5. Tierra
El haber tenido que revivir a Neville trajo varias consecuencias. La principal fue que Dumbledore regresó a Hogwarts, mientras el Ministerio encontraba reemplazo para la Suma Inquisidora.
El misterio de la muerte de Umbridge sólo probó que el mundo mágico es capaz de ignorar un evento de ese calibre, si no era políticamente necesario. Quizá por eso Myrtle seguía vagando en este mundo, pensó Hermione, porque nadie le había hecho justicia.
La diferencia era que de Umbridge ni siquiera quedó su alma.
Un sacrificio minúsculo. Hermione asintió a las palabras de Rowena. En especial si lo comparaba con tener vivo a Neville. Volvió a sonreírle, sentada frente a él en la mesa de Gryffindor. Quería verlo comer y reír. Odiaba la idea de que algo malo le ocurriera de nuevo. Y por mi culpa. Riddle hizo un sonido de asco tras aquel pensamiento.
Al final, sería una emperatriz realmente interesada en sus súbditos, no una psicópata desalmada.
Veamoss cuánto tiempo dura esssa idea.
—¿Está amargo el jugo? —preguntó Neville, al ver su rostro molesto.
Hermione dejó el vaso en la mesa —Sí. Muy amargo.
Harry preguntó, tímido —¿Quieres que le ponga miel?
—Gracias —lo miró coqueta, disfrutando del ridículo juego que sostenían frente al resto de sus compañeros. La historia de los mejores amigos que no se daban cuenta que eran el uno para el otro. Sonaba perfecto para que el plan funcionara.
Si tan sólo sus compañeros supieran que dormían juntos todas las noches.
Pero eso pronto perdería su candor. Hermione no olvidaba el otro plan, uno que aseguraba la adoración de Harry para el resto de la eternidad.
Sin embargo, tenía que concentrarse en el presente.
—¿Sabes algo, Neville? —preguntó mientras intentaba ignorar el nuevo sabor dulce del que había sido un perfecto jugo de naranja— Creo que le gustas a Luna.
Su amigo escupió el bocado de avena —¿Qué?
Asintió, sirviéndose más frambuesas y moras. Rowena las amaba.
—Estaba muy preocupada por ti. En serio.
—Nos hemos vuelto cercanos… supongo —respondió Neville, nervioso.
—A mí me parece una bruja muy hermosa —comentó Harry.
Hermione le dedicó una mirada —¿Oh?
Por debajo de la mesa, la mano fría de su mejor amigo se coló en la falda tableada de su uniforme. Hermione cerró las piernas, celosa.
—Creo que haría una gran pareja con Neville —terminó diciendo, dándole otra de esas miradas de mejor amigo que todos sabían que está enamorado menos él.
Hermione giró los ojos. En serio esto perderá pronto su atractivo. Prefería mil veces más al Harry que la miraba con malicia, amor y posesividad. Su dulce y perfecto mago oscuro.
Neville la sacó de sus pensamientos —Yo también sé de dos personas que harían una gran pareja.
Varios de sus compañeros silbaron, riendo. Al parecer, el espectáculo de mejores amigos enamorados se había vuelto popular.
Qué básicos pensó Hermione, bajando el rostro como si estuviera apenada, cuando en realidad tenía una profunda apatía por toda la situación. Harry, cada vez más astuto y manipulador, fingió exactamente la misma reacción de Neville, escupiendo su avena. Eso ganó más risas y comentarios.
Mira a tu izquierda recomendó Rowena.
Hermione sólo movió los ojos, viendo, a través de la cortina de su largo cabello, a Ginny Weasley.
Su corazón latió emocionado. ¡Otra Marca!
Riddle y Rowena la apoyaron enseguida.
La segunda consecuencia de haber matado a Umbridge en un ritual tenebroso que llevaba prohibido en el mundo mágico desde 1409, era que Dumbledore parecía más alerta. Era obvio que ni siquiera él tenía idea de qué había ocurrido, pero sospechaba de sus características oscuras.
Tendrían que acelerar el plan. Por suerte, Luna encontró el siguiente Horcrux.
—Está en la bóveda de los Lestrange. Se trata de la copa de Hufflepuff.
Harry, que se balanceaba en una silla, con las piernas estiradas hacia el fuego mágico de Hermione, asintió.
—Es cierto. Ahora lo recuerdo.
Luna se cruzó de brazos —Sería conveniente que recuerdes dónde están los otros.
—Eso intento, pero no es tan fácil acceder a todas las memorias de Voldemort. Además, tengo mis propias responsabilidades en el plan.
