ENTRE TRISTEZAS Y CANCIONES

Yuzu, con el pecho henchido de amargura, salió por la parte de atrás de la escuela. Mitsuko, desesperada, la seguía, tratando de no llamar demasiado la atención de las estudiantes. Cuando estuvo fuera, gritó, en un supremo paroxismo de miedo por lo que Yuzu estaría pensando:

-¡Yuzuko, princesa, espera!

Pero Yuzu corría, mientras las lágrimas surcaban su cara. Tropezó, se levantó, volvió a tropezar; Mitsuko llegó al lado de ella, e intentó abrazarla, a lo que Yuzu respondió, empujándola débilmente:

-Déjame sola...no quiero hablar contigo. ¡TE DIJE QUE NO HABLARAS CON ELLA! ¿Por qué lo hiciste?

-Mi amor- respondió Mitsuko con el rostro desencajado por el terror-ella me estaba esperando en el parqueadero y...

-No tengo ánimos para escucharte ahora- Yuzu adquirió un tono lejano y frío, a pesar de que lloraba-Me voy a casa.-Se levantó, dándole la espalda a Mitsuko.

-¡Espera, déjame contarte lo que ocurrió! No puedes irte, y dejar trabajar tu mente con falsas especulaciones. Yo te amo, Yuzuko, para mí no hay nadie más aparte de ti; no me dejes así. Hablemos.-Intentó tomar su mano, pero Yuzu no se lo permitió.

-¡Te dije que que no quiero hablar ahora! ¿No lo entiendes?-De la tristeza, Yuzu pasó al enojo. Miraba a Mitsuko con ojos vidriosos, fríos.-De todas las perras que habitan este mundo, tuviste que dejarte engatusar de la más hija de puta.

Mitsuko no podía creer que su amada la estuviera tratando con tanta frialdad. No era muy dada a llorar, pero eso le dolió tanto, que sus ojos se humedecieron de pena.

-Princesa, yo te amo más que a mi vida. No pienses mal de mí; no te imaginas cuánto me hiere que me hables así.

-Ya basta- Yuzu se había enfadado- Me recuerdas a Mei cuando trataba de dar excusas baratas a su comportamiento, actuando como santa, como si yo fuera una idiota que se come el primer cuento que le dicen.

Mitsuko abrazó a Yuzu, tratando de retenerla. Empezaron forcejear, la una para soltarse, y la otra para detenerla.

-¡Déjame!

-¡No, Yuzu, no quiero una repetición de lo que viviste con Mei! Mi vida-la voz de Mitsuko se quebró-vamos a hablar, te lo ruego.

Yuzu sintió que algo humedecía su hombro. Eran lágrimas. Su corazón se contristó, porque Mitsuko no era de las que lloraban, por muy mal que las cosas fuesen. Ella era como un baluarte al que uno podía sujetarse sin miedo a caer, por muy fuerte que fuera el viento. Pero, como le pasó una vez con Mei, recordarla con Misaki la endureció de nuevo. Hizo acopio de fuerzas, y la empujó, logrando soltarse.

-¡Basta! No hagas que te diga cosas crueles. No tienes idea de lo hiriente que puedo llegar a ser.- después, emprendió la carrera nuevamente, sin mirar atrás.

Mitsuko se quedó allí, con la mano extendida, sujetando el aire. Empezó a estremecerse, llevándose las manos a la cabeza. Se sentó en una banca que había por allí, sin saber qué hacer. La idea de perder a Yuzu la llenaba de pavor, tristeza y desolación. Sabía perfectamente que Yuzu, por mucho que la quisiera, si estaba convencida de que la había engañado deliberadamente, nunca volvería con ella. Y ahí estaba Mei como prueba. Silenciosas lágrimas corrían por sus mejillas, mientras mecía su cuerpo, que tiritaba de frío, un frío espiritual y físico.

-Yuzu, mi amor, apenas estábamos empezando . ¿Ya el sueño llegó a su fin?-murmuró, angustiada.

Una mano de puso sobre su hombro. Creyendo que era Yuzu, se levantó de un brinco.

-Yuzuko...-pero la persona que estaba frente a sus ojos era la que había sido su compañera en el Consejo Estudiantil en su último año de preparatoria.

-¿Maruta? ¿Qué haces aquí?

Algo incómoda, Maruta desvió la vista. Acostumbraba a no irse por las ramas a la hora de decir algo.

-Te vi correr detrás de Yuzu. Me pareció increíble verte persiguiendo a alguien de esa forma, tan desesperadamente. Me arrepiento de haberlas seguido, porque presencié algo que no debía.

-¿Escuchaste todo?

-Sí. Me sorprende que estés saliendo con ella. Con razón Mei anda tan triste. Y me sorprende mucho más ver el cambio extremo al que has sometido a toda tu persona, el cual, estoy segura , tiene una razón con nombre propio: Yuzu Aihara. ¿Me equivoco?

Mitsuko no respondió; Giró la cabeza, secando la humedad que anegaba su rostro, y que delataba su estado de ánimo. Ciertamente, de esa Mitsuko recia, implacable a la hora de administrar disciplina, autoritaria y llena de energía, no había mucho. Sólo podía verse a una muchacha de diecinueve años, enamorada y atribulada.

-¿Estás decepcionada? -preguntó Mitsuko con desgana.

La expresión de Maruta estaba seria, y denotaba desaprobación. De pronto, su sonrisa enigmática salió a flote, dejando desconcertada a Mitsuko.

-Estás equivocada. Me alegra que hayas eliminado esa etiqueta de madurez prematura que te habías auto-impuesto. Nunca viviste tu adolescencia como era debido, y verte así, con ese mechón de cabello tan bonito teñido de rojo, y tu ropa, acorde a tu edad, me alivia. Lo que no me alegra es que estés tan triste. No sabía que fueras tan sensible.

Mitsuko sabía que Maruta era muy observadora, pero siempre pensó que ella estaba de acuerdo con su manera drástica de llevar las cosas; sin embargo, saber que no la juzgaba sino que, por el contrario, la apoyaba, le sorprendió un poco. Maruta había sido su única amiga en el Instituto.

-Gracias por no criticarme.

-Ya te lo dije: me alegra que hayas cambiado.

De los ojos de Mitsuko cayeron más lágrimas.

-Era feliz con todo esto, Maruta. Pero el motivo de todos estos cambios está a punto de dejarme.

-Me pregunto qué tiene Yuzu para volver loca de esa manera a las mujeres.

-¿Por qué lo dices?

-¿No es obvio? Ayer Mei divagaba acerca de la muerte, y yo sé que era debido a Yuzu; Harumin parece comérsela con la mirada, a esa tal Matsuri se le nota que la ama, y mírate a ti misma. Hasta la señorita Okazaki parece que está interesada en ella.

Mitsuko abrió mucho los ojos cuando Maruta hizo la última apreciación.

-¿Misaki? ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

-Mitsuko, sabes que yo observo a las personas, y descubro cosas que otros, a simple vista, jamás notarían. La primera vez que la señorita Misaki vino a la escuela, pude ver cómo miraba a Yuzu. Aparentemente, tenía toda su atención puesta en Mei, pero sólo era un señuelo. Fue sólo un momento, pero la miró con...cómo decirlo...con ansias; sus ojos brillaban, pero no sabría decirte si era una ansiedad de simpatía o de aversión. Y con esta segunda visita, la cosa es más evidente. Por lo menos dos veces la he visto llegar disimuladamente al aula que le corresponde a Yuzu, para dedicarse a espiarla, con esa misma expresión de incomprensible ansiedad . Se me hizo raro, porque Yuzu y ella no se conocen. Al menos, eso creo.

Mitsuko quedó impresionada con lo que acababa de escuchar. ¿Por qué Misaki acechaba a Yuzu? Esa y cien preguntas más se agolparon en su mente. Comprendió a medias la actitud de Misaki en la sala de juntas, tan decidida a seducirla. No era por Mei, ni por ella: su objetivo real era Yuzu.

-Maruta, Misaki es la culpable de la ruptura entre Mei y Yuzu, y está a punto de suceder lo mismo conmigo. Yuzu sufrió mucho al dejar a Mei, por eso no quiere escucharme. Pero con lo que me acabas de decir, puedo tratar de convencerla de que me escuche.

Maruta suspiró. Se levantó, dando por terminada la conversación.

-Tengo que irme. Mei y Himeko me necesitan, pero verte animada me llena de tranquilidad. Cuando te vi tan desesperada, me afligí enormemente. Yo te estimo mucho, Mitsuko. Ojalá puedas resolver tu problema con Yuzu; y trata de no olvidar a tu amiga de preparatoria. Ni una llamada o saludo he recibido de tu parte.

- No pienses eso. He estado ocupada con la universidad, y sólo ahora es que me estoy tomando tiempo para mí misma; sabes que es así. Te doy las gracias, Maruta. Agradezco tu amistad. Yo también te quiero mucho porque, de no ser por ti, mi último año de preparatoria habría sido muy solitario.

-Es un placer ser tu amiga.-Maruta sonrió, otra vez con ese aire enigmático-¿ Sabes, Mitsuko? Yo siempre te he amado. Me alegra que hayas encontrado a alguien a quien amar, y por quien luchar. Suerte con eso.-Y, con mucha tranquilidad, se alejó.

Mitsuko quedó anonadada.

-¡Maruta, espera! -ésta se detuvo, sin mirar atrás-¿Por qué me lo dices hasta ahora?

-Pensé que me rechazarías. Disculpa, tengo que irme.-Maruta aceleró hasta perderse.

Mitsuko quedó noqueada emocionalmente. Nunca se le pasó por la mente que Maruta sintiese algo por ella. Cierto que habían compartido mucho juntas. Habían días que permanecían horas y horas encerradas en la sala del consejo, y muchas veces las sorprendía la madrugada llenando papeles. Pensó que, si Maruta le hubiese dicho algo en ese entonces, tal vez habría aceptado, porque en verdad estimaba a Maruta. Recordó el día que se graduó: Maruta la miró de forma extraña, y le dijo que estudiaría mucho para ir a la misma universidad que ella. Si se lo hubiese dicho antes...Pero ya era tarde para las dos, y no había nada que pudiera hacer.

No sabía cómo le iba a hacer para que Yuzu le diera la oportunidad de explicarse. Tenía ganas de ir a partirle la cara Misaki, pero sólo armaría un escándalo; además, esa mujer no lo valía. Decidida, emprendió el camino a casa de Yuzu para tratar de arreglar lo que estaba a punto de desmoronarse.

Cuando llegó a casa de los Aihara, cruzó los dedos. Esperaba que Yuzu se encontrase allí, un poco más calmada y dispuesta a hablar. Tocó el timbre. A los diez segundos, abrió la madre de Yuzu, a quien no conocía.

-¡Hola!- saludó la señora Aihara-¿Eres amiga de Yuzu?

Aturdida y avergonzada, Mitsuko balbució una respuesta afirmativa.

-Algo así. ¿Cómo lo supo?

-Yuzu llegó hace un rato. La vi preocupada y triste. Aunque intenté sacarle algo, se encerró en su cuarto, diciendo que no se sentía bien. El que estés aquí me hace pensar que la actitud de Yuzu se debe a algún tipo de situación relacionada contigo; tu cara habla más que docenas de palabras.

-Siento ser una molestia. No fue mi intención entristecer a Yuzu; se trata de un malentendido y quiero solucionarlo.

-Las amigas discuten de vez en cuando-dijo la señora Ume, lanzando a Mitsuko una mirada inteligente-Sigue, te dejaré a solas con ella. Iré a la lavandería a buscar un encargo, así no te sentirás cohibida por mi presencia.

-Gracias, señora. Es usted una gran madre.-Mitsuko creyó ver total comprensión en ella.

Cuando quedó sola, se dirigió a la habitación que le señalara la madre de Yuzu. Permaneció un momento parada frente a la puerta, sin saber cómo dirigirse a Yuzu sin ser rechazada. ¡Tenía tantas ganas de abrazarla! Tocó la puerta resueltamente, sin recibir respuesta. Siguió tocando, hasta que Yuzu se levantó, y abrió.

-¡Mamá, quiero estar...-su voz se perdió al ver a allí a Mitsuko, que la miraba contrita. Trató de cerrarle la puerta en las narices, pero Mitsuko fue rápida, e interpuso su brazo para evitar que se encerrara nuevamente, y entró. Inmediatamente, se arrojó a los brazos de Yuzu.

-¡Suéltame! ¿Qué haces aquí? -Exclamó Yuzu, apartándose de Mitsuko.-¡Te dije que no quería escuchar mentiras! Suficientes mentiras he tenido hasta ahora, como para que me obligues a tragarme otras tantas.

-Princesa, no voy a mentirte. Jamás lo haría. -Mitsuko se aferró al cuerpo de Yuzu, negándose a soltarlo, cayendo ambas a la cama en medio del forcejeo.

-¡No me toques!-gritó Yuzu cuando Mitsuko intentó besarla- ¡No después de haber besado a la perra esa!

-¿Crees que yo la besé? ¡Ella me forzó a hacerlo! Esa maldita tiene una fuerza endemoniada, y no pude zafarme de ella. Créeme, te lo ruego.

Yuzu había dejado de luchar. Mitsuko permaneció encima de ella, abrazándola desesperadamente.

-No puedo creerte.-Yuzu empezó a llorar-Si hubiese llegado unos minutos más tarde, te habría encontrado en la misma situación en que descubrí a Mei.

-¿Ella te mandó un mensaje, verdad? Lo hizo para que nos vieras en esa situación. Ella quiere separarte de mí, así como lo hizo con Mei. Por Dios, Yuzu, no dejes que se salga con la suya.

Pero Yuzu, terca, se negaba a creer lo que Mitsuko le decía.

-¿Por qué tuviste que seguirla? Te dije que no le hablaras , pero mis opiniones en las cuestiones importantes parece que son un cero a la izquierda para ti.

-Si hay algo de lo que en verdad me arrepiento es de haber caído en su trampa. Yuzuko, ella me estaba esperando en el parqueadero de la escuela y me mintió alegando que me mostraría las razones por las que no se las lleva contigo. Cuando llegamos a la sala de juntas...

"-Mitsuko, en realidad no tengo nada que mostrarte. Sólo tengo algo de curiosidad. Dime,¿Por qué sales con una chica tan insulsa como Aihara Yuzu?

-¿A qué viene tu cuestionamiento? Yo salgo con quien me dé la gana, y no tengo que pedirle permiso a nadie, mucho menos a ti.

-¡No, si no te lo digo por malo! Es sólo que-se acercó a ella, rodeándola con sus brazos- yo puedo satisfacer mejor tus necesidades que esa mocosa.- No pierdas el tiempo con ella, pudiendo conseguir cosas mucho mejores.

-No me digas-respondió Mitsuko con ironía- y supongo que con "mucho mejores" te refieres a ti. Si a eso me trajiste aquí, pierdes tu tiempo. Me largo, Yuzu me está esperando.

-No será tan sencillo-la mano de Misaki se convirtió en un grillete que aprisonò la mano de Mitsuko con fuerza hercúlea.-A mí nadie me rechaza.

-¿Vas a obligarme? ¡Suelta mi mano, que me lastimas!

El rostro de Misaki se transfiguró; ya no era seductor ni dulce, sino que una sombra de perfidia sin límites se posesionó de él y, con determinación y fuerza bruta le rasgó la blusa, quitàndosela. Mitsuko quiso huir para evitar un enfrentamiento físico con "la loca", pero ésta la alcanzó antes de que pudiera abrir la puerta; lucharon un momento, volviendo un caos la sala al volcar algunas sillas y desparramar libros y papeles por el suelo. Mitsuko luchó por liberarse; no obstante, la fuerza de Misaki era descomunal: la arrinconó y, sujetando su cara, a la vez que inmovilizaba sus piernas con las suyas, empezó a besarla. Totalmente asqueada, Mitsuko le mordió con fuerza el labio, lastimàndole la partidura que Yuzu le había hecho el día anterior. Misaki aulló de dolor.

-¡Maldita, me las vas a pagar!-sacó el celular con maña, a fin de no permitir que Mitsuko se le escapase, y envió un mensaje que ya tenía previamente escrito al móvil de Yuzu.; sonrió como una lunática, soltando después una carcajada que heló a Mitsuko-¡Vamos a ver qué dice tu novia cuando nos vea en esta situación comprometedora!

-¡No te atrevas, malnacida!-Mitsuko redobló sus esfuerzos por quitársela de encima, pero ella le agarró el mentón con brutalidad, besándola bestialmente, hasta el momento en que la puerta se abrió de par en par, dejando ver a una impactada Yuzu observándolas con rabia y dolor."

