CAPITULO 13
CONFRONTACIÓN
Totalmente destrozada, Mei no paraba de llorar, tapándose el rostro con la almohada para apagar el sonido de su llanto. Esperaba la entrada de Yuzu a la habitación, pero esto no sucedió. Yuzu, cuyo corazón palpitaba, cautivo por el hechizo de una nueva emoción que lo embargaba, decidió acostarse en el sofá de la sala. Su cuerpo aún tenía el erótico aroma de la piel de Mitsuko, y sólo tenía mente para lo que acababa de suceder. Sin mucho esfuerzo, logró conciliar el sueño, sintiendo que dormía en una nube de perfumados sueños que auguraban un mañana feliz.
Mei, en vista de que Yuzu no entró al cuarto a dormir, bajó a la sala, donde la encontró plácidamente dormida. Su rostro tenía tal expresión de serena felicidad, que no pudo evitar, por más que la lógica de los recientes acontecimientos se lo impedía, acercarse a ella para respirar su mismo aire, y ver de cerca sus labios amados, esos labios tan sensuales que la habían besado tantas veces, y que ahora sólo se dirigían a ella para herirla; se perdió en la contemplación de su cuerpo, tan bonito y esbelto..., cuerpo que pertenecía a otra. Eso era lo que más le dolía. Tristes lágrimas salían sin piedad de sus ojos. La dulce belleza de sus ojos violetas ya no existía; se habían transformado en dos pequeños espejos rotos, que sólo reflejaban una intensa amargura, por el que las lágrimas corrían como un río. Los tenía pequeñitos y encarnados de tanto llorar.
Observó en el cuello de Yuzu la marca de un chupetòn, o tal vez de una mordida. Mirar eso le provocó un nuevo alud de melancolía y mortal nostalgia de su primer amor perdido. ¿Cómo iba a hacer, qué camino debería tomar, ahora que Yuzu parecía haber decidido el suyo? Su soledad era tan grande, que quería dejar de respirar, y morir, para así dejar de sentir ese dolor asesino que estaba despedazàndola lentamente. Se llevó las manos a la cabeza, estremeciéndose ante la angustia que recorría cada milímetro de su ser, mientras pensaba:
"¿Qué haré sin ti? Mi amor, necesito de ti como el aire para respirar. Eres mi sol, el que iluminó la senda de soledad por la que transitaba, para darme calor con tus amorosos rayos . Dios mío,no creo que pueda seguir avanzando sin ella, me voy a volver loca de dolor"
Se sentó en el suelo junto a ella y lloró hasta que, literalmente, se le agotaron las lágrimas. Como una sombra, subió a la recámara y se acostó a esperar el amanecer, porque el sueño había huido de su sistema nervioso, dejándola caer en brazos del insomnio.
A eso de las cinco y media, Yuzu entró a la habitación a fin de prepararse para la escuela. Mei estaba acostada aún, dedicándose a escuchar los ruidos que hacía Yuzu al moverse de un lado para otro. Sus pasos eran ligeros, y tarareaba un estribillo:
"Soy feliz sólo con tu mirada,
ya no me importa nada si hoy te tengo a ti;
Y aunque me grite la gente que soy una indolente,
que te voy a dejar, y yo, yo no te voy a dejar, mi vida, yo no te voy a dejar..."
Yuzu sonaba tan feliz... Mei se alegraba por ella, aunque su propio corazón sangraba. Decidió levantarse también; si no hubiera sido por la inminente llegada de Misaki, tal vez habría faltado a la escuela, aunque a ella eso le quedaba complicado hacerlo debido a sus obligaciones como directora encargada. Tendría que arrostrar con sus penas, y simular delante de todos que su vida era perfecta y , aún más, delante de Misaki. Tener que verla le recordaría demasiado lo que habían hecho las dos, y ese recuerdo era tan ingrato, que hubiera querido suprimirlo de su memoria, como si jamás hubiese ocurrido. A veces pensaba que su ruptura con Yuzu era un castigo divino por no haberla sabido valorar cuando la tenía a su total disposición.
Yuzu, al ver que Mei también se había levantado, la ignoró por completo, porque no se sentía con ganas de desorganizar la inmensa felicidad que sentía tratando de entablar un diálogo, por muy superfluo que fuese, que sólo conduciría a una discusión más ; la dulce experiencia reciente la tenía en modo "etéreo", es decir, caminando entre algodones imaginarios; su corazón estaba a punto de sentir verdadero amor por Mitsuko.. Bastó ese intensìsimo encuentro para remover fibras que no imaginó que existieran. Sólo quería verla otra vez, escuchar su voz, abrazarla, dormir a su lado y despertar en sus brazos. Quería verse bien para ella, por lo que se peinó cuidadosamente, y se acicaló de tal forma que, cuando Mitsuko la viera, encontrara a esa Yuzu sonriente que tanto amaba ver. Mei observaba todos esos preparativos, sabiendo que quien los inspiraba no era precisamente ella. Se dirigió al baño a asearse.
Miró su rostro en el espejo, y la persona que vio allí reflejada era irreconocible, aun para ella misma. Unas terribles ojeras rodeaban sus ojos, que estaban hinchados e inyectados en sangre, lo que le daba una palidez macilenta y espantosa a su expresión, antes tan bonita y cautivadora. Se preguntó cómo lidiaría con los deberes que le esperaban, sintiéndose como se sentía. Yuzu la estaba ignorando, y no la culpaba; siempre que hablaban, no salía bien librada, pero deseaba profundamente que ella le prestara, aunque fuera sólo un poco de atención. Por eso, al salir del baño, no pudo evitar dirigirle la palabra:
-Hola, Yuzu.
Yuzu, incómoda, le devolvió el saludo de manera cortante, sin mirarla.
-Buenos días, Mei.
Se hizo nuevamente el silencio, que era tan denso como el de las llanuras abisales del océano. Al cabo de un minuto, Mei hizo una pregunta.
-¿A qué hora llegaste? Pensé que no vendrías a dormir.
