"La Corona."

Por B.B. Asmodeus.

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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne (principal). Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Bárbara Kean/Leslie "The Doc" Thompkins. Menciones de Bruce/Selina, Bruce/Otros, Jim/Sofía, y Jim/Lee.

Rating: Teen.

Resumen: Post-4x11. Después de perder la jugaba ante Sofía Falcone, Jim busca una forma de recuperar el control de la ciudad. Sin embargo, lo que empieza como un simple plan de contraer nupcias de conveniencia con Bruce Wayne, termina siendo más de lo que Jim había estado buscando.

Continuidad: Universo Alterno de las temporadas 2, 3, 4 y 5 (¡Así es, abarcaré la siguiente temporada!). Spoilers de 4x19, "To Our Dead and Beyond," pero reinventado a mi estilo. No esperen que lleven la misma secuencia de escenas que el episodio. Además, hay un pequeño spoiler de la Temporada 5. Si lo ubican, se merecen una galleta.


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xv.

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"La muerte es el enemigo.

El primer enemigo.

Y el último. "

-Beric Dondarrion, ASoIaF/Game of Thrones.

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"¡No necesitaba tu ayuda!"

"No lucía de tal forma de donde estaba parada."

El Sirens fue un lugar desolado de clientes para cuando arribaron. Bárbara se dirigió directo al bar, preparándose un martini.

Sus manos temblaron al querer servirse la copa. Dejando salir una maldición, Bárbara gruñó con frustración.

Las manos de Lee le detuvieron, pausando las suyas por un momento. "Lo que hiciste fue estúpido. Jim ya sospechaba de ti一No debiste involucrarte, Bárbara."

"Te lo dije." Tabitha acusó desde el otro lado del bar. "Hubieras dejado a sus lacayos de alcantarilla sacarla de ahí."

Como fue de esperarse, Lee siseó similar a un gato, dejando su animosidad con Galavan superar su temple de acero. "No te dirijas así hacía mi gente."

"Lo siento." Tabitha sonrió con dulzura. "Quise decir, tu circo de fenómenos."

Bárbara alcanzó a sujetar a Lee del brazo para evitar que rompiera una botella y se la encajara en la cara a Tabitha. "¡Suficiente con ustedes dos! ¡Tengo una jaqueca! Lee, fue un placer sacarte de las garras del GCPD, no te apresuras en agradecerme, linda." Bárbara entonó con sarcasmo. "La próxima vez que Nygma venga a comprar armas junto con Cobblepot con tu motín, no me molestaré con ahuyentar su trasero con mi navaja en sus pelotas."

"¿Nygma y Cobblepot?" Lee fue cuidadosamente con su pregunta, a pesar de su frialdad, no apartándose de Bárbara.

Si la cabeza de Babs no estuviera a punto explotar, la mujer levantaría una ceja. "Dejame adivinar. ¿Creíste que iría a tu rescate? Nygma nunca arriesgaría ser arrestado por una causa tan 'sentimental' como esa. Sus palabras, no las mías."

Del otro lado del bar, Tabitha levantó una mochila repleta de dinero. Dinero de los Bancos que Lee había asaltado. Bárbara no sintió pena al ver la ligera decepción marcar el rostro de Leslie. Sólo lástima.

Los primeros sorbos de martini la ayudaron a tranquilizarse, antes de proseguir a romper a Lee sus burbujas fantasiosas. "Nygma siempre supo que tu plan de asaltar los Bancos era una manera de llamar la atención de Jim. Cuando te ofreciste como el cordero al sacrificio al entregarte a la policía, terminó de convencerse. Se ha aliado一por el momento一con Oswald. Veamos cuanto eso tardará."

Leslie Thompkins era un quimera. Una serie de vidrios fragmentados unidos con pegamento de manera chueca y sin conectarse del todo bien. La Doc, la Pseudo Alfa de los Estrechos, la dulce Lee que nunca podía cometer errores frente a Jim Gordon. La Negociadora, que había insistido en aliarse con la Dinastía por protección, impávida ante el hecho de ser reemplazada por un chiquillo billonario. Bárbara las había conocido a todas.

Esta versión, revoloteando sin dirección clara por el club en busca de donde desplomarse, la desconcertó. A Lee no le sentaba bien lucir tan patética.

"Déjanos solas." Babs le murmuró a Tabitha. Se le fue mandada una mueca en respuesta. En minutos, Tabitha se deslizó hacia la parte trasera del club.

Leslie, ahora sentada en una de las cabinas de cuero, comenzó a reír.

A carcajadas.

Bárbara siguió sobando sus sienes.

Las carcajadas crecieron, alcanzaron una cresta, y se rompieron lentamente. Los ecos le causaron escalofríos.

Al final, Lee tomó uno de los floreros de cristal, y lo hizo pedazos contra el piso.

"¿Qué esperabas?" Bárbara se levantó de la barra, caminando hacia los trozos de vidrio. Pateó uno de ellos. "Nygma es una rata. Si no te hubiera traicionado desde antes, te hubiera matado cuando se aburriera. Es lo que hace."

"No me importa Ed." Lee enunció. "Ambos estábamos jugando dos roles específicos. Nunca caí por su actuación de niño enamorado, pero al menos, pensé que podría utilizarlo por más tiempo."

"Le quitamos tu dinero, al menos." Bárbara suspiró. "Tómalo. Regresa a tu Club de Fans, y disfruta seguir jugando a la Mesías del Inframundo."

