Instituto Hokkaido
(REMAKE)
By: Vainiella
Aclaratoria: Esta historia está basada en un manga mejor conocido como Hana Kimi, y muy probablemente encuentren un fic de Nayru A llamado "Sueños de Adolescencia" que se inspiró también en este manga. En ningún momento he copiado/pegado ya que eso sería "plagio", todo ha sido escrito por mí y a mi manera. Obviamente -como todos sabemos- los personajes no me pertenecen -excepto algunos, ya pronto sabrán cuales-. Denle todo el crédito a Toei Animation, Nayru A –pues gracias a ella pude conocer Hana Kimi- y a Hisaya Nakajo. Gracias a ellos la creación de esta historia se hizo posible.
¡Disfruten del viaje!
Prólogo
A veces la vida toma giros inesperados que nos envuelven en situaciones inesperadas. A veces, por más increíble que suene, una simple experiencia puede transformarse en el inicio de una serie de desafortunados eventos, cuales además de atormentarnos la existencia –Como mínimo- terminan siendo lo que se necesita en la vida para aprender de ella, y madurar.
Quizás, en algún momento, nos hemos dicho a nosotros mismos que jamás podríamos decir tal cosa, o que jamás podríamos hacer tal cosa. Lo cual es relativo, ¿Qué te garantiza a ti cómo será el futuro? Como bien dicen muchos, es incierto, y de un momento a otro el camino seguro puede cambiar por uno totalmente distinto. Bien sea para bien o para mal.
Todo depende de la perspectiva con que veas las cosas.
Sí, a veces la vida toma giros inesperados que nos envuelven en situaciones inesperadas… Y aunque bien nos provoque tirarnos de un puente hay que ser un poco más positivos, pues toda experiencia sucede por algo, ¿No?
Por más extrañas o disparatadas que podrían ser algunas…
New York City, USA.
Un mes antes…
Una joven castaña se encontraba acurrucada en su cama mientras abrazaba fuertemente uno de los tantos osos de peluche que decoraban su habitación. A pesar de los colores vivos, compuestos por una femenina gama de rosas y blanco, se estaba desenvolviendo un ambiente taciturno y desolado. La chica, en lugar de dormir plácidamente en aquellas lujosas colchas rellenadas con plumas de ganso, lloraba desconsolada con suaves gemidos y con los ojos fuertemente cerrados en un intento fallido por controlar las lagrimas.
Ciertamente, viendo de manera superficial todo el panorama, aquella atractiva chica de 16 años no tenía razón alguna para llorar. Nadie ha muerto ni se ha marchado, y nunca antes había hecho una barbaridad como para recibir castigo. Vivía en un lujoso penthouse en la Gran Manzana, y al igual que su cuarto todo su hogar estaba decorado con las mejores marcas de mobiliario y decoración.
A leguas estaba claro que no llevaba una vida para nada mala.
De cabellos castaños, largos y sedosos como los de una princesa, era una joven extrovertida, dulce y sincera… Tenía un futuro escrito con la mejor letra y para ser honestos muchos matarían por estar en su lugar. Lo tenía todo. Entonces, ¿Por qué rayos estaba llorando?
Por una simple y sencilla razón: Su padre le había llegado con la espantosa noticia de que se va a casar con su madrastra, la amargada y egoísta Laura Thompson, una mujer de 28 años que quiere aprovecharse de la riqueza de su padre y con ello sacarla de la casa, a juzgar por los tantos comentarios despectivos que suele recibir la castaña de parte de la mujer, ¿Por qué demonios tiene que casarse con ella? ¡¿Es que acaso su papá no puede ver lo bruja que es?! La chica enterró su rostro en la almohada ahogando un nuevo llanto, odiando con todo su ser la sonrisa cínica de aquella abominable bestia que tiene cegado a su padre.
Si tan solo mamá estuviera viva… Pensó con dolor, abrumada por la súbita muerte de su madre 10 años atrás.
-¿Mimi?- se escuchó tras la puerta –Hija, ¿Puedo pasar?
