YA NO QUIERO
Por BBKID
Gracias a Claudia Gazziero por ser la beta reader
Capítulo 1: Libertad
I
Un año después…
Por fin tengo en mis manos el papel en el que se me informa que vuelvo a ser Kagome Higurashi; conseguí el divorcio luego de una fuerte lucha y peleas legales. Desde esa noche he tenido que cuidarme la espalda por el temor de que él viniera y me golpeara hasta matarme. Estuve cerca de morir, pero sobreviví gracias a mis viejos vecinos, quienes detuvieron a mi actual exesposo y llamaron a la policía, además de pedir una ambulancia.
Aún recuerdo el diagnostico, tuve fractura de cráneo, maxilar inferior roto y la nariz destrozada. Cuando a mi madre me vio por fin, no creyó que era yo; pensó que era una broma cruel que le estaban haciendo. Por la paliza que recibí tuvieron que someterme a una serie de operaciones con el fin de reconstruir mi cráneo y rostro. Necesitaron inducirme al coma durante tres meses y permanecí inconsciente.
Mi madre hizo todo lo que estuvo en sus manos para conseguir una orden de alejamiento, ya que el muy cínico insistía en verme, quería estar a cargo de mi cuidado y tomar las decisiones sobre mi tratamiento. Es por esa razón que mi familia junto a mis amigos y se turnaron para que Inuyasha Tadao no se acercara ni siquiera cien metros del Hospital. Ellos también apoyaron a mi mamá con los gastos médicos y los asuntos legales. Todo lo relacionado con el tema de las leyes lo vio Miroku, un gran abogado y por supuesto, amigo.
Ahora pienso que tal vez Inuyasha quiere terminar su trabajo y mandarme definitivamente al otro mundo, no estoy segura de qué pensar sobre él. Desde el momento en que desperté, el sinvergüenza exigió verme y hablar conmigo, según él para arreglar las cosas. Finalmente, seis meses después de esa fatídica noche, mi exesposo pudo conseguir una reunión.
Al verlo tuve miedo, aún no había olvidado todo lo que me había hecho, y hasta cierto punto, sabía el poder que tenía sobre mí. Con su dinero podía hacer lo que se le pusiera en gana, incluso matarme. No iba a dejárselo fácil, estaba decidida, lucharía hasta el final. Tenía una segunda oportunidad de vivir y no pensaba desperdiciarla con él.
Ingresé al despacho del amigo que teníamos en común, Miroku Miyazaki, quien durante todo este tiempo me ha defendido a capa y espada, a pesar de haberse tenido que enfrentar a su mejor amigo. Por lo que me dijo para convencerme de aceptar su ayuda, él nunca podría estar a favor de un hombre que golpeaba a las mujeres, no existía justificación para semejante acto.
Antes de entrar tomé aire y abrí la puerta con seguridad, encontrándolo a él de espaldas mirando el gran ventanal que daba a la ciudad. Inuyasha se giró al percibir mi presencia y me vio directamente, noté su cara de sorpresa. Supuse que había observado los cambios en mi rostro, además de los de mi contextura. Desde la última vez que nos vimos había bajado varios kilos y al encontrarme en rehabilitación, tenía que usar un bastón.
No esperé nada y me senté en la silla que habían puesto especialmente para mí. Di por hecho que él no comenzaría hablar, dudaba que lo hiciera después de ese escrutinio eterno.
No tuve ningún accidente, si eso es lo que piensas… Digamos que me crucé con un monstruo que casi acaba conmigo —Puse énfasis en la palabra monstruo.
Lamento mucho lo de esa noche… Me hiciste perder la cabeza. —Trataba de dar una excusa razonable a sus actos.
Lo siento por eso —Me disculpé con sarcasmo—, Pero no pensaba volver con el asesino de mi bebé.
Eso fue un accidente —Respondió de inmediato. Me invadió la rabia el ver cómo negaba lo que había hecho.
Un accidente, claro… ¡Me golpeaste la barriga sin parar! No te importó que estuviera embarazada. Alegaste que te engañaba con Kouga y que esperaba un hijo de él, aunque en ningún momento te había engañado —Le dije la verdad sin tapujos.
Siempre andabas con Kouga. Cuando viajé durante esos tres meses lo ibas a ver. ¿Qué querías que pensara? —Me echó la culpa a mí.
Él es doctor y estuvo monitoreando mi embarazo, te lo dije muchas veces por teléfono, hasta te mandé la primera ecografía… En la que por supuesto no estuviste presente. Me ignoraste porque te estabas revolcando con mi querida amiga Kikyo en tu viaje de negocios —Le trataba de explicar algo tan obvio que hasta un niño podría comprenderlo. No encontraba una justificación para que a él le costara tanto creerme.
Lo peor había sucedido durante el proceso del juicio. Me enteré que la que creía mi mejor amiga, se acostaba con mi ex marido sin importarle que en ese momento yo estuviera embarazada.
No metas a Kikyo en este problema. —La protegió sin dudar.
Claro, defiéndela… De todas formas ella es una arpía, una serpiente que traicionó la confianza de su amiga de la peor manera. —Expresé lo que pensaba de ella de la misma forma que él lo hacía sobre mí.
— ¡Te he dicho que no la metas en esto! —Gritó acercándose.
