"La Corona."
Por B.B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne (principal). Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Barbara Kean/Leslie "The Doc" Thompkins. Menciones de Bruce/Selina, Bruce/Otros, Jim/Sofía, y Jim/Lee.
Rating: Adult, porque Bruce es un menor de edad involucrado en actividades de embriaguez y conductas sexuales promiscuas. Y ni siquiera son inventos míos. Agradezcánle al canon.
Resumen: Post-4x11. Después de perder la jugaba ante Sofía Falcone, Jim busca una forma de recuperar el control de la ciudad. Sin embargo, lo que empieza como un simple plan de contraer nupcias de conveniencia con Bruce Wayne, termina siendo más de lo que Jim había estado buscando.
Continuidad: Universo Alterno de las temporadas 2, 3, y 4. Spoilers de 4x16 "One of my Three Soups."
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viii.
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"De repente, mis ojos se abren
Todo se enfoca."
-"Illuminated", HURTS.
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Bruce bajó a la cocina para encontrarla bajo ataque.
"¿Se te perdió algo?"
Una cabeza de rizos acaramelados brotaron de la alacena inferior. Selina.
Bruce bajó la varilla de acero que había cargado en protección, aun cuando las ganas de golpear a Selina no disminuyeron. Después de Sofía, toda invasión a su hogar lo sumergía a un estado de lo más hipersensible.
Selina lo ignoró, abriendo un frasco con mantequilla de maní. "Mejora tu seguridad."
"No bromeo, Selina."
"Tampoco yo. Que te sirva de lección. Si yo fuera tú, tendría a toda la Estación de Policía a mi completa disposición, sentados en el cespe de enfrente para cuidarte el trasero. ¿Qué no eres un Rey?"
Bruce había estado esperando la visita, tarde o temprano. Hasta la hostilidad, porque era el viejo estado al que Selina siempre recurría cuando no podía resolver sus emociones. "No es tan sencillo."
La chica robó una cuchara para llenarla de maní dentro del frasco. "Parece que sí… Viendo como tienes a todos arrodillándose ante su Majestad en Los Estrechos."
Interesante. Bruce frunció el ceño con detenimiento. "¿De nuevo espiando?"
"Trabajando."
"Como sea." Bruce ladró, asumiendo el mismo tono cáustico de Selina para pagarle con la misma moneda. Era demasiado temprano para enredarse en juegos de palabras. "Llévate lo que quieras, pero hazlo de manera callada. Regresaré a dormir."
Se dio media vuelta en el umbral.
"¿De vuelta a los brazos de tu dulce Capitán?"
Sus pantuflas frenaron sobre el piso laminado. Por dentro, Bruce echó porras por el resultado obtenido, Finalmente. Por fin, tendrían esta conversación. "Anchos también." Cruzado de brazos, Bruce regresóーsiempre regresaba a Selina, por más que ambos pelearan por mantenerse a distancia. "Bastante bien formados."
Selina lamió mantequilla de maní de la cuchara con todo el desdén posible. Su mirada se encajó en la de Bruce con una intensidad que le advirtió de las dagas que Selina tenía preparadas.
"Vi su auto afueraーpero honestamente, la peste los descubre de todas maneras."
La Alfa exageraba. Bruce no había hecho nada con Jim más que recibirlo a las 4 de la madrugada, guiarlo a la recámara de sus padres que ahora utilizaba como propia, y caer dormido junto con el hombre. Jim no había siquiera formulado palabras, absorto en cansancio, en sus demonios, o en una combinación de ambos.
"Difícilmente es nuestro problema que nuestra peste te moleste, cuando tú eres la que te autoinvitas sin permiso."
"Pensé que éramos amigos." La cara de Selina dio pie a una confusión de emociones que la volvieron más vulnerable al instante.
Bruce suspiró. "Lo somos." ¿Lo eran? Las líneas eran difusas a estas alturas, por más que Bruce confiara siempre en Selina Kyle. "Lo siento." El Omega sobó su frente por un momento. "Lo siento. Sé que… es extraño." Batió una mano al aire. "Todo esto."
Selina dejó el frasco en la barra con un fuerte impacto. Comenzó a caminar hacia Bruce, deteniéndose a una distancia mínima. "¿Extraño? Bruce, extraño no abarca ni una pizca de las locuras en las que te metes."
"Bueno." Bruce sonrió. "Vivimos en Gotham."
"Así que…" Selina tambaleo sus brazos lentamente, de izquierda a derecha. Dilatando el momento. Bruce se sintió hipnotizado por el movimiento, por la rara energía controlando a Selina de repente. "¿Es en serio, entonces?"
Oh.
Bruce tragó saliva. Imágenes recorrieron su cabezaーBesando a Selina por primera vez en la boca, nervioso y torpe en aquel tejado. Así mismo, vio el eco de las patadas de Selina contra su cuerpo, después del fiasco involucrando a Maria Kyle. Evocó la sensación de la mano de Grace Blomdhal enredada con la suya para llevarlo a la pista de baile, enseñándole lo que en verdad era besar con intención y química primitiva.
Bruce había besado a muchas personas desde entonces. Había tocado muchas palmas sudadas para ser guiado a la pista de baile, buscando por aquella adrenalina, ese vuelo que le blanqueaba la mente del recuerdo de Alex.
