"La Corona."
Por B.B. Asmodeus.
[+]+[+]
Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne (principal). Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Barbara Kean/Leslie "The Doc" Thompkins. Menciones de Bruce/Selina, Bruce/Otros, Jim/Sofía, y Jim/Lee.
Rating: Adult, porque Bruce está fuera de controooool.
Advertencia: UNDERAGE SEX.
Resumen: Post-4x11. Después de perder la jugaba ante Sofía Falcone, Jim busca una forma de recuperar el control de la ciudad. Sin embargo, lo que empieza como un simple plan de contraer nupcias de conveniencia con Bruce Wayne, termina siendo más de lo que Jim había estado buscando.
Continuidad: Universo Alterno de las temporadas 2, 3, y 4. Spoilers de 4x16 "One of my Three Soups."
[+]+[+]
ix.
[+] + [+]
"Tienes ese poder
sobre mi."
-Dermot Kennedy ("Power over me").
[+]+[+]
Bruce fue fiel a su palabra.
"¿Qué miras?"
Jim parpadeó, todavía sosteniendo la botella de sidra que había traído para la ocasión. No podía procesar la imagen frente a él, Bruce, cubierto de harina, amasando, en medio de la cocina remodelada.
"Estás cocinando." Todo apuntaba a pizzas caseras. Su estómago gruñó con tan sólo imaginar el sabor. "Cocinando de verdad."
"Sí, Jim. Éso fue lo que dice que haría." Bruce había puesto tanto gel en su cabello, que había rizado su fleco como antiguo actor de películas de blanco y negro. "Llegas temprano."
"Créeme, si me hubiera quedado diez minutos en la oficina, no hubieras salido del todo."
Ya recuperado de la ofensa que Jim había causado, el Beta le sonrió. "De acuerdo. Puedes ayudar con la salsa."
"¿O con algo menos vital?" Jim se retiró el rompevientos, colgandolo en el respaldo de una de las sillas del comedor. Había hecho un esfuerzo. Había cambiado su camiseta del día por otra de vestir azul profundo que había tenido guardada en su casilleroーporque sabía que resaltaba el color de sus ojos. Se había quitado su corbata para remarcar que no estaba en horas de trabajo y había comprado la maldita sidra que costaba la mitad de su renta. "Hay una buena razón por la que no cocino."
"No entres en pánico." La sonrisa se alargó. "Sólo faltaría calentarla."
Genial. ¿Prender una estufa? Pan comido.
"¡No dejes de batirla!" Bruce le instruyó una vez que Jim vació la salsa en la olla que Bruce ya había tenido lista para usar. Le entregó la cuchara de madera con solemnidad y altas expectativas. "Espera a que hierva."
"Sí, señor." Jim murmuró para sí. "¿Quién te enseñó a cocinar?"
"Solía ser el ayudante de mamá."
Ah. Jim había esperado el nombre de Alfred.
Bruce comenzó a alargar la forma de la primera pizza. "No siempre tenía tiempo para hacerlo, pero decía que le ayudaba a relajarse…" Movimientos extravagantes que Jim sólo había presenciado en programas de cocina prosiguieron a ser aplicados a la masa. Jim estuvo hipnotizado por el arte. Por la voz del Beta. "Empezamos con galletas, pero luego me dejaba escoger los condimentos de las pizzas… Era su comida favorita, a decir verdad."
Martha Wayne. Amante de la pizza cualquiera, en vez de algún platillo francés de nombre impronunciable. Jim, no por por primera ocasión, sintió decepción por no haber conocido a ninguno de los Wayne antes de su fallecimiento. Para gritarles, o felicitarlos por el hijo que criaronーNunca estaba seguro. Algunos días, presentía que los métodos de crianza de Thomas Wayne habían dejado mucho que desear.
La salsa hirvió.
Bruce prosiguió a enseñarle a como agregar los condimentos a sus pizzas. Cuando Jim sólo se limitó a agregar peperoni a la suya, Bruce le dedicó una ceja alzada en crítica.
"¿Sólo eso?"
"Dejame ser. Soy un hombre de sabores simples."
"Eso veo. Apenas le has agregado queso." Un puñado de pimientos verdes fueron arrojados a su pizza. Jim combatió el ataque cubriendola con sus manos.
"¡Oye! Encargate de tu propio platillo"
"Tus sabores necesitan ser expandidos." Bruce apuntó hacia todos los diversos ingredientes que tenían a su disposición. "Dios, tan siquiera ponle algo de tocino. Es importado."
Jim rodó sus ojos. "Mi corazón no me agradecerá el colesterol, pero gracias por la oferta. ¿Siguiente paso?"
Bruce resopló a carcajadas. "¿En serio estás preguntando?"
"Tú eres el Chef." Jim se acercó al lavamanos para enjuagarse el olor a queso. Escuchó a sus espaldas a Bruce abrir el horno. "Cuidado."
