"La Corona."

Por B.B. Asmodeus.

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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne (principal). Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Barbara Kean/Leslie "The Doc" Thompkins. Menciones de Bruce/Selina, Bruce/Otros, Jim/Sofía, y Jim/Lee.

Rating: Teen.

Resumen: Post-4x11. Después de perder la jugaba ante Sofía Falcone, Jim busca una forma de recuperar el control de la ciudad. Sin embargo, lo que empieza como un simple plan de contraer nupcias de conveniencia con Bruce Wayne, termina siendo más de lo que Jim había estado buscando.

Continuidad: Universo Alterno de las temporadas 2, 3, 4 y 5 (¡Así es, abarcaré la siguiente temporada!). Spoilers de 4x17 "Mandatory Brunch Meeting" & 4x18 "That's Entertainment (UNO DE MIS EPISODIOS FAVORITOS)."


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xii.

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"Lo que me gusta de ti

Es que sabes quién eres

Lo que te gusta de mi

Es que sé lo que no soy."

-Marina.

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No había escapatoria.

A donde fuera que se dirigieran, eran perseguidos por reporteros.

Encandilado con los flashes de luz atacándolo desde la ventana, Jim condujo el auto hasta el estacionamiento del restaurante. Fue un alivio cuando la seguridad del lugar mantuvo a los reporteros a cierta distancia.

"Recuerda sonreír."

Jim apagó el motor y removió el cinturón de manera petulante. En la privacidad del estacionamiento, el hombre se tomó un momento para reincorporarse.

Luego se tornó al lado del copiloto. Bruce estaba contemplándolo de manera meticulosa.

Jim le guiñó el ojo. "Lo dices como si fuera una tarea difícil." Disfrutó tomar al chico con la guardia baja, con su pobre intento de flirteo. Salió del auto con la finalidad de rodear hasta la puerta de Bruce.

Aun a distancia, los flasheos de cámaras fueron distinguibles en el momento que Bruce salió del Mustang. Jim, en efecto, recordó sonreír y saludar a las cámaras, ofreciendo su brazo de manera galante al Omega. Bruce imitó sus acciones, saludando a los reporteros, mientras eran guiados por el valet a la entrada privada al Restaurante.

Jim podía imaginar los encabezados del siguiente dia. "¡Capitán Gordon lleva al Rey a una cita en su auto pasado de moda! ¿Romántico o tacaño de su parte?"

Al entrar al restaurante italiano que Alfred había recomendado, Jim se permitió darle una rápido vistazo a su acompañante.

No entendía porque Alfred se quejaba del negro; era el color para el que Bruce había nacido.

Fueron guiados por la Anfitriona, una dulce jovencita que tropezó ligeramente por los tacones inhumanamente altos y por experimentar una de las sonrisa coquetas de Bruce. Hasta el lugar donde se sentarían formaba parte de la estrategia. Un punto ni tan privado, ni tan expuesto.

"No asustes a las meseras, Bruce. No quiero ser envenenado."

Frente a él, Bruce extendió la servilleta para colocarla en su regazo, mientras la Anfitriona regresaba a su podio por los menús.

"Sólo quería ser amistoso." Fue el murmullo culposo que recibió.

Jim esperó a que la Anfitriona regresara, les ofreciera los menús, y los dejar a solas de nuevo, para continuar.

"¿Qué recomiendas?"

"No lo sé. Es la primera vez que vengo a este lugar." Bruce abrió el menú pensativo. Jim sonrió ante su seriedad con la tarea. "Ah. Carbonara."

"Suena elegante."

Por sobre el borde del menú, los ojos de Bruce brillaron con humor. "No entres en pánico. Es sólo otro nombre para pedir pasta."

"Mm." Jim ni se molestó en abrir el suyo. "Tendré lo que tu pidas."

"Vaya, aventurero." La sonrisa fue una imagen de dientes blancos. "¿De tomar? ¿Chianti, Pinot Noir, o Merlot?"

Jim elevó una ceja. "Me quedo con agua mineral."

Bruce bufó por sus narices. Señaló por un mesero, y la espera fue corta. Ordenó por los dos con seguridad, exagerando un acento italiano al nombrar los platillos. Ignorando el pedido de Jim, Wayne ordenó vino Merlot para acompañar la pasta.

"Tengo que conducir." Jim se quejó, aunque por dentro la idea no le cayó mal. Apreciaba un buen vino, de vez en cuando.

"Sólo una copa." Bruce fue tenaz. En cuanto sus menús fueron recogidos, el chico aprovechó la forma semicircular de la cabina en la que se encontraban, para deslizarse a un punto medio entre los dos. "Sería grosero de tu parte dejarme tomar solo."

"Tal vez, no deberías estar tomando en primer lugar." Jim resistió la tentación por cinco minutos. Al final fue fútil. Sus moléculas encontraron atracción en las de Bruce. Su cuerpo se deslizó por el asiento hasta que sus rodillas se tocaran por debajo de la mesa. De reojo, Jim divisó las cámaras fotografiando sin parar desde las ventanas. Desde este ángulo, únicamente alcanzarían sus perfiles. Jim sabía que con eso tendrían para saciarse.

Había sido idea de Bruce. Este tipo de cita.

Algo para agregarle sustancia al asunto de su compromiso, frente a la prensa.

"... como estuvo?"

"¿Mm?"

Bruce repitió su pregunta deliberadamente, al parecer ya acostumbrándose a los lapsos de meditación en lo que Gordon solía perderse. "Escuché sobre tu junta con el Alcalde. ¿Cómo te fue?"

Jim suspiró. "Admito no fue buena idea decirle a Harkness que besara mi trasero con sus políticas anti-imperiales."

La risa de Bruce fue algo nerviosa. "¿En serio le dijiste eso?"

Jim encogió un hombro. "Una vez afuera del Ayuntamiento, todo se vale."

Aunque Bruce intentó enmascarar su incertidumbre, Jim lo vió al raz. El Alfa terminó tallando su frente, pensando en la mejor forma de expresar que el Alcalde sería un caso perdido sin recurrir a más palabras fuertes de tono.

