2. Fuego

Horcrux, tiara y Hermione se sumieron en un diálogo sin voces ni turnos. Fue una marejada de información, voluntades y destinos. Pronto, el Horcrux quedó excluido cuando Hermione prefirió darle "luz" a la tiara, debido a su sabiduría y calidez.

La bruja aprendió de la tiara. Memorizó en horas lo que Rowena Ravenclaw estudió durante su vida; luego, conquistó cada pequeño detalle que la tiara, al obtener consciencia tras la muerte de Rowena, recibió a lo largo de los siglos. Innumerables secretos del uso mágico y los poderes que en antaño las brujas adoraban. Rituales olvidados. Bailes de hechiceras que no le temían a la oscuridad ni a lo que después se conoció como magia negra.

Fue un absoluto dolor de cabeza, pero al terminar, Hermione comprendió que los cinco años de educación que había tenido eran inútiles. El uso de varitas… un lujo moderno que limitaba la comunicación de las brujas con la naturaleza y el universo. ¿Libros prohibidos? ¿Ensayos académicos? Un montón de ridiculeces que sólo servían para propósitos burocráticos y políticos. ¿Qué importancia tenían los TIMOs si no entregaban el conocimiento de que la magia no era algo que se deba controlar, sino una parte misma de la naturaleza?

Hermione permaneció en el suelo de la Sala de los Menesteres, aún con la tiara puesta y su largo cabello revuelto alrededor. Sus ojos cafés brillaban por momentos. Decidió dar luz al otro fragmento que habitaba los diamantes y zafiros.

Tom, ¿por qué destruiste tu alma?

Así, revivió la infancia del que se convirtió en Lord Voldemort. Conoció a Merope Gaunt, fue testigo del violento poder que heredó a su único hijo, y cómo él creció lleno de una ambición inhumana que lo devoró sin piedad. Lloró por el joven Tom Riddle… hasta que cobró a su primera víctima: Myrtle. Poca información tenía para ofrecer el Horcrux, tras aquel suceso. Este fragmento de Voldemort se creó cuando tenía diecisiete años de edad, justo antes de abandonar Hogwarts. Hermione no consideró necesario contar qué ocurrió con el resto de su alma; no deseaba darle más poder al Horcrux. Escuchó sus siseantes ofrecimientos de libertad y dictadura… juntoss podemos ser loss reyess del mundo… Pero Hermione contaba con la sabiduría de Rowena Ravenclaw. No cayó en la trampa.

Quiero que salgan de mi mente. Vuelvan a descansar juntos. ¡No los quiero en mi cuerpo!

Sin embargo, la tiara había pasado demasiados años en corrupción por el Horcrux. Ambos se negaron.

Hermione volvió a llorar. Supo que tras esta experiencia, no podría continuar viviendo como una bruja normal del siglo XX.

No quería.

Se atrevió, por primera vez en su vida, a ambicionar el verdadero conocimiento que se acompaña de poder y grandeza; no aquel que sólo vale en las simples calificaciones de un colegio.

Tomar el control de Hogwarts sería muy fácil. Pensó que el Ministerio sería incluso aburrido. No. Hermione ambicionó un mundo que recuperara las viejas costumbres de la hechicería.

Te quedarás con nosotros le dijo la tiara.

Hermione sonrió No. Ustedes se quedarán conmigo.


Nadie la vio salir de la Sala de los Menesteres. Había pasado una semana desde que entró. Su desaparición sólo motivó a que los castigos de Umbridge fueran más crueles, ya que sentía que la hija de muggles se había burlado de su autoridad en el castillo.

Hermione se enteró de esto muy rápido. Cada pintura colgada en los largos corredores de Hogwarts le contó un poco de los acontecimientos que se habían desarrollado esa semana. La magia del colegio se sentía en deuda con aquella que recuperó la tiara de Ravenclaw.

¿Dónde está Harry?

Las pinturas le mostraron que su mejor amigo permanecía despierto, buscándola en el mapa del merodeador.

