Seis: Amor.

El conflicto interno de Izuku, al inicio, no fue admitir su amor por Shoto y Katsuki. No, el conflicto fue darse cuenta que, de cierta forma, el sentimiento hacia ambos era el mismo.

Comparado con todo lo vivido en su primer año en U.A., los conflictos emocionales se volvieron menos paralizantes, pero igual de desafiantes. Izuku se ponía nervioso con frecuencia, en parte por su personalidad demasiado analítica, en parte porque vivió demasiado tiempo cuidándose de no contrariar a los demás.

Era indudable que había mejorado con los años, pero en su situación actual, ciertos pensamientos negativos inundaban su mente en espiral.

Katsuki era volátil y no dudaría en dañarlo con sus explosiones si se sentía ofendido.

Shoto era probable que malinterpretara algo, si como suponía, jamás había experimentado el amor romántico.

Para rematar, ¿acaso a uno de ellos, o a los dos, les gustaban los chicos siquiera?

Dios, enamorarse era demasiado complicado, ¡como si no hubiera tenido suficiente en su vida! ¿Ni eso podía hacer de la manera normal? ¡Lo odiarían!

De pronto, por alguna inspiración divina, se armó de valor y decidió invitarlos a comer. Acabaría con aquello de una vez, aunque se arriesgaba a que lo repudiaran y que jamás volvieran a dirigirle la palabra.

Había sobrevivido a muchas cosas peores. Un corazón roto no sería diferente.

(Ah, qué equivocado estaba).