"Siempre haz sabido." Bruce deliberó; voz suave. "De mi pequeña fijación con él. Solías burlarte de mi."
-Tu grande y apuesto Detective Rizos de Oro. ¿Por qué no le das un besito por todas las veces que te ha salvado el trasero?
Los grandes ojos verdes de Selina lo cautivaron, ambos pasmados en el momento de quietud. Luego, inevitablemente, Selina bajó su mirada en la dirección de la mano izquierda del Omega. Bruce flexionó sus dedos.
"Era justo eso, Bruce. Una broma." Selina articuló entre dientes. "Diablos. ¿En verdad me obligarás a armarte una intervención? Lo que estás sintiendo… Puede ser una simple trampa de tus hormonas y nada más. Lo sabes. Podría ser una tonta fase causada por tu Compatibilidad con Gordon."
"Selinaー"
"¡Pasa todo el tiempo! Luego, la nube rosa en la que están flotando se desvanece y sigues con tu vida."
"¿Cómo nos pasó a nosotros?" Bruce afiló su voz para cortar justo en el núcleo del asunto.
Selina alzó su mentón, casi escupiendo su siguiente respuesta. "Exactamente. Y mira qué bien resultó."
Esta conversación no los llevaría a nada fructífero. Suspirando, Bruce se adentró a la cocina, pasándole de lado a la chica, buscando por una vaso con agua.
¿Cómo explicarlo? El anillo no le pesaba. Jim Gordon no le pesaba. Y deberían. Bruce debería estar petrificado por las consecuencias de lo que estaba por hacer. Un Wayne se casa de por vida.
El agua refrescó su garganta. Le ayudó a reagruparse. Se tornó para recargarse en el sink. Selina estaba cruzada de brazos, esperándolo, su traje de incógnito dejado poco a la imaginación, ahora que la luz del amanecer iluminaba la cocina. El cuero definió las curvas de su cuerpo de manera apetecedora; aunque Bruce sabía que la sensualidad era una trampa que Selina usaba en su beneficio.
Era un cuerpo que Bruce no había llegado a conocer, por más que las chispan tronaran y la atracción entre los dos fuera omnipresente.
Bruce todavía tenía el sabor de Jim Gordon en su bocaーDe cuando chispas habían evolucionado a fuegos artificiales.
"Selina, mi relación con Jim Gordon no es asunto de nadie, más que de nosotros dos. No quieras usarla de arma en mi contra." Como Sofía lo había intentado, y muchas otras personas querrían hacerlo. "Sólo puedo decirte que… es diferente. Diferente a todo lo que hasta ahora he tenido."
Selina comenzó a rodar los ojos. "Como quieras. Pero para rascarte tu comezón de bi-curiosidad, no tienes que casarte con él."
"¿Por qué no?" Bruce volvió a sonreír. "Tal vez quiera quedármelo. Es tan galante."
Selina levantó sus palmas enguantadas al aire, el último listón de su paciencia rompiéndose. Al parecer, dándose por vencida. La chica volvió a atacar el frasco de mantequilla de maní, acomodándose en la barra. Bruce se le unió, colocándose codo a codo con la Alfa.
"Mm." El hombro de Selina rozó con el suyo. "Pero ya hablando en serio. ¿Qué Gordon no tiene como trescientos años?"
La carcajada que prosiguió fue espontánea y totalmente natural. Contagiosa por igual. Al voltear hacia la chica, las mejillas rellenas de crema de maní temblaban con similar humor. En minutos, las risas obligaron a Selina a tomar agua para no ahogarse con la crema de maní pegada a su garganta.
Al calmarse, Bruce murmuró. "Te extrañaba."
Selina no retornó la confesión, pero la calidez de su expresión mostró todo lo que Bruce necesitó saber.
Luego, el momento pasó y Selina volvió a mostrarse nerviosa. Determinada.
"Necesito tu ayuda."
Ah. Bruce suspiró. "Quieres decir, necesitas dinero."
"Robé algo. Lo vendí y ahora quiero recuperarlo. Lo robaría, pero se trata de un traficante complicado. Así que… Necesito dinero." Fue obvio que Selina había preparado el pequeño discurso.
"¿Por qué no le pides dinero a Bárbara Kean? Se han convertido en grandes amigas, ¿que no?"
"Porque no quiero involucrarla." Selina estaba mirando a todas partes menos a su cara. "Bruce, te pagaré todo de regreso. Pero no tengo tiempo porque el traficante lo venderá todoー"
"Aun no me dices por qué quiere recuperar lo que vendisteー"
"¡Porque fue lo que robé de Ronald Charles!"
Oh. Bruce sintió sus ojos agrandarse.
"El científico que trabajaba en los laboratorios Wayneー"
"Que Ivy asesinó." Bruce interrumpió fríamente, dándose la vuelta para rellenar su vaso de agua.
"No sabía que Ivy haría algo así."
Era la excusa más lábil que Selina podía proporcionar. Aun así, Bruce sabía que la chica era sincera. Selina no era una asesina serial o una psicópata, sólo se juntaba con compañías peligrosas y cometía las peores decisiones. Tenían eso en común…
"…y yo sólo quieroー"
"Te sientes culpable al respecto."
