Veintitrés: Pelea.
Sí, Katsuki se sorprendió de que Inko los aceptara, y le extrañó (solo un poco) que la casa Todoroki fuera un infierno en la tierra cuando Shoto les informó de su relación.
La verdad, le importaba muy poco la opinión de los Todoroki. Para él, Shoto era lo único bueno que tenía esa familia (Rei era caso aparte: todavía no la conocía, no era Todoroki de sangre y lo que le pasó fue culpa del maldito Endeavor). Lo único gratificante de anunciar lo suyo en aquella mansión tradicional, aparte de la comida de Fuyumi, fue la cara de pasmo total del actual héroe número uno, que contrastaba con las carcajadas irónicas de Natsuo. Apenas salieron de allí sin heridas, pero solo porque el viejo de Shoto los despidió en silencio y dedicándoles miradas envenenadas (más a Izuku que a Katsuki, cosa que al rubio le daba muy mala espina).
Lo que sí dio por hecho fue la pelea en su propia casa (Mitsuki era una bruja), pero aún así dolía.
En su interior, presentía que la charla no iría bien, por eso la dejó para el final. No les había dicho a sus padres a qué iba, o por qué lo acompañaban Izuku y Shoto. Dejó que se imaginaran lo que quisieran antes de soltarles la verdad a su estilo, de golpe y porrazo.
Obviamente, eso fue parte de por qué todo se fue al carajo, pero no la más grave.
—¿Qué hiciste realmente, Katsuki? ¿Cómo lograste que estos dos fueran parte de esta maldita broma?
—¡No es una broma, bruja! ¿Por qué crees que haría una broma como esta?
—Mitsuki… Katsuki…
—Oh, no sé, ¿tu asqueroso sentido del humor? Izuku debe saberlo mejor.
No lo hizo, ¡no lo dijo! Momento, ¿cómo sabía ella…?
—Lo que sea que le hayan dicho, Mitsuki–san, no importa ahora.
Izuku, con lo malditamente alegre que era, dio miedo expresándose con ese tono, tan desprovisto de emociones. A Katsuki le recordó aterradoramente a cómo hablaba Shoto cuando llegó a U.A.
—¿No? Solo porque no lo hicieras…
—No lo hice porque lo escuché, Mitsuki–san. Si nos disculpa, tenemos que irnos. Shoto, Kacchan…
—Izuku–kun, por favor —llamó Masaru Bakugo, con expresión confundida.
Si su padre no tenía idea de qué pasaba, Katsuki se preguntó qué tanto estaba de acuerdo con lo que estaba pasando.
—Lo siento, Masaru–san, de verdad. Si quiere, podemos invitarlo a cenar en otra ocasión, para compensarlo.
Como Izuku no cedió y marchó hacia la puerta, Shoto no tuvo de otra más que hacer una reverencia a los Bakugo antes de seguirlo. Katsuki, por un segundo, pensó en imitar a alguno de los dos, pero esos eran sus padres, así que le tocaba otra cosa.
—Dime toda la mierda que quieras, bruja —inició, con la voz más seria que pudo—, tal vez la merezco, tal vez no. Pero óyeme bien: si se te ocurre otra cosa contra Izuku o contra Shoto, no te la voy a pasar. Acepta lo que te he dicho o jódete, me da lo mismo.
—¡Katsuki! —dejó escapar Mitsuki, con voz estrangulada.
A continuación, el rubio también abandonó la casa.
No esperaba que ser feliz doliera así, pero no se arrepentía.
