Instituto Hokkaido

(REMAKE)

By: Vainiella


Capítulo 4

"Beso con sabor a tequila"

-Sospecha-


Mimi caminaba con paso apresurado mientras rodeaba la cancha de futbol. Llevaba su libreto en manos, buscando con la mirada a aquel simpático moreno que le había tocado hacer de Romeo en la obra junto a ella. Taichi le había dicho para reunirse después de su partido para leer juntos el libreto y de esa forma estar más preparados para el primer ensayo, una sugerencia que había hecho la castaña y que Tai había aceptado sin chistar.

-¡Tachikawa!

En eso Mimi se detiene, notando que era llamada por Koushirou, que la saludaba desde las gradas. Contenta se aproximó a este, subiendo tres niveles para quedar a su lado.

-Izumi- sonrió, sentándose a su lado -¿Cómo estás?

-Pero miren quien está aquí.

Detrás de Mimi y Koushirou estaban tres chicos de aspecto desarreglado que usualmente atormentan a los demás, especialmente a estos dos. La castaña frunció el ceño, recordando el incidente de hace unos días, cuando le habían lanzado una naranja para pegársela en la cabeza. Por suerte Tai estuvo ahí para agarrarla a tiempo y devolvérsela violentamente, esta vez dándole a uno en la cara.

¿Por qué la molestaban tanto?

-Eh, te estamos hablando, niño bonito.

-Querrás decir marica.

-Oigan, déjenlo, ¿Vale?

Mimi notó la valentía esporádica del pelirrojo cuando se trataba de defenderla, agradeciéndole con la mirada.

-Tú cállate, cerebrito.

Los tres empezaron a reír. Si no era sacándose los mocos era molestando a los demás. Mimi no los soportaba.

-Ignóralos- terminó por decir Tachikawa, sentándose al lado de Koushirou -¿Qué haces aquí?

-Esperando a que Tokumori termine el partido. Tenemos que hacer un trabajo de historia.

-Ah, a mí me tocó con Keitaro, él que tiene lentes.

-Sí, sé quién es. Es un chico agradable.

Mimi asintió, notando entonces la laptop del pelirrojo.

-Vaya, eso se ve complicado- viendo un montón de códigos escritos en la pantalla –Se ve que eres muy inteligente, Izumi.

Koushirou se mostró un poco avergonzado, cuando en eso nota a Yamato Ishida caminando por donde venía antes Mimi.

-¡Eh, Matt!

El rubio se detuvo a verlo, respondiendo el saludo. No obstante, al notar a Mimi puso su cara de chico serio y la ignoró por completo, acercándose a unos chicos que se habían sentado en las primeras butacas de las gradas, justo al lado de las escaleras.

-¿Cómo pueden ser su amigo?- dijo entonces Mimi, molesta –Ustedes siempre lo tratan bien, y él solo se comporta como un imbécil.

Koushirou la mira por un momento, dubitativo.

-Yamato no es mala persona- dijo mientras escribía en su computadora –Simplemente ha pasado por muchas dificultades y por eso no es una persona tan abierta como nosotros.

-Una cosa es ser introvertido, y otra cosa es ser antipático- gruñó la castaña –Desde que llegué me trata como si fuera un insecto.

El pelirrojo rio ligeramente.

-Solo dale tiempo. Una vez que ganes su confianza será un amigo incondicional, créeme.

-Sí, Yamato Ishida incondicional, claro- negó con la cabeza, para luego escucharse un pitido desde la cancha. Mimi entonces notó a Taichi acercándose a la reja para agarrar una botella y tomar agua.

No pudo evitar detallarlo un poco, notando como el sudor adhería la franela deportiva a su musculoso torso. Sino fuera por la situación en la que estaba metida sin duda le coquetearía a un chico como Tai. Era sociable, divertido, atlético y bueno, un buen partido, sí.

En eso, el moreno nota su presencia, saludándola con la mano. Aquello la sacó de sus pensamientos para recordarle la razón por la que estaba ahí, así que tras despedirse de Koushirou se levantó para aprovechar la oportunidad y hablar con el Yagami.

Sin embargo, sintió un fuerte empujón en su espalda, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera por las escaleras de las gradas. Koushirou gritó al verla caer, lo cual alertó tanto a Yamato como a Taichi, quienes vieron como Mimi perdía el equilibrio y empezaba a rodar por las escaleras.