Tomé mi bastón, dispuesta a utilizarlo como arma. — ¿Piensas golpearme de nuevo?
Sólo quiero que volvamos, arreglemos esto… Somos marido y mujer, podemos formar una familia y dejar todos estos problemas atrás…
¿Problemas? —Me reí sin poder creer sus palabras y ver como minimizaba todo—. No me hagas reír…
Se molestó, evidentemente. —Hablo en serio, Kagome.
¿Sabes? La primera vez que me golpeaste continúe con mi vida porque tenía a mi bebé, pensé lo podría salvar. Pero no fue así, me sentí devastada al enterarme que lo perdí —Hice una pausa—. Entonces creí que te disculparías conmigo, darme un lo siento, lo lamento, no quise hacerlo… —Apreté mis puños, me dolía todavía.
Kagome… —susurró.
¡Ni siquiera te diste un tiempo para verme en el Hospital! ¿Qué podía esperar de ti entonces? Después de todo, la que tuvo que llamar a emergencias fui yo. Me dejaste tirada en la sala, mientras tú te ibas quién sabe a dónde.
Tuve miedo —Respondió— Sabía que lo que hice estuvo mal, ¿de acuerdo? Pensar que me engañabas hizo que me volviera loco de la rabia, imaginé que ese niño era de Kouga y lo odié, lo odié tanto…
Yo nunca te engañé ni lo habría hecho, pero tú no me creíste. En lugar de dar la cara como un verdadero hombre, mandaste a tu abogado a pedirme el divorcio. Si en ese momento quedaba algo de amor por ti en mi corazón, murió al ver a ese hombre. Me prometí no volver contigo, nuestro bebé dio su vida a cambio de la mía, no la desperdiciaré.
Kagome, no digas esas cosas… Entiéndeme, yo todavía te amo, podemos arreglar las cosas, ir a terapia si es necesario… —Intentaba convencerme desesperado.
Es demasiado tarde… Yo ya no quiero estar contigo, ¡entiéndelo! —Hice una dolorosa pausa—. Te lo dije esa noche, y tú… en lugar de aceptar mi decisión trataste de abusar de mí y como no lo conseguiste se te ocurrió golpearme hasta casi matarme. Creí que moría, estaba dispuesta a reunirme con mi querido niño…
No pude contener mi llanto más, hablar sobre mi bebé siempre me ponía así. Tomé aire y continué. —Esa noche te estaba esperando para decirte que Kouga me había confirmado el sexo del bebe, iba ser un niño, un hermoso niño… —bramé con el dolor matándome por dentro—. ¡¿Por qué tenías que quitármelo?! ¡¿Por qué tuviste que lastimarlo?! ¡Él no te había hecho nada! ¡NADA! Era un ser indefenso que ni siquiera pudo ver la luz del día gracias a ti, ¡Su padre! Dime, ¿Es justo? —Me sentí iracunda, la rabia acumulada durante todos esos meses, junto a la gran tristeza guardada en mi interior salió a flote.
En todo ese tiempo no había podido hablar con nadie sobre las emociones acumuladas en mi corazón, la frustración junto con la culpa estaban a punto de acabar conmigo. No quería molestar a nadie con mis problemas, ni mis amigos ni mi familia lo merecían, ellos ya había hecho suficiente por mí.
Kagome… —Se acercó tratando de abrazarme. Sé que nunca le había gustado verme llorar, era su debilidad.
¡No me toques! —Lo empujo con asco, él me mira desconcertado—. ¡No quiero que vuelvas a ponerme un dedo encima! Odiarte es sentir demasiado hacia ti… Puedo decir que ya no siento nada, ¡Quiero que esto termine, entiéndelo!
¿Por qué? ¿Acaso nunca me amaste? ¿Cómo pudiste dejar de amarme tan rápidamente? Parece que es cierto lo que dicen… Lo único que querías era mi dinero —Se indigna.
Si quisiera tu dinero volvería contigo y te desangraría hasta que te quedes en la miseria. ¡Yo no quiero tu estúpido dinero! Te amé con locura, de eso no tengas dudas… Hice muchas tonterías de las cuales me arrepiento, entre ellas casarme contigo.
¿Qué no quieres mi dinero? —Se burla—. Entonces, ¿Por qué pides tanto?
Es por los gastos médicos del Hospital. Estuve en coma por tres meses, tengo una placa de metal en la cabeza, me fracturaste la mandíbula y la nariz, ¡eso sin contar los daños en mis costillas y tobillos! Necesito rehabilitación, varias medicinas para el dolor y para poder dormir tranquila en la noche… Tengo pesadillas durante las noches, sueño que vienes de nuevo a golpearme —Justifiqué cada centavo—. Te informo que todo eso no es gratis, mi familia no tiene por qué estar solventando los gastos que tú ocasionaste cuando eras mi marido.
Quiero ser yo quien te cuide y reivindicar el daño que te hice.
Seco mis lágrimas. —Yo ya no confió en ti, Inuyasha. ¿Crees que pueda hacerlo algún día después de lo que hiciste?
Aún te amo —Declara.
Pero yo no, te lo repito. Tú mataste hace tiempo todo el amor que sentía por ti —Admito.