Selina fue veloz en mal interpretar su estoicismo. "Si no quieres ayudarme, conseguiré el dinero de alguien más."
"Iré por efectivo." Bruce dio la vuelta para hacerle ver a la Alfa que no estaba enojado. "Y a cambiarme." Asintió hacia la alacena que Selina había estado asaltando momentos previos. "Hay galletas de avena en la lata azul."
Alfred todavía dormía gracias a su medicamento relajador de músculos que ayudaba a su hombro a sanar. Bruce le dejó una nota en la mesa de su alcoba, apoyada sobre su botella de agua. Lo difícil fue escurrirse de regreso a la alcoba de sus padres; ver a Jim Gordon dormir con rara quietud en el lado de la cama que Martha Wayne siempre había favorecido. Considerando que tenía dos horas apenas, desde que había caído sobre la cama, Bruce dudó que el hombre fuera a despertar tan rápido.
Al rodear la cama para llegar a sus botas, y pausar detrás de las espaldas de Jim, Bruce quiso tocarlo.
No se lo permitió.
Se cambió de atuendo en su antigua recámara.
La casa de empeño estaba abierta cuando arribaron. Rodeado de antigüedades, Bruce no pudo evitar husmear entre los artículos.
"¿Por qué espías los Estrechos si Leslie Thompkins es aliada de la Srta. Kean?"
"¿Huh?" Selina dejó de jugar con un casco de caballero de la Época Medieval para girar su rostro hacia él.
Bruce alzó una ceja.
Selina giró sus ojos. "Me pagan por mi confidencialidad también, por si no sabías."
"Te pagaré el doble."
Selina pausó. Su debate moral no duró ni dos segundos. "¿Por qué asumes que es Bárbara quien me manda a espiar?"
"Tienes razón." Bruce se acercó a una vitrina con hileras de joyas. "Pero de momento, sólo Kean estaría interesada en tener sus ojos sobre las acciones de la Doctora Thompkins, ahora que Sofía Falcone está bajo rejas."
"¿Por qué?"
Selina se posó a su lado. Bruce conectó sus miradas.
"Porque son amantes."
"¿Qué?" Un resoplido incrédulo salió de la nariz de la chica. "Oh dios, todo el alcohol dañó tu cerebro, Bruce."
"Jim me lo dijo." Un anillo de oro capturó su ojo curioso.
"¿Oh si? ¿Jim Gordon te dice todo, ahora?"
"Sólo cuando está de humor." Bruce sonrió levemente. El mohín no duró, sin embargo. "No estaba bromeando. Te pago el doble por tu información y por tus servicios."
Selina lo escudriñó. "Podrías contratar a alguien más."
"Confío en ti."
"O hacerlo tú mismo."
Bruce lo había pensado. Sin embargo, la vigilancia nocturna que ya realizaba, ya era el mayor de los riesgos. "No es el tiempo correcto, si alguien llegara a reconocerme. Sólo quiero saber qué exactamente Thompkins les está diciendo." El anillo lo atrajo de nuevo. Era una joya bonita. Pero demasiado llamativa. "Quiero saber qué es lo que necesitan."
Selina suspiró. "Medicinas. Thompkins solía tener una clínica privada para ayudarlos. Sofía la cerró cuando la Doc se rehúso a darle el 100% de las ganancias del Club de Pelea, y el resto, pues…" Selina movió su mano derecha en forma de garra. "Ya sabes el final."
"¿Y ahora?"
Selina se encogió de hombros. "Ahora, la mujer no puede operar y se comporta como una bruja amargada, cuchicheando con Nygma todo el día. Es Bárbara quien está mandando víveres para la gente que se supone Thompkins debería estar ayudando. Les da trabajo en el club a los más jóvenes para que no terminen robando. Pero, aun así, son muchas cabezas. Está haciendo propaganda para reavivar el Club de Pelea, al menos, para que la economía de Los Estrechos suba de nuevo."
"Qué… humanista… de su parte." ¿Sabría Jim de este cambio en la Srta. Kean? Dudoso. Jim parecía tener preferencia por Leslie Thompkins, que por Bárbara Kean. "¿Propaganda, dices?"
De repente, Selina fingió encontrar una maceta de lo más interesante.
"Selina, ¿qué clase de propaganda?"
"Gatita." Un hombre, presuntamente el dueño del lugar, salió de un cuarto trasero en ese momento. No lució feliz de verlos. "De vuelta tan pronto."
"Hola, Floyd." Selina gruñó entre dientes. "Voy a necesitar las cosas que te traje a vender el otro día."
El hombre -Floyd- hizo un buen teatro de acomodar una pequeña estatua en la mesa justo a lado de Bruce.
"Oh." Floyd tenía una nariz larga, y un matón de guardaespaldas merodeando la tienda. Bruce lo miró de reojo. "¿Te refieres a esto?" Floyd extrajo un bulto en un bolsillo oscuro. Cuando lo sacudió, la joyería dentro hizo ruido. "¿Lo que trataste de robar anoche?"
Bruce suspiró internamente, al oír esa parte. ¿Por qué Selina nunca decía la historia completa?