"Mm-hmm." El chico ciertamente estaba bien preparado, utilizando un guante de cocina en su mano derecha para introducir las dos pizzas en el amplio espacio dentro del horno. Cerró la parrilla con un sonido de satisfacción. "Listo. Ahora, esperamos veinte minutos."
Jim recordó la sidra. Extrajo dos vasos de cristal de uno de los gabinetes donde recordaba que Alfred los guardaba. Bruce, siempre el curioso, lo siguió al comedor, sonriendo mientras lo observaba abrir la botella y servirles a ambos.
"¿Cómo supiste…?" Bruce murmuró sin dejar de sonreír, ruborizado por más razones que el calor del horno.
Jim le cerró el ojo en coqueteo. "Bruce. Investigar es lo que hago para vivir." Descubrir el tipo favorito de bebidas no alcohólicas de Bruce Wayne no había sido un trabajo muy duro. Alfred había cantado como canario. Le dio su vaso a Bruce, antes de dar su primer trago.
"No debiste molestarte. Sé que es bastante caro."
"Bruce." Jim alzó una ceja. "Por favor, nunca jamás repitas esa oración."
Bruce levantó su vaso para chocarlo con el suyo. "Gracias."
"Seguro." La sidra, por lo menos, no resultó tan dulce como Jim había temido. Burbujeante como la champaña, pero con una patada ligera. "Es lo menos que podía hacer, si ibas a cocinar."
Bruce rodó sus ojos. "¿Aunque no me creíste que hablaba en serio hasta que me viste?"
"Detalles."
Bruce rio libremente ante su respuesta, dejando el vaso ya vacío en la mesa. Le retiró a Jim el objeto gemelo, su objetivo obvio, cuando Jim fue rodeado en instante por el joven y sus largos brazos.
Jim exhaló ante el contacto, el gesto dejándolo pasmado por un segundo. Eventualmente, estrujó al Omega con reciprocidad, rodeando la cintura de Bruce con sus propios brazos.
El olor.
¿Por qué Bruce olía tan bien, todo el maldito tiempo?
Las manos del Omega encontraron su camino a las franjas de su rostro, capturándolo en el momento, y en lo que se avecinaba. Jim cerró sus ojos en anticipación, labios aflojándose con el dócil deseo pulsando por todo su cuerpo. El beso fue algo simple, comparado a todo lo que ya habían compartido. Bruce presionó su boca con extrema delicadeza a la suya. Como un primer beso debería ser, todavía inducido por sensaciones de amor platónico.
Sus mentones se apartaron sin prisa.
Jim parpadeó, uniendo su mirada con la del joven. Parte del aliento caliente de Bruce le sopló contra su rostro, naciendo de una inesperada risilla.
"¿Qué pasa?" El Afa raspó, indeciso en cómo reaccionar.
"Es sólo que…" Bruce batió su rostro de un costado a otro, todavía entrelazado a Jim de pies a cabeza. "Me cuesta creerlo todavía."
"¿Qué cosa?"
El joven bajó su rostro ligeramente. "Que está sucediendo." Sus ojos subieron y bajaron en muestra de lo que se refería, apuntando entre Jim y su persona. "Una cosa era imaginarlo como ridícula fantasíaー"
Fue el turno de Jim de resoplar. "¿Fantasía?"
"Culpo a la pubertad por completo." Bruce gruñó. "No dejes que se te suba a tu cabeza."
Demasiado tarde. "¿Haz fantaseado conmigo desde tu pubertad?"
Bruce le golpeó el pecho. "Dijeー"
"¿Cómo no lo noté?" De divertida sorpresa, intriga le clavó hondo a Jim al intentar recordar algún momento donde el aprecio de Bruce Wayne hubiera mandado mensajes más allá de amistad.
Rodando sus ojos, el Omega prosiguió a liberarse del abrazo del Detective. "Porque soy así de bueno."
"Siempre mostraste interés por chicas." Jim meditó en voz alta. Se sirvió más sidra, analizando las espaldas del joven conforme Bruce regresaba al horno a revisar el estado de la cena. "La sobrina de Galavan. Selina. Claro, exceptuando tus más recientes… aventuras."
El rostro de Bruce estaba tan rojo como la salsa de la pizza, al darle la cara. Aparte del vivo color, sin embargo, Bruce estuvo vacío de expresión. Sólo una ceja a los cielos. "¿Ya terminaste?"
Jim levantó su mano libre de la copa. "No estoy juzgando."
"Pasé los últimos años de mi vida reprimiendo sentimientos. ¿Por qué todos actúan tan sorprendidos de que haya, por fin, liberado parte de esa energía frustrada?"