Lo lamento… —Sus ojos brillan intensamente—. Dame una oportunidad para recuperar tu amor… —me ruega. Noto el arrepentimiento en su mirada, cierto calor que no sentía desde hacía tiempo me invade.
Es tarde… El daño que hiciste es demasiado grande. ¿Acaso no lo ves? Quizás fue un error casarnos, tú puedes encontrar a otra persona con la que te comprendas…
Tú eres la persona con la que deseo pasar el resto de mi vida.
¿Qué hay de Kikyo? ¿Te sigues viendo con ella? —Lo cuestioné, sabía que así era.
Compréndeme, soy hombre… Necesito satisfacer mis necesidades —Lo comunicó como si fuera lo más normal del mundo.
No es justo que juegues con sus sentimientos, ella te ama tanto que traiciono a su mejor amiga… Deberías estar con ella y no aquí pidiéndome que regresemos —De repente, sentí verdadera pena por Kikyo, la mujer que se conformaba con las migajas del amor de Inuyasha.
Él insistió, como era su costumbre. No podía respirar si las cosas no eran como él quería. — ¡Te amo a ti! Es nuestro destino estar juntos.
Suspiré. —Quizás lo fue en algún momento… Ahora es tiempo de separarnos, si en verdad me amas déjame ir. Si quieres estar con Kikyo no me opondré, se feliz con ella.
Me mira consternado. — ¿Qué hay de ti? —preguntó.
Estaré bien. Soy fuerte… Tal vez encuentre a alguien que me ame de verdad — Me arrepiento al momento de decirlo. Fue un grave error, como bestia en celo se lanzó sobre mí.
¡No permitiré que otro hombre te toque como yo lo hacía, tú eres mía! —grita enfurecido.
¡Cálmate! Al igual que tú tienes derecho a rehacer tu vida, yo también lo tengo… —dije firmemente.
De seguro piensas largarte con tu amante. —Comienza con sus celos, la raíz de todos nuestros problemas.
A diferencia de ti, yo no tengo a nadie… ¿Sabes qué? Esto no tiene caso, conversa con mi abogado —Me levanto de la silla dispuesta a irme.
Tú no te vas a ningún lado, ¡Eres mía o de nadie! —Me jala, provocando que caiga al piso, golpeándome la espalda.
¡Auxilio, ayuda! —Grito desesperada. No otra vez, por favor no otra vez. Él iba a golpearme de nuevo, pero el impacto nunca llegó. Los guardias de seguridad entraron y lo detuvieron, sacándolo a rastras del lugar. ¿En qué momento el Inuyasha dulce y protector que conocía se había transformado en aquel monstruo cruel y despiadado?
Han pasado seis meses desde aquel encuentro. Luego de ese día no lo volví a ver, me enteré por medio de Miroku que Kikyo se encontraba embarazada. Tenía dos meses aproximadamente, y esa era una de las razones por las que Inuyasha me había dado el divorcio, su padre no aceptaba tener un nieto bastardo.
Todo eso del embarazado fue muy beneficioso para mí, era bueno estar separada de Inuyasha, además nunca había sido del agrado de su familia, ellos consideraban que yo era una caza fortunas que se había interpuesto entre Inuyasha y su brillante futuro. Ellos siempre habían querido que su hijo se casa con Kikyou, la heredera de una importante constructora con sucursales en diferentes partes del mundo. Ella era una arquitecta espléndida, y la pareja perfecta para Inuyasha, que era Ingeniero Civil. Yo solo había sido un capricho de su retoño.
De ante mano, ellos habían hecho todo lo posible para separarnos. La coincidencia más grande era que su padre decidiera mandarlo de viaje por tres meses junto a Kikyo, su mejor amiga y ahora prometida. Ellos se revolcaban de lo lindo mientras yo lo esperaba como una idiota. Ahora eso no me importa ni me duele, se lo regalo con moño y todo, hasta le pago para que se lo lleve lejos de mí.
Suspiro cansada, no es el momento para pensar en cosas desagradables. Hoy estoy feliz por la simple razón de que soy libre, no tengo nada que me ate a Inuyasha ni nada que temer. Es algo que merece una celebración, tomo mi celular y a la primera persona que llamo es a mi madre, ella me apoyó en los momentos difíciles por los que he pasado.
¡Aló, mamá! —Hablo emocionada.
Ella se asusta un poco, después de todo lo que me pasó siempre tiene un poco de temor. — ¿Qué sucede, pequeña? ¿Todo está bien?
¡Sí, estoy de maravilla! Me acaba de llegar la resolución final sobre el divorcio… ¡Por fin he vuelto a ser Kagome Higurashi!
¡Qué alegría, mi cielo! De todas formas ten cuidado, ese hombre es peligroso. —Su alegría se mezcla sutilmente con el miedo.
No creo que vuelva acercarse… —Trato de calmarla, aunque ni yo misma me lo creo del todo.
Ella lo sabe, así que decide cambiar de tema. — ¿Qué te parece si lo celebramos?
Sí, pensé en invitar a las chicas para ir a cenar por ahí, ¿qué opinas? —Comento.
¡Es una fantástica idea, hija! —Me alienta. Es una gran madre, debo decirlo.
Bien, entonces las llamaré para vernos en el Palermo y comer una rica comida italiana —Coordino con ella—. ¡Hace tiempo que no comemos pasta!