"La batalla continúa, Bruce. No están dando su brazo a torcer." Jim golpeó su rodilla con la del Omega. "Pero, están sintiendo la presión. Saben que si nos ganamos la opinión pública no tendrán otra opción más que doblegarse ante la Dinastía."

Hubo una pausa donde Bruce dirigió la pieza de información.

"¿Amenazaron con despedirte de tu puesto de nuevo?"

"No." Jim sonrió. "No tienen las agallas para llevarlo a cabo. No con este furor por la Boda."

"Eso es bueno." Una exhalación desinfló tensión del cuerpo del joven. "¿Cierto? Es bueno."

"Sí, Bruce." Preocupado por el peso que Bruce aparentó llevar en su consciencia, Jim sacudió su cabeza. "Bruce, no te preocupes por mi. Sé cómo lidiar con estas batallas por poder. Eventualmente, se cansarán."

El mesero volvió, ahora con aperitivos y la botella de Merlot.

Bruce se ofreció a servirle un dedo de vino tinto a cada uno. Rodando sus ojos, Jim aceptó resignado.

"No me logro acostumbrar."

De reojo, Bruce se mostró confundido.

Jim apretó sus labios. Persiguió en su interior el pensamiento que había empujado a aquella oración de su boca. En su mente recordó sus primeras citas con Lee. La vez que la había llevado al circo. Una de las tantas noches desastrosas que habían arruinado sus veladas. Eventualmente, habían tirado la toalla, sabiendo que Gotham siempre se interpondría en sus planes.

"No lo sé." Jim se forzó a proseguir. "Es diferente. Quiero decir…" Con su mano derecha gesticuló a su alrededor. "Lo que hacemos en la privacidad de cuatro paredes es cosa nuestra. Pero, exponernos así… No me gusta."

Lentamente, la expresión de Bruce se ablandó, comprendiendo la naturaleza de su incomodidad.

"Pero." Jim estiró su brazo izquierdo, cubriendo el respaldo de la cabina. "Sé que es necesario… Es sólo eso, Bruce. Que es algo al que tendré que acostumbrarme."

Bruce dobló su perfil hasta que estuvieran semi-cara a cara. "A mi tampoco me gusta. Es fácil cuando no te importa lo que sucede a tu alrededor. Cuando la gente con la que te rodeas… en verdad no significa nada. Es fácil crear un espectáculo con esas circunstancias."

La introspección de Bruce le dejó helado. Supo reconocer la descripción como un reflejo de lo que el Omega había estado sufriendo en su época de rebeldía.

Rodearte de gente que no te importaba; no ondeando en sentimientos complejos, sólo siguiendo impulsos básicos. Emborracharse. Besarse con desconocidos. Bailar con ojos cerrados, sin querer distinguir las distintas dimensiones de los cuerpos turnándose en tus brazos.

Le habló de un vacío, al que Jim se podía identificar.

Con empatía, Jim acogió la nuca de Bruce con sus dedos. Apretó la base de hueso y pulso, avisando de sus intenciones, para que el Omega estuviera preparado para otro gran salto.

Besarlo ante una audiencia, fue intimidante.

Jim lamió saliva de las comisuras de su boca con suavidad, disfrutando el suspiro entrecortada del joven. Bruce, por su parte, no mostró timidez al rodear su cuello con su propio brazo, creando una barrera contra ojos ajenos. Se besaron como un par de adolescentes en las gradas del gimnasio de la Academia. La sangre de Jim se calentó, y no estuvo seguro si por el vino, o sólo por lo bien que Bruce olía.

Al separar su boca, Jim acarició el contorno del mentón del muchacho. Bruce le sonrió de una forma que no tuvo nada que ver con sus encuentros anteriores. Había una nueva timidez en sus gestos; un aturdimiento que los había acompañado desde el viaje hasta el restaurante.

Jim relamió sus labios. "¿Todo bien?"

"Claro." Bruce retornó su atención a la mesa, jugando con la copa de vino. "Espectacular."

Frunciendo su ceño, Jim dejó su brazo en la misma posición, cerca de los hombros del chico. Jim optó por distraerse con un palillo de pan de ajo. Tras terminarlo a bocados, carraspeó su garganta. "Puedes contarme lo que estés pensando."

Bruce endureció su tono. "Estoy bien, Jim."

Suspirando, Jim se dio por vencido.

La cena fue espectacular.

Al contrario de la pizza quemada que Bruce le había servido en su último cita, el Carbonara fue una delicia para el paladar de alguien tan sencillo como Gordon. Entre mordiscos, Jim platicó sobreーBueno, ¿qué otra cosa más que de su trabajo? Ofreció actualizaciones sobre Jeremiah, y como tras cinco días en custodia protección había demandado ser liberado de vuelta su búnker, por falta de actividad de su hermano. Jim había puesto de condición tener una escolta de oficiales cerca del área en caso de cualquier otro ataque sorpresa. Llenó los huecos que Bruce había querido saber desde que se había involucrado en la cacería de Jerome; incluso cuando muy dentro, Jim sabía que no era su obligación.

"Debes ser horrible. Que te quede sólo un hermano, y que no puedas considerarlo como tal."

Jim pasó un bocado de Carbonara con más vino. "Son radicalmente diferentes. Es perturbador."

"Existen reportes sobre cómo gemelos, o mellizos, tienen una conexión especial. Pueden sentirse mutuamente cuando el otro está lastimado, y fenómenos similares."

Jim sintió un escalofrío de tan solo pensarlo. "Dios. Espero que no." ¿Compartir una conexión así, con un psicópata como Jerome? Jim no se lo desearía ni a su peor enemigo.

"Uno no puede escoger a su familia."

La forma oscura en la que Bruce le pareció acusar a su ensalada, le dio una buena indicación al Detective de la causa. Jim recordó la visita de Agatha Wayne de manera inevitable. Se preguntó si la mujer había ya cumplido con su parte del trato.

"En mi opinión, hermanos están sobrevalorados." Jim ladeó su boca en una sonrisa lábil. "No todos somos víctimas del exagerado llamado de sangre, que otras familias suelen tener. En mi experiencia… he encontrado más hermandad en mi gente del GCPD, que de regreso en Chicago."

