digo en serio. Sé que hay toda clase de historias raras rodeando la sexualidad de Omegas. Mayormente inventadas."

"En mi experiencia, algunas tienen una pizca de verdad."

"Cierto." Bruce masculló, después de dejarse caer de nuevo. "Se me olvida siempre tu vieja relación con la Señorita Kean."

Jim hizo una mueca. "Lo siento. Debí haber traído el bozal conmigo hoy. En cuanto miró el anillo en tu mano, sabía que se desataría."

"No sabía que tuviéramos que ocultarlo."

Jim suspiró de nueva cuenta, aunque más por consideración, recordando las expresiones de Selina y Lee. "Supongo… que no quería que otra gente saliera lastimada."

"Ya lo están." Bruce rectificó, gran parte de su previa dulzura solidificándose en seriedad. "Y no podemos evitarlo."

Sólo entonces Jim se percató que el sonido de campanas no había sido figmento de su imaginación, y que al contrario, las campanadas se manifestaron de nuevo de manera más nítida y cercana a sus oídos.

"¡Maldita sea! ¡¿Cuántas veces tengo que agitar esta cosa?!"

"Alfred." En pánico, Bruce comenzó a abrocharse los pantalones, mostrando increíble agilidad en levantarse del sofá y darle un manotazo en la cabeza a Jim para callar sus nada-sutiles risas. "¡Aquí estoy! Alfred, ¿qué estás haciendo levantando? Deberías estar descansando."

"¡Estaría muerto a estas alturas, si no me hubiera movido! Llevo una hora tocando esta tonta campana y nada de usted!"

"Cielos. Eres insoportable cuando te toca ser el paciente. Vamos para arriba."

"Tonterías. Acabo de bajarー"

Para cuando Jim se sintió presentable, se les unió en el lobby. En la mitad de las escaleras, Bruce hacia su mejor esfuerzo por empujar a Alfred de vuelta al segundo piso.

Alfred lo vio y rodó sus ojos. "Ah. Eso lo explica."

"Arriba." Jim reiteró. Se unió a Bruce y ambos comenzaron a compartir el peso del mayordomo de regreso a donde pertenecía. Al llevarlo a su recámara, y obligarlo a acostarse, Jim sintió su móvil vibrar. Salió al pasillo, inspeccionando la pantalla.

Bullock.

"¿Te vas?"

"El deber llama." Jim respondió, al cortar la llamada y guardar el móvil en su abrigo. "Además, tengo que pasar a mi apartamento por un cambio de ropa."

"Luces bien desde aquí." Bruce le sonrió, su cuerpo apoyándose en el marco de la puerta. Una exquisita colección de moretones estaban apareciendo en su cuello. Tal vista le inyectó adrenalina y calor.

Estirando su mano, Jim acarició uno de los moretones. Fue desconcertante darse cuenta que no quería moverse de aquí. Quería permanecer con Bruce para apaciguar las marcas con su boca. "Lo mismo digo."

Bruce no esperó por mejor invitación para besarlo.


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Antes.

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La puerta de su apartamento estaba abierta una fracción, cuando regresó del supermercado. Agatha sabía que era intencional. El invasor quería avisar su presencia.

Agatha sacó su glock, después de acomodar la bolsa con víveres en el suelo, cerca del marco de la puerta. Al entrar, las luces estaban en tono medio por todo el pasillo. Camino lentamente, apuntando a una amenaza mayormente invisible.

En la sala, su mirada fue robada por un bulto cerca de la chimenea. Un bulto que temblaba y gimoteaba.

"Es el shock."

Agatha giró en la dirección en la ventana, donde la silueta de Hugo Strange le comunicó familiaridad.

"Mi más frágil creación. Tut tut."

"Strange. Me sorprendes. Nunca imaginé que tendrías los cojones para aparecerte por aquí."

"Agatha. Como siempre, tu modales dejan mucho que desear." Hugo vestía un impermeable oscuro, mojado por la lluvia. "Me temo que no tenemos mucho tiempo. Carmine insistió en que viajara con una escolta bastante disciplinada y leal a sus órdenes. Tengo que volver cuanto antes. No puedo pedirme el espectáculo."

Agatha apuntó a las ya mencionadas pelotas de la sanguijuela. "Tienes 5 segundos."

"Dios mío." Ofendido, Hugo apuntó hacia el bulto. "Te traje una ofrenda de paz. Un milagro andante, a decir verdad, considerando lo que Katryn tenía planeado para él. ¿Qué esperas? Muéstrate."

