Nunca me había caído bien mi madre. Desde que tenía uso de razón era así, sin saber el por qué ella aprovechaba cada ocasión para demostrarme lo mucho que me odiaba; pero no fue hasta unos años después que lo comprendí. En el comienzo del fin. Mi madre, Catherina, había sido una bailarina muy prometedor en su juventud, donde lo dejó todo para irse con el amor de su vida (según me dijo mi tío, porque ella negaba la existencia de mi padre). Nadie supo por qué volvió, pero a raíz de aquel sueño frustado vio en mí una forma de cumplirlo; por eso a la edad mínima permitida fui inscrita en la Royal Academy of Arts, la mejor academia enfocada a las artes. Supongo que la vena artística tenía que provenir por parte de la familia de mi madre, ya que mis primos estaban allí también aunque en distintas disciplinas: Marco había optado por las artes escénicas y Paolo por la literatura. Danielle, la hermana mayor de Paolo, había estado en artes visuales, aunque ella ya había terminado sus estudios y ahora trabajaba como restauradora de arte. Y a pesar de todo lo que había hecho mi madre para que tuviese el mínimo tiempo libre para distraerme, cada tarde después de la academia me encontraba con mi verdadera pasión: el futbol. Cuando tan solo tenía siete años demostré tener un don increíble con el balón; por fin había encontrado aquello que me gustaba hacer, que había elegido yo misma y en lo que realmente era buena. Aunque no todos pensaban igual que yo. Lo último que me venía a la mente mientras era llevada al hospital era la cara de aquel hombre mientras me empujaba por las escaleras, dejándome sin poder volver a jugar a futbol o correr, pero convenientemente pude seguir bailando a la perfección. Todos creían que había sido un accidente, que me había caído por las escaleras. Un simple tropiezo. Pero yo sabía la verdad. De aquello habían pasado siete años más, pero yo no había podido olvidar la cara de aquel hombro, sobretodo porque era el mismo que había asesinado a mi madre delante mío. Nunca me había caído bien mi madre, pero tampoco quería verla muerta.