Bárbara trató de sonar indiferente. De pie frente a Lee, tragó su impulso de tomar la mano vendada de Lee entre las suyas.

La Doc levantó su mirada oscura del piso. "La explosión. Jim sabrá que fuiste tú."

"No tiene pruebas." Bárbara tenía más neuronas en su cabeza como para encargarse del rescate ella misma. Para eso tenía a una Liga de Mujeres Asesinas a su disposición que no habían dudado en volar las bodegas del GCPD para extraer a Lee. No entró en detalles sobre dicha Liga, claro. No mencionó nada de lo que había sucedido en las últimas dos semanas. Porque no podía confiar en Thompkins. "No me preocuparía si fuera tú. Jim estará dispuesta a desviar la mirada, siempre y cuando te mantengas alejada de su radar un buen rato. Deja que esto de los asaltos se olvide. No será tan difícil considerando…" De su pantalón, sacó la invitación que había recibido en la mañana. Fue ofrecida en la dirección de Lee, quien la aceptó con un ceño fruncido.

"Estoy cansada de correr, Bárbara." Leslie gruñó entre dientes. "Si Jim quiere venir a arrestarme, que venga."

"Te saqué de allí porque lo que hiciste fue una ridiculez. Si te mandan a Blackgate debería ser por algo más conmemorativo que robar bancos con Ed Nygma."

Lee le sonrió. "¿Celosa?"

"Vete al diablo." Bárbara gruñó. "Sabía que no duraría."

"¿Qué cosa?"

"Tu pequeño acto de niña buena frente a Jim y el mocoso." Bárbara inhaló hondo. "Tú y yo, Lee… Somos dos reflejos del mismo espejo. Conozco lo que estás sintiendo."

Lee deliberadamente rompió la invitación en dos. Los dos fragmentos cayeron al piso. "No tienes idea de lo que siento, Bárbara."

"¿Así que no querías su atención? ¿No querías poner a prueba si el Buen Capitán doblaría la ley por ti?" Acercándose a la mujer, Bárbara se permitió un último capricho, acomodando una franja de cabello de la sien de Leslie. A pesar de la poca misericordia de sus cuestiones, su voz fue suave. "Como dije antes, sé cómo se siente pasar de moda frente a los ojos de Jim, amor."

Thompkins no rompió en llantos de manera melodramática. Todo lo contrario. Fue un búfalo, obstinada hasta el final en su propia abnegación. "No asalté esos bancos por Jim. Mi gente necesita comer, medicinas. Necesitaba sobrevivir. Cuando formamos alianza con la Dinastía, esperaba que Bruce nos apoyara."

"Te advertí que no sucedería. Te dije que no te esperanzaras."

Un resoplido amargo salió de las narices de Lee. "No importa. Tomé el problema en mis propias manos." La mujer se levantó y se dirigió directo a la mochila con dinero que la esperaba en la barra.

La mirada de Bárbara siguió a Lee hasta la salida del Sirens. Algún misterioso impulso guió a Lee pausar, reacomodándose la mochila en su hombro.

La Cabeza del Demonio pulsó en el interior de su puño, calentando el cartílago y la carne con una advertencia. Bárbara todavía no podía controlar su habilidad de clarividencia como La Liga de las Sombras le exigían, pero no por milésima ocasión, quiso tenerla. Quiso ver el futuro.

Quiso ver si esta sería la última ocasión que vería a Leslie Thompkins con vida.

"Gracias por rescatarme." Lee se despidió.

Horas después, de vuelta en el Museo de Artes e Historia de Gotham donde había estado entrenando sin parar, Bárbara fue víctima de otra despedida. Una más rabiosa y confusa. Nacida de una profunda furia, ante la incredulidad de Tabitha.

Todo empezó por la maldita la pintura que mostraba a Bárbara a lado de Ra's Al Ghul.

"¡Juro que no sé en que te estás convirtiendo! La Bárbara que yo conozco hubiera vendido toda esta basura al mejor postor."

"¿Basura? Se trata de mi destino." Bárbara cerró el libro de encantaciones, frustrada.

"¿Y estar conmigo y con Selina en el club, no lo es? Tú fuiste quien me rogó para ser socias."

"¿Qué no ves?" Bárbara susurró, volteando hacia la pintura. "¿No ves quién está ahí arriba? ¡Somos Ra's y yo, hace 400 años!"

"Pff, por favor. ¡Ni siquiera luce como tú!"

"¡Luce EXACTA a mi!" Bárbara no comprendía a qué Tabitha le tenía tanto miedo. ¿Miedo a ser opacada? Tal vez la mujer necesitaba una lección. "Por primera en mi vida encontré mi verdadero propósito. Y no dejaré que tus celos me distraigan."

"¿Celos? Hazme el favor."

"¡Señoritas!" Bárbara llamó la atención de las matonas Ninjas con un tronón de sus dedos. Por un momento, la escolta pretendió no haber estado husmeando en su conversación dentro de las galerías de arte Renacentista. Barbará siguió tronando sus dedos sólo para poner a prueba su paciencia. Eventualmente, sus cachorras movieron su traseros, rodeando a Tabitha. "Por favor escorten a la Srta. Galavan fuera de aquí."

Incrédula, Tabitha resopló por sus narices. "No te molestes. Puedo salir por mi maldita cuenta."

