Habían pasado 5 días. 5 días y aún no lograba asimilar la rubia , como de un momento a otro lo había perdido todo. Sin familia y sin hogar, ya nada quedaba de lo que había sido su vida. El sonido de una cuchara rozando las paredes de una taza de porcelana le hizo volver en si. Apoyó los codos sobre aquella mesa de madera y miro al hombre que no dejaba de mirarle con aquella taza en manos. Esa sonrisa la ponía nerviosa. Sus padres habían confiado lo suficiente en el como para dejarla a su merced. Le aterraba esa mirada, pero algo dentro de ella le gritaba que podía confiar en el, después de todo los 5 días que llevaba compartiendo su vivienda, el no había echo nada más que enseñarle sobre cocina y algunas otros que haceres de aquella casa, que a pesar de tener ama de llaves, también era alzada por Alastor, era un hombre al que le entretenían las cosas simples después de todo.
-Al..Alastor, hoy mi prometido vuelve de su viaje… me preguntaba si yo.- Se estremeció al notar que el hombre de sonrisa amplia le miraba con toda su atención.- Si tu, podrías contactarme con el de alguna manera.- Terminó con palabras seguras, siguiendo con la mirada a Alastor, que se había puesto de pie con su taza de café en manos. -Podrías traerlo aquí, y explicarle lo que a pasado .. el puede ayudarme y yo podría irme con el.- Sin responderle nada le rodeó hasta terminar detrás de su silla.
-Querida Charly.. oh que dulce es tu inocencia.- Dijo en un tono bajo, agachándose para aproximarse por detrás al oído de la chica.-Puedo comunicarte con el…-Le susurró.-Pero no puedo permitir que te vayas con el ¿Debo recordarte que ahora eres mía?.- Esas palabras le provocaron un nudo en el estomago. La proximidad le hizo poder respirar la colonia del hombre, era embriagante, le recordaba a la frescura del invierno. Charly Apretó los puños poniéndolos bajo la mesa. Seguía sin entender cuál era el trato que habían echo sus padres con aquel brujo ¿Para que la querría el? Los días que llevaba ahí se había dado cuenta de que no era un hombre normal, no le gustaba la proximidad con las personas, o más bien que los demás invadieran su espacio, pero el adoraba invadir el espacio de ella. Era educado y caballeroso en cierto sentido, pero también misterioso y raro. No entendía que podría querer el de ella.
Giró la cabeza hacia el, tratando de alejar su oído de la lenta respiración de Alastor, quedando a centímetros de su rostro. Ella nunca le había prestado atención. Su sonrisa destacaba por sus colmillos afilados, no eran anormales pero si afilados y sus ojos reflejaban calma. Tragó saliva y empujó la silla para ponerse de pie, haciéndole frente, llegándole a la altura del pecho.
-¿Para que me quieres aquí? No te soy de utilidad, no conservo la herencia de mis padres, todo se lo debió haber llevado el pueblo. ¡Quiero salir de, aquí! .- El solo le miro burlón Y tomó su abrigo.
-Andando Charly, camina rápido que tus piernas son cortas y no tenemos todo el día.- Salió por la puerta sin mirar si Charly lo seguía, está caminó a paso rápido tras de el poniéndose también su abrigo .
-¿A dónde vamos señor Alastor?.
-Querida ya te lo dije. Dime Alastor. No hagas preguntas, hoy no quiero hablar mucho.- Le ofreció su brazo para que caminara con el. Ella dudó, pero lo aceptó.
El camino le era conocido. Su rostro de comenzó a iluminar al darse cuenta hacia donde iban. Memorizo el camino. El brujo vivía en los adentros del bosque, frente al lago en una enorme casa que se rodeaba por una enredadera. Pero al pasar el bosque reconoció de inmediato que se aproximaban al teatro del pueblo.
Al ponerse frente a la taquilla, Charly inmediatamente reconoció a la hermosa chica de tez morena que atendía.
-Vagie?.- Pronunció ignorando por completo al hombre que se encontraba a su lado. La chica de la taquilla pegó un grito de emoción y salió para tomarla en un abrazo.
-Charly, como es que tú.. pensé que habías muerto.- Dijo en voz baja abrazando a la rubia
- Bueno, cobra dos boletos, yo esperaré en la sala querida Charly. – Se soltó del brazo de Charly en un movimiento rápido con una sonrisa, depositando un billete en el bolsillo de la camisa de la confundida Vaggie, quien lo miraba desconfiada.