-Yuzu, te juro por mi amor que eso fue lo que pasó.

Inmóvil, Yuzu escuchó la versión de los hechos que Mitsuko, respirando sobre su cuello, le narró en voz baja.

-Me crees ¿verdad?-Preguntó Mitsuko al ver que Yuzu no decía nada.

-Déjame sola.

Mitsuko miró los ojos verdes de Yuzu. Parecían dos pedazos de hielo.

-A veces puedes llegar a ser tan obstinada, Yuzuko. Tengo ganas de llorar. Yo te amo, princesa, no te he fallado, ni lo haría jamás.-dos lágrimas cayeron en el rostro de Yuzu- Sabes muy bien que eres mi primer amor, y lo único que he hecho es llenar tu corazón con caricias, eres lo más bello y lindo que le ha sucedido a mi vida. En mi mente aún vive ese primer beso, que nació de un corazón sin palabras, y jamás olvidaré ese instante tan bello cuando la hora del amor nos llegaba... fuimos tan felices en ese momento. No temas a mi amor, tú sabes bien que no podría vivir sin ti, mi princesa; mi corazón está tan lleno de ti, que la emoción ya no me deja expresar mis sentimientos, y sólo saber que estás tan cerca de mí, me acomete el deseo de besarte y mostrarte mi amor, porque te has constituido en mi estrella, en mi pasión; te quiero, te quiero, Yuzu, sabes que te quiero sólo a ti.

El corazón de Yuzu palpitó; podía sentir la angustia y el amor de Mitsuko. Sin embargo, un momento parecido lo había vivido con Mei sólo tres días atrás, y los recientes encuentros con Misaki la habían insensibilizado, y aunque sabía que Mitsuko no merecía el más mínimo reproche, no pudo evitar herirla, así como ella se había sentido herida cuando la vio con Misaki. Cuando Mitsuko acercó sus labios para besarla, le dijo fríamente:

-Te pido el favor que te me quites de encima. Esta es la cama que comparto con Mei, y no quiero que eso se manche.

Dolida, Mitsuko se incorporó.

-¿Me estás diciendo que voy a manchar tu lecho de amor con mis sucias caricias?

Yuzu no respondió. Secándose la cara, Mitsuko salió del cuarto, con el corazón hecho pedazos.

Cuando se hubo marchado, Yuzu se estremeció. Empezó a recordar lo buena que había sido Mitsuko con ella, lo que habían compartido juntas, y una intensa tristeza llenó su alma. Se tapó de pies a cabeza, llorando.

Entre tanto, Harumin estaba preocupada. Se suponía que Yuzu y Mitsuko ayudarían con los preparativos del Festival. Recorrió la escuela para ver si se habían quedado tonteando por ahí, pero su búsqueda fue infructuosa. Mei, que también estaba extrañada con la ausencia de Yuzu, se acercó a Harumin a indagar acerca de su paradero.

-Taniguchi, ¿Sabes dónde se encuentra Yuzu?

-La estoy buscando, pero no he podido dar con ella. Iba a preguntarte si tal vez se habría ido a su casa.

-Ella estaba muy entusiasmada con lo de la presentación, y quería quedarse a dormir hoy. No entiendo por qué no está aquí.

En eso, Matsuri llegó, saludando a Harumin con un cálido abrazo, e ignorando a Mei.

-¡Ya llegué, querida Harumin! Te prometí acompañarte esta noche y aquí me tienes.

-También me da gusto verte, Matsuri.-comentó Mei sarcásticamente.

La interpelada no se dio por aludida; sólo lanzó una risita burlona, diciendo mordazmente:

-Me pareció escuchar ladrar a un perro, pero creo que fue sólo mi imaginación.

Harumin no pudo contener la risa, la cual cortó bruscamente al ver la agria expresión de Mei.

-Mei, por favor, disculpa a Matsuri, ya sabes cómo es.

-No necesito sus disculpas. Ya se me hacía extraño que me hablaras tan cordialmente, y de Misazawa no esperaba gran cosa.

-Siempre tan huraña y malhumorada-dijo Matsuri, riéndose abiertamente de ella-no aguantas una broma. La verdad, ya no estoy enojada contigo por hacer sufrir a mi Yuzu; a la que quisiera conocer y hacerle pasar un mal rato es a la tal Misaki.

-No sé por qué Yuzu no puede mantener las cosas en secreto-murmuró Mei, hablando consigo misma.

-Porque yo soy su pequeña hermana; tú sólo eres su mascota,literalmente hablando. No por nada confundí tu voz con un ladrido.

-Bueno, ya basta.-intervino Harumin- estábamos hablando de Yuzu, no de ladridos. No se vayan a pelear en la escuela.

-Como tú digas, Harumin. -concedió Matsuri- Tus deseos son órdenes. ¿Y Yuzu?

-Eso mismo me pregunto. Ni ella ni Mitsuko aparecen.

-Pues yo creo que están por ahí escondidas haciendo cosas pervertidas.

-¡Cállate, Matsuri!-exclamó Harumin al ver la cara que puso Mei.

-Nada de eso.-intervino Maruta, que llegaba con Himeko en ese momento- No me gusta hablar mucho, pero esto lo amerita. Yuzu se fue hace rato; tuvo una fuerte discusión con Mitsuko y, al parecer, es algo grave. Lo que no sé es la causa exacta de la discusión, sólo que tiene que ver con la señorita Okazaki.

-¿De nuevo ella?-Harumin tuvo un funesto presentimiento.

-¿De nuevo?-repitió Maruta; pero al ver la pálida faz de Mei, no hubo necesidad de explicaciones.- Creo que entiendo. Taniguchi, deberías ir a buscar a tu hermana, pues no la vi bien.

-Matsuri, acompáñame a mi casa. Si no logró solucionar su situación con Yuzu, lo más probable es que se encuentre allí.

-Bueno.-acordó Matsuri- Son las ocho y la noche promete ser larga.

-Yo también me voy. Maruta, Himeko, cuento con ustedes.-dijo Mei con rapidez.

Matsuri y Harumin miraron con desaprobación a Mei. Matsuri,poco amable, le increpó:

-No vayas a aprovecharte de esto, Mei. Aunque no me extrañaría que recurrieras a ciertas medidas con tal de recuperar a Yuzu.

-Cállate, tú no sabes nada.

-¡Por Dios, no se peleen!-dijo Himeko, estaba fastidiada con ese tira y afloja que había entre las dos.-¡Cada quien haga lo que crea conveniente, pero no discutan, y menos en la escuela. ¿Qué diría el señor Aihara si las viera en esta situación? Sobre todo a ti, Mei.

Mei no contestó. Hizo una inclinación de cabeza, a modo de despedida, y emprendió la retirada.

-No sé qué le ven a esa rubia teñida para que se peleen por ella de ese modo-refunfuñó Himeko -ni que fuera el Flautista de Hamelin, atrayendo mujeres con el sonido de su cutre saxofón.

-"La envidia es mejor despertarla que sentirla" dijo una vez mi abuelita.-Matsuri parecía ser feliz, mientras tuviera a alguien de quien burlarse, y Harumin le seguía el juego.

-¡Son unas tontas! Mejor me voy antes de que me contagien su majadería.-Himeko les mostró la lengua, antes de irse, gruñendo.

-Mira quién habla de ser boba.-dijo Matsuri, viendo cómo se alejaba "la señorita Cejas".

-Bueno, yo también me voy.-agregó Maruta- Tengo cosas que hacer; sin embargo, Harumin, me gustaría que estés cerca de Mitsuko. Estoy preocupada por ella y, no sé, pero tengo la corazonada de que ella y Yuzu no se pusieron de acuerdo.

-Espero que no sea así. Nos vemos; vamos, Matsuri.

Tanto a Harumin como a Matsuri se les apagó el sentido del humor al recordar a Yuzu y sus eternas desgracias.

-No sé cuándo parará esto, Matsu. Yuzuchi parece perseguida por una sombra de negativas vibraciones, impidiéndole ser feliz.

-Parecía que todo iba a pedir de boca. Hay que hacer que ella y Mitsuko se reconcilien. Quisiera saber qué hizo esa tal Misaki para provocar tal discusión entre ellas-musitó Matsuri, pensativa.

Harumin se detuvo un segundo. Iban por el pasillo de la salida, cuando vio a Misaki. Dándole un codazo disimulado a Matsuri, le dijo en un susurro:

-Mira, esa que viene ahí es Misaki.

Matsuri observó detenidamente a la chica señalada por Harumin. Por alguna extraña razón, su cara se le hizo familiar, pero no supo exactamente por qué; lo único que tenía claro es que esa persona estaba haciendo sufrir a su querida Yuzu, y eso la indignaba. Cuando Misaki pasó a su lado, echó una zancadilla con magistral maña, haciendo que ésta última tropezara, cayendo ridículamente al suelo.

-¡Oye, niña estúpida, qué crees que haces!-exclamó Misaki, levantándose inmediatamente.

Agarró a Matsuri por las solapas de su chaqueta marrón, dispuesta a propinarle una buena bofetada en castigo por su insolencia. Harumin iba a intervenir, pero Misaki se detuvo antes de que pudiera hacerlo. Observó por un momento a la pequeña Matsuri, soltándola después.

-No vales la pena. -dijo con desprecio-Siempre has sido un insecto insignificante e inofensivo. De lo contrario, ya te habría aplastado.

Matsuri, furiosa, se acercó más a ella.

-Deja en paz a mi Yuzu, o...

-¿Tu Yuzu?-interrumpió Misaki con ironía-Jamás ha sido tuya, pequeña imbécil.

-¡No me hables así, hija de puta!

-¡Matsuri, vàmonos, no vale la pena!-dijo Harumin, tomándola por el brazo.

-Es la verdad. Es cierto lo que afirma Yuzu de ti, zorra.

-¿Ah, sí?-Misaki enarcó una ceja, burlona-¿Y qué es lo que dice?

-Que eres una puta.

-Parece que Yuzu te ha enseñado a maldecir divinamente. Me la recuerdas tratando de ofenderme con sus palabras tan... simples y divertidas.

Matsuri estaba sorprendida ante el increíble cinismo que desplegaba Misaki. Parecía imperturbable.

-Eres una golfa. Te acostaste con Mei, y parece que has hecho algo con Mitsuko. Si llego a encontrar a Yuzu triste, te prometo que te cazaré, pedazo de mierda, y haré tu vida miserable.

Harumin, que no había intervenido, dijo de modo contundente:

-No te molestes por eso, Matsu. Si mi hermana y Yuzu rompen por culpa de esta escoria, yo seré la que le arranque esa maldita sonrisa de su rostro con mis propias manos.

Misaki lanzó una carcajada.

-Habló la rechazada. Ambas son tan divertidamente patéticas.

-¿Rechazada? ¡Eres una...-Se iba a a arrojar sobre Misaki para cumplir su amenaza, pero ahora fue Matsuri quien la detuvo, sujetándola por la cintura.

-¡Si la golpeas, te podría meter en líos, y hasta provocar tu expulsión!-Exclamó Matsuri, tratando de persuadirla para que no la golpease.

Harumin le lanzó destellos de odio a Misaki, quien, haciendo una reverencia a modo de burla, se alejó, no sin antes decir:

-Ninguna de las dos tiene lo suficiente para vencerme. Idiotas.

Matsuri apretó los puños, deseando emplearlos; en su lugar, escondió su cara en el cuello de Harumin, murmurando con voz temblorosa:

-Nos humilló, Haru. Es una perra.

-No te preocupes, Matsu. No dejemos que se salga con la suya. Vamos a mi casa para ver qué podemos hacer.

Con aspecto sombrío, salieron de la escuela, pensando en la incógnita en que se había constituido Misaki. ¿Por qué tanto empeño en hacerle daño a Yuzu? Ambas fueron testigos del gran sufrimiento por el que atravesaron tanto Mei como Yuzu, y Mitsuko estaba a punto de ser atrapada en ese mismo círculo vicioso.

Al cabo de media hora llegaron a destino. El auto de Mitsuko estaba aparcado frente al departamento.

-El que Mitsuko esté aquí, indica que no se pudo arreglar con Yuzu. Entremos.-dijo Harumin.

Matsuri y Harumin no vieron señal alguna de Mitsuko.

-Creo que sé dónde está.

Se dirigieron al pórtico posterior, y allí la encontraron, sentada en una butaca, con la vista clavada en la nieve que cubría el suelo, pero sin mirarla. Veía hacia algún lugar ubicado en las profundidades de su interior, y tenía un vaso de licor(coñac) en la mano. Harumin observó la botella que estaba a un lado; ya iba por la mitad.

-Está ebria.-dijo Matsuri, tras analizar la mirada extraviada de Mitsuko.

-Hermana- Harumin la sacudió un poco, porque no parecía prestar atención-¡Mitsuko!-ésta levantó la cabeza, mirándola con tristeza. Su cara estaba manchada de alcohol y de lágrimas.

-¿Harumin?-un temblor ligero se apoderó de ella- Haru... Yuzuko cree que la traicioné. Yo... no sabía que enamorarse implicaba sentir este dolor desgarrador en tu corazón, dándote ganas de arrancarlo para que no duela tanto. De haberlo sabido, hubiera huido antes de que este sentimiento creciera de esta manera tan agobiante.

Harumin nunca había visto a su hermana en ese estado tan deprimente; le partía el corazón verla así, porque Mitsuko era tan fuerte y segura de sí, nunca dada a la debilidad, ni al pesimismo. Debía amar mucho a Yuzu para estar así. Se preguntó por qué a ella no le costó tanto superar la tristeza por no poder conservar a Yuzu a su lado, pero la respuesta llegó enseguida: Su hermana y Yuzu habían intimado físicamente, siendo la primera vez para ambas, creando entre ellas un lazo muy fuerte. De seguro ella se habría se habría sentido igual si hubiera roto con Yuzu en esas circunstancias.

-Mitsuko, no te desanimes. Jamás te había visto tan triste.

Matsuri observaba la escena en silencio. Recordaba aquella vez en que Mitsuko recogió a Yuzu bajo la lluvia. Estaba segura que allí había comenzado la historia de las dos. Y también lamentaba verla en ese estado.

-Harumin, voy a llamar a Yuzu. Quiero preguntarle la razón de esta situación. -dijo Matsuri, sacando su móvil.

Marcó insistentemente, una y otra vez, sin obtener respuesta. Decidió dejarle un mensaje de voz.

"Yuzu, Mitsuko está destrozada; la encontré totalmente borracha. Hoy conocí a Misaki, y puedo asegurarte que Mitsuko es inocente. No sé qué pasó, pero ella te ama profundamente. Sé que puedes llegar a ser obstinada hasta la muerte, pero no te dejes llevar. Por favor llámame, o ven al departamento de las Taniguchi."

Matsuri colgó el teléfono, esperando que Yuzu no tardase en responder. Harumin intentaba quitarle la copa a Mitsuko, pero ésta tomó la botella, y apuró casi todo su contenido de un solo trago. La bebida le quemó de tal modo la garganta y el estómago, que empezó a toser, hasta que tuvo que levantarse para ir al baño a vomitar. Beber tanto, y de esa forma, la noqueó y, entre Harumin y Matsuri la acostaron. Algunas lágrimas acompañaban su agitado sueño, murmurando el nombre de Yuzu de vez en cuando.

-Hermana...-Harumin no sabía qué hacer para consolarla.

Salieron a respirar aire fresco, aunque el ambiente estaba helado; copos de nieve caían diseminados aquí y allá, añadiendo más frialdad a la oscura noche.

-Matsuri- dijo Harumin- quédate conmigo esta noche. Mitsuko jamás se había emborrachado, y no sé cómo tratarla.

-Claro que me quedaré.-Matsuri quedó pensativa un momento- Oye , Harumin, desde aquel día en que te le declaraste a Yuzu, la vida de todos dio giros inesperados. Qué curioso ¿no crees?

-Eso mismo he pensado muchas veces. Tal vez arrojé un conjuro maldito al hacerlo. -el ánimo de Harumin se oscureció-Nunca debí confesàrmele.

-Si no lo hubieras hecho, estarías sufriendo aún más. Al menos, lograste sacar ese sentimiento reprimido y, por otro lado, yo salí ganando.

-¿Qué quieres decir?

-De no ser por tu ruptura con Yuzu, no nos habríamos hecho tan amigas. Me siento bien contigo, Haru.-se acercó más a ella, tomando su mano suavemente.- En estos últimos días me he sentido muy feliz de tenerte a mi lado, ya que hacía mucho tiempo alguien no me prestaba tanta atención. La única que lo hacía era Yuzu, pero desde que se metió en tantos líos amorosos, he andado muy sola.

