Hola! Uuuuhhh... aquí aparezco con el segundo capítulo de esta historia que la tenía más abandonada que las otras, siendo que estaba super emocionada con ella, jajaja...
En fin, mi compañera de depa nuevamente me prestó su compu y aproveché para escribir este capitulo. Ojalá les guste. Como podrán darse cuenta por el título, el fic es de fútbol y SS, dos cosas que me apasionan y que espero mezclar bien, sin llegar a ser demasiado "tecnica" en los temillas de futbol.
A favor de la campaña "Con voz y voto" - Porque agregar a favoritos y no dejar comentario es como manosearme la teta y salir corriendo -
No me manoseen por favor! En verdad un comentario hace feliz a un autor y motiva a mejorar y querer seguir escribiendo.
Naruto y sus personajes no me pertenecen.. ¡dah!
Los puntitos verticales separan las escenas ocurridas en días diferentes.
Ojo: Todas las ciudades, equipos y torneos son reales.
DE FUTBOL Y OTRAS PASIONES
II
En búsqueda
Kioto, prefectura de Kioto.
El enorme televisor de la sala estaba encendido y sintonizado en TVKyoto, el principal canal de noticias de la ciudad, aunque en ese momento era totalmente ignorado. Frente a el, sentada a lo largo de un sillón de tres piezas y escuchando música a través de los audífonos conectados a una laptop, una hermosa mujer rubia de ojos azules presionaba las letras del teclado a gran velocidad. Solo cada cierto tiempo —cuando se detenía para beber de la taza de café que reposaba sobre la mesita de centro —era que se dignaba a dar un rápido vistazo al televisor, casi para justificar que estuviera encendido, aunque apenas y prestaba atención a las imágenes que transmitía. Estaba más preocupada en la música que escuchaba y en el texto que escribía, el que sería el material de estudio para su próxima clase.
Cuando las articulaciones de sus dedos comenzaron a doler, decidió que era momento de tomar un descanso. Puso la música en pausa y eso le permitió escuchar el preciso momento en que la puerta de entrada se cerraba.
Curiosa, se incorporó un poco en el sillón y levantó la cabeza justo para ver aparecer en la sala a una chica de pelo rosa, quien llevaba los tacones en la mano y arrastraba sus pies como si fuera un anciano.
—Oh, volviste muy pronto. —comentó, quitándose los audífonos.
Sakura no respondió, solo dejó caer sus tacones y su bolso para luego desplomarse pesadamente sobre el sillón de una pieza.
Los ojos azules de Ino la observaron con interés durante varios segundos, la vio suspirar profundamente y girar su cuerpo para quedar recargada horizontalmente sobre el sillón, con las piernas colgando por sobre el brazo del mueble y cubriéndose la cara con uno de los cojines.
—Am, ¿cómo te fue?
El profundo suspiro que escapó de su boca fue respuesta suficiente para Ino, quien decidió guardar los últimos avances en su trabajo antes de cerrar la laptop y dejarla sobre la mesita de centro antes de levantarse para ir a la cocina.
Al cabo de unos minutos regresó a la sala con dos tazas de té y un plato con galletitas de chocolate que había horneado horas antes.
—Ten.
Sakura descubrió su rostro y una pequeña sonrisa apareció en su cara ante el gesto de su amiga. Giró su cuerpo otra vez y se sentó correctamente para recibir la taza de té.
—Gracias. —la pelirrosa tomó entonces una galleta, sintiendo que su alma se aligeraba un poco en el momento en que dio el primer mordisco. Ah… realmente adoraba las galletitas de Ino.
La rubia sonrió al ver que la fascinación de Sakura hacia las cosas dulces, especialmente sus galletitas, seguía igual que siempre. Algo que resultaba muy útil en los momentos en que necesitaba subirle el ánimo. Acomodándose de nuevo en su lugar, esperó a que Sakura devorara al menos tres galletas antes de preguntar.
—¿Y bien? ¿Qué fue lo que pasó?
La chica de pelo rosa frunció el ceño y bebió un poco su taza de té.
—Supongo que no te fue muy bien. —Ino la imitó y también bebió.
—Realmente estos viejos me están haciendo enfadar. —gruñó Sakura, tomando otra galleta y devorándola de un solo bocado.
—¿Qué dijeron?
Ceño fruncido otra vez, otro sorbo de té y una nueva galleta.
Ino comenzaba a pensar que tal vez tendría que ir a preparar más de ellas si es que quería continuar la conversación.
Entonces Sakura bufó.
—¿Sabes? Podría entender que fuera por capacidades laborales o cosas por el estilo, pero lo que no soporto es que argumenten el hecho de ser mujer como una negativa para una contratación.
Ino frunció el ceño, mostrándose indignada.
—¿Otra vez?
—Sí. —la pelirrosa gruñó. —Es la quinta entrevista en la que me dicen prácticamente lo mismo. "Lo siento, pero para este puesto buscamos a alguien con un perfil diferente." "La JFA* no permite contratación femenina para la JLeague" o "en este ambiente masculino las cosas serían muy distintas a las que una jovencita como usted podría estar acostumbrada, Haruno-san" —imitó la voz de un hombre viejo. —Y el viejo de hoy fue particularmente desagradable en ese aspecto, diciéndome varias cosas más que se resumen en un "lo siento, pero como no tienes pene no puedes trabajar rodeada de ellos."
El rostro de Ino estaba un poco rojo, sintiéndose tan molesta como si ella misma hubiera estado presente en aquella entrevista.
