Capitulo 14

LA MISTERIOSA CARA DEL MAL

-¿A dónde quieres ir?-le preguntó Mitsuko a Yuzu mientras conducía su pequeño Mercedes rojo.

Yuzu estaba acostada, con la cabeza recostada en las piernas de Mitsuko; tocaba continuamente su cara, mirándola sin mirarla.

-¿Yuzu?-repitió Mitsuko.

-Perdóname, Mitsu.-respondió Yuzu, espantando sus pensamientos- Es que estoy muy preocupada por algo que pasó hoy en la escuela.

-¿De qué se trata? Cuando fui a buscarte te veías agitada y, por tu manera de recibirme, pude sentir la enorme necesidad que tenías de sentirte segura.

-Vamos a algún sitio. Deseo abrazarte, y aquí en el auto no puedo hacerlo.

-Por eso te pregunté que adónde querías ir.

-Lo dejaré a tu elección. Si estoy contigo, el sitio es lo de menos. Aparte de eso ¿Por qué traes esa gorra? Es la primera vez que te veo con una.

-¿No te gusta?-preguntó Mitsuko, señalando la gorra azul que llevaba sobre su cabeza.

-Al contrario, me gusta como se te ve. Y tu ropa...te ves mucho más joven, casi de mi edad.

Mitsuko iba vestida con un juvenil pantalón de jean, y una camiseta color rosado vivo con algunos lazos que adornaban las mangas. Calzaba zapatillas deportivas.

-Quiero verme bien para ti. Sé que te gusta vestir así, por lo que quiero ir a tono contigo. En cuanto a lo de la gorra, es por la sorpresa de la que te hablé.

-¿Qué es?

-Luego te digo. Yuzuko...¿Quieres navegar en bote?

Yuzu se entusiasmó.

-¡Claro que sí! Jamás he navegado de noche; será muy romántico navegar bajo la luna...aunque está haciendo algo de frío, pero no importa.

-Antes de salir, guardé una gruesa cobija, así que no temas por el frío.

-¿A qué lugar vamos a ir?

-¿Recuerdas el lago que se divisa desde la villa?

-¿Cómo olvidarlo?-Yuzu miró a Mitsuko con ternura.-Mitsu...

-¿Sí?

-Creo que me estoy enamorando de ti.

Mitsuko sintió cómo su corazón se estremecía de júbilo. Como estaban en el lindero del bosquecillo donde estaba el lago, estacionó el coche a un lado del camino sembrado de pétalos de cerezo.

-No puedo resistir estas ganas de besarte.-dijo, levantando a Yuzu y haciendo que se sentara a horcajadas sobre sus piernas.

Empezaron a besarse con fuerza lacerante, ahogándose con las ansias que tenían de sentir sus cuerpos entrelazados física y espiritualmente. Ambas se deseaban ardientemente en ese instante, pero se contuvieron; tenían toda la noche para ello.

-Yuzuko...-dijo Mitsuko, susurrando a su oído con voz entrecortada-me hace feliz que te estés enamorando de mí. Nunca imaginé, en toda mi austera vida simple y monótona, que pudiera ser tan dichosa. Te amo con todo mi ser, mi princesa.

Yuzu se aferró a ella como si temiera que en algún momento pudiera desaparecer. Recordaba las palabras de Misaki, y su pecho se oprimió bajo la fuerza de un terrible miedo a perder esa felicidad que, poco a poco, llenaba su vida de amor y paz. Mitsuko se sorprendió cuando sintió caer sobre su hombro algo tibio: Yuzu estaba llorando.

-Mi vida ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?-preguntó Mitsuko, abrazándola con más fuerza que antes.

-Mitsu querida, tengo miedo de perderte a ti también. Hay una sombra de desdicha y maldad que no me deja tranquila. Estoy segura que me seguirá persiguiendo y, por más que pienso en qué pude equivocarme, no logro entender por qué...-su voz se perdió.

-No temas, mi amor. Yo he llegado a quererte demasiado como para permitir que lo que hemos construido se hunda. -levantó el rostro de Yuzu, quien lo tenía escondido en el hombro, sollozando débilmente-Mírame.- Yuzu la miró con sus ojos verdes atribulados, llenos de inseguridad.-Te amo; no llores por cosas que no sucederán.-besó su cara hasta que le secó las lagrimas-Me propuse hacerte feliz. No te fallaré; el que me quieras es algo tan maravilloso, que aún no puedo creer que estés aquí conmigo. ¿Para qué quiero esta vida si no estás junto a mí? Incluso los mares son pequeños comparados con el amor que siento por ti.

Yuzu no respondió; sólo la besó apasionadamente, sintiendo que su alma se llenaba cada vez más de un amor cálido, que crecía con cada palabra y gesto de Mitsuko hacia ella.

-Vamos, Mitsuko- dijo Yuzu, apartándose para que pudiera conducir-quiero comentarte algo, pero cuando estemos allá.

Mitsuko emprendió la marcha nuevamente, preocupada por la actitud de Yuzu. Algo no iba bien, y un extraño presentimiento sobrecogió su espíritu. Cuando llegaron a su destino, Yuzu saltó del coche, y se sentó a la orilla del lago, sumergiendo sus pies en el agua, pensativa, mientras Mitsuko desataba un amplio bote, bonito y bien aparejado, que flotaba al lado de un árbol acomodando en él algunas cosas que había traído. Acto seguido, levantó a Yuzu en sus brazos.

-Mitsu- comentó Yuzu, riendo- sé que no soy ligera.

-Para mí, no pesas nada, eres la carga más preciosa que alguien pueda tener, y me agrada consentirte en mis brazos; así te siento más mía.

Subieron a la pequeña embarcación. Mitsuko había extendido en su cubierta una gruesa manta, con una colcha encima, además de un par de almohadas. Ubicó a Yuzu encima de una de ellas.

-Parece que quieres pasar la noche aquí.-dijo Yuzu al ver los preparativos.

-El piso del bote es duro y quiero acostarme un rato a ver las estrellas contigo. Será maravilloso verlas mientras navegamos.¿No crees?

-No sabía que fueras tan romántica.-Yuzu miraba a Mitsuko con un suave resplandor en su rostro- Dios, siento que te quiero cada vez más.

Mitsuko se sentó al lado de ella, rodeándola con sus brazos.

-Me haces tan feliz al decirme eso, Yuzuko. Y, si es por mi princesa, soy capaz de convertirme en la persona más cursi de la Tierra. Te amo, te amo Yuzu.-Se besaron, y la llama del amor que ardía en sus almas,las hacía resplandecer con su luz de ilusiones nacientes en su propio universo . En verdad, Yuzu sentía que ese sentimiento crecía y crecía de modo abrumador en su interior, y eso la llenaba de temor.

-Mitsu...

-¿Hmmm?

-Te quiero.

Mitsuko acarició la dorada cabecita de Yuzu con verdadera adoración.

-Vamos a remar un poco, y cuando lleguemos al medio del lago, te mostraré algo.

-Está bien.

Ambas remaron, hasta llegar al centro de la cristalina masa de agua que fulguraba bajo los destellos de los rayos lunares. La brisa era tan fría, que Yuzu dejó de remar y se acurrucó al lado de Mitsuko, quien también suspendió, para darle un abrazo protector a su amor.

-Mira, princesa-Dijo Mitsuko, quitándose la gorra, dejando salir el largo mechón que siempre adornaba su mejilla.

-¡Te lo has teñido! ¡Se ve hermoso, Mitsuko!-Yuzu se sentó en sus piernas y le tocaba el mechón, que ahora tenía un tono rojizo, que lucía agradable y armonioso a la vista. Yuzu empezó a reír.

-Sólo por escuchar esa risa, ha valido la pena.

-Me amas mucho ¿Verdad, Mitsuko?

-Sobra preguntar eso. ¿Por qué lo dices?

-Porque, cuando nos conocimos, casi me obligas a cortarme el cabello si no lo teñía con su color natural, y el que hagas esto por mí, dice más que cien palabras.

-Sí que fui molesta en ese entonces. Pero tú le has dado una perspectiva distinta a mi vida. El amor es un sentimiento más grande que el cielo, el sol y la Tierra, es oír una expresión bonita de paz y cariño, o hablar de lo lindo de la vida contigo y besar la frente del ser más querido: Tú, princesa. Quiero caminar contigo, sin importar la lluvia, o el frío, y abarcar con todo mi ser la libertad que has alcanzado al intentar amarme. Haré todo lo que esté a mi alcance para que sonrías siempre. Eso sí-añadió, sonriendo-me van a criticar duramente por haberme teñido este mechón. No quiero imaginar la expresión de horror de Maruta si algún día lo ve.

Yuzu escuchaba a Mitsuko, y sus palabras calaban hondo en su pecho. Volvió a recordar el enfrentamiento que tuvo esa tarde con Misaki, y el temor se apoderó nuevamente de ella.

-Mitsuko, quisiera saber algo. ¿Es cierto que tú y Misaki estudiaron juntas en la secundaria?

-Me preocupaba que no la mencionaras. Ayer estabas afectada por su inminente llegada, y se me hacía raro que no dijeras nada con respecto a eso. En cuanto a tu pregunta, sí. Estábamos en el mismo grupo, y estudiamos juntas los tres años de secundaria, antes de que se marchara a Inglaterra con sus padres. ¿Cómo lo supiste?

-Ella misma me lo dijo.

-¿Hablaste con ella?-Mitsuko estaba sorprendida.

-Cuando la vi con Mei, la ignoré por completo. Pero parece como si...-Yuzu pensó un momento, tratando de buscar la palabra correcta- como si me acechara. La descubrí espiando mi práctica de música, y tuve un terrible choque con ella. Me dijo...-recordó su amenaza de ir por Mitsuko, pero prefirió no mencionarle ese punto- Yo creo que no quiere verme feliz. Pensé que había venido por Mei, pero dijo que no era así. Si hubieras visto cómo me miraba...parece que me odia, y no logro entender por qué.

Mitsuko se alteró ante lo que Yuzu le contó, pero no quiso que esta última lo notara. Tomaría cartas en el asunto

-Misaki me dio algunos problemas en secundaria. Yo era la representante del curso, y como faltaba mucho a clase, tuve que reportarla. Era muy inteligente, pero esas ausencias injustificadas le acarrearon problemas, sobre todo en el último año, pues estuvo a punto de reprobarlo. Su padre es una persona con muchas influencias, y creo que pagó para que su hija pasara de año sin obstáculos; después de eso, se marcharon de Japón. Quise saber un poco más, y logré averiguar que cuando tenía ocho años perdió a su único hermano, quien había enfermado de leucemia. Después de ese evento, su familia se mudó a este distrito, pero lo raro es que, según la empleada con la que hablé, ella se escapaba continuamente a su anterior ciudad de residencia, y sus ausencias a clase en secundaria se debían a esas mismas escapadas, las cuales duraron hasta el día mismo de su partida. No sé qué se trae entre manos, pero hablaré con ella. No me gusta ni pizca que se meta contigo.

Yuzu escuchó atentamente la información que le suministraba Mitsuko, pero cuando dijo lo último se espantó, como si le hubiera dicho que iría a hablar con el mismo diablo.

-¡No, Mitsu, por favor, no hables con ella!-exclamó, escondiendo la cara en su pecho.-No quiero que se meta contigo también.

-¡Pero hay que hacer algo! No puedo permitir que te siga fastidiando. Bastante daño te hizo con separar a Mei de tu lado, como para que siga añadiendo cizaña y creando intrigas extrañas a tu alrededor.

-No quiero que te le acerques. Ya sabré cómo lidiar con ella, si es que me sigue molestando.

-¿Por qué no quieres que hable con ella?

Yuzu tenía miedo de que Mitsuko cayera también en las redes de Misaki, pero no quería decírselo. Confiaba en ella, pero temía a la vez. Sin embargo, pensó que, si quería que su relación se fortaleciese, no debía esconderle nada.

-Yo creo que le gustas. Me dio a entender que le gustaría...hacer contigo lo mismo que hizo con Mei.

Por un momento, Mitsuko no pareció entender lo que Yuzu le decía; pero después empezó a reír. Entrelazó sus manos con las de ella, y la besó con mucha ternura.