"¿Creíste que no revisaría las cámaras de seguridad?"
"Genial." Bruce gruñó, haciéndole una cara a Selina, a espaldas de Floyd.
La Alfa sólo rodó sus ojos.
"Pagaré el doble de lo que me diste."
"¿Crees que soy tu banco personal, gatita?" Otro matón salió de las sombras con la agilidad de una cucaracha, acechando a Selina por las espaldas. ¿Y acaso uno de los tipos acababa de sacar un machete? "¿Qué tal si tomo tu dinero y aparte me quedo con tu motín?"
Bruce tomó la estatuilla y la arrojó directo a las manos de Selina.
La pelea empezó en segundos. Bruce esquivó una machetazo que lo hubiera decapitado y prosiguió a utilizar todo lo que estuviera a su alcance como arma. Una mesa, una lámpara, un pisapapeles一hasta la vitrina que previamente había estado admirando.
Escuchó a Selina tener su propia riña, y no mucho tiempo después el sonido de su látigo一salvando justo a tiempo a Bruce de ser disparado por las espaldas. El disparo atravesó el techo, en lugar de su espina dorsal.
Con ambos matones caídos, y el brazo de Floyd suspendido por el látigo, Bruce se le acercó para quitarle el bolso con la joyas de su posesión.
"La próxima vez, acepta el trato." Para dar énfasis, le dio un derechazo, mandándolo a la inconsciencia.
"Lo tengo." Selina atrapó el bulto en sus manos. "¡Vámonos!"
Bruce sacó el dinero de su bolsillo y lo tiró sobre el cuerpo tendido de Floyd. Estaba por seguir a Selina, cuando recordó el anillo.
Lo encontró en el piso, cubierto de vidrio roto.
"¡Bruce, vámonos! ¿Qué esperas?"
"Ya voy." Gritó de vuelta, trotando fuera de la tienda para seguirla al callejón, y por consiguiente al tejado.
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"Llegas tarde."
"Y tú temprano." Jim gruñó, en cuanto subió las escaleras y miró a Bullock esperándolo. "¿Te crees mi niñera ahora?"
"Tienes visitas." Harvey apuntó hacia la oficina de Jim, mientras leia el periodico con sus piernas estiradas en su escritorio. "Yo que tú me portaba bien con mis semejantes y no me ganaba más enemigos con mi bocota."
"¿Visitas?" 11:45 am. Ciertamente era tarde para los estándares de Jim Gordon. No había dormido así de bien en años. "¿Quién?"
Justo entonces, la puerta de la oficina se abrió antes de que Jim tuviera el privilegio. Llegó a cara a cara con el Comisionado y detrás de él, sentado en el lugar de Gordon, al Alcalde Interino.
Que divertido.
"Comisionado Harkness." Jim emplastó su mejor sonrisa artificial. "Alcalde Wilkins. ¿Qué los trae de visita por el GCPD?" Entró con cautela a la oficina, colgando su abrigo rápidamente para no darle las espalda a tanto enemigo.
"Gordon. Necesitamos hablar." El Alcalde arrojó una copia antigua del Gotham Gazette. Bruce y Jim bailando.
Ah. Esa plática. "Harvey, entra aquí. Ahora."
"No es necesario." Harkness comenzó a protestar.
"Necesitaré un testigo." Gordon siguió sonriendo y viendo que el Alcalde no cedía su lugar, Gordon se mantuvo de pie, manos en su cintura. Cuando la cabeza de Bullock se asomó, lo hizo con cero entusiasmo. "Asumo que están aquí一"
"Cualquier tipo de conexión entre el Departamento de Policía de Ciudad Gotham y Bruce Wayne queda estrictamente prohibida." Tan impulsivo como en su conferencia, Wilkins fue al grano, desde antes de que Bullock pudiera cerrar la puerta. "Este tipo de comportamiento será sancionado de ahora en adelante."
"Jesús, María y José." Harvey murmuró, mientras retiraba sus anteojos de su rostro. Algo cotidiano para cuando Harvey se preparaba para ver puños volar. "Aquí vamos."
"Asumo," Jim subió su tono de voz, retornando a lo que había querido enunciar con anterioridad. "que está llegando a esta clase de precipitada acción para intentar desvincularse de la contienda política entre el Ayuntamiento y el reclamo de Gobierno de Bruce Wayne."
"Asume lo correcto, Gordon." Harkness era un hombre grande, con cero neuronas, pero una cara bonita. Un reemplazo peculiar para el difunto Comisionado Reynolds. "Mientras éste claro ataque a la paz de la ciudad sea一"
"¿Ataque?" Jim interrumpió. "¿Qué rayos hablan?"
"Ese chiquillo intenta hacer un Golpe de Estado y no lo permitiré. ¡La ciudad está conmigo, y a su vez, el GCPD debe ser un frente unido!" Wilkins era fanático de golpear las mesas además de los podios, al parecer.
Jim le dedicó una mirada llena de intimidación. "Cuidado. Acabo de nivelarlo."