Su actitud la orilló a ver rojo. Arrogante, Bárbara re-pensó su castigo. "A decir verdad, creo que es hora que mis chicas te enseñen algo de buenos modelos."

Tabitha quiso echársele encima. Las mujeres de la Liga, sin embargo, la detuvieron antes de que Tabitha pudiera alcanzarla y causar verdadero daño. "¿Por qué no lo haces tú, Señorita Leyenda?"

Bárbara sonrió. "Porque yo soy la verdadera heredera de la dinastía ancestral de un Dios inmortal." Caminó hacia Tabitha con una seguridad que no había sentido en años. "No me gusta ensuciarme las manos con gente como tú."

Después de que Tabitha fue arrastrado de su vista, Bárbara no se dio tiempo para analizar la crueldad de sus acciones一Tabitha podría ser una de las personas más cercanas a ella en toda su maldita vida, pero Tabitha también la había matado.

Su historial juntas, era más que... complicado.

Se enfocó en seguir superando pruebas para tratar de activar la Cabeza del Demonio.

Siguió fallando.

Por más ataques sorpresas que le aplicara la Liga, su puño sólo ardió. El poder dentro, todavía durmiente.

Después de ocho horas, Bárbara se tomó un descanso a solas. Aprovechó el silencio para revisar su teléfono móvil. Tenía diez llamadas perdidas de Jim Gordon.

Sólo porque se sentía aburrida, Babs le regresó la llamada.

La llamada fue conectada rápidamente. Una señal de que Jim había esperado por una respuesta. "Bárbara. ¿Dónde demonios estás? El Sirens está cerrado."

"Decidí tomarme unas vacaciones. ¿Acaso está prohibido?"

"¿Estás diciendo que estás fugando de la ciudad?"

"Dios, que melodramático. Estoy haciendo negocios para mi bar. No es ilegal. ¿Querías algo, o solo llamabas para saludar?"

Hubo una pausa. "Lee fue arrestada 16 hrs atrás por los asaltos a los Bancos de la Ciudad."

Bárbara rodó sus ojos. "¡Por favor! Eso no suena a nuestra querida Santa Theresa Thompkins, Jim. Creí que eras un chico listo."

"Supongo que tampoco no tienes idea de su paradero, puesto que ha sido liberada en contra de nuestra voluntad por agentes desconocidos."

"Estoy haciendo mi mejor esfuerzo por no reírme en tu cara ahora mismo." Bárbara quería auto aplaudirse por su excelente actuación. "¿En serio? ¿Así es como lo llama el GCPD, en vez de admitir que son unos incompetentes?"

"Colocaron explosivos por las bodegas de la parte trasera del edificio. Parece ser que no deseaban daño colateral que pasara a mayores."

"¿Y? ¿Por qué debería importarme?"

"¿La ayudaste a escapar?" Jim fue suave y tentativo. Quería que Bárbara mordiera el anzuelo. "Por que lo comprendería, Bárbara."

"Explosiones donde pueda pasar desapercibida no suena a mi estilo y lo sabes, Jim. Lo siento. No tengo idea qué clase de hobbies Lee ha adoptado recientemente. Deberías preguntarle a Nygma. Hoy en día, esos dos se comportan como los mejor amigos." Colgó, porque sabía que frustraría a Gordon.

Tan solo imaginar su cara del otro lado de la línea, le ayudó a Bárbara a mejorar su humor.

Entonces, sucedió.

Un susurro.

Apenas un velo semitransparente de visión.

一"¿Puedo?"

Jim estaba sonriendo, carmín manchando su dentadura.

Sostuvo algo en sus brazos con recelo. La sangre se derramaba por el resto de sus extremidades. Sus manos mancharon el bulto arropado, cuando hizo su mejor esfuerzo por mantenerlo a flote contra su pecho.

"No sé cómo llamarle."

La visión terminó, tan elusiva como había llegado.


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"Sacrificio. Es lo vital en un matrimonio."

Frente al Arzobispo, Jim no tuvo una idea clara de a donde quería llegar el hombre. A su lado, Bruce se mostró impávido ante la declaración.

"He hecho mi parte de sacrificios." Jim murmuró.

"No piense que han terminado, Capitán."

Jim aguantó sus ganas de rodar sus ojos en blanco. No sería un buen presagio para la boda. "Por supuesto."

"El corazón del hombre traza su rumbo, Arzobispo." Tan suave como la mantequilla, Bruce desvió la atención a su persona, sonriente de la manera cordial que a Jim le estaba costando.

"Pero sus pasos los sigue el Señor, joven Wayne. No lo olvide." El refunfuño fue duro. Sobre su escritorio, el hombre tenía en manos los documentos a oficiar para la Ceremonia, esperando aprobación. Su destino, colgaba literalmente de la firma de este anciano pomposo. "Me han colocado en la posición más crucial que jamás me he encontrado. Un muchacho apenas capaz de controlar sus propios impulsos sobrantes de la pubertad y…" Al turnarse a Gordon, Francis Gutella hizo un sonido escéptico. "Por el otro lado, un hombre corrompido por las debilidades de la violencia y falta de fe."

"Tengo fe." Jim gruñó, la frase casi machacada fuera de sus dientes. "Tengo que tenerla, o hubiera perdido mi cabeza mucho tiempo atrás."

Hubo una pausa donde Jim sintió la mano de Bruce tocar su antebrazo del otro extremo de su silla.

