YA NO QUIERO
Por Bbkid
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Capítulo II: Extraño interés
I
La reacción de aquella mujer en la playa de estacionamiento llama mi atención, es raro ver tantas emociones juntas en tan solo unos segundos. Al verme, lo que expresa su mirada es miedo, el cual es injustificado ya que es la primera vez que la veo y no hice nada para que me temiera.
—Inuyasha… —susurra aquel nombre y me molesta. No lo entiendo, desde hace mucho que no escucho esa palabra y dudo que se refiera a la misma persona. De todas formas, eso ya no interesa.
Ese detalle pasa a un segundo plano y la pelinegra se vuelve mi prioridad. Continuo observándola, su rostro cambia al oír a Rin decir mi nombre, va desde el desconcierto a una expresión inquisitiva. Me examina detenidamente, mientras el miedo se transforma en calma, luego puedo ver deseo en su mirada. Me agrada y sonrío sin querer, delatándome. Ella se da cuenta, nuestros ojos se cruzan causando que se sonroje. Desvía de inmediato su escrutinio y se presenta: —Soy Kagome Higurashi. Es un gusto conocerlo, Señor Sesshoumaru. —Acto seguido, se disculpa y huye como despavorida por algo que no soy yo.
Ella ha intentado sonar normal, lo sé. Sin embargo, puedo sentir su voz a punto de quebrarse, tiene una pena muy grande, lo veo en sus ojos. Tengo ganas de ir tras ella y consolarla, es algo extraño para mí. Apenas la conozco y deseo protegerla de quien sea que la haya lastimado antes. Mientras me decido en si ir o no siento que alguien me jala del brazo, es Rin que me vuelve a la realidad.
—Primo, ¿podrías ayudarlas a cambiar la llanta? Por favor, te necesitamos… —me pide con su sonrisa de niña a la cual no puedo negarme.
Le doy como respuesta de afirmación y me pongo manos a la obra. Mientras trabajo aprovecho para escuchar la conversación. Hablan sobre esa mujer, Rin se siente un poco mal, cree que es su culpa que ella se sintiera mal de repente.
—No es tu culpa, Rin. —La calma la señora. Al parecer, es la madre de Kagome Higurashi.
—Tú no sabías que ese era un tema sensible para ella… —le explica su futura cuñada, Sango, a la cual he visto un par de veces.
—Además, siempre se pone así cuando hablamos sobre eso —comenta la otra mujer como despreocupada.
Rin baja la cabeza apenada. —Es que no deseaba lastimarla…
La madre de la mujer fuerza una sonrisa, intentando ocultar un gran rencor. La miro de reojo, ella continúa. —No has sido tú la que le causo el daño a Kagome, fue otra persona…
La hermana de Kohaku asiente. —Sí, él hizo que la Kagome que conocíamos se fuera.
—Cierto. —apoya la otra.
—¿Se refieren a su esposo? Digo exesposo? —se corrige Rin.
—Sí —contesta Hitomi, la otra chica—. Ahora que recuerdo… Sango, ¿es verdad que Kohaku lo invitó a la boda?
—Sí, cuando hicieron las invitaciones Kohaku desconocía todo lo que había ocurrido. Recuerden que no ha estado en la ciudad… —comenta la castaña.
—Discúlpenme, por favor… —susurra Rin otra vez.
Las mujeres suspiran. —Te repetimos que no fue tu culpa…
—Mejor cambiemos de tema. No es bueno abrumar a la novia con problemas, especialmente si son ajenos… —interviene la mujer más mayor.
Con aquello, zanjaron cualquier comentario relacionado con la pelinegra, dejándome con curiosidad.
Me demore a propósito en cambiar la llanta pero fue en vano, ella no regresó. Tuvimos que irnos sin despedirnos de la azabache, lamentablemente. Aún así, sé que la veré en la boda de Rin. Por lo que oí, estará también su exmarido y ella tendrá una serie de inconvenientes, pero yo estaré también ahí, no permitiré que un idiota la lastime en mi presencia. Además, necesito saciar mi curiosidad y también una aventura. A esta altura de la vida no me vendría mal un poco de diversión en la ciudad.
II
Hoy es la boda de Kohaku y Rin, no tengo muchas ganas de ir. Me enteré de que han tenido problemas y que han tratado de ocultármelo. Fue fácil darme cuenta, me dieron hace poco la invitación. Por lo que me explico Sango, Kohaku no estaba enterado de nada de lo que había pasado el último año y había mandado la invitación para Tadao y esposa.
Lo gracioso de todo es que yo ya no soy la señora Tadao, de hecho no hay una nueva señora Tadao. Por ese motivo, había una serie inconvenientes con la logística de la ceremonia y faltaba un puesto. Por eso no quiero ir, no quiero ser una molestia para ellos, además no estoy segura de estar preparada para ver a Inuyasha sin morir en el intento.
El celular comienza a sonar, contesto desganada. —Kagome, más te vale venir a la boda —me amenaza Sango.
—Amiga, estoy constipada —finjo estar ronca.
—Kagome, no seas majadera. Paso por ti en 15 minutos y nos vamos al salón de belleza.
—No es necesario, Sango —insisto.
—¡Sí lo es, nada de quejas! —Cuelga y aparece en quince minutos tocando la puerta como una loca.
Abro y la miro suplicante. —Sango, en serio no me siento bien… —intento persuadirla.
—Nada de eso, tú vienes conmigo así tenga que llevarte a rastras —sentencia.
Sango cumple su amenaza y me lleva contra mi voluntad al salón de belleza. Luego de someterme a una serie de tratamientos para la piel y el cabello, termino luciendo decente como para una boda. Me visto en un precioso vestido color vino, de strapples y con un escote en la pierna. Como terminará tarde llevo una chaquetita a juego para abrigarme. Me incomoda, es demasiado para mí.
Decidimos ir juntas, o más bien, Sango decide que iremos juntas. Ella se toma la atribución de decidir todo por mí, no me sorprendería que me hubiera escogido una pareja también. Si lo hace me enfadaré con ella, por el simple hecho de no respetar mi decisión. Si no he salido con alguien es porque no quiero cometer el mismo error por segunda vez. Sería una idiota si lo hiciera.
