3. Viento y Agua
Fue turno de Harry para conocer otro tipo de magia, muy diferente al que Hermione ahora dominaba gracias a Rowena Ravenclaw y el joven Riddle; porque mientras uno era sobre la naturaleza y los misterios milenarios de la sociedad mágica, el otro era moderno, corrupto y sádico. Todo lo que Voldemort dominó en su primera vida, antes de ser destruido por la protección de Lily Potter.
El fuego fue apagado por una corriente de viento, el elemento que eligió a Harry ahora que estaba en comunión perfecta con su magia.
Hermione observó, hambrienta, el poder que su mejor amigo despertó, así como el viento que elevó su cuerpo, celebrando al mago que, tras siglos, por fin había invocado a la naturaleza para servirle.
—¿Por qué Voldemort no pudo hacer esto? —preguntó Harry, aún suspendido en el viento.
La bruja quiso responder que él no fue tan grandioso como tanto se creía; pero habría sido una mentira. Tom Riddle consiguió esta magia sin ningún tipo de guía o directriz, a diferencia de ellos. Decidió ser honesta con su mejor amigo.
—Porque pensó que había un poder por encima del fuego, trueno, viento, agua y tierra. Rechazó a los elementos. Esa fue su condena.
Rowena asintió, dentro de su mente. Usó mi tiara para guardar su alma. Su vanidad fue más poderosa que la posibilidad de obtener mi sabiduría.
Hermione se lamió los labios, sin dejar de ver al mago de magia verde que comenzaba a jugar en el aire. ¿Qué tanto de Voldemort afectaría la personalidad de Harry, a partir de ese momento?
La tiara tembló por la expectativa de aprender algo nuevo. Fuiste cruel. Él no cuenta con siglos de sabiduría para defenderse, como tú.
La bruja permitió que el siseo de la tiara respondiera por ella. Por eso ahora Harry será nuestro.
Hermione admitió que ese era su objetivo. Ya no era la misma adolescente de dieciséis años que no quería aceptar sus sentimientos por su mejor amigo. Oh, Cho, tengo tantas ganas de hablar contigo.
Harry pensó que obsequiarle todos sus conocimientos era el precio mínimo que le debía Voldemort, después de condenarlo a una infancia con los Dursley. El terrible resentimiento que generó por sus tíos, pero que había intentado apaciguar en su corazón, ahora parecía un torbellino de odio que vibraba sobre su piel, deseando convertirse en magia, poder y venganza.
Observó con precaución a Hermione, comprendiendo que ella no sólo contaba con un entendimiento muy elevado de magia negra, debido a Riddle joven, sino con siglos de sabiduría que la diadema de Rowena guardaba.
Quiso reír por aquella expresión: "diadema" era una palabra insignificante para la corona suntuosa llena de diamantes y zafiros. Con ella sobre su cabeza, Hermione parecía una diosa de fuego helado.
En artes mágicas, Harry supo que podía vencerla. Quizá también en poder mágico, a pesar de que su mejor amiga no era débil, la realidad es que él era muy poderoso. Sin embargo, de nada servía el poder sin la sabiduría. Tendrían que trabajar juntos.
Ella le sonrió con ternura, como a un niño que acaba de terminar de manera correcta una tarea básica. Por supuesto, Hermione sabía que llegaría a esa conclusión: se necesitaban mutuamente.
—Debes tener un plan.
—Nunca terminé de sentirme cómoda en el mundo mágico. Demasiada discriminación, burocracia, corrupción —se agachó sobre el suelo quemado, recogiendo con sus manos un puñado de tierra—. Creo que puedo construir un mundo mejor.
Harry admiró la capa negra azulada, abierta como arco alrededor de Hermione. Contrastaba con su piel pálida.
—Yo también lo creo.
—¿Estarás a mi lado, entonces?
Pensó unos instantes en la respuesta, presintiendo el peligro. Su magia se agitó.
—No… estaré detrás de ti, protegiéndote.
Ella levantó el rostro. El brillo en sus ojos indicaba que esa era la única respuesta correcta.
Harry volvió a respirar.
El primer objetivo era recolectar el resto de los Horcrux. Hermione deseaba obtener su poder, así que Harry se dedicó a cumplir. Mientras tanto, disimularon que nada extraño había sucedido. Un simple hechizo se encargó de que nadie pudiera ver la tiara de Ravenclaw; una sencilla maldición fue suficiente para que Dolores Umbridge terminara con su despiadado gobierno sobre Hogwarts: cada noche, una sombra la visitaba en sus sueños; cada mañana, un poco más de su carne se iba manchando de negro.
Hermione tuvo un hastío récord con Ronald Weasley. Decidió que no sería relevante para sus planes. En cambio, colocó su atención en Luna Lovegood. Le atrajo su diáfana y eléctrica aura mágica; el hecho de que también controlara un medio de comunicación masivo era un simple bonus.
Harry consiguió el guardapelo de Slytherin, tras una visita rápida a Grimmauld Place, donde aprovechó para curar a su padrino y dejarle un par de pócimas muy interesantes.
—Es precioso —dijo la bruja, acariciando la S de piedras verdes incrustadas en el robusto material de oro—. Riddle tenía excelente gusto.
Harry apenas tuvo tiempo de colocar un escudo sobre ella cuando el guardapelo estalló en malevolente poder: había detectado la amenaza de una bruja que podía destruirlo en segundos.
Hermione frunció los labios, discutiendo en su cabeza con la parte de Riddle que reía histérico. No me previniste le dijo, ofendida. Él respondió ¿Qué esssperabas ssi no me dejasss controlarte?
El Horcrux seguía destruyendo las paredes de la Sala de los Menesteres. Harry lo observaba entre aburrido y apático.
—Avanza, Luna. Me está hartando el escándalo.
La rubia obedeció a Hermione, entrando a la zona de cataclismo del Horcrux. La magia de ambos se mezcló agresivamente, generando destellos blancos y rojos.
Utilizando un nuevo ritual, Hermione selló el poder y el conocimiento del guardapelo en Luna, mientras aniquilaba otro fragmento del alma de Voldemort.
Un segundo después, comenzó a llover dentro de la habitación.
Harry transfiguró una sombrilla, cubriendo a la otra Gryffindor —¿Por qué la cara de molestia? Salió perfecto.
—Mi elemento es el fuego. Esto es demasiado húmedo para mi gusto.
Luna se recostó sobre el suelo que poco a poco se inundaba, disfrutando de su elemento.
—Vamos a salvar a tantas criaturas —suspiró, alzando las piernas en un gesto de felicidad infantil.
Harry asintió —Lo haremos, Lun.