El interés de Bruce fue picado. "¿Tienes un hermano?"

Jim asintió. "Medio hermano. Del segundo matrimonio de mi madre."

La cabeza de Bruce dió un giro que le recordó a un búho, haciendo un descubrimiento fascinante. "¿Oh?"

"No somos cercanos." Jim no podía recordar la última vez que se habían visto cara a cara. No había visitado Chicago en mucho tiempo. La comunicación con su madre solía ser mayormente por llamadas telefónicas. "No tenemos mucho en común. Aunque no creo que sea culpa de ninguno en específico. La diferencia de edad entre nosotros es demasiada. Vivimos en dos mundos diferentes."

"¿Cómo se llama?"

Intrigado, Jim alzó una ceja. "Ryan." Ryan, el pequeño bulto de frustración que Dawn Gordon nunca había sabido controlar después del fallecimiento de su segundo esposo. "Dios… Más o menos debe tener tu edad, ahora que lo pienso."

"Mmm." El rostro de Bruce dio otro giro curioso. "Supongo que no habrá mejor ocasión para una reunión que una Boda Real."

Jim apenas pudo imaginar la expresión en su rostro, tomando en cuenta el humor ensamblado al rostro de Wayne.

"¿Qué? ¿Esperabas no invitar a tu familia a tu propia boda?"

Haciendo una mueca agria, Jim optó por más vino. "No lo había pensando."

"Me deja impactado." Bruce limpió su boca de pasta con la servilleta. "Jim Gordon prefiere darle cara a los criminales más duros de Gotham, pero tiembla ante la idea de reencontrarse con su familia."

"Disfrútalo." Jim le apuntó con el último de los palillos de pan. "Espera a conocerlos. Luego, no vengas llorando conmigo."

Las risas se repitieron, ahora más liberales, frescas como la edad de Wayne. Jim sonrió para sí, al escucharlo.

"Tienes que darles su dirección a Alfred para que los contacte. Pueden hospedarse en la Mansión mientras se realizan los preparativos."

"Esa es una horrible idea."

Bruce le pateó por debajo de la mesa. "¡Es tu familia!"

Jim decidió que habían tenido suficiente vino por esta noche.

Para la hora del postre, Jim pidió por un café negroーBruce puede, o no, que haya susurrado Abueloーy por un largo rato pudo olvidar la existencia de reporteros analizando cada uno de sus movimientos. Se perdió en la buena compañía; en la facilidad que Bruce podía comprenderlo, sin tener que indagar muy profundo en los tipos de pensamientos que solían invadirle a alguien como Gordon. Bruce sufría de la misma aflicción, después de todo. Las pautas. Los silencios momentáneos. La continua actividad en sus mentes, que los solía distraer del presenteーEra un mal que compartían.

Luego, terminaron de comer. Al retirarse del restaurante, los flasheos regresaron a su rostro, y con ello, la realidad.

Jim apretó la mano de Bruce para guiarlo hacia el Mustang. Ambos, al perfecto unísono, sonrieron a estilo Cheshire. El público enloqueció.

"¡Viva el Rey!"

"¡Bruce, te amamos!"

Aparte de los reporteros, un grupo de espectadoresーfanáticosーajenos a los medios de comunicación, alzaron sus brazos para capturar su atención.

Ya adentro del auto, Bruce se mostró impactado por el descubrimiento. "Está funcionando."

Jim sintió su corazón acelerarse con adrenalina.

Estaba funcionando.

"¡LARGA VIDA AL REY!"

"¡BRUCE, UN AUTÓGRAFO, POR FAVOR!"

"¡SU MAJESTAD!"

Jim contó aproximadamente una muchedumbre de más de cincuenta personas rodeando la calle que daba cara al restaurante. Fue increíble. Cincuenta personas viéndolos comer pasta y ensalada. Cincuenta personas, o más, ahora gritando el nombre de Bruce Wayne para mostrar su lealtad.

-Gracias a Dios. Jim maniobró el Mustang fuera de las calles principales, una vez que el equipo de seguridad les auxilió a mantener a la gente bajo control. Jim supo identificar cuando estaban siendo seguidos-probablemente por la prensa. El Alfa aceleró, conociendo los atajos adecuados para perder de su rastro. "Sosténte."

Por supuesto, Bruce amaba de una buena persecución. El chiquillo se sostuvo del tablero, pero su disposición fue transparente ante el placer que pareció sentir, sujeto a los giros toscos del Mustang.

Cinco cuadras adelante, cortaron por el Barrio Italiano. Jim escogió callejones que conocía a nivel bastante personal. Luego, al entrar a la calle mayor de St. Louis, se detuvo ante una luz roja.

Por el retrovisor, identificó un Cadillac posicionándose por detrás. Al flanco derecho, un Camino negro. Frunciendo su ceño, Jim intercambió una mirada con Bruce.

El Camino avanzó lentamente del lado de Bruce. Jim revisó al conductor con un vistazo furtivo. No vio ningún tipo de cámaras en sus manos.

El semáforo no cambió. Rápidamente, Jim checó el flujo de tráfico viniendo del oeste.

Aceleró antes de que el semáforo cambiara a verde, girando hacia el este.

Una ronda de disparos le hicieron saber del impacto de balas contra sus luces traseras.

"Oh, vamos, las acabo de reponer." Jim gruñó entre dientes.

A su lado, Bruce estaba inspeccionando por su retrovisor. "Todavía nos siguen. ¿Qué creen que querrán?"

Jim volvió a girar bruscamente por otro atajo, bajando por la rampa de un Centro Comercial en construcción. Una vez terminando la rampa, se apresuró a darle la vuelta entera al Centro Comercial por la parte trasera. Salieron justo a la desembocadura del centro de la Ciudad, no muy lejos del GCPD.

Quien fuera que los hubieran atacado, habían desaparecido.

"¿Qué demonios fue eso?"

Bruce estaba jadeando; sus ojos engrandecidos. "Y tú qué estabas preocupado por el vino." El chico batió su rostro, asombrado. "Eso fue genial."

Jim rodó sus ojos. "Creo que sólo intentaban asustarnos."

"Dejalos." Bruce fue acero, su mirada regresando con la del conductor. "No lo lograrán."