"¿Qué tal usted, Señor Wayne?"

De reojo, Jim percibió a Bruce moverse en su propio asiento. "La he perdido en el pasado. Después de todo, difícilmente podría comprender por qué la voluntad de un Dios me guiaría a atestiguar la muerte de mis propios padres en un oscuro callejón…"

"¿Y ahora?"

"Mi fe es una situación ajena a una religión, Arzobispo. Pero, basándome en mis experiencias desde aquel horrendo dia… Creo que no hubiera podido llegar a este punto de inflexión en mi vida sin aquel sufrimiento. ¿Qué acaso no es lo que profesa Dios? ¿Qué sufrir es la única forma de sentir autorrevelación divina?"

"Mm." Francis removió sus anteojos, pensativamente limpiandolos con un pañuelo que rebuscó por sus cajones. "El sufrimiento de uno mismo no se comparará con el sufrimiento que estás por cargar, chico. ¿Estás consciente de ello?"

"Sí."

El Arzobispo se colocó los anteojos de nuevo. "Gotham no se lo agradecerá. Todas esas almas serán su solemne responsabilidad. No encontrará paz de nuevo. Su vida será pública, y a la vez anónima. Su imagen deberá será un lienzo en blanco, donde su gente deberá encontrar control y estabilidad. Podrá temblar ante el peso, pero no derrumbarse. Podrá cometer un error, pero no el mismo error dos veces. Detrás de bambalinas, podrá dejar salir tus emociones. Pero no frente a su pueblo. No frente a todos nosotros. Tendrá la ilusión de libertad y poder. Pero el poder de su reinado yace en su pueblo, no en sus puños."

Luego, el Arzobispo se tornó a Jim de nuevo.

"Y usted." El hombre arrugó su rostro entero con la intensidad de su fijación. "Todo lo que él tendrá, será a usted."

Tensión se concentró en el entrecejo del Alfa, procesando lo que pareció ser un dictamen Real.

"Por ello la ausencia de divorcio en este procedimiento. Por ello la tradición debe ser perpetua en cada Dinastía." Francis regresó a Bruce. "Es un trabajo de dos. Es simbiosis. Un balance. La, o él Consorte en este caso, jura servir al Rey por toda su vida, porque su deber es permanente. Un apoyo que nunca debe flaquear. Cuando Bruce Wayne caiga, Capitán Gordon, usted debe recoger las piezas y levantarlo de nuevo."

Jim tuvo que cubrir parte de su boca con su mano para controlar el impacto de lo dicho sobre su sistema. Al lamer sus propios labios, identificó el sudor. La ansiedad, manifestándose por su cuerpo.

"Verán, Rey y Consorte son un símbolo de esperanza para su gente. No son sólo títulos. En el momento ustedes dos se fallen el uno al otro, bueno…" El hombre suspiró. "Le fallarán a todos los demás. La esperanza se perderá. El sistema caerá, y con ello la estabilidad de una sociedad por entero."

Jim parpadeó, un nudo en su garganta.

"Tal vez, el Capitán puede auxiliarlo en otro tipo de rol. ¿No lo ha pensado? Tal vez, él no sea el indicado para acompañarlo en este siguiente paso, Señor Wayne."

"Resultaría ridículo."

"Bruce." Gordon levantó una mano para cortar con la clara impaciencia que comenzaba a consumir al chico. "El Arzobispo tiene un punto. Está siendo brutalmente honesto por una razón."

"No me hables como si no supiera lo que está haciendo, Jim. Reconozco perfectamente el método desestabilizador que el Arzobispo está manejando para ponernos a prueba." Bruce se recargó en la orilla de su asiento, sujetando el escritorio del Arzobispo con más intención. "Jim es un hombre con un pasado tintado, lo sé. Sus inseguridades son profundas, porque eventos traumáticos lo persiguen aún en la actualidad. Es un hombre resiliente, sin embargo."

"Mm. Hay otros hombre, o mujeres, igual de resilientes."

"¿Y comparten el mismo compromiso con la ciudad que él? Si los hay, me encantaría conocerlos. Hasta ahora, sólo he encontrado impostores. Maníacos. Gente rota, emocionalmente y psicológicamente."

"Tampoco nos engañemos." Jim hizo una mueca. "Cuando te pedí matrimonio la primera vez, no fue por razones nobles. Estaba buscando venganza, Bruce."

"Y me negué." Bruce no se privó de los placeres que Jim había reprimido, al rodar sus ojos en toda su gloria petulante. "No cambia el hecho que tu loca propuesta de aquella noche sirvió como gatillo para darme cuenta de lo incorrecto de mi comportamiento. Me frenaste, justo cuando estaba por ahogarme en mi propio auto-odio, Jim… Además… cuando activé la Dinastía, lo hice por mi cuenta."

Eso picó la curiosidad de Jim. "¿Por qué lo hiciste? Nunca me has contado tu razón. No sin evasiones."

"Estaba harto del sufrimiento, cuando sé que puedo hacer algo valioso para mejorar el estado de la ciudad."

Bruce contestó tan rápido que Jim detectó la mentira cuando todavía ni terminaba de salir de su boca. "Ah. Tú martirismo." Jim gesticuló hacia el hombre frente a ellos, sintiéndose vengativo. "Ahí está un buen tema a explorar con el Arzobispo."