La castaña miró la puerta con desanimo deseando en su fuero interno que nadie interrumpiera su soledad. No ahora, no él. Hace minutos había escapado con llantos y quejas de aquella voz deseando poder desaparecer de la faz de la tierra, y todo gracias a esa maldita mujer que finalmente puede cantar victoria. Tres años humillada por sus comentarios, agobiada por sus indirectas. Frunció el ceño poco dispuesta a aceptar a alguien que ha ignorado por tanto tiempo el infierno al que ha sido sometida por culpa de esa mujer.
No, no quiere ver a su padre, y es que desde hace tres años dejó de serlo.
-No puedes.
-Mimi…- su progenitor abrió la puerta suavemente asomando su cabeza en busca de algún rastro de su hija. Al verla acostada en su cama y envuelta con el edredón y peluches, en su rostro se dibujó una expresión triste –Oh, hija…
-Déjame sola- solo alcanzó a decir la castaña, quien se había acurrucado aún más.
El hombre hizo caso omiso a la petición de su hija e ingresó a la habitación cerrando la puerta tras de sí. Suspiró tratando de darse paciencia, pues una adolescente nunca era fácil de lidiar, pero ella era su única hija, lo único que le quedaba de su difunta esposa Satoe, y necesitaba solucionar cuanto antes esta situación cual no le traía más que dolor de cabeza a Keisuke Tachikawa.
-Mimi, necesitamos hablar.
-No quiero hablar- dijo con voz ronca –Da igual lo que diga.
-Sabes perfectamente que eso es mentira- respondió abrumado el señor, quien se aproximó unos pasos más a la cama –Siempre tomamos en cuenta tu opinión, cielo, ¿Es que piensas que no eres parte de la familia?
-Si lo fuera te darías cuenta de lo infeliz que soy, papá- soltó repentinamente la castaña mientras se sentaba para poder decir aquello mirando fijamente a su madre –Pero estás demasiado ciego como para notarlo.
-¿Cómo puedes decir eso después de todo lo que hemos hecho por ti? ¿Por qué no puedes aceptar a Laura? ¡Ella te adora!
-¡Adora tu dinero, que es otra cosa!
A Keisuke se le tensó el rostro a escuchar semejante cosa de los labios de su hija, indignado por cómo puede hablar mal de una mujer tan dulce como su pareja. Luego de la muerte de su esposa Laura llegó a su vida para sacarlo de aquella oscuridad en la que fue sumido. Viudo y padre de una niña de 6 años, ¿Cómo salir adelante sin su amada Satoe? E inesperadamente apareció aquella rubia ojos verdes para llenarle de luz su vida, y con quien ha permanecido en estos tres años consecutivos incondicionalmente. Es absurdo pensar no casarse con ella luego de todo lo que ha hecho por él y su hija, siendo la imagen materna que tanto necesita Mimi.
-No te permito que hables de esa forma de tu futura madrastra, jovencita- la castaña lo miró con recelo, enterrando su rostro en la almohada para darle la espalda –Y si quieres vivir en esta casa tendrás que aceptarlo.
-En ese caso haré lo que sea por irme de aquí- escupió en un murmullo con lagrimas acumulándose en sus ojos –Después de todo yo tenía que haber muerto ese día con mamá.
El hombre sintió una fuerte opresión en su pecho al escuchar aquellas palabras. La palidez abrumó su rostro que si no fuera por la presencia de su hija se hubiese largado a llorar como si de pronto tuviera 11 años y no 46. Para que su hija pensara aquello es porque realmente ha sido un mal padre, un maldito viudo que perdió al amor de su vida cuando más era feliz. Pero envuelto por la indignación abandonó el cuarto cerrando fuertemente la puerta tras de sí. Aguardó unos segundos junto a la puerta para poder calmarse y así pensar con claridad. Y justo cuando los sollozos de su princesa retumbaban en la habitación estiró su mano hacia la manilla deseando con todo su ser consolarla y rogarle que no pensara eso, que su existencia era lo más apreciado que le ha dado la vida, pero una mano suave y femenina rodeó la suya en el acto, deteniéndolo en seco.
-L-Laura…
-Cariño- dijo la mujer con voz tranquilizadora, observándolo con sus brillantes ojos verdes –Sé que es doloroso todo esto y que es insoportable, pero esta vez tienes que dejarla en paz- el hombre frunció el ceño, no muy convencido –Mimi no me quiere, eso no cambiará.
