CITRUS FANFIC
Una Confesión Inesperada
Esa tarde había sido lluviosa y soñolienta. Cuando la jornada escolar terminó, aún caía una persistente llovizna acompañada por la fría brisa. Yuzu quería irse cuanto antes a casa, darse un buen baño y acostarse al lado del cálido cuerpo de su amada Mei.
Mei...; El amor que sentía por ella era intenso y profundo. Siempre que estaba cerca de ella, su aroma la envolvía y la sutil sensualidad que emanaba su cuerpo despertaba en Yuzu el irresistible deseo de besarla, poseerla toda una noche, llegar al amanecer con los labios pegados a su cuerpo.
Todos estos anhelos Yuzu los hacia realidad sólo en su fértil imaginación. Mei era tan fría(o aparentaba serlo) que jamás permitía que los arranques de Yuzu fueran más allá de besos que no duraban más de diez segundos. Siempre que intentaba tocarla un poco más, era detenida enérgicamente por Mei, dejándola siempre con el deseo quemándole el cuerpo. ¡Qué no hubiese dado Yuzu por echar un vistazo al corazón de Mei! Así sabría si esos sentimientos y deseos que la perseguían eran compartidos por ella. Yuzu no tenía reparos en decirle a Mei abiertamente "Te amo", no una sino varias veces al día; pero ella JAMÁS le había dicho ni siquiera un "Me caes bien". Aceptó salir con Yuzu pero seguía siendo igual de seca.
Esa tarde, Yuzu planeaba irse con Mei, así que fue a la oficina de la Dirección a buscarla. Tocó la puerta y la querida voz dijo "Pase".
-Hola Mei!-dijo alegremente Yuzu-Quiero irme a casa contigo. ¿Ya terminaste tus deberes?
-Yuzu-respondiò Mei, mirándola fijamente con sus preciosos ojos violetas-tengo una reunión con el consejo estudiantil sobre el rendimiento académico de las estudiantes y tal vez termine tarde, así que vete adelante, por favor.
-¡Oh! Y yo que quería compartir mi paraguas contigo.
-Aun si pudiera irme ahora no haría tal cosa. Seria incómodo y terminaríamos mojadas las dos.
-Bueno- dijo resignada Yuzu, acercándose a ella-Al menos ¿Podría besarte?
Acarició el rostro de Mei con suma ternura y acercó sus labios a los de ella. Pero Mei la hizo a un lado, dejando a Yuzu a mitad de camino.
-Ahora no. Vete a casa, que ya me me voy para la reunión. Te llamaré luego.
Desilusionada, Yuzu salió, diciendo:
-Te espero en casa, querida Mei.
Al salir, Mei soltó un gran suspiro, pensando: "Cada día es más intensa. No me gusta que me presione de esa manera. Aunque sus manos son tan suaves...me pregunto qué sentiría si acariciara mi cuerpo con ellas."
Ante este este pensamiento, se sonrojó y para no darle más vueltas al asunto, se fue a la sala de juntas.
Mientras, Yuzu salió rumbo a casa. Iba un poco triste por la negativa de Mei.
-¡Carajo!-dijo en voz alta-Sólo le pedí un beso. ¿Qué le costaba?
- Vaya-dijo una voz su espalda- Así que se negaron a besarte.
Yuzu brincó, sobresaltada.
-Ah... eres tù, Harumin. Me diste un sustazo.
-Estabas pensando en voz alta, como de costumbre.-dijo Harumin pasando el brazo por el hombro de Yuzu.
-Sí. Es que...ya sabes...hmmmm...
-Ya entiendo, no te preocupes. Sé que sales con alguien. Sólo que no me has dicho aún quién es el afortunado.
Yuzu miró el rostro de su amiga y notó ese extraño brillo que otras veces había descubierto en ellos. Se sentía un poco inquieta cuando sorprendía esa mirada, que aún no sabía cómo interpretarla.
-Sabes Harumin...creo que voy a decírtelo.
-¿En serio?
Harumin observó a Yuzu de forma extraña otra vez, haciéndola dudar.
-Verás...
¡ZAS! En ese momento una fuerte ráfaga de viento dejó inservible los paraguas de ambas y la lluvia arreció con fuerza nuevamente.
-¡Vamos, Yuzu! ¡Busquemos donde refugiarnos!
Harumin tomó la mano de Yuzu y, corriendo, llegaron a un pequeño templo donde se resguardaron de la lluvia.