"Calma, vaquero." Jim se tomó un momento par debatir dar el reporte por radio al Precinto. Decidió por lo contrario, sabiendo que dirigirse al GCPD para reportar el incidente en persona, después de dejar a Bruce en la Mansión, sería más efectivo. Arrancó en dirección del Ejido Wayne. "Por esto no podemos hacer cosas normales."

"Ah. Ese fue tu primer error, Jim." Bruce le sonrió a labio cerrado, enigmático desde su asiento de co-piloto. "Asumir que somos normales, en primer lugar."


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"¿Atacado en tu cita romántica? ¿Que la gente ya no tiene respeto de nada?" Bullock resopló, impresionado. "Estás maldito, Jim. Admitelo."

"Quiero la Mansión reforzada con mayor seguridad."

"¿Reforzaba con qué? ¡Ese lugar es un Fort Knox a estas alturas! Este asunto de la Boda Real está succionándonos hombres y mujeres a diestra y siniestra, Jim. No podemos mandar más oficiales a la Mansión: no los tenemos."

"Mierda." Jim se dejó caer en la que había sido su antigua estación, en su época de simple Detective. Frente a él, inspeccionó todo el papelero suelto que Harvey tenía por su escritorio. "¿Encontraste algo interesante?"

"Nada que no hubiéramos sospechado antes. Con excepción de que ahora contamos con evidencia sobre las asquerosidades que hacían en Indian Hill." Con sus lentes puestos, Harvey gesticuló al desastre lo que rodeaba. "Comienzo a pensar que estoy perdiendo mi poca vista para nada, Jim."

"Sigue buscando." Jim suspiró.

Harvey estiró sus brazos. "Te diré algo más que estoy perdiendo; la sensación en mis biceps. ¿Cómo está su Majestad?"

"Intacto."

La sonrisa de Bullock fue diabólica. "Una tarde sin final feliz, ¿huh?"

"Oh, cállate." Jim arrojó un par de hojas contra el pecho de su compañero. "Algunos de nosotros si tenemos autocontrol."

"Ajá." Harvey talló sus ojos, aventando sus lentes al escritorio. "Y para nada tienen que ver tus fobias a relaciones funcionales. Pensé que todo iba viento en popa con ustedes dos."

"Quizás seguí su consejo." Jim desvió su atención al precinto, a la docena de oficiales caminando en el piso inferior. "Y metí los frenos antes de terminar ensartado en el proverbio choque entre dos semis de carga."

"Wow."

Jim suspiró. "No me hagas caso. No estoy en el mejor de los humores."

"Jim."

Jim no respondió al instante. Pero, sabía que Harvey estaba preocupado. Se forzó a girar su cabeza de nuevo al frente, directo a la mirada analitica de Bullock.

"Puedes cambiar de parecer, si crees que todo este asunto es demasiado para ti. Lo sabes. Nadie tiene que reprocharte nada. ¿Y Wayne? Es joven. Al principio, te odiaría… Pero, con el tiempo lo superará."

Jim creyó más pertinente mantener sus labios sellados, por múltiples que fueran sus dudas en su interior. Estaban precipitándose hacia el Gran Final. El Evento Culminante. Jim sentía el fuego. La presión.

La responsabilidad.

Rey Consorte, había leído en los documentos que Bruce había compartido con él.

James Gordon sería conocido como Rey Consorte, en el momento que diera el sí en la Catedral St. Marie, frente a más de trescientos invitados.

Sólo en lo profundo de su alma, se podía Gordon admitir, que no sabía si tenía en su ser, lo que se ocupada para dar ese paso.

"Tengo algo."

Jim fue extraído de su mundo oscuro, al escuchar a Harvey. "¿Qué cosa?"

Harvey sostenía un sobre tamaño carta en sus manos, lentes de regreso a su rostro. Había estado en el proceso de extraer más documentos del sobre, aunque al parecer, con el encabezado de la página frontal, ya había ganado el Jackpot.

"Hombre, ¿qué demonios estaban pensando?"

"¿Qué?" Jim se levantó de su asiento, rodeando el escritorio para examinar los documentos él mismo.

"Sujeto de prueba: 514A."

Jim jaló el ramo de documentos de su prisión.

Adicionalmente, había fotografías.

Jim tuvo que volver a sentarse.

"Fuerza mejoradaReflejos mejorados: velocidad de reacción inhumanamente rápida.

Inmunidad al dolor garantizado…"

Jim levantó las fotografías, mostrando diferentes etapas de la evolución del sujeto de prueba, desde su nacimiento hasta lo que aparentaba, edad adolescente.

"Experto Combatienteentrenado en técnicas de combate adaptativas, utilizando su entorno y herramientas en su entorno para su ventaja."

Los reportes fueron extremadamente específicos en sus métodos de entrenamiento. El Sujeto había sido puesto a prueba desde su concepción. Y los detalles fueron atroces. ¿Inmunidad al dolor? Consecuencia de terapias de shock para entumecer sus nervios. ¿Técnicas de combate adaptativas? 514A tuvo múltiples huesos rotos para comprobarlo.

"Vida limitada: cabe notar que debido a complicaciones con su creación, su fisiología es inestable y está desapareciendo lentamente. A menudo el Sujeto de prueba sufre de hemorragias nasales para marcar el desgaste de su sistema inmunológico. Posible opción de tratamiento se encuentra todavía en fases iniciales…"

Jim, discretamente, ladeó su cuerpo hacia la derecha, agachando su torso para alcanzar el cesto de basura. Las náuseas le obligaron a expulsar saliva y parte de su cena italiana.

Hubo un largo lapso de silencio, donde Harvey fue el siguiente en leer los reportes a manos de Hugo Strange. Jim sostuvo su cabeza entre sus piernas mientras tanto, no pudiendo creer que tal lejos podía llegar la falta de humanidad.

Harvey mostró más temple de acero que Jim. "No entiendo… ¿Qué significa? Este tal Sujeto 514A, ¿donde demonios se encuentra? Nunca topamos con él mientras nos hacíamos cargos de los monstruos de Fish Mooney. Digo, ¿como perder de vista aun maldito clon de Bruce Wayne?"