Yuzu se volvió para contestarle, pero no pudo pronunciar palabra; sólo se quedó mirándola, con la boca abierta, conmocionada ante lo que veían sus ojos.
¿Esa era Mei? Mei era una joven de agradable impacto visual, cuya mirada profunda y misteriosa era su principal característica. Pero sus ojos veían algo semejante a un espectro, pálido y sin vida. Y lo que más resaltaba era esa tristeza...una inmensa tristeza que se había asentado, como si formara parte de su piel, en toda su persona, y que tenía escape en el apagado brillo de su mirada. Parecía encorvada bajo el peso de una pesada carga que amenazaba con aplastarla. Y sus preciosos ojos... le dio la impresión de que estaban fragmentados, y casi no se veía su hermoso color por culpa de la hinchazón, efecto de un llanto prolongado. El pecho de Yuzu se sobrecargó de emoción y compasión.
-Mei...-no soportó la forma como ella la miraba, y apartó la vista. Su respiración se hizo pesada, y el sufrimiento que toda ella respiraba, lo sintió como si fuera suyo. Iba a acercarse a ella para consolarla, pero tenía tan presente a Mitsuko en su piel que, con gran esfuerzo, mantuvo su distancia. Le contestó, dándole un tono neutro a su voz:
-Llegué a eso de las tres. Pero tú no te ves bien. ¿Acaso no dormiste?
-Sí, dormí un poco.-mintió- Te pregunto porque no te sentí llegar.
Yuzu no replicó. No obstante, Mei continuó hablando.
-Hoy te ves... diferente a otros días. Estás hermosa.
-Gracias-se forzó Yuzu a contestar.
-¿Podemos ir juntas a la escuela hoy?-soltó Mei de pronto.
Yuzu estuvo a punto de negarse, pero no consiguió decirle que no a esos ojos suplicantes.
-Está bien.
-Yuzu, hace frío. -añadió Mei-¿Me dejas ponerte la bufanda?
-Puedo hacerlo sola...-Mei había inclinado la cabeza-pero, bueno, haré una excepción.
Mei tomó la gruesa bufanda que Yuzu acostumbraba usar en días fríos, y con mucha lentitud, la enrolló alrededor de su cuello, intentando no mirar la roja marca que adornaba su cuello esa mañana. Por un pequeño instante, sus miradas se cruzaron, y Yuzu acarició de manera muy tenue su mejilla con el dedo índice.
-Trata de ser feliz, Mei.-fue lo único que dijo.
Una vez hubieron desayunado, emprendieron el camino en silencio; Yuzu miraba de reojo a Mei de rato en rato, quien caminaba muy cerca de su hombro, rozándolo con el suyo. Ese pequeño contacto, aunque era casi nada, le bastaba a Mei para sentir un poco de vida en su corazón comatoso.
-Yuzu- dijo Mei rompiendo el silencio- ¿Cómo te esta yendo?¿Vas bien con Harumin?
-No entiendo a qué viene la pregunta.-respondió Yuzu, incómoda.
-No me malinterpretes.. Hace mucho que no sé nada de tus cosas. Sólo quiero saber de ti.
Yuzu meditó un poco la respuesta. Mitsuko iría a buscarla esa tarde y era posible que Mei la viera; así que prefirió decirle la verdad; de todas maneras, se iba a enterar, y no quería que Mei pensara que estaba saliendo con dos personas a la vez.
-Haru y yo hemos terminado. Estoy saliendo con alguien más.
-Parece que te ha sido fácil olvidarte de mí.
Algo molesta, Yuzu iba a increparla, pero la cara de Mei no mostraba signo alguno de hostilidad ; sólo una aguda pena. Mei estaba triste, y su mirada vagaba extraviada en sus luchas interiores.
-Te dije que había una posibilidad de que pudiera amar a otra persona. No creas que soy de esas que saltan de relación en relación por diversión. La persona con la que estoy saliendo me gustaba desde antes de empezar a salir con Haru. Debí haber sido honesta conmigo misma y aceptar ese sentimiento desde el principio, y no iniciar un noviazgo que no condujo a nada. Yo...no puedo encadenarme a ti, Mei. Moriría lentamente si así lo hiciera; quiero ser feliz, así que no me juzgues, por favor.
Mei replicó con amargura.
-Yuzu, yo nunca podré mirar a otra persona. Siempre te amaré a ti. Ningún argumento podrá sacarte de mi alma. Puedo sentir cómo el viento se lleva mis suspiros, siento que muero por dentro, pero sé que yo misma he cultivado mis heridas y ése será siempre mi sufrimiento: saber que te tuve y te dejé ir. Hice que te aburrieras de quererme y te cansaras de adorarme. Yuzu, es tan triste estar queriéndote como te quiero...Tal vez un día de estos mi corazón deje de latir, y al fin seré libre de esta angustia.
-Mei...-Yuzu estaba temblando; quería abrazarla y decirle que su amor por ella seguía intacto, pero la imagen de Mitsuko, su voz, sus besos, su piel, habían quedado tan impresos en su mente que eso bastó para contenerla. -Mei- repitió Yuzu, aclarándose la garganta-yo también tuve esos pensamientos, y no me dejé hundir. Vive tu vida con dignidad, busca a alguien que te quiera y, si quieres, sé mi amiga. Es todo lo que puedo ofrecerte.
-Ya lo sé. -dijo Mei con voz quebrada- Sé que no volverás conmigo por mucho que te suplique. Y no, no quiero ser tu amiga. Te quiero como mujer, no como amiga, pero te prometo que no te molestaré más. Sé feliz con esa persona, a la cual envidio por haber podido hacerse con tu corazón.-al decir esto, Mei aceleró el paso, dejando atrás a Yuzu, quien no pudo contener las lágrimas.
"Mei, lo siento tanto...pero no volveré a ti. De ahora en adelante, haré como que no existieras. Sólo así podré olvidar este amor que siento por ti."