-¿Quién es ese tipo?.- preguntó ella al ver cómo se alejaba aquel alto caballero con las manos por detrás. Charly suspiro pesado.
-Aun no lo sé Vaggie, mis padres le confiaron mi vida, sabes que el pueblo quería muerta a mi familia… No lo conozco aún, pero estoy tratando de ganarme su confianza, para buscar a Harold.
-¿Qué? ¿Tus padres te regalaron a ese demente? Charly, se quién es… toda mi gente lo conoce, es el brujo del pantano. No te dejes llevar por su apariencia refinada, no es un simple locutor de radio. Es peligroso.-Dijo alarmada tomándo a la rubia de los hombros.
-Se que es un brujo, mis padres lo sabían, por eso lo contactaron, pero el dice que hicieron un trato y...
-¡¿Un trato?! Hicieron un trato con el?!.-Le interrumpió consternada su amiga.
-Vagie, tranquila, no te exaltas, no aquí.-La rubia miró a todos lados y se acercó a ella aún más para poder hablarle más bajo.-Dice que le pertenezco y que hay magia negra tras de mi… Busca a Harold, dile todo, dile todo lo que pasó en el pueblo en su ausencia y que debe rescatarme.-Vagie trato de tomarla de la muñeca, quería correr con ella, había pensado que su amiga estaba muerta. Un escalofrío recorrió el cuerpo de ambas, y al girar su vista a la derecha miraron a aquel alto hombre parado en la puerta de la sala del teatro con una sonrisa y una mirada de curiosidad.
-Querida la función va a comenzar, ¿Vienes?.-Se aproximó a Charlie pidiendo su mano. Vaggie le miraba con el ceño fruncido, pero eso no borraba la elegante sonrisa de Alastor. Charly acepto su mano dedicándole una mirada de despedida a su amiga… Ella se sentía asustada, a pesar de que algo le decía que Alastor no le haría daño, no dejaba de temer a aquel "pacto con el más allá" que el tenía.
Se sentaron en la sala y comenzó la función. Una obra músical romántica a la que Alastor estaba bastante atento, sin embargo Charlie no se encontraba muy interesada, a pesar de que adoraba los musicales.
Al terminar la obra caminaron de vuelta a aquella casa escondida entre árboles y pantanos.
-Alastor, nadie a intentado asesinarme, estoy segura de que algunas personas me reconocieron .. quizá, no es tan malo, quizá al encontrar a mis padres…-Hizo una pausa arrugando un poco el entrecejo.-Muertos… tal vez… -Comenzó a bajar la voz, con tristeza, ya no tenía nada bueno que verle a ninguna situación por más que buscará. Alastor detuvo su paso y se giró hacia ella rodeando el pequeño cuerpo de la chica con un brazo.
-Querida por que no disfrutamos de la vista? Alguna vez habías dado un paseo por el espesor de los árboles junto a los riachuelos?.- Su voz sonaba para ella como si el extraño hombre le quisiera vender algo. Charly no respondió más que con una sonrisa incomoda, cosa que el ignoró y siguió caminando mientras tarareaba "It's been a long long Time" de Kitty Kallen.
Al mirarlo a unos pasos de distancia se percató de que en efecto, no se veía demasiado mayor, decir que era 10 años mayor que ella era exagerar. Era bastante alto y tenía porte, a simple vista, nadie pensaría que era todo un maestro del ocultismo.
Pasaron meses, en los que Charly había aprendido algunas cosas (o por lo menos era lo que ella pensaba saber ahora) Había notado la extraña fascinación de Alastor hacia las obras de teatro, sobre todo los musicales, había aprendido a cocinar, pero aún así Alastor prefería que lo hiciera Nifty o el mismo. Se debatía si Alastor era de gustos, excéntricos, es decir, si le gustaban los hombres, ya que ella se consideraba atractiva, pero no notaba nunca ningún tipo de interés sexual de el hacia ella, a pesar de que por distintas circunstancias la había llegado a ver en paños menores (No era un tipo que respetara mucho la privacidad de una puerta cerrada al momento de querer hablar con alguien, por lo menos no en su propia casa)
Le llegaba a parecer hasta gracioso. Recordaba aquel día en el que Vaggie la había ido a buscar exigiéndole a Alastor que la dejara entrar a verla. El solo le había cerrado la puerta para ir a buscar a la rubia, entrando a la habitación sin aviso, encontrando a una Charly en ropa interior. Laura chica solo había gruñido un "Hey" un poco molesta sin pudor de cubrir su cuerpo, cosa que había echo a Alastor solo proceder con la acción de arrojarle una bata de baño sin si quiera sonrojarse, para después darle la sorpresa de aquella visita.
