Once: Verdad.

Lo primero que vio Shoto al despertar, además de mucho color blanco, fue a Katsuki dormido en una silla, justo a su lado.

No le extrañaba el sentir malestar en casi todo el cuerpo. Ese villano no había sido fácil de vencer, ni siquiera con lo bien coordinados que estuvieron Izuku y él en sus ataques. Para su desgracia, el tipo no solo tenía una singularidad que le daba una flexibilidad similar a ser de goma, sino que también era físicamente fuerte y demasiado inteligente para su propio bien.

—Katsuki…

Lo llamó en un susurro, sin preguntarse por qué Izuku no estaba allí. De verdad, con la pelea que tuvieron, raro sería que lo velara también.

—Katsuki…

—¿Qué?

El otro contestó apenas en un murmullo, de la misma manera que lo hacía en casa cuando le hablaban recién levantado. Enseguida, pareció darse cuenta de dónde estaba, porque se irguió de golpe, haciendo una mueca de dolor la incómoda posición en la que se quedara dormido, para luego fijar los ojos en el otro.

—¿Cuánto tiempo llevas allí? —preguntó Shoto al instante.

—Unas horas —espetó Katsuki, frunciendo el ceño y desviando la vista, sin poder ocultar cómo sus labios se apretaban en claro signo de preocupación—. ¿Te duele algo?

—Sí, pero no mucho. ¿Has visto a Izuku?

—Fui hace una hora. No había despertado, así que vine acá.

Shoto asintió con la cabeza, haciendo una mueca al segundo siguiente. ¿Acaso el villano lo golpeó contra algo? El sencillo gesto le causó punzadas.

—Mandaré a alguien aquí —avisó Katsuki, poniéndose de pie—, así puedo ir a ver a Izuku. No des problemas, Shoto.

—Está bien.

Al ver a Katsuki salir, Shoto supo que las cosas no estarían tan mal.