CAPITULO 9

"CÒMO DESEO PODER AMARTE"

Era tan fuerte la tensión en la habitación, que casi podía tocarse. Mitsuko perdió el color el rostro, el cual se le puso totalmente blanco. Yuzu le sostuvo la mirada Harumin, quien la observaba, casi a punto de llorar. Tenía alrededor de diez minutos contemplando el cuadro que componían Yuzu y su hermana, primero dormidas una en brazos de la otra y luego tratándose de una forma tan íntima. Entonces, el presentimiento que tuvo el día anterior era cierto. A Mitsuko le gustaba Yuzu. La rabia empezó a apoderarse de ella.

-Harum…-Empezó a decir Mitsuko.

-¡Cállate!-gritó Harumin, acercándose a su hermana-¡Eres la persona más falsa que he conocido, no puedo creer que seas mi hermana!-Empezó a golpear con sus puños el pecho de Mitsuko, mientras esta trataba de contenerla-¡Sabes que ella me gusta, y te atreves a hacerme esto!-Prosiguió mientras continuaba forcejeando para golpearla.

Como Mitsuko era mucho más alta y fuerte, pudo controlarla rápidamente; pero Harumin, presa de un furor incontenible, alcanzó a arañarla. Su hermana gritó de dolor. Las uñas de Harumin no eran para nada cortas, y estas le atravesaron la piel de la cara. En vista de que estaba como loca, Mitsuko no tuvo más remedio que sujetarla con todas su fuerzas y propinarle una sonora bofetada.

-¡Por favor, cálmate!

El popular remedio para apaciguar la histeria surtió efecto. Harumin permaneció inmóvil un instante; encaró a su hermana, dándole paso a las lágrimas.

-Siempre es lo mismo-le dijo, en tono de reproche-Desde que nací, he tenido que estar siempre bajo tu sombra: Mitsuko la mejor estudiante, Mitsuko la hija modelo, Mitsuko esto, Mitsuko lo otro…; he intentado hacer mi propia vida molestándote mínimamente, y ahora que al fin tengo a alguien a quien amar, ¿También tendré que ver cómo le alejas de mí?

-No sabía que pensabas eso de mí.-Respondió Mitsuko, sorprendida-Jamás he intentado ser mejor que tú. Tú eres mi única hermana y deseo lo mejor para ti….

-¡Mentirosa! ¡Estabas tratando de quedarte con Yuzu a mis espaldas! ¡Tú sabes que la amo! Sé que ella ama a Mei, pero tú eres distinta ¡Eres mi hermana!

En medio de esta discusión ¿Qué hacía Yuzu, que no intervenía? Pues sólo miraba, porque una voz interna le gritaba "¡Mira lo que has ocasionado! "Ellas están peleando por tu culpa". Estas y otras cosas más le recriminaba esa voz, atormentándola. Cuando no pudo soportarlo más, se tapó los oídos, diciendo en voz alta:

-¡Ya basta! Por favor, no discutan más. Por favor, se los suplico, por favor, por favor….-La voz de Yuzu se atascó en ese ruego como si no existieran más palabras en su vocabulario.

Harumin y Mitsuko pararon. Yuzu no se veía bien. Ambas intentaron acercarse a ella, pero esta se echó para atrás, evitándolas. La línea de su boca se había curvado en un amargo rictus que reflejaba un intenso pesar.

-Perdónenme por causar esta discordia entre ustedes- dijo con tanta seriedad y con una expresión tan decaída que era doloroso verla.-Nada de lo que hago me sale bien, parece que sólo soy una carga para las personas que me quieren. Hubiera sido mejor si no nos hubiéramos conocido.

Harumin, antes de que Yuzu pudiera apartarla, la abrazó, diciéndole con efusividad:

-No digas eso. Tú eres lo mejor que ha podido pasarme, así no me ames. No sabes lo feliz que he sido desde que te conocí. Te amo, y no te culpo de nada. Estás tan sola que tu corazón se ha vuelto vulnerable, y tratas de refugiarte en otros para sentirte amada. Nunca vuelvas a decir que te arrepientes de haberme conocido, porque yo te estaré eternamente agradecida por haberme permitido ser tu amiga.

Yuzu se quedó inmóvil. Miró a Mitsuko y ésta, guiñándole el ojo tristemente, le dijo adiós con la mano y salió de la casa. Esa despedida connotaba algo más profundo. Yuzu hizo ademán de ir tras ella, pero Harumin la retuvo.

-No me dejes. –Formuló una pregunta con temor de escuchar la respuesta.- ¿Te gusta mi hermana?

-No lo sé.-Murmuró.

Harumin dejó caer los brazos, sintiéndose repentinamente sin energía para seguir luchando. El que Yuzu hubiera pasado la noche allí indicaba que la situación con Mei había empeorado, lo cual significaba que la oportunidad de hacerse amar por ella aumentaba; pero ahora no era Mei, sino su propia hermana la parecía que llevársela.

