¡Continuo! :3 Este salió cortito y es mega cliché xD.


Cómo sobrevivir a un embarazo si tu marido es Taichi

Cuando es imposible soportarle.

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—¿Estás de broma?

Tai estaba inclinado en el quicio de la puerta. Solo sus rebeldes cabellos y su cara se dejaban ver. Sora negó, suspirando y tiró de las sábanas con enfado, lanzándoselas para que las metiera en la lavadora.

—No. No lo estoy.

—Pero las cambiamos ayer mismo— protestó el hombre agachándose para recoger las telas—. Vamos a gastar muchísimo jabón a este paso.

—Solo lávalas, Tai. No le des más vueltas.

Taichi suspiró y se fue a batallar con la lavadora mientras ella continuaba haciendo la cama. Una vez más. Llevaba una semana entera de ese modo. Cambiaban la cama sin sentido. Ella no daba explicaciones claras. Solo fruncía la nariz y no había nada más.

También había pasado con las fundas del sofá. Las servilletas y el mantel. Incluso ya miraba de forma sospechosa las cortinas. Taichi las había remangado rápidamente para evitar más problemas con ellas. Simplemente las tenían de adorno. No era una pareja que necesitara ocultarse de nada en un décimo piso.

—¿Puedes cambiarte de ropa también? — pidió ella poniendo los ojos en blanco—. No sé qué narices pasa. Mi olfato se ha debido de desarrollar de algún modo.

Tai lo hizo. Por quinta vez.

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—¿Has pensado que quizás sea él?

Sora detuvo la taza de té que estaba llevando a sus labios para mirar a Mimi con incredulidad.

Esta y Koushiro habían ido de visita inesperada esa tarde. La castaña alegaba traer peucos nuevos y preciosos para el bebé y que Koushiro quería habla de cosas de hombres con Taichi. El pelirrojo se había avergonzado ante ello y ahora ambos estaban en el salón, con las cabezas casi pegadas, cuchicheando algo en sus móviles.

—¿Te refieres a Tai? — cuestionó. Mimi asintió.

—Desde que me lo dijiste he estado buscando información acerca de ello. Al parecer, en cierta etapa del embarazo la madre puede llegar a experimentar ascos muy extravagantes. Entre estos, hacia el padre.

Sora enarcó una ceja, sopesándolo.

—Pero le amo.

—No es nada del amor. Es el embarazo. No es que la llama se haya apagado ni nada así. Más bien es… cosa de las hormonas o yo qué sé— explicó airadamente la joven—. Desde luego, una putada, sí. Pero leí que muchas mujeres les ha pasado eso.

Sora se rascó la nuca y sorbió algo de té, pensativa.

—Has cambiado las sábanas porque huelen a él. Lo echas de la cama y no es por incomodidad. Le haces cambiarse y ducharse varias veces al día. El sillón donde él siempre se sienta y sus toallas— citó Tachikawa golpeando con suavidad cada uno de sus dedos mientras la citaba—. ¿O no?

—Sí— confirmó ella—. Quizás sea así. ¿Qué hicieron esas madres?

Mimi rio.

—Alejar a su marido, desde luego. Llegaron a tal grado de irritación que muchas tuvieron enfados serios con ellos. Mi consejo es que se hablen las cosas bien claritas desde el principio. No creo que quieras perder a un Ikemen como Tai tan pronto.

Sora bufó y rio mientras le daba un toque en el hombre como castigo. Después se enfrascaron en conversaciones tontas de mujeres y de hombres.

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Sora había investigado al igual que hiciera Mimi mientras Tai se había ofrecido a traer algo de comida de su tienda preferida. Sora llegó a la conclusión de que su mejor amiga tenía razón cuando abrió el armario que le pertenecía a él.

Pese a que sus cosas solían estar rebujadas por el resto de la casa, Sora era implacable con la ropa y había educado al hombre hasta que consiguió dejarle en claro que su ropa interior no iba en el mismo cajón y tampoco sus corbatas.

Por los demás, adoraba ver sus zapatos liados o que sus cepillos de dientes se enredaran en un abrazo tan firme y de colores.

—Estoy en casa— anunció la voz masculina.

Sora fue a recibirle. El olor de la comida le provocó ganas de comerse una vaca entera.

—Bienvenido— saludó.

Pero cuando él fue a besarla se cubrió la boca y retrocedió, con arcadas. Taichi la miró con sorpresa y puso una mano sobre su vientre.

—¿Te ha sentado algo mal?

Sora sintió deseos de abrazarlo de lo adorable que podía ser algunas veces.

—No. Más bien, necesitamos hablar. Ven.

Tai dejó la comida sobre la mesa y mientras sacaba las tarrinas cubiertas de papel de plata, ella le explicó lo que sucedía. Cuando su pollo con nueces estaba siendo dejado en la superficie, la miró con espanto.

—No te odio ni nada así— se apresuró. Él suspiró y rascó los cabellos—. Son las hormonas dichosas. AL parecer es una etapa que sucede en las embarazadas. He leído que… incluso pueden llegar a sentir atracción por otros hombres.

Taichi se sentó en la silla pesadamente, pasándose las manos y revolviendo sus ya revueltos cabellos todavía más. Sora deseo enterrar los dedos en ellos y susurrarle que no pasaba nada. Pero sus dichosas hormonas decidieron que era mejor ni acercarse.

—Por ello, he pensado en que Hikari venga unos días conmigo, hasta que se me pase esto. Si te parece bien, claro.

Taichi la miró con preocupación. Sora sabía que pensar en quitarle la vista de encima para él era como vivir desesperado por si le sucedía algo. Ella le sonrió.

—Hikari ha hecho cursillo con madres embarazadas para subir su nota para enseñanza. Ya lo sabes. Estaré segura. Tendré el móvil siempre encima, hasta mientras me bañe.

Él abrió los ojos como platos.

—¿Y si te caes y Hikari no puede levantarte?

—Entonces se llamara a una ambulancia y a ti. Eso suponiendo que pase. Pero no pasará.

—No sé…

—¿Tan débil me ves?

—No es eso. Es que… lo lógico es que el padre esté siempre con la madre y esas cosas.

Ella sonrió.

—Siempre que la madre no le tire los trastes y sienta nauseas cada vez que lo tiene al lado. Y creo que Hikari es una buena opción.

—Me aseguraré de que Takeru no venga ni a dejaros la compra— gruñó, recordando sus palabras anteriores—. Soy el único hombre que puede hacer visitas a mi hijo.

Sora rio con ganas, sonrojándose y le tiró un trozo de papel de plata. Él sonrió de esa forma que ella tanto amaba.

—Sabes que eres el único hombre que puede visitar a mi hijo.

Él sonrió con orgullo y empezó a servir la mesa.

Hikari llegó unas horas después, con una maleta. Taichi ni siquiera permitió que Takeru entrara a saludar y mientras su hermana le regañaba, ambos hombres salieron.

Cuando Sora le explicó los motivos, Hikari estuvo un buen rato riéndose.

—Mi hermano a veces es un completo patán, Sora— confesó—. Gracias por amarle, debería de decir.

Sora negó.

—Muchas veces pienso que soy quien debería de dar las gracias. Solo espero que esto pase pronto. Porque pese a que no puedo soportarle, ya le echo de menos.


Notas de autora:

¡Solo él puede visitar a su hijo! :v

*huye*