Diecisiete: Miradas.

Los ojos de Izuku siempre decían mucho, pensaban Katsuki y Shoto.

Tras su última parada por el hospital, y considerando las secuelas, no dejaban de agradecer su buena fortuna. Al menos, algo así dijo Shoto cuando hizo su primera patrulla tras el incidente, en compañía de Katsuki (quien andaba más que ufano por haber enviado al villano a prisión).

—Estoy feliz y aliviado —aseguró Shoto—. Izuku sigue aquí.

—¿Cómo no iba a seguir aquí, Shoto? ¿Es una maldita broma?

El otro negó con la cabeza, aunque Katsuki sabía bien de lo que hablaba.

Ninguno de los dos era idiota. Recordaban perfectamente quién había dado el primer paso en admitir sus caóticos sentimientos, y desde el principio sabían quién era el corazón de aquella relación, aquella parte sin la cual, ni siquiera estarían juntos.

Agradecían el momento en que dejaron de estar ciegos a las brillantes miradas de irreflenable afecto de Izuku, pues así pudieron apreciarlas al ser completamente para ellos.

—No siempre agradecí que me quisiera —musitó Katsuki, con la voz ahogada que le salía cada que recordaba la parte mala de su pasado conjunto con Izuku. A esas alturas, Shoto sería tonto si no la reconocía—, aunque sabía que era importante. ¡Mierda, a veces me pregunto qué tanto me ve, Shoto! A veces creo que no valgo su perdón.

—Él no lo ve así —aseguró Shoto con suavidad, vigilando su entorno porque, después de todo, estaban de patrulla—. Además, lo conocemos bien, Katsuki. Puede ser muy bueno, pero no te habría perdonado si no lo sintiera de verdad, y desde entonces has hecho todo lo posible por enmendarte. Izuku lo aprecia y yo también.

Katsuki asintió, tragando saliva y desviando la vista. Shoto notó que le brillaban más los ojos, pero se abstuvo de señalarlo.

Continuaron la patrulla como si nada, y también agradeciendo en su interior que Izuku siguiera con ellos, mirándolos con todo el amor que les tenía.

Agradecían, simplemente, el que Izuku siguiera con vida.