Pienso que hay personas destinadas a estar con alguien, otras a formar una familia y un grupo —en el cual me encuentro— que permanecen solos. Dudo poder encontrar a alguien le guste mi forma de ser, que aguante mis locuras, que me quiera, me respete y me ame. Supongo que una persona que me ame así no será capaz de golpearme, suspiro.
—Llegamos Kag… —Sango me saca de mis cavilaciones.
—Bien. —Es mi escueta respuesta.
Ambas aparcamos en una bonita iglesia que se encuentra dentro de un parque y nos bajamos del auto. Conozco el lugar, cuando era niña mi madre solía traerme aquí, es muy bonito por dentro. Además, en este lugar mi hermano Souta hizo su primera comunión. Yo tenía apenas tres años y tengo vagos recuerdos sobre la ceremonia. En esos tiempos las cosas eran mucho más sencillas.
Avanzamos hasta la entrada, Miroku nos espera allí con la boca abierta. —Muchachas, están deslumbrantes —comienza a babear.
—Sango se ve divina —sonrío nostálgicamente. Es obvio que el piropo no es para mí.
—Amiga, tú tampoco te quedas atrás… —me alaga Miroku.
—No seas exagerado —respondo avergonzada.
-No exagera, Kagome. - Sango se acerca a Miroku y le da un beso seguido de una cachetada. — Pervertido.
—Sanguito, es la mano maldita de los Miyazaki. —se excusa. Río por lo bajo, Miroku ha hecho de las suyas otra vez.
—Mano maldita… Si como no. —ironiza Sango.
Me alejo para darles privacidad, los conozco y sé cómo terminaran su pelea. Besos, abrazos y arrumacos, demasiado empalagoso para mi gusto. Además, es incómodo estar entremedio de los dos haciendo un mal tercio.
Me alejo y miro alrededor. Hay una gran cantidad de invitados, aunque la mayoría son desconocidos, a otros quizás los vi alguna vez. Lo mejor es ir a la entrada de la Iglesia y esperar a que llegue alguien que conozco.
Luego de diez minutos sigo sin encontrar a nadie, por lo que me dedico a ver la decoración. No es demasiado pomposa ni llamativa, incluso puedo decir que es sumamente elegante y sobria, me recuerda a mi boda, aunque no me haya casado en una Iglesia. La familia de Inuyasha nunca había aprobado nuestra relación, así que nos casamos solo por la Ley Civil. Lo hicimos en el Club de la Marina, o para ser más específicos, en la playa. Tuvo que ser muy elegante para cubrir los estándares de los señores Tadao, pero finalmente había resultado bien. No se pudo hacer algo sencillo porque Inuyasha era el único hijo heredero y su matrimonio sí importaba.
Recuerdo que yo no había podido escoger nada, ni siquiera mi vestido, pero estaba enamorada, no me importaba en lo absoluto. Qué ciego te vuelve el amor, suspiro.
—Disculpa la demora, cariño. Belle luci (luces bellísima) —me dice alguien por detrás, poniendo sus manos en mi cintura.
—¿Eh? —¿Me habla a mí? Me giro y veo de quién se trata, mi quijada cae hasta el piso—. Se equivoca de persona.
—No me castigues por demorarme… —me responde y se acerca a mi oído—. Rin me pidió que te ayudara.
—¿A ti también te contaron la historia? —Sale a flote mi mal humor. Es detestable que un total desconocido sienta lástima por ti—. No es necesario que lo hagas.
—Rin me lo pidió, no puedo negarme. —me explica en tono poco conciliador—. Nos están mirando —susurra. Por desgracia es verdad, y para mi mala suerte son unos furiosos ojos dorados.
—Solo por Rin… —sonrió, aunque la verdad es por como me ve Inuyasha, sentí algo de miedo.
Él da una ligera sonrisa y toma mi mano, es raro… pero en el momento en que siento el contacto de su piel una descarga eléctrica me recorre, debe ser electroestática. ¿Qué otra cosa sino?
—¿Está todo bien? —me pregunta.
—Sí —le respondo y él me guía hasta las bancas que están delante de la iglesia.
—Soy familiar cercano de la novia, es lógico que este aquí —explica brevemente Sesshomatu Taisho.
—Comprendo.
Ese fue el último comentario que le dediqué antes de que la marcha nupcial comenzara a sonar. No sé de dónde apareció Kohaku esperando en su sitio a Rin, todo inicia muy rápido. Rin, por otra parte, es traída por un hombre de mediana edad. Es gracioso, su rostro parece sapo, aunque no parece malo, podría decir incluso que tiene una mirada amable.
La ceremonia transcurre tranquila, los votos que son personalizados y cargados de amor y sinceridad. Deseo que Rin y Kohaku sean felices, no le deseo a la chica lo que pase yo, aunque sé que Kohaku es un buen muchacho. A pesar de que intento no sentirme mal, toda aquella atmósfera hace que recuerde mi propia boda con alguien que creí que me amaba. Retengo el aire, qué ilusa fui al amarlo de la forma en que lo amé. Al volver a la realidad noto que estoy siendo férreamente observada por mi acompañante. —¿Estás bien? —me pregunta.
—Sí —respondo segura de mí misma.
Cuando todos nos damos la paz, siento como si Sesshomaru Taisho intentara reconfortarme, y lo logra secretamente. Me siento mejor al saber que no estoy sola en esa incómoda ceremonia. Me giro para buscar a mi madre que debe estar más atrás y me topo con esos ojos ámbares furibundos otra vez. Me asusto y se me eriza la piel, entonces siento la mano posesiva del primo de Rin instalarse en mi cintura. No digo nada, solo me paralizo. Estoy confundida, aunque no sé si es por la intensa e inquisidora mirada de Inuyasha o por la cálida mano de Sesshomaru sobre mi espalda. Intento ignorar a mi ex y continúo saludando a los invitados.
Él no me perturba más.