-Es gratificante oír eso, porque yo me siento igual.-dijo Harumin, mirándola a los ojos- Me agradas, Matsuri.

- ¿Te agrado? Bueno, algo es algo.

_ ¿Qué esperabas?

-No sé, algo así como un "me gustas, Matsu".

Harumin se la quedó mirando con la boca abierta, sorprendida. Pensó que bromeaba, pero el rostro de Matsuri estaba serio, y sus ojos azules la observaban expectantes.

-Matsuri, si no tuvieras trece años, te haría mi novia. Eres una niña. -comentó, a guisa de juego.

- ¿El que tenga trece años es un impedimento para ti? Tú tienes diecisiete; sólo son cuatro años. Estoy creciendo, y tal vez llegue a ser más alta que tú. Mi madre mide 1.70, y yo me parezco mucho a ella, así que dentro poco daré el estirón.

Harumin empezó a sentir un cosquilleo en su pecho. De pronto, vio a Matsuri como en realidad era: una chica solitaria hambrienta de afecto, cuya mejor amiga se había alejado, y ahora trataba de refugiarse en ella.

-El otro día me dijiste que no me dejarías sola-murmuró, poniéndose frente a ella, y acariciando sus mejillas frías-Hoy te digo lo mismo, Matsuri. Al menos, siempre he tenido a mi hermana, pero a ti te ha tocado sola. No te defraudaré; estaré siempre a tu lado.

De los ojos de Matsuri bajaron dos cristalinas lágrimas, y se lanzó a los cálidos brazos de Harumin.

-Después de Yuzu, eres la primera que ha logrado ver a través de mi soledad; Yuzu se alejó de mí, y no se lo reprocho porque, gracias a ella, te conocí. Es como si hubiera previsto nuestra separación, y me estuviera diciendo: "Ya no puedo estar contigo como antes, pero aquí te dejo a mi preciosa amiga Harumin. Ella no te abandonará." Cuando la estúpida esa de Misaki nos trató de insignificantes, me llené de tristeza, pero nunca muestro mis emociones. Me dolió, porque es verdad que ambas fuimos rechazadas por Yuzu, y en ese momento me sentí más sola que nunca.

-Ya te dije que no estarás sola nunca más. Te lo prometo.

Matsuri se puso de puntillas para estar al nivel de Harumin. Acercó aún más su cara a la de ella.

-¿Nos besamos?

Harumin levantó a Matsuri del suelo, dejando su rostro a escasos centímetros del de ella.

-Esperemos un poco más.

Emocionada, Matsuri se conformó con besarle la punta de la nariz.

-Sé lo que quieres decir. Estoy de acuerdo. Hay que dejar que el amor crezca ¿verdad? Supongo que ambas aún queremos a Yuzu.

-Así es. Pero, entre las dos podemos olvidar ese primer amor y forjar uno nuevo y, cuando llegue ese momento, te arrancaré los labios con el beso más apasionado que se haya dado jamás.

Matsuri rió, escondiendo la cara en el cabello de Harumin.

-Vaya, si lo dices así, me dan ganas de recibirlo ahora.

Harumin la puso en el blanco suelo nuevamente, sonriendo. Matsuri era la chica más tierna que hubiera conocido antes. Yuzu era así antes de que los problemas destruyeran su carácter. Por eso, no permitiría que Matsuri perdiera ese sereno encanto, pícaro y maravilloso.

-Esperemos.- Repitió. Entrelazó sus manos con las de Matsuri y, en silencio, regresaron a la habitación de Mitsuko. Tendieron un futòn al lado de la cama, y se durmieron abrazadas, una frente a la otra, sintiendo que todas las vicisitudes vividas a lo largo del tiempo, podían difuminarse en los campos del olvido si permanecían juntas, uniendo sus corazones en un mismo latir.

La señora Aihara regresó de la lavandería. Se preguntaba si Yuzu se habría reconciliado con su amiga; pero al escuchar el sonido del saxofón, que sonaba triste y melancólico, supo que no era así. Mei ya había llegado, y estaba sentada en un extremo de la sala. mirando a Yuzu con expresión tan absorta, que no se dio cuenta de la presencia de su madrastra.

-Hola, hijas. Ya llegué.

Sobresaltadas, las hermanastras Aihara se levantaron de un brinco.

-Bienvenida, mamá.-exclamó Mei.

-¿Cómo te fue hoy en la escuela?

-Bien, gracias. ¿Y cómo estuvo su día?

-En lo de siempre, Mei. -se dirigió a Yuzu, que estaba muy callada-¿Yuzu?

Ésta se había sentado nuevamente, con aire de congoja. Sus ojos verdes lucían tristes.

-Igual que tú, mamá.

-Yuzu, quisiera hablar contigo.

Mei, al ver que su madre la miraba, decidió retirarse para cederles privacidad. Mamá se sentó al lado de Yuzu, quien abrazaba su saxofón como si quisiera refugiarse en él.

-¿Pudiste arreglar las cosa con tu amiga?

Yuzu levantó la cabeza, con los ojos muy abiertos.

-¿Cómo sabes que discutí con alguien?

-Esa chica se veía tan triste cuando vino. Me dijo que deseaba hablar contigo, y como tú también habías llegado triste, encerrándote en tu habitación y sin querer hablar, até cabos, llegando a esta conclusión.

Yuzu guardó silencio durante un incómodo minuto, al cabo del cual, sólo logró decir:

-No, no pudimos solucionar nada.

- ¿Qué ocurrió?

Yuzu estaba cohibida. Mamá estaba muy preguntona, y hablar de ese tema con ella se le dificultaba enormemente.

-Este...bueno...ella hizo algo que me hizo dudar de su lealtad hacia mí. Ella insiste en que no es así, y le creo, pero recordarla en.…cierta situación, me saca de quicio.

-Hija, en ese caso, recuerda sólo los buenos momentos. Si le crees, no te dejes llevar por tu orgullo, ni conectes eventos pasados con los presentes; haciéndolo, te niegas a la posibilidad de ser completamente feliz.

-Mamá...-Yuzu estaba feliz de que su madre tratara de animarla; en un impulso, decidió confiarle algo muy importante-Mamá- inhaló profundamente- Ella se llama Mitsuko Taniguchi. Es la hermana mayor de Harumin, y no es mi amiga...es mi novia.

Para sorpresa de Yuzu, su madre no se inmutó ni siquiera un poco.

-Ya lo sé.

-¡¡¡EHHH!!! Pensé que te sorprendería, pero fue al revés. Cielos, mamá ¿Cómo lo supiste?

-Una cara como la que traía esa muchacha era como leer en un libro abierto. Era una expresión de amor, y amor del bueno.

- ¡Mamá! No hables así, haces que me sonroje. ¡Es vergonzoso hablar de esto, y más si es contigo!

-No hay por qué estarlo, Yuzu. Es normal enamorarse ¿no?

- ¿No te molesta ni un poco que me gusten las mujeres?

-Para nada, hija querida. Si tú eres feliz, yo estaré tranquila.

-Pensé que querías nietos.

-Claro que los quiero. Pero hay métodos... adopción, inseminación artificial.

Yuzu abrazó a Mamá.

-Me quitas un peso de encima. Gracias por entenderme. -Yuzu hubiera querido hablarle de Misaki, pero no quiso empañar la paz que sentía en ese momento con su agrio recuerdo.

-Eres mi querida hija, y quiero tu felicidad.-dijo Mamá- Después de perder a tu padre, me prometí a mí misma hacerte la niña más feliz del mundo y trabajé duro para que no te faltara nada ; Shou y Mei llegaron para aumentar nuestra familia, pero a ti te crié sola, y no sé si lo he hecho bien...me tocaba dejarte sola mucho tiempo para ir a trabajar.

Yuzu se pegó más a Mamá.

-Lo hiciste bien. Papá, desde donde sea que nos esté mirando, te está aplaudiendo.

Mamá lloró un poco.

-Agradezco tus palabras, Yuzu. Ahora, llama a tu novia y arregla las cosas con ella.

-Sí, mamá. Pero no lo haré enseguida. Voy a darle una sorpresa.

-Haz lo que creas conveniente.-después, añadió sonriendo-Pero no la hagas sufrir tanto.

-No, no lo haré. La amo, mamá. ¿Irás a verme en mi presentación del Festival? Será pasado mañana.

-No me lo perdería por nada. Tienes mucho talento y, con suerte, recibirás la oferta de alguna Academia de Música, sea aquí o en el exterior, y entonces serás toda una profesional. Me gusta que sientas inclinación por el arte. Como sabes, tu padre era un excelente pianista.

-Sí. Recuerdo, muy borrosamente, la última navidad que pasó con nosotros antes de enfermar e irse. Tocó unos villancicos preciosos, y su voz era como la de un ángel. Lástima que no hayamos podido disfrutarlo por mucho tiempo.

Mamá y Yuzu hicieron una oración en memoria del que una vez fue el esposo por un lado, y padre por el otro, de las dos mujeres que lo recordaban con tanto cariño.

Más tranquila de lo que hubiera esperado esa noche, Yuzu fue a dormir, pensando en Mitsuko, arrepentida de haberla herido. Mei aún no se acostaba. Cuando entró en el cuarto, la encontró sentada ante el escritorio, escribiendo.

-¿Estudiando?-Preguntó Yuzu a modo de saludo.

-Más o menos. ¿Cómo te fue hoy?-La mirada de Mei era profunda y anhelante, y Yuzu lo notó.

-Pasaron algunas cosas, pero ya veo una luz al final de ese oscuro túnel.

-Ya veo. Me alegra por ti.

-Bueno, voy a dormir Mei. Hasta mañana.

Mei se levantó y apagó la lamparita de su escritorio.

-Haré lo mismo, estoy cansada. Mañana será un día bastante trajinado.

-¿El Festival Escolar, eh?

-Sí. Aunque, desde hace un tiempo, mi vida no ha tenido un momento de paz.

-Mei...

-Yuzu.

-¿Sí?

-Déjame...déjame dormir abrazada a ti.

Yuzu no quería demasiada cercanía con Mei. ¿Cuándo estaría libre de ese amor que llenaba gran parte de su corazón?

-Mei, no es conveniente que hagamos ese tipo de cosas.

-Está bien, no insistiré.

Rápida, Mei se acostó en su lugar de la cama, cubriéndose con la cobija. Yuzu pudo percibir sus calladas lágrimas. Presa de un repentino arranque de ternura, se acostó ella también, abrazándola, y besando su sedoso cabello negro. Mei se estremeció al sentirla tan cerca por segunda vez en ese día. Puso sus manos sobre las de ella, que reposaban enlazadas alrededor de su cintura.

-Yuzu...

-Shhhh. No digas nada. No me separaré de ti en toda la noche. Sólo te pido que no llores ¿vale?

-Te amo, Yuzu.

Yuzu se adhirió más al cuerpo de Mei, rozando levemente su nuca con los labios.

-No te digo que dejes de amarme enseguida, pero trata de ser feliz con otra persona,Mei.

-Te dije que te esperaría ¿no?

Yuzu no dijo nada. Cerró los ojos, aspirando el suave aroma del cuerpo de Mei, hasta quedar dormida. Y Mei elevó una petición al cielo. Está de más decir qué fue lo que pidió.

Después de desayunar, Mei y Yuzu salieron rumbo a la escuela. Por ser día de festival,se tomaron la libertad de irse un poco más tarde de lo habitual, cerca dela 8:30 a.m.

En el camino, Yuzu revisó el celular y se sorprendió al ver la cantidad de llamadas perdidas. Todas eran del número de Harumin. Se puso los audífonos para escuchar el mensaje de voz que Haru le había enviado como último recurso para comunicarse con ella.

Al enterarse de que Mitsuko había bebido y que, además, estaba terriblemente triste, un aguijonazo de remordimiento le pinchó el alma, recriminàndola por su dura actitud hacia Mitsuko. Debía resarcir el daño que le había causado. Mei observaba en silencio los movimientos de Yuzu, adivinando que tenía que ver con Mitsuko.¡Qué no hubiera dado por ser ella el motivo de ese rostro preocupado!

Paradas junto a la entrada de la escuela, estaban Harumin y Matsuri, quienes al verla llegar, corrieron a encuentro. Mei no quiso quedarse a escuchar cosas que no tenía ninguna gana de conocer. Se escurrió con rapidez, dejando atrás a Yuzu, y tanto Matsuri como Harumin la ignoraron por completo.

-¡Yuzuchi!-exclamó Harumin-¿Por qué no contestabas tu teléfono? ¡Nos tenías preocupadas!

-Me imagino que ya sabes lo que ocurrió,¿verdad?

-Ayer Maruta nos lo dijo. Al parece las vio discutir, y como estaba implicada Mitsuko, nos lo comunicó de inmediato.-dijo Matsuri.

Yuzu se rascó la cabeza, algo aturdida.

-Dios, qué espectáculo debió presenciar Maruta. Parece que todos en la escuela saben ya de mi relación con su antigua presidenta.

Harumin miró a Yuzu con reproche, mientras entraban al recinto escolar.

-¿Cómo pudiste creer las intrigas de la zorra esa?

-No las creí, Haru. Entiéndeme. Ya viví una experiencia nada agradable por culpa de ella, y ver a Mitsuko en sus brazos me llenó de rabia. Fui muy injusta con tu hermana, pero estoy dispuesta a pedirle perdón; ayer la herí de un modo terrible.

-¡¿Cómo así que en brazos de Misaki?!-exclamaron al unísono Matsuri y Harumin, con expresión de horror.

-Parece que Maruta no se especificó bien.-murmuró Yuzu- Como lo oyen. La gran maldita quiso seducir a Mitsuko, y como no lo logró, quiso embaucarme con un teatrito que estuve a punto de creer, pero cuando Mitsuko me contó lo que en realidad pasó, supe que todo fue una estratagema de Misaki para provocar la ruptura de mi relación con Mitsuko.

Matsuri tenía el ceño fruncido.

-Yuzu, la cara de esa tipa se me hace familiar, pero no sé por qué. ¿Estás segura que nunca la habías visto anteriormente?

-No. Estoy segura.

-Ayer nos encontramos con ella aquí en la escuela. No pude resistirme al deseo de azuzarla un poco, pero esa hija de su puta madre nos humilló.-añadió Matsuri.

-Por favor, les suplico que no hablen con ella. Ya veré cómo hago para que deje de molestarme. Pero lo que que quiero saber es cómo se encuentra Mitsuko.

-Hoy no fue a la universidad. Cuando Matsuri y yo salimos, aún estaba dormida; se bebió una botella de coñac, y como nunca había tomado tanto, le sentó muy mal. La verdad, no creo que salga hoy, y lo más seguro es que la encontremos tomando otra vez .Nunca había visto a mi hermana tan triste, Yuzuchi. ¿Irás a verla hoy?

-No. Me muero por verla, pero no le digas nada. Mañana es mi presentación con el club, y quiero darle una bonita sorpresa cuando me toque mi solo. Asegúrate de traerla mañana contigo.

-Oh, qué envidia me da Mitsuko- bromeó Matsuri- Tiene una novia tan detallista y romántica. Conociéndote, seguro vas a decirle algo lindo en público.¿Me equivoco?

-No, no te equivocas. Haru, no vayas a decirle lo que pienso hacer. Además, hoy las veo más unidas de lo usual-comentó Yuzu, observando sus manos entrelazadas.

Las aludidas se miraron, sonriendo.

-Sólo hemos estrechado nuestros lazos de amistad.

.Me alegro por ustedes.

- Todo es gracias a ti. Y Claro que no le diré nada Mitsuko. Ella vendrá a verte, así yo no se lo pida.

Mientras así hablaban, se encontraron de frente con Misaki. Desviaron el camino,cruzando por otro pasillo, pero antes, Yuzu se detuvo un momento para mirarla. Esta le sostuvo la mirada, pero esta vez, Yuzu no percibió odio en ella. Ella la miraba del mismo modo que observara en Mei la noche anterior: era un reflejo de tristeza, una intensa tristeza, mezclada con otro sentimiento que no alcanzó a interpretar. Creyó que alucinaba, pero no. Confundida, siguió su camino, preguntándose a qué se debería la biporalidad que vio manifestada en esa enigmática mujer.

El día transcurrió sin novedad alguna. Se llevaron a cabo los distintos eventos programados para la primera jornada del Festival Escolar. Mei y su séquito de la junta supervisaban los distintos números que se ejecutaban esa mañana. La escuela tenía muchos visitantes, todos amigos o familiares de las estudiantes, y las delicias culinarias no eran la excepción en cuanto a su obligada presencia en el festival, así como los juegos organizados por diversos grupos de estudiantes. El que el invierno se hubiera encontrado con la fecha del festival, no fue impedimento para que todos gozaran de las actividades. Las alumnas se habían esforzado al máximo para que todo los espacios al aire libre estuvieran despejados de nieve y, por suerte, no nevaba, y un sol amigable alumbró débilmente durante todo el día, a pesar del frío.