-Querida, no digas eso… Ella solo…- no supo que decir, y su silencio fue suficiente –Lo lamento. De verdad no sé que hacer.
La mujer acarició el rostro de su futuro esposo, y con una sonrisa le respondió.
-Yo sí tengo una idea- Keisuke la miró con sorpresa, curioso de escuchar una idea que pueda solucionar todo aquel eterno embrollo y que tanta infelicidad ha traído a su hija –Creo que lo que necesita Mimi es su espacio, un tiempo lejos de nosotros para que se dé cuenta el valor que tenemos en su vida y sepa apreciar todo nuestro esfuerzo. Y la verdad muy pronto empieza un nuevo año escolar y…
-¿Qué intentas decirme, Laura?
-¿Qué tal si la mandamos a estudiar a Japón?
Hokkaido, Japón.
Tiempo presente.
Un chico de cortos cabellos castaños y de estatura mediana corría con todas sus fuerzas hacia uno de los institutos más prestigiosos de los que había oído; Unidad Educativa Instituto Hokkaido, lugar donde vivían y estudiaban los mejores y más adinerados estudiantes de Japón. Ubicado en Sapporo, con una densidad de población muy por debajo de Tokio, era un instituto muy demandado por su calidad de estudios y áreas del mismo. En lugar de poseer aquel ambiente urbano y occidental tan codiciado por los japoneses mantenía aún el estilo asiático gracias a la arquitectura de las instalaciones –en las cuales cabían una cantidad considerable de estudiantes- y por sus increíbles áreas verdes que eran su mayor atracción. Estaba claro que era muy distinto al resto de los institutos, y aquello solo podría significar una exclusividad total para el ingreso de los estudiantes.
El joven, quien respiraba de forma entrecortada al no poder detenerse por cuestiones de tiempo, cruzó finalmente los jardines del instituto hasta llegar a la fachada de todo el lugar. Se tuvo que frenar brevemente para contemplar sin palabras la majestuosidad de la misma. A decir verdad, aun siendo japonés, no estaba acostumbrado a este tipo de estructuras orientales. Pensaba encontrar en su interior pasillos con el mismo estilo pero para su sorpresa fue como si ingresara a un lugar completamente distinto.
Tras regresar a la realidad y recordar cuales eran las razones de su desesperado apuro inició una vez más su carrera hacia su destino, no sin antes sacar del bolsillo del pantalón –uniforme compuesto por pantalones holgados, camisa blanca con corbata roja y una chaqueta azul marino- un papel donde había anotado qué salón le correspondía.
Iba tarde y era su primer día de clases. Aquello no era nada bueno, ¿Cómo no lo sería? Encima de que venía desde un país extranjero y no estaba muy familiarizado con el japonés, no tenía la pinta del típico estudiante de secundaria. Lejos de serlo, era la última persona que podría estudiar en un instituto como ese.
Pero claro, su suerte a partir de ese momento no sería la misma de antes… nada como una buena porción de una serie de eventos desafortunados, por no decir inoportunos.
-¡Ho-hoe!- escuchó gritar justo antes de levantar la vista del papel.
Lo cual no había servido de mucho, pues en menos de un segundo el joven castaño sintió como su cuerpo impactaba con el de alguien más obligándole a caer dolorosamente al suelo, siendo acompañado en el acto.
-¡Ough…!- gimió de dolor, incorporándose lentamente para sentarse.
-Demonios…
El castaño subió la mirada buscando el dueño de aquella voz, y tuvo que morderse la lengua para controlar sus hormonas al ver que con quien había chocado era uno de los chicos más guapos que ha visto en sus cortos 16 años.
Ante él, con una facha de "Bad Boy" y uniforme desgarbado, estaba un chico quizás de su misma edad. Sus cabellos, con desaliñado corte semi-largo, tenían un impactante color rubio con algún que otro destello dorado. No contaba con un físico atlético, pero tenía proporciones lo suficientemente masculinas como para sacarle babas a cualquier chica, sobre todo con sus ojos, ¡Que ojos! Con aquel rasgo achinado pero occidental resaltaban en ellos un particular azul cielo que bien podrían cambiar con la luz del sol. Su rostro incluso era tan atractivo como aquellos rasgos, con labios finos y una nariz perfilada que iba de maravillas con sus pómulos.