-Yuzuko, mi amor-dijo después- eso es imposible. Ella y yo sólo hablábamos lo estrictamente necesario, y si me tomé el trabajo de indagar acerca de su vida, es porque era la representante del grupo, y quería conocer el motivo de sus inasistencias. Yo te amo a ti, eres el primer amor que llegó a mi vida, y no concibo otros labios, ni otro cuerpo que no sea el tuyo. Tal vez...ella siente algo de envidia hacia ti. Es que eres tan hermosa, que pareces una reina, aunque sin tesoros, ni posesiones físicas, porque tu reino es la alegría y el amor que caracteriza a tu vida, y eso es más valioso que un millón de quilates en oro.

Los ojos verdes de Yuzu se iluminaron al escuchar a Mitsuko.

-Mitsu, acostémonos. Aprovechemos las cobijas. Es más, hace tanto frío, que estoy segura que mañana caerán los primeros copos de nieve.

Con la respiración agitada, Mitsuko se dejó caer con Yuzu, mientras unía sus labios a los de ella. Poco a poco, se desvistieron mutuamente bajo la luz de la luna.

-Mitsuko, te quiero. -repitió Yuzu por segunda vez aquella noche. Mitsuko besaba su piel, creando espasmos que recorrían cada milímetro de su ser, haciendo que suaves lamentos de excitación salieran de su boca. Se habían tapado con la manta, según Yuzu, para "que las estrellas y la luna no las vieran". Los besos, el enloquecedor movimiento del cuerpo de Mitsuko sobre Yuzu, suave, pero ardiente, izaban sus corazones a una cumbre de sensaciones eróticas jamás imaginadas. Mitsuko no se cansaba de besar a Yuzu ; sentía ansias locas de poseerla,una y otra vez, y le parecía que jamás se saciaría de probar la dulce esencia que fluía del cuerpo de su amor.

-Yuzuko- jadeó- eres tan adictiva. Quisiera hacerte el amor todo un día para ver si se me quita este intenso deseo que consume mi piel, aunque creo que nunca quedaré satisfecha. Hoy estuve pensando todo el día en ti, y no lograba concentrarme en mis clases.

Yuzu entrelazó más su cuerpo con el de Mitsuko.

-No imaginé que el sexo fuera tan maravilloso- murmuró Yuzu.-Hacerlo contigo ha hecho que mi alma se apegue más a ti. Si te gusta tanto mi cuerpo, haz de él todo lo que quieras. Tienes todo el derecho.

Mitsuko se zambulló en deliciosas caricias, solazándose con cada parte del cuerpo de Yuzu, creando en ella convulsiones de agonía, uñas arañando ante la avalancha del suplicio carnal al que la sometían las instigaciones sexuales de Mitsuko, y cuando ésta le abrió más las piernas para besarla en los muslos con más ímpetu, y luego besarle el clítoris con suavidad, no pudo evitar una exclamación, que casi rayaba en el llanto, pues sentía cerca la detonación máxima del placer sexual, que llamaba con avasallante saña a su vagina húmeda, que ya se se empezaba a contraer.

-Mitsuko...oh, dios...voy a desmayarme-la lengua de Mitsuko se había endurecido, entrando en su interior, alternando esto con audaces besos a su clítoris hinchado. Hundió aun más entre sus piernas con su mano temblorosa la cabeza de Mitsuko; ascendió, peldaño por peldaño, sacudiendo sus caderas con suave violencia, hasta que el crepitante sabor del orgasmo llenó su cabeza, dándole la bienvenida con estertores de explosivo placer.

-¡Mitsuko...!-sollozó Yuzu, doblando su espalda, mientras se sujetaba con fuerza demencial a la cobija que las cubría. Disparó su sensualidad femenina, quedando sin fuerzas, respirando fuertemente, tratando de recobrar el oxígeno para sus pulmones agonizantes. Mitsuko bebió toda esa sensual fuente de eterno placer, cansada pero llena de felicidad. Se acostó encima de Yuzu, besándola con apasionado desenfreno.

-Te amo, princesa- susurró. Yuzu se asió de ella, sintiendo que ya la amaba.

-Mitsu querida...dijo, dándose vuelta y poniéndose arriba de ella-quiero que también te estremezcas debajo de mí.-en respuesta, Mitsuko besó el lóbulo de su oreja.

-Soy tuya. Mi corazón, mi vida entera te pertenecen. Puedes hacer con ellos lo que te plazca, después que sea amor lo que quieras darles.

Yuzu llevó su mano hasta el sexo de Mitsuko.

-Estás excitada,¿verdad?-murmuró al sentir la humedad latente que empapaba sus dedos.

-Cómo no estarlo. Tus gemidos orgásmicos son demasiado estimulantes.

-Mitsu...-Yuzu metió dos dedos en su interior estrecho y tibio,con dulces y lentos movimientos. Mitsuko abrazó fuertemente a Yuzu, quien le acariciaba con su boca y lengua, los senos turgentes y erectos. Sentir a su Yuzu dentro de ella le invadía el espíritu de profundos sentimientos, que iban más allá del inmenso placer físico que se proporcionaban mutuamente; la manera tan suave y delicada con que Yuzu la llevaba al clímax, le demostraba que habían sentimientos románticos de por medio, y no un simple deseo sexual, el cual era agradable, pero vacío si no existe amor.

-Yuzu, las estrellan brillan tan cerca de mí en este momento...-dijo, sintiendo que ya llegaba. -¡Me vengo, Yuzu...!-gimió con voz delirante, aferrándose a su espalda. Entonces, Yuzu le dijo algo que hizo que su cuerpo pareciera desintegrarse ante el abrumador estallido de placer que recorrió su ser con atronador éxtasis, haciéndola gritar, estremecida.

-Mitsuko... TE AMO.

Los espasmos que siguieron fueron tan fuertes que el bote se meció un poco en la tranquila superficie del lago, creando ondas que se esparcían hasta la orilla, como si participara con eso de las vibraciones que despedían las dos amantes.

-Mi Yuzuko amada...-musitó Mitsuko, ahíta de placer.

Por un largo rato, permanecieron estrechamente unidas en un cálido abrazo, extenuadas, mientras miraban la luna que, traviesa, se negaba a esconderse tras alguna nube entrometida.

-Yuzuko, mi amor ¿De verdad me amas?-preguntó Mitsuko, sin creerlo aún.

-Lo que siente mi pecho al estar contigo es amor. Me llena por completo. Sí, te amo, Mitsu, te amo.

-¿Y Mei?

-El amor que siento por ella lo puse en un cofre que hay en mi corazón. Está allí durmiendo y, si permaneces a mi lado, no volverá a salir, y tal vez algún día pueda sacarlo de allí, y ponerlo como un lejano recuerdo en el rincón más alejado de mi mente.

-¿ Es decir, que nos amas a las dos?

-Sí.-Yuzu se volvió a poner sobre ella para mirarla- Ella fue mi primer amor, después de todo, y no es fácil dejar de querer así como así, por mucho que uno lo desee. Pero ya te dije que puse a dormir ese amor, y contigo a mi lado, no despertará. Tus besos y tus caricias se encargarán de eso.

Mitsuko la besó, con el corazón inflamado de amor.

-Nunca me cansaré de repetirte que te amo, princesa. Amo esta naturaleza que nos rodea, a la luna o una puesta de sol,que es más bonita si la miro con los ojos de mi amor...Amo la inmensidad de tus ojos verdes, que son como eternas primaveras brillando dentro de ti; tu linda cabellera, tu boca tan divina, tus caderas que se mueven al ritmo de la suave brisa, tu cuerpo melodioso, que vibra al roce de mis manos; tú, princesa, me dominas por completo...te quiero, Yuzuko. No encuentro palabras suficientes para expresarte todo lo que me inspiras.

Yuzu cerró los ojos, embriagada de deseo; esas palabras penetraban hondo en su espíritu.

-Vamos a la villa, Mitsu.

-¿Tienes frío?

-No; sólo quiero...-sus ojos brillaban, mientras acariciaba sus piernas.

Cuando llegaron a la casa, se entregaron a la oscuridad de la habitación que presenció su primera vez, y allí se amaron con delirio, porque el mundo que acababan de descubrir era demasiado hermoso, y estaban lejos de saciar sus juveniles apetitos, y eso, aunado al amor que sentían, enardecían sus almas, convirtiéndolas en un solo sueño.

"El fuerte olor a medicamentos era tan penetrante que la niña empezaba a sentirse mareada. A pesar de que no quería dejar solo a su hermano, tuvo que salir un momento al jardín del Hospital, a fin de respirar algo de aire puro.

Estaba cansada. Un dolor persistente atenazaba su pequeña cabeza. Todos los adultos decían que a Watari no le quedaba mucho tiempo de vida, pero ella estaba aferrada a su fe infantil de que muy pronto su querido hermano volvería a casa, y todo sería como antes. En el cuidado y pulcro jardín, habían unas flores preciosas, que emitían un delicioso aroma; decidió armar un pequeño ramillete con las más bonitas para llevarlas al cuarto de Watari y así darle una fragancia distinta al denso olor quirúrgico que flotaba en su atmósfera. Mientras arreglaba las flores, una lágrima se deslizó por sus mejillas. Mamá siempre estaba llorando, y papá casi no hablaba, razón por la cual se sentía muy sola, y como Watari era su único hermano, no tenía a nadie de su edad con quien poder hablar. En ese instante, un lirio blanco apareció ante sus ojos.

-¿Por qué lloras?-dijo una voz -Mira, te regalo una de mis flores para que no te sientas triste"

Misaki abrió los ojos. Otra vez ese sueño. Se levantó de su lujosa cama y se sentó en una butaca que estaba junto a una gran ventana. Había nevado; una delgada capa de nieve cubría la copa de los árboles, y el viento glacial soplaba, dándole la bienvenida a la nueva estación. Un dolor atravesó su cara de extremo a extremo: el golpe que Yuzu le diera el día anterior había provocado una gran inflamación en su labio inferior, y la parte superior de su barbilla estaba negra. El impacto recibido fue tan fuerte,que su cabeza se estrelló contra la pared al caer, y un hematoma añadía más dolor a su cabeza. Mientras se duchaba, negros pensamientos navegaban en las oscuras aguas de su resentido cerebro.

Miró el reloj: 5.30. Tomó un ligerìsimo desayuno, y se vistió con un hermoso vestido blanco, que le daba realce a su perfecta figura y destacaba el color azul eléctrico de sus ojos. Necesitaba verse hermosa ese día, así que peinó su largo cabello castaño claro, adornándolo con una cinta roja. Era algo temprano para ir a la escuela, pero quería estar allí cuanto antes. Su pensamiento no podía apartarse de su objetivo.

Levantarse fue una tarea difícil para Yuzu y Mitsuko esa mañana. Hacía mucho frío, y permanecer abrazadas, calentándose mutuamente con sus cuerpos era muy tentador, pero los deberes del día les esperaban y, con mucho esfuerzo, lograron estar listas a las seis. Mitsuko tenía clase a las seis y media, así que emprendieron el camino, no sin antes espantarse el sueño con sexo matutino.

-Yuzuko -decía Mitsuko, ya en el auto- parece que nos estamos volviendo adictas.

Yuzu puso su mano en la pierna de ella, acariciándola, pensativa.

-Tal vez...pero es tan agradable hacerlo. Me siento tan bien en tus brazos, Mitsu. No sabía que podría sentir tal emoción y éxtasis contigo.-recostó su cabeza en el hombro de Mitsuko- Te amo.

-Yo te amo mucho más, mi princesa.

-Es tan bonito que me llames princesa.

-Eres eso y muchísimo más.- se miraron con ternura. "Dios, cómo la quiero"-Por otra parte, hoy recibiré burlas por parte de mis compañeros de clase al verme llegar con al misma ropa de ayer. No quiero ni imaginar las bromas que harán al respecto.

-Menos mal que mi uniforme es el mismo todos los días y nadie notará que no dormí en casa-dijo Yuzu riendo. Me va a tocar llevar la bufanda puesta durante todo el día, porque tengo al menos dos marcas, producto de tus apasionados besos.

-Me alegra ser mucho más alta que tú, porque tus huellas quedan en mis pechos, o en los hombros, y allí nadie las verá.-comentó Mitsuko, regocijada.

-Las ventajas de parecer una jirafa.

-Ya quisieras poseer mi metro setenta y tres de estatura.-estacionó el coche-Bueno, hemos llegado. Parece que no hay nadie aún.

Mitsuko bajó del auto, y corrió a abrirle la portezuela a Yuzu, dándole la mano como si en verdad Yuzu perteneciera a la nobleza.

-Hemos llegado a destino, princesa.-bromeó Mitsuko.

-Gracias, mi amor.