Por mí no hay problema, arréglate con las chicas y vamos juntas.
Claro, adiós mamá… y gracias por todo lo que has hecho por mí, a pesar de que te fallé como hija.
Silencio. —Cariño, nunca me fallaste… A veces uno toma malas decisiones, pero verás que encontraras un… —No la quiero dejar terminar.
—Mamá, ¿te soy sincera? No quiero a otro hombre en mi vida. Suficiente con una vez…
—No todos los hombres son malos —Trata de animarme.
—Tal vez, pero no estoy dispuesta a verificarlo. No soportaría perder otro… bebé —Hablo con un nudo en la garganta.
—Mi pequeña, tranquila, ¿sí? Vamos a divertirnos esta noche y dejar todas las penas… Hoy es un día maravilloso y tenemos que celebrar —Me anima.
Me limpio las lágrimas. —Está bien…
¡Hasta más tarde, cariño! Cuídate… —Se despide.
Adiós mamá. —Cuelgo el teléfono y me recuesto sobre la pared.
Luego de dejar el celular en la mesa pienso detenidamente en lo que dice mi madre sobre otro hombre. Dudo, ¿qué hombre querría estar con una mujer como yo? Gracias a Inuyasha tengo cicatrices y sufro de insomnio; además, según él era un fiasco en la cama…
Al final el sexo no había resultado ser como muchas veces había oído que lo describían. Era lógico deducir que el problema era yo, y si le sumamos a mi gran lista de defectos lo débil que soy… Si hubiera sido más fuerte mi pequeño estaría aquí. Llego a la conclusión de que soy un fiasco como mujer. Me miro en el espejo y no hago más que confirmarlo.
II
Leo el maldito papel, siento como la cólera bulle en todo mi ser. ¿Cómo es que ella se ha salido con la suya? Se supone que mi esposa volvería suplicándome que la aceptara de nuevo, o que simplemente no le quedara otra opción. Kagome sigue siendo mi mujer, este papel no significa nada para mí. Lo estrujo y lo boto al tacho de basura con rabia.
Me dijeron que por fin te libraste de Higurashi… —Escucho decir a mi padre, como siempre entra sin tocar la puerta.
Me alejaste de la mujer que amo —Le recrimino.
Un capricho sin sentido… Ahora tu responsabilidad está con el hijo que esperas de Kikyo, aprende a ser responsable de tus actos.
Si debo ser responsable de mis actos, debo estar al lado de Kagome… luego de todo lo que le hice —Admito responsablemente, como él desea.
Ríe. —Saca a esa mujer de tu cabeza, tú mismo comprobaste que era una caza fortunas, nunca te quiso. Pudo haber falsificado esas pruebas de paternidad —Soluciona, desprestigiándola. Él no la conoce.
Siempre la odiaste —Veo la verdad ante mis ojos—. No paras de hablar mal de ella, sin detenerte a pensar en que ella es la mujer de mi vida. Ese niño era mío —La defiendo—. Por seguir tus malditas órdenes y creer tus palabras, la mujer que amo me odia y acabé con el fruto de nuestro amor —acuso con todo el rencor del mundo.
Hijo, esas mujeres son capaces de todo… —Insiste.
Yo fui el que mando a hacer la prueba de ADN, Quise saber si en verdad me mentía y restregárselo en la cara. Al final resultó que ella no mentía, jamás lo hizo —Me lamento por mi estupidez golpeando el escritorio. Me siento como un tonto.
Hijo… —Por primera vez mi padre muestra algo de tristeza.
¡Déjame tranquilo y vete! No entiendes lo que siento… —Lo rechazo.
Lo sé —Noto cierta sinceridad en sus palabras.
No lo sabes… Tú no golpeaste a una mujer hasta que esta perdiera a tu hijo… —A pesar de sus palabras, sé que no puede comprender mi dolor—. Entiendo que no me quiera a su lado, sin embargo, no puedo dejarla ir.
No te queda otra opción. El niño que espera Kikyo necesita a su padre, y si no te casas con ella ten por seguro que te quedarás en la maldita calle, Inuyasha —Me advierte con voz dura, luego se retira de mi oficina sin mirar atrás.
Espero un momento, tomo mi saco y mis llaves y camino tras él. Toda esta situación me tiene harto, necesito un trago. Voy al lugar de siempre, aquel sitio que ha sido mi guarida desde la separación con Kagome, y todo lo que vino después.
Para empeorar el asunto, el entrometido de Miroku, en lugar de ayudarme, hizo que todo se complicara al conseguir una orden de alejamiento. No pude verla más, hasta que conseguí una reunión con ella y traté de que nos reconciliáramos. Por desgracia, ella me hizo perder los estribos otra vez al revelarme que deseaba rehacer su vida con otro hombre. No dejaría que otro hombre la tocara y la besara de la forma en que yo lo hacía ni ninguna otra, antes muerto. Si ella no es mía no será de nadie, puedo apostarlo.
Tal vez en la boda del hermano de Sango pueda reconquistarla, aunque por el momento no pueda ser mi esposa. La convertiré en mi amante, y cuando nazca el hijo de Kikyo se lo quitaré y me casaré con Kagome de nuevo… formaremos nuestra familia, tendremos muchos hijos y todos estos malos entendidos serán historia.