Jim limpió su boca con un puñado servilletas de papel que habían sobrevivido de la cena de Harvey. "Está vivo."

"¿Cómo demonios sabes eso?"

Jim tragó la bilis de regreso. "Tengo una corazonada. ¿Recuerdas la descripción física que Harper dio del joven que rescataron de la Mansión de Sofía?"

Harvey ya estaba atando los cabos sueltos. "Complexión escuálida. Adolescente, ojos verdes, cabello rubio. Ambas características fáciles de disfrazar con pupilentes y tinte de cabello, sí… Pero, tenía moretones de los matones de Sofía. Harper vio las marcas de soga en sus muñecas. Aquí dice…"

"Tal vez ha perdido parte de su inmunidad. Bien dice ahí que su…" Jim carraspeó su garganta para deshacer el nudo. "Que su vida es limitada."

"Así que… Wayne no tiene un primo, sino un clon. Bienvenidos a Gotham." Harvey dejó caer los reportes a todo el montón que ya tenía esparcido. "Es una locura. Primero Jerome y Jeremiah y ahora esto. Soy demasiado viejo para esta clase de historias de Halloween."

"Tengo que decirle a Bruce."

"¿Seguro?"

"¿A qué te refieres? Por supuestoー"

Al voltear hacia Harvey, en medio de su letanía, la voz de Jim murió al ver la sección de la última página con la que ahora Harvey apuntaba con la punta de un lápiz.

La firma de Thomas Wayne. La firma de autorización del proyecto.

Jim pensó por un momento. "Strange pudo falsificarla. Las fechas no coinciden con la información que Karen Jennings nos proporcionó hace dos años. Cuando ese proyecto fue autorizado, Thomas Wayne ya había roto lazos con Pinewood. Este experimento fue desarrollado en Indian Hill, una sede totalmente desconocida para los Wayne."

"De alguna parte tuvieron que conseguir el ADN de Bruce." Harvey se encogió de hombros. "Supongo que nunca lo sabremos por seguro. Aunque, considerémoslo por un momento." Ante el respingo que Jim ya tenía en la punta de su lengua, Bullock se levantó para acorralarlo contra el balcón. "¡Sólo por un momento! Sé franco contigo mismo y olvida que estás comprometido emocionalmente con el caso. ¿Qué tal si Thomas Wayne comenzó el proyecto en Pinewood Farms? De algún lado Strange debió de haber conseguido la inspiración para hacer algo así."

"¿A donde quieres llegar?" Jim gruñó, sus ojos encajados en los de su socio.

"Al dilema moral que tendrás de ahora en adelante, Jim. Hoy serán estos experimentos con Strange, mañana quién sabe. La cuestión es, si involucra la inmaculada imagen de los Wayne, ¿podrás hacerte a un lado y dejar que la justicia los procese como cualquier otro ciudadano?"

"¡Por supuesto que lo haría!"

Harvey levantó una ceja.

Jim abrió su boca, odiando que su juicio estuviera siendo puesto en duda.

"¡Capitán!"

"Salvado por la campana." Harvey rodó sus ojos.

Harper estaba subiendo las escaleras, un radio en su mano. "¡Es Jerome! ¡Lo acaban de localizar en los muelles, según testigos!"

"¿Qué tan de confiar son estos avistamientos?"

"Tengo buenos ojos en los muelles. Si no confiara en mis fuentes, no me hubiera arriesgado a llamarle."

Jim asintió. "De acuerdo. Prepara dos unidades para ir a revisar el área."

Harper ya estaba regresando a la planta baja, eficiente como siempre.

De nuevo a solas, Jim y Harvey se inspeccionaron mutuamente. Luego, Harvey tiró la toalla.

"Vamos, Cap. Después de usted."


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Una hora después, Jim estaba respirando la peste a pescado, viendo el agua negra de los muelles galopar con suaves ondas.

No encontraron nada vital. Si Jerome y su pandilla habían pasado por los muelles, ya no había rastro de ellos.

Ante el decepcionante descubrimiento, Harper nunca se había mostrada más frustrada. Jim le intentó convencer que estas cosas ocurrían a menudo, y no era culpa de nadie, pero la mujer era terca como un Gordon. Al final la dejó caminar por el puerto, buscando por pistas.

Jim, por su parte, decidió revisar el área de las cajas de almacenamiento. Caminó con precaución, encendiendo una linterna de mano sobre su pistola para aluzar su trayectoria.

Creyó oír pasos.

Se detuvo.

No hubo sonidos.

Jim continuó caminando.

Los pasos regresaron.

Jim giró en su eje. "¡Policía! ¡Manos arriba!"

Por supuesto. A sus espaldas, sólo encontró sombras.

"¿Jugando conmigo de nuevo? Hoy no tengo paciencia para seguirte la corriente."

Nada. Sólo las gaviotas le contestaron.

Jim echó salir una maldición. Continuó con su inspección, sabiendo muy bien que estaba siendo observado. Le puso los vellos de su cuello de punta. No debía sorprenderle que El Samaritano decidiera aparecerse otra vez. No lo había hecho en las últimas semanas. Esta zona era una de sus preferidas.

"¿Viste algo, al menos? Buscamos a Jerome Valeska. Tipo delgado, de cabello rojizo. Tiene una deformación de piel en su rostro. Viste de manera… singular. Probablemente acompañado de otro tipo de cabello castaño, largo, vistiendo un bigote, y muy posible un sombrero de copa. O tal vez, su otro cómplice, un tipoー"

"¿Vestido de Espantapájaros?"

Jim se congeló. Apuntó su arma de inmediato en la dirección de la voz distorsionada. Le desconcertó ver sólo las malditas sombras.

"Así es." Jim comentó. "¿Los viste?"

Hubo una pausa tan larga que Jim creyó haber alucinado los últimos cinco minutos.

"Miré al Pingüino dejar el área del puerto F, hace veinte minutos, aproximadamente. Hablaba sobre una cena muy importante. Recibió un embarque junto con el sospechoso conocido como Doctor Freeze."

Jim estaba moviendo sus ojos en tantas direcciones distintas, que comenzó a marearse. "¿Qué clase de embarque?"