Harumin esperaba a Yuzu a la entrada de la escuela. Cuando vio llegar a Mei, observó que ésta no parecía fijarse en nada de lo que la rodeaba; caminaba como un robot, mirando al frente con ojos de maniquí , sin expresión, abotagada. Daba pena verla. Al pasar a su lado, Mei ni siquiera reparó en ella; se limitó a ponerse a un lado para hacer la inspección de rutina, aunque parecía estar esperando a alguien. Un poco después llegó Yuzu, quien al verla, la arrastró dentro de la escuela, apresurando el paso y sin mirar a Mei.
-¿Volviste a discutir con ella?- preguntó Harumin, mirando a Yuzu detenidamente. Esa expresión tan ausente...parecía cernirse sobre Yuzu con su implacable autoridad.
-Algo así. Estoy preocupada por ella, porque no ha querido asimilar nuestra ruptura, y dice cosas que...bueno, ya son dos las veces que me habla de la muerte.
-¿Crees que atentará contra su vida?
-No lo creo; ya lo hubiese hecho desde hace rato. Es sólo que está dolida, y esa cara tan triste me parte el corazón. Aun así, pretenderé que no existe. No veo otra manera de hacerla desistir de mí. Además,-añadió, con un brillo ensoñador apareciendo como dos luceros en sus ojos verdes- un sentimiento ha crecido en mi interior, y me siento feliz cada vez que pienso en ello.
No hubo necesidad de pronunciar el nombre de Mitsuko para que Harumin supiera a qué se refería. Su hermana había salido la tarde anterior diciendo que iba a visitar a Yuzu para invitarla a pasear, y no volvió hasta pasadas las tres. Cuando la vio por la mañana, un hermoso resplandor iluminaba su rostro, y sonreía sola, tal vez recordando eventos gratos. Se veía tan dichosa y enamorada que dedujo, muy acertadamente,que ella y Yuzu se habían unido de manera especial en ese paseo, y ver esa expresión tan dulce en el rostro de Yuzu confirmó sus sospechas.
-Yuzuchi, parece que algo bueno sucedió anoche ¿verdad?-comentó suspicazmente.
Con el rubor a flor de piel, Yuzu no contestó. Sólo sonrió, y parecía soñar despierta.. Harumin pasó un brazo por sus hombros.
-Me alegro por ti, querida Yuzu.
-¡Ah, Haru!-exclamó Yuzu, saliendo de su sueño- ¿Sabes quién viene hoy? La maldita de Misaki.
-¿Qué?-exclamó sorprendida-¿A qué viene?
-Según pude deducir, a monitorear el Festival Escolar.
Harumin se quedó pensando un momento.
-¿Oye, Yuzuchi, y eso no te afecta? No te ves muy preocupada.
-Bueno, cuando supe que vendría, me dio tanta ira y tristeza que casi caigo en desgracia nuevamente. Pero Mitsuko llegó en el momento justo para evitar que cayera al abismo, y eso me ha reconciliado con mis angustias, las cuales se vuelven ligeras cada vez que pienso en ella.
-Sabía que ella era la persona a quien podrías amar.-dijo Harumin, sin poder evitar una expresión de tristeza.
-Perdóname, Haru. -dijo Yuzu, dándole un abrazo- No debería hablar de esto contigo.
-No te preocupes. Sé que mi destino llegará a mí en el momento indicado.
En ese instante, Haru se separó de Yuzu, haciéndole una señal con los ojos.
-Vamos al salón, Yuzuchi, que el ambiente se se va a poner podrido.
Contra su voluntad, Yuzu no pudo suprimir un estremecimiento de intensa rabia al mirar hacia donde Haru le estaba indicando. A pocos metros de ellas, deslumbrante como un ángel caído, venía la persona a quien le debía tantas penas y tristezas. Mei estaba a su lado de cuerpo, porque su rostro denotaba una ausencia total de conciencia de cuanto la rodeaba.
Yuzu se precipitó al salón de clases para evitarlas, pero ellas prácticamente ya estaban a su lado. Misaki iba vestida con un sobrio, pero elegante vestido azul, adornado con una chaqueta negra. Al ver a Yuzu, la miró con sus burlones ojos azules, que a Yuzu se le antojaron parecidos a los de una serpiente.
-¡Hola, Aihara Yuzu!. -exclamó con falsa cordialidad.-Tiempo sin vernos. No sabes el placer que me da verte.
Yuzu le sostuvo mirada por un momento. El aire estaba cargado de electricidad estática, y parecía que la mínima chispa desataría una explosión de proporciones dantescas. Sin embargo, Yuzu no pronunció palabra alguna; le lanzó un destello de profundo y acèrrimo desprecio y, con total dignidad, tomó el brazo de Harumin y siguió su camino.
Misaki la miró fijamente hasta que desapareció de su radio visual.
-Qué grosera es tu hermanastra, Mei. Ni siquiera contestó mi saludo.
Mei no respondió.
-¿Mei?-Misaki la observó y notó que Mei no se había dado por enterada de nada; parecía ausente de este mundo, y sus ojos adolecían de vida, colmados de una inmensa tristeza. Misaki pensó que a la que encontraría en ese estado tan deplorable era a Yuzu, quien parecía tan enamorada de Mei cuando la vio... pero no fue así. Observó a una Yuzu segura de sí, sin trazas de preocupación en su carácter.
"Parece que Yuzu resultó ser más fuerte de lo que creía".
-Mei, vamos a la sala de juntas.-dijo, sacudiéndola un poco- Hay que revisar la organización del Festival.
-¿Eh? Sí, vamos.
Allí se encontraban Maruta y Himeko, quienes estaban revisando las solicitudes de eventos de los distintos clubes de la escuela.
Por espacio de una hora estuvieron mirando algunos pedidos, aprobando unos y denegando otros; sin embargo, Mei no parecía interesarse en absoluto por nada de lo que hacían, y una fastidiosa apatía por parte de ella entorpecía el trabajo aquella mañana. Himeko vio las profundas ojeras que delineaban sus ojos, así como la hinchazón de los mismos, y esa tristeza...¡Dios! parecía que colapsaría en cualquier momento.