Bruce recibió el golpe directo, limitándose a arrojar una mirada poco agraciada a su futuro esposo. "Y tú nunca dejarás de odiarte a ti misma por todas las personas a las que crees fallarles todos los días. Pero al menos, seremos útiles con nuestros propios infiernos personales."

Jim suspiró. Terminó encogiéndose de hombros, resignado con el diagnóstico.

Bruce retornó hacia su Juez. "Agradezco la lección y la sesión terapéutica, pero apreciaría si pudiera firmar los papeles con la bendición de la Iglesia antes de que Jim sea acogido por otra crisis existencial, Arzobispo."

Gutella unió sus manos sobre el escritorio. "Falta una cosa más para discutir. La más importante de todas."

-¿Ahora qué? Jim imaginó al clérigo sacar de sus batas su historial psicológico para reiterar porque casarse con un Gordon era Una Mala Idea.

Fue peor.

"Gordon es viejo."

Jim parpadeó. Una risa incrédula siseó de su boca. "¿Me disculpa?"

"Debe haber garantía de un heredero bajo cualquier circunstancia."

Jim sintió el calor dejarlo por entero. Para sorpresa de nadie, su impulso primario fue levantar su puño. "Bruce es muy joven para preocuparse por eso."

"Es el deber más sagrado de la Corona. Indisputable. Con ello se asegura la longevidad de la Dinastía."

"Quizás en en siglo pasado." Jim resopló por sus narices. "Bruce no ocupa otra presión a la larga lista. No confunda las cosas, Arzobispo. Acudimos a usted porque sería preferible mantener la tradición de contar con la Iglesia católica como una aliada de la Dinastía. Pero, no es una obligación de nuestra parte. Podemos proceder con la boda de cualquier forma."

A su costado, Bruce permaneció callado durante el argumento.

Jim volteó su perfil hacia el muchacho, buscando apoyo. No encontró nada espectacularmente revelador en la expresión del Omega. Bruce seguía aventando dagas al set de documentos en el poder del Arzobispo. Obstinado. Determinado.

Gutella alzó un pedazo de piel abultada que utilizaba como ceja. Devolvió el reto. "La puerta está abierta. Esta decisión no es mía para tomar."

Jim abrió su boca.

Bruce fue más hábil en encontrar su voz. "De acuerdo. ¿Cuales son los términos para establecer un tipo de garantía… que satisfaga a todas las partes involucradas?"

La mirada de Gutella adquirió cierto tinte de victoria.


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"¡No tenías que seguirle la corriente!"

Fue triste para Alfred, que poco perduraban sus momentos de paz y tranquilidad.

"Firmó los papeles. Está hecho." La voz de su protegido fue el presagio a su presencia física, manifestándose por la cocina segundos posteriores.

"En un anciano viviendo en la época de las Cruzadas. Lo que dijo一¡Maldición!"

"¡Cuidado con los bocadillos!" Alfred se asomó por detrás de las cajas de comida enlatada, temiendo lo peor. Afortunadamente, Gordon tenía buenos reflejos. La mesa donde estaban siendo arreglados los bocadillos, fue estabilizada por el mismo hombre, antes de que terminaran en el suelo. "¿Qué es todo este escándalo?"

Amo Bruce se deslizó entre la mercancía del catering para abrir el refrigerador. "Jim está exagerando."

Milagrosamente, Gordon se hizo camino por el comedor, sin tropezar con algo más. Aplastó los documentos con los que habían salido aquella mañana, directo en el pecho de Alfred.

Al revisarlos, el Mayordomo encontró la firma del Arzobispo en cada una de las páginas. Gracias al Cielo. Un pendiente menos. "Ah. Asumo que obtuvieron éxito en su misión."

"No sin ser expuestos a otra decisión apresurada de Bruce Wayne."

"Al menos yo no sucumbí a mi deseo de noquearlo en frío."

A pesar de su pequeño duelo de palabras, Gordon aceptó el vaso con jugo que el Amo Bruce le deslizó por la barra.

Ágil y rápido, Alfred se apresuró resguardar los documentos en la caja fuerte. La cual ahora tenía guardada en una de las alacenas. Entre el salmón enlatado y las pastas de fetuccini. "¿Noquear a un Arzobispo, Gordon? Eso sería un nuevo nivel de bajeza para ti."

"No, si el bastardo lo merece."

"La infalible lógica de Jim Gordon." Entre sorbos de jugo, amo Bruce tomó asiento en la barra, sonriéndole a su cavernícola de preferencia. "No me malentiendas, Jim. Considero dulce tu preocupación por mi virtud一"

"Lo que queda de ella." Alfred tosió contra su puño.

"一Pero lo que firmé fue una muestra de cooperación. No significa que haré lo que la Iglesia dicte de mi, palabra a palabra."

"Oh. ¿Llegaron a la fabulosa discusión de posibles herederos?" Alfred frunció con desaprobación al Omega, al notar que el chico había robado uno de los bocadillos del refrigerador para la recepción. "Dicen las malas lenguas que justo en esa parte, Martha le enseñó la flexibilidad de su dedo medio a aquella vieja Institución."

Gordon apuntó hacia el amo Bruce, su compostura brillando con justificación. "¿Ves? Una mujer inteligente."

Alfred regresó a la barra sintiendo que esta maldita Boda Real no podía apurarse lo suficiente. "Está hecho, ¿sin embargo? Enfoquémonos en el siguiente paso. El circo casi termina, hombres valientes. Persistan en las trincheras."