Eso la hizo reír. ¿Qué haría Harry al verla entrar al Bosque Prohibido?

Hermione se fue quitando la ropa mientras caminaba hacia los altos pinos frente a Hogwarts. La luna menguante iluminó su piel desnuda. Cantó en voz baja uno de los juegos de palabras que más amó Rowena, despertando al viento, fuego, trueno, tierra y agua. ¿Qué elemento la elegiría para completar los planes que destruirían al mundo mágico?

El bosque respondió al prenderse en llamas escarlatas. Era un fuego sangriento, de una zona demasiado profunda de la tierra. A Hermione le pareció poético. El fuego era, en su opinión, el elemento más creador. Sólo necesitaba el alimento necesario.

La bruja bailó con las llamas, igual que hicieron miles de sus antepasadas, siglos atrás. Cada movimiento agitó el fuego y lo hizo temblar. Sombras femeninas se levantaron de las cenizas del bosque, y acompañaron a Hermione. La tiara sobre su cabeza tragó el calor y la luz, alargando las sombras… oscureciendo el fuego. Aquella imagen escarlata mutó a una explosión de flamas azules. La magia se fue reduciendo hasta rodear como un guante a Hermione; luego se derramó en forma de capa, del color de la noche, por la espalda estrecha.

Las criaturas del Bosque Prohibido acudieron al espectáculo de magia elemental. Centauros, acromántulas, unicornios y otros permanecieron escondidos entre los árboles que aquel fuego azul no consumió.

Hermione miró a cada uno, sonriendo.

—Les devolveré el mundo.

Y las criaturas le creyeron.

En ese momento, las pisadas de Harry Potter atrajeron toda la atención de Hermione.

Él llegó hasta ella, apretando el mapa en una mano y su varita iluminada en la otra. Sus ojos verdes se llenaron de lágrimas al verla viva, tras una semana de pensar los peores destinos que su mejor amiga podría haber enfrentado lejos de él. Quiso pronunciar su nombre, pero la magia del lugar era tan potente que su garganta se quedó sin aire.

Hermione caminó hacia él, cerrando los metros que separaban ambos cuerpos. La capa negra azulada ondeó detrás de ella, como una cola encantada.

Harry tuvo el impulso de volver a revisar el mapa, desconociendo a la bruja que se había robado el cuerpo de Hermione, porque esa no era su mirada. Sintió miedo. Ardor. Atracción. Verla desnuda era desconcertante. Pero lo que más calentaba su sangre era aquella tiara de zafiros y diamantes, digna de una emperatriz.

Sus piernas fallaron, siendo el primer mago en ponerse de rodillas ante ella, pero no el último.

Hermione le sonrió con cariño, estirando los labios rosados. Las puntas de sus dedos acariciaron el cabello de su mejor amigo.

—Conseguí hacer mi patronus.

Harry pensó que eso era lo menos relevante de todo lo que estaba ocurriendo, pero seguía sin voz, sin fuerza para algo que no fuera mirarla. Ella deslizó sus dedos por la cicatriz en forma de rayo, deshaciendo su sonrisa, y Harry creyó sentir que el ambiente se enfrió un poco.

—Otro Horcrux. Se encuentra dormido.

¿Qué? —consiguió pronunciar, asustado.

La bruja se inclinó sobre él, dejando su rostro a centímetros de distancia.

—Perfecto. Así será más rápido. Aprenderás todo lo que Voldemort había estudiado hasta el momento en que asesinó a tus padres. Me parece un precio justo, ¿no crees, Harry? Te regalaré su sabiduría y, al mismo tiempo, destruiré su magia en tu cuerpo.

—¿De qué hablas… Hermione?

—Confía en mí.

El fuego reapareció, con la misma magnitud y potencia con la que tragó aquel fragmento del Bosque Prohibido. Harry miró las flamas azules subir por su cuerpo. Luego su cicatriz estalló.