No obstante, justo antes de dar otra vuelta en la que terminaría con la cabeza estrellada en el escalón de concreto y con su peluca por los aires, Mimi sintió que alguien de pronto la agarraba del estómago y rodeaba su cintura. Se aferró a la ropa de la persona que la había sostenido justo a tiempo, digiriendo el susto que había sufrido al caer.

Al separarse un poco para ver quien la había agarrado descubrió a Yamato Ishida, mirándola desde arriba con sorpresa mientras la sostenía fuertemente.

Tan fuerte que aunque sus pechos estaban vendados ante tal cercanía era probable que los haya sentido, o al menos rozado, cuando la había agarrado como lo hizo.

Mierda, pensó.

Se alejó en menos de un segundo, como si la piel del Ishida quemara. Sus miradas no se movían del otro, y Mimi sintió que Yamato lo sabía, ¿Podría ser posible que…?

-¡Miso!

Taichi interrumpió la batalla de miradas para aproximarse a ellos y acercarse a Mimi, preocupado por su estado.

-¿Estás bien?

-S-Sí- dudosa, abrazándose a sí misma.

-Lo he visto todo, sino fuera por Yamato te hubieras roto el cráneo.

Eso le recordó a la castaña que debía mostrarse agradecida, y fingir demencia. De haberse dado cuenta ya hubiese dicho algo, ¿No?

-Gracias, Ishida.

El rubio asintió.

-¿Cómo te tropezaste?

Mimi frunció el ceño, volteando a ver hacia donde estaban los chicos malos. Estos reían burlones, evidenciando sus intenciones. La castaña supo que habían sido ellos, pero al parecer nadie los vio.

De culparlos se los ganaría como sus peores enemigos, y tener a unas personas así detrás de ella era lo peor que podría pasarle, considerando su situación. Si llegaran a descubrir la verdad…

-No vi el escalón- mintió rápidamente.

Pero Yamato supo que no decía la verdad.

-Vale, pues ten más cuidado a la próxima. Casi nos matas del susto- Mimi asintió con vergüenza -¿Listo para ensayar?

Ambos chicos se despidieron de Koushirou y Yamato y se alejaron en camino al edificio de dormitorios. Mimi, por su parte, ignoró por completo las miradas sobre ella, llenas de burla y de malas intenciones… Con excepción de una en particular, que solo pudo observarla alejarse con una inesperada intriga.


-A ver, Tai, que así no es.

-Hice tal cual lo que me dijiste.

-No, no lo hiciste. Sino le pones énfasis a las palabras parecerás un robot. Vamos, otra vez.

-¡Agh, ya me aburrí!

Tai se tiró en su cama, derrotado. Ya llevaban más de dos horas en esto, y había sido más difícil de lo que esperaba. No es lo mismo leer el guion y familiarizarse con los diálogos que interpretar a un personaje. Este Romeo era torpe y gracioso, igual que él, pero…

-Anda, una vez más.

Mimi se montó en la cama de Taichi, sacándose los zapatos antes, y así parecer que estaba en el balcón.

-Eh, ¿Qué haces?

-Poniéndole seriedad al asunto. Vamos, empieza.

Taichi suspiró.

-¿Pero qué luz es esa que se asoma?- Mimi hizo gesto para que moviera las manos de forma exagerada, como el típico príncipe de Disney. Aquello lo hizo más gracioso -Hermoso sol, que ahora te fatiga los horizontes y te animas por aparecer en balcones, ¡Sal y mata de envidia a la luna, tan pálida y lejana!- Taichi miró el libreto -Seré el hazmerreír de la obra.

-Ay de mí- dijo de pronto la castaña, ignorándolo -Romeo, Romeo, ¿Por qué eres tú, Romeo? Reniega del nombre de tus padres, y yo haré lo propio.

-Oye, Miso, ¿Y si pones la voz un poco más aguda? Así suenas como un adolescente desarrollándose. No es que no lo seas, pero…

-¡Tai, es la cuarta vez que me interrumpes!

-Oye, solo estoy haciendo críticas constructivas.

-Bueno, señor críticas constructivas- agregó Mimi agachándose hacia delante un poco para estar a la misma altura que el Yagami, con su rostro a 30 centímetros de distancia -Te recuerdo que estaremos ante cientos de personas, y que sino lo hacemos bien no iremos a Okinawa.

Tai miró el techo con anhelo.

-Oh, Okinawa… Vale, vale, una vez más.