Wilkins se hizo pequeño en su asiento一el asiento de Gordon一pero, desgraciadamente, no cerró la boca. "Sé que previamente haz estado involucrado en el caso de los asesinatos de los Wayne. Pero no más. No negociaremos con este tipo de terrorismo. Sé que has desperdiciado recursos, tiempo preciado, y gran número de nuestros hombres, para atender a las necesidades del territorio Wayne sin autorización nuestra. Perdiste a siete de nuestros mejores oficiales en vano tratando de proteger a este chiquillo de la Mafia, ¿y como lo agradece?"
"El GCPD." Jim pausó. Lamió sus labios. Conectó su mirada con la de Bullock. Lo miró asentir. "El GCPD le sirve a sus ciudadanos. Eso incluye a Bruce Wayne. No podemos negarle protección."
"Entonces, Gordon." Wilkins tomó el periódico y lo tiró al cesto. "Asume que se puede encontrar a alguien más calificado para llevar acabo mis órdenes."
"Mm." Jim hizo un sonido meditativo. "No lo creo."
"¿Perdón?" Harkness rió.
Jim se dirigió a la puerta y la abrió. "El GCPD sirve a esta ciudad. Una Ciudad que fue fundada por la familia Wayne. Sin olvidar, por su dinero. Si tenemos que llegar a ser técnicos al respecto, nuestra lealtad y dependencia económica van de la mano… con el chiquillo."
Harkness fue el primero en echársele encima, empujándolo en contra de la puerta de vidrio. "¿Tienes el descaro de decir esto, después de todas las oportunidades que te hemos dado de regresar a la Fuerza? Jamás hubieras sido aceptado de vuelta sino fuera porque Loeb lo permitió."
"¡Oigan, oigan! Eso es acoso a un oficial." Bullock se escuchó.
"Mi gente," Jim gruñó, empujando a Harkness del pecho. "hace el trabajo que ustedes no pueden. Nosotros somos los que perdemos hermanos y hermanas tratando de equilibrar la balanza en nuestro lado. ¡No como el Comisionado Reynolds o el Alcalde Burke! ¡Que aceptaban dinero sucio de parte del Pinguino para legalizar los permisos de crimen!"
Para entonces, Detectives estaba acumulándose por la estación.
Harkness abrió su boca.
"Tengo evidencia al respecto, así que… yo que tú, me apartaba de mi rostro."
Harkness rebuznó, pero retrocedió dos pasos. Jim respiró hondo. Acomodó su saco. El Alcalde Wilkins ya se había levantado para ese entonces, todo color exprimido de su rostro. Permaneció en la puerta, mirando a Jim como si el Alfa hubiera matado una docena de gatitos.
"Bruce Wayne es un peligro para nuestra estructura."
"Bruce Wayne no te pagará, querrá decir." Jim masculló. "Seré Capitán por el tiempo que mi gente quiera que los guíe, no cuando ustedes quieran castigarme por no callarme la boca."
"Caminas una línea muy delicada, Jim Gordon." Wilkins se le acercó para que sólo Jim pudiera escucharlo. "Te rehusas a seguir órdenes directas."
"Despídame. Mañana estará en todos los periódicos sobre sus tardes de té con Sofía Falcone." Aunque sonriendo, Jim tomó el hombro del Alcalde y lo apretó. "Admítalo. Su guerra con la Dinastía Wayne es un bebé que nació muerto. Si fuera usted, me alineaba al Reinado para mantener mi trabajo, al menos."
"Revolcarte con Wayne no te hace intocable." Fue el contenido detrás de la sonrisa falsa que Wilkins le dirigió de regreso. "Sólo demuestra que eres manipulable. El chico te masticará y te escupirá cuando termine contigo. ¿Y la mejor parte? Tu gente te odiará cuando se dé cuenta de haber sido vendida por una cara bonita."
Jim mantuvo su rostro impecable, mientras el Comisionado y el Alcalde le pasaron de lado, dirigiéndose a la planta baja.
Harvey fue una visión de espanto frente a él.
Jim emprendió su camino de regreso a la oficina. No logró llegar a su asiento, tropezando en medio camino. La mano de Harvey lo sujetó del ante-brazo para ayudarle a tomar asiento en la orilla del escritorio.
"¿Esto cuenta?" Jim gruñó, tras un momento de silencio. "¿Cuenta cómo jugar mi papel, Harvey?"
No era todos los días que Harvey Bullock se quedaba sin palabras. Jim supuso que hoy en verdad era especial.
Tacones avisaron de la llegada de Harper. La mujer proporcionó toda expresión que se ocupó para el momento.
"¿Qué mierda fue eso?"
"El Alcalde quiere que le demos la espalda a Bruce Wayne. Que lo bloqueamos del radar."
Vanessa alzó una ceja.
"Ustedes dos tienen un voto. Estuvieron en la Ceremonia de Coronación. Si creen que debería renunciar a mi puesto y dejar que Harkness tome mando del GCPD, díganlo ahora."
Esperó por el veredicto. Ni Vanessa, ni Harvey, levantaron su mano.
Con cierto nudo relajándose en su pecho, Jim asintió para sí.
"Creo que deberías decir la verdad." Harper añadió con meticulosidad en sus palabras. "Empezando ahora. Nos estás ocultando algo importante. Algo que involucra a Wayne."
