Veintidós: Familia.

Izuku los amaba, lo sabían.

Por eso, tardaron en comprender qué pretendía al invitarlos a su casa de la infancia a cenar y allí, sin previo aviso, soltarle a su madre "estamos juntos. Los tres".

—Deku estúpido… —masculló Katsuki.

Shoto, por una vez, casi estuvo de acuerdo.

Inko Midoriya era una buena mujer, eso no lo ponían en duda. Katsuki la consideraba casi una santa y Shoto sabía, a grandes rasgos, la razón tras ello. Mucho de lo que Izuku era se lo debían a ella, aunque a veces les daba terror el imaginar qué sería de sus vidas si la mujer hubiera insistido en aquella idea suya de impedirle a su vástago seguir en U.A. (sintieron escalofríos cuando Izuku se los contó).

Por todo eso, imaginaban que a una persona como Inko no se le pasaría por la cabeza que su único hijo no solo estuviera en una relación amorosa, sino que fuera como aquella, con un hombre que antaño pareciera odiarlo y con otro que apenas supiera cómo expresar lo que su corazón albergaba.

Supieron que Izuku los presentó porque los quería en su familia.

Quizá por eso Inko, milagrosamente, los aceptó.

—¿Es una maldita broma? —espetó Katsuki, sin poder contenerse.

Inko arqueó las cejas, sobresaltada, por lo que Shoto le puso al rubio una mano en el hombro, dando un ligero apretón.

—Katsuki–kun, me sorprende que pienses así —Inko pasó a fruncir el ceño, antes de alzar una mano para parar el torrente de maldiciones que, con seguridad, Katsuki estaba a punto de soltar—, considerando todo el tiempo que nos conocemos. Si no supiera que eres sincero… que ambos lo son —ella miró a Shoto por un segundo, antes de seguir—, no dudaría en tratar de convencer a Izuku para que acabara con esta tontería…

—¡Mamá! —la voz de Izuku sonó ahogada, incrédula y un poco dolida.

—… Pero sé que no es una tontería, no para Izuku. Y que ustedes vinieran con él, que lo hayan cuidado tanto tiempo… Bueno, debí saber antes que significaba algo.

—Mamá, no quería…

—Ya sé, Izuku. Me imagino que no querías preocuparme, que estabas asustado y cosas así. Pero cariño, confío en ti. Siempre me voy a preocupar y confieso que me parece un poco extraño, pero no te voy a odiar por esto. No podría, ¡te veo tan feliz…!

Shoto, viendo cómo Izuku y su madre se abrazaban entre lágrimas, se inclinó todavía más por la creencia de Katsuki de que esa mujer era demasiado buena para el mundo.

No es que antes lo dudara. Era la madre de Izuku, después de todo.