Entonces Mimi empezó a reírse, encontrando a Taichi Yagami realmente gracioso. Un poco tonto, pero que dentro de ese cuerpo de un joven de 17 años se escondía un tierno y divertido niño.

No obstante, Tai en lugar de sentirse incómodo con la cercanía de la castaña, o incluso con su presencia, se sentía muy a gusto. Rio con ella, sintiendo un sentimiento bastante familiar.

De pronto, por un segundo, vio en Miso Tachikawa a alguien más. Aunque sus cabellos no eran rojizos, ni su tez bronceada, era la misma dulce sonrisa.

-Oigan, ¿Qué están haciendo?

Koushirou había entrado en ese momento, descubriendo a Mimi parada en la cama de Taichi. El moreno aprovechó la oportunidad para empujarla y tirarse en cama del pelirrojo, aun cuando sabía que este odiaba que lo hiciera. Mimi se quejó al caer en el colchón desordenado del moreno, mirando con mala cara al chico.

-Ensayando para la obra- respondió Tai con normalidad, disimulando el camino que habían tomado sus pensamientos hace unos segundos -Miso es terrible actor y necesita mi ayuda.

-¡Serás…!

-Bueno, Tokumori los está buscando- encogiéndose de hombros, ignorando como los dos habían empezado a pegarse con el libreto en rollos -Dice que a las 11:45 en el salón J-3.

-¿Qué hay en el salón J-3?- preguntó Mimi curiosa.

Y tres horas después, ahí estaban.

En medio de aquel desolado salón, en una inhabitable área del edificio estudiantil, se encontraban los chicos sentados en círculo con varias linternas iluminando el área. La castaña miraba su entorno sin poder entender cómo se había dejado influenciar por sus nuevos amigos, quienes al parecer en alguna que otra ocasión suelen reunirse en lugares abandonados del instituto para beber y fumar.

Contempló incómoda que también los acompañaban Yamato y los mismos chicos quienes estuvieron con él cuando había ido a disculparse. Según Taichi, era como un club, un grupo de chicos que sabían disfrutar de la vida sin hacerle daño a nadie.

Pero ella no era parte de ese club, ni siquiera era chico, ¿Por qué había ido?

-Bueno, los he citado en este lugar para celebrar la nueva adquisición de nuestro pequeño grupo- inició Tokumori, levantándose como quien debía respetar un protocolo muy importante. El pelinegro agarró del suelo su bolso, para luego sacar del mismo una botella de algún licor desconocido y que sacó silbidos y comentarios de emoción por parte de los presentes -Maru-chan, siendo el nuevo integrante de esta manada, te concedo el honor del primer trago.

Mimi miró la botella, que era tendida a ella.

Nunca había tomado alcohol.

-Ehm, creo que paso.

-¡Oh, vamos! ¿Sabes lo difícil que es conseguir esto aquí? Tuve que mover mi red de contactos para conseguirlo.

-Ánimo, Miso- motivó Taichi. Mimi seguía con duda.

-P-Pero…mañana hay clases.

-Bah, no te preocupes por eso. Yamato se encargará en despertarte- el Ishida lo miró con mala cara. Mimi solo pensó que eso sería lo peor.

-Además,- agregó Sato, sentado de forma despreocupada, casi que acostado en aquel sucio suelo -Hoy es el mejor día para hacerlo. Los lunes son cuando hacen menos vigilancia.

-¡Anda, Maru-chan! Hasta Koushirou va a tomar.

Mimi miró con sorpresa al pelirrojo. Este se encogió de hombros.

-No hay quien los aguante después- se acercó un poco más a Mimi, y le dijo en susurros -Lo mejor es tomar poco, y dejar que ellos se acaben la botella.

Finalmente, no muy convencida, la castaña aceptó. Tokumori celebró el suceso sirviendo en un pequeño vaso de té, para luego tendérselo a Mimi. Esta no reconoció el aroma del alcohol, además de que parecía ser etílico, pues era horriblemente fuerte.

¿Suelen tomar esto? Están locos.

Suspirando para darse fuerzas, tomó de un golpe la bebida, para luego atragantarse y sentir como le quemaba la garganta.

¡Sabía a Diablo!

-¿Q-Qué rayos es eso?- sin dejar de toser.

-Tequila.

La castaña abrió los ojos de golpe.

-¿De donde sacaste tequila, Tokumori?- preguntó sorprendido Taichi.

-Mi hermano acaba de viajar a México, y me trajo una botella.

-Espera, el tequila se toma con sal y limón.