Aquella era una reveladora manera de ver los pasados hechos. Jim frunció su ceño. "Tienes razón." Enunció, gentil. No queriendo terminar de espantar a Bruce tanta transparencia de sentimientos. "Creo… creo que una parte de mi lo sospechó."
Bruce se congeló en plena acción de colocarse los guantes de cocina. "¿Saber qué?"
Jim caminó hacia el chico, pausando del otro lado de la barra. El recuerdo se expandió en su mente, algo breve y preciado que había guardado por años, siempre vinculado a uno de sus momentos más oscuros. "Cuando Nygma me disparó en la pierna."
En Bruce, miró lentamente, el recuerdo siendo reflejado. A lo más que el Omega expresó fue una curva de su boca retorcerse.
Jim tragó saliva. "Cuidaste de mí." Siempre era difícil remontarse al año cuando había estado preso en Blackgate. Todavía dolía, haber caído tan bajo. Sin Lee. Si el bebé. Sin su trabajo. Con el áspero trato del mundo rodeándolo en aquel entonces, le había sorprendido a Jim encontrar una cara conocida en una choza descuidada, a lado de Selina. "Tendiste mi herida. Me trajiste aquí."
Bruce se mostró colgando de un hilo, atento a cada una de sus palabras.
Jim le retiró el guante de cocina de su mano izquierda, su pulgar cubriendo parte del anillo de compromiso. "Me cubriste con una manta."
"Pensé que habías estado dormido." Bruce acusó, voz no tan firme.
Jim sólo se encogió de hombros. En el momento, había clasificado el detalle como una rareza. Un presentimiento. Nada más. Atrajo la mano de Bruce a su boca, brevemente plantandole un beso a sus nudillos, antes de dejarla ir de vuelta su amo.
En segundos, un torbellino lo arrojó de su eje en la forma de Wayne. Sacar la cena del horno pasó a segundo planoーlos guantes fueron rechazados, la espalda de Jim crujió en queja, una silla de la barra fue empujada fuera del caminoーtodo se redujo a dos cuerpos haciendo colisión en un lugar inesperado, bajo circunstancias inimaginables.
"Me gustas." Bruce enunció directo a su oreja, mientras Jim besaba su cuello. "Me gustas mucho."
La confesión le pesó a Jim; un yunque atado a tu tobillo hundiéndole más a este mar que era Bruce Wayne.
Jim se dejó jalar de la camiseta a direcciones nebulosas. Saliva humedeció la mitad de su rostro con el senderos de besos que el Omega fue plantando sin coordinación en donde tuvo oportunidad. Ambos se desataron. Algo que ya se estaba haciendo costumbre.
"No puedo parar." El jadeo fue arrancado de algo más recóndito en su interior que su mente o su pecho. Jim temió averiguar la verdadera fuente. "¿Qué hiciste? No puedo parar, con un demonio."
Bruce le empujó hasta lo hondo del elevador de servicio. La reja de seguridad fue puesta en su lugar y en momentos, la cabina vibró con movimiento.
Jim rió entre besos. "El hornoー"
El blanco de los dientes fue muestra de la sonrisa de Wayne. "No tengo hambre."
"Me refiero…" ¿A donde se había ido sus poderes de coordinación? "Un incendio."
"Se apaga…" Bruce gimió al sentir las manos del Alfa masajear su trasero. "... automáticamente."
Era una locura. Jim sabía hacia donde apuntaba todo esto, y si hubiera estado inclinado a pensar con cabeza más fría, hubiera frenado su inminente desenlace.
Lo intentó.
Fuera del elevador, a tres pasos de la recámara a la que Bruce estaba guiándolo de la mano, Jim lo intentó. Sus zapatos se plantaron en la loza encerada, su brazo extendido por la insistencia de Bruce en arrastrarlo a la madriguera de conejo.
Cuando Bruce se tornó en su dirección, su entrecejo torcido en impaciencia, Jim lo intentó.
"No puedo medirme cuando estoy contigo." Jim susurró. "Pasamos esta puerta, no sé qué pasará, Bruce."
Bruce sólo jaló con más fuerza, impaciencia pronto madurando en determinación.
Jim lo intentó.
Falló.
[+]+[+]
Bruce estaba seguro que nunca había enunciado tantas maldiciones en su vida. La mitad de ellas, no estaba seguro de dónde las había adquirido, en primer lugar.
Sobre él, Jim sólo lo observaba, el azul de sus irises inexistente. Bruce sólo miró negro. Rojo. Amarillo. Tonalidades, que según su investigación, nacían de la completa posesión de instintos Alfa sobre cualquier otra facultad.
Sus rodillas flexionadas temblaron, electrocutadas en vaivenes interrumpidos de sus caderas.
Al respirar, Bruce sólo se olía a sí mismo. Le avergonzaba.
