Dieciséis: Explosivo.

La primera impresión sobre Katsuki, sin duda, era que su carácter era tan explosivo como su singularidad.

Él mismo se sabía poco paciente, con tendencia a dejar salir lo que se le ocurría a la menor provocación, aunque algunas ocasiones dictaran que debía permanecer en silencio y quietud. De hecho, si en algún momento estaba callado y sin moverse, algunos pensaban que se acercaba el Apocalipsis y se alejaban de él en cuanto podían, temiendo presenciar un estallido de su ira más grave de lo habitual.

Pero Izuku y Shoto lo conocía mejor y sabían que el estallido del rubio antes de irse ese día, era del tipo protector.

—¡Adiós, idiotas! ¡Más les vale completar la jornada en sus jodidos escritorios o se las verán conmigo cuando vuelva!

Habían recibido una llamada demasiado temprano. Apenas estaban desayunando y siendo ese día el turno de Shoto en la cocina, Katsuki pudo contestar la llamada casi al instante, ya que Izuku no podía ponerse de pie tan rápido como siempre (la última sesión de curación singular había sido el día anterior y seguía agotado por ello).

—¿Quién? —vociferó Katsuki, antes de quedarse mortalmente serio, al menos para tratarse de él—. ¿En serio? Manda la ubicación a mi teléfono, voy por el bastardo.

Con eso y la posterior despedida, Shoto e Izuku no tuvieron dudas de lo que sucedía.

Compadecían al villano al que Katsuki perseguía.