"Harper, dale un momento al hombre. Casi se desmaya camino al escritorio."
"Estamos comprometidos."
El brazo alrededor de Jim se endureció. El cuello de Harvey tronó con la fuerza que el hombre giró su cabeza.
Vanessa levantó un segunda ceja. "¿Wayne y tú?"
Jim exhaló. "Sí. Se lo pedí… y aceptó. Para crear una alianza que tumbaría del poder a la Mafia. En teoría. Ahora, si seguimos adelante, tumbaríamos más barajas que solo las de Falcone, y eso incluye el Ayuntamiento y la mitad de los políticos de Gotham que tienen las manos sucias. Es una gran riesgo, pero estamos decididos."
Recuperando sus fuerzas lentamente, Jim continuó. "Les mentí. Les dije que tenía evidencia de que habían sido pagados por Sofía para quitármelos de encima por hoy, pero no tengo nada concreto, solo sospechas."
"Dilo entonces. Tu plan." Vanessa volvió a interrumpir, acercándose a ambos hombres. "Jefe, estamos contigo. Pero, tienes que actuar rápido antes de que el Alcalde movilice sus piezas. Gánale en su propio juego."
El repentino apoyo, dejó a Jim primero sin habla. Tal reacción había sido lo último que había esperado. Abrió su boca, pensando en que debería llamar a Bruce…
"Harper tiene razón." La voz de Harvey le hizo buscarle. El hombre se mostró enérgico con el plan; para su continua incredulidad. "Wilkins cree que solo estás acostándote con Wayne por hobby y un buen rato, no piensa que es algo tan serio como esto. Dios, es una maldita… ¡bomba de Hiroshima! Tienes que usarla."
De acuerdo. Jim se reincorporó. "Harper, llama a la prensa. Diles que haré un anuncio frente al precinto en una hora."
"Yo me encargo." Harper se apresuró fuera de la oficina. Jim no podía creer como se habían ganado a una oficial tan eficiente.
"Harvey." A solas, fue su primer impulso resolver las cosas con el otro Alfa. Para su sorpresa, Bullock sacudió su incertidumbre con una mano al aire.
"¿Honestamente? Ya nada me sorprende contigo, Jimbo."
Jim tenía su móvil en su mano para llamar a Bruce, pero al ver a Harvey empezar a salir de la oficina, le llamó por última ocasión. "¿Estamos bien?"
"Si no lo estuviéramos, te hubiera dejado que besaras el piso hace un momento." En el umbral, el Detective se encogió de hombros.
Sonriendo ligeramente, Jim acercó el móvil a su oreja.
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"¿Los regresarás?"
Selina no dejaba de torturarse, examinando los contenidos de la bolsa como si eso fuera a revivir a Charles.
"¿Podrías hacerlo tú?"
"¿Yo?" Bruce aceptó el vaso con hielos que una de la empleadas del Sirens le proporcionó en el bar. Prosiguió a vaciarlos en un trapo para colocar el bulto en su puño. "Por eso en verdad me buscaste."
Selina suspiró. "Ya vas a empezar."
"No se trataba del dinero."
Como la chica siguió evadiendolo, Bruce se alejó de la barra para sentarse frente a ella en una de las cabinas exóticas. "Selina. Tú no fuiste quien mató a Ronald Charles."
Selina siguió jugando con el collar de diamantes. "Pero yo estaba ahí… ¿Qué se supone que debo decir? Lo siento, robé tus joyas."
"Algunas veces, eso basta."
Era raro tener momentos de calma con alguien como Selina. La chica siempre estaba en movimiento. Fue un descanso que ambos necesitaron, y que no se sintió incómodo.
Luego, se percató de la voz de Jim.
Fue un sonido lejano, proveniente del televisor que estaban utilizando en la cocina. Aun así, Bruce siguió el sonido, tal canto de sirenas.
En blanco y negro, con mala recepción, el rostro tenso de Jim Gordon le daba frente a una docena de reporteros.
"… sido largos cuatro años en servicio de Gotham. Nunca me he arrepentido. He vivido. He sufrido pérdidas. Triunfos. Cada día, doy todo lo que puedo a la ciudad. Pero… no soy suficiente."
"¿Podrías subirle el volumen?" Selina pidió a uno de los auxiliares de cocina, quien tomó el control remoto para alzar el sonido.
"Creo en Bruce Wayne." Jim anunció directo a la cámara. "Creo en el bien que puede hacer por nosotros, como una comunidad. Pero no puede hacerlo solo. Es un trabajo demasiado grande."
"¿Cual es su punto?" Selina gruñó.
Bruce tenía una sospecha. "Diablos. Lo va a hacer."
"¿Huh?"
"… en el interés de un bien común, le propuse una alianza."
"¿Cual tipo de alianza, Capitán?"
Jim sonrió. Nada soberbio. Sólo una curva que suavizó su rostro. "Un matrimonio. Una alianza entre nuestras familias."
Bruce comenzó a buscar su teléfono. Gruñó frustrado, al no encontrarlo en ninguno de sus bolsillos. "Tengo que irme."
"¿Por qué no me sorprende?"
"Debió de haberme llamado, pero dejé mi teléfono en la Mansión. ¡Demonios!"