Aprovechando que no había personal, entraron y se escondieron detrás de una pared, para despedirse con un beso. Se besaron profundamente, de tal modo, que Mitsuko, encendida, metió su mano por debajo de la corta falda de Yuzu.

-Mitsu, espera, puede venir alguien.-murmuró Yuzu, empezando a excitarse.

-Es muy temprano aun; no vendrá nadie. Déjame partir con tus dulces gemidos cantando a mi oído. Lo haré rápido.

Yuzu se sujetó a su cuello, mientras Mitsuko besaba el de ella. Introdujo su mano en las húmedas bragas de su novia, frotando su clítoris con rapidez. Yuzu empezó a gemir suavemente, tensionando las piernas, que temblaban.

-Mitsu...- cerró los ojos, extasiada. Cuando sintió los dedos de ella en su interior, no pudo evitar una fuerte exclamación de tortuoso placer. Mitsuko la besó, moviendo rápidamente su mano en la intimidad de Yuzu, hasta que ésta, escondiendo la cara en el pecho de ella, gimió ahogadamente, arañando la blusa de Mitsuko, llegando al orgasmo con lacerante fuerza. Mitsuko se hincó un momento, y absorbió cada gota de la "erótica miel" del sexo de Yuzu, hasta limpiarla por completo.

-Eso fue rápido, Yuzuko- dijo Mitsuko con adorable malicia.

Jadeante, Yuzu inhalaba bocanadas de aire frío para estabilizar su respiración.

-Mitsu,eso fue delicioso, pero peligroso. Tal vez el miedo a ser descubierta me excitó demasiado.

Mitsuko la besó nuevamente, poseída por el anhelo que sentía por el cuerpo de su diosa.

-¿Volverás a dormir conmigo esta noche? Te deseo tanto, mi amor.

-Quisiera, pero esta noche son los preparativos para lo del Festival Escolar, que empieza mañana, y me quedaré a dormir en la escuela.

-Entonces, vendré cuando terminen mis clases. Tal vez vaya a casa un momento para cambiarme, pero estaré aquí. Me quedaré contigo.

-¿De verdad?

-Sí, princesa.-acarició con avidez las piernas de Yuzu, apretando sus glúteos con voracidad.-Cielos, pasamos la noche en esto, y no se me quita este ardor que siento por tu piel.

Yuzu le tocó los labios con gesto provocativo.

-Yo me siento igual. Bueno, entonces nos vemos por la tarde ¿vale?

-Contaré cada segundo.

Se besaron una vez más.

-Adiós, princesa. Te amo con todo mi corazón- dijo Mitsuko, antes de entrar en el auto y emprender la marcha.

Yuzu contempló el coche hasta que desapareció al doblar la esquina. Una ráfaga helada de viento sopló, haciendo tiritar de frío a Yuzu, por lo que se apresuró a entrar al edificio colegial, pero recibió una sorpresa que la dejó conmocionada, sin habla. Parada junto a un árbol, prácticamente al frente de donde se encontraba hace un momento con Mitsuko, estaba Misaki, mirándola de modo inescrutable. Sin embargo, a pesar de que su rostro se mostraba sereno, en el fondo de sus ojos azules vislumbró un afilado brillo de furia intensa, que contrastaba con la aparente tranquilidad que reflejaban sus músculos faciales.

A pesar de que la odiaba, no logró articular palabra alguna de reproche. Sólo pudo tartamudear, nerviosa por lo que ella haya podido ver:

-¿Desde hace cuánto estás ahí?

Misaki se le acercó un poco más, y Yuzu pudo ver el producto de su golpe la tarde anterior. El labio estaba partido e inflamado, morado hasta la mitad del mentón. De golpe, toda la rabia afluyó a su ser.

-¡Te pregunté que desde hace cuánto estás ahí! ¿Es que no me oíste, zorra? -Gritó, alterada.

Misaki respondió con voz lejana y dura a la vez:

-Lo suficiente como para ver cómo te apareabas como una perra a plena luz del día, y en la misma escuela, sin ningún tipo de escrúpulo. No imaginé que llegaras a tanto.

Yuzu palideció de ira al escuchar aquello.

-Eres la persona más despreciable que he conocido- escupió Yuzu- haces ver el amor como algo sucio. Pero claro, qué puede esperarse de alguien que tiene el alma tan asquerosa como un basurero; el ladrón juzga por su condición, y tú, perra, eres muestra de ello. No sabía que fueras una voyerista, espiando a otras personas. ¿Qué es lo que te propones? Me das asco.

Las manos de Misaki parecieron temblar, pero controló sus emociones rápidamente. Yuzu percibió una leve alteración en su odiada cara, y le dio la impresión de que se le dificultaba respirar. "Vaya, al fin logré alterarla", pensó Yuzu. No obstante, Misaki se ajustó nuevamente su impasible expresión, despojándola de toda emoción; pero el esfuerzo fue demasiado grande; al fin, estalló su ira como una carga de dinamita.

-¡¡La que se comporta como una zorra eres tú, estúpida!! - gritó; tenía el rostro desfigurado por la iracundia;con fuerza descomunal, tomó la mano de Yuzu, y la zarandeó con violencia, lanzàndola contra la pared, haciendo que Yuzu viera estrellas de dolor por el fuerte golpe con que la recibió el duro concreto. Por un instante, su visión se obnubiló, impidiéndole pensar con claridad. Se sacudió, tratando de despejar su mente, y cuando logró percibir la realidad que le rodeaba, vio frente a ella, muy cerca, el rostro de Misaki, que la miraba con su tradicional e impenetrable expresión.

-Eres una maldita. -murmuró Yuzu- mira lo que me has hecho.-Un rastro de sangre corría por su nuca. Se sentía débil, a punto de desmayarse; se zafó de Misaki, e intentó irse, pero trastabilló y cayó en la nieve, manchàndola con pequeñas gotas color rojo carmesí. Misaki se acercó a ella, levantó su cabeza y le dijo cruelmente al oído:

-Esto es lo que se merecen las rameras que pasan la noche fuera de casa para revolcarse como un cerdo en su fango. Y no te quejes por un simple golpe, que ayer me dejaste una buena marca, y no me quejé ni un poco siquiera.

-Suéltame, me repugna que me toques.

-Por ahora, te dejaré ir; pero creo que me pasaré por la cama de tu queridìsima novia. Se ve que es muy buena haciéndolo ¿verdad?

Yuzu intentó levantarse, furiosa al escuchar eso, pero Misaki le haló el cabello por la parte sangrante, lastimàndola. Yuzu gritó de dolor.

-Me haces daño, suéltame, zorra asquerosa. Si tanto me odias, mantén a Mitsuko fuera de esto. Ya acabaste con Mei; no sigas esparciendo maldad a personas que nunca se han metido contigo. Mitsuko jamás caería tan bajo, así que no te refieras a ella con tanta seguridad.

-Eso es lo que tú crees. Aunque apenas tengo 21 años, he tenido muchas amantes, incluso mujeres casadas. Ninguna se ha resistido-puso su rodilla en la espalda de Yuzu, haciendo que ésta sintiera escaso el aire que respiraba-¿Por qué habría de resistirse Mitsuko? Te la quitaré, así como te quité a Mei.-finalizó, enterrando en la nieve el rostro de Yuzu por diez segundos, cuyo rostro quedó púrpura, al borde de la asfixia.

Misaki se levantó. Yuzu, hizo lo mismo,tosiendo y escupiendo nieve. Creyó que moriría. Respirando fuerte,logró decir:

-Eres una porquería de ser humano...-empezó a llorar de rabia- ¿Me quieres matar?¿Qué te he hecho para que me acoses, y me maltrates? ¡Te odio, maldita!

Misaki la contempló un momento; sus ojos de hielo parecieron temblar, pero fue algo casi imperceptible.

-Idiota.-se burló de Yuzu, y con una siniestra carcajada, se alejó de allí, pues las estudiantes habían empezado a llegar. En su mente quedó grabada la expresión de rencor, y las lágrimas de ira que surcaban la cara de Yuzu. "Tal vez se me pasó la mano"-pensó-"Pero ella tiene la culpa...si tan sólo yo hubiera hubiera podido..."-lanzó un puñetazo al aire, farfullando:

-¡Maldita sea!

Yuzu se había ido a la enfermería. Se limpió ella misma la herida, y se puso un apósito; luego se tomó un analgésico para evitar el dolor de cabeza; también buscó un uniforme extra en su casillero, porque el que tenía puesto se había manchado de sangre, y después se dirigió al aula de clase, deprimida. Había estado tan feliz, y esa alegría se opacò con el reciente incidente. ¿Por qué Misaki la perseguía y se metía en su vida? ¿Qué buscaba? Se sentó en su pupitre, mirando por al ventana los finos copos de nieve caer con monotonía. En eso, un porrazo dado por la espalda con un maletín escolar le hizo creer, por un instante, que Misaki había venido. Furiosa, se levantó, gritando:

-¡Ya déjame en paz, zorra!-pero cuando vio el sorprendido rostro de Harumin, exclamó consternada:-¡Haru, lo siento mucho, pensé que eras otra persona!

Harumin observó la palidez que acusaba al rostro de Yuzu.

-Buenos días, Yuzuchi. ¿Quién pensaste que era? No tienes buena cara.

-Me duele la cabeza, pero no es gran cosa.-iba a decirle sobre el enfrentamiento que tuvo con Misaki, pero le dio algo de temor- Pensaba en Misaki y su cara de perra, y cuando me golpeaste, tuve un extraño lapsus, creyendo que era ella.

Harumin sonrió.

-No deberías pensar en esa imbécil, teniendo a Mitsuko para ocupar tu mente. Además- añadió, pasàndole el brazo por el hombro, y guiñándole el ojo con picardìa- ayer Mitsuko no regresó a casa. Se me hace que hicieron algún nidito de amor, para quererse, amarse y lo que sabemos.

El rostro de Yuzu se puso encarnado, avergonzada.

-No digas esas cosas, es penoso.

-Si es por mí, no te preocupes. Ayer me lo pasé en grande con Matsuri; incluso durmió en mi casa, y no te imaginas cuánto me hizo reír. Es una pilluela.

-Sí, pero es una pilluela adorable. Me alegra que se hayan hecho amigas.

Harumin miró a Yuzu detenidamente; algo la preocupaba, pues ese brillo de inseguridad titilaba en sus hermosas lunas color jade.

-Yuzuchi,¿peleaste con Mitsuko? Te ves... no sé... ¿triste? -Miró la herida-¿Qué te pasó en al cabeza?

Yuzu no quería que Misaki también al emprendiera con Haru, pues conociendo a esta última, sabía que iría a reclamarle, así que prefirió guardarse su preocupación.

-No, con Mitsuko estoy de maravilla. Tal vez me ves asá precisamente por este golpe que me hice; resbalé por culpa de la nieve y ahí tienes el resultado.

-Ten cuidado, Yuzuchi, no quier que dejes viuda a Mitsuko tan rápido.

Ambas rieron con la broma, pero para Yuzu fue una broma a medias; estaba atemorizada. Le pareció ver en Misaki una rabia asesina, y no sabía a qué atenerse con su extraña actitud.

Al poco rato llegó Mei, quien no se veía tan mal como el día anterior. Parecía emanar un aire de triste resignación y, de vez en cuando, miraba a Yuzu con resplandores cargados de amor, que hacían a Yuzu palpitar su corazón como en los viejos tiempos. La amaba aún, de eso no había duda.

A la hora del almuerzo, Mei se acercó a Yuzu antes de que ésta se fuera con Harumin. Le preguntó, como quien espera una negativa, pero con la débil esperanza de recibir un sí:

-Yuzu,¿podemos almorzar juntas hoy?

Yuzu quiso evadirla.

-¿No tienes que hacer tu inspección de rutina?

-Hoy ni siquiera he ido a la sala del Consejo. Le pedí a Himeko y a Maruta que se hicieran cargo, porque no tengo mente para nada.

-Bueno.-Yuzu, aunque había decidido ignorarla para evitar situaciones incómodas, no pudo negarse a esos ojos apagados, y a esa voz casi suplicante.-Haru, voy a almorzar con Mei, así que hablamos luego.

De mala gana, Harumin accedió.

-De acuerdo, pero-dijo mirando con ceño a Mei- que no se vuelva una costumbre.

Mei no contestó; estaba algo contenta de que Yuzu no hubiera rechazado su invitación.

-¿Dónde quieres almorzar, Mei?