Dame otra botella de vodka. ¡Hoy tengo que celebrar que recuperaré a mi esposa! —Me muestro eufórico al planificar mi plan, sé que lo conseguiré.
III
¡Felicidades, amiga! ¡Por fin eres libre! —Me felicita Yuka al llegar.
Sí, lo soy. Gracias chicas, ustedes y mi mamá han sido un pilar fundamental en mi recuperación… —Les expreso mi gratitud.
¡Para eso estamos las amigas! —Dice Eri.
Además teníamos que ayudarte… ¿Crees que íbamos a ser unas insensibles y dejarte sola? —Interviene Hitomi.
Gracias a ustedes ahora tengo trabajo —Continúo.
¡Vamos, ni que hubiese sido difícil! Siempre fuiste buena alumna, además que la imagen que dejaste donde trabajaste a última vez fue muy buena… —Agrega Yuka.
¡Es verdad! Supe que mis niños ya están en la escuela y ocupan los primeros puestos —Les comento sintiéndome orgullosa por los que fueron mis hijos postizos en la guardería.
Hitomi sonríe. —Eso hace sentir bien a cualquiera, amiga.
Además tú les diste una buena base —Comenta Yuka.
¡Vamos, no sean exageradas! Ellos son unos niños muy inteligentes —Río avergonzada.
¿Los niños con los que estas ahora son lindos? —Me preguntan.
Son un encanto cuando quieren… ¡aunque también son la muerte! De todas formas son lindos al final.
Todos son lindos… —Afirma Yuka.
¡Hola chicas! —Escuchamos a una cansada Sango que viene acompañada de una chica—. Disculpen… Les presento a mi futura cuñada, Rin Madicci.
Mucho gusto en conocerlas — Se presenta una joven de cabello color ébano, su piel es como de porcelana y tiene una sonrisa angelical. Se nota que es una persona agradable.
¡El gusto es nuestro! — Decimos todas y nos presentamos una a una diciendo nuestros nombres. Mi madre, que había estado en silencio observándonos la saluda cariñosamente.
Gracias por dejar que venga con ustedes… —Nos mira algo apenada.
No te preocupes, ¡eres bienvenida a nuestro grupo! —La aliento.
Ella ríe con timidez. —Gracias, por cierto… ¿Qué están celebrando? —Nos pregunta mientras toma asiento al lado de Sango.
El divorcio de nuestra querida amiga Kagome. ¡Un brindis! —Responde Yuka.
Todas alzamos nuestras copas alegremente. —¡Por Kagome! —Brindamos, por mi parte me avergüenzo un poco. El rostro de Rin luce desconcertado.
¡Vamos chicas! No espanten a la pobre Rin… —Las regaño.
No sé preocupen…
Tranquila, no es molestia. Además, la persona con la que me casé resultó ser una mala persona, no valía la pena seguir junto a él — Explico—. Kohaku es un buen chico, estoy segura que serás feliz en tu matrimonio.
En el fondo, me cuesta creer mis propias palabras. El problema no es ella, ni tampoco Kohaku; en cierto punto, estoy desilusionada del amor. Ya no creo en cuentos de hadas, en los que aparece un príncipe de brillante armadura que te quiere, te mima y te protege, ese que no será capaz de lastimarte jamás. Esa persona no existe, por lo menos no para mí.
El resto de la velada transcurre bastante tranquila, entre risas de anécdotas graciosas, especialmente relacionadas con la infancia de Kohaku —cosas que él esperaba que su futura esposa nunca se enterara—. Pero bueno, tarde o temprano alguien se lo contaría. Nos reímos durante un buen rato hasta que se nos hace tarde. Rin llama a su primo para que pase por ella y Eri y Yuka deciden irse juntas. Hitomi se va con nosotras.
Como el primo de Rin avisa que va a demorar, nos ofrecemos a acompañarlas hasta el estacionamiento. En ese lugar continuamos nuestra charla animadamente. La chica resulta ser muy alegre y sincera. Cuando abro mi auto me doy cuenta de que algo anda mal, el neumático está reventado. No nos queda otra opción más que esperar al primo de Rin para que lo arregle, ya que yo ni las chicas sabemos cambiar llantas.
Ha sido una noche muy agradable, gracias —Sonríe Rin, agradeciéndonos por todo.
No, gracias a ti por venir —Le contesto.
Por cierto, Kagome. ¿A qué te dedicas? —Me pregunta cambiando el tema de la conversación, al parecer su primo tardará más de lo esperado.
Yo soy profesora de educación inicial —Respondo—. ¿Y tú?
¡Guau, es sorprendente! Debe ser duro y gratificante a la vez. Por mi parte soy zootecnista, aunque también hago de veterinaria a veces… En la hacienda donde trabajo es donde conocí a Kohaku… —Se desvía del tema ligeramente, está enamorada, lo veo en sus ojos.
¡Es verdad! Kohaku estudió Ingeniería Agrícola —Recuerdo.
Sí, mi primo lo contrató para que lo ayudara con los viñedos. Cuando empezó a trabajar ahí las cosas surgieron poco a poco. Disculpen, creo que me he desviado.