Le avergonzó la facilidad. El poco trabajo que Jim Gordon tuvo que aplicar, para obtener la rendición de su centro húmedo.
"Dios." Bruce mordió su labio brevemente, su puño retorciendo el edredón con fuerza. "Dios mío, dios mío…"
"¿Así?"
El maullo extraído de Bruce fue el única aliento. Los dedos de Jim repitieron la acción, ondulándose justo en la entrada de su cérvix, tentando justo la orilla del hueso y una afortunada zona de nervio vivos.
"¡Oh!" Bruce no tuvo advertencia, de repente, la explosión lo tuvo tieso, el orgasmo cayéndole encima. De su boca, más sonidos similares se escupieron sin consciencia, sus músculos interiores apretándose alrededor de los dígitos de Jimーla cruda sensación fue algo que Bruce nunca podría poner en palabras.
Los dedos revivieron de nueva cuenta, ahora más suaves que antes, al salir. Bruce se retorció mínimamente ante la sensaciónーel sonidoーmuslos ensimismándose en instinto. Jim, mano alzada en precaución, buscó a sus alrededores por algo con que limpiarse. Bruce tragó saliva con la imagen.
"Hay toallas en el baño." Murmuró, perfil aplastando contra el edredón. Al poco tiempo, observó al hombre seguir sus indicaciones, todavía vistiendo la mayoría de su ropa.
Bruce suspiró, atrapado en el ensueño, y algo de nervios. Su cuerpo rotó sobre su costado, en la dirección del lado de la cama de Thomas Wayne.
Siempre había opinado que la recámara de sus padres era demasiada fría. Bruce se percató de que por este momento perdido, el frío se había extinguido. El calor palpitó en la habitación, las feromonas Alfa y Omega reclamando todo el espacio a su alcance.
La cama se movió ante el regreso de Jim. Bruce aspiró, sintiendo el contacto de piel desnuda contra su propia espalda.
Estirándose alrededor de su cintura, la mano de Jim limpió el semen corrido sobre el estómago del Omega y parte de los muslos cubiertos en residuo. La toalla había sido humedecida con agua caliente. Bruce suspiró, sus pies aún en calcetines oscuros, frotándose entre sí.
Torció su rostro, sabiendo por quién buscar.
Al encontrarlo, el cuerpo entero de Bruce se estremeció.
Se preguntó si así se habían sentido Kean, o Falcone. Dándole cara a un hoyo negro.
-Es gentil, recordó. -Nunca había hecho el amor con alguien tan gentil.
Bruce percibió los vellos de las piernas del Alfa, ahora adhiriéndose a las suyas, rubios en contraste a los propios castaños. Le causó cosquillas. Cosquillas que Jim hurtó de su garganta con sus propios labios. Sus manos, su lengua, su vozーBruce fue envuelto, absorbido en el hoyo negro.
"Demonios… Eres lo mejor que he probado."
El gruñido de Jim retumbó por sus huesos. La mano derecha del Alfa mapeó su torso, su estómago, su pecho, y al final, retornó a la erección que volvía a encontrar entusiasmo. Bruce sintió el resoplido de Jim entre sus bocas; impresionado.
Bruce no esperó permiso para girar su cuerpo hacia el otro hombre. Al encontrarlo de nuevo cara a cara, el Omega sonrió. "Hola."
Jim recorrió toda la longitud del costado del Omega con su palma caliente, mirada nunca cambiando de enfoque. "Hola, Bruce."
Bruce lamió sus labios. Sus ojos bajaron al pecho del hombre, que por muchos años, había sido un misterio. Sólo en una ocasión, había Bruce echado un vistazo de la forma y la musculatura del torso frente a sus ojos. Le entristeció ver más cicatrices que las que recordaba. Delineó una de ellas, cerca de su corazón, siguiendo el camino de sus dedos con sus labios. Besó la marca, saboreando restos de colonia.
Jim Gordon era un hombre de cuidado; un soldado. Su cuerpo fue la más clara evidencia. Sin embargo, a pesar de las señales de lucha, Bruce encontró suavidad en lugares donde ángulos debieron haber sido más pronunciados. Alrededor de su cintura, un pliegue de músculo débil cedió a su apretón.
Nunca dejando de sonreír, Jim sólo rodó sus ojos.
El siguiente apretón fue sobre un glúteo, una parte de anatomía bien cultivada. Bruce se ganó una palmada en su cadera por su descaro.
"¿Decepcionado por la realidad?"
Bruce rodó su ojos. "No seas absurdo."
Jim no accedió a la broma, luciendo pensativo. "Lo digo en serio. Desearía…"
"¿Qué?" Bruce acercó su rostro, acomodando su brazo inferior debajo de su propia cabeza.