-¿Qué te parece si vamos a la azotea?

Harumin la vio alejarse algo recelosa. No le gustaba que Mei hablara demasiado con Yuzu. Sabía que el amor no muere de buenas a primeras, y la cercanía entre ambas debía evitarse; pero entendía a Yuzu. Ellas convivían como familia y, al menos, debían ser amigas.

Ya instaladas, Mei y Yuzu almorzaban juntas, pero había un muro casi infranqueable que impedía el surgir de una conversación fluida y libre de prejuicios. Sin embargo, Mei quería romper ese hielo que había entre ambas. Tenía en su corazón muchas cosas que decirle a Yuzu, y esa era su oportunidad de oro.

-Yuzu- empezó, tratando de no ejercer presión en ella-¿Cómo estás? ¿Te está yendo bien?

-Sí, estoy bien. Soy feliz, Mei.

-Me alegra saber que eres feliz. Al menos, sé que ella no te niega todo lo que yo una vez te negué. Perdóname, Yuzu.-dijo Mei con tristeza- Debiste haber sufrido mucho pensando en esa escena horrible que te tocó presenciar. Yo...no tengo excusas. Sólo quiero que me perdones.

El tono y la expresión de Mei eran sinceros, y Yuzu se sintió repentinamente conmovida. Mei la amaba. Pero ya era tarde.

-Me duele recordar lo que hiciste, y sé que te dije cosas crueles muchas veces, pero yo no te odio; estoy lejos de sentir aversión hacia ti, pero quiero ser sincera contigo: me he enamorado de Mitsuko; supongo que ya sabes que salgo con ella. La amo, y soy feliz cuando estoy a su lado.

Mei suspiró tristemente.

-Eso se nota ya. El que pases la noche fuera de casa lo dice todo. Yo misma me encargué de alejarte, así que no te culpo. No entiendo por qué Misaki te envió ese video. Yo...tal vez habría reaccionado igual que tú. Me duele pensar en lo que sufriste al verlo.-su voz tembló- A veces pienso que ella ya venía con un plan trazado de antemano, porque lo grabó sin que yo me diera cuenta, sólo para enviártelo a ti. No lo entiendo, ella ni siquiera te conocía.

-Ella me odia. Pensé que era porque tú le interesabas, pero ayer me di cuenta que no es así. Mei- dijo, mirándola a los ojos con una sombra de miedo en ellos- ella me acecha, parece como si no quisiera verme feliz. Hoy...-se detuvo. No quería que Mei recibiera más daño de esa persona; era suficiente con haberlas separado.

-¿Qué ibas a decirme?

-Nada, olvídalo. Deseo verte feliz. No llores más por mí.

Mei lloraba. La quería tanto, que era difícil cerrar ese amor.

-No sé si pueda amar de nuevo. He comprendido que amarte implica querer tu felicidad. Es mucho mejor hablar de amor, o de rosas, perfumes y flores, que de odio, venganza o desdenes; no sabes cuanto le temo a la tristeza que siento al saber que te has ido de mi lado, y a veces deseo una choza en un lugar lejano, para pasar este mal rato, y así nadie pueda ver la pena de mi corazón enamorado.

-Mei, me duelen tus ansias de amor, me duelen como si fueran mías , pero más me duele verte llena de amor con tus manos vacías. Siento tanto que nos hayamos separado, en verdad lo lamento, porque yo te sigo amando, y lo sabes. Pero también amo a Mitsuko. He vivido cosas hermosas a su lado, he sido, y soy muy, muy feliz con ella.

-Es difícil dejarte ir, Yuzu. Pero no quiero ser egoísta, y verte marchar será como derrotar ese egoísmo que perturba mi vida, y eso me enseñará a valorar el deber en que se constituye creer en la persona que amo. Yo no puedo detenerte...en otras tierras ilusiones crecerán para ti, porque las que tenías conmigo ya no se podrán realizar; no podré vivir los sueños que tenía contigo, así que tendré que olvidarte, pero eso es imposible para mí.

Sin poder evitarlo, Yuzu atrajo la cabeza de Mei hacia su pecho, acariciando su cabellera de ébano, procurando consolarla.

-Mei, tú eres fuerte. Viviste sola mucho tiempo, y lograste salir adelante. Ahora no estás sola; está mamá, papá, y también me tienes a mí.

-No, a ti no te tengo.-adujo Mei, abrazándola- tenerte, significaría para mí que cantaras a la brisa el poema de mi vida, que enriquecieras mi alma con tu sonrisa; y que jamás olvides ese momento feliz en que te conocí. No lo sabía en ese momento, pero estuve esperando mil años por ti. Has dejado en mi amor tantas ausencias, que no creo que pueda llenarlas nunca, y sé que me quedaré vagando en el olvido, como el eco fugaz de las promesas que un día nos hicimos.-al decir esto, le mostró el anillo que una vez le diera-¿Recuerdas, Yuzu? ¿Cuando te dije que podías quedarte a mi lado para siempre?

-No, Mei- Yuzu no pudo contener un par de lágrimas -no miremos atrás. Hace demasiado daño.

Mei lloraba en silencio, mojando su camisa. Todo el rencor que la había acompañado desde que la vio en brazos de Misaki desapareció, y jamás volvería. La perdonó desde el momento en que descubrió que Misaki le tendió una trampa a ambas, dejando una estela de sufrimiento en el camino que con tanto esfuerzo habían labrado. Ahora quería hacer lo mismo con Mitsuko, y eso la llenaba de temor, no porque desconfiara de su novia, sino porque no sabía a qué artimaña podría recurrir la perversidad para lograr su objetivo.

-Mei, tu tristeza me parte el alma. No llores, te lo pido.

Mei lo intentó, pero no podía dejar de llorar. Casi sin ser consciente de ello, Yuzu le levantó el rostro, y estuvo a punto de besarla, pero su amor por Mitsuko la detuvo a tiempo. En su lugar, besó dulcemente su frente.

-No me gusta verte triste. Sonríe. Hazlo por mí.

Estas palabras hicieron que Mei se calmara. Nunca había sonreído para Yuzu. Por eso, la miró con ternura y sonrió con el corazón en su rostro, asemejándose a esos días de lluvia en que un rayo de sol provoca un bello arcoìris . El pecho de Yuzu palpitó con tanta fuerza, que casi se tira encima de ella para llenarla de besos y caricias. Temblando como los pétalos de una flor agitados por el viento, se levantó rápidamente, haciendo un sobrehumano esfuerzo por contenerse.

-Vamos, Mei, hace un rato sonó el timbre.-"Dios, eso estuvo cerca.-pensó- Debo evitar quedarme a solas con ella tanto tiempo, por lo menos hasta que lo que siento por ella se apague un poco"

Mei también se puso de pie, abrazando a Yuzu nuevamente.

-Mi querida Yuzu, yo siempre te estaré esperando. Mi vida entera te esperaré, si es necesario.

Las labores académicas tradicionales habían llegado a su fin más temprano que de costumbre; todas las estudiantes se fueron a sus respectivos clubes para hacer los preparativos pertinentes para el Festival Escolar. Por dos días, habrían aires distintos en la Academia. Un grupo programó un café, otro la infaltable casa embrujada, obras de teatro, monólogos, etc. Yuzu ensayó con su grupo desde las dos hasta las cuatro,y a partir de las seis elaborarían algunos accesorios relacionados con al presentación, que sería La Pastoral de Bethoveen. El plan era hacer un escenario salpicado de evocaciones campesinas, tales como flores, arboles, y algunas ovejas hechas de felpa. Mitsuko llamó a Yuzu para decirle que llegaría a las cinco, más o menos. Trabajarían desde las seis y media hasta terminar el trabajo, lo cual podría tomar mucho tiempo, así que muchos se quedarían a dormir, y como las actividades del Festival iniciarían a las diez, todas tendrían tiempo de ir a sus casas para cambiarse.

Mientras en la escuela se llevaban a cabo las mencionadas cuestiones, Mitsuko ya iba camino a la Academia. Había hecho una alto en su departamento para darse un baño y vestirse como a su princesa le gustaba: se puso un juvenil pantalón de algodón, y un suéter verde algo escotado. Se acomodó el mechón rojizo de manera que destacara aún más. Ese cambio sorprendería a las alumnas que la conocían, pero ni modo.

Cuando hubo estacionado el coche en el parqueadero de la escuela, se dispuso a llamar a Yuzu para preguntarle dónde se encontraba, pero se vio interrumpida por la presencia inesperada de Misaki Okazaki, quien al verla, se acercó a ella con aparente cordialidad.

-¡Hola, Mitsuko! Tiempo sin hablar ¿eh?

-¿Qué haces aquí? -Preguntó con acritud; era el colmo que esa mujer estuviera esperándola.

-Oye, no deberías hablarle así a una vieja conocida. Parece que te han dado malas referencias, y puedo imaginar quién.

Mitsuko no le respondió; la rodeó para pasarla de largo, pero Misaki la detuvo.

-Aguarda. ¿Por qué tanta prisa? Quisiera hablar contigo.

-Pues yo no tengo ningún interés en escucharte; Sé lo que eres capaz de hacer. Me diste problemas en la secundaria y, al parecer, no has cambiado. Ahora, dispènsame, tengo afán.

-¿Y si lo que te tengo que decir tiene relación con Yuzu?

Mitsuko se paró en seco. Giró la cabeza y le dijo, tratando de calmar el enojo que estaba empezando a sentir.

-Deja en paz a Yuzu o...

-¿O qué? ¿Me vas a acusar con mis padres? ¿O me darás una paliza?

-No sé por qué la odias tanto. Déjala tranquila.

-Quiero mostrarte algo que despejará todas tus dudas.

Mitsuko dudó un momento. Recordó que Yuzu le pidió no intervenir, ni hablar con ella, pero quería saber el motivo de tanta persecución. Así que accedió.

-Está bien. Pero no quieras pasarte de lista conmigo.

Misaki se dio vuelta, y sonrió malignamente.

Yuzu miró la hora. Mitsuko no tardaría en llegar. Decidió salir a recibirla, para al mismo tiempo respirar algo de aire fresco. Tenía los pulmones cansados por el ensayo, y estaban pintando el escenario, asì que el aire estaba saturado de los químicos del barniz empleado para tal oficio.

Cuando salía, escuchó a algunas alumnas murmurar.

-¿Viste a la señorita Mitsuko?

-¿La famosa presidenta que trató con mano de hierro a la escuela durante tres años?

-¡Esa misma! Si la hubieras visto! Hasta el cabello lo trae teñido.

-¿En serio? Yo creo que se ha enamorado y por eso ha cambiado.

-Quien lo diría. Me dijeron las de tercero que casi ni las dejaba respirar. Si hasta ella sucumbió, aún hay esperanza para este mundo.

Yuzu escuchaba todo esto con una sonrisa. Pero se desvaneció cuando escuchó algo más.

-¿Dónde la viste? Quisiera echarle un vistazo.

-La vi con la señorita Okazaki. Creo que iban a la sala de juntas.

El semblante de Yuzu se puso como la cera, y el corazón pugnaba por salir del pecho. Su celular timbró.

Era un mensaje.

Tres segundos después , corría como una loca, con el rostro congestionado por la rabia, el miedo y la incertidumbre. Cuando llegó a la sala de juntas, casi no podía abrir la puerta por el horrible temblor de sus manos, pero consiguió hacerlo, casi a punto de colapsar.

Misaki tenga acorralada Mitsuko, quien estaba semidesnuda. La tenía sujeta con fuerza contra la pared; con una mano sostenía su cara, y con la otra su cintura, y sus piernas aprisionaban las de Mitsuko en una especie de llave que le impedía cualquier movimiento. La besaba como una salvaje. La sala tenía signos de violencia reciente, pero Yuzu no vio nada de eso; sólo veía una cuasi repetición de su primera tragedia, y Misaki, al percatarse de su presencia, dejó libre a Mitsuko, quien vio horrorizada la expresión de indecible angustia que acuciaba el rostro de Yuzu..

-¡Yuzuko, no es lo que piensas! ¡Por favor, no creas a lo primero que ven tus ojos!

Pero Yuzu dio media vuelta, llorando, no sin antes gritar:

-¡Te odio, maldita Misaki! ¡Ojalá te pudras en el infierno!

Mitsuko se puso la blusa, que estaba algo rasgada, y salió tras ella.

Sonriendo, con sus ojos resplandecientes por un júbilo perverso, Misaki murmuró:

-Misión cumplida, querida Yuzu.

