Veinticuatro: Futuro.

Lo que les esperaba era incierto, pero estaban decididos a forjar su propio futuro.

Katsuki era volátil, malhumorado y no muy educado, pero nadie dudaba de su instinto de combate, de su inteligencia y de su determinación al alcanzar la perfección en cada cosa que quería. En lo profesional, eso lo convertía en un héroe con el que pocos se sentían cómodos trabajando, pero quienes se lanzaban de cabeza a la experiencia, descubrían que el rubio siempre les guardaría las espaldas.

Izuku era radiante en más de una manera, no solo por su singularidad. El valor y la compasión en sus actos hacían que se le conociera como un héroe amable y cálido, aquel que con su sola presencia, animaba a los desvalidos y hacía que algunos villanos reconsideraran toda su vida. Todo lo anterior, aunado a su sonrisa deslumbrante, parecía desaparecer al enfrentar mentes criminales realmente malvadas, pero eso solo significaba la seriedad del asunto y que su habilidad analítica lo resolvería de la mejor manera.

Shoto era un enigma para muchos, incluidas las personas que lo admiraban, pero no podían en duda sus refinadas habilidades en el campo. Con una singularidad como la suya, les resultaba de lo más lógico que se hubiera esmerado en mejorar su uso conbinado, lo que era complementado con una buena cabeza sobre los hombros y una cortesía casi perfecta (aunque sus apariciones en los medios eran ligeramente desconcertantes). Entre eso y ser el cerebro administrativo de su agencia, cualquiera creería que tenía las manos llenas, pero siempre se esmeraba en mostrarse tranquilo con todo el mundo, a sabiendas de que los héroes debían ser confiables para el público al que salvaban.

Aunque algunos no los entendieran, aunque los villanos qusieran aprovecharse de ello, seguirían adelante. Los tres, Katsuki, Izuku y Shoto.

No habían llegado a tanto por nada.