III
Las cosas el día de hoy no han resultado como he querido. Primero, Kikyo se demoró un siglo en arreglarse, por lo que terminamos llegando tarde, aunque justo a tiempo para ver cómo Kagome es tomada de la cintura por un hombre que le susurra cosas al oído. Ella sonríe y mi sangre comienza a hervir de los celos.
Kikyo me jala hasta uno de los bancos porque la ceremonia está a punto de comenzar. Pierdo a Kagome de vista por un momento, pero luego de recorrer el lugar con la mirada la encuentro un poco más adelante, junto a ese sujeto. Tal vez él me ha visto antes, porque me reta con la mirada a cada instante, mientras pone su mano en la cintura de ella, indicándome que le pertenece. Kagome no dice nada, deja que lo haga tranquilamente.
¿Desde cuándo están juntos? ¿Dónde lo conoció? ¿Cómo no me di cuenta antes de que ella salía con ese sujeto? Las preguntas me agobian. No entiendo cómo se ha escabullido para encontrarse con él, la he vigilado estos meses y no he visto jamás a un hombre cerca de ella. Ese sujeto va provocar que las cosas se compliquen, pero estoy seguro que la convenceré de regresar conmigo. Soy mejor que él, eso está claro.
IV
Salimos al terminar la misa, lo cual me dio ventaja para escabullirme y no continuar importunando con mi presencia al primo de Rin. Miro a mi alrededor, buscando con quien irme, quiero desaparecer de esa incómoda Iglesia.
—¿Adónde crees que vas? —me cuestiona Sesshomaru mientras me toma con delicadeza del brazo.
—Ver con quien me voy a la recepción —contesto como si nada.
—Tú vienes conmigo, somos pareja.
Me suelto de su agarre. —No.
—Deja de comportarte de esa forma, todo el mundo está volteando a mirarnos. Es lógico que yo te lleve, se supone que estamos juntos —trata de razonar conmigo.
Suspiro. —Está bien —resoplo y me dejo guiar hasta su Lamborgini color negro.
Oh sí, me he cruzado con otro niño rico, la suerte está de mi lado, celebro irónicamente en mis pensamientos. Detesto a los niños mimados de papá y mamá, ¿acaso este tipo de hombres me va perseguir durante toda mi vida? Bueno, lo mejor es ignorarlo, ni siquiera tengo una verdadera relación con él.
El resto del camino transcurre en silencio. No tengo otra opción que ver por la ventana aunque no hay nada, todo está oscuro. Intento encender la radio, pero hago de todo menos conseguirlo. Él, al percatarse de mis intentos fallidos, enciende el aparato y lo deja en una estación de música de los años 80s y 90s, algo que me agrada.
—Si querías encender la radio, deberías habérmelo pedido —me regaña.
—Cierto, disculpa —musito avergonzada. Él vuelve a su mutismo. Intento entablar una conversación—. La ceremonia estuvo muy bonita… —Obtengo la misma respuesta nula. No insisto, por suerte el lugar en donde iba ser la recepción queda cerca. Es un hotel que se encuentra cerca a la playa. Al entrar él se anuncia: —Sesshoumaru Madicci.
—Pase —dice el encargado luego de verificar el nombre en la lista.
—Veo que eres parte de la familia paterna de Rin —comento.
—¿Por qué te divorciaste? —me pregunta de repente, mirándome fijamente y esperando mi respuesta.
No contesto y él no sé ofusca, volvemos al silencio de antes. En la recepción nos preguntan de qué familia venimos, si de parte del novio o de la novia. Él se adelanta y responde que de la novia, causando un lío, ya que yo vengo de parte de la familia del novio.
De acuerdo al plan original, si hubiera ido sola tendría que sentarme al lado de Inuyasha, lo que hubiese sido horrible para mí. Por suerte mi acompañante, con una mirada y un tono de voz intimidante, consiguió que me colocaran a su lado, y la mesa que era de cinco personas pasó a ser de seis.
Por lo que averiguo en la conversación, en nuestra mesa hay cuatro hermanos, el mayor es un sujeto de la edad de mi acompañante, tiene unos penetrantes ojos de color rojo —por no decir mirada de malo—, aunque a pesar de eso es apuesto. La otra es una muchacha no muy habladora llamada Kanna, y su gemelo es un mocoso engreído de nombre Hakudoshi, aunque prefiere que lo llamen Haku. La menos encantadora de los hermanos Onigumo es Kagura, hizo un escandalo en la mesa porque me senté al lado de Sesshoumaru. Supongo que tienen o tuvieron algo, por la mirada asesina que tiene. No me cabe duda que está enamorada de él y a él no le importa, hasta se puso más cariñoso conmigo.
Cuando los novios dijeron sus palabras y agradecieron a todos su presencia, la mirada de Inuyasha se cruzó con la mía. Lo noto triste y nostálgico, supongo que está recordando también cuando dimos nuestro discurso, lleno de amor y esperanzas en un futuro cargado de felicidad. Lo mejor que podemos hacer después de lo que pasó entre nosotros es dejar de lado los recuerdos y los arrepentimientos. Miro a mi acompañante, quien tiene una mirada gélida, capaz de congelar a cualquiera; lo malo es que su mirada está enfocada directamente en mí, como si hubiera hecho algo malo. Prefiero no prestarle atención, después de todo no es mi hígado.
Pronto los novios inician el clásico baile del Danubio azul, para terminar bailando cariñosamente la canción de Bryan Adams, Everything about you. Es emocionante y nostálgico ver el amor que se profesan, quiero uno igual, aunque no me atrevo a buscarlo. Los parientes de los novios se acercan para bailar con ellos, entre ellos Sesshomaru. No sé en qué momento se fue, aprovecho su ausencia para ir al baño y refrescarme un poco.
V
Desde que llegamos a la iglesia Inuyasha se dio cuenta de la presencia de Kagome y no ha despegado sus ojos de ella. Todo el tiempo la mira, y cuando no lo hace pone esa cara de cordero degollado. Sé que está pensando en la boda que tuvo con ella y que Kagome hace lo mismo. Estoy segura de que espera el momento oportuno para acercarse a él y quitármelo.
Un mensaje por el WhatsAPP llega en mi celular, abro mi bolso de mano y veo disimuladamente.