Hermione alzó una mano, deteniendo la inesperada discusión —No podemos entrar a Gringotts sin arriesgar el plan. Será noticia de primera página si alguien logra robar algo de ahí.
—¿Entonces qué haremos?
—Ya pensaré en algo. Por lo mientras, Harry, necesito que aumentes el nivel del ED. Comienza a enseñarles verdadera magia.
—Sí, Milady.
—Luna, necesitamos revisar el nuevo número del Quisquilloso. El último fue encantador, amé tu metáfora de cómo el uso de los inodoros para entrar al Ministerio deja en claro la clase de mierda que hay adentro.
—Oh, tengo algo mejor para la siguiente edición. Scrimgeour caerá del agrado popular cuando se sepa que estuvo casado antes, pero se divorció cuando nació su hijo… squib.
Los ojos de Hermione brillaron —Maravilloso. Después veremos qué hacer con Kingsley… si no acepta colaborar con nosotros.
Harry se levantó —Recuérdame por qué estamos protegiendo a Fudge.
—Es obvio, amor mío. Él será más fácil de continuar manipulando para que el Ministerio caiga en desgracia. Cuando acabemos con él, la gente implorará por un cambio de gobierno. Después de todo, no existe político con un pasado intachable.
—Bien. Pero cuando sea su turno, yo quiero encargarme de él. Por ahora, iré a Grimmauld Place. Sirius me espera.
—Sé cuidadoso. Dumbledore está vigilando.
Harry miró a ambas brujas, quienes habían actuado de forma particularmente aburrida toda la tarde. Casi siempre estaban planeando hechos catastróficos para el mundo mágico, entre risas y té con galletas. Su pasividad resultaba alarmante.
Ellas le devolvieron la mirada, expectantes.
—¿Qué traman? —gruñó.
Hermione se estiró en el sillón, como un precioso gato —La dominación del mundo. Pero eso ya lo sabes. ¡Me saludas a Sirius!
Harry apretó los labios. No le gustaba que su bruja le ocultara información, aunque también le excitaba un poco. Respiró profundo, jurando que esa misma noche le sacaría la verdad.
Cuando volvió a Hogwarts, ni siquiera fue necesario ir al Bosque Prohibido; podía sentir las olas de magia que seguían agitando el suelo. Habían destruido el anillo. El último de los elementos se había unido a la causa. Tierra.
Eso hizo sentir un poco molesto a Harry. Sabía que entre el fuego y la tierra había una afinidad especial. No existía una conexión parecida entre el agua y el viento, lo cual agradecía de cierto modo por su relación con Luna. Sin embargo, lo ponía en desventaja con el nuevo mago de la tierra.
Por eso había deseado que Sirius tomara el anillo. No tendría competencia con su propio padrino; ni Hermione ni Sirius estarían tentados. Incluso Neville habría sido aceptable.
Pero el hecho de que Hermione hubiera realizado el ritual sin que Harry estuviera presente, era señal de que las cosas no serían tan fáciles.
¿Qué planeas, bruja? Se preguntó, caminando hacia la Sala de los Menesteres. Cada noche se encontraba con Hermione ahí.
Esperó impaciente a que la puerta apareciera. No sucedió.
—¿Qué demonios?
Se le ocurrió en ese momento que no tenía forma de hablar con Hermione, si algo así sucedía. Colocó este problema en su lista de prioridades.
¿Y si estaba herida?
Una extraña mezcla de desilusión y terror lo invadió. Sus emociones siempre eran contrastantes cuando se trataba de Hermione. Una parte de él, la más retorcida y cruel, no le apetecía una bruja incapaz de cuidarse por su cuenta. Si ella estaba herida, perdía por completo el atractivo voraz que lo tenía loco. Por otro lado, el amor sincero que le tenía, fundamentado en una verdadera amistad, lo hacía temblar de imaginarla lastimada.
Se concentró para manejar sus sentimientos. Sabía que debajo de aquella pose de "mago tenebroso" que se había vuelto parte de su personalidad, había algo más imperante que las expectativas absurdas que tenía sobre Hermione. Si de verdad estaba herida… la perdería. Y para Harry esa era la peor de las sentencias.
Era claro que Hermione se convertiría en la bruja más importante del siglo. Cuando terminaran el plan, el mundo se arrodillaría ante ella. Ese poder era algo que Harry no quería perder.
Luego… quién sabe.
Si ella conseguía la máxima de las jerarquías, se volvería aburrida. Era una paradoja.
Harry pensó que el Sombrero Seleccionador no había errado al querer enviarlo a Slytherin.