No te preocupes… —Reímos todas—. Cuando una mujer está enamorada no para de hablar de esa persona especial —Mi madre le brinda comprensión.
Es cierto, escuchar hablar a Sango de Miroku es todo un espectáculo —afirmo.
Oh sí… —me apoya mi madre en una carcajada.
No hablen de ese pervertido enfermo… —se molesta la castaña.
¿Es el hombre que no para de pedirte que tengas un hijo con él? —Pregunta Rin, recordando al chico.
Sango resopla. —Siempre dice lo mismo cuando conoce a una mujer
Vaya… Por poco Kohaku lo mata cuando me lo propuso —Comenta la chica. Todas nos ponemos a reír, mi estómago comienza a dolerme de tanto carcajear esa noche.
Por cierto Kagome, te deben gustar mucho los niños. ¿Tienes alguno? —Pregunta inocente. Rin desconoce el dolor que me causa hablar sobre eso, aún es difícil, muy difícil para mí.
No —Respondo secamente, el ambiente se pone tenso.
Disculpa yo no… —Se disculpa rin avergonzada, temiendo lo peor.
No te preocupes, discúlpame tú a mí —vuelvo la cara—. Vuelvo en un momento —Anuncio, abriendo la puerta del coche para salir de ese lugar.
Al salir choco contra un torso firme, levanto la mirada dispuesta a disculparme con la persona e irme sin más, pero me cruzo con unas orbes doradas que me
Estudian desconcertadas. Me quedo helada, ¿es Inuyasha? ¿Ha venido para martirizarme otra vez? Me siento mal, se me nubla la vista. —¿Inuyasha? —pregunto en un susurro.
¡Chicas, les presento a mi primo Sesshoumaru! —Oigo decir a Rin, las chicas y mi madre salen del auto para saludarlo. No es Inuyasha, no lo es, me siento más tranquila. Lo analizo con detenimiento, su rostro se parece al de Inuyasha, pero su madurez emana hasta por los poros. Luce incluso sexy de esa forma, su piel está bronceada por el Sol y sus músculos se pueden percibir a través de su ropa. No son músculos hechos en un gimnasio, son producto del trabajo duro en la Hacienda de la que habló Rin.
Su cabello es rubio platinado, muy diferente al castaño oscuro de Inuyasha. Sin embargo, el color de ojos es el mismo que el de él, me perturba. Son parecidos e indiscutiblemente diferentes. Las chicas se presentaron con él cortésmente, lo miro a los ojos y veo que me está sonriendo. ¡Rayos, me ha descubierto mirándolo! Me sonrojo y me vuelvo para mirar otro lado.
Soy Kagome Higurashi, un gusto conocerlo, señor Sesshoumaru… —Me presento al final—. Disculpen, regreso en un momento. —Tengo que escapar de inmediato, todo es tan confuso y raro, siento dolor, furia y tristeza. No entiendo lo que pasa. Él me mira y me confunde, no quiero pensar en eso, no debo hacerlo. No puedo salir lastimada otra vez, no quiero sufrir de nuevo, ya no vale la pena, ni siquiera él lo vale.
Me lavo la cara en el fregadero del baño y de nuevo me veo en el espejo, percibo los cambios en mi rostro y las arrugas que se asoman por la tristeza y el cansancio. Soy diferente a la Kagome Higurashi de hace unos tres años atrás, distinta a mí antes de conocer a Inuyasha. He subido y bajado de peso en repetidas ocasiones. Para la boda había tenido que hacer una estricta dieta para entrar en un vestido de diseñador francés que por supuesto yo no había escogido. ¡Qué idiota! Se suponía que toda novia debía elegir el vestido en el que verdaderamente se sintiera una novia, uno que te hiciera llorar de la emoción y te hiciera ver como una niña caprichosa y feliz. Ni siquiera eso había podido ser al lado de Inuyasha.
Luego de eso, me mantuve en mi peso ideal por un tiempo hasta que llegó el embarazo. Era lógico que subiera ligeramente mi peso, esto le disgusto a mi querido marido. Si le sumábamos sus celos acerca de algún amante, era una situación estresante. Luego de la separación y la golpiza, bajé extremadamente, convirtiéndome en una especie de esqueleto viviente mezclado con un zombi. Si me comparo ahora con la de esa época, estoy echa una ballena, incluso puedo rodar por el piso si quiero. Suena exagerada esa afirmación, pero es cierto, admito que no estoy en mi peso ideal y me importa un rabanito, no pienso impresionar a nadie. Me gusta así.
Por otro lado, están las cicatrices que tengo en el cuerpo después de los "accidentes", mi retraída forma de ser y mi nula autoestima. Es imposible, las posibilidades de que logre salir con ese hombre bombón que tiene Rin como primo son de un 0.0000000000…01%. Él nunca se fijaría en mí. Además, yo tampoco quiero. Por más bueno que esté —y por mucho que desee estar con él de una forma íntima—, sería vergonzoso para mí mostrarme como realmente soy, tanto física como psicológicamente. Él se burlaría de mí, no tendría tanta paciencia conmigo.
IV
Me siento peor de como salí esta mañana de la oficina, más frustrado que antes, más dolido y con más rabia. ¿Por qué simplemente no volvió conmigo? ¿Acaso no entiende que la quiero? ¡La amo, la necesito para ser mejor persona! Si estoy aquí ahogándome en alcohol es porque ella me dejó.