"Hola cariño, no imaginé verte aquí… Luces exquisita".
Esa pequeña frase me deja fría, no puedo creer que él esté aquí, lo busco asustada.
"Estoy más cerca de lo que crees, no te asustes".
Dice otro mensaje, miro alrededor y escribo con sigilo:
"No me molestes, lo nuestro terminó".
"Te espero a la espalda de los servicios… Ven si no quieres que vaya por ti"
—Vuelvo en un momento… —Le aviso a Inuyasha, quien se encuentra entretenido observando a la mustia. Me levanto de la mesa y voy donde me indica él. ¿Qué es lo que quiere conseguir este imbécil? Seguro quiere destruir mi vida.
—Cariño, te ves más hermosa que nunca. —Siento como me toma por la cintura y me da un beso en el cuello. Admito que es un buen amante, aunque a veces algo ingenuo, por algo solía llamarlo niño de campo cuando éramos unos adolescentes y aprendíamos de los placeres de la vida. No puedo arruinar mi futuro por cosas de niños, el amor no cuenta en esta vida de grandes.
—Suéltame —lo alejo.
—¿No quieres que tu noviecito se entere de mi existencia?
—Lo nuestro terminó —le recuerdo.
—No voy a permitir que me dejes por alguien que no te aprecia y que se pasa toda la velada mirando a otra mujer. —Me sujeta del brazo de forma suave, evitando lastimarme. Es tan diferente a Inuyasha.
—Tú no comprendes. —Es mi respuesta, determino mientras recuerdo las razones por la que decidí dejarlo.
—Déjalo y ven conmigo. Te trataré como a una reina, te daré todo lo que me pidas —trata de convencerme.
—No puedes. —Debo hacerle ver lo evidente—. Solo fuiste una herramienta para mis planes. Ya no te necesito, olvídate de mi —le hablo de la forma más fría, esperando que en verdad me deje tranquila. No quiero que se meta en problemas por mi culpa.
Él me mira y retiene el aire. —Si es lo que quieres, luego no vuelvas a mí llorando porque no pienso recibirte de regreso —me advierte soltándome y dejándome sola.
—Adiós, Naraku —susurro mientras poso mis manos en mi vientre.
VI
Lavo mi cara, lo mejor es aclarar mis pensamientos y dejar de lado los recuerdos. Él ya está con otra, a punto de formar una nueva familia.
—Miren a quién tenemos aquí… —escucho una conocida voz, venenosa como una serpiente—. La mosquita muerta.
No quiero escucharla, me seco las manos y me alisto para irme, pero ella me jala del hombro. —¡Escúchame cuando te hablo! —La miro seriamente sin articular una palabra, ella continúa—. Aléjate de mi hombre, él es mío… ¿entendiste? —No la contradigo, solo me limito a salir del baño.
—Todavía no termino contigo —pretende armar un escándalo, pero no se lo permitiré. Es un día especial para Kohaku y Rin, Kikyo no tiene derecho a arruinárselos como arruinó mi vida junto a Inuyasha y al mismo Inuyasha.
VII
Hoy debo dejarlos atrás los sentimientos que profeso hacia Rin, es necesario para que hoy sea uno de los mejores días de su vida; aunque, por más que quiero mostrar felicidad no puedo. Sé que debería estar feliz de que ella lo esté, sin embargo, esa parte egoísta dentro de mí me recuerda que ella ha decidido encontrar la felicidad junto a otra persona. Siempre quise ser ese hombre especial para ella, incluso supuse que al vivir tanto tiempo juntos las cosas serían fáciles para nosotros, pero resultó ser todo lo contrario. Para ella solo soy una especie de hermano mayor, y no hay nada que pueda hacer.
¿Quién habría imaginado que terminaría sufriendo por amor? Yo, un hombre que ha rechazado a muchas mujeres realmente bellas por la tonta ilusión de una vida junto a Rin. Tal vez no ha sido buena idea venir.
—Gracias por venir, Sesshou—chan —me saca de mis ideas el tormento de mi corazón, recostando su cabeza en mi hombro.
—Me lo pediste… —digo sin mucho ánimo. Es una tortura.
—Sesshou—chan, siempre hace lo que le Rin pide —sonríe y me mira con sus ojos chocolate. Se ve feliz, aunque algo preocupada. Ella sabe que no estaba de acuerdo con que se casara con Kohaku, cuando me enteré puse un grito en el cielo, quería desaparecer a ese sujeto. Rin tuvo que intervenir para que no lo hiciera. Dolió tanto que ella lo eligiera a él que preferí alejarme la noche que ella lo decidio. Ya no había nada que decir.
—Solo quiero que seas feliz. —Coloco un mechón de pelo detrás de su oreja, intentando separarme de una vez. Ella no fue, no es y nunca será mía, me repito una serie de veces hasta convertirlo en una especie de mantra y no cometer una locura.
Quizás lo mejor sea distraerme con mi acompañante, tal vez con eso pueda liberar toda esta frustración que me ahoga. Regreso a la mesa, pero no hay señales de ella. Le pregunto a Kanna si la ha visto y ella me responde que está en el servicio.
Voy de inmediato para allá, encontrándome con la escena de una mujer de vestido azul sosteniéndole fuertemente el brazo y con la mano extendida, dispuesta a darle una bofetada. No lo permitiré, me adelanto y sujeto su muñeca.
—No sé quién eres, pero más te vale irte en este momento. No querrás que llame a seguridad —la amenazo.
—¿Quién crees que eres? —chilla ella indignada.
—Kikyo ya se va —la protege Kagome.
—¡Tú no decides cuando… —No termina de replicar porque la pelinegra le susurra algo que hace que se enfurezca y decida irse dignamente, arreglando su reluciente vestido color azul.
—¿Por qué la defiendes? —le pregunto cuando estamos solos.
—Fuimos mejores amigas… Digamos que siempre habrá algo de aprecio, no quiero que la pase mal en su estado.
La observo, no le encuentro nada especial. Además, no me gusta como mira a Kagome, no la conozco bien, pero sé cuando una mujer odia a otra. —¿En su estado? —pregunto sin perderla de vista. Ella se reúne con un hombre y se marcha a su mesa.