Jim vació su vaso de jugo con un último sorbo. Por un momento pareció que seguiría con la misma riña. Debió de estar más cansado de lo usual, porque no refunfuñó.

"¿Tienes hambre? ¿Puedo prepararte algo."

Alfred roló sus ojos. ¿Así que, el mocoso sí se apresuraba por mantener a su Alfa bien atendido, pero a Alfred sólo le daba jaquecas? "Tengo pavo desmenuzado en el refrigerador. Pueden hacerse emparedados."

El amo Bruce ya estaba recorriendo el sendero de regreso al refrigerador. "Prometo no cortar el pan tan grueso esta vez."

"Promesas, promesas." Jim creyó que con la barrera de la puerta abierta, no habría testigos a su mirada lúgubre. Alfred la atestiguó, para su mala suerte. Un gesto vulnerable, hundido en cariño. "No puedo quedarme por mucho tiempo, Bruce. Debo volver al GCPD para mi guardia en un par de horas."

"Es suficiente tiempo para que comas."

El Omega tenía práctica en crear los emparedados y esta ocasión no fue para menos. Gordon auxilió en cortar el pan para cambiar la rutina en algún punto de la preparación de la cena. Alfred se dejó arrullar por el viejo televisor del otro lado de la cocina, mirando un especial sobre los Leones del serengueti con una taza de té.

Un rato posterior, Alfa y Omega comieron juntos. Se susurraron, rieron y discutieron entre ellos, concentrados en su propio universo. Alfred los dejó ser.

El timbre sonó.

Alfred suspiró.

Por supuesto.

No podía durar.

"Sigan comiendo. Yo atiendo." Alfred se despegó del televisor resignado. Se abrió camino por el ejército de cajas y mesas hacia el recibidor con cautela. Se cercioró de tener su Magnus en la parte trasera de su cinturón, antes de abrir.

Al asomarse por la mirilla, frunció su ceño en sorpresa.

"Señorita Thompkins."

"Alfred." La mujer, a diferencia de su última reunión, no lució como aficionada de la música gótica. Vestía un sencillo traje color beige, con combinaciones más neutras. Su rostro irradiaba al natural, ni una pizca de maquillaje. "Buen día."

Alfred permaneció a una distancia segura. No la invitó a pasar. Había aprendido su lección sobre confiar en lobos vestidos de oveja. "Asumo que busca al Capitán Gordon. Iré por él."

"A decir verdad." La mujer le frenó al alzar su voz un poco. "No quiero tomar mucho de tu tiempo. Sólo vine a dejar esto." Una mochila militar fue dejada en el borde entre el exterior y la alfombra del recibidor. "Reconozco el auto de Jim, sé que se encuentra aquí. Esto es para él. Es el dinero robado por los Bancos Préstamos y Ahorros de Gotham. No todo completo… Pero, recuperé lo que pude."

Rayos. "En verdad debería ir por él." Alfred observó a la mujer con detenimiento. Nunca la había visto más abatida. Exhausta. Por primera ocasión en mucho tiempo, Alfred creyó reconocer a la dulce mujer que había conocido en aquel evento de caridad. No la mujer que lo había secuestrado para negociar una maldita corona. La nostalgia le atacó.

Alfred terminó suspirando. "Y lo haré, después de diez minutos de gracia, una vez que se haya marchado."

Con eso obtuvo una pequeña sonrisa. "Gracias, Alfred."

"¿La veremos de nuevo?" Alfred reconocía las señales de una despedida, cuando las tenía enfrente. Esta mujer estaba huyendo de Gotham. De nuevo.

"Honestamente, no lo sé."

"De acuerdo. Me encargaré de avisarle al amo Bruce y al Capitán de que no estará presente para sus nupcias."

La sonrisa se alargó. "Sería lo más prudente." La mujer comenzó a retroceder. "Cuídense las espaldas."

Alfred asintió. "Los laterales y los frontales."

Lee Thompkins trotó hasta el viejo Volkswagen que tenía estacionado en un punto poco llamativo del ejido Wayne. Alfred observó su abordaje al vehículo y consecuentemente su ruta acelerada hacia las puertas eléctricas principales.

Alfred mantuvo su promesa. Contó los diez minutos exactos.

Luego, plantó la mochila con gajes de dinero justo en la mesa del estudio, donde Gordon y el amo Bruce habían migrado a conversar.

Gordon no gritó. No hizo preguntas. No gruñó. No salió corriendo en esperanza de desear alcanzar a la Doctora. Bastó mirar la mochila, y su rostro reflejó comprensión inmediata. Tras revisarla por un momento, el Alfa sustrajo una hoja de papel de los adentros一una confirmación a sus sospechas.

La hoja resultó ser una carta que Gordon leyó en silencio. A su lado, el amo Bruce compartió miradas preocupadas con Alfred.

"Dice que va en busca de Sofía."

"¿Le crees?"

Jim dobló la carta en un cuarto, para después introducirla a su chaqueta. "Considerando que esto ahora forma parte de una investigación policíaca, me reservaré mi opinión."

Alfred decidió brindarles privacidad. Lo último que miró por el rabillo del ojo fue a Bruce Wayne, consolando a un hombre que se rehusaba a admitir que estaba lastimado.


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"¿No sabes cómo ponerle el silenciador a este armatoste?"

Bruce sonrió con la pregunta. Esperó a llegar al siguiente semáforo para activar el Modo Silencioso al automóvil, bastando con un par de clicks en el control del volante.