"No estoy seguro. Demasiado pequeño para tratarse de armas o explosivos."

No estoy seguro. Género masculino. Otro dato importante. Jim sonrió. "Nunca subestimes lo que puedes utilizar para crear una bomba."

Percibió movimiento en su flanco derecho, justo en el espacio creado entre dos de las cajas de almacenamiento. Jim comenzó a caminar lentamente hacia el punto.

"¿Qué clase de personaje eres tú? Entre Pingüinos, Espantapájaros, Sombrereros. Tienes de dónde elegir."

"Pensé que ya lo había decidido por mi, Capitán Gordon." A pesar de que la voz era distorsionada de manera mecánica, Jim juró detectar satisfacción. "El Samaritano no hubiera sido mi primera opción. Pero, me es funcional por ahora."

"Ah." La linterna se apagó sin previo aviso, justo cuando Jim se adentraba entre los cajones. "Maldición."

¡CLACK!

Pasos sobre uno de los cajones de metal.

Jim se mantuvo quieto. Identificó al Samaritano justo a su izquierda, en la parte de arriba del contenedor C. Las sombras le hicieron el favor de esconderlo hasta cierto punto. Subiendo su mirada, Jim distinguió una figura agazapada en la orilla, vestida toda de negro.

El Alfa respiró hondo, haciendo uso de sus sentidos privilegiados. Aspiró y analizó.

Sal, pescado, metal, pólvoraー

La poco melodiosa orquesta de tonos electrónicos, se escuchó justo arriba de la cabeza de Jim. "No soy su enemigo, Capitán Gordon."

ーSal, pescado, metal, pólvora, cuero, aceite de motorー

El Samaritano fue una máscara de penumbras. Jim se perdió en la cercanía entre ambos.

ーpólvora, salー

"¡JIM!"

La figura desapareció ante los disparos que fueron dirigidos hacia la caja. Jim lo observó saltar entre contenedores, pasmado por un momento. Sus sentidos extendidos fueron cortados de golpe. El Alfa rumió ante la desconexión; un lazo fue cortado con algo filoso.

Jim tambaleó contra uno de los contenedores.

"¡Alto! ¡No disparen!" Balbuceó. "¡NO DISPAREN!"

"¡Jim! ¿Dónde demonios estás?"

"¡Estoy bien! ¡Cesen el asalto!" Para cuando Jim había salido de su escondite, Bullock ya había ordenado a Harper, y los dos policías acompañándolos, bajar sus armas.

"¿Qué encontró, Capitán?" Harper era inteligente, tenía la mirada justamente clavada en la dirección por donde El Samaritano había huído.

Jim siguió caminando, de regreso a la patrulla. Lo que gruñó fue una mezcla de incredulidad, y coraje.

"Nada."


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"¿Estás haciendo algo útil contra Jerome?"

Jim no podía creer que estuviera siendo reprochado por Oswald Cobblepot. De todas las personas en Gotham…

"Estamos buscándolo." Jim colocó sus manos en sus caderas. Oswald lucía mejor que la última vez que habían topado camino. No había duda que las cucarachas sabían cómo renacer de las cloacas. "¿Sabes dónde está?"

"Y si lo sé, ¿en serio crees que te lo diría así de fácil? ¿No han atacado uno de sus escondites mostrando las armas?" Cobblepot lo estaba sorprendiendo con su convicción. "¡Necesita ser detenido! ¡Tienes a todos bajo su control! Freeze, Firefly, al Sombrerero..."

Jim apretó los dientes. Eso no sonaba nada bien.

"Todos son parte de su plan. Un plan siniestro y terrible."

Jim alzó sus cejas con expectativa. "¿El cual es...?"

Oswald respingó. "El Espantapájaros hizo un gas para él."

Mierda. "¿Cómo la toxina del miedo?"

"Peor." Oswald siseó. "Mucho peor. Lo vi convertir a alguien en un completo animal… maniaco, histérico y violento."

"¿Y cómo planea usar este gas?"

"Jim, Jerome es listo. No compartió los detalles de su plan con nadie. Prefiere darnos tareas separadas a cada uno."

"¿Cómo cuales?"

"Demonios, hombre. ¿No sabes hacer otra cosa más que hacerme preguntas?"

"Oswald."

El hombre rodó sus ojos. "Aun no me ha dado mi papel."

Jim explotó. Se abalanzó hacia el Pingüino con un gruñido. "¿Entonces para que te apareces por aquí, sino me vas a ayudar?"

Como siempre sucedía, Oswalds no retrocedió. Escupió el fuego de regreso al Alfa. "Ese tipo me jode de miedo, ¿de acuerdo?"

Jim retrocedió. Caminó hacia el pasillo para cerciorarse que Harvey no los sorprendiera con las manos en la masa.

"Créeme, si fuera otro Galavan, me encargaría de él yo mismo. Al inicio quise seguirle la corriente, por si tenía el modo de hacernos ricos a todos… o de volver a los viejos buenos tiempos, ¿sabes?"

"¿Buenos tiempos? Tienes que estar bromeando..."

"¡Pero, nada bueno saldrá de esto!"

"O quizá…" Regresando a Oswald, Jim le sonrió con la vil intención de provocarlo. "No te gusta la competencia. Sé que Jerome tiende a opacar al resto."

Directo en el ego. Oswald dejó su quijada caer, incrédulo. "Oh, por favor. Jerome es un maníaco. ¡Un anarquista! ¡Me gustaría verte negociar con él para apoyar a tu querido noviecito, como lo hiciste conmigo!"

"No metas a Bruce en esto."

"¿Por qué no? ¿No este el trabajo que debería hacer nuestro nuevo Rey? ¿Qué está contribuyendo a la causa, para intentar detener a este tipo? ¡Ah, espera!" El olor a pescado de muelle era algo que Oswald nunca podría despegar de su cuerpo. Jim torció su nariz al olerlo acercársele. "Bruce Wayne sólo tiene dinero y portadas en los periódicos. Mala suerte, porque a Jerome no le interesa nada de eso. No le importa el dinero. Ni el poder."

Jim mordió su labio inferior hasta sentirlo sangrar.

