Quedarse dormidas repentinamente es algo que puede suceder debido al gasto ante el crecimiento del vientre y el feto.

Como sobrevivir a un embarazo si tu marido es Taichi.

Cuando el sueño te vence.

—Tai— nombró con otro bostezo.

El hombre levantó la cabeza de los papeles que estaba revisando. Era el tercer mes de embarazo de Sora y Taichi había pedido trabajar en casa para vigilar la salud de su mujer. Sora no discutió con él, sintiéndose demasiado cansada para ello. Pero verlo trabajar en casa, con tantos papeles que para ella eran como folios repletos de ecuaciones que no entendía, era maravilloso.

Su marido había sido sexy en sus días con un balón entre los pies, ahora lo era con las manos llenas de hojas, con un bolígrafo o hasta con un ordenador sobre sus piernas.

Se acarició la barriga y un nuevo bostezo llegó a ella.

—¿Ocurre algo? — cuestionó él levantándose y acercándose. Sora negó y sonrió.

Alargó una mano para tocarle la barba que pinchaba. Él la imitó.

—Después me afeito— prometió.

—Vale. Pero que sepas que eres igual de sexy así— confesó con las mejillas azoradas y un brillo especial en sus ojos.

—¿Qué era lo que querías? — inquirió una vez más. Ella asintió.

—Tengo sed, pero no puedo picar el hielo. Está muy… duro…

—¿Sora?

La pelirroja fue cerrando los ojos lentamente y antes de que su cuerpo diera contra el suelo, Taichi alcanzó a sujetarla. Con sorpresa, la cargó hasta la cama. Sora respiraba con tranquilidad en medio del sueño. Se rascó la nuca sin comprender y agradeció más que nunca, trabajar en casa.

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—Deberíamos de ir al médico. Me preocupa.

Sora cerró la nevera con la cadera, mirándole. Lejos de sentirse preocupada, estaba radiante con su helado de moras en las manos.

—¿Qué dices? Solo me quedé dormida de repente. No es grave.

Caminó hacia el salón, encendió la televisión con una de esas novelas rosas que le daban por reírse y continuó comiendo el helado. Taichi le dio la espalda. Solo un minuto. ¡Solo eso!

Escuchó un sonido raro, se volvió y Sora tenía la cara en el helado, parte de su vestido y el pelo.

Se levantó dando un grito que la despertó y tras notarlo, gritó a su igual, mirándole entre lágrimas.

—Casi me atraganto, Tai— protestó.

—Si solo fuera eso, Sora— rezongó él ayudándola a limpiarse—. Vamos a lavarte.

Sora levantó las cejas y se echó a reír repentinamente pasando de las lágrimas a las risas.

—Taichi, qué descarado eres. Me tiras los tejos hasta estando repleta de helado.

—Hasta descalza y con uñas de troll— consintió y la ayudó a levantarse—. Pero ahora mismo no es eso. Quiero lavarte y que vayamos al médico. Ya.

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Sora continuó en sus treces de no querer ir. Quedándose dormida cuando menos lo esperaban. Durmiendo a pierna suelta por las noches. No podía salir a comprar el pan porque se quedaba dormida contra las farolas. Una vez casi la atropellaron.

Tai estaba por secuestrarla y llevarla al médico aún a costa de un berrinche. Temía por ella.

—Podría pasarte cualquier cosa. Podría pasaros cualquier cosa— se corrigió.

La escuchó en el baño cepillarse los dientes y negar.

—No ez gomo pada admad un faelo tan guiande.

—¿Qué? — cuestionó asomándose.

Ella rio y se sacó el cepillo de entre los dientes.

—Que no es como para armar un jaleo tan grande. He buscado en internet y a las embarazadas les pasa esto porque está creciendo la barriga. No es nada del otro mundo. Son muchas cosas las que nos pasan.

Se enjuagó la boca, bostezó. Se secó la boca, bostezó. Le hizo un gesto con la mano para intimidad y bostezó.

La escuchó sentarse en el baño, hacer sus cosas, limpiarse y luego, nada.

—¿Sora?

Al no recibir contestación, entró como un rayo. Estaba sentada en el váter, dormida, con las manos enrolladas en su ropa interior y zarandeándose hacia delante. Tai suspiró, la levantó y tras subirle la ropa, la llevó a la cama.

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—¿Lo has visto?

Sora estaba con los mofletes hinchados y las comisuras repletas de chocolate con el tremendo atracón que se acababa de dar. Taichi le limpió la cara con la manga, mientras ella cerraba los ojos como una niña pequeña.

—Lo he oído más bien— asintió él—. Vale, tenías razón— concedió—. Pero eso no quita que me preocupe. Te puedes quedar dormida en cualquier lugar. ¡Por dios!

Sora rio y asintió.

—Lo sé. Pero olvidas algo importante.

—¿Qué podría olvidar? — gruñó.

—Que estás aquí conmigo y que por eso puedo desfallecer en cualquier momento. Ya te lo dije antes de quedarme embarazada. Cuando tomamos la decisión más bien.

—Esto es algo de dos— citó y enarcó las cejas—. Lo está siendo. ¿Verdad?

Ella asintió, se puso de puntillas y le besó a la par que le pasaba los brazos por los hombros.

—Lo está siendo, Tai. Me encanta como me mimas. Aunque seas tan gruñón algunas veces. Creo que llevar tus genes dentro de mí, está haciendo que hoy sea más yo tú, y tú más yo*.

—Cuando entienda qué quieres decir con eso, te diré si es verdad o no— carraspeó.

Ella rio con fuerza, le besó la mandíbula y juntos caminaron hasta el coche. Con Sora durmiéndose de ese modo, Taichi no se atrevía a andar. Tal y como temió, Sora se quedó dormida al poco tiempo.

Puso una mano en la barriga y la besó.

—Ya podrías darle más genes míos y hacerla activa, hijo.

Sonriendo, observó a la madre felizmente dormida. Sora sonreía con felicidad. Habló algo de sardinas en lata que a Taichi le pareció asqueroso, pero aún así, fue tan hermosa, que sintió que no se cansaría de verla.


Notas de autora:

*: Aquí, Sora se refiere a que ella ahora actua más como si fuera un Taichi femenino y Taichi tan responsable como seria Sora. Pero lo dice de una forma tan complicada que Tai no entiende.

¡Gracias por leer! =D