-Ya, ya- el pelinegro empezó a rebuscar en su bolso, sacando tres limones y unas bolsitas de sal.

-Brother, pareces Mary Poppins, ¿Qué otra mierda tienes allí?

-¿Por eso me pediste que conversara con la cocinera?- esta vez Sato lo miró con mala cara, sintiéndose ligeramente usado. Hace un par de horas tuvo que sacarle conversa a la señora regordeta de la cafetería gracias al pelinegro -No sabes cuantas veces me agarró los cachetes.

-Eso es porque son tan suavecitos como mis nalgas- lanzándole los limones al Ishida -Anda, saca tu navaja de James Bond y úsala para algo.

A pesar del trago, la castaña estaba entretenida. De vez en cuando era un poco molestos, y asquerosos, pero era relajante. Es decir, no habían chismes, ni rivalidades, solo chistes y…

En ese momento, Mimi sintió que era observada, y tal fue su sorpresa a notar que era Yamato Ishida, quien luego desvió con total naturalidad, concentrándose en repartir los limones que había cortado.

Aquello la puso nerviosa, ¿Por qué estaba mirándola?

Lo sabe, él lo sabe.

¡Imposible!

Y de saberlo, ¿Por qué no ha dicho nada?

Tanta incertidumbre le estaba dando mareos, o quizás era porque no había cenado, y ya el tequila estaba haciendo estragos en su organismo.

-Ahora sí- le dijo Tai, tendiéndole otro vasito de té con tequila y una rebanada de limón bañado en sal -Estará mejor que el tequila solo. Lames la sal del limón, tomas el shot y luego chupas la fruta.

-Tai, no creo que pueda tomar otro.

-¡Eh, no rechaces mi buena voluntad de traeros este elixir!- Tokumori ya iba por su segundo shot.

-¿Por qué está hablando así?- preguntó Koushirou con una ceja enarcada.

Tokumori se acercó a ella, rodeándola con un brazo. Mimi automáticamente se cohibió con el tacto.

-Anda, Maru-chan. No seas aguafiestas.

-¡Oye!- se quejó Mimi, intentando zafarse -No, gracias.

-Vamos, otro más, ¿No me digas que ya estás borracho?

-Tokumori- aquel había sido Yamato, quien finalmente había hablado -Déjalo, si no quiere no le obligues.

Mimi observó al rubio con sorpresa.

-No lo estoy obligando. Le estoy aconsejando. Si Maru-chan se toma este trago no lo molestaremos de nuevo, ni le diremos lo marica que es a veces, ¿Cierto, chicos?

-¡Deja de decir eso!

Sato y Louis elevaron sus tragos.

-No más bullying a Maru-chan.

Los seis chicos que rodeaban a Mimi aguardaron atentos a que esta se tomara el trago. Por un lado, ella sabía que era un terrible error, y más cuando el primero ya estaba pasando factura. Pero quería encajar, por primera vez desde que llegó al Insituto Hokkaido quería sentir que encajaba con aquel divertido grupo de chicos, a pesar de que era una chica.

Toda su vida rodeada de niñas, princesas femeninas, y ahora estaba rodeada de un puñado de adolescentes que ahora se hacían llamar sus amigos.

Nuevamente notó la inquietante mirada de Yamato, pero en lugar de apoyarse en él, optó por todo lo contrario. Esta era la única forma de crear un vínculo con ellos y cuidarse las espaldas.

Miró el trago con duda.

Influenciada por las tonterías de los demás, lamió la sal y se tomó de un golpe el licor, para luego chupar el limón. Todos celebraron, casi en susurros, y así no evidenciar su falta, culminando el rito de iniciación de la castaña y finalmente dándole la bienvenida a la manda, como suele decir el pelinegro.

Todos volvieron a servirse, y para cuando Tokumori volvió a ofrecerle, Taichi saltó al rescate.

-¡Yo me tomo el suyo!- se sirvió dos veces, haciendo competencia con el pelinegro por quien más tragos lleva -Anda, Shitsuya, te veo lento.

-Te veré caer, cabrón.

Koushirou se acercó un poco a Mimi.

-¿Estás bien?

-Sí.

Mentira.

Ya estaba ebria.

¡Ni con sus amigas, con quienes había compartido un poco del vino de su padre, se había puesto así!

El tequila es pésimo cuando no se tiene nada en el estómago.

Diez minutos después ya Mimi sentía que debía ir al baño a vomitar.