Capitulo 14

-¿A dónde quieres ir?-le preguntó Mitsuko a Yuzu mientras conducía su pequeño Mercedes rojo.

Yuzu estaba acostada, con la cabeza recostada en las piernas de Mitsuko; tocaba continuamente su cara, mirándola sin mirarla.

-¿Yuzu?-repitió Mitsuko.

-Perdóname, Mitsu.-respondió Yuzu, espantando sus pensamientos- Es que estoy muy preocupada por algo que pasó hoy en la escuela.

-¿De qué se trata? Cuando fui a buscarte te veías agitada y, por tu manera de recibirme, pude sentir la enorme necesidad que tenías de sentirte segura.

-Vamos a algún sitio. Deseo abrazarte, y aquí en el auto no puedo hacerlo.

-Por eso te pregunté que adónde querías ir.

-Lo dejaré a tu elección. Si estoy contigo, el sitio es lo de menos. Aparte de eso ¿Por qué traes esa gorra? Es la primera vez que te veo con una.

-¿No te gusta?-preguntó Mitsuko, señalando la gorra azul que llevaba sobre su cabeza.

-Al contrario, me gusta como se te ve. Y tu ropa...te ves mucho más joven, casi de mi edad.

Mitsuko iba vestida con un juvenil pantalón de jean, y una camiseta color rosado vivo con algunos lazos que adornaban las mangas. Calzaba zapatillas deportivas.

-Quiero verme bien para ti. Sé que te gusta vestir así, por lo que quiero ir a tono contigo. En cuanto a lo de la gorra, es por la sorpresa de la que te hablé.

-¿Qué es?

-Luego te digo. Yuzuko...¿Quieres navegar en bote?

Yuzu se entusiasmó.

-¡Claro que sí! Jamás he navegado de noche; será muy romántico navegar bajo la luna...aunque está haciendo algo de frío, pero no importa.

-Antes de salir, guardé una gruesa cobija, así que no temas por el frío.

-¿A qué lugar vamos a ir?

-¿Recuerdas el lago que se divisa desde la villa?

-¿Cómo olvidarlo?-Yuzu miró a Mitsuko con ternura.-Mitsu...

-¿Sí?

-Creo que me estoy enamorando de ti.

Mitsuko sintió cómo su corazón se estremecía de júbilo. Como estaban en el lindero del bosquecillo donde estaba el lago, estacionó el coche a un lado del camino sembrado de pétalos de cerezo.

-No puedo resistir estas ganas de besarte.-dijo, levantando a Yuzu y haciendo que se sentara a horcajadas sobre sus piernas.

Empezaron a besarse con fuerza lacerante, ahogándose con las ansias que tenían de sentir sus cuerpos entrelazados física y espiritualmente. Ambas se deseaban ardientemente en ese instante, pero se contuvieron; tenían toda la noche para ello.

-Yuzuko...-dijo Mitsuko, susurrando a su oído con voz entrecortada-me hace feliz que te estés enamorando de mí. Nunca imaginé, en toda mi austera vida simple y monótona, que pudiera ser tan dichosa. Te amo con todo mi ser, mi princesa.

Yuzu se aferró a ella como si temiera que en algún momento pudiera desaparecer. Recordaba las palabras de Misaki, y su pecho se oprimió bajo la fuerza de un terrible miedo a perder esa felicidad que, poco a poco, llenaba su vida de amor y paz. Mitsuko se sorprendió cuando sintió caer sobre su hombro algo tibio: Yuzu estaba llorando.

-Mi vida ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?-preguntó Mitsuko, abrazándola con más fuerza que antes.

-Mitsu querida, tengo miedo de perderte a ti también. Hay una sombra de desdicha y maldad que no me deja tranquila. Estoy segura que me seguirá persiguiendo y, por más que pienso en qué pude equivocarme, no logro entender por qué...-su voz se perdió.

-No temas, mi amor. Yo he llegado a quererte demasiado como para permitir que lo que hemos construido se hunda. -levantó el rostro de Yuzu, quien lo tenía escondido en el hombro, sollozando débilmente-Mírame.- Yuzu la miró con sus ojos verdes atribulados, llenos de inseguridad.-Te amo; no llores por cosas que no sucederán.-besó su cara hasta que le secó las lagrimas-Me propuse hacerte feliz. No te fallaré; el que me quieras es algo tan maravilloso, que aún no puedo creer que estés aquí conmigo. ¿Para qué quiero esta vida si no estás junto a mí? Incluso los mares son pequeños comparados con el amor que siento por ti.

Yuzu no respondió; sólo la besó apasionadamente, sintiendo que su alma se llenaba cada vez más de un amor cálido, que crecía con cada palabra y gesto de Mitsuko hacia ella.

-Vamos, Mitsuko- dijo Yuzu, apartándose para que pudiera conducir-quiero comentarte algo, pero cuando estemos allá.

Mitsuko emprendió la marcha nuevamente, preocupada por la actitud de Yuzu. Algo no iba bien, y un extraño presentimiento sobrecogió su espíritu. Cuando llegaron a su destino, Yuzu saltó del coche, y se sentó a la orilla del lago, sumergiendo sus pies en el agua, pensativa, mientras Mitsuko desataba un amplio bote, bonito y bien aparejado, que flotaba al lado de un árbol acomodando en él algunas cosas que había traído. Acto seguido, levantó a Yuzu en sus brazos.

-Mitsu- comentó Yuzu, riendo- sé que no soy ligera.

-Para mí, no pesas nada, eres la carga más preciosa que alguien pueda tener, y me agrada consentirte en mis brazos; así te siento más mía.

Subieron a la pequeña embarcación. Mitsuko había extendido en su cubierta una gruesa manta, con una colcha encima, además de un par de almohadas. Ubicó a Yuzu encima de una de ellas.

-Parece que quieres pasar la noche aquí.-dijo Yuzu al ver los preparativos.

-El piso del bote es duro y quiero acostarme un rato a ver las estrellas contigo. Será maravilloso verlas mientras navegamos.¿No crees?

-No sabía que fueras tan romántica.-Yuzu miraba a Mitsuko con un suave resplandor en su rostro- Dios, siento que te quiero cada vez más.

Mitsuko se sentó al lado de ella, rodeándola con sus brazos.

-Me haces tan feliz al decirme eso, Yuzuko. Y, si es por mi princesa, soy capaz de convertirme en la persona más cursi de la Tierra. Te amo, te amo Yuzu.-Se besaron, y la llama del amor que ardía en sus almas,las hacía resplandecer con su luz de ilusiones nacientes en su propio universo . En verdad, Yuzu sentía que ese sentimiento crecía y crecía de modo abrumador en su interior, y eso la llenaba de temor.

-Mitsu...

-¿Hmmm?

-Te quiero.

Mitsuko acarició la dorada cabecita de Yuzu con verdadera adoración.

-Vamos a remar un poco, y cuando lleguemos al medio del lago, te mostraré algo.

-Está bien.

Ambas remaron, hasta llegar al centro de la cristalina masa de agua que fulguraba bajo los destellos de los rayos lunares. La brisa era tan fría, que Yuzu dejó de remar y se acurrucó al lado de Mitsuko, quien también suspendió, para darle un abrazo protector a su amor.

-Mira, princesa-Dijo Mitsuko, quitándose la gorra, dejando salir el largo mechón que siempre adornaba su mejilla.

-¡Te lo has teñido! ¡Se ve hermoso, Mitsuko!-Yuzu se sentó en sus piernas y le tocaba el mechón, que ahora tenía un tono rojizo, que lucía agradable y armonioso a la vista. Yuzu empezó a reír.

-Sólo por escuchar esa risa, ha valido la pena.

-Me amas mucho ¿Verdad, Mitsuko?

-Sobra preguntar eso. ¿Por qué lo dices?

-Porque, cuando nos conocimos, casi me obligas a cortarme el cabello si no lo teñía con su color natural, y el que hagas esto por mí, dice más que cien palabras.

-Sí que fui molesta en ese entonces. Pero tú le has dado una perspectiva distinta a mi vida. El amor es un sentimiento más grande que el cielo, el sol y la Tierra, es oír una expresión bonita de paz y cariño, o hablar de lo lindo de la vida contigo y besar la frente del ser más querido: Tú, princesa. Quiero caminar contigo, sin importar la lluvia, o el frío, y abarcar con todo mi ser la libertad que has alcanzado al intentar amarme. Haré todo lo que esté a mi alcance para que sonrías siempre. Eso sí-añadió, sonriendo-me van a criticar duramente por haberme teñido este mechón. No quiero imaginar la expresión de horror de Maruta si algún día lo ve.

Yuzu escuchaba a Mitsuko, y sus palabras calaban hondo en su pecho. Volvió a recordar el enfrentamiento que tuvo esa tarde con Misaki, y el temor se apoderó nuevamente de ella.

-Mitsuko, quisiera saber algo. ¿Es cierto que tú y Misaki estudiaron juntas en la secundaria?

-Me preocupaba que no la mencionaras. Ayer estabas afectada por su inminente llegada, y se me hacía raro que no dijeras nada con respecto a eso. En cuanto a tu pregunta, sí. Estábamos en el mismo grupo, y estudiamos juntas los tres años de secundaria, antes de que se marchara a Inglaterra con sus padres. ¿Cómo lo supiste?

-Ella misma me lo dijo.

-¿Hablaste con ella?-Mitsuko estaba sorprendida.

-Cuando la vi con Mei, la ignoré por completo. Pero parece como si...-Yuzu pensó un momento, tratando de buscar la palabra correcta- como si me acechara. La descubrí espiando mi práctica de música, y tuve un terrible choque con ella. Me dijo...-recordó su amenaza de ir por Mitsuko, pero prefirió no mencionarle ese punto- Yo creo que no quiere verme feliz. Pensé que había venido por Mei, pero dijo que no era así. Si hubieras visto cómo me miraba...parece que me odia, y no logro entender por qué.

Mitsuko se alteró ante lo que Yuzu le contó, pero no quiso que esta última lo notara. Tomaría cartas en el asunto

-Misaki me dio algunos problemas en secundaria. Yo era la representante del curso, y como faltaba mucho a clase, tuve que reportarla. Era muy inteligente, pero esas ausencias injustificadas le acarrearon problemas, sobre todo en el último año, pues estuvo a punto de reprobarlo. Su padre es una persona con muchas influencias, y creo que pagó para que su hija pasara de año sin obstáculos; después de eso, se marcharon de Japón. Quise saber un poco más, y logré averiguar que cuando tenía ocho años perdió a su único hermano, quien había enfermado de leucemia. Después de ese evento, su familia se mudó a este distrito, pero lo raro es que, según la empleada con la que hablé, ella se escapaba continuamente a su anterior ciudad de residencia, y sus ausencias a clase en secundaria se debían a esas mismas escapadas, las cuales duraron hasta el día mismo de su partida. No sé qué se trae entre manos, pero hablaré con ella. No me gusta ni pizca que se meta contigo.

Yuzu escuchó atentamente la información que le suministraba Mitsuko, pero cuando dijo lo último se espantó, como si le hubiera dicho que iría a hablar con el mismo diablo.

-¡No, Mitsu, por favor, no hables con ella!-exclamó, escondiendo la cara en su pecho.-No quiero que se meta contigo también.

-¡Pero hay que hacer algo! No puedo permitir que te siga fastidiando. Bastante daño te hizo con separar a Mei de tu lado, como para que siga añadiendo cizaña y creando intrigas extrañas a tu alrededor.

-No quiero que te le acerques. Ya sabré cómo lidiar con ella, si es que me sigue molestando.

-¿Por qué no quieres que hable con ella?

Yuzu tenía miedo de que Mitsuko cayera también en las redes de Misaki, pero no quería decírselo. Confiaba en ella, pero temía a la vez. Sin embargo, pensó que, si quería que su relación se fortaleciese, no debía esconderle nada.

-Yo creo que le gustas. Me dio a entender que le gustaría...hacer contigo lo mismo que hizo con Mei.

Por un momento, Mitsuko no pareció entender lo que Yuzu le decía; pero después empezó a reír. Entrelazó sus manos con las de ella, y la besó con mucha ternura.