—Ella está embarazada. Tiene dos meses, aproximadamente… —Sonríe tristemente—. Vamos, debemos volver —me jala del brazo.
Volvemos a la mesa, Kagome sigue algo pensativa y juega con los hielos que quedan del vaso con gaseosa que tomó. No pasa mucho hasta que vienen sus conocidos y se la llevan para hablar y bailar con ella. Trato de no perderla de vista, tengo un mal presentimiento. Aquel sujeto no la pierde de vista, está solo y bebiendo como un verdadero alcohólico. ¿Acaso planea intentar algo?
—Sesshoumaru—sama, Rin y Kohaku ya se van a ir. ¿Desea hablar algo antes que se vaya Rin? —me pregunta Jaken, desconcentrándome de la misión que me impuse al vigilar a ese hombre.
—Nada. —Es mi repuesta, procuro volver a mi misión. Busco al hombre, pero no hay rastros de él; ha desaparecido en un santiamén, es como si se hubiera percatado de que lo vigilaba y esperara el momento oportuno para escabullirse.
La otra opción es encontrarla a ella, pero tampoco hay señas de que esté en la fiesta. Todos empiezan a saltar y a gritar en cuanto ven a los novios salir rumbo a su Luna de Miel. Me desconcentro por un segundo al pensar en eso, pero procuro ignorarlo.
Lo importante ahora es ubicarla a ella.
VIII
Fui con mis amigos a bailar un rato para tratar de pasarlo bien y olvidar el hecho de que Kikyo estaba en la fiesta, estaba casada con Inuyasha y cargaba a su hijo en su vientre. Estuve con Hoyo—kun, después con las chicas y hasta hicimos un trencito, todo estuvo muy divertido.
Cuando anunciaron que los novios se iban nos amontonamos para desearles buena suerte. En la multitud, siento que alguien me jala insistentemente. Giro para ver de quien se trata y me asusto al instante. Es el hombre que acabó con todo lo que Kagome Higurashi podía significar para mí. Su mirada iracunda me provoca un escalofrío y se me escapa su nombre en un susurro helado.
—Ni se te ocurra gritar, perra —me ordena gruñendo y me lleva hasta un sitio alejado, donde casi no había gente. Todo esta desértico y oscuro, no quiero estar con él, comienzo a forcejear.
—¡Suéltame, suéltame! —le grito.
—¡Eres una maldita perra! —me lanza al suelo de un solo empujón. Está ebrio y es capaz de hacer cosas terribles, lo sé.
—Inuyasha, déjame ir. Ninguno de los dos quiere problemas —razono con él.
—¿Crees que te dejaré ir para que te revuelques con ese tipo? —se acerca cuando me estoy levantando—. Estúpida —me escupe y me empuja de nuevo.
—Ya estamos divorciados. Tú estas con Kikyo, a punto de formar una familia y yo soy libre.
Él no comprende. —¡Tú eres mía, solamente mía! ¡¿Por qué no lo entiendes?! —me grita.
—Ya no —contesto mientras busco una salida con la mirada.
—Eso lo veremos —me amenaza levantando su puño.
Oh, no. Me va pegar de nuevo, me tapo la cara para aminorar el efecto del golpe, no obstante, este nunca llega. Abro los ojos para ver qué es lo que ha sucedido y lo que encuentro me deja pasmada.
Inuyasha está tirado en el suelo con el labio roto y mira con odio al que se ha transformado en mi salvador, el primo de Rin.
—Es de salvajes golpear a una mujer —habla duramente Sesshomaru Madicci.
—¡Yo hago con ella lo que me de la gana! No te metas, idiota —masculla Inuyasha lanzándose contra él. El primo de Rin lo esquiva con facilidad y le da un golpe que lo manda directo al piso.
—Déjala en paz —le ordena de forma muy fría.
—Ella es mía —contesta mi exmarido, levantándose de nuevo.
—¡Inuyasha, ya basta! No soy tuya ni de nadie, ¡vete! —intervengo molesta y sintiéndome valiente, al estar en compañía de Sesshomaru.
—Ya lo oíste —me apoya Sesshoumaru.
Inuyasha escupe un poco de sangre y se limpia con la manga de la camisa. —¿Con que ahora te revuelcas con este, perra? —se ríe y mira a Sesshomaru—. Dime, ¡sigue siendo tan mala en la cama?
—¡Cállate, Inuyasha! —chillo roja y molesta.
Él ríe otra vez, parece un enfermo. —¿Qué vas hacer, tirarme el pelo? ¡No me hagas reír! —se burla de mí.
—Si no te vas, voy a ser yo el que te rompa todos los dientes —advierte él.
—Es de esperarse que una ramera buena para nada como tú se consiguiera un perro guardián —habla mordazmente y se encamina hasta la fiesta, arreglándose la corbata—. Me voy cariño, no te olvides de mí.
Me pegué al primo de Rin al ver que Inuyasha cambiaba de dirección y se acercaba de regreso hacia mí. Cuando está frente a mí, se inclina y me dice al oído: —Estaré esperando el día en que se canse de ti. Cuando eso pase, iré por ti.
Se me eriza la piel, Sesshoumaru lo obliga a marcharse definitivamente y me mira, estoy consternada. —Tranquila, ya se fue.
Lo miro a los ojos. —Gracias, disculpa por meterte en todo esto.
—No es nada, ese sujeto es un miserable —comenta sorprendido.
—Tienes toda la razón, en verdad lamento el espectáculo.
—No le hagas caso a lo que dijo. Muchas veces son los hombres los que no saben satisfacer a una mujer —susurra seductoramente con una sonrisa de medio lado, demasiado seguro de sí mismo.
Doy una sencilla carcajada por el intento de seducción fallido. —Tú sí debes saber cómo satisfacer a una —bromeo.
—¿Quieres comprobarlo ahora? —me pregunta pícaramente.
—Prefiero ir bailar —lo llevo a la pista de baile. Esa noche, Inuyasha ha pasado a segundo plano. Con Sesshomaru estoy a salvo de él.