-Mei- dijo con preocupación-¿Qué ha pasado? Parece como si...algo grave hubiera sucedido.
Mei miró a Himeko, sonriendo tristemente.
-No es nada. Es que no he dormido bien últimamente, y me duele mucho la cabeza. Pero no nos detengamos; sé que hoy no estoy en toda mi capacidad, pero haré un esfuerzo por terminar con esto.
Misaki tenía en sus manos la solicitud del club de música, que pedía el salón de teatro para una interpretación musical; y allí, anexada, la petición de una de las integrantes de dicho club para hacer un solo de saxofón.
"¿Yuzu? Vaya sorpresa."
Leyó atentamente la solicitud antes de extendèrsela a Mei. Cuando ésta la tuvo en sus manos, la miró largo rato, contemplando fijamente la firma de la solicitante. Un trazo descuidado, con un pequeño corazón al final de la línea. Puso el dedo índice encima de la firma, acariciándola suavemente. De repente, dos lágrimas mojaron la hoja y , sin poder detenerlas, éstas empezaron a brotar de sus ojos, empapando el papel.
-¿Mei, qué ocurre?-Himeko estaba asustada. ¿Por qué Mei actuaba así? Esta apoyó los brazos en la mesa, escondiendo el rostro en ellos. Lloraba.
Maruta y Himeko intentaron acercarse a ella, pero Mei se levantó, dirigiéndose a la ventana. Mirando el cielo, murmuró, sin dejar de llorar:
-Oigan, hace algo de frío aquí. Si Salto por la ventana, ¿creen que podré volar? Quisiera acercarme al sol, que me ha abandonado, ya que se niega a calentar mi gélido corazón. Quizá si logro volar, podré acercarme a él para no morir de frío.
-¡Mei! Himeko se abalanzó sobre ella, temerosa de que hiciera algo raro. -¿Qué pasa contigo? ¿Te has vuelto loca?
Mei se dejó caer en brazos de Himeko.
-Es que...ya no soporto este hielo que me congela el alma.
Himeko y Maruta lloraban; ¿qué había sucedido para que Mei perdiera de ese modo la motivación?
A Himeko no le fue difícil descubrir la razón de tanta pena.
-¿Es Yuzu,cierto? ¿Por qué, Mei? Ni siquiera cuando tu padre te dejó sola te pusiste así. ¿Tanto la amas?
Mei no respondió. Misaki, algo asombrada con el giro que había tomado ese asunto, intervino con autoridad.
-Himeko, Maruta, por favor, déjenme a solas con Mei un momento.
-Pero...-intentó objetar Himeko.
-Por favor, Himeko.-Misaki clavó sus fríos ojos en Himeko primero, y luego en Maruta. Ninguna de las dos quiso llevarle la contraria, y salieron de la sala. Misaki cerró la puerta con seguro.
-Mei,dime- inquirió Misaki -¿Qué ha ocurrido? ¿Qué es eso de que estás así por Yuzu?
Mei se había sentado. Su mirada divagaba, como extraviada.
-¿Mei, es que no oyes?
-¡Cállate! -exclamó Mei, enojada, saliendo de su mutismo- ¡Desde que hice aquello contigo mi vida se convirtió en un infierno!
Misaki entrecerró los ojos, analizando las palabras de Mei. ¿Ya sabría que ella había hablado con Yuzu y, además, le había enviado ese video? Y si no era así, ¿por qué Yuzu no le diría nada a Mei?
-¿Por qué dices eso? Se supone que Yuzu no sabe nada.
-Yuzu rompió conmigo. Siento que este es mi castigo por fallarle tan miserablemente.
-Dices eso, pero yo no te obligué a nada. No me culpes por tus problemas. ¿Se puede saber por qué terminó contigo?
-No lo sé. -respondió Mei, levantándose-De un momento a otro empezó a tratarme como si yo fuera basura. A veces me trataba con ternura pero, de repente, su humor cambiaba terriblemente, como si hubiera algo que la atormentara internamente en relación conmigo. Y su carácter tan dulce...se volvió amargo como la hiel. Dejó de sonreír, y ya nada le interesaba, como si la vida no tuviera sentido para ella. Hace poco me dijo que me buscara otra. ¿Cómo me pide eso? Esto es más de lo que puedo soportar. Ella es mi vida, la ilusión más querida de mi alma, porque ella era lo único que que no se desvanecía frente a mis ojos, así el resto del mundo se cayera a pedazos. Rechacé tantas veces sus amorosas demostraciones de cariño, y ahora moriría por volver a ser yo el motivo de su risa, de sus suspiros, el objetivo de sus besos. Yuzu, mi amor...
Mei había olvidado que Misaki estaba con ella. La pena que sentía era demasiado grande.
Misaki se acercó a ella, ciñèndola con sus brazos . Mei no tenía fuerzas para rechazarla. Su mente estaba lejos de allí, retozando entre los recuerdos de su amor perdido.
-Mei, haré que te olvides un momento de ella.-susurró Misaki, besándola con pasión. Mei no correspondió al beso de inmediato; parecía un títere, sin voluntad propia. Misaki, con lentitud, le abrió sus labios e introdujo su lengua, moviéndola dentro de la boca de Mei con extrema sensualidad. Se dejó caer con ella en el amplio escritorio, deslizando una de sus manos por debajo de la falda de Mei, quien se estremeció ante tales caricias. Misaki movía su mano en círculos, a lo largo de la cara interna de los muslos de Mei, llegando a rozarle levemente su sexo con sus dedos, provocando un involuntario gemido en ella. A Misaki no es que le atrajera demasiado Mei, pero quería darle cierto alivio, por escueto que fuese, a cierto deseo que se había apoderado de ella desde hacía algún tiempo. Resbaló sus labios movedizos por el cuello de Mei, cuando ésta, como despertando de un sueño, dio un brinco, como si una onda de electrochoque hubiera sacudido su cuerpo de forma violenta,haciendo que Misaki se separase bruscamente de ella.
