Cómo sobrevivir a un embarazo si tu marido es Taichi

Cuando tú mujer brilla demasiado


—Sora está preciosa.

Taichi levantó la cabeza al sentir el extraño escalofrío de advertencia en su nuca. Algo que no sucedía desde que había puesto un anillo en la mano de Sora y la había garantizado como suya. Una alerta de peligro. Un sensor que indicaba que había cerca babosos indeseables detrás de lo que le pertenecía como hombre.

Aquello que él más atesoraba.

—¿Cómo has dicho? —cuestionó clavando la mirada en su mejor amigo.

El pelirrojo sonrió como tonto, como si no se diera cuenta de su manera de mirarlo o que estuviera a punto de saltar como un gato. No es que él fuera celoso, no… o bueno, un poco mucho sí.

—Digo que Sora está preciosa. Desde que está embarazada la veo más… brillante.

—¿Brillante?

Aquello lo descolocó. ¿Cómo que su mujer brillaba? ¿Es que acaso había visto tanto la dichosa película de Crepúsculo que se le había contagiado la estúpida enfermedad de que los vampiros brillan?

Miró directamente a su mujer en busca de cualquier semejanza a un escaparate de joyas. Sin embargo, Sora simplemente sonreía mientras hablaba de cualquier cosa con las chicas. Miyako le acariciaba la barriga y Mimi le mostraba unos preciosos patucos que habían comprado para el niño o niña que naciera.

—No veo a qué te refieres —señaló confuso.

—¿De verdad no ves que Sora está guapísima? —Pinchó Yamato dejando la taza de café que tomaba sobre la mesita frente a ellos—. Lo está, palurdo. Y si no te das cuenta, ¿qué clase de marido eres? ¿Quizás debiera de quitártela?

Taichi levantó el dedo del medio de la mano y sonrió. Izzi infló los mofletes, dándole un codazo al rubio.

—Si Mimi te escucha decir eso, esta noche no te comes nada —advirtió.

Yamato le pasó un brazo por encima del hombro.

—Para algo te tengo a ti. Y a Sora, si le hago falta —añadió, logrando dos patadas por debajo de la mesa.

Taichi realmente no debería de estar preocupado por esas amenazas, pero realmente le pateaban hasta la parte más baja y frágil de su entrepierna. Yamato formaba parte del extraño trio con Mimi y Koushiro, pese a todo, que ambos se dieran cuenta de algo tan importante que a él se le escapaba, era frustrante.

Pero Yamato y Koushiro no fueron los únicos que notaron aquella hermosura brillante de Sora. Mientras compraban en el súper y ella se agenciaba unas cuantas bolsitas de patatillas picantes, el dependiente no cesaba de mirarla y sonreír como si fuera un estúpido. Algunas mujeres la felicitaron y pese al gran bambo que llevaba, muchas alegaban que notaban que estaba embarazada por el brillo especial que emitía.

Harto, Taichi dejó las bolsas en su lugar tras doblarlas. Sora enarcó una ceja, curiosa.

—¿Qué ocurre?

—Que todos ven algo en ti que yo no —escupió enfadado.

Como un niño chico se tratara en vez de un hombre hecho y derecho de veintiocho años, se dejó caer en el sofá, metiéndose los dedos entre los revueltos cabellos. Sora caminó hasta su altura, dándole un toque para poder sentarse sobre sus piernas. Automáticamente como ocurría desde que Sora se quedó embarazada, él llevaba una mano hasta su vientre y con gozo, sentía a su hijo o hija moverse en su interior.

—Eso me preocupa. ¿Es que no soy atractiva para ti?

—No es eso —negó rápidamente—. Todos dicen que brillas y no te veo brillar.

—Oh.

Taichi esperaba algo más.

—¿Solo "Oh"?

—Claro —confirmó Sora con una carcajada—. Lo que ellos ven tú lo ves todos los días, por eso es como si ya te hubieras acostumbrado. Tengo siete meses ya.

—¿Y qué diantre es lo que ven?

Sora rio. Con todas sus ganas y su esplendor. Se frotó la barriga con ternura y entonces, Taichi pudo verlo. Algo que se le había escapado. La belleza de embarazada de su mujer.

—Realmente… brillas.

Colorada, Sora le dio un beso en la mejilla y se levantó.

—Ahora ya lo sabes.

—Mierda sí lo sé. Así no puedo dejarte salir a la calle.

Se enganchó a su pierna con las manos, entre risas. La escandalera le duró lo suficiente hasta que Sora lo mandó a por una de esas bolsas de patatillas picantes.

Él no era celoso. Solo que su mujer brillaba demasiado.


Notas de autora: Ya tocaba actu por aquí, así que doble ración :3