"Es tonto." Gordon ladeó su perfil, lejos de Bruce. "Pero desearía que pudiera ofrecerte algo mejor. Sólo soy este… Alfa viejo, que casi no duerme porque tiene pesadillas, o porque simplemente el último caso no deja de girar en su cabeza. Tengo un temperamento del que muchos rehuyen; tomo demasiado café. Y respecto a relaciones." Una mueca acompañó lo último. "No es el mejor récord, Bruce."
Bruce consideró lo dicho. "Me parece bien. Grandioso, inclusive."
"¿Mn?" El perfil de Jim regresó de contemplar el candelabro del techo, verdadera curiosidad en su rostro.
Bruce asintió con firmeza. "Piénsalo bien. Si eres tan terrible como dices, nos dejarán en paz."
"Huh." Jim deliberó, después de un momento. "No lo había pensado de esa forma."
"¿Ves? Te casarás con una mente brillante."
"Brillante puede ser debatible."
Antes de que las protestas de Bruce lograran manifestarse, Jim se apresuró a besarlo. Lo besó, y lo besó, tomando su tiempo, construyendo desde cero aquel estado de urgencia, que los había unido desde el inicio.
En un movimiento súbito, Bruce fue empujado sobre sus espaldas. Gimiendo, se dejó cubrir por el Alfa, ahora completamente desnudos el uno frente a loto, en más maneras que la física.
Bruce abrió sus piernas. Jim calzó justo a la medida entre los espacios vacíos de sus cuerpos. Fue una explosión. Estrellas brillaron por dentro de los párpados del Omega con el apretón de sus erecciones; torsos juntos. Jim lo manejó todo con experiencia nata, emprendiendo una serie de embestidas largas y lentas. Su boca dibujó un sendero desde la boca de Bruce, a su mentón, a su cuello, a su clavículaーSuccionando justo en el pulso que estaba por hacer efecto ricochet fuera de la piel de Bruce.
En instantes, Bruce fue incapaz de pensar.
"Estás listo tan rápido, cariño." Jim le susurró.
¿Cómo responder? ¿Cómo procesar tal cosa?
Su cuerpo lo hizo por su cerebro, sus piernas alzándose alrededor de la cintura del Alfa. Eso ayudó con la fricción. Sus manos eventualmente fueron guiadas a la altura de su cabeza, capturadas por el mismo Jim sobre el colchón.
La soltura de su fisiología lo tuvo derramando lubricación por segunda ocasiónーsobre sus regazos, sobre la sábana, en Jim. Bruce dejó caer su rostro, tragándose una bocanada de aire.
Sus manos fueron soltadas. Bruce no las movió. Con sus párpados semi-caídos, siguió lo movimientos de Jim, curioso. Ansioso.
"Arriba." Jim palméo sus caderas, obteniendo una rápida respuesta. Entonces, una almohada fue colocada debajo de su trasero. "Bien. Perfecto."
Bruce tragó saliva. -No lo soy. "Apresúrate."
"Calma." Con una sonrisa, el hombre apareció en su línea de visión, ahora despeinado y tan agitado como Bruce. "Necesito que te relajes, ¿de acuerdo?"
"Estoy…" Listo. No tan listo. Ansioso. Más que ansioso, petrificado. Pero sobre todo, lleno de hormonas y maldito deseo. "…relajado."
Jim acarició su pecho, otorgando calma. "Respira."
Bruce lo hizo.
"Mmm. Justo así." Vino el murmullo desde las alturas, Jim en pleno proceso de acomodarse entre sus piernas. El azul había vuelto a sus ojos. "Maldición."
Bruce parpadeó, aturdido.
Jim se retiró de él, dejándolo presa al frío de la habitación por primera vez. "¿Jim?"
"¡Espera! Demonios, juré que tenía uno por aquí…"
Alzándose sobre sus codos, Bruce frunció su ceño. Encontró a Jim de regreso en el baño, revisando su cartera, previamente descartada en sus pantalones de vestir. "¿Tener que?"
Jim emprendió el regreso. Al dejarse caer en la cama, le mostró a Bruce un paquete pequeño, cuadro y brillante. "Esto."
"Oh." Bruce se sintió como un tonto, por no haber pensado con anterioridad lo importante que un condón era en el asunto. "No estoy en mi ciclo."
"No es excusa para no usarlo." Jim abrió el paquete con cuidado. luego, titubeó, el paquete todavía entre sus dedos. "Por favor, dimeー"
"Sí, Jim, sé cómo usar un condón." Bruce se acostó de nuevo. "Tuve la clase, y la primordial práctica de la banana."
"Grandioso. Sólo espero que la banana no haya sido el límite de tu práctica."
"¡Oye!" Bruce rió con incredulidad; 99% de su ego bastante ofendido.
Jim se acomodó en la orilla de la cama con un guiño, y el famoso condón ya cubriendo su erección. "Bromeo."