Jim estaba en la Estación de Policía. Si el fondo no resultaba obvio, los encabezados de EN VIVO fueron bastante claros. Bruce sintió el calor subirse hasta su cuello. Jim no debería estar realizando este paso por su cuenta. Solo.
"¡Espera! No puedes sólo irte tú solo, Bruce. ¡Te reconocerán! ¡Pónte esto!" Selina le arrojó unos lentes de sol, en el momento que lo alcanzó en la calle afuera del club. "Vamos, ya conoces el atajo de siempre."
A pesar del atajo, les tomó 40 minutos llegar al Precinto, puesto que el Sirens se encontraba en la parte Oeste de la Ciudad. La conferencia de prensa se había acabado para aquel entonces. Reporteros aún merodeaban el lugar y una concentración de espectadores abarcaba la entrada de la estación, personas girando en su propio eje como gallinas pérdidas, con el impacto del anuncio. Todos tenían algo que opinar y lo hicieron lo más escandalosamente posible.
Bruce se colocó su capucha. Luego, rodeó la cintura de Selina. "Piensa en algo gracioso."
A pesar de su breve agria expresión, Selina fue un camaleón, dejando salir una carcajada mientras sus cuerpos caminaron pegados por la acera. Su acto de tontos enamorados surgió efecto. Se mezclaron entre la multitud sin problemas, nadie dedicándoles un vistazo. Selina dejó de sonreír en cuanto atravesaron la entrada, separandose de él como si Bruce tuviera una enfermedad venérea. Si Bruce no tuviera mejores cosas en las que preocuparse, se sentiría ofendido.
"ーNo estoy obligandote a nada, Sánchez."
"¡Vamos a perder nuestros empleos por seguirte la corriente! ¡Tenemos familias que alimentar, Gordon!"
Jim, como siempre, era el corazón de la discusión. Estaba rodeado por oficiales en la planta baja, con Harper y Bullock flanqueándolo. "No vas a perder tu empleo. Ninguno de ustedesーLo prometo. Las consecuenciasーsi las hayーcaerán sólo en mi."
"Sánchez, vamos, desenreda tus calzones. ¿Cuál es el peor de los dos males? ¿Desafiar a la Dinastía Wayne, o a las ratas de siempre del Ayuntamiento?"
La planta baja fue sumergida en murmullos y comentarios. Mayormente positivos para Gordon.
"Si hubiera obedecido las órdenes de Wilkins, estaríamos en guerra abierta con la Dinastía. Hubiera más separación, cuando lo que quiero es que todos trabajemos juntos. Sólo intento… hacer lo mejor por la Ciudad. Por todos ustedes. En todo caso, Wilkins me despedirá y pondrá a mando al Comisionado Harkness como la peor de las consecuencias."
"No puede despedirte." Bruce intervino, ganándose la instantánea atención del precinto. Frenó con el impacto, pues tantas miradas se sintieron como un golpe conjunto a su estómago.
Jim actuó de barrera al instante, posicionándose en medio de sus hombres y el Omega. "Es el Alcalde, Su Majestad."
El título paró a Bruce en seco. Aclaró su garganta, terminando de bajar los escalones. Observó sus alrededores con detenimientos, haciendo contacto ocular con algunos de los oficiales de manera conscientes. Chiflidos vinieron de las celdas, un par de prostitutas llamándolo Su Majestad de manera provocativa. "Como Capitán del GCPD, haz logrado detener al Profesor Pyg y a Sofía Falcone. Te haz desarrollado espléndidamente en tu labor. No hay razón lógica para despedirte."
"Con el debido respeto, ningún funcionario está pensando lógicamente justo ahora." Jim comunicó con ironía, todavía dándole las espaldas. Lo que siguió de su boca, fue una orden firme, aunque libre de tiranía. "Regresen a trabajar."
Todos comenzaron a hacer justo eso, pero resultó cómico como al pasar cerca de Bruce, sus cuerpos parecieron hacer corto-circuito, bien enterados del status del chico.
Un Detective dobló su rodilla derecha, cabizbajo por un instante para mostrar una muestra de respeto. Sólo entonces, Bruce comprendió.
La etiqueta.
"No. No tienen que一"
"Su Majestad." Jim interceptó. "Debe dejar que mis oficiales sigan con el protocolo adecuado. No quisiera que se metieran en problemas por romper la Ley."
El Detective Bullock siguió la corriente, retirando su fedora de su cabeza para hacer otra reverencia. "Su Majestad." A partir de tal muestra一proviniendo de alguien tan irreverente en un dia normal一los naipes cayeron.
Movimiento revivió en el Precinto paulatinamente, conforme los diferentes oficiales prestaron sus respetos de una manera u otra一la mayoría obligados, de mala gana, y con ligero aire de torpeza一para después darle seguimiento a sus labores.
Cuando finalmente Jim se tornó hacia él, Bruce se apresuró a plantar una mano en su pecho. "Tú no."
"Eres un Rey, Bruce." Jim cuchicheó, su mano atrapando la del Omega.
"Exactamente." Bruce endureció su espina dorsal. Convicción reafirmó su tono de voz. "Por lo tanto, no eres su igual, Jim Gordon." Bruce sintió el corazón del Alfa palpitar bajo su palma. "Se tienen que acostumbrar a ese hecho también."