El chico de cabellos castaños tuvo que apretar los labios, pues con semejante joven era imposible que su fábrica interna de babas no se pusiera a trabajar.
-¡Contrólate!- pensó, observando como el rubio se levantaba con el ceño fruncido del suelo y seguramente esperando una disculpa, después de todo había sido por su causa que ambos habían caído al suelo –Y-Yo… Ehm, disculpa por…
-Imbécil…- dijo sin más el joven, mirándolo con los ojos mas fríos que en su vida haya visto –¿Eres ciego o qué? Mira por donde caminas.
Solo necesitó un segundo para comprender que, en lugar de chocar con un estudiante común y corriente, había chocado con un idiota amargado que inició su primer día de clases con el pie izquierdo.
-Oye, ha sido un accidente- se excusó el castaño, mirándolo con reproche. Más el chico hizo caso omiso para seguir caminando por el pasillo -¡Y el imbécil eres tú!
Pero aquello solo logró como respuesta que una mano con un único dedo levantado sea mostrado en su dirección, ¡Y encima de amargado es un grosero! El castaño refunfuñó desde su lugar, levantándose con gruñidos de por medio mientras sacudía su uniforme. Genial, su primer día de clases y vino a chocarse con el tipo más idiota del mundo. Un tipo guapo, sí, ¡Pero idiota!
-Bien, chicos. Abran sus cuadernos y empiecen a anotar. Hoy comenzaremos con unos ejercicios para refrescar sus mentes…
-¡No…!
Estaba claro que la lastimera negativa gemida por los muchachos se debía a que nadie quería iniciar la mañana con unos ejercicios que nada más el profesor entiende. Las matemáticas no era la materia favorita de muchos, quizás de unos pocos, como lo eran los más inteligentes y aplicados del salón, pero definitivamente los números eran un tema que la mayoría de los estudiantes querían evadir. Y un profesor como Toshiba, un señor canoso, amargado y estricto, era el menos indicado para lograr que los chicos se enamoren de las matemáticas. La única razón por la cual aprobaban la materia era, además de ser un instituto demasiado caro como para andar de vagabundos, era porque el hombre tenía sus técnicas para que todos aprendan.
Más les valía aprender, pues el viejo conocía de torturas… ¿Ejemplo? Tareas extras. Y bien sabemos todos que ese era el tipo de extra que nadie apreciaba.
Estaban todos atentos a los números escritos en la pizarra cuando en eso un estrepitoso sonido proveniente de la puerta irrumpió el silencio del salón. Todos voltearon a ver la entrada automáticamente, quizás esperando ver a un dinosaurio entrar y acabar con la clase. O era un dinosaurio tocando la puerta, o algún torpe humano chocó contra esta con todas sus fuerzas.
-Válgame- exclamó sorprendido el profesor Toshiba, acercándose a la puerta para luego abrirla cuidadosamente.
Pero claro, los dinosaurios se extinguieron hace muchísimos años por un estúpido meteorito… y entre todos los torpes quienes puedan chocar contra la puerta de un salón de clases en su primer día de escuela solo podía existir una persona.
-A decir verdad, tiene una manera extraña de tocar la puerta, jovencito…
Los chicos del salón empezaron a reír al notar a un joven castaño con su uniforme inmaculado tirado en el suelo donde antes estaba la puerta cerrada. Este irremediablemente se sonrojó apenado e incómodo al verse en tan vergonzosa situación. Solo a él y al Pato Lucas, quizás.
Esperaba de corazón que el día no empeorara más.
El profesor le ayudó a levantarse, y tras invitarlo a pasar el chico se ubicó en el centro de la pizarra mientras era visto fijamente por cada estudiante que compartían puestos en escritorios para dos.
-Preséntate, por favor.