La segunda vez había sido durante el baño, a pesar de ser una casa grande, solo habían dos baños y una tina , el baño se encontraba en el piso de abajo y el baño que también tenía tina en el de arriba, justo a lado de la habitación de el. Charly había entrado a darse una ducha, había llegado temprano de aquel pequeño sembradío que tenían en el patio trasero, no había visto a Alastor para decirle que había terminado los pocos deberes que se le habían asignado, así que solo se había entregado por completo a aquella grande tina. Cuando estaba dispuesta a salir, y apenas había estirado el brazo para alcanzar la bata de baño, Alastor había entrado dispuesto a recoger sus anteojos que había olvidado en la mañana y al ver a Charly con todo el pecho y dorso desnudos no se había ni avergonzado. "Querida es hora de comprarte otra bata de baño, ya has usado esa misma tres veces seguidas". Fue lo único que le había dicho sin una pizca de pena antes de salir.
Había aprendido también a perderle el miedo, le gustaba que a pesar de ser un hombre elegante y con porte, sabía cómo divertirse y solía estar lleno de energía cuando no tenía que hacer sus "trabajos" por que cuando los hacía, llegaba cansado y hasta le notaba adolorido y este era uno de esos días.
Charly se había estado viendo a escondidas con su prometido solo lo hacían unos minutos al mes, no quería levantar sospechas, ya que Alastor solo le permitía ver a Vaggie, no era un hombre que confiara en la gente del todo.
Le vio llegar y con una sonrisa enorme corrió hacia aquella cerca que rodeaba la casa en la que ahora vivía. Sin dudarlo tomo las manos de aquel joven de cabello negro, que portaba vestimentas del mismo color con detalles verdes.
-Mi Charly, muero por que escapes conmigo.- Susurraba con el rostro recargado en aquella barrera.
-Lo se Harold… pero lo mejor es esperar, Alastor no es quien crees que es… el me dejara ir cuando todo mejore.- El rostro de su prometido le decía a gritos que no le creia, desde que se habían comenzado a ver, el no descartaba la idea de acabar con el locutor de radio para llevarse a su amada.
No podían verse por mucho tiempo, así que se despidieron con un beso corto. Charly entró a la casa saludando a Nifty y solo le sonrió a Alastor, quien no tenía mucho de haber llegado de su trabajo. Charly no solía escuchar la radio, prefería escuchar la música de los vinilos, así que no escuchaba el segmento de Alastor muy a menudo, a menos que Nifty lo pusiera.
-Buenas tardes pequeña manzana!.-Saludo el, con esa sonrisa enérgica mientras le invitaba a tomar asiento en el sofá a su lado. Charly acepto la invitación dejándose caer al lado contrario del que le había indicado Alastor.
-Y bien dulzura, dime, cuáles son las buenas nuevas?.- La pregunta de Alastor la puso nerviosa, ya que la había echo con un tono casi insinuante ¿Acaso se había dado cuenta de aquella visita furtiva?. Rápidamente improvisó.
-Pues.-Murmuró mientras se sobaba las manos de manera nerviosa.-Pues hoy encontré al conejo que destruía los cultivos de papas, o quizá es una liebre, es decir es extraño encontrar un conejo aquí, pensé que primero llegaría a ver un cocodrilo o algo así.- Añadió una risita tonta. Cada vez hablando más rápido al notar como Alastor no dejaba de mirarle los labios. En un segundo Charly sintió como la mano de Alastor se posaba lenta en la mejilla de está, como una caricia, para después, pasar su pulgar por la comisura de sus rojos labios, como si una mancha le quitara. Charly palideció.
-Alastor no es lo que piensas.- Murmuró poniéndose de pie al mismo tiempo que el, pero este solo le sonrió negando con la cabeza.
-Que conejo tan escurridizo, lo mejor será poner trampas para evitar más roedores. -Charly no dijo nada más, solo lo miró retirarse hacia su habitación.