A la luz verde, aceleró de nuevo. "¿Te dijo Tabitha para qué me quería ver?"

"Ya te dije que no entró en detalles. Sólo sé que se trata de Bárbara y que es importante."

"Espero no tome mucho tiempo. Tengo que regresar a la Mansión lo más rápido posible."

"Uy, sí. Lo olvide. Tienes que seguir practicando frente al espejo."

Bruce sintió su rostro colorearse. "Sabía que estabas espiándome."

"¿Cómo iba? Oh, sí. Querido James…"

"No hablo así."

"Quiero entregarte mi corazón entero, ¿qué más da? No es como si no te he hubiera entregado ya todo lo demás en la primera cita."

Ambos resistieron por un segundo.

Luego la ola de carcajadas suaves retumbaron por el Ferrari.

Selina comenzó a ajustar la estación de radio. "Ya en serio. ¿Qué tanto recitabas cuando te encontré en tu recámara?"

"No te incumbre."

"Oooh. Eso suena humillante."

"Es parte de…" Bruce mordió su lengua al último momento. No compartiría sus votos con Selina Kyle. "Olvidalo."

"Como sea." Selina escogió una canción de música Country. Quién lo diría. "Entonces… Dos días más, ¿huh?"

"Técnicamente, un día y medio." Bruce murmuró.

Conforme se acercaron a la localización que Tabitha le había entregado a Selina, Bruce entró en un estado más alerta. De por sí resultaba sospechoso ser requerido por una Galavan, citado en las afueras de la ciudad sólo agregaba más elementos de desconfianza.

Tabitha los estaba esperando y lo demostró al atravesarse en plena calle. Bruce frenó en seco en la calle 19, prosiguiendo a estacionarse con cuidado.

"Tabitha, ¿cuál es la famosa emergencia?" Selina demandó, una vez fuera del auto.

Por sobre el hombro de la chica, Tabitha intercaló miradas con Bruce. "Vamos adentro."

"¿Por qué? ¿Qué hay dentro?" Bruce trató de cuestionar.

"Bárbara, ya se los dije." Galavan no se molestó con más explicaciones, dándose la vuelta hacia al entrada del edificio del Mausoleo. Fue obvio que esperaba ser seguida sin más objeciones.

Selina, la buena soldada, le siguió a la mujer a completas ciegas.

Bruce caminó más despacio. Dio un último vistazo al Ferrari. Decidió en el último instante, mandar en mensaje de texto la dirección a Alfred y a Jim. Una precaución.

Siguió a Selina por la entrada desolada del Mausoleo. Bruce no comprendíó qué demonios estaría haciendo Bárbara Kean en este lugar.

Entraron a oscuras. Bruce se frenó detrás de Selina, su presentimiento creciendo. "Tabitha. ¿Qué estoy haciendo aquí?"

Emboscado por hombres de negro, Bruce descubrió el verdadero propósito de su presencia de la manera más desastrosa posible.

Tabitha quería su sangre.

Para revivir a Ra's Al Ghul.

"¡No, no, no, no!" Bruce peleó contra sus captores con todas sus fuerzas, rogando por la ayuda de Selina. Al ser arrastrado al cuerpo momificado de Ra's, el fondo de su estómago desapareció. Tabitha escupió explicaciones surrealistas sobre la Cabeza del Demonio y como Bárbara la tenía en posesión.

Querían revivir a Ra's Al Ghul.

"¡Está loca, Tabitha! ¡Déjame ir! ¡Selina, haz algo!"

"Tabitha, ¿cómo rayos vamos a ayudar a Bárbara, haciendo esto?"

"¡Deben detenerse!" Bruce le dio cara a los dos secuaces que aparentemente estaban preparando un tipo de ritual. "Ra's deseaba la muerte. Quería morir."

Uno de los seguidores de Ra's sonrió, ahora acompañado de una daga. "Y ahora lo necesitamos vivo."

Bruce fue inmovilizado con más gigantones, al momento que se percataron que Bruce era más fuerte de lo que aparentaba. Lo jalaron de su brazo derecho, obligándolo a flexionar su palma abierta. Intentó luchar. En verdad lo intentó. Hasta el último instante, donde la daga cortó su palma y su sangre se derramó sobre la cabeza del cadáver de Ra's Al Ghul.

"Hueso, carne y aliento.

Regresa a nosotros, nuestro líder.

Ahora cerramos el círculo

Te ofrecemos la sangre

De quien te asesinó."

Bruce esperó que no funcionara. Que su sangre ya estuviera contaminada de alguna manera.

Peor que una película de horror, Bruce fue testigo de la manera grotesca que su sangre fue absorbida en la piel seca y podrida. Entró en efecto al poco tiempo de hacer contacto, haciendo brillar el esqueleto con los inicios de vida.

"No." Bruce gruñó por última vez, antes de que su mirada se oscureciera.

Cuando regresó en sí, sintió el piso frío del mausoleo contra su trasero. Estaba acomodado sobre uno de los pilares, la voz de Ra's Al Ghul haciendo eco por el lugar.

Bruce se estremeció al escucharlo.

Ra's Al Ghul no sonó como un humano.

Se mantuvo quieto, fingiendo seguir inconsciente.

"La mujer a la que le cediste la Cabeza del Demonio está comenzando una guerra."