IX
Ella toma mi mano y me lleva hasta la pista de baile con una sonrisa genuina. —¡Vamos, baila! Es de esperarse que lo hagamos, ¿recuerdas?
En ese momento ponen una balada, mal momento para una canción romántica. Me pego un poco más a ella, y ella pone su cabeza en mi hombro tímidamente y me susurra otra vez. —Gracias de nuevo.
—No es nada, disfrutemos lo que queda de la noche… —intento animarla, no quiero que continúe pensando en ese hombre que de seguro es su ex esposo.
—Tienes toda la razón —ríe nuevamente. Tiene una bonita sonrisa y luce mejor de ánimo. Pronto tocan una canción un poco más bailable y más parejas entran a la pista. No podemos separarnos demasiado, está lleno de gente.
Pasamos así tres canciones, hasta que por fin regresamos a nuestra mesa. Necesitamos recuperar el aliento y beber algo, aunque lo único disponible es una sangría. Lo tomamos y noto cómo le sube el alcohol en la sangre a mi compañera, está ligeramente más sonriente que antes. Unas rosadas mejillas aumentan mi interés en ella, creo que podría volverme adicto a su sonrisa y a sus mejillas sonrosadas. Voy a perder la cabeza.
—¿Qué tanto me ves? —me pregunta al momento de envolver sus manos en mi cuello.
—Quanto sei bella. (Lo bella que eres) —le respondo.
—Qué galante resultaste ser, mi acompañante —me coquetea sin ningún pudor—. Hablas… Italiano.
Un mesero pasa cerca de nosotros con unos tragos, ella se suelta un momento y toma dos de ellos con una mirada sugerente. —Toma, mi garganta está muy seca —Acto seguido, se pone a beber aquel cóctel de color anaranjado con ramitas de menta. Me sorprende que se lo beba de golpe, quizás debería detenerla.
—¿Qué esperas? —me cuestiona—. Está muy buena.
Si ella sigue de pie luego de beberlo en seco, yo también puedo. Es mi lógica, hago lo mismo que ella y reconozco el sabor de un Mai Tai bastante fuerte.
—¿Verdad que está bueno? —me dice más desinhibida que antes.
—Sí —logro articular, pretendiendo recuperar la compostura.
En ese momento me doy cuenta de que no soy consciente de cuántos tragos he tomado, ni cuántos ha bebido mi hermosa acompañante. El alcohol afecta a todos en la fiesta, nadie se resiste a la algarabía desatada en ese lugar, menos nosotros.
Con cada minuto que transcurre la distancia entre ambos se reduce, parece como si nos conociéramos de toda la vida, a pesar que es la primera vez que estamos de esta forma. Ella se mueve sensualmente, provocándome. Los saltos, risas y abrazos provocan que me quede tentado de aquellos carnosos labios que me llaman y me piden que los pruebe. Dejo la resistencia de lado y hago lo que me suplican.
La miro fijamente y ella me dedica otra seductora sonrisa, la rodeo con mis brazos y me acerco lentamente. Ella cierra los ojos, presintiendo lo que viene a continuación. A pesar de que lo ansía, siento su sorpresa. Gracias al alcohol, sin embargo, se relaja y me corresponde. Sus labios son suaves y generosos, deliciosos. Trato de ser gentil al principio, pero es tan dulce que pierdo el control en cosa de segundos y aumento la pasión del beso. Ella continúa abrazándome, sus manos se enlazan en mi cuello y su cuerpo se pega más al mío. Pero todo lo bueno termina, y deshago el contacto en un huracán de lucidez.
—Disculpa, creo que me deje llevar…. —recupero algo la conciencia y me disculpo. Mi lado racional me grita que no continué con esto, que es una locura y que me estoy aprovechando de ella por estar ebria.
—No lo hagas. Eres bueno y dulce, me gustó —me dice mostrándome una de esas sonrisas que tanto me gustan.
La beso de nuevo, esta mujer quiere llevarme a la locura. No creo que esta noche sea capaz de resistirme a sus encantos. Ella no protesta, deja que las cosas fluyan y se relaja. Quiere jugar el juego, está lista. Las caricias, los roces y la temperatura de nuestros cuerpos nos piden salir de ahí y continuar en otro lugar.
—Creo que debería mostrarte mis habilidades en otro lugar —susurro en su cuello.
—¿Qué esperas? —me pregunta sonriente.
—¿Quieres ir a un lugar más privado? —pregunto con la esperanza de que ella me detenga a tiempo, pero asiente con la mirada y me muerde el labio. La llevo hasta un lugar solitario y llamó al servicio de taxis. Indico nuestra ubicación discretamente y la miro, está expectante, está noche lo pasaremos a lo grande.
Mientras esperamos que llegue el carro, permanecemos en silencio. Mis pensamientos son confusos, el debate interno entre mi lado racional y el deseo de seguir con ella es atroz. Nada esta claro y tampoco deseo que lo esté, porque tal vez recapacite y decida llevarla a su casa.
—Que aburrido es tener que esperar —comenta.
—No tardarán mucho… —le respondo.
—Hasta aquí se puede oír la música, si no me equivoco… suena una canción que oí en una película.
—Moon dance —aclaro de inmediato. Es una canción con viejos recuerdos para mí, si no quiero perderme en ellos debo aferrarme a ella—. ¿Bailas conmigo mientras esperamos?
—Está bien —dice recostándose en mi hombro.
Nos quedamos en silencio mientras disfrutamos el momento. Levanto mi vista por un segundo y veo la Luna llena iluminando a una estrella que la acompaña.
—Esa de ahí, junto a la Luna, parece ser una estrella pero no lo es —dice rompiendo el silencio.
—¿Qué es si no es una estrella? —muestro curiosidad.
—Es el planeta Venus, la diosa del amor se ha puesto de acuerdo para que estemos hoy juntos —dice divertida, me abraza muy fuerte y me brinda otra de aquellas sonrisas.
—Vas a hacer que pierda la cabeza por ti —confieso.
—Piérdela entonces —sentencia tomando mi rostro y un beso del cual solo la Luna es testigo.