-¿Estás loca, Mei? ¿Cómo se te ocurre arruinar así el momento?-exclamó Misaki, enfadada.
Mei se levantó del escritorio, limpiándose los labios.
-Misaki, no quiero que vuelvas a tocarme. Ayer Yuzu me besó por última vez y tú has mancillado ese postrer contacto con tus vacías caricias.
Misaki se arregló el cabello, que se había desordenado un poco, mientras miraba a Mei con evidente sorpresa.
-Así que te besó...¿Desde hace cuánto terminaron?
-A ti no te importa eso.
-Contéstame.
Mei se acercó nuevamente a la ventana, mirando tristemente las nubes que navegaban en el ocèanico cielo.
-Desde hace dos meses. Pero yo siento que han pasado cien años.
-Si te besó , es que te sigue amando.
-No. Ya no es igual... Ella ahora está saliendo con otra persona, y parece que le gusta mucho. Ya no tengo esperanzas de que regrese conmigo. Me ha dejado, me ha dejado.-Mei no asimilaba esa cruel verdad.
-¿Saliendo con alguien más?-dijo Misaki, hablando consigo misma-Pero qué sorpresa. Esa Yuzu salió más avispada de lo que pensaba; sin embargo, parece que no ha aprendido la lección.
-¿Qué has dicho?
-Nada importante. Bueno, esto está muy aburrido, así que voy a salir un rato.
Ya era hora de almuerzo, y Misaki se dirigió a la cafetería para comer algo ligero. Esa mañana había estado llena de sorpresas, nada agradables. Yuzu había terminado con Mei, pero ésta no sabía la razón real. ¿Por qué le ocultó a Mei que ya estaba enterada de todo? Y, aparte de eso, ya tenía un nuevo amor. Mientras pensaba en tales asuntos, vio en la cafetería a Yuzu, acompañada de la hermana de Taniguchi Mitsuko. Se sentó a observarlas a distancia, analizando detenidamente todas las expresiones de Yuzu. Esta parecía respirar un aire propio, creado por ella misma. Se veía muy feliz. Su cerebro empezó a tramar oscuras maquinaciones.
Ya se acercaba la hora de salida. El resto del día había transcurrido entre pensamientos y anhelos de diversas índoles por parte de nuestras protagonistas. Por un lado, el conocimiento de que vendría un mañana lleno de amor, y por el otro la negra incertidumbre de ese mismo mañana.
Harumin y Yuzu se encontraban en los casilleros. La última clase se había cancelado, pues el profesor debía asistir a un compromiso, y quería salir antes para ganar algo de tiempo, por lo que tenían dos horas libres.
-Yuzu- decía Harumin-¿vas a algún lugar ahora?
-Mitsuko vendrá a recogerme. Tenemos pensado ir...no sé, a cualquier parte. Queremos pasar tiempo juntas. Hace poco me mandó un mensaje, diciéndome que se retrasaría un poco por causa de la Universidad. Parece que tiene un trabajo pendiente, y quiere terminarlo antes de venir.
-Ya. Bueno, entonces yo me adelantaré. ¿Qué harás mientras viene? Hay mucho tiempo libre.
-Maruta me notificó que fue aprobada mi solicitud para ejecutar un programa en el Festival Escolar. Voy a ensayar con el club, y después practicaré mi solo.
Harumin titubeó antes de despedirse.
-Yuzuchi...
-¿Si?
-No, nada. Nos vemos.-tomó su cartera de libros, y se fue corriendo.
-Perdón, Haru.-se dijo Yuzu, mirando a su amiga mientras se alejaba.
Harumin salió de la escuela como si el aire de ésta se hubiese vuelto tan denso que fuera imposible de respirar. Sabía que Yuzu y Mitsuko dormirían juntas esa noche, quizá hasta el amanecer, y esa idea le era difícil de digerir. La cara de Yuzu y de su hermana ese día delataban lo que había sucedido entre ambas, y ese pensamiento la ponía triste.
Al cruzar la esquina, se topó de frente con Matsuri.
-¡Hola, Taniguchi!-exclamó- Te iba a buscar.
-Llámame Harumin. -replicó ésta- Eso de Taniguchi suena demasiado formal.
-¿Estás segura?
-Claro. ¿No somos amigas acaso?
Matsuri sonrió con su habitual desparpajo, colgándose del brazo de Harumin.
-Bueno, Harumin. Como tú digas.
-Dijiste que venías a buscarme. ¿A qué se debe el honor de tu visita?
Matsuri rió.
-Por nada en especial. Tenía ganas de verte. Desde la última vez que hablamos , no he podido dejar de pensar en lo que me dijiste, y estaba preocupada.
Harumin sujetó con fuerza la mano de Matsuri, sintiéndose así mucho más cerca de ella, y eso la confortaba.
-Matsuri...Yuzu ha empezado a salir con Mitsuko -dijo rápidamente, antes de que le temblara la voz.
-Me lo suponía. Era lo más obvio que podía suceder, y por eso estoy aquí; para que no te sientas sola.
-No sabes cuánto te agradezco que estés conmigo.-sus ojos se humedecieron. Matsuri lo notó, y de inmediato le echó los brazos al cuello, dándole pequeños besos alrededor de la cara. Harumin, sin esperarse eso, intentó zafarse de la ladronzuela.
-¡Oye, Matsuri, para!
-No quiero-dijo, sonriendo con sus preciosos ojos zalameros, continuando con el ataque, ahora con sus manos, con las que empezó a hacerle cosquillas en el abdomen, haciendo que Harumin se retorciera, riendo.
-¡Detente, estás loca! ¿A qué vino eso?
Matsuri dejó de molestarla, sonriendo alegremente.
-No quiero verte llorar. Eres bonita, pero tu cara llena de lágrimas se ve bien fea.
-¡Fea tu abuela!
-Que en paz descanse,amén.
Harumin no pudo contener la risa ante la desfachatez de la pequeña Matsuri, quien no paraba de reír.