En ese momento, la puerta de la Sala de los Menesteres se materializó frente a él. Era la misma que usaba para sus encuentros íntimos con Hermione.
Respiró aliviado. Pronto la tendría en sus brazos, debajo de él. Suya.
Estuvo a punto de caminar hacia la puerta, cuando alguien más salió de la Sala.
Harry sintió su pecho fruncirse.
El mago de la tierra lo observó lleno de una oscuridad demasiado profunda y mística para ser asociada con algo tan mundano como las artes negras. Era obvio que la piedra de la resurrección también había obsequiado un poco de ella durante el ritual. La magia que ahora lo rodeaba era una excelente oponente de la misma que Harry poseía.
Después de meses de sentirse invencible, por fin tenía un contrincante.
Hermione salió de la Sala, arrastrando la capa negra azulada que quizá era parte de su magia y no una prenda de ropa. Se recargó en el mago de la tierra, pegando su pecho en el brazo masculino.
—¿Te gusta nuestra nueva adquisición?
Harry puso los ojos verdes, helados, en ella —¿Qué significa esto?
—Necesitábamos un alma menos bondadosa para que aceptara el anillo. ¡Voilà!
—¿Cómo sobrevivió el ritual? Es un maldito debilucho…
—Cuida tus palabras, Potter —interrumpió el rubio—. No soy el mismo que antes.
Hermione enredó un dedo en la cabellera platinada —Como puedes ver, no era débil. Sólo necesitaba una oportunidad, ¿verdad, Draco?
Harry avanzó y arrancó a Hermione de su acercamiento con el Slytherin.
Esto no podía estar pasando.
Vio la mano de Malfoy temblar por el deseo de volver a sentir a Hermione, obviamente dominado por la magia de la tierra que hacía perfecta comunión con el fuego de la bruja.
Eso no puede estar pasando.
—Mañana hablaremos, Draco —se despidió Hermione, deslizándose dentro de la Sala.
Harry la siguió, azotando la puerta.
—¿Por qué lo hiciste? —siseó sin voltear a verla, recargando su frente contra la superficie de oro y madera del portón.
—Porque te amo.
—No entiendo.
—Supongo que tendrás que comprenderlo con el tiempo.
—¡Explícate, Hermione!
Se giró hacia ella. Una ventizca sacudió la Sala, casi apagando el fuego de la chimenea. Sólo quedaron las cenizas rojas.
La bruja permaneció impasible, entre las sombras.
—Me lo agradecerás.
—¿Cómo podría agradecer que ahora tengas una… una… conexión con el maldito hurón?
—Porque si deseas dejarme, sabrás que de inmediato me iré con él. No sufriré por ti. No te extrañaré. Iré con quien es mi elemento afín.
—Me estás amenazando.
—No. Estoy garantizando que siempre me encuentres deseable… porque sabrás que no soy enteramente tuya. Desde hoy, ya nunca lo seré.
—¡Me traicionaste!
Sacó su varita.
—Al contrario. Lo hice por los dos.
—¡Depulso!
En el mismo instante que salió su hechizo, la oscuridad de la habitación fue consumida por la luz roja del fuego que renació. La temperatura se elevó hasta que el aire se calentó tanto que Harry sintió sus pulmones arder.
El hechizo se incendió antes de llegar a ella.
Hermione lo miró molesta —Dejaré pasar sólo por esta vez que me hayas atacado.
Harry cayó de rodillas, aterrado de su propia reacción. ¿Cómo pudo querer herirla?
—Me está dominando —susurró tembloroso—. La ambición, los celos, el desear poseerte… Esto no soy yo.
—Sí lo eres. La semilla siempre estuvo en ti. Luna investigó un poco más sobre el "accidente" que tuvimos con Neville. No hay manera de transferir el poder de los Horcrux, a menos que encuentren un poco de ellos mismos en nosotros. Quizá siempre serías un mago ligeramente celoso… eso fue suficiente para que ahora tu nuevo poder extraiga esta parte de ti.
—Te quise lastimar…
—No. Eres más poderoso que yo. De haber tenido la intención real de herirme, no habría podido detenerte.
—Eso no me tranquiliza.
—Entonces tendrás que luchar contra tu ambición, tendrás que recurrir al verdadero amor que te despierto, y vivir de él. O sufrirás eternamente. Como sea, será entretenido, ¿verdad?
Harry levantó el rostro, viéndola con cuidado —Eres aterradora.
—¿De qué otra forma podrías amarme?
El fuego regresó dentro de la chimenea. El aire se enfrió lo suficiente.
—Vamos —dijo Hermione, bostezando—. Mañana tenemos examen de pociones.