X
Las cosas de repente se volvieron muy divertidas, digamos que mi acompañante resultó ser todo un galán. Yo no puedo resistirme a sus encantos, hay algo dentro de mí que quiere tenerlo siempre, no deseo separarme de él. Tal vez es por eso que hago cosas que dudo ser capaz de hacer en mis cinco sentidos. Un lado de mí me dice que no me importa ni importará nada de lo que suceda esta noche, porque todo quedara en el olvido, lo desee así o no.
Esta persona que al principio era algo hostil, ha demostrado ser muy diferente. Hizo que reconsiderara aquellos prospectos que imaginaba desde niña en una sola noche. Quizá él no sea un caballero de brillante armadura o el famoso príncipe azul que muchas esperan, pero al menos no es Inuyasha. Debo ser realista, esas fantasías ya no existen para mi, sin embargo, este hombre provoca que vuelva a desear que vuelva a creer en ellos. Estoy segura de que si no aprovecho este momento para dejarme llevar únicamente por mis emociones, no volveré a tener otra oportunidad.
Sus besos y caricias me hacen volver a la realidad, desconozco el lugar a donde nos dirigimos, pero espero que sus habilidades sean tan buenas como alardea. Quiero que sus palabras sean ciertas, espero poder responder a sus expectativas. Sé que si el sexo con él es igual de bueno que sus besos, estaré satisfecha. Aún así estoy asustada, no quiero que él se decepcione de mí.
—No creas lo que dijo ese hombre. Hoy te llevare al paraíso —Toma mi mentón, adivinando mis pensamientos, y me da un apasionado beso. Su mirada es dulce y su forma de ser me mata. Todo en él es sumamente atractivo—. No dudes, solo déjate guiar por mí —me recomienda cuando el carro se estaciona.
Entramos en un edificio muy alto, él saca las llaves con algo de dificultad, incluso se le caen. Ambos nos reímos por lo divertido de todo esto, lo trato de ayudar pero chocamos nuestras cabezas y continuamos riéndonos. No sé como, pero consigue abrir la puerta.
Subimos al ascensor entre risa y risa y aprovecho para quitarme los zapatos de tacón, que están matando a mis pobres pies. Tambaleo, pero soy sujetada por él. Le doy las gracias en un susurro. Sólo nos separan unos centímetros, esquivo su penetrante mirada para recoger mis zapatos que cayeron al suelo. Cuando los tomo, siento su mano en mi cintura, ayudándome a levantar y regalándome otro beso. Me giro y paso mis manos por su cuello.
Este hombre me vuelve loca, es la primera vez que me siento así por alguien. ¿Serán los efectos del alcohol o sus grandes habilidades de conquistador? Está de más pensar en la razón. La campanilla del ascensor no lo detiene, al contrario, me alza sacándome de ahí y chocamos contra la puerta. A diferencia de la entrada, él abre esta con más facilidad.
Al cerrar la puerta la temperatura sube de inmediato. Comenzamos a quitarnos la ropa, dejando un rastro hasta su habitación. A pesar del gran deseo que se ha desatado entre ambos, él muestra ser gentil conmigo. No es brusco, sus caricias y sus manos explorando mi cuerpo son aunque sutiles, apasionadas.
Mis piernas se han convertido en gelatina, él se da cuenta y me deposita en la cama. Me siento algo vulnerable, por lo que me sonrojo más si es posible, él sonríe de forma dulce.
—¿De qué te avergüenzas? Eres hermosa… —Comienza de nuevo el ritual de besos que baja por mi barbilla hasta mi cuello, para terminar en mi senos. Dios santo, creo que está cumpliendo su palabra. Me gusta, comienzo a gemir.
—¿Te gusta lo que sientes? —me pregunta. ¿Cómo no me iba gustar? pienso. Es lo más delicioso que me han hecho nunca.
—Siiiiií —respondo mientras succiona uno de ellos. No soporto más y siento cómo me mojo, estoy tan avergonzada.
—Te corriste —comenta pasando su mano por mi intimidad.
—Lo siento —articulo apenada.
—No tienes por qué, eso significa que lo estoy haciendo bien —sonríe de medio lado. Él es tan diferente a Inuyasha en todo, no me dice que soy sucia ni que le doy vergüenza.
—Di, soy tuya amo Sesshoumaru —ordena de la nada, tomándome desprevenida.
Lo ignoro olímpicamente, no pronunciaré esas palabras. Uno de sus dedos hace su aparición en la entrada de mi sexo, provocando que gima más fuerte. Él comienza a moverlo de una forma tortuosamente placentera.
—Di que eres mía —me exige mientras acelera los movimientos. Estoy a punto de llegar al climax, pero ignoro por completo su petición. En venganza, él se detiene y me mira.
—Si no lo dices no seguiré —sentencia.
—Sólo sigue —lo desafío.
—No —se levanta. En verdad piensa dejarme con las ganas.
—Soy tuya, amo Sesshoumaru —susurro con la cara roja.
—No te escuché. —Abre la puerta para irse.
—¡SOY TUYA, AMO SESSHOUMARU! —grito ansiosa. No quiero que se marche.
Él vuelve y me besa en la frente. —Buena chica.
—Eres odioso —acuso un poco molesta.
—Tu cuerpo dice lo contrario. —Entonces, sigue con la exploración de mi cuello y succiona mi piel, se siente genial. Eso va dejar una marca en la mañana, pero no pienso mucho en ello, ya que su mano me provoca un fuerte gemido con su nombre: Sesshomaru.
—Eso sí que es excitante —habla ronco—. Vamos a revisar —dice bajando el rostro hasta mi…
—No lo hagas. —Trato de cerrar las piernas.
Él resopla. —No voy a lastimarte, relájate.
Hago lo que me pide. No temo que me lastime, es solo que nunca he hecho algo parecido. Con Inuyasha las cosas eran más rápidas y directas, no importaba si yo lo disfrutaba o no. En cambio, Sesshomaru quería que yo lo disfrutara, me torturaba con sus dedos y sus besos, haciéndome gritar su nombre sólo para excitarlo más.
—¡Sesshomaru…! —siento cómo me penetra. No sé en qué momento me perdí, no me di cuenta de que estaba sobre mí listo para entrar,
—¿Estás bien? —me pregunta.