-Aggh! Estamos empapadas.- murmuró temblorosa Yuzu.
-Sí que ha llovido hoy. Ojala cese pronto.
Las dos se sentaron bajo el pórtico del templo, que en ese momento estaba desolado. Yuzu miró la hora, 'pensando en Mei. Sin darse cuenta, sus ojos verdes adquirieron un brillo hermoso,tanto,que Harumin se quedó embobada mirándola.
_Oye Yuzu- dijo en voz baja-¿Estás pensando en tu amor, verdad?
-Sí- Admitió.- ¿Quieres saber quién es, cierto?
-Si puedes decírmelo, adelante.
Yuzu inhaló fuertemente antes de proseguir.
-No sé qué vayas a pensar de mí cuando lo sepas, pero en algún momento te enterarás y prefiero ser yo quien te lo diga...La persona que amo y con la que estoy saliendo es... mi hermanastra Mei.
Un silencio sepulcral siguió a las palabras de Yuzu. Sólo se escuchaba el sonido de la lluvia, monótona, tristona.
De repente, ardientes lágrimas empezaron surcar el rostro el Harumin.
-¿Qué tienes?-preguntó Yuzu alarmada-¿Te duele algo?
Con una voz irreconocible e infinitamente triste, Harumin respondió:
-Sí. Me duele el corazón desde hace mucho tiempo. Ya no pude soportar más el dolor y por eso estoy llorando.
-Harumin... ¿Por qué? Por favor, no llores. Lloraré yo también. -Yuzu abrazó a su amiga, secando su rostro con un pañuelito.
-Yuzu...Yuzu, no hagas eso, te lo pido. Sólo haces que me duela aún más. -
Yuzu se apartò, confundida. No entendía la reacción de Harumin. ¿Fue porque le dijo que su pareja era Mei?
-Yuzu-dijo Harumin al fin-Yo siempre te he amado. Desde que empecé a conocerte mejor, mis sentimientos crecieron de un modo incontrolable, pero nunca te dije nada porque pensaba que no te gustaban las chicas y, además, no parabas de suspirar por esa persona. Se notaba que amabas a alguien, pero jamás me imaginé que fuera mujer, y mucho menos Mei. De haber sabido que te gustaban las mujeres-Añadió llorando-me hubiera declarado desde el primer momento y tal vez ahora serías mi novia.
Jamás hubiera imaginado Yuzu que recibiría semejante revelación. No sabía que decir, y allí quedó, aturdida sin saber qué hacer.
De improviso, Harumin la abrazó estrechamente y le musitó al oído:
-Te suplico que me dejes besarte sólo esta vez.
-Pero...
-Te lo ruego. Sólo por esta vez. Sé que no me amas, pero no me odias ¿verdad? Amo todo de ti: tu voz, tu sonrisa, tus labios... todo tu cuerpo y tu alma.
Yuzu contempló los dolidos ojos de Harumin. Un beso. Solo le estaba pidiendo un beso. Y esos ojos tenían algo que jamás había visto en los de Mei: Desbordaban amor y deseo. Y las palabras mágicas que tanto deseara escuchar de Mei, salieron sin condiciones ni reservas, apasionadas.
-TE AMO. Te amo, te amo. Yuzu...-sin poder resistirlo más, besó los labios que estaban frente a ella.
El remordimiento que experimentó Yuzu al principio quedó mitigado por la fuerza de aquel contacto. Harumin la besaba como nunca lo había hecho Mei. Primero fue suave, delicado, rozándole apenas los labios; luego, fue creciendo en intensidad. Cuando la lengua de Harumin entró en su boca, Yuzu empezó a corresponder a los besos con pasión creciente. Esos labios destilaban miel y lo único que quería en ese momento era beberla. Las manos de Harumin empezaron a deslizarse por sus piernas, y también empezó a besar su cuello. Los movimientos de Harumin eran desesperados pero tiernos. Tumbó a Yuzu en el suelo del templo y acarició su cuerpo, húmedo de sudor y lluvia. Lamió su cuello y Yuzu no pudo reprimir un gemido que se escapó de su garganta jadeante; empezó a desbrochar la camisa de Yuzu, y justo en ese momento, timbró con fuerza un celular.
En la casa Aihara, Mei ya había llegado hacía un rato. La reunión fue aplazada debido al mal tiempo. No entendía por qué Yuzu no estaba si había salido antes. Decidió llamarla.