Yuzu se recluyó con su club de música para afinar algunos detalles de la presentación que clausuraría el Festival. Ser el último número era una gran responsabilidad, y todas querían lucirse ante la escuela y las visitas. Después de ensayar toda el día, sin salir para disfrutar de los dulces y programas, Yuzu se quedó con dos compañeras más: Keiko, que tocaba el piano, y Naoko, encargada de la percusión. Ellas harían el acompañamiento para el solo de Yuzu, que sería el verdadero cierre del Festival, y las tres se esmeraban para que todo saliera perfecto; además, habían planeado un número sorpresa, por petición de Yuzu.

Todos estos preparativos musicales se llevaban a cabo bajo la atenta mirada de Misaki. Ella tampoco disfrutó de ninguna de las atracciones del Festival. Prefirió camuflarse entre el gentío del club de música, para que Yuzu no notara su presencia, sólo para dedicarse a contemplarla ;y después, cuando el ensayo del trío se retiró a un salón más pequeño, simplemente se sentó frente a dicho salón, escuchando a medias a las que allí se encontraban. Era una extraña obsesión.

¿Y Matsuri y Harumin? Pues ellas sí se divirtieron. Probaron un poco de cada cosa, entraron a la casa de espantos, al café cosplay, e incluso participaron en un concurso de karaoke, organizado por las de primero. Ambas rieron, bromearon, cantaron y jugaron como un par de niñas, felices por tenerse una a la otra en un mundo que parecía haberlas unido para eso: ser felices.

De esta manera, el día culminó sin ninguna otra novedad. Yuzu y Mei marcharon a casa, cansadìsimas. No más tocaron la almohada, las dos quedaron dormidas, de la misma forma que el día anterior, es decir, abrazadas. Era muy tentador, en esa noche de invierno, calentarse con el cuerpo de alguien a quien, a pesar de todos los problemas habidos y por haber, se ama con todo el corazón. No obstante, Yuzu se durmió pensando en Mitsuko, deseando, casi, que en vez de Mei, fuera su novia quien descansara a su lado.

Matsuri y Harumin encontraron a Mitsuko despierta pero sobria. Obviamente, estaba muy deprimida. Pensaba que Yuzu terminaría con ella; por eso no se atrevió a llamarla, ni buscarla, para postergar el temido momento.

-Hermana,¿Mañana irás a ver a Yuzu en su presentación?-le preguntó Harumin con mucho tacto.

-Claro que iré. Ella está muy entusiasmada con eso, y quiero verla, así no pueda hablar con ella.

-Me alegra verte tranquila.

-Tranquila, pero triste.

-Ánimo, Mitsu. Vamos a dormir.

En sueños, Mitsuko tenía a Yuzu entre sus brazos, murmurándole todas esas palabras que almacenaba en su corazón enamorado. Y Matsuri y Harumin... pues, al parecer, ellas eran las únicas, de nuestra historia, que durmieron con el alma libre, llameante bajo el resplandor del incipiente amor que crecía con dulce paciencia en sus corazones...; porque hasta Misaki veía, en sus visiones oníricas, aquello que la atormentaba, sin concederle tregua alguna.

Al fin, el momento de la presentación llegó. El escenario tipo teatro destinado para las grandes presentaciones, estaba hermosamente decorado. En primer lugar, el club de Arte Dramático haría una representación de Hamlet; seguidamente, el club de Coro cantaría el himno de la Academia Aihara, y parte del Mesías de Hândel, acompañado por el club de Música, y como presentación final, el mismo grupo ejecutaría un fragmento de la sinfonía Pastoral de Beethoveen. Como anexo, el solo de saxofón de Yuzu Aihara, con acompañamiento del teclado y la percusión.

El recinto estaba atiborrado. Después de terminar, con éxito, las otras actividades del Festival, todo el estudiantado en pleno, más los visitantes, llenaron cada uno de los asientos del gran salón. Ese tipo de presentaciones eran de gran calidad, y nadie quería perdérsela, pues era el arte de la escuela desplegado en su máxima expresión.

En primera fila estaba Matsuri con Harumin. Tres filas más allá, en una esquina, se encontraba Mitsuko, algo decaída, y Mei y su madre estaban en un lugar destinado a los familiares y allegados a los participantes del evento. Misaki, alejada de todos, se ubicó en un solitario palco ubicado al fondo del salón, justo encima del lugar reservado a los profesores. Como gran excepción, dado el día, el abuelo de Mei se encontraba allí, con alguno invitados especiales, incluido el director del Conservatorio de Bellas Artes de la Universidad de Tokio. Buscaban florecientes talentos para su prestigiosa facultad artística.

Con mucha ceremonia, se dio inicio a la representación de Hamlet. El vestuario era exquisito, y las actrices caracterizaron a la perfección cada uno de los personajes de la aclamada obra de Shakespeare. Verdadera lágrimas brotaron de los ojos del público cuando llegó el trágico final de la pieza teatral, para luego ser ovacionadas con fuertes aplausos.

El coro no se quedó atrás. La preciosas voces de soprano entonaron con orgullo el himno de la escuela, y la interpretación del Mesías fue tan espectacular, que todos los presentes pensaron que en realidad se encontraban en el cielo. Luego llegó el turno del club de música. Cada integrante se ubicó en su correspondiente banquillo. El hermoso fondo construido por las estudiantes destacaba agradablemente: era una hermosa pradera campesina, con nubes de algodón, y algunos animales domésticos de felpa, que parecían muy reales, estaban diseminados aquí y allá; la presidente del club de Arte Dramático se prestó para representar a la típica mujer campusina japonesa.

La madre de Yuzu se sintió tan orgullosa de su hija, que estuvo a punto de levantarse y aplaudir antes de tiempo. Mei y Mitsuko sólo tenían ojos para la única rubia del grupo; se veía curiosa esa cabecita rubia entre las distintas tonalidades de castaños y negros de las demás estudiantes. El vestuario se cambió a última hora, siendo utilizado el uniforme escolar. Les pareció que así honraban a la escuela, y todas estaban impecables. El profesor de música haría el papel de director.

Con todo preparado, se dio inicio al número musical de aquella memorable tarde. Como era de esperarse, la sincronizaciòn de la orquesta fue perfecta, siendo de lo mejor visto hasta ese momento. No por nada la dejaron casi al final de la agradable tarde, y cada visitante elogió la gran calidad educativa que se impartía en la Academia Aihara.

Yuzu estaba terriblemente nerviosa. Una cosa era tocar con más de veinte personas, donde la atención del público se distribuye sin tanta densidad, y otra muy distinta convertirse en el foco de visualización de todo un auditorio. El corazón se le quería salir del pecho. Se encomendó a todos los santos, instalándose con Keiko y Naoko, esperando a que se alzara el telón. La estudiante que presentó cada programa dijo con mucha solemnidad:

-Como último número, tendremos la presentación de un solo de saxofón, ejecutado por un talento emergente de nuestra amada escuela: Aihara Yuzu, con el acompañamiento en el teclado a cargo de Sujimoto Keiko, y en la percusión Kurumisawa Naoko.

Fueron recibidas con un fuerte aplauso. Tras las bambalinas, las demás integrantes de la orquesta cruzaron los dedos, y la presidenta del club, una chica de tercer año llamada Yoshida Fukioka,ubicada a un lado del escenario, les daba ánimo a las tres.

Antes de empezar, Yuzu tomó un micrófono que estaba al lado de su banquillo, en el centro del escenario y buscó a Mitsuko entre el público. Cuando la focalizó, dijo con voz un poco insegura por los nervios:

-En un principio iba a tocar una arreglo de "Los Últimos Días de Anastasia", pero cambié de parecer. Una persona que está en este lugar me escuchó tocando cierta composición la primera vez que me vio con un saxofón. Se trata de "Love Story", y esta te la dedico a ti con todo mi corazón.

El alma de Mitsuko saltó al escuchar tales palabras. Se levantó de su asiento, se volvió a sentar. Se sentía consolada, indeciblemente consolada. Yuzu no la iba a dejar. De sus ojos salieron dos lágrimas de alivio. Esa era su Yuzu.

Todos en el salón estaban expectantes, y el señor Aihara se palmeó la cara, pensando que había sido demasiada suerte el que Yuzu no hubiera salido con una de las suyas, hasta ese momento. Pero sonrió. Su nieta política había cambiado mucho, pero para bien. Nunca imaginó verla allí, con un club tan serio como el de música.

La introducción era un suave tecleo, dulce y maravilloso. Yuzu empezó a tocar. La melodía era fluida, lenta y ensoñadoramente romántica. En cada nota, Yuzu ponía el corazón, y mientras tocaba recordaba cada momento vivido con Mitsuko, en especial su primera vez con ella. La batería había hecho su entrada, y todos los presentes se sintieron transportados a un cielo nocturno, colmado de estrellas, y de música de alas. Las parejas se tomaron de las manos, sintiendo al amor flotar en infinitas burbujas dentro del recinto. Matsuri y Harumin tuvieron que contenerse para no besarse; para resistir la tentación, Harumin escondió la cabeza de Matsuri en su pecho, acariciando su cabello con mucha dulzura, y la pequeña se aferró a ella con apasionada ternura.

La madre de Yuzu recordó a su primer esposo, y todo el amor con que fue concebida su hermosa hija, y lloraba, lloraba de alegría al ver a su amada Yuzu tan entregada a una pasión tan dulce como la del amor. Era una interpretación bellìsima. Mei y Maruta suspiraban, llenas de tristeza. Yuzu y Mitsuko se amaban. ¿Podrían algún día tener la dicha de amarlas con plena libertad? Y Mitsuko tuvo que obligarse a permanecer sentada, pues ardía en deseos de subir y llenar de besos a su amor. Su Yuzu la amaba, y eso lo demostraba. De Misaki hablaremos más tarde.

Cuando la interpretación llegó a su fin, en un paroxismo de romanticismo y lirismo puro, toda la audiencia en pleno se levantó, aplaudiendo atronadoramente.

-¡Muy bien Yuzu! ¡Eso fue fenomenal, Aihara!- se escuchaba decir por todas partes.

Yuzu respiraba agitadamente; se había metido tanto en la ejecución musical, que lloraba. Desde allí arriba le envió un beso a Mitsuko. Esta iba subir, pero Yuzu la detuvo con un ademán. Volvió a tomar el micrófono y dijo, con el rostro iluminado por la emoción:

-Esto no estaba en el programa, pero me he tomado la libertad de hacer un extra. ¿Saben? Hace poco cometí una terrible injusticia con mi pareja; la hice llorar, y con esto quiero pedirle perdón por ser tan impulsiva e infantil. Te amo. Tú sabes que te amo-dijo, mirando a Mitsuko.

Yuzu contó hasta tres, y sus compañeras hicieron una pequeña introducción, muy suave. Antes de hacer su entrada, Yuzu dijo, medio cantando:

-Esta canción se llama "Para adorarte más" .

Yo sé que nace el sol y se oculta, contrario es el amor que nos gusta, que no muere jamás...

Como el amor de madre se busca, y pienso organizarme para nunca volverme a enamorar;

Por que ya encontré a mi hermosa que me inspira,

entre rosas y flores, quien diría, si tengo mil razones para poder cantar,

y hoy serán dos corazones y una vida, unidas para siempre, soltería te digo adiós por siempre;

Porque tengo el amor y ahora vivo, tan sólo para quererte, y motivo para tener salud y amar;

Soy feliz sólo con tu mirada, ya no me importa nada si hoy te tengo a ti,

Y aunque me grite la gente que soy una indolente que te voy a dejar.

/y yo, yo no te voy a dejar mi vida, yo no te voy a dejar/

Sin sol, sin tierra, sin noche, sin día, ay para adorarte más yo viviría...

Había tanto sentimiento expresado en lo que Yuzu cantaba, que muchos de los que ya tenían a alguien en su vida,se sentían enamorados de nuevo, y aquellos que no, desearon poder tener a alguien a quien abrazar. Mei se había retirado, con el corazón lleno de amargura.

...Las horas dan los días y así mismo, los días marcan los años, los siglos, secuencia original;

y así nace el amor chiquitico, y va creciendo y llega al puntico de la entrega total.

Porque tanto me debía el destino, vida mía, que hoy doble me ha pagado con tu vida,

y ¿qué cosa es desengaño? no quiero contestar; y en las reglas del amor nunca dividas,

adiciona, no restes, multiplica, y verás el resultado, como los ríos que siempre se juntan,

aumentan su caudal, causa justa, para aumentar en nosotros el amor...

En este punto Yuzu lloraba, porque recordaba todo lo que había sufrido al amar a Mei sin recibir nada a cambio; tuvo que hacer un esfuerzo para terminar; y Mitsuko estaba embobada, mirándola. La voz de Yuzu era preciosa, y todos allí estaban maravillados con lo que escuchaban.

...Y pensar que yo sufrí de veras... si mi esperanza es buena, no volveré a llorar,

porque el amor siempre vence, comprobado mil veces, y eso lo viví ya,

/Y tú, tú no me vas dejar mi vida, Tú no me vas a dejar/

Para adorarte que más no daría, y para cantarte,qué feliz sería...

Porque te voy a querer, te voy a adorar, lo juro por mi amor,

porque tu eres mi sol, eres mi pasión, te quiero mi amor...

Yuzu terminó de cantar,exhausta, extendiendo los brazos en dirección a Mitsuko. Ella la miró, interrogante."¿Estás segura?" preguntaron sus ojos. El publico comprendió, y aplaudieron con euforia. Esa chica rubia era impulsiva, pero tenía el don de hacerse amar. Mitsuko salió de su asiento, y corrió al estrado, alzando a Yuzu en brazos.

Un murmullo recorrió todo el lugar.

-¿Una chica? ¡Oigan, es Mitsuko!

-¡Increíble!

-¡Quién lo diría!

Estos y otros comentarios se dejaban escuchar. Pero Yuzu había hecho palpitar de un modo tan hermoso a toda la audiencia, que todos simpatizaron con ella. El señor Aihara estaba rojo de vergüenza, pero el director del Conservatorio le dio una palmada, diciendo:

-No se apene, señor Aihara. Tengo una hija que también está en esos caminos. Es algo más usual de lo que cree. Por otro lado, esa muchacha tiene asegurada una beca en la universidad.

El interpelado sonrió forzadamente, pero se sintió orgulloso de que elogiasen a su nieta.

Matsuri, en su asiento, le susurró a Harumin:

-Todo lo que hizo Yuzu por Mitsuko, algún día lo haré por ti.

Harumin besó la frente de su amiga.

-Lo esperaré ansiosamente.

El cierre del Festival fue un rotundo éxito, y cuando el telón cayó, todas las integrantes de la orquesta alzaron a Yuzu y Mitsuko, lanzando vítores y hurras en su honor. La madre de Yuzu, Harumin y Matsuri también se unieron, compartiendo la felicidad de Yuzu.

Todos los enseres usados en el Festival fueron reunidos en el patio, que estaba cubierto por una mediana capa de nieve. Hicieron una pila, y le prendieron fuego. El tradicional baile de clausura se llevó a cabo. Los profesores, las estudiantes, los visitantes, y hasta los empleados de la escuela hicieron un corro, y bailaron baja la luz de la luna. Cuatro corazones latían al unísono, plenos de amor y gozo: Mitsuko y Yuzu por un lado, y Harumin y Matsuri por el otro.

Pero así como hay alegrías, también hay tristezas. Mei contemplaba la gran hoguera, observando el rostro feliz de Yuzu. ¿Por qué no había sabido ver lo preciosa que era cuando era suya? Su alma volaba a esa sonrisa, amándola con tanta fuerza que dolía. Dolía demasiado.

Maruta. Feliz por Mitsuko, aunque no fuera ella la elegida. ¿Por qué no se le había declarado antes? Si lo hubiera hecho, tal vez Mitsuko habría llegado a amarla.

En un salón del edificio educativo, Misaki observaba desde una ventana a Yuzu. Repetía una y otra vez:

-Si yo me hubiese atrevido...-golpeaba la pared con el puño, llorando de ira y frustración.