-Parece que, después de todo, estoy condenada a no tenerte nunca.-le dijo, dejando caer un par de lágrimas.

Yuzu no pudo soportar ver a su amiga herida.

-No llores por mi culpa. No mereces llorar por alguien como yo.

-Te equivocas, Yuzuchi. Tú eres el sueño más anhelado de mi corazón. No te consideres poca cosa, porque para mí vales demasiado. Tú mereces ser feliz con alguien que te guste y que ames y si no estoy destinada a ser esa persona, es normal que me entristezca.-Se restregó los ojos, tratando de no llorar más.

-No llores, por favor. Tú no eres de las que lloran; eso déjaselo a las tontas como yo. Si tú te rindes ¿a quién podré acudir cuando no pueda más con mis penas?

-Pero Mitsuko…

-Ella se ha ido. En verdad te quiere, porque ha preferido hacerse a un lado para que tú no salgas lastimada.

-¿Cómo sabes eso?

-Simplemente lo sé.

Yuzu sacó un pañuelito y secó el rosto húmedo de Harumin. Ahora los papeles se invertían y era ella quien intentaba sacarla de su congoja. Llena de una súbita ternura, la besó. Harumin, al sentir sus labios, no pudo evitar pegarse más a ellos, porque, aunque sabía que Yuzu no la amaba, besarla le brindaba cierto sosiego a su corazón.

-Yuzuchi-dijo Harumin acabo de un rato, cuando ya estaba más calmada-En realidad, no me enojaría contigo si me llegas a decir que te gusta mi hermana. Yo quiero que seas feliz, aunque no sea yo quien lo haga posible. Sólo me dio un ataque de celos de lo más infantil. Yo también quiero a Mitsuko y prefiero verte con ella que con alguien que sólo te hace sufrir como Mei.

Yuzu se dejó caer en el sofá. Aunque Mitsuko fuera de su agrado, no iba a estar con ella si Harumin iba a sufrir. Eran hermanas, después de todo.

-Haru, ven aquí –dijo Yuzu, halándola y poniéndola frente ella-tengo que decirte algo. He terminado con Mei.

•-¿No que no ibas a terminar con ella?

-Mira.- Le tendió el móvil.

Harumin miró el video. De vez en cuando, miraba a Yuzu, quien se había acostado en el sofá, dándole la espalda. Cuando terminó de verlo, se arrodilló a su lado.

-Yuzu, no llores más por Mei. No lo merece. Si quieres estar con mi hermana, yo seré la primera en apoyarte. Vuelve a sonreír, que tu belleza se vuelve sublime cuando lo haces y, además, el sonido de tu risa basta para disipar cualquier preocupación; así que, por favor, busca la felicidad donde sepas que vas a encontrarla.

Yuzu se dio la vuelta. Sujetó a Harumin por la corbata, atrayèndola hasta tres centímetros de su rostro.

-Me quedaré contigo. Nunca podría hacerte eso. ¿Cómo crees que voy a andar por ahí tan campante con Mitsuko, si sé que tu corazón llorará siempre que nos veas juntas?

-Yuzuchi…

-Shhhh. No digas nada.- Pasó su lengua por los labios de ella, de forma tan sensual, que Harumin se abalanzó sobre ella, cubriéndola con su cuerpo y besándola como si fuera la última vez que pudiera hacerlo.

Yuzu había tomado una decisión. Aunque en Mitsuko encontraba sensaciones que le brindaban seguridad(Tal vez por la madurez y la edad de ella) Harumin era algo así como su otro yo, en cuanto a gustos, carácter y forma de ver la vida; había estado con ella en muchas situaciones, tristes y felices. Ella era perfecta.

-Haru, quiero dejar atrás todo lo que viví con Mei. -dijo-Quiero ser amada, porque me siento muy sola. No tengo excusa para lo que pasó con Mitsuko, pero quiero estar contigo-al decir esto, sintió un dolor extraño al recordar el rostro de Mitsuko, y su mano diciéndole adiós le resquemaba persistentemente. Trató de no pensar en ello-.Yo te quiero, Haru, y tengo mucho miedo de hacer las cosas mal...yo quiero intentarlo, quiero amarte, créeme.-Acto seguido volvió a besarla. Harumin comprendió.

-Yuzu, te amo. No necesitas esforzarte demasiado. Sólo déjate querer; lo demás déjamelo a mí.

Se dieron otro beso, largo y profundo.

-Ahora eres mi novia—Susurró Yuzu, deseando poder amarla con todas sus fuerzas.

Ese día, Harumin no fue a la escuela; cosa muy comprensible, dadas las circunstancias. Prefirió quedarse con Yuzu, quien se empezó a sentir mal nuevamente, recayendo con los síntomas del resfriado que la venía aquejando. Harumin sugirió llevarla a su casa, pues no quería ver a Mitsuko, quien en cualquier momento volvería. Alrededor de las tres de la tarde se marcharon; Yuzu se sentía mal aún, pero prefirió que Harumin la llevara en su bici. Quería recibir el soplo del viento en su piel tibia para refrescarse un poco de forma natural. Cuando llegaron, la madre de Yuzu las recibió algo sorprendida. Simulando enojo, reprendió levemente a su hija.