El bulto adquirió más forma, al escuchar el comando. Manos se materializaron de la manta gruesa que lo cubría como capullo. Su cabeza fue destapada de mala gana. El rostro que se le fue mostrado tenia moretones alrededor de sus ojo.

El corazón de Agatha cayó al fondo de su estómago. "¿Bruce?"

"Sujeto de prueba 514A, para ser más específicos. Rescatado de las quijadas de la muerte en el último momento por Don Falcone. Lo manda a tu cuidado."

"¿De qué demonios…?" Cabeza girando, Agatha bajó su arma ligeramente. Sujeto 514A. Otro experimento de Indian Hill. Otro error de juicio de Thomas Wayne. Mierda, mierda, mierda. "No es mi problema limpiar tus desastres, Strange."

"Entonces." Hugo limpió sus anteojos con su corbata. "Me temo que lo condenas a muerte. Eras su última oportunidad. Este Sujeto ha perdido su función de vuelta en Gotham. Carmine puso mucho en juego para recatarlo sin que Katryn se enterara. Que lástima… "

"Por favor." La voz rasposa le jaló hilos en su pecho que Agatha sólo asociaba a su sobrino. "No quiero morir. Haré lo que sea." Una cascada de tosidos le atacaron. Una línea de sangre salió de su nariz con la fuerza de sus convulsiones.

Enfurecida, Agatha reanudó su puntería. "¿Qué le pasa?"

"Como dije antes. No es la mejor de mis creaciones. Tiene imperfecciones. Fecha de caducidad. Sin embargo." El hombre apuntó a un refrigerador pequeño ahora instalado en la sala, la luz fluorescente en su interior revelando una hilera de envases de vidrio llena de sustancia amarillezca. "He creado un suero que prolonga su existencia el tiempo necesario. Nunca debe perderse una dosis. Además…" Abriendo su impermeable, Hugo extrajo un sobre grueso de papeles. "Nueva identidad. Cortesía de Falcone también. Necesitará cambiar su color de cabello. Usar lentes de contacto. Lo que sea necesario para no ser confundido por Bruce Wayne. Sean creativos."

Agatha bajó el arma. Respirando hondo se acercó al muchacho en el suelo. Al ayudarlo a levantarlo, comprendió por qué el chico había estado adherido a la chimenea. Su cuerpo estaba helado.

Bruce había tenido 6 años la última vez que Agatha lo había visitado. Aun así, Agatha reconoció a Thomas en el rostro frente a él. Tenía ferocidad en su mirada, que desconocía de su propio sobrino. Ferocidad por seguir con vida.

Agatha se levantó del sofá. Caminó hacia Strange, notando el miedo en su rostro de rata de alcantarilla. Nariz a nariz, Agatha le arrebató el sobre. Retiró el listón sirviendo de sello y sacó el primer cuarto de lo que pareció ser un Acta de Nacimiento.

Resopló por su nariz, leyendo los nombres listados como los padres de esta pobre criatura. "De un Wayne, a un Falcone. No el mejor de los trueques."

"Perder a su hijo hizo de Carmine un hombre más sentimental. Mario Falcone nunca existió legalmente de todas formas. Es la fabricación perfecta. Además… ¿quién pondrá en duda que hayas tenido un hijo previamente ilegítimo con el Don, considerando…"

"Aléjate de mi vista." Gruñó, sin levantar su mirada de la hoja. "No necesito un arma para dejarte sin testículos."

Strange se tropezó con la velocidad en la que quiso huir. Antes de salir de la sala, Agatha le escuchó murmurar a su creación algo críptico y poco útil, y después sus pasos se escurrieron fuera de su apartamento.

Al final, Agatha aventó el sobre a la mesa del comedor. Prendió un cigarrillo.

"Debo decirlo, no es como me esperaba toparme con la maternidad, pequeño."

No hubo respuesta más que un gruñido. Agatha se levantó para recuperar la bolsa con víveres. Cuando regresó a la sala, lo hizo con un emparedado de mantequilla de maní y un vaso de leche. Los colocó en la alfombra, hincándose frente al bulto.

"Come."

Eventualmente, una mano flacucha emergió, sus dedos largos desmenuzando el pan en trozos para ajustar las porciones mejor a su boca. Aparentó un perro abandonado en la calles, comiendo sin medida.

Al terminar, la gárgola vistiendo el rostro de Bruce le imploró por más, ojos hambrientos, saliva por todo su mentón.

"Lo más importante primero." Agatha le pasó el vaso con leche, ayudándole a sostenerse. Tras el primer trago, Agatha fue cruel, quitándole la ofrenda con dura disposición. "Dime qué demonios está sucediendo en Gotham."


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Fin de Parte 7.

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