Las cosas que dejamos de hacer, y de las que nos arrepentimos de haber hecho, descansan bajo una capa de mar profundo, esperando el momento para salir a flote y mirarnos con su infinita sabiduría ;y ellas comprendieron que la vida hay que vivirla cuando se presenta el momento, porque si lo dejas para después, tal vez sea demasiado tarde

Yuzu, con el pecho henchido de amargura, salió por la parte de atrás de la escuela. Mitsuko, desesperada, la seguía, tratando de no llamar demasiado la atención de las estudiantes. Cuando estuvo fuera, gritó, en un supremo paroxismo de miedo por lo que Yuzu estaría pensando:

-¡Yuzuko, princesa, espera!

Pero Yuzu corría, mientras las lágrimas surcaban su cara. Tropezó, se levantó, volvió a tropezar; Mitsuko llegó al lado de ella, e intentó abrazarla, a lo que Yuzu respondió, empujándola débilmente:

-Déjame sola...no quiero hablar contigo. ¡TE DIJE QUE NO HABLARAS CON ELLA! ¿Por qué lo hiciste?

-Mi amor- respondió Mitsuko con el rostro desencajado por el terror-ella me estaba esperando en el parqueadero y...

-No tengo ánimos para escucharte ahora- Yuzu adquirió un tono lejano y frío, a pesar de que lloraba-Me voy a casa.-Se levantó, dándole la espalda a Mitsuko.

-¡Espera, déjame contarte lo que ocurrió! No puedes irte, y dejar trabajar tu mente con falsas especulaciones. Yo te amo, Yuzuko, para mí no hay nadie más aparte de ti; no me dejes así. Hablemos.-Intentó tomar su mano, pero Yuzu no se lo permitió.

-¡Te dije que que no quiero hablar ahora! ¿No lo entiendes?-De la tristeza, Yuzu pasó al enojo. Miraba a Mitsuko con ojos vidriosos, fríos.-De todas las perras que habitan este mundo, tuviste que dejarte engatusar de la más hija de puta.

Mitsuko no podía creer que su amada la estuviera tratando con tanta frialdad. No era muy dada a llorar, pero eso le dolió tanto, que sus ojos se humedecieron de pena.

-Princesa, yo te amo más que a mi vida. No pienses mal de mí; no te imaginas cuánto me hiere que me hables así.

-Ya basta- Yuzu se había enfadado- Me recuerdas a Mei cuando trataba de dar excusas baratas a su comportamiento, actuando como santa, como si yo fuera una idiota que se come el primer cuento que le dicen.

Mitsuko abrazó a Yuzu, tratando de retenerla. Empezaron forcejear, la una para soltarse, y la otra para detenerla.

-¡Déjame!

-¡No, Yuzu, no quiero una repetición de lo que viviste con Mei! Mi vida-la voz de Mitsuko se quebró-vamos a hablar, te lo ruego.

Yuzu sintió que algo humedecía su hombro. Eran lágrimas. Su corazón se contristó, porque Mitsuko no era de las que lloraban, por muy mal que las cosas fuesen. Ella era como un baluarte al que uno podía sujetarse sin miedo a caer, por muy fuerte que fuera el viento. Pero, como le pasó una vez con Mei, recordarla con Misaki la endureció de nuevo. Hizo acopio de fuerzas, y la empujó, logrando soltarse.

-¡Basta! No hagas que te diga cosas crueles. No tienes idea de lo hiriente que puedo llegar a ser.- después, emprendió la carrera nuevamente, sin mirar atrás.

Mitsuko se quedó allí, con la mano extendida, sujetando el aire. Empezó a estremecerse, llevándose las manos a la cabeza. Se sentó en una banca que había por allí, sin saber qué hacer. La idea de perder a Yuzu la llenaba de pavor, tristeza y desolación. Sabía perfectamente que Yuzu, por mucho que la quisiera, si estaba convencida de que la había engañado deliberadamente, nunca volvería con ella. Y ahí estaba Mei como prueba. Silenciosas lágrimas corrían por sus mejillas, mientras mecía su cuerpo, que tiritaba de frío, un frío espiritual y físico.

-Yuzu, mi amor, apenas estábamos empezando . ¿Ya el sueño llegó a su fin?-murmuró, angustiada.

Una mano de puso sobre su hombro. Creyendo que era Yuzu, se levantó de un brinco.

-Yuzuko...-pero la persona que estaba frente a sus ojos era la que había sido su compañera en el Consejo Estudiantil en su último año de preparatoria.

-¿Maruta? ¿Qué haces aquí?

Algo incómoda, Maruta desvió la vista. Acostumbraba a no irse por las ramas a la hora de decir algo.

-Te vi correr detrás de Yuzu. Me pareció increíble verte persiguiendo a alguien de esa forma, tan desesperadamente. Me arrepiento de haberlas seguido, porque presencié algo que no debía.

-¿Escuchaste todo?

-Sí. Me sorprende que estés saliendo con ella. Con razón Mei anda tan triste. Y me sorprende mucho más ver el cambio extremo al que has sometido a toda tu persona, el cual, estoy segura , tiene una razón con nombre propio: Yuzu Aihara. ¿Me equivoco?

Mitsuko no respondió; Giró la cabeza, secando la humedad que anegaba su rostro, y que delataba su estado de ánimo. Ciertamente, de esa Mitsuko recia, implacable a la hora de administrar disciplina, autoritaria y llena de energía, no había mucho. Sólo podía verse a una muchacha de diecinueve años, enamorada y atribulada.

-¿Estás decepcionada? -preguntó Mitsuko con desgana.

La expresión de Maruta estaba seria, y denotaba desaprobación. De pronto, su sonrisa enigmática salió a flote, dejando desconcertada a Mitsuko.

-Estás equivocada. Me alegra que hayas eliminado esa etiqueta de madurez prematura que te habías auto-impuesto. Nunca viviste tu adolescencia como era debido, y verte así, con ese mechón de cabello tan bonito teñido de rojo, y tu ropa, acorde a tu edad, me alivia. Lo que no me alegra es que estés tan triste. No sabía que fueras tan sensible.

Mitsuko sabía que Maruta era muy observadora, pero siempre pensó que ella estaba de acuerdo con su manera drástica de llevar las cosas; sin embargo, saber que no la juzgaba sino que, por el contrario, la apoyaba, le sorprendió un poco. Maruta había sido su única amiga en el Instituto.

-Gracias por no criticarme.

-Ya te lo dije: me alegra que hayas cambiado.

De los ojos de Mitsuko cayeron más lágrimas.

-Era feliz con todo esto, Maruta. Pero el motivo de todos estos cambios está a punto de dejarme.

-Me pregunto qué tiene Yuzu para volver loca de esa manera a las mujeres.

-¿Por qué lo dices?

-¿No es obvio? Ayer Mei divagaba acerca de la muerte, y yo sé que era debido a Yuzu; Harumin parece comérsela con la mirada, a esa tal Matsuri se le nota que la ama, y mírate a ti misma. Hasta la señorita Okazaki parece que está interesada en ella.

Mitsuko abrió mucho los ojos cuando Maruta hizo la última apreciación.

-¿Misaki? ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

-Mitsuko, sabes que yo observo a las personas, y descubro cosas que otros, a simple vista, jamás notarían. La primera vez que la señorita Misaki vino a la escuela, pude ver cómo miraba a Yuzu. Aparentemente, tenía toda su atención puesta en Mei, pero sólo era un señuelo. Fue sólo un momento, pero la miró con...cómo decirlo...con ansias; sus ojos brillaban, pero no sabría decirte si era una ansiedad de simpatía o de aversión. Y con esta segunda visita, la cosa es más evidente. Por lo menos dos veces la he visto llegar disimuladamente al aula que le corresponde a Yuzu, para dedicarse a espiarla, con esa misma expresión de incomprensible ansiedad . Se me hizo raro, porque Yuzu y ella no se conocen. Al menos, eso creo.

Mitsuko quedó impresionada con lo que acababa de escuchar. ¿Por qué Misaki acechaba a Yuzu? Esa y cien preguntas más se agolparon en su mente. Comprendió a medias la actitud de Misaki en la sala de juntas, tan decidida a seducirla. No era por Mei, ni por ella: su objetivo real era Yuzu.

-Maruta, Misaki es la culpable de la ruptura entre Mei y Yuzu, y está a punto de suceder lo mismo conmigo. Yuzu sufrió mucho al dejar a Mei, por eso no quiere escucharme. Pero con lo que me acabas de decir, puedo tratar de convencerla de que me escuche.

Maruta suspiró. Se levantó, dando por terminada la conversación.

-Tengo que irme. Mei y Himeko me necesitan, pero verte animada me llena de tranquilidad. Cuando te vi tan desesperada, me afligí enormemente. Yo te estimo mucho, Mitsuko. Ojalá puedas resolver tu problema con Yuzu; y trata de no olvidar a tu amiga de preparatoria. Ni una llamada o saludo he recibido de tu parte.

- No pienses eso. He estado ocupada con la universidad, y sólo ahora es que me estoy tomando tiempo para mí misma; sabes que es así. Te doy las gracias, Maruta. Agradezco tu amistad. Yo también te quiero mucho porque, de no ser por ti, mi último año de preparatoria habría sido muy solitario.

-Es un placer ser tu amiga.-Maruta sonrió, otra vez con ese aire enigmático-¿ Sabes, Mitsuko? Yo siempre te he amado. Me alegra que hayas encontrado a alguien a quien amar, y por quien luchar. Suerte con eso.-Y, con mucha tranquilidad, se alejó.

Mitsuko quedó anonadada.

-¡Maruta, espera! -ésta se detuvo, sin mirar atrás-¿Por qué me lo dices hasta ahora?

-Pensé que me rechazarías. Disculpa, tengo que irme.-Maruta aceleró hasta perderse.

Mitsuko quedó noqueada emocionalmente. Nunca se le pasó por la mente que Maruta sintiese algo por ella. Cierto que habían compartido mucho juntas. Habían días que permanecían horas y horas encerradas en la sala del consejo, y muchas veces las sorprendía la madrugada llenando papeles. Pensó que, si Maruta le hubiese dicho algo en ese entonces, tal vez habría aceptado, porque en verdad estimaba a Maruta. Recordó el día que se graduó: Maruta la miró de forma extraña, y le dijo que estudiaría mucho para ir a la misma universidad que ella. Si se lo hubiese dicho antes...Pero ya era tarde para las dos, y no había nada que pudiera hacer.

No sabía cómo le iba a hacer para que Yuzu le diera la oportunidad de explicarse. Tenía ganas de ir a partirle la cara Misaki, pero sólo armaría un escándalo; además, esa mujer no lo valía. Decidida, emprendió el camino a casa de Yuzu para tratar de arreglar lo que estaba a punto de desmoronarse.

Cuando llegó a casa de los Aihara, cruzó los dedos. Esperaba que Yuzu se encontrase allí, un poco más calmada y dispuesta a hablar. Tocó el timbre. A los diez segundos, abrió la madre de Yuzu, a quien no conocía.

-¡Hola!- saludó la señora Aihara-¿Eres amiga de Yuzu?

Aturdida y avergonzada, Mitsuko balbució una respuesta afirmativa.

-Algo así. ¿Cómo lo supo?

-Yuzu llegó hace un rato. La vi preocupada y triste. Aunque intenté sacarle algo, se encerró en su cuarto, diciendo que no se sentía bien. El que estés aquí me hace pensar que la actitud de Yuzu se debe a algún tipo de situación relacionada contigo; tu cara habla más que docenas de palabras.

-Siento ser una molestia. No fue mi intención entristecer a Yuzu; se trata de un malentendido y quiero solucionarlo.

-Las amigas discuten de vez en cuando-dijo la señora Ume, lanzando a Mitsuko una mirada inteligente-Sigue, te dejaré a solas con ella. Iré a la lavandería a buscar un encargo, así no te sentirás cohibida por mi presencia.

-Gracias, señora. Es usted una gran madre.-Mitsuko creyó ver total comprensión en ella.

Cuando quedó sola, se dirigió a la habitación que le señalara la madre de Yuzu. Permaneció un momento parada frente a la puerta, sin saber cómo dirigirse a Yuzu sin ser rechazada. ¡Tenía tantas ganas de abrazarla! Tocó la puerta resueltamente, sin recibir respuesta. Siguió tocando, hasta que Yuzu se levantó, y abrió.

-¡Mamá, quiero estar...-su voz se perdió al ver a allí a Mitsuko, que la miraba contrita. Trató de cerrarle la puerta en las narices, pero Mitsuko fue rápida, e interpuso su brazo para evitar que se encerrara nuevamente, y entró. Inmediatamente, se arrojó a los brazos de Yuzu.

-¡Suéltame! ¿Qué haces aquí? -Exclamó Yuzu, apartándose de Mitsuko.-¡Te dije que no quería escuchar mentiras! Suficientes mentiras he tenido hasta ahora, como para que me obligues a tragarme otras tantas.

-Princesa, no voy a mentirte. Jamás lo haría. -Mitsuko se aferró al cuerpo de Yuzu, negándose a soltarlo, cayendo ambas a la cama en medio del forcejeo.

-¡No me toques!-gritó Yuzu cuando Mitsuko intentó besarla- ¡No después de haber besado a la perra esa!

-¿Crees que yo la besé? ¡Ella me forzó a hacerlo! Esa maldita tiene una fuerza endemoniada, y no pude zafarme de ella. Créeme, te lo ruego.

Yuzu había dejado de luchar. Mitsuko permaneció encima de ella, abrazándola desesperadamente.

-No puedo creerte.-Yuzu empezó a llorar-Si hubiese llegado unos minutos más tarde, te habría encontrado en la misma situación en que descubrí a Mei.

-¿Ella te mandó un mensaje, verdad? Lo hizo para que nos vieras en esa situación. Ella quiere separarte de mí, así como lo hizo con Mei. Por Dios, Yuzu, no dejes que se salga con la suya.

Pero Yuzu, terca, se negaba a creer lo que Mitsuko le decía.

-¿Por qué tuviste que seguirla? Te dije que no le hablaras , pero mis opiniones en las cuestiones importantes parece que son un cero a la izquierda para ti.

-Si hay algo de lo que en verdad me arrepiento es de haber caído en su trampa. Yuzuko, ella me estaba esperando en el parqueadero de la escuela y me mintió alegando que me mostraría las razones por las que no se las lleva contigo. Cuando llegamos a la sala de juntas...

"-Mitsuko, en realidad no tengo nada que mostrarte. Sólo tengo algo de curiosidad. Dime,¿Por qué sales con una chica tan insulsa como Aihara Yuzu?

-¿A qué viene tu cuestionamiento? Yo salgo con quien me dé la gana, y no tengo que pedirle permiso a nadie, mucho menos a ti.

-¡No, si no te lo digo por malo! Es sólo que-se acercó a ella, rodeándola con sus brazos- yo puedo satisfacer mejor tus necesidades que esa mocosa.- No pierdas el tiempo con ella, pudiendo conseguir cosas mucho mejores.

-No me digas-respondió Mitsuko con ironía- y supongo que con "mucho mejores" te refieres a ti. Si a eso me trajiste aquí, pierdes tu tiempo. Me largo, Yuzu me está esperando.

-No será tan sencillo-la mano de Misaki se convirtió en un grillete que aprisonò la mano de Mitsuko con fuerza hercúlea.-A mí nadie me rechaza.

-¿Vas a obligarme? ¡Suelta mi mano, que me lastimas!

El rostro de Misaki se transfiguró; ya no era seductor ni dulce, sino que una sombra de perfidia sin límites se posesionó de él y, con determinación y fuerza bruta le rasgó la blusa, quitàndosela. Mitsuko quiso huir para evitar un enfrentamiento físico con "la loca", pero ésta la alcanzó antes de que pudiera abrir la puerta; lucharon un momento, volviendo un caos la sala al volcar algunas sillas y desparramar libros y papeles por el suelo. Mitsuko luchó por liberarse; no obstante, la fuerza de Misaki era descomunal: la arrinconó y, sujetando su cara, a la vez que inmovilizaba sus piernas con las suyas, empezó a besarla. Totalmente asqueada, Mitsuko le mordió con fuerza el labio, lastimàndole la partidura que Yuzu le había hecho el día anterior. Misaki aulló de dolor.

-¡Maldita, me las vas a pagar!-sacó el celular con maña, a fin de no permitir que Mitsuko se le escapase, y envió un mensaje que ya tenía previamente escrito al móvil de Yuzu.; sonrió como una lunática, soltando después una carcajada que heló a Mitsuko-¡Vamos a ver qué dice tu novia cuando nos vea en esta situación comprometedora!

-¡No te atrevas, malnacida!-Mitsuko redobló sus esfuerzos por quitársela de encima, pero ella le agarró el mentón con brutalidad, besándola bestialmente, hasta el momento en que la puerta se abrió de par en par, dejando ver a una impactada Yuzu observándolas con rabia y dolor."