"¡Pfft! Y para tu información, Jim, ¡soy un criminal honestoー"

Suficiente. Jim jaló a Oswald de la corbata para enforcarlo en la parte importante. "¿Dónde está? ¿Donde tiene guardado ese gas?"

Ofendido, Cobblepot arrancó su corbata de regreso. "Ya te lo dije. Sólo nos dice lo que necesita que sepamos, cuando necesita que lo sepamos."

Jim escuchó la puerta de la bodega abrirse y entró en pánico.

"Sólo sé que este hombre necesita ser detenidoー"

"¡Jim! ¿Estás acá abajo?"

Oswald no ocupó ser corrido a patadas del lugar. El hombre cogió con su bastón fuera de la bodega como si un incendio estuviera motivando su trasero. Jim se apresuró a cerrar la puerta detrás del ex-mafioso, girando su cuerpo justo a tiempo para recibir a Harvey.

"Sí, aquí estoy."

Harvey, jadeante, lució confundido a su alrededor, pero Jim supo leer propósito en su rostro. "Un policía acaba de ver a Jerome cerca de la Plaza Paisley."

Como Jim había temido, Jerome tenía un espectáculo preparado meticulosamente para ellos. Tras invadir un Festival Musical en la Plaza Paislay, Jerome y sus secuaces habían hecho buen uso del escenario. Al llegar, Jim reconoció al Comisionado Harkness, al Alcalde Interino Wilkins, al Arzobispo McGregor, y a la Senadora Dawes, atados a cuatro sillas.

Dinamita, alrededor de sus cuellos.

"¡Damas y Caballeros, no puedo creer lo que veo! ¡James Gordon ha llegado!"

Jim abrió camino entre el público aterrorizado. "No hablaré contigo hasta que pueda subir a revisar el bienestar de tus rehenes."

Jerome, con un tipo de interruptor en sus manos, le dio la Bienvenida a Jim con todo el gusto del mundo. "Primero que nada: Llegas tarde, Jim. Segundo: Creo que soy yo el que da las órdenes. ¿No lo crees?"

Jim trató de distraerlo, fingiendo que deseaba negociar con él, cuando muy bien sabía que Jerome no se guiaba por la razón. Su meta era darles tiempo necesario a los snipers para llegar a sus posiciones de los edificios conjuntos a la Plaza.

Jerome se burló de su sermón sobre el manejo de terroristas. "¿Terroristas? Ahora me siento ofendidoー¡Oh, no, no, no! ¡Alto ahí!"

Jim se congeló.

Jerome levantó el interruptor de nuevo. "No avances más, Gordon."

Firefly aventó una ráfaga de fuego para mantenerlos a todos en estado de terror.

"¡Y ninguno de ustedes tampoco irán a ninguna parte!"

Una batería fue reproducida para crear suspenso a lo siguiente que salió de la boca del psicópata. "Por si no les queda claro, esto es un Detonador de Hombre Muerto. Si, por alguna extraña razón, llegara a caer de mi mano… ¡BUM!"

Maldición. Jim suspiró.

"Tengo dos sillas vacías justo aquí, Jim. Ni siquiera me has preguntado para quienes son."

Jim no ocupó pensar muy detenidamente. "Jeremiah, tu hermano."

"¡Bingo! Ése es uno."

Jim lamió sus labios. "¿Y el otro?"

"Bueno, el otro…" Jerome metió un dedo a su oreja, limpiando su interior con el material de su guante blanco. ¿Qué otro buen-hechor ha sido causante de arruinarme mi diversión en ocasiones pasadas?"

No.

"Así es… ¡Bruce Wayne!"

Jim avanzó, sin importar la anterior advertencia que había recibido. "No."

Jerome fue frío como el hielo. "¿No?"

"Puedes tomarte a mi." Gesticuló hacia el escenario con su mentón. "Me sentaré allá arriba con el resto, con una de esas cosas en el cuello, pero no te dejaré tener a Bruce."

"Que romántico." Fue la neutra contestación. "Pero no te quiero a ti, Jim. Quiero a mi hermano." El hombre apuntó hacia su propia coronilla. "Quiero a Su Majestad. Y los quiero ahora."

Fue extraño. La manera imperturbable en la que Jerome entonaba su voz y su postura. Era inusual. De cierta manera, le preocupó a Jim más, que si hubiera enfrentado a Jerome saltando por todo el escenario, incitando más caos entre sus secuaces.

No, este plan había sido armado con cálculo gélido.

Jim recordó las advertencias de Oswald.

"De acuerdo, déjame sacar a este gente de aquí, y subiré… "

"¡No estás escuchando!"

El cuerpo de Jim se detuvo en seco.

"Y eso me obliga a hacer cosas que no quiero, Gordon." El interruptor fue mostrado por tercera ocasión.

Jim tragó saliva. "Jerome…"

Jerome presionó uno de los botones contra el micrófono.

En menos de tres segundos, la cabeza del Comisionado Harkness voló en mil pedazos.

Jim no registró los gritos horrorizados. Sus ojos estuvieron encima de Jerome, estudiando el placer en su rostro desfigurado.

Luego, le echó un vistazo al cuerpo mutilado de Harkness. El claro ejemplo de una promesa cumplida.

Sólo encontró un torso, chorrillos de sangre saltando del poco cuello que había sobrevivido la explosión.

Harkness. Quien Jim le había dicho días atrás, que besara su trasero.

-Lo siento. Jim imploró, sin destinatario claro. La culpa fue algo muy conocido. Jim lo asumió, como asumía cada pérdida en Gotham: de un sólo trago.

"Tráeme a mi hermano." Jerome reiteró. "Tráeme a Wayne." La inflexión de los labios sobre-alargados de Jerome fue una imagen que Jim tendría guardada en su memoria por mucho tiempo. "Tráelos ahora."


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Entró a la cocina.

Luego, Bruce pausó, atascado en el umbral.

"¿Por qué hay tanto pasteles?"

"¡Oh, Amo Bruce!" Entre columnas de un Red Velvets y un Volteado de Piña, la cabeza de Alfred fue reconocible. "Son muestras. Parece ser que desde que se anunciaron sus nupcias, cada una de las pastelerías en la ciudad se tomaron la molestia de enviar un pastel clásico de su menú… Y cuando me refiero, cada una de ellas…"

"Wow." Bruce no supo cómo sentirse al respecto. Nunca había estado rodeado de tantos distintos merengues en su vida. "Supongo que deberíamos estar… ¿halagados?"

