Doce: Inseguridades.
¿Dónde está...? ¿Dónde está Shoto? ¡Estaban peleando juntos! ¡Estaban...!
La angustia era tal, que no tardó en quedarse sin aliento.
Izuku despertó de golpe, reconociendo el blanco del cuarto de hospital. Se preocupó al no recordar cómo llegó allí, señal inequívoca de que se quedó inconsciente en algún momento de la pelea. Quiso rememorar lo sucedido, pero al marearse casi al instante, debió dejarlo de lado, al menos por el momento.
Eso solo le dejó la preocupación por Shoto, la horrible sensación de no saber si estaba bien, si lo había perdido. ¿Podría él soportarlo? ¿Podría seguir con su vida si no estaba? ¿Podría Katsuki perdonarlo por no poder proteger a Shoto?
Recorrió parte de aquella habitación con los ojos, que apenas recuperaban la claridad. Lo borroso de su vista podía deberse al sueño y al dolor corporal que de repente lo torturó.
Su mala condición no ayudaba en nada a disminuir sus preocupaciones y odió el recordar las inseguridades de su pasada soledad.
—Izuku.
Su nombre lo hizo dar un respingo y se giró hacia el sonido, llorando de alivio al ver que Katsuki estaba allí con él.
—Kacchan… —susurró, sintiendo la boca seca.
—Eh, tranquilo —pidió Katsuki, ocupando una silla colocada junto a la cama con un semblante muy serio—. Estarás bien, Izuku.
—¿Shoto? ¿Dónde está…?
—En otra habitación, a dos puertas. Despertó hace poco también.
Eso solo logró que Izuku llorara más, pero a Katsuki no pareció molestarle (no como antaño, cuando su modo de comunicarse con él se parecía dolorosamente al odio). A esas alturas, estaba más que acostumbrado, ¿no?
—Lo siento, Kacchan. No pude…
—¡Oye, no quiero oír estúpidas disculpas! —espetó Katsuki enseguida, mirando a Izuku con severidad—. Iré a decirle a Shoto que estás despierto. Te enviaré a alguien.
Cuando Katsuki se fue, cuando se dio cuenta que él no quería disculpas porque no lo culpaba de nada, Izuku siguió llorando, pero también logró sonreír.