-Estos últimos días parece que hubieras estado evitándome, sea llegando muy tarde o durmiendo en otro lugar. Ahora mira como vienes, pálida y enferma. ¿Qué ha ocurrido en estos días para que tengas esa cara? Te conozco, y algo te ha pasado.

Harumin y Yuzu se miraron, tratando de encontrar una respuesta razonable. Al poco, fue Yuzu quien habló.

-Mamá, perdón por no comunicarme debidamente contigo. Lo que pasa es que la temporada de exámenes está cerca y eso me tiene terriblemente estresada. Te prometo que hoy pasaré la noche en casa.

La señora Aihara no quedó muy convencida con tal explicación. Sin embargo, no dijo nada y le ordenó acostarse. Le pidió a Harumin que acompañara un rato a Yuzu mientras ella iba a hacer unas compras, a lo cual accedió con una amplia sonrisa.

-Por supuesto, señora Aihara. Los males de Yuzuchi son los míos y por ella daría mi vida gustosa.

-Me alegra que la quieras tanto. Bueno, me voy, vuelvo en un rato.

Yuzu se cambió de ropa y acostó inmediatamente. Le dolía el cuerpo, como si hubiera recibido una paliza, aunque ese dolor no era tan fuerte como el que le inflingìan otras cosas. Harumin se quedó a su lado, sintiendo todas las emociones que Yuzu albergaba en ese momento. Hubiera dado un parte de su cuerpo por sacarle una sonrisa, por devolverle ese rostro feliz y transparente que hacía felices a otros con sólo verlo. Yuzu, que se había arropado con la cobija, pues sentía un frio terrible, miraba el escritorio y la silla de Mei con nostalgia, y Harumin, para alejar esos pensamientos tan tristes que enjaulaban a su amada en una prisión de sufrimiento,atrapó sus labios en un beso cálido, lento como el crecimiento del amor y ardiente como el fuego; los suaves movimientos de su lengua inquieta, se prolongaron hasta que Yuzu enlazó los brazos alrededor de su cuello, correspondiendo con la misma intensidad.

-Te amo, Yuzuchi- Harumin se había acomodado encima de ella, y la miraba con tanto anhelo, que Yuzu le rogó a su corazón le permitiera amarla como ella lo merecía.

-Haru¿No te molesta la temperatura de mi cuerpo? Ya es alta de por sí y con esta fiebre debo estar verdaderamente insoportable.

Como respuesta, Harumin se abrió paso bajo la cobija y reclinó la cabeza en el pecho de Yuzu.

-Nada de ti me molestaría. Te amo tanto que hablaba en serio cuando le dije a tu madre que daría cualquier cosa, incluso mi vida,si eso contribuye a tu felicidad.

Yuzu acarició las largas coletas de pelo castaño que descansaban en su cuerpo. Hubiera querido decirle a Harumin que también la amaba, pero la presencia de Mei en esa habitación era casi tangible: el olor de su shampoo, sus libros sobre el escritorio, su ropa cuidadosamente doblada en en el armario, esa misma cama que compartían...; fue esto último lo que hizo a Yuzu pedirle muy sutilmente que se levantara.

-Me duele cada músculo, Harumin.-le dijo, tratando de no lastimarla con sus palabras.

Ella, sin decir nada, se levantó, comprendiendo inmediatamente la razón de su petición; la conocía demasiado bien para no saberlo. Sin embargo, eso no le molestó, porque la presencia invisible de Mei parecía observarla, y esa sensación era desagradable.

-Yuzuchi, no te preocupes- le dijo cuando vio que su rostro se puso más pálido- Cuando te recuperes, podremos acurrucarnos en mi casa.

-En tu casa no.-la rapidez con que Yuzu dijo esto fue abrumadora.

"Está pensando en Mitsuko".

Ahora sí Harumin se entristeció un poco internamente. Así que Mitsuko no le era indiferente a Yuzu. Se preguntó qué era lo que su hermana le inspiraba exactamente a Yuzu, pero no podía preguntárselo directamente; y también se cuestionó los sentimientos de Mitsuko.¿Cómo reaccionaría cuando supiera que ella y Yuzu habían empezado una relación?

Yuzu notó el cambio de expresión en el rostro de Harumin; deseando hacerla feliz, acarició su cabello, susurrando:

-Eres una de las mejores cosas que le ha pasado a mi vida. No te preocupes por tonterías; ahora estamos juntas y eso es lo debe importarte: ser feliz conmigo.

-¿En verdad serás feliz, Yuzuchi? Tal vez estás buscando en mí lo que encontrarás más fácilmente en otra.