-Creo que…debería ir al baño- le susurró a Koushirou.

-¿Quieres que te acompañe?

-¡No! Estoy bien, gracias.

-Vale, saliendo a la izquierda, esta a tres salones. Ten cuidado con que te vea alguien.

Mimi asintió, levantándose con torpeza. Koushirou la ayudó un poco, terminando por ignorar la petición de Mimi y acompañarla, pero antes de levantarse para ayudarle si lo necesitase, Tokumori le saltó encima para servirle otro trago.

-¡Eh, Shitsuya! Me está cayendo en la ropa.

-Deja de quejarte y embriágate de una puta vez. Siempre eres el más aburrido.

Mimi tomó del suelo una linterna. Por suerte los chicos estaban muy entretenidos con Tokumori, que de pronto se había sentado encima del pelirrojo como una geisha seduciendo a su cliente. Nadie la seguiría, lo cual era mejor. Verla vomitar solo será humillante, por no decir peligroso para su secreto.

Salir del salón J-3 y escapar de los chicos no fue problema, el problema apareció cuando se vio envuelta en una oscuridad absoluta al nivel de una película de terror en donde aparecían fantasmas de aspecto horripilante en inhóspitos rincones. Se quedó fría, y de pronto pensó que podría vomitar allí mismo.

Será mejor regresar al dormitorio. Cualquier cosa Koushirou puede decirles a todos que se sintió mal.

No obstante, al haber cruzado a otro pasillo su linterna empezó a parpadear, como si se quedara sin batería. Se lamentó internamente, sabiendo lo horrible que sería quedarse a oscuras. Empezó a darle palmadas al aparato esperando que con eso funcionara, cuando en eso escuchó unos pasos. Se quedó inmóvil, concentrándose en el sonido.

Por la soledad y lo inhabitado que estaba el sitio aquellos pasos parecían venir de todos lados, ¿Serían los chicos?

Algo cayó al suelo, haciéndola chillar del puro susto.

Buscó la pared más cercana y se recostó contra esta mientras respiraba entrecortadamente. La adrenalina se disparó en su cuerpo como si estuviera en peligro, ¿Debería gritar? No, eso solo atraería a los vigilantes.

Probablemente sean los chicos, queriendo molestarla.

-C-Chi-Chicos… D-Déjense de…bromas.

Trató de iluminar con la linterna, pero los parpadeos finalmente se redujeron a la oscuridad total.

Estaba aterrada.

¡Y una mierda!

Al final optó por caminar con paso apresurado hacia donde creyó que podría estar el salón J-3, y pronto ya estaba corriendo, huyendo de lo desconocido, ¡No podía ver nada!

Pero entonces sintió que se estrellaba contra algo grande y duro, pero no lo suficiente como para no romperle la nariz. Se fue hacia atrás sin poder evitarlo, y antes de que cayera al piso sintió que la agarraban de ambos brazos, salvándola del golpe.

Otro chillido del puro susto hizo eco en aquel pasillo.

-Shh, Miso, cállate. Soy yo.

Taichi.

El misterioso fantasma resultó ser simplemente el Yagami, y Mimi no pude evitar respirar profundamente, sintiéndose segura.

Pero no sabía si era por el tequila, o si era por su personalidad sensible e infantil, pero empezó a llorar del puro susto, intentando limpiar sus lagrimas para ocultarlas, sabiendo que en aquella oscuridad era imposible verlas.

-Oye, ¿Estás llorando?

-N-No.

Taichi seguía sosteniéndola de los brazos.

-Perdona, no quería asustarte.

Mimi se dio cuenta de que hablaba gracioso. Probablemente estaba ebrio.

Trató de alejarse, pero él no lo permitió.

-Olvídalo, estoy bien.

-Hey…

Entonces sintió como uno de sus brazos era puesto en libertad, para luego sentir una inesperada caricia en su mandíbula. Una de las manos de Tai había dado con su rostro con cierta torpeza, pero su mano no tardó en extenderse hasta rodear su cuello, tan cálida, tan varonil, y que junto con los efectos del alcohol en ambos, Mimi no pudo huir del tacto, mucho menos cuando sintió que la jalaba hacia el pecho del moreno, limpiando sus lágrimas en su uniforme.

-Sora…

¿Sora?

Mimi esta vez trató de pensar con más lucidez, e intentó separarse del moreno, sin entender qué había querido decir y un poco avergonzada por aquel tacto. No obstante, nadie había preparado a Mimi para lo que venía a continuación, y es que apenas se había alejado un poco sintió como algo suave y húmedo se apoderaba de sus labios, convirtiéndose en un beso con sabor a tequila.