-Yuzu, te juro por mi amor que eso fue lo que pasó.

Inmóvil, Yuzu escuchó la versión de los hechos que Mitsuko, respirando sobre su cuello, le narró en voz baja.

-Me crees ¿verdad?-Preguntó Mitsuko al ver que Yuzu no decía nada.

-Déjame sola.

Mitsuko miró los ojos verdes de Yuzu. Parecían dos pedazos de hielo.

-A veces puedes llegar a ser tan obstinada, Yuzuko. Tengo ganas de llorar. Yo te amo, princesa, no te he fallado, ni lo haría jamás.-dos lágrimas cayeron en el rostro de Yuzu- Sabes muy bien que eres mi primer amor, y lo único que he hecho es llenar tu corazón con caricias, eres lo más bello y lindo que le ha sucedido a mi vida. En mi mente aún vive ese primer beso, que nació de un corazón sin palabras, y jamás olvidaré ese instante tan bello cuando la hora del amor nos llegaba... fuimos tan felices en ese momento. No temas a mi amor, tú sabes bien que no podría vivir sin ti, mi princesa; mi corazón está tan lleno de ti, que la emoción ya no me deja expresar mis sentimientos, y sólo saber que estás tan cerca de mí, me acomete el deseo de besarte y mostrarte mi amor, porque te has constituido en mi estrella, en mi pasión; te quiero, te quiero, Yuzu, sabes que te quiero sólo a ti.

El corazón de Yuzu palpitó; podía sentir la angustia y el amor de Mitsuko. Sin embargo, un momento parecido lo había vivido con Mei sólo tres días atrás, y los recientes encuentros con Misaki la habían insensibilizado, y aunque sabía que Mitsuko no merecía el más mínimo reproche, no pudo evitar herirla, así como ella se había sentido herida cuando la vio con Misaki. Cuando Mitsuko acercó sus labios para besarla, le dijo fríamente:

-Te pido el favor que te me quites de encima. Esta es la cama que comparto con Mei, y no quiero que eso se manche.

Dolida, Mitsuko se incorporó.

-¿Me estás diciendo que voy a manchar tu lecho de amor con mis sucias caricias?

Yuzu no respondió. Secándose la cara, Mitsuko salió del cuarto, con el corazón hecho pedazos.

Cuando se hubo marchado, Yuzu se estremeció. Empezó a recordar lo buena que había sido Mitsuko con ella, lo que habían compartido juntas, y una intensa tristeza llenó su alma. Se tapó de pies a cabeza, llorando.

Entre tanto, Harumin estaba preocupada. Se suponía que Yuzu y Mitsuko ayudarían con los preparativos del Festival. Recorrió la escuela para ver si se habían quedado tonteando por ahí, pero su búsqueda fue infructuosa. Mei, que también estaba extrañada con la ausencia de Yuzu, se acercó a Harumin a indagar acerca de su paradero.

-Taniguchi, ¿Sabes dónde se encuentra Yuzu?

-La estoy buscando, pero no he podido dar con ella. Iba a preguntarte si tal vez se habría ido a su casa.

-Ella estaba muy entusiasmada con lo de la presentación, y quería quedarse a dormir hoy. No entiendo por qué no está aquí.

En eso, Matsuri llegó, saludando a Harumin con un cálido abrazo, e ignorando a Mei.

-¡Ya llegué, querida Harumin! Te prometí acompañarte esta noche y aquí me tienes.

-También me da gusto verte, Matsuri.-comentó Mei sarcásticamente.

La interpelada no se dio por aludida; sólo lanzó una risita burlona, diciendo mordazmente:

-Me pareció escuchar ladrar a un perro, pero creo que fue sólo mi imaginación.

Harumin no pudo contener la risa, la cual cortó bruscamente al ver la agria expresión de Mei.

-Mei, por favor, disculpa a Matsuri, ya sabes cómo es.

-No necesito sus disculpas. Ya se me hacía extraño que me hablaras tan cordialmente, y de Misazawa no esperaba gran cosa.

-Siempre tan huraña y malhumorada-dijo Matsuri, riéndose abiertamente de ella-no aguantas una broma. La verdad, ya no estoy enojada contigo por hacer sufrir a mi Yuzu; a la que quisiera conocer y hacerle pasar un mal rato es a la tal Misaki.

-No sé por qué Yuzu no puede mantener las cosas en secreto-murmuró Mei, hablando consigo misma.

-Porque yo soy su pequeña hermana; tú sólo eres su mascota,literalmente hablando. No por nada confundí tu voz con un ladrido.

-Bueno, ya basta.-intervino Harumin- estábamos hablando de Yuzu, no de ladridos. No se vayan a pelear en la escuela.

-Como tú digas, Harumin. -concedió Matsuri- Tus deseos son órdenes. ¿Y Yuzu?

-Eso mismo me pregunto. Ni ella ni Mitsuko aparecen.

-Pues yo creo que están por ahí escondidas haciendo cosas pervertidas.

-¡Cállate, Matsuri!-exclamó Harumin al ver la cara que puso Mei.

-Nada de eso.-intervino Maruta, que llegaba con Himeko en ese momento- No me gusta hablar mucho, pero esto lo amerita. Yuzu se fue hace rato; tuvo una fuerte discusión con Mitsuko y, al parecer, es algo grave. Lo que no sé es la causa exacta de la discusión, sólo que tiene que ver con la señorita Okazaki.

-¿De nuevo ella?-Harumin tuvo un funesto presentimiento.

-¿De nuevo?-repitió Maruta; pero al ver la pálida faz de Mei, no hubo necesidad de explicaciones.- Creo que entiendo. Taniguchi, deberías ir a buscar a tu hermana, pues no la vi bien.

-Matsuri, acompáñame a mi casa. Si no logró solucionar su situación con Yuzu, lo más probable es que se encuentre allí.

-Bueno.-acordó Matsuri- Son las ocho y la noche promete ser larga.

-Yo también me voy. Maruta, Himeko, cuento con ustedes.-dijo Mei con rapidez.

Matsuri y Harumin miraron con desaprobación a Mei. Matsuri,poco amable, le increpó:

-No vayas a aprovecharte de esto, Mei. Aunque no me extrañaría que recurrieras a ciertas medidas con tal de recuperar a Yuzu.

-Cállate, tú no sabes nada.

-¡Por Dios, no se peleen!-dijo Himeko, estaba fastidiada con ese tira y afloja que había entre las dos.-¡Cada quien haga lo que crea conveniente, pero no discutan, y menos en la escuela. ¿Qué diría el señor Aihara si las viera en esta situación? Sobre todo a ti, Mei.

Mei no contestó. Hizo una inclinación de cabeza, a modo de despedida, y emprendió la retirada.

-No sé qué le ven a esa rubia teñida para que se peleen por ella de ese modo-refunfuñó Himeko -ni que fuera el Flautista de Hamelin, atrayendo mujeres con el sonido de su cutre saxofón.

-"La envidia es mejor despertarla que sentirla" dijo una vez mi abuelita.-Matsuri parecía ser feliz, mientras tuviera a alguien de quien burlarse, y Harumin le seguía el juego.

-¡Son unas tontas! Mejor me voy antes de que me contagien su majadería.-Himeko les mostró la lengua, antes de irse, gruñendo.

-Mira quién habla de ser boba.-dijo Matsuri, viendo cómo se alejaba "la señorita Cejas".

-Bueno, yo también me voy.-agregó Maruta- Tengo cosas que hacer; sin embargo, Harumin, me gustaría que estés cerca de Mitsuko. Estoy preocupada por ella y, no sé, pero tengo la corazonada de que ella y Yuzu no se pusieron de acuerdo.

-Espero que no sea así. Nos vemos; vamos, Matsuri.

Tanto a Harumin como a Matsuri se les apagó el sentido del humor al recordar a Yuzu y sus eternas desgracias.

-No sé cuándo parará esto, Matsu. Yuzuchi parece perseguida por una sombra de negativas vibraciones, impidiéndole ser feliz.

-Parecía que todo iba a pedir de boca. Hay que hacer que ella y Mitsuko se reconcilien. Quisiera saber qué hizo esa tal Misaki para provocar tal discusión entre ellas-musitó Matsuri, pensativa.

Harumin se detuvo un segundo. Iban por el pasillo de la salida, cuando vio a Misaki. Dándole un codazo disimulado a Matsuri, le dijo en un susurro:

-Mira, esa que viene ahí es Misaki.

Matsuri observó detenidamente a la chica señalada por Harumin. Por alguna extraña razón, su cara se le hizo familiar, pero no supo exactamente por qué; lo único que tenía claro es que esa persona estaba haciendo sufrir a su querida Yuzu, y eso la indignaba. Cuando Misaki pasó a su lado, echó una zancadilla con magistral maña, haciendo que ésta última tropezara, cayendo ridículamente al suelo.

-¡Oye, niña estúpida, qué crees que haces!-exclamó Misaki, levantándose inmediatamente.

Agarró a Matsuri por las solapas de su chaqueta marrón, dispuesta a propinarle una buena bofetada en castigo por su insolencia. Harumin iba a intervenir, pero Misaki se detuvo antes de que pudiera hacerlo. Observó por un momento a la pequeña Matsuri, soltándola después.

-No vales la pena. -dijo con desprecio-Siempre has sido un insecto insignificante e inofensivo. De lo contrario, ya te habría aplastado.

Matsuri, furiosa, se acercó más a ella.

-Deja en paz a mi Yuzu, o...

-¿Tu Yuzu?-interrumpió Misaki con ironía-Jamás ha sido tuya, pequeña imbécil.

-¡No me hables así, hija de puta!

-¡Matsuri, vàmonos, no vale la pena!-dijo Harumin, tomándola por el brazo.

-Es la verdad. Es cierto lo que afirma Yuzu de ti, zorra.

-¿Ah, sí?-Misaki enarcó una ceja, burlona-¿Y qué es lo que dice?

-Que eres una puta.

-Parece que Yuzu te ha enseñado a maldecir divinamente. Me la recuerdas tratando de ofenderme con sus palabras tan... simples y divertidas.

Matsuri estaba sorprendida ante el increíble cinismo que desplegaba Misaki. Parecía imperturbable.

-Eres una golfa. Te acostaste con Mei, y parece que has hecho algo con Mitsuko. Si llego a encontrar a Yuzu triste, te prometo que te cazaré, pedazo de mierda, y haré tu vida miserable.

Harumin, que no había intervenido, dijo de modo contundente:

-No te molestes por eso, Matsu. Si mi hermana y Yuzu rompen por culpa de esta escoria, yo seré la que le arranque esa maldita sonrisa de su rostro con mis propias manos.

Misaki lanzó una carcajada.

-Habló la rechazada. Ambas son tan divertidamente patéticas.

-¿Rechazada? ¡Eres una...-Se iba a a arrojar sobre Misaki para cumplir su amenaza, pero ahora fue Matsuri quien la detuvo, sujetándola por la cintura.

-¡Si la golpeas, te podría meter en líos, y hasta provocar tu expulsión!-Exclamó Matsuri, tratando de persuadirla para que no la golpease.

Harumin le lanzó destellos de odio a Misaki, quien, haciendo una reverencia a modo de burla, se alejó, no sin antes decir:

-Ninguna de las dos tiene lo suficiente para vencerme. Idiotas.

Matsuri apretó los puños, deseando emplearlos; en su lugar, escondió su cara en el cuello de Harumin, murmurando con voz temblorosa:

-Nos humilló, Haru. Es una perra.

-No te preocupes, Matsu. No dejemos que se salga con la suya. Vamos a mi casa para ver qué podemos hacer.

Con aspecto sombrío, salieron de la escuela, pensando en la incógnita en que se había constituido Misaki. ¿Por qué tanto empeño en hacerle daño a Yuzu? Ambas fueron testigos del gran sufrimiento por el que atravesaron tanto Mei como Yuzu, y Mitsuko estaba a punto de ser atrapada en ese mismo círculo vicioso.

Al cabo de media hora llegaron a destino. El auto de Mitsuko estaba aparcado frente al departamento.

-El que Mitsuko esté aquí, indica que no se pudo arreglar con Yuzu. Entremos.-dijo Harumin.

Matsuri y Harumin no vieron señal alguna de Mitsuko.

-Creo que sé dónde está.

Se dirigieron al pórtico posterior, y allí la encontraron, sentada en una butaca, con la vista clavada en la nieve que cubría el suelo, pero sin mirarla. Veía hacia algún lugar ubicado en las profundidades de su interior, y tenía un vaso de licor(coñac) en la mano. Harumin observó la botella que estaba a un lado; ya iba por la mitad.

-Está ebria.-dijo Matsuri, tras analizar la mirada extraviada de Mitsuko.

-Hermana- Harumin la sacudió un poco, porque no parecía prestar atención-¡Mitsuko!-ésta levantó la cabeza, mirándola con tristeza. Su cara estaba manchada de alcohol y de lágrimas.

-¿Harumin?-un temblor ligero se apoderó de ella- Haru... Yuzuko cree que la traicioné. Yo... no sabía que enamorarse implicaba sentir este dolor desgarrador en tu corazón, dándote ganas de arrancarlo para que no duela tanto. De haberlo sabido, hubiera huido antes de que este sentimiento creciera de esta manera tan agobiante.

Harumin nunca había visto a su hermana en ese estado tan deprimente; le partía el corazón verla así, porque Mitsuko era tan fuerte y segura de sí, nunca dada a la debilidad, ni al pesimismo. Debía amar mucho a Yuzu para estar así. Se preguntó por qué a ella no le costó tanto superar la tristeza por no poder conservar a Yuzu a su lado, pero la respuesta llegó enseguida: Su hermana y Yuzu habían intimado físicamente, siendo la primera vez para ambas, creando entre ellas un lazo muy fuerte. De seguro ella se habría se habría sentido igual si hubiera roto con Yuzu en esas circunstancias.

-Mitsuko, no te desanimes. Jamás te había visto tan triste.

Matsuri observaba la escena en silencio. Recordaba aquella vez en que Mitsuko recogió a Yuzu bajo la lluvia. Estaba segura que allí había comenzado la historia de las dos. Y también lamentaba verla en ese estado.

-Harumin, voy a llamar a Yuzu. Quiero preguntarle la razón de esta situación. -dijo Matsuri, sacando su móvil.

Marcó insistentemente, una y otra vez, sin obtener respuesta. Decidió dejarle un mensaje de voz.

"Yuzu, Mitsuko está destrozada; la encontré totalmente borracha. Hoy conocí a Misaki, y puedo asegurarte que Mitsuko es inocente. No sé qué pasó, pero ella te ama profundamente. Sé que puedes llegar a ser obstinada hasta la muerte, pero no te dejes llevar. Por favor llámame, o ven al departamento de las Taniguchi."

Matsuri colgó el teléfono, esperando que Yuzu no tardase en responder. Harumin intentaba quitarle la copa a Mitsuko, pero ésta tomó la botella, y apuró casi todo su contenido de un solo trago. La bebida le quemó de tal modo la garganta y el estómago, que empezó a toser, hasta que tuvo que levantarse para ir al baño a vomitar. Beber tanto, y de esa forma, la noqueó y, entre Harumin y Matsuri la acostaron. Algunas lágrimas acompañaban su agitado sueño, murmurando el nombre de Yuzu de vez en cuando.

-Hermana...-Harumin no sabía qué hacer para consolarla.

Salieron a respirar aire fresco, aunque el ambiente estaba helado; copos de nieve caían diseminados aquí y allá, añadiendo más frialdad a la oscura noche.

-Matsuri- dijo Harumin- quédate conmigo esta noche. Mitsuko jamás se había emborrachado, y no sé cómo tratarla.

-Claro que me quedaré.-Matsuri quedó pensativa un momento- Oye , Harumin, desde aquel día en que te le declaraste a Yuzu, la vida de todos dio giros inesperados. Qué curioso ¿no crees?

-Eso mismo he pensado muchas veces. Tal vez arrojé un conjuro maldito al hacerlo. -el ánimo de Harumin se oscureció-Nunca debí confesàrmele.

-Si no lo hubieras hecho, estarías sufriendo aún más. Al menos, lograste sacar ese sentimiento reprimido y, por otro lado, yo salí ganando.

-¿Qué quieres decir?

-De no ser por tu ruptura con Yuzu, no nos habríamos hecho tan amigas. Me siento bien contigo, Haru.-se acercó más a ella, tomando su mano suavemente.- En estos últimos días me he sentido muy feliz de tenerte a mi lado, ya que hacía mucho tiempo alguien no me prestaba tanta atención. La única que lo hacía era Yuzu, pero desde que se metió en tantos líos amorosos, he andado muy sola.