-Harumin- dijo Matsuri al rato, con seriedad- no te dejaré sola. Te prometo que estaré a tu lado para que a esas lágrimas entrometidas ni se les ocurra volver a aparecer en tu hermoso rostro. De eso me encargo yo.
Con una luz de agradecimiento en sus ojos castaños, Harumin abrazó a Matsuri, murmurando suavemente:
-Gracias.
-Ahora- prosiguió Matsuri- vamos a los videojuegos a echar una partida y verás cómo te hago añicos.
-¿De verdad? ¡Aún no conoces el lado "gamer" de Taniguchi Harumin!
Matsuri volvió a sujetar la mano de Harumin, y ambas echaron a correr, con sus corazones tan ligeros como la brisa que elevaba al cielo las peticiones de los pájaros hambrientos de calor y amor.
La práctica del club había terminado, y como aún quedaba algo de tiempo antes de que Mitsuko llegase, Yuzu se dirigió al amplio salón donde se impartía la clase de música a nivel general para ensayar a sus anchas el solo que había arreglado con la ayuda de la presidenta del club. Escogió una hermosa composición titulada "Anastasia", que normalmente se toca en piano, pero con unos cuantos arreglos, logró adaptarla al melodioso y grave sonido del saxofón; seleccionó esa porque le fascinaba la vida de la mujer que la había inspirado: la mística princesa que se perdió entre los mares rebeldes de la Revolución Rusa.
El salón de música era una espaciosa aula suavemente iluminada, con los respectivos asientos y el soporte de las partituras en cada uno de ellos, además de un ornamentado y hermoso piano blanco ubicado cerca de una gran ventana. Yuzu miró la hora: 4.30. Mitsuko le dijo que vendría a las seis, así que disponía de hora y media para practicar. Se sentó cerca del piano, y afinó un poco el saxofón antes de iniciar la ejecución de la composición.
El inicio era algo parecido a un vals, lento y suave. A medida que avanzaba se introducía en la esencia de la historia que contaba la música por sí sola; una niña, preciosa como el albor de un día de primavera, que nace en un castillo, rodeada de lujos y del amor de su familia, y que en la flor de sus sueños juveniles es cortada su esperanza de ver nacer nuevos días de paz y felicidad. Yuzu estaba tan absorta en la interpretación, que no se dio cuenta de que alguien la observaba desde hacía rato. Misaki, quien pasaba por el salón de música, escuchó el fluente sonido de un saxofón, que cantaba con emoción una melodía de sueños y anhelos juveniles, sin un final concreto: sólo mantenía indefinida la esperanza que cada quien forja con el trabajo de sus manos, logrado con honestidad y perseverancia.
Le dio mucha curiosidad saber quien era el ejecutor de la bonita pieza, así que, con mucha cautela, para no interrumpir al intérprete, entró en el salón para escuchar mejor y también para saber quien era el o la que tocaba. Para su sorpresa, Yuzu Aihara era quien emitía tan bellos sonidos. El aula parecía resplandecer, como si la luz del crepúsculo que se filtraba tímidamente a través de la ventana, hubiera esparcido miles de partículas multicolores alrededor de Yuzu para así participar del ensueño que vivía en las notas que producía. Se sentó a escuchar, sin poder apartar la vista de Yuzu, quien se encontraba de espaldas a ella.
"Qué suerte he tenido."-pensó Misaki-" Nunca imaginé que tendría la oportunidad de verla en estas circunstancias. Quizás debería...".-Misaki meditó un momento y decidió que no era el momento. Había una piedra que tendría que patear primero. Cerró los ojos, introduciéndose en la conmovedora interpretación. Podía ver las praderas de Rusia, el brillo de la corte zarina, la dulce sonrisa de una niña... la angustia de un porvenir incierto y, por ultimo, la esperanza que susurraba albores de una primavera donde no existen tristezas ni lágrimas.
Cuando Yuzu culminó, el encanto de la armonía permaneció por un momento en la atmósfera del salón, despidiéndose càlidamente a través de los sentidos elevados por la impecable ejecución. Yuzu dejó a un lado el saxofón, sedienta. Sacó una botella de agua para hidratarse; le había gustado cómo le había salido la melodía. Eso indicaba que tenía un talento escondido, y como su espíritu estaba en paz en ese momento, esa tranquilidad se vio reflejada en su interpretación.
Misaki no se movió de donde estaba. Si Yuzu giraba la cabeza en ese momento, la vería, pero no podía apartar la mirada de ella. Pensaba en que, tal vez, nada de lo que tenía planeado surtiría el efecto que esperaba. Verla allí, respirando agitadamente por el esfuerzo al que sometió a sus pulmones con el instrumento, la hacía pensar mucho...
Yuzu iba a levantarse, pero se quedó mirando el piano, con unas intensas ganas de tocarlo. Sólo poseía algunas nociones básicas acerca de su ejecución; aun así, decidió teclear un poco. Se sentó en el banquillo con un gracioso movimiento, imaginando que estaba ante un gran auditorio. Deslizó suavemente los dedos por el teclado, tratando de encontrar algunos acordes para lo que acababa de ocurrìrsele. De pronto, dijo en voz alta:
-Esta es para ti. Quisiera que pudieras escucharla allí en donde estás ahora.-entonces, tuvo una idea. Tomó su celular y marcó al número de Mitsuko.
-Hola, princesa-contestó Mitsuko desde el otro lado de la línea.
-Mitsuko,¿estás en clase ahora?
-No. El profesor acaba de irse. Estoy finiquitando con unos compañeros algunos deberes que tengo pendientes. No tardaré mucho, Yuzuko; me muero por verte.
-Yo también. Pero te llamé porque quiero que escuches algo que me hace pensar en ti. Sólo tomará unos minutos.
-Espera un momento.-Mitsuko, que estaba en un salón del campus, pidió disculpas, y salió.-Ahora sí. Claro que quiero escucharte; todo lo que venga de parte de mi princesa es bienvenido. Te amo.
