Y llegamos al final...
ºCómo sobrevivir a un embarazo cuando tu marido es Taichiº
El día D.
El grito le despertó en la mejor parte del sueño y en una postura muy delicada que terminó haciéndole caer de bruces al suelo. Lo primero que pensó en medio de la nebulosa del sueño es que alguien estaba atacándoles. Miró a su alrededor tras ponerse en pie de un salto y respiró más tranquilo al comprobar que no había nadie.
Pero los jadeo y dientes rechinando llamó su atención, ahora más consciente, que el grito provenía de Sora.
Encendió las luces con torpeza, parpadeando al quedarse momentáneamente ciego y tanteó hasta llegar a ella. Sora le apretó la mano con tanta fuerza que jamás pensó que la tuviera.
—¿Qué ocurre? —cuestionó haciendo una mueca de dolor.
—¡El bebé…! —jadeó—. ¡Llega!
Movió su mano con sorpresa, preguntándose si esa vez sería otro simulacro, pero sus ojos descendieron hasta algo húmedo.
No. Esa vez no era una falsa alarma.
Abrió la boca y chilló como un cochino en el matadero.
—¡Taichi! —Aseveró Sora dando un tirón a su brazo—. Ahora necesito que seas el hombre de la casa. ¿Estamos? Has practicado esto mil veces. Y a la que le están arrancando las dichosas entrañas es a MÍ. Así que mueve el condenado culo de deportista que tienes.
Hubiera hecho alguna broma de las suyas de no ser porque estaba en medio ataque de pánico. Recordaba las pautas pero por un instante no quién era ni qué estaba pasando.
Las palabras de Sora bailaron por un momento dentro de su cabeza hasta que captaron su atención por completo.
Mientras Sora salía de la cama entre sonidos realmente espeluznantes, Taichi corrió al armario para sacar una bata y echarla por encima de sus hombros y la guió a la salida.
—Las llaves, cartera, la maleta, todo bien —avisó—. Podemos irnos.
Sora no estaba por la labor de quejarse, así que simplemente se dejó llevar. Confiaba en él, por supuesto. Era el hombre que había escogido para, esperaba, el resto de su vida.
Yamato ya había bromeado asegurando que si la cagaba durante esos momentos tan importante, la confianza de su mujer menguará. Aunque Mimi había recalcado que él la perdió por ligarse a la enfermera y no por su eficiencia.
Yamato, por supuesto, negaba eso.
Sora resoplaba con las manos en el vientre. Había empezado a sudar y su rostro se congestionaba con cada contracción.
La ayudó a subirse al coche y agradeció el escaso tráfico a esas horas de la noche. Esperaba no encontrarse con ningún loco al volante. No, rezaba por ello.
Por suerte llegar fue más sencillo que soportar el hecho de que se le durmiera el brazo por los apretones que Sora estaba dándole, apremiándolo por llegar cuanto antes.
—Embarazada —anunció al llegar.
Las enfermeras en seguida se volcaron en Sora a base de preguntas y esquivándole. No iba a entorpecerlas. La vida de su mujer y de su futuro retoño dependía de ello. Se cortaría las manos antes que hacer algo que impidiera un buen resultado.
Así que se quedó atrás cuando le impidieron la entrada y comenzó a reconocer el terreno en idas y venidas por un pasillo estrecho, con más padres esperando, de piernas inquietas, rezos y miradas preocupadas.
—¡Taichi!
Levantó la mirada de las losas para clavarlas en Joe, quien corría hacia él con los picos de la bata de médico ondeando en el aire. Le sujetó de los hombros, sacudiéndole.
—¿Cómo va todo?
—Todavía no me han dicho nada —respondió señalando las puertas cerradas a su espalda—. ¿No se suponía que el padre podía entrar?
—En algunos casos no —reflexionó Joe subiéndose las gafas—. Iré a ver. Espérame aquí.
Taichi lo despidió levantando los brazos antes de dejarse caer en un sillón cercano.
—Ni que tuviera que ir a otro lado.
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Cuando Joe entró Sora acababa de cagarse por séptima vez en Taichi mientras empujaba.
Sí, la idea de ser madre era maravillosa. La intriga de ver cómo sería era imposible de contener ya. Estaba deseando retomar su figura y también su trabajo. Pero que la colgaran si alguien dijo que aquello era fácil.
Pero algún motivo no hacía más que echarle las culpas a Taichi porque… bueno, era así. O quizás es que siempre era la salida fácil para soportar mejor el dolor. Él la embarazó, pero diablos, eso no fue como que se tiró en la cama como una tortuga y se dejó hacer de todo. Ella también puso su empeño en ello y el resultado estaba saliendo como si decidiera llevarse su interior con él o ella.