Asiento con la cabeza, no quiero que escuche mi voz o que se me escape un gemido, temo que no le agrade. Él comienza a moverse lentamente, se siente bien, aunque quiero que vaya más rápido. Muevo mis caderas y él adivina mis deseos. No puedo contener más los gemidos ni los jadeos, su invasión es demasiado placentera. No estoy segura de si le agrada, pero mis dudas se disipan cuando lo escucho gemir. Es más rudo, es como si fuera más grande. Disfruta, le gusta.
Ambos jadeamos y pierdo el control de mi cuerpo. Mis caderas se mueven por si solas mientras nuestras bocas se devoran en apasionados besos. No mentía al decir que sabía satisfacer a una mujer, siento como mi interior se contrae más y más mientras mi mente queda en blanco. Admito que es bueno, solo en el preámbulo consiguió dos de mis orgasmos, aunque este no se compara a los anteriores.
No dejo de repetir su nombre sin cesar, mientras él ruge y me llama. Se siente bien escuchar mi nombre en sus labios apasionados, me excita cada vez más y más, creo que voy a llegar al cielo, no aguanto más y creo que él tampoco. Me besa con más fuerza y puedo sentir su simiente caliente en mi interior, estoy exhausta.
Lentamente, nuestras respiraciones regresan a la normalidad. —Ahora te toca a ti… —comenta con esa sonrisa tan seductora.
—¿Qué? —pregunto sorprendida.
—Ponte encima… ¿Qué esperas? —ordena divertido.
—Yo… —Estoy avergonzada, no puedo articular palabra alguna. La verdad es que me siento mal frente a este hombre que me ha hecho sentir como nunca hasta ahora. Me giro, no deseo verlo, quiero irme.
—Oye… —Toma mi hombro y hace que me gire—. Esta vida se ha hecho para aprender, me encantaría ser tu maestro. —Me da un beso en el hombro y sube hasta llegar a mis labios, sus manos se deslizan a mi cintura. No sé en qué momento termino sentada sobre él, rozando su masculinidad y despertándola.
—Eres bueno… —le digo entre jadeos, mientras me acomodo sobre él.
—Tengo una buena alumna.
Entonces, él me alza y puedo ver su virilidad. Logro pensar en una cosa solamente: qué grande es. Comienzo a tocarla tímidamente, a pesar de hace solo un momento se había corrido, está caliente y dura. Los restos de su semen me causan curiosidad, nunca he visto algo así, Inuyasha no lo permitía. —Kagome… —exhala mi nombre con una voz sexy y suplicante—. Por favor, Kagome.
Creo que sé qué es lo que quiere y decido no torturarlo más. En verdad deseo tenerlo adentro otra vez. Me levanto sobre mis rodillas para sentarme lentamente, pero él tiene otros planes. Ejerce fuerza sobre sus manos, que aún permanecían en mi cintura, y lo hace rápido. Gimo bastante fuerte y tomo sus manos para comenzar a moverme y comenzar el ritmo. Mis pechos saltan con el vaivén de mis caderas y los ahueca con sus manos, se siente y comienza a besarlos, succionarlos, torturarlos.
Si antes lo había disfrutado ahora estoy enloqueciendo. No estoy segura de cómo describir esta sensación, no puedo pensar, solo quiero más y más. Es fabuloso, mi interior se contrae cuando él alcanza el climax y ruge por última vez, llego al orgasmo tras él y caigo a su lado. Estoy cansada, quiero dormir, pero no sé si él me permitirá hacerlo.
Una parte desconocida de mí quiere que no lo haga.
CONTINUARÁ…
Notas de autora:
Antes que nada sorry por la demora. Hubo una serie de inconvenientes, espero compensarlo con la serie de sucesos ocurridos en este capitulo. No sé si habran dado cuento pero ahora tengo la colaboración de una betareader que esClaudia Gazziero. Avances del siguiente capitulo; su nombre es: Tan lejos tu, tan lejos yo, se va ver las reacciones de ambos al despertar y de lo que suceda en la vida de nuestros protagonistas.
XiO: Sorry por la demora, en verdad lo lamento. Gracias por tu review, es verdad que Sessh esta como el doctor lo recomendó e Inuyasha es de lo peor pero si no lo mande preso es más por las influencias que tenía más adelante lo explicare, tu sabes que cuando hay dinero de por medio lo justicia es injusta y el acusado termine libre…. Sorry de nuevo.
Sasunaka doki : Antes que nada disculpa por la demora y gracias por tu review. Tienes toda la razón al pensar eso de Inuyasha, tiene una mente retorcida. Gracias de nuevo.
Faby Sama : Disculpa por la tardanza y gracias tu review. En es capitulo anterior no quise que todavía hablara Sessh aunque si su aparición y ahora digamos que hizo su acto de presencia espero que te guste su participación en este capitulo… Gracias de nuevo.
Marlene Vasquez: Sorry por la demora y gracias por tu review. En verdad que Inuyasha es un baka, el más grande de todos con respecto a tu conclusión no puedo confirmártela porque no estoy del todo segura de lo que sucederá. Con respecto a Inu Tashio tienes toda la razón al decir que es un interesado de primera… Digamos que es el principal causante de que Inuyasha es como es. Gracias otra vez.
Claudia Gazziero: Gracias por tu review. Digamos que tienes algo de razón al decir que Kag no la tendrá del todo fácil… Gracias por tu review y ser la beta reader.
Kagome de Taisho : Sorry por la tardanza y gracias por tu review. Tienes toda la razón al decir que Inuyasha es un maldito al creer que Kagome lo perdonara… Por suerte ella conoce a Sesshoumaru. Gracias de nuevo.
paovampire: Disculpa por la demora y gracias por tu review… Admito que fui cruel con Kagome, con respecto a lo del parentesco…. Si lo hay, es parte de la trama. Gracias otra vez.
Gracias a todas las personas que dejaron su review y se han tomado un poco de tiempo para leer esta loca historia… Se los agradece bbkid y su neurona coja…. Bye cuídense y dejen sus reviews con dudas, criticas constructivas y destructivas, tomatazos de todo se acepta.