Bruce abrió su boca. La cerró. Al final, se decidió por una patada. "En contra de la opinión pública… no protagonicé… Ah… cada orgía hecha en Gotham por los últimos… Ah… tres meses."
Jim no dejó de acariciar su erección suavemente; mirada fija en Bruce. "De acuerdo. ¿Sólo un par de ellas, entonces?"
"¡N-No!"
Jim gruñó. "Bien." Luego, se dedicó a destruir lo quedaba de coherencia en el cerebro de Bruce.
-Dios, oh mierda, mierdamierdamierda. Nada lo preparó para sentir los labios del Alfa alrededor de su erección. Un fusible reventó en su cabeza; su sistema colapsó, ojos cerrados, extremidades laxas sobre la camaーferomonas nublaron los sentidos del Omega.
Relajate-relajate-relajate.
Fue una verdadera batalla el hacerlo, el ceder, darle el poder a otra persona por entero.
Sus manos se anclaron a los hombros de Jim, en cuanto lo tuvo cerca de nueva cuenta. Ambos respiraban al unísono por oxígeno, en este punto sin mucho que decirse, el uno al otro.
Como Falcone lo había prometido, Jim Gordon fue gentil.
Bruce sintió presión. Luego, algo más visceral. Ligero dolor, como un músculo cansado después de boxear. Más presión. Más calor. Una fiebre.
"Oh… Oh." El Omega escupió entre bocanadas de aire. Jim lo observaba, preocupado, ojos oscuros de nuevo. Bruce se aferró a su cuello, no sabiendo cómo hilar en palabras lo que sentía. Sólo pudo asentir, para indicarle que podía continuar.
La presión continuó y la fiebre montó en intensidad.
Lo que siguió, fueron meras sensaciones.
[+]+[+]
A pesar de sus tendencias psicópatas, Sofía siempre había sido callada. Por lo menos en la cama, había sabido darles las riendas a Gordon. Lee también, mayormente por ligero temor al temperamento de un Alfa, por más que había negado lo contrario. Bárbara había sido la excepción, llena de fantasías y palabras sucias. Siempre había tenido un repertorio de ideas extravagantes, más nunca había sido vocal, en momentos de placer.
Bruce… fue algo nuevo.
"Mierda." El muchacho gimió por sexta vez en los últimos diez segundos. "Oh, mierda, mierda. Jim."
"Sssh." Jim no supo qué besar para calmarlo. Ya había saboreado todo. Tenía al chico rodeado con sus brazos, sus cabezas acurrucadasーalgo más íntimo que la unión de sus cuerpos en este preciso momento. Besó su nariz, una ceja, su boca ya abierta.
Los gimoteos sólo aumentaron en volumen; las embestidas regidas por el Alfa siendo el principal impulsor. Jim no pudo frenarseーlos sonidos lo mataron. Bruce lo mató, tan endemoniadamente apretado y empapado.
-Te sientes… Jim jadeó. "...tan bien, cariño."
"Jim." Persistió el maldito chiquillo, ido en su placer. Se sintió como un reto. Y conociendo a Bruce, probablemente lo era.
No quedaba mucho qué hacer. Jim llegó al límite de su control. Regresó a sus cuclillas, tomó las caderas del joven, y se enfocó.
Sería el primero en admitir que sexo así de exquisito, había sido algo remoto en su vida últimamente. Ese tipo de sexo donde sus rodillas no registraron molestia de lesiones pasadas, firmes ante el choque de su centro con el de otro amante. Jim dejó blanquear su mente.
Bruce fue el instrumento perfecto, para sólo… olvidar.
Por un largo rato, los rechinidos del colchón opacaron los sonidos de la garganta del dueño. Piel contra piel, Jim fue aumentando su ritmo, sabiendo que Bruce era una bomba delicada. En cualquier minuto encontraría denotación.
Sus embestidas fueron cortas, duras, y constantes, sometido completamente en el placer.
Bruce fue un cable vivo al momento de culminar, semen fluyendo de su erección sin necesidad de asistencia. Jim lo presenció todoーlas muecas, el chillido agudo, la forma en la que Bruce decidió esconder su rostro en el último momento, entre las demás almohadasーy lo guardó para sí.
Con sumo cuidado, desvinculó su cuerpo del de Bruce, sabiendo que la sensibilidad de su orgasmo pronto se volvería incómoda. Terminó de estimular el miembro del joven con su mano, ayudándolo a consolidar su clímax.
Luego, acostándose a lado de Bruce boca arriba, Jim retiró el condón. Con párpados cerrados, masturbó su pilar a ritmo acelerado. Imágenes volaron por su cabeza, casi todas eróticas sin haber tenido la intención de ser así. Los labios hinchados de Bruce. La apertura rosácea que había acariciado con su pulgar para dilatarla. El sabor. El olor. La expresión de Bruce, casi científica, cuando le había murmurado a oídoー"Sé exactamente lo que quiero."