Señor, ya debe irse… No puede quedarse aquí —Me dice el cantinero.
¡Maldito imbécil! ¿Me estás echando de esta pocilga? ¿Quién te crees que eres? Yo me voy cuando se me dé la gana —Le grito.
Otro condenado borracho… —Lo escucho decir en voz baja.
¿A quién le llamas borracho? Te informo que soy mejor que tú, ¡incluso estando ebrio! —Increpo.
Sí, claro. Lárguese si no quiere que llame a seguridad…
Me da igual lo que hagas, inútil —Respondo con odio.
Jackson, Willy, Samuel, saquen a este idiota de aquí —Ordena sin mover un dedo. Pronto veo a tres grandulones venir por mí, los enfrento, doy varios golpes y patadas; se desata una pelea. No puedo contra los tres y termino golpeado y tirado en la playa de estacionamiento. Maldigo, pagarán por esto, no puedo creerlo.
Me levanto como puedo y llego hasta mi auto. Lo enciendo para ir al departamento de mi querida Kagome. Toco la puerta varias veces pero nadie sale. Veo las luces apagadas, de seguro no está… ¿A dónde voy? Debo volver a casa, me espera Kikyo, condenada Kikyo.
Manejo hasta la residencia esperando que se encuentre dormida. No estoy de ánimo para oír de nuevo sus reclamos y sus quejas, no quiero escucharla interrogarme: ¿Por qué no estoy con ella? ¿El embarazo le sienta bien? A veces resulta ser insoportable. ¿Por qué la cambie por Kagome? Admito que mi relación con Kikyo empezó al ver que las cosas con Kagome en la cama no eran muy buenas. Kikyo se ofreció en bandeja de plata para ser mi amante y comenzó todo. ¡Qué estúpida forma de arruinarme!
En la oficina, en su apartamento, en la constructora, en el carro. Cualquier lugar era bueno para la pasión. Al regresar a casa me sentía culpable y mal de ver a Kagome recostada en aquel sofá esperándome. Traté de dejar a Kikyo y comenzar de nuevo con Kagome en muchas ocasiones, pero nunca lo lograba.
Recuerdo que esperé sentir menos culpa con ese viaje. No debía engañar a Kagome, ni mucho menos con Kikyo; pero las cosas no se daban bien entre nosotros. Siempre venía a mi mente el rostro lloroso de Kagome en nuestra primera noche juntos. El resto de las veces no fueron mejores, se quedaba quieta como una especia de muñeca y yo terminaba prácticamente abusando de ella. No le causaba placer alguno, eso me irritaba y luego discutíamos. También me reclamaba porque bebía, sin entender que a veces el trabajo lo ameritaba. Vuelvo en mi mente a esa tarde en la cual le propuse que nos fuéramos a Paris.
¡Inuyasha, volviste temprano! —me recibió contenta ese día, saliendo a mi encuentro.
Sí, quería pasar tiempo con mi linda esposa —intenté complacerla, quiero que las cosas mejoren entre nosotros.
¡Qué dulce eres! —Me dio un beso en la punta de la nariz inocentemente—. Esta vez te preparé asado de res, estoy segura de que te encantará. —No borró para nada su sonrisa, siempre era dulce y cariñosa.
Seguro… —afirmé ansioso—. Te tengo una sorpresa.
Ella regresó casi corriendo. — ¿Qué es? —Preguntó emocionada y con ese brillo en sus ojos que me encantaba, era tan hermosa.
Son unos pasajes para ir a París una semana. ¿Qué te parece?
Ella sonrió. — ¿Paris? Inuyasha, no te hubieras molestado…
¿No te gusta la idea?
Me encanta, es solo que debe costar una fortuna.
De eso no te preocupes, mujer… Además, Paris es la ciudad del amor, vale la pena estar ahí con la mujer que amo —Le di un beso, a veces ella se preocupaba por cosas estúpidas. Era un hombre rico, podía permitírmelo—. Empaca algo sencillo, mañana partimos.
Está bien. —Me abrazó cálidamente—. Gracias Inuyasha, te amo. ¿Lo sabes verdad?
Sí que lo sabía.
Esa fue la mejor semana juntos, nos volvimos a reencontrar. Las cosas mejoraron un poco en la intimidad, ya no se quedaba quieta, respondía a mis caricias —a veces demasiado bien—. Estoy seguro que fue en ese viaje cuando quedó embarazada, fuimos tan felices esa semana.
Por desgracia, a mi padre no le gustó para nada el viaje, sobre todo porque se enteró que las cosas con mi esposa mejoraron tanto que dejé de ver a Kikyo. Me regañó por gastar dinero en tonterías como esa y, extrañamente, hizo que tuviera más cercanía con Kikyo en el trabajo. Terminé recayendo en el mundo de la infidelidad y comenzaron de nuevo los problemas con Kagome. Luego nos enviaron a ese viaje, podría estar con Kikyo sin la interrupción de Kagome.