No conocían el sexo y aunque eso había puesto a Taichi algo frenético a la hora de los cambios en organizar el dormitorio, les gustaba la idea de la sorpresa.
Ya habían preparado nombres para ambos casos.
—Doctor Kido —saludó una de las enfermeras—. Este no es un buen momento, queda poco. Si no llegan a venir a tiempo, el bebé habría nacido en el camino. Así que estamos algo ocupados.
—Lo sé. Ella es familiar mío.
Como si esas palabras fueran magia* o la orden de algún tipo de jefe superior, las enfermeras empezaron a volcarse más en ella. Incluso recibió ánimos distintos y la cosa empezó a ser algo más amena. Incluso el médico empezó a detallarle lo que ocurría entre sus piernas con su bebé.
—¿Puede entrar el padre?
Una de las enfermeras dudó.
—No queda mucho…
—No importa —negó Joe mirándola—. ¿Quieres?
—Que entre —asintió.
Y por un instante se imaginó apretando cierta parte muy sensible de su cuerpo para evitar tener que pasar nuevamente ese dolor.
Joe se marchó. No estaba segura de cuánto tardaron ni cuantos empujones dio. Pero sí que fue un buen caos.
Al mismo instante en que finalmente su hijo o hija abandonaba su cuerpo, ya sólo unidos por el cordón, Taichi la miraba a ella, luego al bebé y después, lo perdió de vista.
—Otro padre al suelo —bromeó el médico—. Anda, ayudarle.
Sora iba a matarlo. ¿Cómo se le ocurría desmayarse cuando ella había hecho todo el trabajo?
Pero en ese momento también pasó algo que quizás sólo las madres comprendieran: el bebé lloró.
—Felicidades, señora Yagami, es un niño hermoso y sano.
Todo fue muy lento, mientras lo acercaban a ella y lo colocaban sobre su pecho. Las lágrimas surcaron su rostro y pudo jurar que, aunque lo amara, ahora mismo no le importaba demasiado Taichi desmayado y que sería capaz de dar su vida por el bebé que estaba ahí sobre ella.
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—Es precioso.
Taichi se hinchaba como un pavo cada vez que alguien decía eso. Esa vez fue su hermana, quien tomaba una de las manitas del pequeño mientras sacaba una fotografía. Takeru, a su lado, le daba la razón.
—Esperemos que no haya sacado la resistencia de su padre —bromeó Yamato que estaba sentado junto a ella en la silla del acompañante—. ¿En serio te desmayaste?
—Cállate —gruñó como respuesta—. Entrar de sopetón y ver a tu hijo colgando como un cerdo de la mano de un tipo y lleno de sangre no es motivo para sentirte muy bien.
—Tengo tres hijos —resaltó Ishida—. Y he cogido a todos llenos de esa sangre, placenta y me la ha sudado completamente.
Taichi levantó el dedo corazón como respuesta.
Mimi y Sora intercambiaron una mirada cómplice.
—Bueno, al menos he logrado sobrevivir a mi embarazo —dijo Sora mirándole—, teniendo en cuenta que mi marido es Taichi Yagami.
Taichi bufó entre dientes.
—Porque no estamos sólos, que si no, te enterabas, pelirroja —gruñó como respuesta.
Los demás se rieron, pero Sora parecía espantada por un momento, como si la asustara que volviera a embarazarla sólo con un beso. Taichi podía comprenderla en cierto modo, pero cuanto más miraba a su pequeño, más pensaba que aquello era increible y que, si a Sora no le importaba, estaba seguro de que podría sobrevivir a otro embarazo.
Al fin y al cabo, la madre era Sora Yagami.
Fin
2 de marzo del 2020
Sí, se llegó al final. Después de mucho tiempo. No pensé que me costara tanto este fic, pero se me fue de las manos al tratar algo que claramente no sé como funciona ni cómo se vive del todo. En un fic corto es más sencillo, pero con 15 capítulos de ello te das cuenta de que hay mucha y poca información a la vez, o más bien, experiencia en mi caso.
En fin, me alegra de haberlo terminado con una de mis otp de este fandom.
Gracias a los que leyeron y me acompañaron hasta aquí.
En especial a ti.
Chia.
*: En algunos hospitales, cuando alguien que entra es familiar de un médico, enfermera u otro trabajador, a veces tienen un trato algo más preferente y más delicado o atento que otros pacientes no...
