Veinte: Besos.

Los besos de Katsuki eran fieros, piensa Izuku, casi desesperados, intentando devorar al otro y entregándose entero.

Esos besos le gustaba recibirlos tras una misión llena de movimiento y adrenalina, o después de concluir con algo tremendamente complicado que lo tuviera al límite de su resistencia. Katsuki era algo así, una meta a alcanzar que requería de todo su ser, trabajando duro y sin demasiados miramientos.

Los de Shoto, por otro lado, son una montaña rusa, sintiendo el frío del invierno y la calidez del verano, casi al mismo tiempo, en sus tiernos labios.

Con Shoto era agradable besarse al despuntar el día, bajo la suave luz del sol y cuando todo lo que Izuku quería era ir despacio, antes de zambullirse en el caos del trabajo. O también cuando era hora de irse a dormir, porque sentía que con ese gesto, conjuraba un buen sueño.

No sabía que, en mayor o menor medida, daba tanto o más de esos sentimientos a Katsuki y a Shoto con cada beso compartido, por el simple hecho de ser sincero.