-Y-Yo…- empezó a sudar frio, sintiendo como las piernas le temblaban al verse sometido bajo tan estudiosas miradas, ¡Se sentía como un mutante de circo, por Dios! –M-Mi nombre es…
Vamos, tú puedes…
Tragó saliva, tratando de recuperar la poca seguridad que había perdido tras decidir estudiar en un lugar como este.
-Me llamo Miso Tachikawa. Soy de Estados Unidos, aunque, bueno, mi apellido es japonés. Mis papás sí nacieron acá, pero…
-Jovencito, esto no es un monólogo. Se llama Miso Tachikawa, ¿Terminó?
-S-sí.
Casi se da una palmada en la frente al expresarse de semejante forma frente un grupo de estudiantes de preparatoria, ¿Es que estaba en kínder o qué? ¡Que nervios tan traicioneros tenía!
Las risas no tardaron en llegar logrando una vez más abochornar al apenado extranjero.
-Bueno, bueno, silencio- el hombre se acercó al nuevo estudiante, dándole dos leves golpecitos en el hombro –Bienvenido al Instituto Hokkaido, Tachikawa. Espero que no se repita su falta de responsabilidad.
-Sí, señor… Digo, no… Señor, ¡Profesor!
Sin duda, era un chico demasiado extraño.
-Bien, veamos…- suspira -¿Dónde podemos ubicarte?- el hombre miró hacia las mesas de sus estudiantes esperando encontrar un lugar especial para este chico. Por suerte, junto al ventanal del salón, había una mesa con un chico ya ocupándola, teniendo libre una silla a su lado que sería el puesto perfecto para un joven como Tachikawa –Allá, junto al joven Ishida.
El profesor Toshiba le señaló paciente el lugar, quien tras localizar su mesa se encaminó entre los puestos de sus nuevos compañeros de clases hasta el sitio. En el recorrido por poco tropieza gracias a un travieso pie mal puesto, que sin duda había sido intencional a juzgar por las risas de los chicos. Se sentía realmente incomodo, ¡Tan fuera de lugar! Y aunque quisiera insultarse internamente ante la obviedad de ese hecho, solo deseó que las cosas, aunque sea un poquito, mejoraran. Necesitaba al menos una pizca de positividad en su día, luego de todos los contratiempos por los que ha pasado.
-Ehm… Buenos días- saludó torpemente el castaño tras sentarse en su puesto, mirando curioso al joven familiarmente rubio que miraba a través de la ventana.
-No molestes.
Sin embargo, para su sorpresa, era nada más ni nada menos el mismo idiota con el que había tropezado antes de entrar a clases, y quien ni se había inmutado con su presencia sin apartar su vista de la ventana.
-¡Pero si eres tú!
¡El mundo estaba chiflado si creía que compartiría puesto con este cretino!
-Joven Tachikawa, abra su cuaderno y anote lo que está en la pizarra- interrumpió el profesor, apenando al chico quien no controló su tono de voz –Y usted, joven Ishida, si prefiere puede contemplar la ventana después de clases, resolviendo estos ejercicios como castigo.
A ambos chicos no les quedó de otra que obedecer al hombre y dedicar su atención a la pizarra y a sus cuadernos. Miso, quien internamente se lamentaba por el curso que estaban tomando las cosas, podía sentir sin problemas la tensión que emanaba la cercanía que mantenía con su nuevo compañero de mesa. Este, en cambio, estaba tan indiferente a su mundo que ciertamente era como si no existiera, lo cual era mucho más grosero que el asqueroso dedo que le había mostrado minutos antes. ¿Quién se creía? ¿El príncipe de Egipto? Era un tremendísimo idiota, porque eso de andar con actitud de "No me molestes" solo lograba revolverle el estómago.
-¡Psst!
El castaño no pudo evitar voltearse levemente para buscar quien había hecho aquel sonido, sorprendiéndose con un moreno de simpática sonrisa que lo saludaba alegre. Estaba sentado junto con un pelirrojo de apariencia nada atlética a diferencia de su acompañante, pero también sonreía de forma amable hacia su dirección.
-Soy Taichi, ¡Bienvenido!- dijo el moreno en susurros. Tenía unos ojos almendrados de color chocolate, así como su revoltoso cabello -¿Quieres desayunar con nosotros?