Yuzu respondió a su pregunta besando sus manos con sus labios tibios. Retuvo sus manos entre las suyas hasta quedar dormida. Harumin permaneció a su lado hasta cerca de las seis; ¡el tiempo se hacía tan corto cuando estaba con Yuzu! Hubiera querido acostarse a su lado y dormir junto a ella; este pensamiento le hizo recordar que Mei pronto llegaría y lo último que deseaba era verla. Besó con suavidad la frente de Yuzu y salió de la habitación rápidamente. Sin embargo, no tuvo suerte; justo cuando iba a salir, se encontró frente a Mei, que acababa de llegar de la escuela. La situación no podía ser peor: La señora Aihara aun no regresaba y Mei le clavó una ácida mirada que quería decir: "¿Qué demonios haces tú aquí?", a lo que Harumin reaccionó ignorándola por completo, intentando pasar de largo, pero Mei no se lo permitió. Le molestó profundamente ver a Taniguchi en su casa. Yuzu no había ido a la escuela ese día, y ver a Harumin era prueba de que ambas pasaron el día juntas. Antes de que Harumin pudiera llegar a la puerta, la sujetó por el brazo.

-Espera, Taniguchi.-su voz no era nada amable.

Harumin se soltó, limpiándose el lugar donde Mei la había tocado, como si esta estuviera infectada con una enfermedad contagiosa.

-No me toques. Si quieres decirme algo, hazlo mañana. Tengo que irme.

-No me tomará mucho tiempo. Seré breve. Sólo quiero decirte que aunque te pases esta y mil vidas más tratando de conquistar el corazón de Yuzu, no lo lograrás, porque ya me pertenece. Te aconsejo que no pierdas tu tiempo; jamás te verá de otra forma que no sea meramente fraternal. Ella me ama y así será siempre.

Los ojos de Harumin relampaguearon.

-¡Qué arrogante eres!-replicó secamente-Hablas como si Yuzuchi fuera tu propiedad personal. No te creas tanto; las personas pueden cambiar.

Mei le lanzó tal mirada de menosprecio, que estuvo a punto de decirle que Yuzu había sido testigo de su engaño, pero se contuvo a tiempo. Eso le correspondía a Yuzu, no a ella. Se limitó a decir:

-Lo único que has hecho por ella es dañar su vida. ¿Sabes algo? Si la amaras como aseguras hacerlo, ella sería feliz; no mereces sus lágrimas, y si las merecieras no la harías llorar. Déjala en paz, por favor. Eso es lo que ella quiere.

Dicho esto, se retiró enarbolando sus banderines de victoria, pues Mei no supo qué responderle. Ahora le esperaba otra batalla en su casa.

Al poco rato, la señora Aihara regresó. Le informó a Mei acerca del malestar de Yuzu. A pesar de que se moría por verla, no se atrevió a entrar a su alcoba de inmediato; ayudó a su madre en algunos quehaceres, cenó con ella, hizo algunos deberes escolares y, cerca de las nueve, se retiró a su habitación.

Su querida Yuzu estaba profundamente dormida. En una de las mesitas estaban las sobras del ligero alimento que su madre, media hora antes, le había administrado con mucha dificultad, debido a que Yuzu se resistía a comer. Se desvistió, tomó un ligero baño y, con suma delicadeza, se deslizó entre las sábanas. Tocó la frente de Yuzu; aun ardía, y respiraba con dificultad.

-Yuzu, perdóname por no haber sabido valorarte cuando te tenía-susurró muy bajo, y la besó en la mejilla-Te amo. No dejaré que te desvanezcas de mi vida.

Se durmió con su cabeza recostada en el pecho de Yuzu, deseando entrar en sus sueños.

Harumin entró a su casa con mucha lentitud. Rogaba por no encontrarse con Mitsuko, pero sus precauciones fueron en vano, ya que su hermana estaba sentada en un sillón, tomando café, mirando el vacío. Por un instante, miró su rostro; el rasguño que le hiciera en la mañana se notaba bastante. Quiso escapar a su habitación, pero Mitsuko se levantó rápidamente.

-Espera, Harumin. -se puso frente a ella, mirándola a los ojos-No estoy enojada contigo.

A Harumin le sorprendió el aire ausente y distante que envolvía a su hermana mayor. Esta puso las manos en sus hombros, tratando de hablar normalmente; pero sus ojos estaban tristes.

-Harumin, entiendo tu actitud de esta mañana. Fui una descarada al aprovecharme de Yuzu de esa manera; ella se sentía sola y acudió a mí ya que tú no estabas. Igual hubiera sucedido con otra persona, así que eso no fue para nada especial. Yo no siento nada por ella, sólo me dejé llevar. No quiero que nos alejemos por esto ¿De acuerdo? Quiero ser una buena hermana para ti, no quiero que me veas como a una enemiga.

Harumin estaba lejos de tal cosa. Abrazó a Mitsuko.

