Quince: Nieve.
Pese a lo vivido, Shoto no olvidó en qué día vivía.
Lo confirmó más de una vez, revisando su calendario de escritorio en la agencia, en su agenda electrónica y en el calendario de la cocina de su departamento. Por si no fuera suficiente, a la agencia llegaron con cierta anticipación paquetes de parte de varios de sus antiguos compañeros de la clase A, que Ashido amablemente se ofreció a guardar donde no fueran descubiertos antes de tiempo.
Por eso, instó a Katsuki a practicar "eso" casi una semana entera, hasta que lo tuvieron dominado y luego fueron ante Izuku para mostrárselo.
El día de la demostración, llevaron a Izuku a la única sala de juntas de su pequeña agencia. Allí, sobre una larga mesa rectangular y organizado gracias a Ashido y Uraraka (quien vino desde el otro lado del país especialmente para la ocasión), estaba el montón de paquetes que llegaran antes y un pastel decorado con betún de un bonito verde menta.
Katsuki había sido sincero durante una de las prácticas de "eso", acerca de que Izuku seguramente lloraría no tanto de felicidad (que la sentiría, sin duda), sino porque recordaría cuando la fecha no le era tan grata como ahora. Shoto había ido enterándose de cosas así a lo largo de su relación, así que no estaba demasiado sorprendido y se limitó a mirar al otro con frialdad por un momento.
—Lo sientes, ¿verdad? —dijo finalmente.
—¡Ya sabes que sí, maldita sea!
La voz de Katsuki apenas salió, pesada y triste, así que Shoto le creyó.
Y sí, de verdad Izuku se echó a llorar, aunque no le extrañó a nadie. Todos sabían lo sensible que era, por lo que lo llenaron de felicitaciones y abrazos, antes de que Katsuki, con un corto grito, atrajera la atención hacia él y Shoto.
Al minuto siguiente, los presentes estaban extasiados.
¿Nieve en julio? Con hielo y explosiones, el regalo de cumpleaños para Izuku fue poco más que un éxito.