Kagome siguió queriéndome sin importar que la tratara mal, continuó llamándome preocupada para saber cómo estaba, para decirme que me extrañaba o para contarme sobre el estado de su embarazo. Lo único que me pidió en todo ese tiempo fue que fuera a la primera ecografía de nuestro hijo. Mi respuesta fue que lo intentaría, no prometí nada, ya que no pensaba ir. Durante dos semanas no le contesté el teléfono, tampoco hablé con ella, me negué a escuchar su voz.
Aún así, ella continuaba llamándome para profesarme su amor. Seguía extrañándome, me sentí mal por ella pero no tenía cara para enfrentarla. Fue entonces cuando plantaron la duda en mí. Me llegaron rumores de que Kagome me engañaba, que tenía un amante y que el maldito era Kouga, su doctor.
Yo les creí a ellos, no a mi esposa. Desconfié de la mujer que, a pesar de todo lo que le hacía ella seguía ahí, apoyándome, brindándome su amor y su comprensión.
Inuyasha… —Escucho una voz preocupada que me despierta de mis tormentosos recuerdos. ¿Es Kagome, regresó a mí?
Kagome… —Musito, yendo directo hacia la mujer que amo—. Por favor perdóname, regresa.
Inuyasha, soy Kikyo —aclara dolida.
Abro los ojos. —Disculpa, ¿ok? Déjame tranquilo. —La suelto y tomo la botella de whisky del bar.
Inuyasha, no tomes tanto, por favor —Me pide yendo tras de mí con una bata de seda.
¡Déjame tranquilo! ¡No tienes derecho a decirme qué hacer! —Le grito, termino perdiendo el equilibrio y caigo—. ¡Maldita sea!
¿Inuyasha? —La escucho, se acerca y toma mi rostro—. ¿Estás bien?
¿Por qué me dejó? —Le pregunto sintiendo como la pena me invade, sin querer me pongo a llorar en sus brazos.
Yo estoy aquí, no te voy a dejar —me promete.
Ella decía lo mismo y ahora no quiere ni verme —confieso.
Yo quiero verte, quiero verte siempre, Inuyasha. Déjame consolarte, haremos que te olvides de ella, lo prometo. —Me abraza y comienza a besar mi frente.
Kikyo, ¿no te importa que piense en ella en este momento? —Interrogo con algo de lucidez. Ella era mi amiga de la infancia, aunque en algún punto las cosas se había salido de control. La amistad se había perdido, ella decía quererme, pero yo lo único que deseaba era desahogar mi frustración con ella.
Te quiero a ti —Continua con sus besos.
Entiendo…
Utilizo de nuevo a esa mujer para satisfacer mis necesidades y carencias. No es Kagome, pero es lo único que tengo.
V
Al regresar al estacionamiento, Sango, Rin y su primo ya no se encontraban. Creo que fui muy descortés con ellos, la próxima vez me disculparé.
Hija, ¿estás bien? —Me pregunta mi mamá.
Estoy mejor, ellos se fueron… —Me muestro tranquila.
Sí, hace rato… El primo de Rin cambió rápido la llanta. Fue muy amable y todo un caballero… —Comenta Hitomi con ojos soñadores.
Por lo visto te flechó —Suspiro.
Está como el doctor lo recomendó… Debemos admitir que es apuesto —Afirma ella con ojos de estrella.
Hitomi tiene razón, hija —La apoya mi mamá.
¿Tú también, madre? ¡Qué vergüenza!
¿Te gusto? —Me interroga Hitomi, por desgracia me pongo roja. Maldición.
Es verdad, le gustó. —Comienza mi mamá, ¡genial, se han unido las dos!
No es verdad, dejen de fastidiar. —Trato de concéntrame en el volante.
¡Claro! —dicen ambas con sarcasmo.
El resto del camino fue tortuoso gracias a las descripciones sobre el famoso y maravilloso Sesshoumaru. Hablaron de cómo era, sobre lo poco que hablaron con él y por supuesto, de lo roja que me ponía cuando negaba que me había gustado.
No me había gustado, ¡qué locura!
Si me gusto y mucho pero no lo podía admitir.
CONTINUARÁ…
Notas de autora: Aquí les traigo el que vendría a ser el primer capitulo… Espero que les guste. El siguiente capitulo no estoy segura cuando lo actualizare… Es que esta semana que viene, comienzo a trabajar de nuevo… De nuevo con mis enanos de dos años… ñ.ñ Así que sean comprensivas, prometo actualizar pronto. Dejen sus reviews con ideas, sugerencias, criticas, tomatazos, se acepta de todo.
Selene Taisho Higurashi: Gracias por tu review.
Natsumi No Chiharu: Gracias por tu review.
Sasunaka doki: Gracias por tu review…. Tienes toda la razón al decir que es un desgraciado.
XiO: Gracias por tu review, me alegra que te gustara mi historia anterior.
Faby Sama : Gracias por tu review… Como te abras dado cuenta la bestia no es Sessh.
Bye… Gracias a todas las personas que se han dado un tiempo para leer este fic y por de nuevo a las que dejaron un review… No se preocupen actualizare pase lo que pase… Para que vean que soy buena les dejare el nombre del siguiente capitulo: Extraño interés, aparecen los pensamientos de Sesshoumaru… Una boda y que pasara después no lo sé…. Descúbranlo en el siguiente capitulo… bye cuídense y gracias de nuevo.
Se despide su loca escritora con una neurona coja.