-Perdóname tú por arañarte y gritarte de ese modo. Es que... no pude controlar mis celos, y más por ser mi hermana.

De esta manera, ambas se reconciliaron. Harumin se fue a dormir con el corazón ligero por la oportunidad que le estaba dando Yuzu y también porque estaba en buenos términos con su hermana. Pero ésta no pudo dormir. Al igual que Harumin,estaba aliviada de haber arreglado las situación con ella, pero no era cierta su afirmación de que no sentía nada por Yuzu. Su mente y corazón estaba en lo poco que había compartido con ella, y le dolía hondamente saber que no podría besar sus cálidos labios de nuevo. Esa sensación era nueva para ella: desear estar con una persona con todas las fuerzas de tu alma, y no poder hacerlo. Eso dolía demasiado. Porque se estaba enamorando de Yuzu.

La mañana siguiente, Yuzu despertó mucho mejor, pero con un peso encima de su pecho. Sorprendida, vio a Mei allí, durmiendo cerca de ella. Su corazón se agitó un poco; Mei se veía tan linda. Quería odiarla, pero no era capaz de hacerlo. Una de sus manos descansaba en uno de sus pechos, lo cual la incomodó aun más.¿Cómo podía Mei insistir después de haberla tratado tan grosera y despectivamente? Notó en su dedo anular el anillo que alguna vez le regalara. Mei se resistía al rompimiento, pero Yuzu no daría marcha atrás. Le demostraría que podía ser capaz de seguir sin ella y, además, de amar de nuevo. Con poca delicadeza, la movió a un lado, y se levantó de la cama. Mei, algo aturdida por el despertar tan brusco, se sentó, restregándose los ojos algo soñolienta.

-¡Yuzu!- exclamó cuando se le despejó la mente.

Esta no contestó. Tomó una toalla y se dirigió al baño. Mientras se lavaba la cara, Mei la sorprendió con un abrazo.

-Mei, déjame.-Dijo Yuzu intentando quitar los brazos de Mei de su cintura, pero ella se aferró aun más.

-No quiero. Si te place, golpearme, hazlo.

Antes de que Yuzu pudiera hacer algo, Mei la puso frente a ella y la besó. Por la sorpresa de la acción, Yuzu se quedó sin reacción por un breve instante. Después, la rechazó con fuerza, empujándola.

-Recuerdo haberte dicho que no me hablaras, y mucho menos que me tocaras, si no querías recibir un trato desagradable de mi parte. Parece que no has entendido.

-Te amo, Yuzu. No me importa lo que hayas dicho, yo seguiré amándote aunque me golpees o desees mi muerte.

Yuzu la miró con frialdad. La amaba, pero recordarla en brazos de Misaki la ponla fuera de sí.

-Quítate ese anillo. No tienes por que llevarlo. Tu y yo ya no tenemos nada.

-Tenerlo me hace sentirte cerca de mí. Tendrás que arrancarme el dedo si no quieres vérmelo.

-Haz lo que se te pegue en gana. Esos chantajes sentimentales no funcionarán, Mei. Ya no.

-No son chantajes...

-Dejame decirte algo- Yuzu se estaba empezando a impacientar- Y quiero que te quede claro.

Yuzu asestó un duro golpe que dejó a Mei muda.

-Empecé a salir con Harumin. Es mi novia.-añadió más énfasis a sus palabras.-¿Ahora ya lo entiendes, idiota?

Se podría decir que Harumin era la joven más feliz de la tierra. Sus despliegues de amor hacia Yuzu eran infinitos; cuando no estaba colgada de su brazo o de su mano, lo estaba de su cuello, siempre con una cálida sonrisa, besándola, diciéndole cosas bonitas, profesando una devoción profunda por ese amor que absorbía su vida entera. Mei sólo observaba las reacciones de Yuzu, tratando de descubrir una señal de que ese amor era correspondido; porque, aunque Yuzu era atenta, cariñosa y jamás rechazaba las caricias de Taniguchi, faltaba esa chispa de picardìa y alegría que la caracterizaba cuando salía con ella. Yuzu no era la misma. Ya no sonreía, su rostro era inexpresivo, no corría por los pasillos como solía hacer, ya no se preocupaba por la moda o las golosinas; esa Yuzu se había esfumado, dando paso a una chica desconocida que ahora se encerraba en el estudio, y que trataba desesperadamente de amar su novia. Una vez, mientras miraba por una de las ventanas del tercer piso de la escuela,