-¿Qué?- cuestionó dudoso el chico, mirando a los lados por si acaso no estaba siendo confundido por alguien más.
-Que si quieres desayunar con nosotros.
-Ehm, ¿Sí? Claro.
Mala idea, ¡Mala idea!
-¡Genial!- exclamó contento el muchacho, regalándole una inmensa sonrisa que solo pudo desconcertar al castaño por tanta calidez social.
-¡Yagami!
El moreno se encogió en su puesto, y Miso solo pudo darse la vuelta para mirar al frente tras asustarse con tono de voz del profesor.
-Seguro los ejercicios deben estar fáciles que ya se ha puesto a interrumpir mi clase con sus insulsas charlas- gruñó el profesor Toshiba, dándole una enfadada mirada mientras señalaba el pizarrón. No tardó para ver a Tachikawa con el mismo gesto, cruzándose de brazos molesto –Y usted, aquí se viene a estudiar, jovencito… Si quiere hacer amigos váyase al Kinder.
Nuevamente sus compañeros de clases empezaron a reír, aunque fueron callados inmediatamente por una mirada asesina de su profesor para luego continuar en silencio y seguir resolviendo los ejercicios. Tachikawa solo se mordió los labios avergonzado, no creyendo cierta su suerte.
Contuvo el nudo en la garganta para controlar sus emociones y así no desplomarse en ese momento, cual por supuesto era el menos indicado para que un "hombre" llore. Todo esto era una locura que bien tenía que haber sido detenida desde un principio.
Ahora es demasiado tarde.
En estos momentos podría estar tranquilamente en su hogar, y a pesar de no gustarle completamente, este sitio donde había terminado no era mejor, ¡Era mil veces peor de lo que imaginó! Definitivamente no tenia palabras para describir lo estúpido que había sido al elegir el Instituto Hokkaido para estudiar y vivir, y en el cual tendría que quedarse por dos años hasta graduarse o hasta que su secreto salga a flote. No hace falta decir de lo mucho que tenía que esforzarse para que nadie se enterase del mismo.
Soltó un suspiro derrotado, mirando a su alrededor. En su salón solo había personas del género masculino como lo había también en el resto de los salones y de todo el instituto.
-¿En qué rayos te metiste, Mimi?
Mimi Tachikawa, aquella chica de 16 años de edad con una hermosa cabellera castaña y siendo la perfecta definición del género femenino, estaba precisamente sentada en ese lugar haciéndose pasar por un chico con una peluca de cabellos castaños y revoltosos y vistiendo un uniforme que solo los varones de este instituto podían vestir. Y todo se debía a que, por cosas de la vida, había terminado en un instituto para chicos.
Sí, lo que escucharon… para chicos.
Continuará…
Comentarios de la Autora (C/A):
IMPORTANTE: Tengo publicados dos historias con el mismo nombre, pero esta es el Remake de la otra. Sé que al principio había sustituido los capítulos viejos por los reescritos, y la verdad es que me arrepiento, pues muchos de ustedes amaron IH por lo que fue, así que en lugar de quitarles la versión original, decidí publicar la versión 2.0 jaja
Ya, yo tampoco me imaginé que retomaríamos Instituto Hokkaido, pero es que pudo haber sido mucho mejor, así que desde hace un tiempo decidí darle una oportunidad. Y bueno, aquí estamos.
Confieso que he escrito esto de forma intermitente, y que probablemente se me haya escapado algo. Perdonen de ser así.
Traté de mantener la esencia como mejor pude, ya que lo que caracterizaba a IH es lo inocente que era. No sé que tal irá esta vez, pero me siento feliz de poder ofrecerles algo mejor.
Anyway, aquí el prólogo, iré subiendo todo poco a poco. Por favor, fíjense bien antes de empezar a leer en el '(Actualizado)' justo debajo del título, esto indicará un capítulo actualizado. No me he animado a borrarlos porque temo eliminar los RR's (BTW, gracias a Jacke-Kari por el tip, ¡Un abrazo!) No les recomiendo que sigan leyendo si no está actualizado, será confuso.
¡Espero que les guste!
Beso beso
Atte.
Vai