El Alfa gruñó en abandono.
[+]+[+]
"Está un poco quemada."
Jim analizó su rebanada, escéptico. "¿Sólo un poco?"
Re-acomodándose en su lugar en la cama, Bruce dejó caer el resto de su motín. La botella de sidra ya destapada, servilletas, sus dos copas previamente utilizadas, cucharas, y un paquete de cartón con nieve de chocolate.
"¿Postre?" El hombre se miró impresionado, ya con parte de su pizza en su boca.
Bruce destapó el cartón y encajó las dos cucharas dentro. "Damas primero."
"Sabiondo." Jim limpió migajas de la bata de dormir que había tomado prestada del clóset. Aceptó una cucharada de nieve y se fue directo a su boca. Bruce rió ante su mueca por el cambio de temperatura a su paladar. "Maldición."
"¡Debiste esperar!" Batiendo su cabeza, el Omega se acercó para limpiar un chorro de nieve derretida del pecho del hombre. La lamió deliberadamente, y con fija intención de sacar a Jim de sus casillas.
"Diablos, Bruce." Se ganó en forma de gruñido. "Alejate de mi, ante de que me mates."
Bruce sonrió de oreja a oreja. "Nunca."
El Alfa le empujó del hombro para mandarlo de regreso a su lugar. "¿Es ésa mi camisa?"
"Combina con mis ojos." Bruce le dio su propia mordida a su rebanada de pizza. Sip, definitivamente, tostada. "¡Mmm!" De repente, una idea lo impulsó fuera del cama, caminando descalzo por la recámara hasta el otro lado de la habitación. Reveló el sistema de sonido que Thomas Wayne había dejado guardado en uno de los compartimentos de su clóset. "¿Sabes qué falta?" Le preguntó a Jim, mirando por sobre su hombro.
Jim frunció su entrecejo. "¿Qué?"
Bruce escogió una de las estaciones que Alfred favorecía en sus tiempos libres. Pronto, una canción de Rock de los 80's se reprodujo por las bocinas instaladas alrededor de la recámara.
Caminó de regreso a la cama, donde Jim sonreía.
"Parece ser que estamos destinados a hacerlo todo al revés."
Bruce le ofreció una copa, tras rellenarla con más sidra. "No me molesta."
Jim asintió, solemne. Levantó su copa. "Por una exitosa primer cita, entonces."
Calor llenó los adentros de Bruce con el brindis. Se apresuró a llenar su propia copa y al hacer click, algo dentro de su pecho vibró con algo parecido a esperanza.
[+]+[+]
Bullock notó las señales de inmediato.
¿Jim silbando todo el camino hasta su oficina? Comprobado.
¿Jim Gordon sonriendo, mientras Harper le daba un reporte de autopsia? Comprobado.
¿Jim Gordon no echando maldiciones, al notar su escritorio desnivelado de nuevo? Doble comprobado.
Harvey esperó a su junta de las 11 para compartir espacio con Jim en la misma oficina. Hablaron sobre recientes actualizaciones en su larga lista de casos fríos. Jim firmó más actas de fianzas. Harvey se quejó de sus calambres nocturnos. Jim lo ignoró. Lo usual.
Luego, en cuanto el tema de trabajo terminó, Harvey se levantó de su silla. Caminó directo al gabinete donde guardaba su whiskey.
"¿Qué crees que estás haciendo?"
Harvey plantó dos vasos en el escritorio. "No me hables de esa manera. Lastimas mis sentimientos."
Jim, en típico estilo, quiso negar el trago. "Apenas es mediodía, Harvey."
"Sólo sigo tradición." Harvey se plantó de nuevo en la silla. "No es todos los días que Jim Gordon llega de a buenas."
Oh, atrapado amigo. La estúpida expresión de Jimbo fue todo lo que ocupó. "No sé de qué hablas."
"Estás sufriendo, por lo que yo llamo, los efectos de un épico revolcón."
Jim cubrió su sien con su mano, siempre el rey del dramatismo. "No seas vulgar."
"Tengo razón, ¿cierto? Dejame adivinar."
"Por favor, no."
"¿Las gemelas del bar de César, eh? Te vi dándoles vistazos la semana pasada cuando fuimos a interrogar al dueño."
"Harvey."
"¡No me puedes engañar! ¡Nadie, sin una buena carga de endorfinas corriendo por su sistema, sonreíria ante el reporte de autopsia que Harper te estaba recitando!"
"No estaba…" Jim pausó. Se lamió sus labios de pichel. "…sonriendo."
"Más vale le digas todo al Tío Harvey, ahora mismo." Harvey le acercó el trago de nuevo. "Ya me conoces, no te juzgaré."