-Yuzuko, mi amor-dijo después- eso es imposible. Ella y yo sólo hablábamos lo estrictamente necesario, y si me tomé el trabajo de indagar acerca de su vida, es porque era la representante del grupo, y quería conocer el motivo de sus inasistencias. Yo te amo a ti, eres el primer amor que llegó a mi vida, y no concibo otros labios, ni otro cuerpo que no sea el tuyo. Tal vez...ella siente algo de envidia hacia ti. Es que eres tan hermosa, que pareces una reina, aunque sin tesoros, ni posesiones físicas, porque tu reino es la alegría y el amor que caracteriza a tu vida, y eso es más valioso que un millón de quilates en oro.

Los ojos verdes de Yuzu se iluminaron al escuchar a Mitsuko.

-Mitsu, acostémonos. Aprovechemos las cobijas. Es más, hace tanto frío, que estoy segura que mañana caerán los primeros copos de nieve.

Con la respiración agitada, Mitsuko se dejó caer con Yuzu, mientras unía sus labios a los de ella. Poco a poco, se desvistieron mutuamente bajo la luz de la luna.

-Mitsuko, te quiero. -repitió Yuzu por segunda vez aquella noche. Mitsuko besaba su piel, creando espasmos que recorrían cada milímetro de su ser, haciendo que suaves lamentos de excitación salieran de su boca. Se habían tapado con la manta, según Yuzu, para "que las estrellas y la luna no las vieran". Los besos, el enloquecedor movimiento del cuerpo de Mitsuko sobre Yuzu, suave, pero ardiente, izaban sus corazones a una cumbre de sensaciones eróticas jamás imaginadas. Mitsuko no se cansaba de besar a Yuzu ; sentía ansias locas de poseerla,una y otra vez, y le parecía que jamás se saciaría de probar la dulce esencia que fluía del cuerpo de su amor.

-Yuzuko- jadeó- eres tan adictiva. Quisiera hacerte el amor todo un día para ver si se me quita este intenso deseo que consume mi piel, aunque creo que nunca quedaré satisfecha. Hoy estuve pensando todo el día en ti, y no lograba concentrarme en mis clases.

Yuzu entrelazó más su cuerpo con el de Mitsuko.

-No imaginé que el sexo fuera tan maravilloso- murmuró Yuzu.-Hacerlo contigo ha hecho que mi alma se apegue más a ti. Si te gusta tanto mi cuerpo, haz de él todo lo que quieras. Tienes todo el derecho.

Mitsuko se zambulló en deliciosas caricias, solazándose con cada parte del cuerpo de Yuzu, creando en ella convulsiones de agonía, uñas arañando ante la avalancha del suplicio carnal al que la sometían las instigaciones sexuales de Mitsuko, y cuando ésta le abrió más las piernas para besarla en los muslos con más ímpetu, y luego besarle el clítoris con suavidad, no pudo evitar una exclamación, que casi rayaba en el llanto, pues sentía cerca la detonación máxima del placer sexual, que llamaba con avasallante saña a su vagina húmeda, que ya se se empezaba a contraer.

-Mitsuko...oh, dios...voy a desmayarme-la lengua de Mitsuko se había endurecido, entrando en su interior, alternando esto con audaces besos a su clítoris hinchado. Hundió aun más entre sus piernas con su mano temblorosa la cabeza de Mitsuko; ascendió, peldaño por peldaño, sacudiendo sus caderas con suave violencia, hasta que el crepitante sabor del orgasmo llenó su cabeza, dándole la bienvenida con estertores de explosivo placer.

-¡Mitsuko...!-sollozó Yuzu, doblando su espalda, mientras se sujetaba con fuerza demencial a la cobija que las cubría. Disparó su sensualidad femenina, quedando sin fuerzas, respirando fuertemente, tratando de recobrar el oxígeno para sus pulmones agonizantes. Mitsuko bebió toda esa sensual fuente de eterno placer, cansada pero llena de felicidad. Se acostó encima de Yuzu, besándola con apasionado desenfreno.

-Te amo, princesa- susurró. Yuzu se asió de ella, sintiendo que ya la amaba.

-Mitsu querida...dijo, dándose vuelta y poniéndose arriba de ella-quiero que también te estremezcas debajo de mí.-en respuesta, Mitsuko besó el lóbulo de su oreja.

-Soy tuya. Mi corazón, mi vida entera te pertenecen. Puedes hacer con ellos lo que te plazca, después que sea amor lo que quieras darles.

Yuzu llevó su mano hasta el sexo de Mitsuko.

-Estás excitada,¿verdad?-murmuró al sentir la humedad latente que empapaba sus dedos.

-Cómo no estarlo. Tus gemidos orgásmicos son demasiado estimulantes.

-Mitsu...-Yuzu metió dos dedos en su interior estrecho y tibio,con dulces y lentos movimientos. Mitsuko abrazó fuertemente a Yuzu, quien le acariciaba con su boca y lengua, los senos turgentes y erectos. Sentir a su Yuzu dentro de ella le invadía el espíritu de profundos sentimientos, que iban más allá del inmenso placer físico que se proporcionaban mutuamente; la manera tan suave y delicada con que Yuzu la llevaba al clímax, le demostraba que habían sentimientos románticos de por medio, y no un simple deseo sexual, el cual era agradable, pero vacío si no existe amor.

-Yuzu, las estrellan brillan tan cerca de mí en este momento...-dijo, sintiendo que ya llegaba. -¡Me vengo, Yuzu...!-gimió con voz delirante, aferrándose a su espalda. Entonces, Yuzu le dijo algo que hizo que su cuerpo pareciera desintegrarse ante el abrumador estallido de placer que recorrió su ser con atronador éxtasis, haciéndola gritar, estremecida.

-Mitsuko... TE AMO.

Los espasmos que siguieron fueron tan fuertes que el bote se meció un poco en la tranquila superficie del lago, creando ondas que se esparcían hasta la orilla, como si participara con eso de las vibraciones que despedían las dos amantes.

-Mi Yuzuko amada...-musitó Mitsuko, ahíta de placer.

Por un largo rato, permanecieron estrechamente unidas en un cálido abrazo, extenuadas, mientras miraban la luna que, traviesa, se negaba a esconderse tras alguna nube entrometida.

-Yuzuko, mi amor ¿De verdad me amas?-preguntó Mitsuko, sin creerlo aún.

-Lo que siente mi pecho al estar contigo es amor. Me llena por completo. Sí, te amo, Mitsu, te amo.

-¿Y Mei?

-El amor que siento por ella lo puse en un cofre que hay en mi corazón. Está allí durmiendo y, si permaneces a mi lado, no volverá a salir, y tal vez algún día pueda sacarlo de allí, y ponerlo como un lejano recuerdo en el rincón más alejado de mi mente.

-¿ Es decir, que nos amas a las dos?

-Sí.-Yuzu se volvió a poner sobre ella para mirarla- Ella fue mi primer amor, después de todo, y no es fácil dejar de querer así como así, por mucho que uno lo desee. Pero ya te dije que puse a dormir ese amor, y contigo a mi lado, no despertará. Tus besos y tus caricias se encargarán de eso.

Mitsuko la besó, con el corazón inflamado de amor.

-Nunca me cansaré de repetirte que te amo, princesa. Amo esta naturaleza que nos rodea, a la luna o una puesta de sol,que es más bonita si la miro con los ojos de mi amor...Amo la inmensidad de tus ojos verdes, que son como eternas primaveras brillando dentro de ti; tu linda cabellera, tu boca tan divina, tus caderas que se mueven al ritmo de la suave brisa, tu cuerpo melodioso, que vibra al roce de mis manos; tú, princesa, me dominas por completo...te quiero, Yuzuko. No encuentro palabras suficientes para expresarte todo lo que me inspiras.

Yuzu cerró los ojos, embriagada de deseo; esas palabras penetraban hondo en su espíritu.

-Vamos a la villa, Mitsu.

-¿Tienes frío?

-No; sólo quiero...-sus ojos brillaban, mientras acariciaba sus piernas.

Cuando llegaron a la casa, se entregaron a la oscuridad de la habitación que presenció su primera vez, y allí se amaron con delirio, porque el mundo que acababan de descubrir era demasiado hermoso, y estaban lejos de saciar sus juveniles apetitos, y eso, aunado al amor que sentían, enardecían sus almas, convirtiéndolas en un solo sueño.

"El fuerte olor a medicamentos era tan penetrante que la niña empezaba a sentirse mareada. A pesar de que no quería dejar solo a su hermano, tuvo que salir un momento al jardín del Hospital, a fin de respirar algo de aire puro.

Estaba cansada. Un dolor persistente atenazaba su pequeña cabeza. Todos los adultos decían que a Watari no le quedaba mucho tiempo de vida, pero ella estaba aferrada a su fe infantil de que muy pronto su querido hermano volvería a casa, y todo sería como antes. En el cuidado y pulcro jardín, habían unas flores preciosas, que emitían un delicioso aroma; decidió armar un pequeño ramillete con las más bonitas para llevarlas al cuarto de Watari y así darle una fragancia distinta al denso olor quirúrgico que flotaba en su atmósfera. Mientras arreglaba las flores, una lágrima se deslizó por sus mejillas. Mamá siempre estaba llorando, y papá casi no hablaba, razón por la cual se sentía muy sola, y como Watari era su único hermano, no tenía a nadie de su edad con quien poder hablar. En ese instante, un lirio blanco apareció ante sus ojos.

-¿Por qué lloras?-dijo una voz -Mira, te regalo una de mis flores para que no te sientas triste"

Misaki abrió los ojos. Otra vez ese sueño. Se levantó de su lujosa cama y se sentó en una butaca que estaba junto a una gran ventana. Había nevado; una delgada capa de nieve cubría la copa de los árboles, y el viento glacial soplaba, dándole la bienvenida a la nueva estación. Un dolor atravesó su cara de extremo a extremo: el golpe que Yuzu le diera el día anterior había provocado una gran inflamación en su labio inferior, y la parte superior de su barbilla estaba negra. El impacto recibido fue tan fuerte,que su cabeza se estrelló contra la pared al caer, y un hematoma añadía más dolor a su cabeza. Mientras se duchaba, negros pensamientos navegaban en las oscuras aguas de su resentido cerebro.

Miró el reloj: 5.30. Tomó un ligerìsimo desayuno, y se vistió con un hermoso vestido blanco, que le daba realce a su perfecta figura y destacaba el color azul eléctrico de sus ojos. Necesitaba verse hermosa ese día, así que peinó su largo cabello castaño claro, adornándolo con una cinta roja. Era algo temprano para ir a la escuela, pero quería estar allí cuanto antes. Su pensamiento no podía apartarse de su objetivo.

Levantarse fue una tarea difícil para Yuzu y Mitsuko esa mañana. Hacía mucho frío, y permanecer abrazadas, calentándose mutuamente con sus cuerpos era muy tentador, pero los deberes del día les esperaban y, con mucho esfuerzo, lograron estar listas a las seis. Mitsuko tenía clase a las seis y media, así que emprendieron el camino, no sin antes espantarse el sueño con sexo matutino.

-Yuzuko -decía Mitsuko, ya en el auto- parece que nos estamos volviendo adictas.

Yuzu puso su mano en la pierna de ella, acariciándola, pensativa.

-Tal vez...pero es tan agradable hacerlo. Me siento tan bien en tus brazos, Mitsu. No sabía que podría sentir tal emoción y éxtasis contigo.-recostó su cabeza en el hombro de Mitsuko- Te amo.

-Yo te amo mucho más, mi princesa.

-Es tan bonito que me llames princesa.

-Eres eso y muchísimo más.- se miraron con ternura. "Dios, cómo la quiero"-Por otra parte, hoy recibiré burlas por parte de mis compañeros de clase al verme llegar con al misma ropa de ayer. No quiero ni imaginar las bromas que harán al respecto.

-Menos mal que mi uniforme es el mismo todos los días y nadie notará que no dormí en casa-dijo Yuzu riendo. Me va a tocar llevar la bufanda puesta durante todo el día, porque tengo al menos dos marcas, producto de tus apasionados besos.

-Me alegra ser mucho más alta que tú, porque tus huellas quedan en mis pechos, o en los hombros, y allí nadie las verá.-comentó Mitsuko, regocijada.

-Las ventajas de parecer una jirafa.

-Ya quisieras poseer mi metro setenta y tres de estatura.-estacionó el coche-Bueno, hemos llegado. Parece que no hay nadie aún.

Mitsuko bajó del auto, y corrió a abrirle la portezuela a Yuzu, dándole la mano como si en verdad Yuzu perteneciera a la nobleza.

-Hemos llegado a destino, princesa.-bromeó Mitsuko.

-Gracias, mi amor.