La quijada de Gordon se flexionó notoriamente. Le costó digerirlo, su nueva realidad. La realidad de ambos. Empatía conmovió a Bruce de igual forma.
Al menos… se tenían el uno al otro. Bruce sonrió con la revelación. "Bajo ninguna circunstancia te quiero arrodillado frente a mi." Luego, el Omega parpadeó con deliberado humor. "Aguarda. Pensándolo bien..."
"Santo Cielo." Jim resopló por su narices, soltando su mano, y emprendiendo camino a la planta alta. "No sé qué tipo de hombre piense que soy, Su Majestad. Pero tiene la idea equivocada."
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La oficina apestaba al habano que Wilkins había estado fumando sin su permiso. Jim abrió su ventana, encendió su ventilador, y cuando ni eso surgió efecto, tomó uno de los expedientes para echar aire. "Ese cerdo de hombre. Juro que si desniveló mi escritorio, le clavaré una estaca en el trasero."
Escuchó la puerta cerrarse. Se tornó hacia ella con curiosidad, y encontró a Bruce Wayne observándolo desde el umbral, manos escondidas detrás de su espalda.
"¿Qué pasa?"
La intensidad en la mirada oscura del muchacho le desconcertó. Que Bruce no ofreciera una explicación inmediata, no ayudó con sus nervios.
"¿Bruce?"
"Perdón." Bruce sacudió su cabeza. "Por un momento pensé que el Capitán Barnes había intercambiando cuerpos contigo."
"Ha, ha." Jim rodó sus ojos, sus mejillas calentándose. Sintió ridículo, en igual cuenta. ¿Sonrojándose sólo porque un adolescente le desnudaba con la mirada? -Ya madura, Gordon. "¿Alguna razón en particular que decidiste visitar, además de venir a pulir tus habilidades de comediante?"
"Me lastimas." Bruce se retiró su saco de vestir. "Yo creyendo que me necesitabas de apoyo moral."
Jim se encogió de hombros, ya en su asiento, donde pertenecía. "Mil disculpas. Te hubiera invitado al espectáculo, pero no atendiste ninguna de mis llamadas."
Bruce rodeó el escritorio, ignorando el asiento para los invitados. "Sí. Sobre eso…"
"¿Olvidaste tu teléfono en tu otro saco?"
"Veo que Alfred te lo informó."
"Es su especialidad."
Sumergido en un humor investigativo, Bruce tocó todo a su paso. Los gabinetes, las estatuillas que le habían pertenecido a Essen. Las medallas conmemorativas de Barnes. Las pocas fotografías que Jim recién había agregado a su escritorio-una foto de sus sobrinos, y otra de su madre. Bruce pasó sus yemas por todos los rostros de los distintos Gordon, nunca dilatando el contacto por más de un par de segundos.
"¿Qué no venías con Selina?"
Eso funcionó para sacar al chico de su exploración. Haciendo una mueca, Bruce murmuró una maldición. "Se vengará después por desecharla así, estoy seguro."
"¿Linda cita?"
Bruce sonrió con misterio. Dejó de manosear a los fantasmas de la oficina para colocarse justo a su lado sobre la esquina del escritorio. "No me diga que siente celos, Capitán."
Jim rió suavemente. "Sería lo más infantil del mundo."
La sonrisa del Omega sólo se alargó, mirada sobre el escritorio. "Eso no suena a negación."
Jim posó su mano firmemente en la pierna más cercana que tuvo del muchacho. Apretó sus dedos para obtener su entera fijación. Azul con caoba se entrelazaron, miradas adhiriéndose.
"Ven a cenar esta noche." Bruce le murmuró. "Te mostraré una verdadera cita."
"Mm." La mano migró de la pierna cubierta en mezclilla oscura a la punta del mentón del muchacho. Por un breve momento, Jim intentó conciliar al mocoso arrogante y descarada que había encontrado en la celda del precinto, semanas atrás. La farsa había caído, el frente frío derretido, para dar a luz a lo que Bruce siempre trató de fingir no existía: dulzura. Un buen chico, con un buen corazón. "No he tenido una cita en años." Su última cita había sido con Valerie Vale, y Jim no se sentía orgulloso del poco esfuerzo que le había puesto al asunto.
"Puedo cocinar." Parte del bravado de Bruce se perdió en la delicadeza con la que Jim estaba tocando su rostro. Bruce ladeó su rostro hacia sus dedos con una sonrisa adormilada por la interacción de feromonas entre los dos. "¿Tienes algo en especial que te gustaría probar?"
"No puedo pensar en algo más." Jim deliberadamente recorrió al Beta de pies a cabeza con sus ojos. "Sorpréndeme."
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Fin de Parte 8.
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NdA: ¡Perdón por la tardanza! Mucho trabajo y aparte mi perrita se lastimó su espalda… Tengo que hacerla de enfermera con mi bebé. Este capítulo iba a ser más largo, pero decidí dividirlo y mejor subir lo que tenía de una vez. Sin embargo, el proximo episodio será First Date Style. Será adorable. ¡Bruce cocinará!
