De nuevo, mil gracias a Aidee por su ayuda para este capítulo (l)


ºCómo sobrevivir a un embarazo si tu marido es Taichi. º


Cuando el dinero no da esa pequeña felicidad.


Sora lanzó otra prenda por encima de su cabeza hasta la cesta. Taichi miraba el cestillo como si fuera la entrada al infierno. ¿Cómo podía una mujer llenar tanto una simple cesta en cuestión de dos segundos? Y no sacaba nunca nada y encima, algunas prendas eran repetidas.

Lo más triste es que eso vaciaría su cartera.

Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había salido para preguntarle qué tal le quedaba una prenda. Sora se enfurruñada porque a todas les contestaba lo mismo, pero es que él realmente la veía bien llevara lo que llevara y, especialmente, cuando no llevaba nada. Porque esas curvas preciosas en su cuerpo por el embarazo le parecían maravillosas y, no podía negarlo, sexy.

Pero Sora había tenido un repentino deseo de cambiar su armario e ir en busca de ropa que, claramente, en el futuro no le sería útil. No iba a estar embarazada para toda la vida y, por supuesto, ni siquiera habían calculado tener más hijos. Si el primero ya estaba siendo una poderosa bomba de hormonas y poco autocontrol, no quería imaginarse tener que vivir eso por dos veces y tan seguido.

—Sora. ¿No crees que es suficiente ya? Sólo te quedan tres meses de embarazo y…

Sora podría haberle clavado en la silla con la mirada.

—Si te fijas, hay poco repertorio y muchas están repetidas por eso. Cada vez aumenta o es más dificil la comodidad con según qué ropa, así que variar es lo mejor.

—¿Y qué harás luego con lo que te sobre? —cuestionó mirando con cierta tristeza y rendición la cesta.

—Se lo donaré a otra embarazada que lo necesite o usaré las prendas como retales para mis obras. Todo se utiliza, Taichi.

El hombre puso los ojos en blanco. No podía evitar sentir una pereza completa con lo que su esposa consideraba reutilizable. Si era así. ¿Por qué ella misma no se hacía su propia ropa para llevarla durante su embarazo?

Luego recordó el último desastre y pataleta cuando Sora quiso sentarse frente a la máquina de coser y ver que no podía llegar por culpa del abultado vientre.

Prefirió dejar las cosas como estaban y simplemente sacar las últimas gotas de paciencia que le quedaban del tintero y acceder a sus necesidades. Aunque eso le costara decir adiós a su querida colección de los mejores penaltis de su equipo favorito de fútbol para la que había estado ahorrando.

Claro que ahora muchos de los ahorros se irían con el bebé, cosa que no le importaba, pero ese gasto innecesario de ropa…

—¿Estás enfadado? —preguntó Sora horas después, cuando ambos estaban acurrucados en el sofá. Sora se pasaba una mano por encima de la barriga que llevaba al aire, en pequeños círculos—. Quizás me he pasado comprando.

—No importa —negó besándole la mejilla antes de volver la mirada al móvil—. Sé que después harás buen uso de esa tela. Siempre es divertido ver a las madres y las hijas vestidas por igual.

Sora sonrió hasta que dio un respingo.

—¡Tai! ¡Pon la cámara! —exclamó—. ¡Hemos de grabar esto!

—¿Al bebé moverse? —cuestionó haciendo lo que pedía con cierta curiosidad.

Momentos después, se percató de lo hermoso que era, el detalle de su hijo o hija moverse dentro del vientre de su madre, las formas que se apreciaban. Sin darse cuenta, se le escapó una lágrima. No pudo contenerlo y tampoco, besarla en la siens y pensar en lo maravilloso que era que Sora fuera capaz de crear vida dentro de ella.

—¿Lo has guardado bien? No quiero perderlo.

—Guardado —confirmó mostrándole la tarjeta—. Ahora mismo se lo enviaré de todas maneras a Koushiro para que me lo guarde.

—Le va a dar un ataque de diabetes —bromeó Sora.

—Que se aguante, que para eso es el padrino. También se lo pasaré a Hikari —recordó muy fijo en lo que hacía.

Sintió la mano de Sora en su espalda y al volverse, ella sonreía de una forma tan encantadora que sintió que podría ponerle el mundo a los pies. Si uno se podía volver a enamorar mil veces de la misma mujer, acababa de suceder con él.

Esos momentos no se compraban ni con todo el dinero del mundo.

¡Gracias por leer!