Aprovechando que no había personal, entraron y se escondieron detrás de una pared, para despedirse con un beso. Se besaron profundamente, de tal modo, que Mitsuko, encendida, metió su mano por debajo de la corta falda de Yuzu.

-Mitsu, espera, puede venir alguien.-murmuró Yuzu, empezando a excitarse.

-Es muy temprano aun; no vendrá nadie. Déjame partir con tus dulces gemidos cantando a mi oído. Lo haré rápido.

Yuzu se sujetó a su cuello, mientras Mitsuko besaba el de ella. Introdujo su mano en las húmedas bragas de su novia, frotando su clítoris con rapidez. Yuzu empezó a gemir suavemente, tensionando las piernas, que temblaban.

-Mitsu...- cerró los ojos, extasiada. Cuando sintió los dedos de ella en su interior, no pudo evitar una fuerte exclamación de tortuoso placer. Mitsuko la besó, moviendo rápidamente su mano en la intimidad de Yuzu, hasta que ésta, escondiendo la cara en el pecho de ella, gimió ahogadamente, arañando la blusa de Mitsuko, llegando al orgasmo con lacerante fuerza. Mitsuko se hincó un momento, y absorbió cada gota de la "erótica miel" del sexo de Yuzu, hasta limpiarla por completo.

-Eso fue rápido, Yuzuko- dijo Mitsuko con adorable malicia.

Jadeante, Yuzu inhalaba bocanadas de aire frío para estabilizar su respiración.

-Mitsu,eso fue delicioso, pero peligroso. Tal vez el miedo a ser descubierta me excitó demasiado.

Mitsuko la besó nuevamente, poseída por el anhelo que sentía por el cuerpo de su diosa.

-¿Volverás a dormir conmigo esta noche? Te deseo tanto, mi amor.

-Quisiera, pero esta noche son los preparativos para lo del Festival Escolar, que empieza mañana, y me quedaré a dormir en la escuela.

-Entonces, vendré cuando terminen mis clases. Tal vez vaya a casa un momento para cambiarme, pero estaré aquí. Me quedaré contigo.

-¿De verdad?

-Sí, princesa.-acarició con avidez las piernas de Yuzu, apretando sus glúteos con voracidad.-Cielos, pasamos la noche en esto, y no se me quita este ardor que siento por tu piel.

Yuzu le tocó los labios con gesto provocativo.

-Yo me siento igual. Bueno, entonces nos vemos por la tarde ¿vale?

-Contaré cada segundo.

Se besaron una vez más.

-Adiós, princesa. Te amo con todo mi corazón- dijo Mitsuko, antes de entrar en el auto y emprender la marcha.

Yuzu contempló el coche hasta que desapareció al doblar la esquina. Una ráfaga helada de viento sopló, haciendo tiritar de frío a Yuzu, por lo que se apresuró a entrar al edificio colegial, pero recibió una sorpresa que la dejó conmocionada, sin habla. Parada junto a un árbol, prácticamente al frente de donde se encontraba hace un momento con Mitsuko, estaba Misaki, mirándola de modo inescrutable. Sin embargo, a pesar de que su rostro se mostraba sereno, en el fondo de sus ojos azules vislumbró un afilado brillo de furia intensa, que contrastaba con la aparente tranquilidad que reflejaban sus músculos faciales.

A pesar de que la odiaba, no logró articular palabra alguna de reproche. Sólo pudo tartamudear, nerviosa por lo que ella haya podido ver:

-¿Desde hace cuánto estás ahí?

Misaki se le acercó un poco más, y Yuzu pudo ver el producto de su golpe la tarde anterior. El labio estaba partido e inflamado, morado hasta la mitad del mentón. De golpe, toda la rabia afluyó a su ser.

-¡Te pregunté que desde hace cuánto estás ahí! ¿Es que no me oíste, zorra? -Gritó, alterada.

Misaki respondió con voz lejana y dura a la vez:

-Lo suficiente como para ver cómo te apareabas como una perra a plena luz del día, y en la misma escuela, sin ningún tipo de escrúpulo. No imaginé que llegaras a tanto.

Yuzu palideció de ira al escuchar aquello.

-Eres la persona más despreciable que he conocido- escupió Yuzu- haces ver el amor como algo sucio. Pero claro, qué puede esperarse de alguien que tiene el alma tan asquerosa como un basurero; el ladrón juzga por su condición, y tú, perra, eres muestra de ello. No sabía que fueras una voyerista, espiando a otras personas. ¿Qué es lo que te propones? Me das asco.

Las manos de Misaki parecieron temblar, pero controló sus emociones rápidamente. Yuzu percibió una leve alteración en su odiada cara, y le dio la impresión de que se le dificultaba respirar. "Vaya, al fin logré alterarla", pensó Yuzu. No obstante, Misaki se ajustó nuevamente su impasible expresión, despojándola de toda emoción; pero el esfuerzo fue demasiado grande; al fin, estalló su ira como una carga de dinamita.

-¡¡La que se comporta como una zorra eres tú, estúpida!! - gritó; tenía el rostro desfigurado por la iracundia;con fuerza descomunal, tomó la mano de Yuzu, y la zarandeó con violencia, lanzàndola contra la pared, haciendo que Yuzu viera estrellas de dolor por el fuerte golpe con que la recibió el duro concreto. Por un instante, su visión se obnubiló, impidiéndole pensar con claridad. Se sacudió, tratando de despejar su mente, y cuando logró percibir la realidad que le rodeaba, vio frente a ella, muy cerca, el rostro de Misaki, que la miraba con su tradicional e impenetrable expresión.

-Eres una maldita. -murmuró Yuzu- mira lo que me has hecho.-Un rastro de sangre corría por su nuca. Se sentía débil, a punto de desmayarse; se zafó de Misaki, e intentó irse, pero trastabilló y cayó en la nieve, manchàndola con pequeñas gotas color rojo carmesí. Misaki se acercó a ella, levantó su cabeza y le dijo cruelmente al oído:

-Esto es lo que se merecen las rameras que pasan la noche fuera de casa para revolcarse como un cerdo en su fango. Y no te quejes por un simple golpe, que ayer me dejaste una buena marca, y no me quejé ni un poco siquiera.

-Suéltame, me repugna que me toques.

-Por ahora, te dejaré ir; pero creo que me pasaré por la cama de tu queridìsima novia. Se ve que es muy buena haciéndolo ¿verdad?

Yuzu intentó levantarse, furiosa al escuchar eso, pero Misaki le haló el cabello por la parte sangrante, lastimàndola. Yuzu gritó de dolor.

-Me haces daño, suéltame, zorra asquerosa. Si tanto me odias, mantén a Mitsuko fuera de esto. Ya acabaste con Mei; no sigas esparciendo maldad a personas que nunca se han metido contigo. Mitsuko jamás caería tan bajo, así que no te refieras a ella con tanta seguridad.

-Eso es lo que tú crees. Aunque apenas tengo 21 años, he tenido muchas amantes, incluso mujeres casadas. Ninguna se ha resistido-puso su rodilla en la espalda de Yuzu, haciendo que ésta sintiera escaso el aire que respiraba-¿Por qué habría de resistirse Mitsuko? Te la quitaré, así como te quité a Mei.-finalizó, enterrando en la nieve el rostro de Yuzu por diez segundos, cuyo rostro quedó púrpura, al borde de la asfixia.

Misaki se levantó. Yuzu, hizo lo mismo,tosiendo y escupiendo nieve. Creyó que moriría. Respirando fuerte,logró decir:

-Eres una porquería de ser humano...-empezó a llorar de rabia- ¿Me quieres matar?¿Qué te he hecho para que me acoses, y me maltrates? ¡Te odio, maldita!

Misaki la contempló un momento; sus ojos de hielo parecieron temblar, pero fue algo casi imperceptible.

-Idiota.-se burló de Yuzu, y con una siniestra carcajada, se alejó de allí, pues las estudiantes habían empezado a llegar. En su mente quedó grabada la expresión de rencor, y las lágrimas de ira que surcaban la cara de Yuzu. "Tal vez se me pasó la mano"-pensó-"Pero ella tiene la culpa...si tan sólo yo hubiera hubiera podido..."-lanzó un puñetazo al aire, farfullando:

-¡Maldita sea!

Yuzu se había ido a la enfermería. Se limpió ella misma la herida, y se puso un apósito; luego se tomó un analgésico para evitar el dolor de cabeza; también buscó un uniforme extra en su casillero, porque el que tenía puesto se había manchado de sangre, y después se dirigió al aula de clase, deprimida. Había estado tan feliz, y esa alegría se opacò con el reciente incidente. ¿Por qué Misaki la perseguía y se metía en su vida? ¿Qué buscaba? Se sentó en su pupitre, mirando por al ventana los finos copos de nieve caer con monotonía. En eso, un porrazo dado por la espalda con un maletín escolar le hizo creer, por un instante, que Misaki había venido. Furiosa, se levantó, gritando:

-¡Ya déjame en paz, zorra!-pero cuando vio el sorprendido rostro de Harumin, exclamó consternada:-¡Haru, lo siento mucho, pensé que eras otra persona!

Harumin observó la palidez que acusaba al rostro de Yuzu.

-Buenos días, Yuzuchi. ¿Quién pensaste que era? No tienes buena cara.

-Me duele la cabeza, pero no es gran cosa.-iba a decirle sobre el enfrentamiento que tuvo con Misaki, pero le dio algo de temor- Pensaba en Misaki y su cara de perra, y cuando me golpeaste, tuve un extraño lapsus, creyendo que era ella.

Harumin sonrió.

-No deberías pensar en esa imbécil, teniendo a Mitsuko para ocupar tu mente. Además- añadió, pasàndole el brazo por el hombro, y guiñándole el ojo con picardìa- ayer Mitsuko no regresó a casa. Se me hace que hicieron algún nidito de amor, para quererse, amarse y lo que sabemos.

El rostro de Yuzu se puso encarnado, avergonzada.

-No digas esas cosas, es penoso.

-Si es por mí, no te preocupes. Ayer me lo pasé en grande con Matsuri; incluso durmió en mi casa, y no te imaginas cuánto me hizo reír. Es una pilluela.

-Sí, pero es una pilluela adorable. Me alegra que se hayan hecho amigas.

Harumin miró a Yuzu detenidamente; algo la preocupaba, pues ese brillo de inseguridad titilaba en sus hermosas lunas color jade.

-Yuzuchi,¿peleaste con Mitsuko? Te ves... no sé... ¿triste? -Miró la herida-¿Qué te pasó en al cabeza?

Yuzu no quería que Misaki también al emprendiera con Haru, pues conociendo a esta última, sabía que iría a reclamarle, así que prefirió guardarse su preocupación.

-No, con Mitsuko estoy de maravilla. Tal vez me ves asá precisamente por este golpe que me hice; resbalé por culpa de la nieve y ahí tienes el resultado.

-Ten cuidado, Yuzuchi, no quier que dejes viuda a Mitsuko tan rápido.

Ambas rieron con la broma, pero para Yuzu fue una broma a medias; estaba atemorizada. Le pareció ver en Misaki una rabia asesina, y no sabía a qué atenerse con su extraña actitud.

Al poco rato llegó Mei, quien no se veía tan mal como el día anterior. Parecía emanar un aire de triste resignación y, de vez en cuando, miraba a Yuzu con resplandores cargados de amor, que hacían a Yuzu palpitar su corazón como en los viejos tiempos. La amaba aún, de eso no había duda.

A la hora del almuerzo, Mei se acercó a Yuzu antes de que ésta se fuera con Harumin. Le preguntó, como quien espera una negativa, pero con la débil esperanza de recibir un sí:

-Yuzu,¿podemos almorzar juntas hoy?

Yuzu quiso evadirla.

-¿No tienes que hacer tu inspección de rutina?

-Hoy ni siquiera he ido a la sala del Consejo. Le pedí a Himeko y a Maruta que se hicieran cargo, porque no tengo mente para nada.

-Bueno.-Yuzu, aunque había decidido ignorarla para evitar situaciones incómodas, no pudo negarse a esos ojos apagados, y a esa voz casi suplicante.-Haru, voy a almorzar con Mei, así que hablamos luego.

De mala gana, Harumin accedió.

-De acuerdo, pero-dijo mirando con ceño a Mei- que no se vuelva una costumbre.

Mei no contestó; estaba algo contenta de que Yuzu no hubiera rechazado su invitación.

-¿Dónde quieres almorzar, Mei?