vio a Yuzu y a Harumin besándose. Yuzu se aferraba al cuerpo de Taniguchi con fuerza, como si quisiera absorber parte del amor de Harumin y depositarlo en su propio corazón. Aunque la escena le dolió, pudo entender que Yuzu no amaba a Harumin; trataba de hacerlo, sin lograrlo. Cuando estaban en casa, le dirigía la palabra sólo delante de su madre, para guardar las apariencias, y en la cama, se acomodaba en un extremo, dándole la espalda. Mei intentaba hablarle, pero siempre la mandaba a callar con un tono tan seco que no le quedaba otro remedio que guardar silencio. Muchas veces, se pasaba horas en vela, mirándola dormir, añorando los viejos tiempos, sin poder evitar derramar amargas lágrimas. Sin embargo, no sentía que la estaba perdiendo. Yuzu la amaba a ella, eso lo notaba en ciertas actitudes aisladas. A veces sorprendía en ella miradas furtivas, como las que le dirigiera en épocas más felices; pero de de ahí, nada más. Sólo miradas y algunos suspiros. Cada día que pasaba, Mei se iba hundiendo en un depresivo estado que estaba afectando su rendimiento académico, aunque no de modo tan notorio, por el momento. Es que sólo podía pensar en Yuzu.

Y Yuzu... pues lo que Mei pensaba era cierto. Quería a Harumin, pero seguía amando a Mei; no lograba entender cómo podía amarla tanto, después de todo. Ya habían transcurrido dos meses e, increíblemente, aun no había llegado a la intimidad con Harumin. Quería hacerlo pero, inconscientemente, iba postergando el momento. Harumin se daba cuenta, pero amaba tanto a Yuzu, que nuca la presionó de ningún modo; aun así, Yuzu podía sentir en la agitada respiración de ella cuando la besaba, y en sus frenéticas caricias, lo mucho que deseaba su cuerpo. Un día, hablando con Matsuri, se hizo más consciente de lo parca que estaba siendo con Harumin.

-Yuzu -le dijo esa vez-Me alegra que hayas decidido darle una oportunidad a tu corazón de amar a alguien más, pero me parece que estás sometiendo a tu novia a una dieta extrema. Realmente se ve hambrienta.-No pudo contener la risa.

-Boba.-replicó Yuzu- No sé cómo puedes hablar de esas cosas con tanta naturalidad. Para mí es un poco vergonzoso.

-Tal vez me esté riendo, pero hablo en serio. Ella merece algo más de ti. ¿No la deseas?

-No es eso. Es que...bueno...¿Cómo decirlo? No la...

-¿Amas?-completó Matsuri al ver que Yuzu no lograba terminar la frase.-Sí que te gusta aferrarte a perras estúpidas, y ya sabes que me refiero a Mei que, por cierto, me debe una.

Después de esa conversación, Yuzu cayó en la cuenta de que Matsuri tenía razón. Harumin merecía mucho más de ella. Pero, por alguna extraña razón, no quería intimar con ella aún.

La primavera llegaba su fin. Las hojas ya habían empezado a caer, y el viento se hacía más frío, anunciando la llegada del otoño. Harumin y Yuzu, tomadas de la mano, caminaban rumbo a una heladería. Desde hacía unas semanas, Yuzu se había unido al club de música de la escuela y, últimamente, se pasaba las horas libres con el saxofón que le habían asignado. Harumin aún no lograba entender cómo alguien como Yuzu podía interesarse en un club tan aburrido como el de música; porque, si al menos fuera música popular, de esa que le gusta a los jóvenes, pasaba; pero la Academia Aihara jamás habría permitido ese tipo de club...claro, una banda sinfónica era distinto;tenerla daba más prestigio al Instituto. Y Yuzu, con su cabello rubio, parecía una nota discordante pero, por ser una Aihara, le habían permitido el ingreso. Se decidió por un saxofón-soprano, y era muy aplicada en el aprendizaje. Eso era bueno, aunque el tiempo que dedicaba a su relación se había disminuido decepcionantemente. Esa tarde pensaba quedarse con su instrumento dos horas después de la jornada habitual, pero Harumin se le colgó del brazo esa tarde.

-Vamos a comer algo después de clase.

-Tenía pensado quedarme practicando un rato. Aún no domino perfectamente mi instrumento.

-Parece que te gusta mucho esa cosa.-dijo Harumin señalando el saxofón.

-Me ayuda a no pensar demasiado.-Los ojos de Yuzu se oscurecieron. Harumin se dio cuenta de que pensaba en Mei.

Yuzuchi...creo que te equivocaste al elegirme- Dijo Harumin lentamente; su voz se apagaba conforme avanzaba.-No soy suficiente para hacerte olvidar. Tal vez si te hubieras decidido por...

Yuzu no la dejó terminar. La calló dándole un beso profundo, acariciando su cabello dulcemente.

-Haru, no pienses así. -le dijo, abrazándola- En verdad, me lastima verte triste; soy una ingrata que no te merece.

Harumin se sintió algo culpable. Yuzu estaba tratando de salir adelante y ella sólo le añadía más preocupaciones de las que ya tenía. Debía considerarse feliz con tenerla a su lado y esa alusión que hizo con respecto a Mitsuko estuvo fuera de lugar, aunque en su corazón presentía que si Yuzu hubiera seguido su amistad con Mitsuko, tal vez todo fuera diferente. Tal vez...