Yuzu colocó el móvil a un lado del teclado. Empezó a tocar una suave melodía; de pronto, empezó a cantar. La voz salió algo insegura al principio, pero después, adquirió un cálido matiz, revelando la dulzura de su entonación mezo-soprano, tonalidad de voz que no es ni muy aguda, ni muy grave, sino que está entre ambas.
A tu lado al caminar nuestros hombros rozaban,
riendo juntas las dos de aquello que no importó
al mirar el mismo sueño que nos unió.
Aún te puedo escuchar a mi oído susurrar
palabras que alguna vez pintan el atardecer
del color de tu calidez.
Si no estás a mi lado la tristeza llena mi corazón,
pensando en voz alta cuando sola yo estoy...
Sigo atada en mi interior a esas cosas que el tiempo me dejó,
pero si brillas para mí eternamente permanecerás...
De aquel cielo que vio la lluvia que paró,
sale el sol que aclara mi corazón, me ayuda a recordar tu sonrisa una vez más,
y no puedo evitar el devolvértela...
Memorias junto a ti de un momento feliz,
no lo imaginé cuando te conocí,
estación a estación recorreremos tú y yo, viendo juntas las mañanas que vendrán.
Por la noche en soledad llega la intranquilidad,
no me deja dormir, y sólo seré feliz si tú estás aquí junto a mí.
Quiero que sepas que mi mundo cambió cuando tu alma me besó.
Aquellas lágrimas confiaré al anaranjado atardecer, que se irán
de mi renovado ser...
Como la luz del sol así nació este amor, único como uno en un millón,
y aunque sigas siendo igual o llegaras a cambiar, eres tú mi realidad que me ha dado felicidad;
Ahora viviré la belleza de crecer, y aquello que nos falta por conocer,
y sé que un día seremos las dos unidas por el amor, gracias por ser mi realidad...
Yuzu terminó de cantar, liberando unos acordes más; su pecho latía con fuerza. Se había metido de lleno en lo que cantaba, y dos lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Rápidamente tomo el teléfono, murmurando con dulzura:
-¿T e gustó? Sé que es algo loco, pero se me ocurrió de repente y no pude resistir el impulso de llamarte.
Mitsuko no contestó inmediatamente; ella también lloraba un poco, feliz de que Yuzu estuviera abriéndole un espacio en su corazón.
-Yuzuko querida...-logró decir al fin-por eso es que te amo. Cuando se te ocurre hacer algo, lo haces sin miedos; esa es la Yuzu que yo amo. Me enamoras cada día más, eres la princesa que reina en mi corazón.
-Quiero verte. -dijo Yuzu- Deseo estar contigo y...
-Voy a terminar con esa tarea de una vez. Ya voy para allá. Además, te tengo una sorpresa.
- ¿De qué se trata?
-Adoro tu risa. Es sólo una estrategia para que rías para mí.
-Aquí te espero, querida Mitsuko.
Yuzu colgó el teléfono con una sonrisa.
-Creo que me estoy enamorando-dijo, llevándose el móvil a su corazón. - Bueno, creo que iré a comer algo antes de que Mitsuko venga.
Guardó el saxofón en su estuche, y se dispuso a salir. Pero, cuando giró, se encontró con un par de ojos profundos y penetrantes, fríos como la Antártida, cortantes como un afilado témpano de hielo. Quedó paralizada, sin reacción, ante la manera tan escalofriante con que esos ojos la observaban. De pronto, una intensa ira se apoderó de todo su ser, provocándole oleadas de súbito odio hacia la persona que así la miraba. Con voz descompuesta y distorsionada por la rabia, dijo con un acento recargado de hondo desprecio:
-¿Por qué me miras así? ¿Acaso pretendes asesinarme, perra? ¿Desde hace cuanto estás aquí?-Se acercó a ella, con los puños crispados- ¡No tienes idea de cuánto te odio!
Misaki la miró sin inmutarse. Con tono de absoluto menosprecio por lo que Yuzu decía, como si no le importara nada de lo que le dijese, le dijo mordazmente:
-¡Pero qué sorpresas me he encontrado! No pensé que te recuperarías tan rápido de lo que tu ex y yo te hicimos; hasta ya le tienes reemplazo. ¡Y vaya reemplazo! No sé si felicitarte o reírme de ti.
Yuzu estalló; las venas de la sien sobresalían por la intensa furia que la acometía al ver a la que le ocasionó tanta tristeza y amargura.
-¡Maldita, hija de puta! -Gritó, descompuesta-¿Qué pasa contigo? ¡Déjame en paz! ¿Qué te he hecho para que me persigas, y me molestes? Sólo ver tu rostro asqueroso me provoca náuseas.-intentó salir, pero Misaki se puso frente a la puerta, obstaculizàndole el paso.
-¡Déjame salir, zorra!
-No tan rápido. Creí que no volverías a creer en el amor después de tu fracaso con Mei, pero ya veo que no te importa saltar de cama en cama ¿eh?
-¡Cállate, maldita! Sabes que nunca pude estar con Mei... tú me robaste eso... eso y mucho más. Nunca podrás saber lo cerca que estuve de morir de tristeza. ¡Tengo derecho a amar de nuevo! Además, no eres nadie para que te esté dando explicaciones; ahí tienes a Mei, es toda tuya. ¿No es eso lo que viniste a buscar? Tú y tu maldito video de mierda volvieron mi vida un vertedero, haciendo lo mismo con la de Mei. Vé, y arregla un poco lo que dañaste.-quiso apartar a Misaki, pero ésta no se lo permitió.
-Yuzuko...
-¡No me llames así, zorra inmunda! La única que me llama por mi nombre completo es Mitsuko. No profanes mi nombre con tus podridos labios.
-Pero qué vocabulario tan sucio tienes, Yuzuko -replicó Misaki con sorna-No hay frase que digas sin que sueltes una maldición. En cuanto a lo otro, Mei no me interesa lo más mínimo. No vine por ella.
-Me importa una mierda por quién hayas venido. Supongo que a destrozar a alguien más con tus sucias artimañas. ¡Apártate, que me tengo que ir!
