Siete: Abrazos.
Lo suyo no era el contacto físico, Katsuki lo sabía.
Había pasado poco menos de un año en esa relación del demonio y seguía pareciéndole extraña, tanto como fue la repentina confesión de Deku (casi hizo estallar la mesa del restaurante al oírla), porque sinceramente, jamás imaginó que el nerd sería el primero en enfrentar… lo que sea que estuviera pasando entre los tres. Más pasmado se quedó al enterarse que no era el único de ellos que sentía algo, y agradeció al cielo y al infierno que sus molestos amigos no estuvieran allí, porque seguro su cara fue jodidamente digna de fotografía.
Por eso, a esas alturas, todavía le sorprendía que, de repente, aceptara los eufóricos abrazos de Deku cuando las misiones salían bien, o los escasos y apretados abrazos de Shoto después de una situación tensa.
Los tres trabajaban por separado, pero sus respectivas agencias consideraban que hacían un excelente trabajo en conjunto, así que no era de extrañar que, en operaciones de gran envergadura que requerían a varios héroes, se les enviara juntos. De esa manera, el contacto era constante e inevitable… así como el verse unos a otros arriesgando la vida para llevar a buen término su parte del trabajo.
Fue después de la última misión en grupo que Katsuki cayó en la cuenta de que no iba a soportar el volver a un departamento vacío, a soportar solo la mierda de saber a uno de ellos en el hospital.
Para variar, el herido era Shoto (mejor ni preguntar cuándo dejó de ser Mitad y Mitad). Casi al final de la misión, se vio obligado a usar más su hielo que su fuego, lo que desestabilizó su temperatura corporal y lo hizo ir más lento, así que uno de los villanos aprovechó la oportunidad de atacarlo por el lado derecho. De no ser por Deku y él, habría acabado mal, pero igual se quedó inconsciente por el frío, por lo que lo internaron. Deku se ofreció a quedarse con él esa noche, solo así Katsuki aceptó irse, pero igual apestaba.
¡Joder, en serio los amaba!
Solo eso explicaba que decidiera, de buenas a primeras, que les propondría que se mudaran juntos, ¡y al carajo todo lo demás!