-No hablemos de cosas pasadas. Vamos a donde quieras.-Dijo Yuzu, cambiándose el calzado.

De esa manera, se encaminaron a comer helado, o cualquier otra cosa; lo importante era pasar tiempo juntas. Comieron pizza y fueron a un karaoke, pero Yuzu parecía haber perdido el interés en esas diversiones que antes le gustaban tanto. Harumin le hizo probar algunas prendas en un almacén de ropa, sin conseguir el menor cambio en la expresión de Yuzu, fueron a una tienda de maquillaje y la misma actitud indiferente.

Cuando al fin se sentaron en un parque, Harumin estaba totalmente desanimada. Yuzu se veía tranquila, pero su pasión por la vida estaba apagada; no tenía motivación alguna. Deseaba verla feliz. Apoyó su cabeza en las piernas de Yuzu, mirando el cielo anaranjado del atardecer.

-Oye Yuzuchi, me gustaría escucharte tocar.-Al menos le veía algo de interés en ese instrumento.

-Estoy aprendiendo. Es algo complicado.

-Algo debes saber tocar ya.

-Bueno, pero no te vayas a reír.

Harumin se recostó en el asiento, en actitud de espectadora. Yuzu afinó un poco el saxofón . Primero empezó a tocar "Ode to Joy" pero, paulatinamente, la melodía cambió drásticamente y más bien parecía un "Réquiem" de funeral. Sonaba tan tétrico, que la misma Yuzu tuvo que admitir que apestaba.

-Yuzuchi, ese instrumento no suena alegre. En otro tiempos habrías escogido la batería o la guitarra.-Suspiró- Todo en ti ha cambiado. Cómo me gustaría que volvieras a ser la de antes.

Yuzu se quedó mirando el saxo-soprano, tan decaída como la melodía que intentó tocar.

Harumin la abrazó, mientras le decía:

-Sé que no has sanado aun de la herida que dejó en ti la traición de la persona que amas. Porque aún la amas ¿verdad? Tal vez en estos momentos deseas que sea ella quien esté aquí, y no yo.

-No-dijo Yuzu- No digas eso.

-Admítelo. Negarlo te hará más daño.

Sobre Yuzu cayó una lluvia de recriminaciones gritadas por su propia conciencia. Harumin sufría, y era su culpa. No debía mostrarse tan patética delante de ella; en su soledad, podía llorar cuanto quisiera, pero no delante de Haru, quien se esforzaba tanto en hacerla sonreír.

-Te amo, Yuzu.-Prosiguió- Deja ir eso, no te castigues más.

Yuzu dejó a un lado el instrumento para besarla. Cuando Harumin no podía más con la excitación que le causaban las caricias de Yuzu, se animó a decirle:

-Sé que ya no te gusta ir a mi casa para no encontrarte con mi hermana, pero hoy ella no está y regresará mañana.¿Quieres... dormir esta noche conmigo?

Yuzu no contestó inmediatamente, por lo que Harumin interpretó su silencio como una negativa. Se levantó apresuradamente.

-Soy tan tonta, Yuzuchi. Perdón por mi ligereza, sé que no estás bien anìmicamente y yo te salgo con estas.- Se dio vuelta para que Yuzu no le viera la cara.

-Haru, creo que desde que vi ese horrible video algo en mí se bloqueó con respecto a... ya sabes. Ya no lo veo de la misma manera.-Sin embargo, recordó esa noche en que se lo mostró a Mitsuko; a pesar de todo, llegó a desearla con mucha intensidad. Entonces, ¿Qué pasaba con Harumin?

"No entiendo qué me pasa" .

Yuzu se levantó y enlazó la cintura de Harumin, que estaba de espaldas a ella.

-Vamos.-Murmuró en su oído.

-No te sientas obligada a...

-Calla. Tú mereces demasiado y yo soy tan egoísta.

-Tú no eres mezquina, Yuzuchi. Al contrario; eres la persona más noble y desprendida que existe. El que estés saliendo conmigo es prueba de ello. Lo que pasa es que yo te quiero tanto que quisiera poseer todo de ti: Tu alma y tu cuerpo. Sé que tu corazón aun no me pertenece, y también sé que me permites tocar tu cuerpo... pero yo quiero tenerte por completo. Cielos, soy una pervertida.

-No lo eres. De eso se trata el amor: De querer todo de la persona que amas.-Empezó a besarle el cuello, al tiempo que le acariciaba los muslos, haciendo que Harumin se estremeciera.

-Vamos a tu casa-repitió Yuzu.

Cuando llegaron al departamento Yuzu, decidida, se posesionó de los labios de Harumin, estrechando su cuerpo, oprimiendo de tanto en tanto sus hermosas y voluminosas protuberancias. Poco a poco, la fue llevando a la habitación hasta dejarla caer en la cama, donde se puso encima de ella. La miró con ternura.