Alastor era uno de los muy pocos mestizos privilegiados. Su madre, una mujer sencilla pero hermosa de piel oscura se había enamorado de un ricachón pálido, quien se había esmerado en conquistarle, como resultado a su amor, aquel hombre tan alto y elegante llevaba su sangre mestiza y su piel canela en alto, callando bocas con elegancia ante el éxito de su estación de radio y sus "trabajos" que solo podían pagar aquellos que no sufrirían de mala economía. Charly debía hacer algo, tenía que entrar en su cabeza de una vez por todas, no quería que Harold se involucrará con el de ninguna manera, entonces, se le ocurrió una idea, quizá con una canción lograría ganarse la confianza del hombre, después de todo ese era su lenguaje favorito.
Caminó detrás de él, escuchándolo tararear aquella canción que últimamente no dejaba de pasar en la radio.
"Never thought that you would be
standing here so close to me.."
Cantó la chica en un tono dulce mirando al suelo, detrás de Alastor, este solo le miro por sobre su hombro con una sonrisa expectante alzando una ceja.
"…..there's so much I feel that I should say
but words can wait until some other day"
Continuó cantando con si femenina voz, mientras le rodeaba quedando frente a el, pidiendo permiso con la mirada para tomar sus manos de manera lenta, con algo de miedo. Alastor suspiró divertido y continuó.
"Kiss me once, then kiss me twice
Then kiss me once again
It's been a long, long time
Haven't felt like this….-Correspondió al agarre de sus manos, mirándola divertido.- my dear".
La voz de Alastor la tomo por sorpresa, era encantadora, le parecía increíble se arrepintió de nunca haberle prestado atención cuando tarareaba, era como si su voz fuera una grabación de aquella estación de radio, tan perfecta, que le dio escalofríos. Se enredó en los largos brazos de este sin pensarlo dos veces, dándole la espalda, como si su canto le hipnotizara, recargo su cabeza en el pecho de este, perdida en esa sensación que le cosquilleaba el estómago.
"Since I can't remember when
It's been a long, long time
You'll never know how many dreams".-Le respondió la rubia perdiéndose en aquellos brazos que le rodeaban por la cintura ahora.
"I've dreamed about you" .-Le cantó el, en casi un susurro al oído. Charly no lo entendía, sentía que su cuerpo se movió por si solo, como si fuera un sueño en el que el hombre al que inútilmente había tratado de persuadir con una canción, era el flautista y ella un ratón. Alastor continuó tarareando la canción, mientras la giraba hacia el y la tomaba de las manos, para hacerla bailar con el, de manera lenta, Charly podía jurar que escuchaba el instrumental salir de las paredes del lugar. Los ojos de Charly se miraban perdidos en los de el, y la habitación de la sala se había llenado de una extraña luz verde. De pronto parecía una pesadilla en la que ella no podía controlarse así misma. Al pasar por un espejo en esa lenta danza, en el reflejo se miró así misma con un hermoso vestido rojo gigantesco, como de princesa con destellos blancos, bailando con un demonio de sonrisa astillada. Al mirar a Alastor asustada, volvió a sentir esa sensación de sedación, ante esa profunda mirada.
Un impulso la empujó a acercarse a los labios de el, como si de la manzana prohibida trataran. Al estar a centímetros de el, cerró los ojos esperando ser correspondida.
"Nobady is gonna rain on my parade, my dear".-Fue lo último que escuchó antes de desplomarse en el suelo.
Se miraba así misma desde la altura, llorando de rodillas, sosteniendo en brazos a aquel demonio que había visto reflejado en el espejo. Gritaba desesperada un nombre que no distinguía mientras lo abrazaba aferrándose a el sobre una fría nieve cubierta de sangre. Y de golpe, despertó.
Estaba en una habitación enorme, sobre una cama grande con sábanas de seda escarlatas. Las paredes se adornaban con fotos y unas astas enormes de algún pobre animal que quizá alguien había cazado. Bajo la mirada para encontrarse a ella misma en ropa interior, una ropa interior que jamás había visto de color roja, no le asustó en lo absoluto. Se puso de pie con cuidado, algo le dolía.
Avanzó hacia la pared para mirar un cuadro en específico, de una elegante y bella mujer de raza negra que posaba a lado de un hombre alto, casi tan paliducho como su padre.
Eran los padres de Alastor, era mas que obvio. Los ojos y el porte de su madre y la nariz y sonrisa de su padre. En automático la tomó entre sus manos y avanzó sin querer hacia un espejo, en cuyo reflejo, se percató de una increíble cantidad de rasguños que adornaban sus blancas piernas. Soltó un grito totalmente asustada y la puerta de la habitación se abrió.