-¡Ah, cierto que "ella" viene por ti! No tiene nada de malo que espere un poco. No seas tan rastrera con las personas. Por eso es que, al final, se aprovechan de ti.
Yuzu resopló. Sentía unas inmensas ganas de golpearla, pero no quería tocarla; toda ella le repugnaba.
-Oye, perra ¿Escuchaste todo lo que hice aquí? ¿Mi ensayo, y lo que canté? Creí que estaba sola, pero resulta que estaba acompañada por el demonio.
-Pues sí, escuché todo. Lo primero estuvo brillante, tengo que reconocerlo, pero tu patética canción me provocó un acceso de hilaridad. Eres tan cursi, Yu-zu-ko.
-¡Te dije que dejaras de llamarme así, hija de mil putas!
-Deja de maldecir, aunque... después de todo, nada de lo que me digas me hará enojar. Eres tan lamentable... ¿Sabes algo, Yuzuko? Yo conozco a Mitsuko. Ambas estudiamos juntas la secundaria, antes de que mis padres se marcharan de Japón. Ella siempre fue tan...irritante. Siempre con sus molestas reglas y exigencias académicas. Escuché que en preparatoria siguió igual, incluso peor. Pero eso la hace ver taaaaan interesante-miró a Yuzu con expresión malvada-¿Tal vez debería intentar acostarme con ella también?
Ante tales palabras, Yuzu no pudo contenerse. Concentró toda la fuerza de que disponía su cuerpo en su puño derecho.
-¡Eres una zorra de mierda!-Gritó, ates de estrellar su puño contra la boca de Misaki, quien cayó al suelo. Un hilo de sangre empezó a correr por las comisuras de su boca.-¡Perra! ¡¿Qué te he hecho para que me persigas y quieras hacer mi vida miserable?!
Al caer, Misaki dejó libre la salida; Yuzu la rodeó para salir, pero se encontró de frente con Mei, cuyo rostro había adquirido una palidez de muerte.
-¡Mei!-exclamó Yuzu. La expresión de su hermanastra dejaba ver que había escuchado gran parte de su discusión con Misaki. Desvió la mirada de esos ojos atormentados, que lloraban amargamente.
-Yuzu- la voz de Mei estaba rota, casi ininteligible-¿Siempre lo supiste?
La aludida apretó los labios. Así que al fin todo salía a la luz. Tal vez no fue de la mejor forma, pero al menos era una carga que se desprendía de sus cansados hombros.
-Sí, Mei. Siempre lo supe.
Mei dirigió la mirada hacia Misaki, quien se limpiaba la boca, la cual ya empezaba a amoratarse.
-Tú...¿Fuiste capaz de decírselo?
Misaki se levantó, pero no parecía enojada por el golpe. Era como si sus emociones no existieran.
-No me culpes a mí de tus errores. Yo no le dije nada.. Ella nos vio ese día en la Dirección.
Mei volvió a mirar a Yuzu.
-Ahora entiendo todo. ¿Por qué, Yuzu? ¿Por qué no me dijiste que lo sabías?
-¡Quería que me lo dijeras tú! Deseaba escuchar las razones que tuviste para hacerlo, pero actuabas de un modo tan inocente, que me enardecía ver tu cara de mártir, como si nunca hubieras roto un plato.
-Hablaban de un video...¿Qué significa?
Para salir de eso de una vez por todas Yuzu se lo dijo.
-Tu "querida" Misaki me envió una grabación en donde pude ver cómo me traicionabas tan vilmente. No sé qué pretende esa perra con todo lo que ha hecho, pero no sólo ella tiene la culpa. Tú, que me negabas hasta un mísero beso, se lo diste todo a ella. No sabes cuánto me duele recordarlo.
Mei se dejó caer al suelo. Se sentó con las piernas recogidas, escondiendo el rostro, llorando.
-Soy escoria.-decía- No merezco tu amor. Perdóname Yuzu. Debes haber sufrido mucho por mi culpa...no merezco vivir. Misaki, lárgate de aquí, no quiero volver a verte.
Esta sólo dijo, con increíble calma:
-No me iré. No me obligues a hablar con tu abuelo. Si no quieres verme, pues tendrás que aguantarte.-miró a Yuzu, guiñándole un ojo con burla- Un día de estos arreglaremos cuentas, Yu-zu-ko.
Yuzu se iba a abalanzar sobre Misaki para callarla con otro golpe, cuando su teléfono sonó. Era Mitsuko.
-Me voy de aquí. Y tú, perra, déjame en paz o verás. - después miró a Mei- Lo siento Mei. Quiero ser feliz. Adiós.
Y con esto, se fue de allí. Misaki salió también. Y Mei se quedá allí, acurrucada; si tenía alguna esperanza de recuperar a Yuzu, esa tarde había muerto.
Yuzu salió corriendo, con el corazón sobrecargado de pena. Mei se veía tan mal... y Misaki la puso fuera de sí. No comprendía la actitud de esa chica que parecía empeñada en azuzarla una y otra vez con sus misteriosas maquinaciones. Llegó a la entrada, y allí estaba Mitsuko con su gran sonrisa, y todas sus preocupaciones parecieron ser llevadas por el viento. Se lanzó a los brazos de ella con desesperación.
-Mitsuko, le doy gracias al cielo por haberte puesto en mi camino. Te quiero.
Mitsuko pudo sentir que Yuzu estaba atravesando por una crisis nerviosa.
-¿Qué ocurrió, Yuzuko? Te ves pálida.
Yuzu la miró ardientemente.
-Bésame, Mitsuko. Borra mis tristezas con el calor de tus besos.
Mitsuko la abrazó estrechamente, con su propio corazón palpitando como loco.
-Aquí estoy para ti, mi princesa.
Unieron sus labios con ansiedad y pasión, fusionando sus lenguas en un contacto que encendió sus sentidos bajo el rojo cielo del atardecer.
Y, desde la ventana de la Academia Aihara, Misaki observaba la escena con un extraño brillo fulgurando en las profundidades de sus misteriosos ojos azules.