"No sea ingenuo. Es mercadotecnia básica. Cada negocio que tenga un horno querrá formar parte de esta gran evento. No se preocupe, les he mandado una carta de agradecimiento a cada establecimiento." El hombre caminó con extremo cuidado desde el otro lado de la cocina, hasta donde Bruce se encontraba. "Fui claro en que no habría otra persona en hacerse cargo del maldito pastel… Más que yo."

Bruce sonrió. "Podríamos donarlos. Sería un desperdicio que se echaran a perder."

Alfred asintió. "Excelente idea." El mayordomo se inclinó hacia otra hilera de pasteles en el comedor. "Claro, podríamos aprovechar uno en especial."

Bruce descubrió un pastel de bizcocho y glaseado de limón, apartado de todos los demás sobre la mesa. Encima tenía velas insertadas metódicamente. Dieciocho, en específico.

"Es uno de tus favoritos, ¿cierto? Pensé… antes de ser absorbidos por la Boda… Quizás le parecería bien tener una celebración prematura de su Cumpleaños. Algo pequeño. Intimo."

De repente, Bruce no pudo hablar. El conjunto de sentimientos que lo acongojó, fue algo difícil de procesar. Necesitó de un momento de compostura. "¿Un No-Cumpleaños?"

"¡Exacto!"

Bruce inclinó su mentón. "Suena grandioso."

"Perfecto. Podríamos invitar al Capitán antes de volar las velas, por supuesto."

El timbre del recibidor les interrumpió sus idílicos planes. Provocó que Alfred gruñera, murmurando entre dientes, ya previendo que se trataba de más comida.

Bruce, por su parte, se sentó delicadamente frente al pastel en cuestión.

Como era habitual, pensó en sus padres.

Como era usual, la ausencia dolió.

Y como Bruce había estado aprendiendo, juntó sus recuerdos en una caja negra en la parte trasera de su mente. La cerró bajo llave, no queriendo lidiar con ninguno de sus contenidos. Porque nunca estaría listo para abrirla.

"Amo B."

Bruce saltó ligeramente ante la interrupción. Especialmente porque era raro que Alfred lograra sorprenderlo.

Se levantó para acudir al llamado. "¿Qué pasa?"

Alfred lució resignado. "Tenemos visitantes. Será mejor que me acompañe al estudio."

Bruce apenas dio tres pasos en el pasillo, y pudo olerlo.

Alfa. Cerca.

Su pecho se agitó. Sin consultarlo con su cerebro, los pies de Bruce lo deslizaron con más empuje por el piso de encerado. Llegar al estudio fue una acción que le tomó segundos, cuando usualmente le tomaría el triple de tiempo.

Dándole la espalda frente al televisor encendido, Jim Gordon fue una visión que le causó resequedad en su lengua.

"Jim."

Lucius estuvo presente en su periferia. Bruce caminó directo a Jim, sin embargo.

Quien al darse la vuelta, lució agitado. "Hola."

"¿Qué pasa?" Al instante, Bruce supo que no se trataba de una visita personal. Algo de decepción caló en el Omega. ¿Por qué todas sus interacciones con Jim últimamente, parecían estar vinculadas a otro tipo de agenda? Hasta en su última cita, Bruce no tenido el privilegio de tener a Jim para él solo, gracias a una persecución inesperada y la paranoia de un Capitán que había querido regresar a trabajar inmediatamente después. "¿Jim?"

Jim suspiró con el peso de todas las malas decisiones de la población de Gotham. Nada nuevo. "Bruce, necesitamos tu ayuda."

"¿Qué no sabes que es grosero tener a alguien esperando?"

El rostro de Jerome fue lo primero que Bruce divisó, al apartarse Jim del televisor.

"Tráeme a mis rehenes, Gordon. ¡Mi dedo detonador se pone ansioso!"

Jim tomó el hombro de Bruce, queriendo su atención de vuelta. "Los rehenes que quiere son su hermano… y tú."

"¡Debe estar bromeando, Gordon! ¡De ninguna manera!"

"Alfred, no me agrada recurrir a esto más que tú." Los ojos duros de Jim viajaron de Bruce, al otro Alfa, y luego a Fox. "Lucius y yo tenemos un plan."

"¿Sabes qué?"

Jerome los atrajo de nuevo al televisor. Bruce reconoció un tipo de control rectangular en su mano derecha, mientras que sostenía el micrófono con la otra. "Gordon, no creo que me estés tomando con suficiente seriedad. Bueno… veamos… De Tín marín de do pingué… Una de estos pobres diablos tiene que… ¡desaparecer!"

La cabeza del Arzobispo explotó.

"Por Dios." Alfred susurró, un eco del terror que heló a Bruce hasta la espina dorsal. "Amo Bruce. ¿Acaba de ver eso? ¡Valeska es un demente delirante! No puede considerar ni por un segundo colocarse a su merced, sólo porque Gordon se lo esté pidiendo."

"Vaya Rey, ¿eh? Donde se mete, cuando su gente la necesita en verdad? ¡Buuuuuu!"

Los puños de Bruce se enroscaron al oír la burla. El propósito de Jerome fue transparente: dañar su imagen, y públicamente, su integridad.

"No le hagas caso." Bruce desvió su enfoque de vuelta al Capitán. El rostro del hombre se encontró tallado en piedra. Sus dedos, al contrario, fueron suaves al presionarse cerca del cuello del Omega.

"Bruce, escúchame. Con tu ayuda podemos evitar más muertes."

En toda honestidad, Bruce no miraba cómo podría negarse. Sintió miedo. Uno no presenciaba una cabeza explotar en el éter, sin sentir su propia mortalidad bajo amenaza.

Pero, Bruce tenía sus responsabilidades claras.

"¿Cuál es el plan?"


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Fin de Parte 12.

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Nota curiosa: Ryan = Ryan Atwood. ;)

Además: ¡Otro capítulo, yay!