Fugazmente eterno

De nuevo aquí. De nuevo frente a la imponente puerta de madera que da a tu habitación.

Sé que estás dentro, pues te vi entrar hace horas y no recuerdo haber oído cómo salías de nuevo. También sé que por mucho que lo intente, no seré capaz de llamar. No seré capaz de volver a mirarte a la cara, tampoco de hablarte y mucho menos de volver a estar en la misma habitación que tú. Porque tu mera presencia provoca en mí una sensación un tanto curiosa a la cual ya di nombre hace tiempo, y parece haberse agudizado desde entonces.

Y es por eso que no debería haber aceptado aquella proposición en forma de alcohol que acabó en tu boca recorriendo mi cuello con lujuria.

Porque al final, la que siempre sale malparada soy yo. Porque yo bien sabía que tú tan sólo querías pasar una noche entre mis sábanas, y aun así accedí como una boba a que probases mi boca y tocases mi piel.

Y no mentiré al decir que lo disfruté. Disfruté todos y cada uno de los besos y caricias que me propinaste, disfruté cómo tu masculinidad se erguía sobre mí abrazando todas mis curvas, y cómo tus fuertes manos deleitaban mi cuerpo con deseo.

Y es que tan sólo con recordar tus grandes y brillantes ojos verdes en la oscuridad de la noche, mirando con expectación cómo mi cuerpo se alzaba entre tus piernas y cómo mi cadera bailaba a un ritmo desigual que parecía encender algo dentro de ti, me envuelve una sensación de lujuria que lamentablemente sé que no podré volver a sentir.

Pues el problema está en que ya llevaba tiempo siendo consciente de que querías tocarme más allá de lo que ya habías hecho, pero tú parecías no darte cuenta de que yo quería que besases mis labios con amor y no con deseo. Pero igualmente acepté, y por una noche pude imaginar que me querías más allá de mi piel. Y es que ese momento fue tan fugaz, pero igualmente tan eterno que parece haberse grabado en mi memoria y volver a mi mente cada vez que me cruzo contigo por los pasillos del orfanato.

Y por eso es preciso que reúna el valor para llamar a tu puerta y poder hablar contigo sobre lo ocurrido aquella noche, pero no soy capaz de mirarte a los ojos sin recordar la manera en la que me besabas y pasabas tus manos por mi cuello, bajándolas poco a poco hasta llegar a mi pecho y abdomen. Y es ahí cuando mi mente se llena de hormonas y no pienso con claridad.

Y es por eso que he rehuido tu mirada y presencia desde entonces, y es por eso que me encuentro regresando a mi habitación con el corazón palpitando fuertemente y las manos temblorosas.

Porque una vez más ese momento fugaz se repite eternamente en mi memoria.

Porque una vez más no he sido capaz de llamar a tu puerta y decirte que te quiero.