"¡YO empecé la guerra! La Liga de las Sombras estaba podrida por dentro. ¡Sólo a través de violencia podría ser renacida!"

Fiel a su juramento, más actos de violencia lograron ser discernidos por los oídos de Bruce. Sangre escurriéndose. Piel siendo arrancada. Gemidos de dolor.

"Maestro, nuestras vidas son tuyas para tomar. Pero esta mujer no sirve a la Liga. Sus metas son limitadas. Egoístas. Cual fuera la fe que le tuviste, fue mal puesta. Si sigue tendiendo la Cabeza del Demonio en posesión, la Liga perecerá."

"Espera, ¿a qué te refieres con que si sigue teniendo la Cabeza del Demonio? Pensé que Ra's debería la recuperaría en el momento que… bueno, ¡que volviera!"

Tabitha había sido una tonta. Y Ra's Al Ghul así lo probó.

"No. Para eso, Bárbara tiene que dármela por su propia voluntad."

Hubo una pausa. Luego, una agridulce resignación. "Nunca lo hará."

"¡Entonces, la mataré y la arrancaré de su cadáver!"

Se escuchó una conmoción que marcó la retirada de varios sets de botas. Bruce abrió un párpado ligeramente, alcanzando a divisar a la figura encapuchada de Ra's Al Ghul deslizarse fuera del Mausoleo.

Bruce gimió, más por la visión frente a sus ojos, que por algún malestar.

"¿Bruce?"

El Omega escuchó en su cabeza Dulce, dulce, Bruce, la voz de Ra's raspando su mente. Rehuyó de Selina cuando lo quiso tocar y vomitó hiel directamente en el mármol del piso.

Sintió su móvil vibrar. Al sacarlo de su bolsillo, Bruce leyó una respuesta a su texto anterior.

¿Todo bien? -Jim

-Regresó. Bruce contestó, ya de pie, tambaleándose hasta su auto. Selina siguió repitiendo su nombre. Bruce estuvo tan enfurecido con ella que no quiso enfrentarla一Estaba furioso con ambas.

Al instante, recibió una llamada.

"¿Bruce, qué pasa?"

Bruce cerró la puerta del auto. Sus manos estaban temblando. Se dio cuenta cuando quiso arrancar el auto, y su coordinación no resultó ser la mejor. "Ra's Al Ghul. Regresó."

Hubo una pausa donde seguramente Jim estaba preguntándose si Bruce había regresado a abusar del alcohol. "¿Ra's Al…?"

"El asesino de Alex."

"Sí, lo recuerdo. Lo recuerdo, Bruce. Pero me habías contado que estaba muerto."

"Fue… fue revivido. Con mi sangre. Tabitha Galavan me tendió una trampa junto con la Liga de las Sombras."

"¡Bruce! ¡Vamos, abre la puerta! ¡No sabía que harían eso contigo!"

"Fue un ritual一Tenía que ser yo por haberlo matado la última vez. Sé que todo esto suena increíble, pero por favor créeme."

"De acuerdo. Podemos hablar más a detalle en la Mansión. Ven a casa, puedes contarme el resto después."

Bruce golpeó su cabeza con el respaldo. Jim estaba en casa. Jim le creía. "Lo odio, Jim."

"Bruce, por favor. No cometas una tontería. No por tu cuenta y sin respaldo."

Ra's Al Ghul iría tras Bárbara Kean. La mataría.

Y Jim perdería otra aliada.

Por más complicada que su relación fuera, Bruce sabía que Jim se sentía responsable por la caída de gracia de Bárbara Kean, similar a la caída de Leslie Thompkins. Ni un solo día había transcurrido desde de que la Doctora Thompkins había dejado Gotham, y Jim ya sufriría otra pérdida.

"Te veré en casa." Bruce prometió. "Dile a Alfred que triplique la seguridad." Colgó, antes de alimentar más la paranoia del Alfa.

Del otro costado, la ventanilla se abrió una fracción ante los incesantes golpes de Selina. "¿Donde se encuentra la Señorita Kean?"

"¿Qué vas a hacer?"

Tabitha empujó a Selina de la ventana. "Calle 9, en el Museo de Artes e Historia de Gotham. En las galerías."

Bruce asintió. "Vayan a esperar a la Mansión."

Subió la ventanilla rápidamente. Al volverlo a intentar, sus manos respondieron. Encendió el Ferrari y aceleró fuera del lugar.

Y Bruce que había esperado que Selina lo sorprendiera con una fiesta de Despedida de Solteros.

Fue fácil encontrar a Bárbara Kean. No era algo habitual verla correr despavorida por las calles de la ciudad.

Ra's Al Ghul estaba justo detrás de sus pasos, matando a cualquier obstáculo de su camino, fuera éste humano o inanimado.

Bruce rodeó la manzana para llegar a un punto estratégico que lo dejó a espaldas de la fugitiva forma de Kean.

Presionó en el volante el desbloqueo de la puerta del pasajero, justo a tiempo para que Bárbara se percatara del Ferrari pausando en su cercanía. La mujer fue inteligente. No hizo preguntas tontas y se metió al auto de manera frenética.

Por el espejo retrovisor, la figura de Ra's Al Ghul no paró de perseguirlos.

"Quiere matarme一El hijo de puta quiere matarme."

Bruce despegó su mirada del espejo, enfocándose en lo que tenía delante.

El resto del camino a la Mansión fue en silencio.


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Fin de Parte 15.

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