-Haru, te voy a quitar la ropa poco a poco. Ya conozco tu cuerpo, pero jamás lo he tenido. Será diferente. No tengo experiencia, pero creo que sé cómo hacerte feliz.

-Yuzu, yo también quiero...

-No, hoy no harás nada. Dejámelo a mí.-Yuzu iba a "hacérselo" a ella, pero haría lo posible por evadir las caricias por parte de ella; para Harumin estaba bien entregar su primera a vez a la persona amada, pero Yuzu no estaba segura de entregarse a Harumin. Aún no. Por eso mismo, ni siquiera se quitó la chaqueta escolar.

Harumin se moría de ganas por desnudar a Yuzu, abalanzarse sobre ella y comérsela entera; pero su amada rubia parecía que no se lo iba a permitir; al menos no aun. Así que la abrazó, susurrando:-Está bien. Te amo, Yuzuchi. Ámame lo suficiente como para recordarlo toda mi vida.

Con lentitud, Yuzu le quitó primero la corbata y luego el chaleco. Fue desabotonando su camisa, mientras le besaba el cuello, bajando sus labios con enloquecedora lentitud hasta llegar a sus pechos, protegidos por un sujetador de encaje blanco. Introdujo su manos debajo de los mismos, apretándolos y, con la lengua, empezó a explorar su oreja.

-¡Yuzu! - Harumin empezó a jadear. Las manos de Yuzu eran tan suaves, la tocaban tan bien, que muy pronto tuvo que apretar las piernas porque estaba empezando a mojarse. Yuzu se las separó con su rodilla, encajando su pierna justo en su zona palpitante y húmeda.

-Ya estás mojada.- Le dijo, acariciando su entrepierna, y deteniéndose a propósito en su ingle.

-Ahhhh! Yuzu, Yuzu!- Harumin tuvo que aferrarse a la sábana para controlar sus espasmos. Yuzu le había quitado el sujetador y estaba lamiendo sus pezones con deliciosos movimientos de su lengua, dejando marcas encarnadas en cada sitio que succionaba.

-Si que las tienes grandes.-Besó cada centímetro de sus pechos, chupándolos, mientras le fue bajando la falda poco a poco. Harumin se retorcía ante sus demenciales caricias, y más aun cuando su mano tocó su sexo y empezó a frotarlo a través de sus bragas blancas. Iba a gritar, pero Yuzu ahogó su grito con sus labios, atrapando su boca jadeante, besándola, besándola hasta que la respiración se le escapó, y su garganta emitía sonidos de gemidos ahogados por la lengua de Yuzu, que se negaba a liberarla.

Cuando al fin la dejó libre, Harumin jadeó, tratando de recuperar el aire; Yuzu deslizó su lengua por su abdomen hasta llegar a su vagina. Absorbió los fluidos que se escurrían por sus muslos, aplicando seguidamente su boca a ese lugar, chupando por encima de su mojada braga, con sus manos masajeando vorazmente sus pechos. El sudor corría por toda su piel, que también parecía gemir por sí misma.

-¡Me voy a volver loca, Yuzuchi!¡No pudo soportarlo más!

Yuzu la despojó de la única prenda que le quedaba.

-Voy a tomar directamente de tu manantial.-Empezó a succionar su sexo, bebiendo todo lo que este tenía. Harumin se revolvía. Apretó con sus piernas la cabeza de Yuzu, y con sus manos sujetaba su cabello, pegándose más a la boca de Yuzu.

-¡Oh,dios, Yuzuchi sigue así! ¡Ahhh!

Yuzu lamía su clítoris, y Harumin sentía que iba subiendo en una espiral hacia el alto cielo. Cada beso, caricia y toque de Yuzu la transportaba a un territorio de sensaciones que jamás pensó podrían existir.

De improviso, Yuzu se detuvo. Estaba sudando tanto o más Harumin, debido al sofocante uniforme con que estaba vestida . Cubrió con su cuerpo el de Haru, acariciando sus ardientes mejillas, depositando un largo beso en sus labios.

-Quiero que seas feliz.-Dijo al cabo de un rato.

Tal vez no era el mejor momento, pero recordó a Mei y su eterno amor por ella. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, y tuvo que ocultar su rostro en el cabello de Harumin para que no la viera llorar. Lloraba por ese acto que había perdido de ella. Mei prefirió entregárselo a otra mujer, a la peor de la mujeres.

-Yuzu...

-Espera un momento.-No podía permitir que Harumin la descubriera pensando en Mei- Es que... este momento es tan especial para ti, que quiero que dure lo suficiente como para que jamás se borre de tu memoria.

-Lo estás haciendo bien. No sabes cuán feliz soy.-Los ojos castaños de Harumin resplandecían de amor.

-Haru, voy a meter mis dedos.-dijo Yuzu, llevando suavemente su mano hasta allí.

Cuando Yuzu introdujo dos de sus dedos en su vagina, el viaje al cielo empezó se tornó vertiginoso, embriagador, enceguecedor.