Ocho: Secretos.

Siendo esta relación tan valiosa como desafiante para él, Izuku no quiere que los secretos la estropeen.

Desde muy joven, aprendió a callarse ciertas cosas. Primero, lo mal que lo pasaba por su falta de singularidad (aunque seguramente su madre sospechaba algo); luego, la verdadera naturaleza de la singularidad que le fue confiada y después, algunas cosas que fueron surgiendo conforme transcurría su paso por U.A.

Para Izuku no era difícil guardar secretos, pero eso no significaba que le gustara.

Ha pasado un mes desde esa misión en la cual Shoto estuvo hospitalizado y también desde que, de golpe, Katsuki saliera con que "si voy a tener que cuidarles las espaldas, idiotas, será mejor que vivamos juntos para saber dónde jodidos están". No era la mejor forma de plantear algo semejante, pero conociendo a Katsuki, sería lo menos agresivo que obtendrían de él. No tuvieron que pensarlo demasiado, porque también deseaban algo así, y la única dificultad estuvo en decidir dónde iban a vivir.

Acabaron en el departamento de Shoto, que era el más grande gracias a que, como él mismo dijo, "a mi padre le importa lo suficiente mi vivienda como para pagarme un sitio decente, aunque pienso devolverle cada centavo".

A Katsuki le hizo gracia el que Endeavor pagara un lugar que acabó siendo el hogar de los tres, que tenían una relación tan atípica, y tuvieron que impedir que le llamara por teléfono solo para echárselo en cara.

Por eso, por lo que han tenido que pasar (y por lo que seguramente les espera), Izuku está allí, con Katsuki y Shoto frente a él y un asentimiento del rubio le da el aliento que necesita para comenzar a hablar.

—Hay algo sobre mí que quiero que sepas, Shoto…