-Es gratificante oír eso, porque yo me siento igual.-dijo Harumin, mirándola a los ojos- Me agradas, Matsuri.

- ¿Te agrado? Bueno, algo es algo.

_ ¿Qué esperabas?

-No sé, algo así como un "me gustas, Matsu".

Harumin se la quedó mirando con la boca abierta, sorprendida. Pensó que bromeaba, pero el rostro de Matsuri estaba serio, y sus ojos azules la observaban expectantes.

-Matsuri, si no tuvieras trece años, te haría mi novia. Eres una niña. -comentó, a guisa de juego.

- ¿El que tenga trece años es un impedimento para ti? Tú tienes diecisiete; sólo son cuatro años. Estoy creciendo, y tal vez llegue a ser más alta que tú. Mi madre mide 1.70, y yo me parezco mucho a ella, así que dentro poco daré el estirón.

Harumin empezó a sentir un cosquilleo en su pecho. De pronto, vio a Matsuri como en realidad era: una chica solitaria hambrienta de afecto, cuya mejor amiga se había alejado, y ahora trataba de refugiarse en ella.

-El otro día me dijiste que no me dejarías sola-murmuró, poniéndose frente a ella, y acariciando sus mejillas frías-Hoy te digo lo mismo, Matsuri. Al menos, siempre he tenido a mi hermana, pero a ti te ha tocado sola. No te defraudaré; estaré siempre a tu lado.

De los ojos de Matsuri bajaron dos cristalinas lágrimas, y se lanzó a los cálidos brazos de Harumin.

-Después de Yuzu, eres la primera que ha logrado ver a través de mi soledad; Yuzu se alejó de mí, y no se lo reprocho porque, gracias a ella, te conocí. Es como si hubiera previsto nuestra separación, y me estuviera diciendo: "Ya no puedo estar contigo como antes, pero aquí te dejo a mi preciosa amiga Harumin. Ella no te abandonará." Cuando la estúpida esa de Misaki nos trató de insignificantes, me llené de tristeza, pero nunca muestro mis emociones. Me dolió, porque es verdad que ambas fuimos rechazadas por Yuzu, y en ese momento me sentí más sola que nunca.

-Ya te dije que no estarás sola nunca más. Te lo prometo.

Matsuri se puso de puntillas para estar al nivel de Harumin. Acercó aún más su cara a la de ella.

-¿Nos besamos?

Harumin levantó a Matsuri del suelo, dejando su rostro a escasos centímetros del de ella.

-Esperemos un poco más.

Emocionada, Matsuri se conformó con besarle la punta de la nariz.

-Sé lo que quieres decir. Estoy de acuerdo. Hay que dejar que el amor crezca ¿verdad? Supongo que ambas aún queremos a Yuzu.

-Así es. Pero, entre las dos podemos olvidar ese primer amor y forjar uno nuevo y, cuando llegue ese momento, te arrancaré los labios con el beso más apasionado que se haya dado jamás.

Matsuri rió, escondiendo la cara en el cabello de Harumin.

-Vaya, si lo dices así, me dan ganas de recibirlo ahora.

Harumin la puso en el blanco suelo nuevamente, sonriendo. Matsuri era la chica más tierna que hubiera conocido antes. Yuzu era así antes de que los problemas destruyeran su carácter. Por eso, no permitiría que Matsuri perdiera ese sereno encanto, pícaro y maravilloso.

-Esperemos.- Repitió. Entrelazó sus manos con las de Matsuri y, en silencio, regresaron a la habitación de Mitsuko. Tendieron un futòn al lado de la cama, y se durmieron abrazadas, una frente a la otra, sintiendo que todas las vicisitudes vividas a lo largo del tiempo, podían difuminarse en los campos del olvido si permanecían juntas, uniendo sus corazones en un mismo latir.

La señora Aihara regresó de la lavandería. Se preguntaba si Yuzu se habría reconciliado con su amiga; pero al escuchar el sonido del saxofón, que sonaba triste y melancólico, supo que no era así. Mei ya había llegado, y estaba sentada en un extremo de la sala. mirando a Yuzu con expresión tan absorta, que no se dio cuenta de la presencia de su madrastra.

-Hola, hijas. Ya llegué.

Sobresaltadas, las hermanastras Aihara se levantaron de un brinco.

-Bienvenida, mamá.-exclamó Mei.

-¿Cómo te fue hoy en la escuela?

-Bien, gracias. ¿Y cómo estuvo su día?

-En lo de siempre, Mei. -se dirigió a Yuzu, que estaba muy callada-¿Yuzu?

Ésta se había sentado nuevamente, con aire de congoja. Sus ojos verdes lucían tristes.

-Igual que tú, mamá.

-Yuzu, quisiera hablar contigo.

Mei, al ver que su madre la miraba, decidió retirarse para cederles privacidad. Mamá se sentó al lado de Yuzu, quien abrazaba su saxofón como si quisiera refugiarse en él.

-¿Pudiste arreglar las cosa con tu amiga?

Yuzu levantó la cabeza, con los ojos muy abiertos.

-¿Cómo sabes que discutí con alguien?

-Esa chica se veía tan triste cuando vino. Me dijo que deseaba hablar contigo, y como tú también habías llegado triste, encerrándote en tu habitación y sin querer hablar, até cabos, llegando a esta conclusión.

Yuzu guardó silencio durante un incómodo minuto, al cabo del cual, sólo logró decir:

-No, no pudimos solucionar nada.

- ¿Qué ocurrió?

Yuzu estaba cohibida. Mamá estaba muy preguntona, y hablar de ese tema con ella se le dificultaba enormemente.

-Este...bueno...ella hizo algo que me hizo dudar de su lealtad hacia mí. Ella insiste en que no es así, y le creo, pero recordarla en.…cierta situación, me saca de quicio.

-Hija, en ese caso, recuerda sólo los buenos momentos. Si le crees, no te dejes llevar por tu orgullo, ni conectes eventos pasados con los presentes; haciéndolo, te niegas a la posibilidad de ser completamente feliz.

-Mamá...-Yuzu estaba feliz de que su madre tratara de animarla; en un impulso, decidió confiarle algo muy importante-Mamá- inhaló profundamente- Ella se llama Mitsuko Taniguchi. Es la hermana mayor de Harumin, y no es mi amiga...es mi novia.

Para sorpresa de Yuzu, su madre no se inmutó ni siquiera un poco.

-Ya lo sé.

-¡¡¡EHHH!!! Pensé que te sorprendería, pero fue al revés. Cielos, mamá ¿Cómo lo supiste?

-Una cara como la que traía esa muchacha era como leer en un libro abierto. Era una expresión de amor, y amor del bueno.

- ¡Mamá! No hables así, haces que me sonroje. ¡Es vergonzoso hablar de esto, y más si es contigo!

-No hay por qué estarlo, Yuzu. Es normal enamorarse ¿no?

- ¿No te molesta ni un poco que me gusten las mujeres?

-Para nada, hija querida. Si tú eres feliz, yo estaré tranquila.

-Pensé que querías nietos.

-Claro que los quiero. Pero hay métodos... adopción, inseminación artificial.

Yuzu abrazó a Mamá.

-Me quitas un peso de encima. Gracias por entenderme. -Yuzu hubiera querido hablarle de Misaki, pero no quiso empañar la paz que sentía en ese momento con su agrio recuerdo.

-Eres mi querida hija, y quiero tu felicidad.-dijo Mamá- Después de perder a tu padre, me prometí a mí misma hacerte la niña más feliz del mundo y trabajé duro para que no te faltara nada ; Shou y Mei llegaron para aumentar nuestra familia, pero a ti te crié sola, y no sé si lo he hecho bien...me tocaba dejarte sola mucho tiempo para ir a trabajar.

Yuzu se pegó más a Mamá.

-Lo hiciste bien. Papá, desde donde sea que nos esté mirando, te está aplaudiendo.

Mamá lloró un poco.

-Agradezco tus palabras, Yuzu. Ahora, llama a tu novia y arregla las cosas con ella.

-Sí, mamá. Pero no lo haré enseguida. Voy a darle una sorpresa.

-Haz lo que creas conveniente.-después, añadió sonriendo-Pero no la hagas sufrir tanto.

-No, no lo haré. La amo, mamá. ¿Irás a verme en mi presentación del Festival? Será pasado mañana.

-No me lo perdería por nada. Tienes mucho talento y, con suerte, recibirás la oferta de alguna Academia de Música, sea aquí o en el exterior, y entonces serás toda una profesional. Me gusta que sientas inclinación por el arte. Como sabes, tu padre era un excelente pianista.

-Sí. Recuerdo, muy borrosamente, la última navidad que pasó con nosotros antes de enfermar e irse. Tocó unos villancicos preciosos, y su voz era como la de un ángel. Lástima que no hayamos podido disfrutarlo por mucho tiempo.

Mamá y Yuzu hicieron una oración en memoria del que una vez fue el esposo por un lado, y padre por el otro, de las dos mujeres que lo recordaban con tanto cariño.

Más tranquila de lo que hubiera esperado esa noche, Yuzu fue a dormir, pensando en Mitsuko, arrepentida de haberla herido. Mei aún no se acostaba. Cuando entró en el cuarto, la encontró sentada ante el escritorio, escribiendo.

-¿Estudiando?-Preguntó Yuzu a modo de saludo.

-Más o menos. ¿Cómo te fue hoy?-La mirada de Mei era profunda y anhelante, y Yuzu lo notó.

-Pasaron algunas cosas, pero ya veo una luz al final de ese oscuro túnel.

-Ya veo. Me alegra por ti.

-Bueno, voy a dormir Mei. Hasta mañana.

Mei se levantó y apagó la lamparita de su escritorio.

-Haré lo mismo, estoy cansada. Mañana será un día bastante trajinado.

-¿El Festival Escolar, eh?

-Sí. Aunque, desde hace un tiempo, mi vida no ha tenido un momento de paz.

-Mei...

-Yuzu.

-¿Sí?

-Déjame...déjame dormir abrazada a ti.

Yuzu no quería demasiada cercanía con Mei. ¿Cuándo estaría libre de ese amor que llenaba gran parte de su corazón?

-Mei, no es conveniente que hagamos ese tipo de cosas.

-Está bien, no insistiré.

Rápida, Mei se acostó en su lugar de la cama, cubriéndose con la cobija. Yuzu pudo percibir sus calladas lágrimas. Presa de un repentino arranque de ternura, se acostó ella también, abrazándola, y besando su sedoso cabello negro. Mei se estremeció al sentirla tan cerca por segunda vez en ese día. Puso sus manos sobre las de ella, que reposaban enlazadas alrededor de su cintura.

-Yuzu...

-Shhhh. No digas nada. No me separaré de ti en toda la noche. Sólo te pido que no llores ¿vale?

-Te amo, Yuzu.

Yuzu se adhirió más al cuerpo de Mei, rozando levemente su nuca con los labios.

-No te digo que dejes de amarme enseguida, pero trata de ser feliz con otra persona,Mei.

-Te dije que te esperaría ¿no?

Yuzu no dijo nada. Cerró los ojos, aspirando el suave aroma del cuerpo de Mei, hasta quedar dormida. Y Mei elevó una petición al cielo. Está de más decir qué fue lo que pidió.

Después de desayunar, Mei y Yuzu salieron rumbo a la escuela. Por ser día de festival,se tomaron la libertad de irse un poco más tarde de lo habitual, cerca dela 8:30 a.m.

En el camino, Yuzu revisó el celular y se sorprendió al ver la cantidad de llamadas perdidas. Todas eran del número de Harumin. Se puso los audífonos para escuchar el mensaje de voz que Haru le había enviado como último recurso para comunicarse con ella.

Al enterarse de que Mitsuko había bebido y que, además, estaba terriblemente triste, un aguijonazo de remordimiento le pinchó el alma, recriminàndola por su dura actitud hacia Mitsuko. Debía resarcir el daño que le había causado. Mei observaba en silencio los movimientos de Yuzu, adivinando que tenía que ver con Mitsuko.¡Qué no hubiera dado por ser ella el motivo de ese rostro preocupado!

Paradas junto a la entrada de la escuela, estaban Harumin y Matsuri, quienes al verla llegar, corrieron a encuentro. Mei no quiso quedarse a escuchar cosas que no tenía ninguna gana de conocer. Se escurrió con rapidez, dejando atrás a Yuzu, y tanto Matsuri como Harumin la ignoraron por completo.

-¡Yuzuchi!-exclamó Harumin-¿Por qué no contestabas tu teléfono? ¡Nos tenías preocupadas!

-Me imagino que ya sabes lo que ocurrió,¿verdad?

-Ayer Maruta nos lo dijo. Al parece las vio discutir, y como estaba implicada Mitsuko, nos lo comunicó de inmediato.-dijo Matsuri.

Yuzu se rascó la cabeza, algo aturdida.

-Dios, qué espectáculo debió presenciar Maruta. Parece que todos en la escuela saben ya de mi relación con su antigua presidenta.

Harumin miró a Yuzu con reproche, mientras entraban al recinto escolar.

-¿Cómo pudiste creer las intrigas de la zorra esa?

-No las creí, Haru. Entiéndeme. Ya viví una experiencia nada agradable por culpa de ella, y ver a Mitsuko en sus brazos me llenó de rabia. Fui muy injusta con tu hermana, pero estoy dispuesta a pedirle perdón; ayer la herí de un modo terrible.

-¡¿Cómo así que en brazos de Misaki?!-exclamaron al unísono Matsuri y Harumin, con expresión de horror.

-Parece que Maruta no se especificó bien.-murmuró Yuzu- Como lo oyen. La gran maldita quiso seducir a Mitsuko, y como no lo logró, quiso embaucarme con un teatrito que estuve a punto de creer, pero cuando Mitsuko me contó lo que en realidad pasó, supe que todo fue una estratagema de Misaki para provocar la ruptura de mi relación con Mitsuko.

Matsuri tenía el ceño fruncido.

-Yuzu, la cara de esa tipa se me hace familiar, pero no sé por qué. ¿Estás segura que nunca la habías visto anteriormente?

-No. Estoy segura.

-Ayer nos encontramos con ella aquí en la escuela. No pude resistirme al deseo de azuzarla un poco, pero esa hija de su puta madre nos humilló.-añadió Matsuri.

-Por favor, les suplico que no hablen con ella. Ya veré cómo hago para que deje de molestarme. Pero lo que que quiero saber es cómo se encuentra Mitsuko.

-Hoy no fue a la universidad. Cuando Matsuri y yo salimos, aún estaba dormida; se bebió una botella de coñac, y como nunca había tomado tanto, le sentó muy mal. La verdad, no creo que salga hoy, y lo más seguro es que la encontremos tomando otra vez .Nunca había visto a mi hermana tan triste, Yuzuchi. ¿Irás a verla hoy?

-No. Me muero por verla, pero no le digas nada. Mañana es mi presentación con el club, y quiero darle una bonita sorpresa cuando me toque mi solo. Asegúrate de traerla mañana contigo.

-Oh, qué envidia me da Mitsuko- bromeó Matsuri- Tiene una novia tan detallista y romántica. Conociéndote, seguro vas a decirle algo lindo en público.¿Me equivoco?

-No, no te equivocas. Haru, no vayas a decirle lo que pienso hacer. Además, hoy las veo más unidas de lo usual-comentó Yuzu, observando sus manos entrelazadas.

Las aludidas se miraron, sonriendo.

-Sólo hemos estrechado nuestros lazos de amistad.

.Me alegro por ustedes.

- Todo es gracias a ti. Y Claro que no le diré nada Mitsuko. Ella vendrá a verte, así yo no se lo pida.

Mientras así hablaban, se encontraron de frente con Misaki. Desviaron el camino,cruzando por otro pasillo, pero antes, Yuzu se detuvo un momento para mirarla. Esta le sostuvo la mirada, pero esta vez, Yuzu no percibió odio en ella. Ella la miraba del mismo modo que observara en Mei la noche anterior: era un reflejo de tristeza, una intensa tristeza, mezclada con otro sentimiento que no alcanzó a interpretar. Creyó que alucinaba, pero no. Confundida, siguió su camino, preguntándose a qué se debería la biporalidad que vio manifestada en esa enigmática mujer.

El día transcurrió sin novedad alguna. Se llevaron a cabo los distintos eventos programados para la primera jornada del Festival Escolar. Mei y su séquito de la junta supervisaban los distintos números que se ejecutaban esa mañana. La escuela tenía muchos visitantes, todos amigos o familiares de las estudiantes, y las delicias culinarias no eran la excepción en cuanto a su obligada presencia en el festival, así como los juegos organizados por diversos grupos de estudiantes. El que el invierno se hubiera encontrado con la fecha del festival, no fue impedimento para que todos gozaran de las actividades. Las alumnas se habían esforzado al máximo para que todo los espacios al aire libre estuvieran despejados de nieve y, por suerte, no nevaba, y un sol amigable alumbró débilmente durante todo el día, a pesar del frío.