Jim miró el trago. Luego a Harvey. Suspiró. El whiskey fue empinado en cuestión de segundos. "No hubo gemelas."
"¿Strippers?"
Jim rodó sus ojos.
"De acuerdo." Harvey suspiró. "Mira, considerando las más recientes locuras, no sería de sorprenderse que hubieras caído en viejas costumbres. Aunque no me malentiendas, no la he perdonado por lo que le hizo a Alf'. Pero… sé que tanto te afecta Lee."
La expresión de Jim no fue la esperaba. En lugar de alivio, el hombre hizo una mueca. "No regresé con Lee."
Bullock rascó su cabeza. "Bien. Entoncesー"
"Y no se trata de Bárbara tampoco."
Demonios. Bullock carraspeó su garganta. "Mira, Harper es una mala idea, nunca se caga donde uno come, Jim."
Una risa salió del Alfa, dientes mostrándose. Fue irreal ver tal panorama. Jim Gordon. Riendo. Sin sarcasmo de por medio. "En ese caso, deberías tomar tu propio consejo más seguido."
Harvey se sirvió otro trago. "Vamos, Jim."
"¿Qué quieres que diga?" Frente a él, Jim nunca lució tan vulnerable. Harvey no podía distinguir por qué, si fue su mirada, o la curva constante de su pequeña sonrisa. O la peste. La maldita peste a felicidad. "En efecto, no cagó en donde come. No voy a acostarme con mujeres al azar cuando…"
Grandioso. Opción C, entonces.
Bullock se desparramó por la silla con decepción. "¿En serio?"
"Suenas…" Jim parpadeó. "… sorprendido."
Harvey elevó sus cejas. "Porque lo estoy."
"Asumiría que sería algo de esperarse."
"¿De un casamiento político? No exactamente."
Así de rápido, el semblante de Jim recuperó su versión sombría de todos los días.
"Porque sabes que sería lo más fácil para todos lo involucrados. Y estoy seguro de que tuviste la opción de entrar de lleno al matadero, o sólo asomarte y decir Nah, siempre no. No me puedes decir que de repente, el chiquillo está escribiendo en sus cuadernos tus iniciales con las suyas como colegiala."
"¿Vas a alguna parte con esta ridícula analogía?"
"Mi punto es, Wayne es la última persona con la que deberías tener revolcones."
Jim rodó sus ojos. "Dijiste que no me juzgarías."
"¡Claro que te voy a juzgar! Una cosa es que coquetees con el chico para sacarles canas a tus exes. De cualquier manera que lo veas, Wayne es un imán de problemas. Más desde que se puso una Corona en su cabeza. Entiendo tu decisión de casarte con él, por el bien común. En verdad. Pero…" Harvey terminó suspirando. "Es joven. Tiene antecedentes de rebelarse. Es volátil. Terminarás con tu corazón roto, hombre."
Jim sólo asintió. "Puede ser."
Harvey sabía que era mala señal que el hombre no se molestara con negar la veracidad de su acusación. Dejó que el ambiente se ventilara con un poco de silencio y otro par de tragos. "Te conozco. Contigo, es todo o nada. Eres incapaz de no apegarte a la gente, Jim."
El Alfa observó el poco líquido ámbar restante en su vaso. Se lo tomó en un último saboreo. "Llegas algo tarde con tu diagnóstico, Doc."
Bullock reconoció ser vencido cuando la situación lo ameritaba. No había nadie en esta tierra más obstinado que el mismo Harvey, que Jim Gordon. "Como sea… Tuvimos otro avistamiento del Buen Samaritano anoche."
Las antenas de Jim se pararon al instante. "¿Dónde?"
"Cerca de los muelles, como siempre. Alrededor de las once."
"Que extraño."
"¿Por qué?"
Jim carraspeó su garganta. "Nada. Demasiado temprano, ¿no crees? ¿Nos dejó otro pequeño regalo?"
"Sí, un par de rateros de la zona. Nada grande. Vanessa atendió la llamada de radio. Revisaron el perímetro, pero como es usual, el Samaritano también es ninja profesional."
"Mm." El Capitán ya estaba abriendo nuevos reportes a firmar. "No suena a su M.O. Al Samaritano le gustan los peces grandes. Le gusta la atención. Recibir nuestras gracias."
"Quizás al no recibirlas tan seguido como quiere, comenzó a bajar sus estándares."
Dudoso. Y Jim pensó lo mismo.
La puerta de la oficina se abrió de golpe. Harper. "Malas noticias, Cap."
"¿Qué pasa?" Jim ya estaba levantándose.
"Hubo un ataque en Arkham mientras transportaban a Falcone hace unos minutos."
Mierda.
Jim se puso blanco. "No me digasー"
"Falcone es considerada fugitiva junto con muchos otros prisioneros."
[+]+[+]
Fin de Parte 9.
[+]+[+]