-¿Qué te parece si vamos a la azotea?

Harumin la vio alejarse algo recelosa. No le gustaba que Mei hablara demasiado con Yuzu. Sabía que el amor no muere de buenas a primeras, y la cercanía entre ambas debía evitarse; pero entendía a Yuzu. Ellas convivían como familia y, al menos, debían ser amigas.

Ya instaladas, Mei y Yuzu almorzaban juntas, pero había un muro casi infranqueable que impedía el surgir de una conversación fluida y libre de prejuicios. Sin embargo, Mei quería romper ese hielo que había entre ambas. Tenía en su corazón muchas cosas que decirle a Yuzu, y esa era su oportunidad de oro.

-Yuzu- empezó, tratando de no ejercer presión en ella-¿Cómo estás? ¿Te está yendo bien?

-Sí, estoy bien. Soy feliz, Mei.

-Me alegra saber que eres feliz. Al menos, sé que ella no te niega todo lo que yo una vez te negué. Perdóname, Yuzu.-dijo Mei con tristeza- Debiste haber sufrido mucho pensando en esa escena horrible que te tocó presenciar. Yo...no tengo excusas. Sólo quiero que me perdones.

El tono y la expresión de Mei eran sinceros, y Yuzu se sintió repentinamente conmovida. Mei la amaba. Pero ya era tarde.

-Me duele recordar lo que hiciste, y sé que te dije cosas crueles muchas veces, pero yo no te odio; estoy lejos de sentir aversión hacia ti, pero quiero ser sincera contigo: me he enamorado de Mitsuko; supongo que ya sabes que salgo con ella. La amo, y soy feliz cuando estoy a su lado.

Mei suspiró tristemente.

-Eso se nota ya. El que pases la noche fuera de casa lo dice todo. Yo misma me encargué de alejarte, así que no te culpo. No entiendo por qué Misaki te envió ese video. Yo...tal vez habría reaccionado igual que tú. Me duele pensar en lo que sufriste al verlo.-su voz tembló- A veces pienso que ella ya venía con un plan trazado de antemano, porque lo grabó sin que yo me diera cuenta, sólo para enviártelo a ti. No lo entiendo, ella ni siquiera te conocía.

-Ella me odia. Pensé que era porque tú le interesabas, pero ayer me di cuenta que no es así. Mei- dijo, mirándola a los ojos con una sombra de miedo en ellos- ella me acecha, parece como si no quisiera verme feliz. Hoy...-se detuvo. No quería que Mei recibiera más daño de esa persona; era suficiente con haberlas separado.

-¿Qué ibas a decirme?

-Nada, olvídalo. Deseo verte feliz. No llores más por mí.

Mei lloraba. La quería tanto, que era difícil cerrar ese amor.

-No sé si pueda amar de nuevo. He comprendido que amarte implica querer tu felicidad. Es mucho mejor hablar de amor, o de rosas, perfumes y flores, que de odio, venganza o desdenes; no sabes cuanto le temo a la tristeza que siento al saber que te has ido de mi lado, y a veces deseo una choza en un lugar lejano, para pasar este mal rato, y así nadie pueda ver la pena de mi corazón enamorado.

-Mei, me duelen tus ansias de amor, me duelen como si fueran mías , pero más me duele verte llena de amor con tus manos vacías. Siento tanto que nos hayamos separado, en verdad lo lamento, porque yo te sigo amando, y lo sabes. Pero también amo a Mitsuko. He vivido cosas hermosas a su lado, he sido, y soy muy, muy feliz con ella.

-Es difícil dejarte ir, Yuzu. Pero no quiero ser egoísta, y verte marchar será como derrotar ese egoísmo que perturba mi vida, y eso me enseñará a valorar el deber en que se constituye creer en la persona que amo. Yo no puedo detenerte...en otras tierras ilusiones crecerán para ti, porque las que tenías conmigo ya no se podrán realizar; no podré vivir los sueños que tenía contigo, así que tendré que olvidarte, pero eso es imposible para mí.

Sin poder evitarlo, Yuzu atrajo la cabeza de Mei hacia su pecho, acariciando su cabellera de ébano, procurando consolarla.

-Mei, tú eres fuerte. Viviste sola mucho tiempo, y lograste salir adelante. Ahora no estás sola; está mamá, papá, y también me tienes a mí.

-No, a ti no te tengo.-adujo Mei, abrazándola- tenerte, significaría para mí que cantaras a la brisa el poema de mi vida, que enriquecieras mi alma con tu sonrisa; y que jamás olvides ese momento feliz en que te conocí. No lo sabía en ese momento, pero estuve esperando mil años por ti. Has dejado en mi amor tantas ausencias, que no creo que pueda llenarlas nunca, y sé que me quedaré vagando en el olvido, como el eco fugaz de las promesas que un día nos hicimos.-al decir esto, le mostró el anillo que una vez le diera-¿Recuerdas, Yuzu? ¿Cuando te dije que podías quedarte a mi lado para siempre?

-No, Mei- Yuzu no pudo contener un par de lágrimas -no miremos atrás. Hace demasiado daño.

Mei lloraba en silencio, mojando su camisa. Todo el rencor que la había acompañado desde que la vio en brazos de Misaki desapareció, y jamás volvería. La perdonó desde el momento en que descubrió que Misaki le tendió una trampa a ambas, dejando una estela de sufrimiento en el camino que con tanto esfuerzo habían labrado. Ahora quería hacer lo mismo con Mitsuko, y eso la llenaba de temor, no porque desconfiara de su novia, sino porque no sabía a qué artimaña podría recurrir la perversidad para lograr su objetivo.

-Mei, tu tristeza me parte el alma. No llores, te lo pido.

Mei lo intentó, pero no podía dejar de llorar. Casi sin ser consciente de ello, Yuzu le levantó el rostro, y estuvo a punto de besarla, pero su amor por Mitsuko la detuvo a tiempo. En su lugar, besó dulcemente su frente.

-No me gusta verte triste. Sonríe. Hazlo por mí.

Estas palabras hicieron que Mei se calmara. Nunca había sonreído para Yuzu. Por eso, la miró con ternura y sonrió con el corazón en su rostro, asemejándose a esos días de lluvia en que un rayo de sol provoca un bello arcoìris . El pecho de Yuzu palpitó con tanta fuerza, que casi se tira encima de ella para llenarla de besos y caricias. Temblando como los pétalos de una flor agitados por el viento, se levantó rápidamente, haciendo un sobrehumano esfuerzo por contenerse.

-Vamos, Mei, hace un rato sonó el timbre.-"Dios, eso estuvo cerca.-pensó- Debo evitar quedarme a solas con ella tanto tiempo, por lo menos hasta que lo que siento por ella se apague un poco"

Mei también se puso de pie, abrazando a Yuzu nuevamente.

-Mi querida Yuzu, yo siempre te estaré esperando. Mi vida entera te esperaré, si es necesario.

Las labores académicas tradicionales habían llegado a su fin más temprano que de costumbre; todas las estudiantes se fueron a sus respectivos clubes para hacer los preparativos pertinentes para el Festival Escolar. Por dos días, habrían aires distintos en la Academia. Un grupo programó un café, otro la infaltable casa embrujada, obras de teatro, monólogos, etc. Yuzu ensayó con su grupo desde las dos hasta las cuatro,y a partir de las seis elaborarían algunos accesorios relacionados con al presentación, que sería La Pastoral de Bethoveen. El plan era hacer un escenario salpicado de evocaciones campesinas, tales como flores, arboles, y algunas ovejas hechas de felpa. Mitsuko llamó a Yuzu para decirle que llegaría a las cinco, más o menos. Trabajarían desde las seis y media hasta terminar el trabajo, lo cual podría tomar mucho tiempo, así que muchos se quedarían a dormir, y como las actividades del Festival iniciarían a las diez, todas tendrían tiempo de ir a sus casas para cambiarse.

Mientras en la escuela se llevaban a cabo las mencionadas cuestiones, Mitsuko ya iba camino a la Academia. Había hecho una alto en su departamento para darse un baño y vestirse como a su princesa le gustaba: se puso un juvenil pantalón de algodón, y un suéter verde algo escotado. Se acomodó el mechón rojizo de manera que destacara aún más. Ese cambio sorprendería a las alumnas que la conocían, pero ni modo.

Cuando hubo estacionado el coche en el parqueadero de la escuela, se dispuso a llamar a Yuzu para preguntarle dónde se encontraba, pero se vio interrumpida por la presencia inesperada de Misaki Okazaki, quien al verla, se acercó a ella con aparente cordialidad.

-¡Hola, Mitsuko! Tiempo sin hablar ¿eh?

-¿Qué haces aquí? -Preguntó con acritud; era el colmo que esa mujer estuviera esperándola.

-Oye, no deberías hablarle así a una vieja conocida. Parece que te han dado malas referencias, y puedo imaginar quién.

Mitsuko no le respondió; la rodeó para pasarla de largo, pero Misaki la detuvo.

-Aguarda. ¿Por qué tanta prisa? Quisiera hablar contigo.

-Pues yo no tengo ningún interés en escucharte; Sé lo que eres capaz de hacer. Me diste problemas en la secundaria y, al parecer, no has cambiado. Ahora, dispènsame, tengo afán.

-¿Y si lo que te tengo que decir tiene relación con Yuzu?

Mitsuko se paró en seco. Giró la cabeza y le dijo, tratando de calmar el enojo que estaba empezando a sentir.

-Deja en paz a Yuzu o...

-¿O qué? ¿Me vas a acusar con mis padres? ¿O me darás una paliza?

-No sé por qué la odias tanto. Déjala tranquila.

-Quiero mostrarte algo que despejará todas tus dudas.

Mitsuko dudó un momento. Recordó que Yuzu le pidió no intervenir, ni hablar con ella, pero quería saber el motivo de tanta persecución. Así que accedió.

-Está bien. Pero no quieras pasarte de lista conmigo.

Misaki se dio vuelta, y sonrió malignamente.

Yuzu miró la hora. Mitsuko no tardaría en llegar. Decidió salir a recibirla, para al mismo tiempo respirar algo de aire fresco. Tenía los pulmones cansados por el ensayo, y estaban pintando el escenario, asì que el aire estaba saturado de los químicos del barniz empleado para tal oficio.

Cuando salía, escuchó a algunas alumnas murmurar.

-¿Viste a la señorita Mitsuko?

-¿La famosa presidenta que trató con mano de hierro a la escuela durante tres años?

-¡Esa misma! Si la hubieras visto! Hasta el cabello lo trae teñido.

-¿En serio? Yo creo que se ha enamorado y por eso ha cambiado.

-Quien lo diría. Me dijeron las de tercero que casi ni las dejaba respirar. Si hasta ella sucumbió, aún hay esperanza para este mundo.

Yuzu escuchaba todo esto con una sonrisa. Pero se desvaneció cuando escuchó algo más.

-¿Dónde la viste? Quisiera echarle un vistazo.

-La vi con la señorita Okazaki. Creo que iban a la sala de juntas.

El semblante de Yuzu se puso como la cera, y el corazón pugnaba por salir del pecho. Su celular timbró.

Era un mensaje.

Tres segundos después , corría como una loca, con el rostro congestionado por la rabia, el miedo y la incertidumbre. Cuando llegó a la sala de juntas, casi no podía abrir la puerta por el horrible temblor de sus manos, pero consiguió hacerlo, casi a punto de colapsar.

Misaki tenga acorralada Mitsuko, quien estaba semidesnuda. La tenía sujeta con fuerza contra la pared; con una mano sostenía su cara, y con la otra su cintura, y sus piernas aprisionaban las de Mitsuko en una especie de llave que le impedía cualquier movimiento. La besaba como una salvaje. La sala tenía signos de violencia reciente, pero Yuzu no vio nada de eso; sólo veía una cuasi repetición de su primera tragedia, y Misaki, al percatarse de su presencia, dejó libre a Mitsuko, quien vio horrorizada la expresión de indecible angustia que acuciaba el rostro de Yuzu..

-¡Yuzuko, no es lo que piensas! ¡Por favor, no creas a lo primero que ven tus ojos!

Pero Yuzu dio media vuelta, llorando, no sin antes gritar:

-¡Te odio, maldita Misaki! ¡Ojalá te pudras en el infierno!

Mitsuko se puso la blusa, que estaba algo rasgada, y salió tras ella.

Sonriendo, con sus ojos resplandecientes por un júbilo perverso, Misaki murmuró:

-Misión cumplida, querida Yuzu.