Yuzu se recluyó con su club de música para afinar algunos detalles de la presentación que clausuraría el Festival. Ser el último número era una gran responsabilidad, y todas querían lucirse ante la escuela y las visitas. Después de ensayar toda el día, sin salir para disfrutar de los dulces y programas, Yuzu se quedó con dos compañeras más: Keiko, que tocaba el piano, y Naoko, encargada de la percusión. Ellas harían el acompañamiento para el solo de Yuzu, que sería el verdadero cierre del Festival, y las tres se esmeraban para que todo saliera perfecto; además, habían planeado un número sorpresa, por petición de Yuzu.

Todos estos preparativos musicales se llevaban a cabo bajo la atenta mirada de Misaki. Ella tampoco disfrutó de ninguna de las atracciones del Festival. Prefirió camuflarse entre el gentío del club de música, para que Yuzu no notara su presencia, sólo para dedicarse a contemplarla ;y después, cuando el ensayo del trío se retiró a un salón más pequeño, simplemente se sentó frente a dicho salón, escuchando a medias a las que allí se encontraban. Era una extraña obsesión.

¿Y Matsuri y Harumin? Pues ellas sí se divirtieron. Probaron un poco de cada cosa, entraron a la casa de espantos, al café cosplay, e incluso participaron en un concurso de karaoke, organizado por las de primero. Ambas rieron, bromearon, cantaron y jugaron como un par de niñas, felices por tenerse una a la otra en un mundo que parecía haberlas unido para eso: ser felices.

De esta manera, el día culminó sin ninguna otra novedad. Yuzu y Mei marcharon a casa, cansadìsimas. No más tocaron la almohada, las dos quedaron dormidas, de la misma forma que el día anterior, es decir, abrazadas. Era muy tentador, en esa noche de invierno, calentarse con el cuerpo de alguien a quien, a pesar de todos los problemas habidos y por haber, se ama con todo el corazón. No obstante, Yuzu se durmió pensando en Mitsuko, deseando, casi, que en vez de Mei, fuera su novia quien descansara a su lado.

Matsuri y Harumin encontraron a Mitsuko despierta pero sobria. Obviamente, estaba muy deprimida. Pensaba que Yuzu terminaría con ella; por eso no se atrevió a llamarla, ni buscarla, para postergar el temido momento.

-Hermana,¿Mañana irás a ver a Yuzu en su presentación?-le preguntó Harumin con mucho tacto.

-Claro que iré. Ella está muy entusiasmada con eso, y quiero verla, así no pueda hablar con ella.

-Me alegra verte tranquila.

-Tranquila, pero triste.

-Ánimo, Mitsu. Vamos a dormir.

En sueños, Mitsuko tenía a Yuzu entre sus brazos, murmurándole todas esas palabras que almacenaba en su corazón enamorado. Y Matsuri y Harumin... pues, al parecer, ellas eran las únicas, de nuestra historia, que durmieron con el alma libre, llameante bajo el resplandor del incipiente amor que crecía con dulce paciencia en sus corazones...; porque hasta Misaki veía, en sus visiones oníricas, aquello que la atormentaba, sin concederle tregua alguna.

Al fin, el momento de la presentación llegó. El escenario tipo teatro destinado para las grandes presentaciones, estaba hermosamente decorado. En primer lugar, el club de Arte Dramático haría una representación de Hamlet; seguidamente, el club de Coro cantaría el himno de la Academia Aihara, y parte del Mesías de Hândel, acompañado por el club de Música, y como presentación final, el mismo grupo ejecutaría un fragmento de la sinfonía Pastoral de Beethoveen. Como anexo, el solo de saxofón de Yuzu Aihara, con acompañamiento del teclado y la percusión.

El recinto estaba atiborrado. Después de terminar, con éxito, las otras actividades del Festival, todo el estudiantado en pleno, más los visitantes, llenaron cada uno de los asientos del gran salón. Ese tipo de presentaciones eran de gran calidad, y nadie quería perdérsela, pues era el arte de la escuela desplegado en su máxima expresión.

En primera fila estaba Matsuri con Harumin. Tres filas más allá, en una esquina, se encontraba Mitsuko, algo decaída, y Mei y su madre estaban en un lugar destinado a los familiares y allegados a los participantes del evento. Misaki, alejada de todos, se ubicó en un solitario palco ubicado al fondo del salón, justo encima del lugar reservado a los profesores. Como gran excepción, dado el día, el abuelo de Mei se encontraba allí, con alguno invitados especiales, incluido el director del Conservatorio de Bellas Artes de la Universidad de Tokio. Buscaban florecientes talentos para su prestigiosa facultad artística.

Con mucha ceremonia, se dio inicio a la representación de Hamlet. El vestuario era exquisito, y las actrices caracterizaron a la perfección cada uno de los personajes de la aclamada obra de Shakespeare. Verdadera lágrimas brotaron de los ojos del público cuando llegó el trágico final de la pieza teatral, para luego ser ovacionadas con fuertes aplausos.

El coro no se quedó atrás. La preciosas voces de soprano entonaron con orgullo el himno de la escuela, y la interpretación del Mesías fue tan espectacular, que todos los presentes pensaron que en realidad se encontraban en el cielo. Luego llegó el turno del club de música. Cada integrante se ubicó en su correspondiente banquillo. El hermoso fondo construido por las estudiantes destacaba agradablemente: era una hermosa pradera campesina, con nubes de algodón, y algunos animales domésticos de felpa, que parecían muy reales, estaban diseminados aquí y allá; la presidente del club de Arte Dramático se prestó para representar a la típica mujer campusina japonesa.

La madre de Yuzu se sintió tan orgullosa de su hija, que estuvo a punto de levantarse y aplaudir antes de tiempo. Mei y Mitsuko sólo tenían ojos para la única rubia del grupo; se veía curiosa esa cabecita rubia entre las distintas tonalidades de castaños y negros de las demás estudiantes. El vestuario se cambió a última hora, siendo utilizado el uniforme escolar. Les pareció que así honraban a la escuela, y todas estaban impecables. El profesor de música haría el papel de director.

Con todo preparado, se dio inicio al número musical de aquella memorable tarde. Como era de esperarse, la sincronizaciòn de la orquesta fue perfecta, siendo de lo mejor visto hasta ese momento. No por nada la dejaron casi al final de la agradable tarde, y cada visitante elogió la gran calidad educativa que se impartía en la Academia Aihara.

Yuzu estaba terriblemente nerviosa. Una cosa era tocar con más de veinte personas, donde la atención del público se distribuye sin tanta densidad, y otra muy distinta convertirse en el foco de visualización de todo un auditorio. El corazón se le quería salir del pecho. Se encomendó a todos los santos, instalándose con Keiko y Naoko, esperando a que se alzara el telón. La estudiante que presentó cada programa dijo con mucha solemnidad:

-Como último número, tendremos la presentación de un solo de saxofón, ejecutado por un talento emergente de nuestra amada escuela: Aihara Yuzu, con el acompañamiento en el teclado a cargo de Sujimoto Keiko, y en la percusión Kurumisawa Naoko.

Fueron recibidas con un fuerte aplauso. Tras las bambalinas, las demás integrantes de la orquesta cruzaron los dedos, y la presidenta del club, una chica de tercer año llamada Yoshida Fukioka,ubicada a un lado del escenario, les daba ánimo a las tres.

Antes de empezar, Yuzu tomó un micrófono que estaba al lado de su banquillo, en el centro del escenario y buscó a Mitsuko entre el público. Cuando la focalizó, dijo con voz un poco insegura por los nervios:

-En un principio iba a tocar una arreglo de "Los Últimos Días de Anastasia", pero cambié de parecer. Una persona que está en este lugar me escuchó tocando cierta composición la primera vez que me vio con un saxofón. Se trata de "Love Story", y esta te la dedico a ti con todo mi corazón.

El alma de Mitsuko saltó al escuchar tales palabras. Se levantó de su asiento, se volvió a sentar. Se sentía consolada, indeciblemente consolada. Yuzu no la iba a dejar. De sus ojos salieron dos lágrimas de alivio. Esa era su Yuzu.

Todos en el salón estaban expectantes, y el señor Aihara se palmeó la cara, pensando que había sido demasiada suerte el que Yuzu no hubiera salido con una de las suyas, hasta ese momento. Pero sonrió. Su nieta política había cambiado mucho, pero para bien. Nunca imaginó verla allí, con un club tan serio como el de música.

La introducción era un suave tecleo, dulce y maravilloso. Yuzu empezó a tocar. La melodía era fluida, lenta y ensoñadoramente romántica. En cada nota, Yuzu ponía el corazón, y mientras tocaba recordaba cada momento vivido con Mitsuko, en especial su primera vez con ella. La batería había hecho su entrada, y todos los presentes se sintieron transportados a un cielo nocturno, colmado de estrellas, y de música de alas. Las parejas se tomaron de las manos, sintiendo al amor flotar en infinitas burbujas dentro del recinto. Matsuri y Harumin tuvieron que contenerse para no besarse; para resistir la tentación, Harumin escondió la cabeza de Matsuri en su pecho, acariciando su cabello con mucha dulzura, y la pequeña se aferró a ella con apasionada ternura.

La madre de Yuzu recordó a su primer esposo, y todo el amor con que fue concebida su hermosa hija, y lloraba, lloraba de alegría al ver a su amada Yuzu tan entregada a una pasión tan dulce como la del amor. Era una interpretación bellìsima. Mei y Maruta suspiraban, llenas de tristeza. Yuzu y Mitsuko se amaban. ¿Podrían algún día tener la dicha de amarlas con plena libertad? Y Mitsuko tuvo que obligarse a permanecer sentada, pues ardía en deseos de subir y llenar de besos a su amor. Su Yuzu la amaba, y eso lo demostraba. De Misaki hablaremos más tarde.

Cuando la interpretación llegó a su fin, en un paroxismo de romanticismo y lirismo puro, toda la audiencia en pleno se levantó, aplaudiendo atronadoramente.

-¡Muy bien Yuzu! ¡Eso fue fenomenal, Aihara!- se escuchaba decir por todas partes.

Yuzu respiraba agitadamente; se había metido tanto en la ejecución musical, que lloraba. Desde allí arriba le envió un beso a Mitsuko. Esta iba subir, pero Yuzu la detuvo con un ademán. Volvió a tomar el micrófono y dijo, con el rostro iluminado por la emoción:

-Esto no estaba en el programa, pero me he tomado la libertad de hacer un extra. ¿Saben? Hace poco cometí una terrible injusticia con mi pareja; la hice llorar, y con esto quiero pedirle perdón por ser tan impulsiva e infantil. Te amo. Tú sabes que te amo-dijo, mirando a Mitsuko.

Yuzu contó hasta tres, y sus compañeras hicieron una pequeña introducción, muy suave. Antes de hacer su entrada, Yuzu dijo, medio cantando:

-Esta canción se llama "Para adorarte más" .

Yo sé que nace el sol y se oculta, contrario es el amor que nos gusta, que no muere jamás...

Como el amor de madre se busca, y pienso organizarme para nunca volverme a enamorar;

Por que ya encontré a mi hermosa que me inspira,

entre rosas y flores, quien diría, si tengo mil razones para poder cantar,

y hoy serán dos corazones y una vida, unidas para siempre, soltería te digo adiós por siempre;

Porque tengo el amor y ahora vivo, tan sólo para quererte, y motivo para tener salud y amar;

Soy feliz sólo con tu mirada, ya no me importa nada si hoy te tengo a ti,

Y aunque me grite la gente que soy una indolente que te voy a dejar.

/y yo, yo no te voy a dejar mi vida, yo no te voy a dejar/

Sin sol, sin tierra, sin noche, sin día, ay para adorarte más yo viviría...

Había tanto sentimiento expresado en lo que Yuzu cantaba, que muchos de los que ya tenían a alguien en su vida,se sentían enamorados de nuevo, y aquellos que no, desearon poder tener a alguien a quien abrazar. Mei se había retirado, con el corazón lleno de amargura.

...Las horas dan los días y así mismo, los días marcan los años, los siglos, secuencia original;

y así nace el amor chiquitico, y va creciendo y llega al puntico de la entrega total.

Porque tanto me debía el destino, vida mía, que hoy doble me ha pagado con tu vida,

y ¿qué cosa es desengaño? no quiero contestar; y en las reglas del amor nunca dividas,

adiciona, no restes, multiplica, y verás el resultado, como los ríos que siempre se juntan,

aumentan su caudal, causa justa, para aumentar en nosotros el amor...

En este punto Yuzu lloraba, porque recordaba todo lo que había sufrido al amar a Mei sin recibir nada a cambio; tuvo que hacer un esfuerzo para terminar; y Mitsuko estaba embobada, mirándola. La voz de Yuzu era preciosa, y todos allí estaban maravillados con lo que escuchaban.

...Y pensar que yo sufrí de veras... si mi esperanza es buena, no volveré a llorar,

porque el amor siempre vence, comprobado mil veces, y eso lo viví ya,

/Y tú, tú no me vas dejar mi vida, Tú no me vas a dejar/

Para adorarte que más no daría, y para cantarte,qué feliz sería...

Porque te voy a querer, te voy a adorar, lo juro por mi amor,

porque tu eres mi sol, eres mi pasión, te quiero mi amor...

Yuzu terminó de cantar,exhausta, extendiendo los brazos en dirección a Mitsuko. Ella la miró, interrogante."¿Estás segura?" preguntaron sus ojos. El publico comprendió, y aplaudieron con euforia. Esa chica rubia era impulsiva, pero tenía el don de hacerse amar. Mitsuko salió de su asiento, y corrió al estrado, alzando a Yuzu en brazos.

Un murmullo recorrió todo el lugar.

-¿Una chica? ¡Oigan, es Mitsuko!

-¡Increíble!

-¡Quién lo diría!

Estos y otros comentarios se dejaban escuchar. Pero Yuzu había hecho palpitar de un modo tan hermoso a toda la audiencia, que todos simpatizaron con ella. El señor Aihara estaba rojo de vergüenza, pero el director del Conservatorio le dio una palmada, diciendo:

-No se apene, señor Aihara. Tengo una hija que también está en esos caminos. Es algo más usual de lo que cree. Por otro lado, esa muchacha tiene asegurada una beca en la universidad.

El interpelado sonrió forzadamente, pero se sintió orgulloso de que elogiasen a su nieta.

Matsuri, en su asiento, le susurró a Harumin:

-Todo lo que hizo Yuzu por Mitsuko, algún día lo haré por ti.

Harumin besó la frente de su amiga.

-Lo esperaré ansiosamente.

El cierre del Festival fue un rotundo éxito, y cuando el telón cayó, todas las integrantes de la orquesta alzaron a Yuzu y Mitsuko, lanzando vítores y hurras en su honor. La madre de Yuzu, Harumin y Matsuri también se unieron, compartiendo la felicidad de Yuzu.

Todos los enseres usados en el Festival fueron reunidos en el patio, que estaba cubierto por una mediana capa de nieve. Hicieron una pila, y le prendieron fuego. El tradicional baile de clausura se llevó a cabo. Los profesores, las estudiantes, los visitantes, y hasta los empleados de la escuela hicieron un corro, y bailaron baja la luz de la luna. Cuatro corazones latían al unísono, plenos de amor y gozo: Mitsuko y Yuzu por un lado, y Harumin y Matsuri por el otro.

Pero así como hay alegrías, también hay tristezas. Mei contemplaba la gran hoguera, observando el rostro feliz de Yuzu. ¿Por qué no había sabido ver lo preciosa que era cuando era suya? Su alma volaba a esa sonrisa, amándola con tanta fuerza que dolía. Dolía demasiado.

Maruta. Feliz por Mitsuko, aunque no fuera ella la elegida. ¿Por qué no se le había declarado antes? Si lo hubiera hecho, tal vez Mitsuko habría llegado a amarla.

En un salón del edificio educativo, Misaki observaba desde una ventana a Yuzu. Repetía una y otra vez:

-Si yo me hubiese atrevido...-golpeaba la pared con el puño, llorando de ira y frustración.

Las cosas que dejamos de hacer, y de las que nos arrepentimos de haber hecho, descansan bajo una capa de mar profundo, esperando el momento para salir a flote y mirarnos con su infinita sabiduría ;y ellas comprendieron que la vida hay que vivirla cuando se presenta el momento, porque si lo dejas para después, tal vez sea demasiado tarde