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Como sobrevivir a un embarazo si tu marido es Taichi
Cuando lloras por todo, por nada y porque sí
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Taichi dejó caer el maletín y la puerta dio de lleno contra su trasero cuando la vio correr hacia él. Sí, correr. Con todo ese enorme bombo, sus piernas flacuchas y sus senos rebotando. Tenía el rostro lleno de lágrimas y más caían de sus ojos.
Lo primero que pensó fue que algo iba mal con el bebé. No les quedaba mucho para por fin tenerlos en brazos, pero jamás pensó que en ese trimestre el destino decidiera darles una bofetada tan dolorosa.
—¡Daishiiii!
—Ese supongo que soy yo —dijo medio en broma medio en pánico.
Sora asintió, frotándose los ojos a base de palmadas.
—Creía que no ibas a volver a casa conmigo. ¡Eres malo!
Taichi no comprendía a qué venía eso. Habían pasado muchas cosas y desde luego, estaba muy emocionado con la idea de ser padre junto a la mujer que amaba. ¿Por qué no iba a volver a casa?
—Estaba trabajando, Sora —recordó. Porque esos días Sora estaba algo olvidadiza, especialmente a la hora de comer y tragar como una… ni siquiera lo pensaría.
—¡Pero es muy tarde! Pensé que habrías encontrado alguna pilingui flaca y hermosa de pechos grandes —se apretó los suyos de una forma tan erótica que casi perdió el hilo de la conversación—. ¡Ah! Acabas de babear con mis tetas.
Se dio la vuelta, muy indignada mientras lloraba a mares.
—Espera. ¿Está mal que me sienta atraído hacia ti sexualmente? —cuestionó siguiéndola tras descalzarse.
—¡Es que sólo te gusta mi físico! —acusó sentándose. Las palomitas del bol que había a su lado saltaron por todo el sofá y la moqueta—. ¡A la, ya has hecho que las palomitas vuelen!
Taichi gruñó, empezaba a mosquearse.
Se arrodilló junto a ella, tomándola de las manos.
—A ver, Sora —nombró tranquilamente—. ¿Estás enfadada?
—¡Pues claro que no, idiota! —negó hipando—. No estoy enfadawa.
—Eso es enfadada. ¿Verdad?
Ella asintió.
—Bien. ¿Entonces?
Sora hizo un mohín.
—Sólo… sólo… ¿Es porque soy fea cuando lloro?
El llanto regresó. Le tiró las palomitas a la cara e intentó hacerse un ovillo sin conseguirlo, terminando echándose los cojines por encima para cubrirse. Porque, que no pudiera encogerse, al parecer era culpa suya también.
Decidió que era mejor preguntar a un experto por si acaso.
—¿Qué diablos haces llamándome a mi, idiota? Pregúntale a Jou.
—Ay, Yamato, es que como eres el experto en ser pañuelo de lágrimas.
Le colgó.
Arrugó la nariz y decidió llamar a Jou esa vez.
—Las embarazadas ya sabes que pueden tener crisis emocionales. En este caso, Sora no hace más que llorar por todo, por nada o porque sí. Por lo que me has contado. Pero si quieres, puedes traerla y revisamos su oxígeno en sangre. Aunque estuvo hace poco aquí.
Taichi entrecerró los ojos.
—No, creo que esto va a ser lo que me has contado, porque ahora mismo está llorando frente al refrigerador porque cree que alguien que la odia se ha comido sus helados, cuando está todo el sitio donde estaba sentada con los paquetes de helado. ¿Le va a durar mucho?
—Puede que sí. Tendrás que armarte de paciencia, Taichi —recomendó Jou—. E ir a comprarle más helado de ser necesario.
Taichi colgó y suspiró, dándose toques en los hombros.
—Iré a comprarte más helado.
Sora se volvió como un huracán, con la boca llena de chocolate de algún pastel que quedaba de la enorme bolsa que ya se había tragado.
—¡Me quieres hacer engordar más!
—No, sólo quería que dejaras de querer pegarle a la nevera.
Sora hipó y comenzó a llorar una vez más.
Y otra, y otra, y otra.
Lloró porque no quería bañarse con él (cuando no entraban ambos en la bañera), lloró porque le pintó las uñas de los pies y no podía vérselas. Lloró porque miraba una moscaba y esta se alejó. Lloró porque Taichi se comió todo su plato de comida y no se la ofreció para alimentarla a ella y al bebé (cuando Sora acabó con la ración que sería para tres más).
Lloró cuando dijo que era hora de irse a dormir porque era tarde y él debía de trabajar. Lloró porque lo tiró al suelo de una patada mientras dormía. Lloró porque el papel del váter era blanco y no rosa. Lloró porque su madre le dijo que debía comer vitaminas.
Lloró cuando lo castigó en el sofá durante la noche porque le había castigado. Lloró por su mascota fallecida (un pescado carpa que se murió porque se electrocutó con una lámpara). Lloró porque ya no tenía su sombrero de infancia. Lloró porque Yamato le había comprado a Mimi una batidora y él a ella un recorte de telas que acababan de salir en NY.
Lloró sin motivo mientras se miraba la punta de los dedos de las manos.
Y lloró cuando le dijo que se iba a trabajar.
Cuando volvió, tras pedirle a Hikari que fuera a echarle un vistazo, preocupado por posibles suicidios, se las encontró a las riéndose a carcajadas con una película de terror.
Al menos, el drama había terminado y por fin, podría descansar tranquilo.
NA:
Me quedé con la duda de si había hecho algo asi ya xD