Taichi Yagami la estaba besando.

¡Taichi Yagami la estaba besando!

Cerró los ojos con fuerza y trató de alejarse, pero el moreno la tenía fuertemente agarrada, aun manteniendo su delicadeza, ¿Qué estaba pasando? El efecto del alcohol la mareaba y de alguna forma entorpecía sus movimientos, por no decir que hacía de aquel beso algo no tan desagradable, ¡Pero eso quería decir que Tai es homose…!

Una luz los cegó entonces, y les tomó un par de segundos reconocer una linterna desde la distancia.

Mimi palideció al instante.

-¿Q-Quien anda ahí?

Tai había hablado de forma más graciosa que antes. Incluso Mimi tuvo que sostenerlo, pues al darse la vuelta tropezó.

Unos pasos se aproximaron hasta sentir que la persona ya estaba a un metro de distancia. Mimi estaba maquinando una excusa en su cabeza para poder salvarlos de esa vergonzosa situación -Sobre todo cuando se tiene amigos un poco mentes cerradas-, cuando la persona se acercó lo suficiente como para agarrar a Taichi del otro brazo, y así ayudarlo a mantenerse en pie.

La linterna iluminó sus cuerpos, y fue gracias a ello que Mimi pudo reconocer quien los había sorprendido.

-Yamato- susurró Mimi con sorpresa.

-Perro, me asustaste- Taichi destilaba alcohol -Pensé que era un vigilante.

-Es hora de ir a la cama, Tai- Yamato miró a Mimi entonces, con absoluta seriedad -Necesitaré de tu ayuda.

Mimi aun no salía de su estupor.

¿Por qué no se estaba burlando o molestándolos?

Le tomó unos segundos para asentir.

-Vamos.

Luego de unos 10 minutos, tiempo que les tomó en llegar al dormitorio del moreno, Mimi entendió que su misión no era ayudar a Yamato en cargar a Taichi, sino revisar los pasillos antes de caminar por ellos, por si había algún vigilante cerca. Casi los descubren un par de veces, pero al final llegaron sanos y a salvo, o al menos libres de ser castigados.

Mimi ayudó a Yamato a recostar al moreno, y vio como el rubio cubría el cuerpo de este con la sábana luego de haberle sacado los zapatos. Le pareció una escena tierna, el Ishida cuidando de su amigo de esa manera. Jamás había imaginado esa faceta del rubio.

Fuera del dormitorio de Taichi, Yamato y Mimi caminaron al suyo en profundo silencio, atentos de no ser descubiertos. Una vez en el suyo fue cuando la castaña decidió que debía proteger al Yagami de alguna manera.

-Oye, Ishida, lo que viste…

-No vi nada- Yamato se sacó su chaqueta y los zapatos, dejándolos en la entrada del dormitorio. Mimi intentó insistir, sin entender lo que decía.

-¿No nos…acusarás con los demás?

El Ishida suspiró.

-No es mi asunto.

El rubio se metió al baño, cerrando la puerta con llave tras sí. Mimi se sintió enormemente ignorada, pero al mismo tiempo, desconcertada. Yamato Ishida los había descubierto besándose, sin importar que había sido Taichi él que la había besado, ¿Acaso lo estaba protegiendo? ¿Por qué?

Entonces recordó lo que había dicho Koushirou.

Una vez que ganes su confianza será un amigo incondicional.

¿Quién lo hubiese imaginado?


Continuará…


Notas de la Autora:

EDITADO 02/03: Eh, perdonen la confusión con los capítulos. Ya se corrigió y se agregó el cap que faltaba. Perdonen el inconveniente.

¡Hola, hola!

¿Cómo están, queridos? Aquí capítulo cuatro de IH UP. Como les había dicho esta historia está bastante adelantada (La versión reescrita), por lo que las actualizaciones serán sagradamente todos los miércoles.

¿Ya se pasaron por Encrypted? También tenemos actualizado Stepmom's Recipe y Scare, con su nueva actualización el próximo viernes.

Estoy muy contenta de regresar a este fandom. Soy una mujer adulta, pero sigo alimentando a esa pequeña niña en mí que le encantaba Digimon y al mismo tiempo escribir. No puedo evitarlo.

¡Espero que les haya gustado este capítulo!

Con cariño,

Vai.