—Bastardo. Supongo que le dijiste que podían irse al diablo él y todos los penes de su equipo pulgoso.
Sakura soltó un par de carcajadas. El comentario le causó mucha gracia.
—Lo pensé.
—Debiste decírselo. ¡Por eso digo que todos los hombres involucrados en el fútbol son imbéciles! Demasiados pelotazos llegando a sus cabezas.
Y otra risita por parte de la Haruno.
—¿Recuerdas que tu novio es futbolista también?
—Sai es la única excepción. —sentenció ella como una verdad absoluta y luego se unió a la risa de su amiga. —Pero bueno, ¿qué harás entonces?
—Ni idea. —suspiró y comió otra galleta, sintiendo como el azúcar y el chocolate comenzaban a producir la liberación de endorfinas y mejoraban su humor.
—¿Te quedarás entonces? Sería lindo tenerte de compañía.
—No lo sé, tal vez me quede un par de días. —bebió de su té. —Por ahora no tengo visto un nuevo equipo, pero debo estar preparada para partir en cualquier momento.
—No puedes irte a la aventura y recorrer Japón golpeando puerta por puerta, Sakura. Quedarías en la ruina muy pronto.
—¿Qué otra opción tengo? Dejé a las chicas del Nojima Stella porque siempre soñé con trabajar en la JLeague. De eso casi dos meses y aun no consigo nada, ni siquiera pasar a la segunda parte de una entrevista como para que me rechacen alegando que estoy loca. No puedo descansar ahora.
—No digo que lo hagas, tonta. —Ino arrugó la nariz. —Pero toma un momento para ordenar tus ideas. Piensa, averigua primero si lo que te dicen los viejos realmente tiene un peso o solo son tradiciones arcaicas de ellos, así podrás defenderte para la próxima que intenten rechazarte con esas excusas.
Sakura la miró fijamente, Ino estaba en lo cierto. Sonrió, una nueva idea recorriendo su cabeza y la determinación surcando por sus venas. Apretó la taza con ambas manos y bebió el resto de su contenido.
—Tienes razón. —un brillo de resolución alumbró sus ojos. —Haré unas consultas a un viejo amigo y entonces… atacaré directamente la cabeza de la organización.
La sonrisa de Ino era digna de promotora de dentífricos.
—¡Eso! —levantó un puño. —¡Vamos a derrocar el imperio de los penes!
Las dos amigas rieron divertidas.
—Bueno…pero después de dormir un rato, ¿está bien? —la pelirrosa bostezó. —Muero de sueño.
Ino miró hacia un costado, donde la esperaba su laptop y el resto de su trabajo.
—Cierto y yo tengo que terminar de preparar esta clase.
—El imperio de los penes puede seguir tranquilo por ahora. —bromeó la pelirrosa, estirándose perezosamente antes de levantarse. —Gracias por las galletas, estaban deliciosas.
—Duerme un poco, Sakura. Te despertaré para que salgamos a almorzar y a ver chicos lindos por ahí. —sonrió coqueta.
—¿Que diría Sai si te escuchara?
—Hey, dije solo mirar. —se defendió. —En eso no hay pecado. Además tantos meses separados…—suspiró teatralmente. —Tengo que distraerme con algo, ¿no?
—No hace ni una semana que estuvo aquí.
—Está bien, está bien, nada de chicos lindos para mi. —agitó una mano restándole importancia y Sakura negó con la cabeza, divertida. —Entonces tú puedes mirar por la dos.
—Regresa a tu trabajo, Ino. —le despeinó el cabello de manera juguetona antes de ir a la habitación donde se había instalado hace un par de días.
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Tokio, capital de Japón.
Quince días después, Sakura esperaba pacientemente o más bien, ocultando perfectamente su irritación, en la enorme y elegante sala de espera frente a la oficina de —en su opinión—el desagradable viejo presidente de la Asociación Japonesa de Fútbol.
Miró su reloj, eran las 10:45 AM. La reunión estaba agendada a las nueve y quince.
"Bastardo" gruñó en su interior.
Más de una hora esperando fuera y aun no se dignaba en recibirla. Ella entendía que era un hombre ocupado, de hecho, el haber conseguido una entrevista en tan solo dos semanas ya era increíble, pero no quitaba el hecho de ser un tipo descortés y maleducado que ni siquiera se dignaba a dar una explicación del por qué de su atraso.
Ella podría esperar sin problemas si tan solo le hubiera dado una excusa. O en el peor de los casos, cambiar su cita para otra fecha, así ella no estaría ahí sentada como una idiota esperando a que la recibieran.
Por su parte, la secretaria la miraba sumamente apenada. Ni siquiera ella podía darle una excusa, pues al momento de anunciar su llegada a su jefe por teléfono, el hombre solo le dijo que esperara y que no lo molestara. Nada más. Y de hecho, no recordaba que en ese momento él estuviera con alguien dentro de su oficina o que tuviera algún pendiente importante.
"Tal vez simplemente quería hacerla esperar" pensó la joven secretaria. Realmente el presidente era un hombre desagradable.
- o -
Ya eran las 11:23 de la mañana cuando la secretaria se puso de pie y rápidamente —como si no quisiera hacerla perder ni un segundo más — se acercó a Sakura para indicarle que pasara, acompañándola hasta la ostentosa puerta de una seguramente más ostentosa oficina.
Sakura agradeció a la muchacha y con la frente en alto, dirigió sus pasos al interior de la oficina de paredes blancas y elegantes muebles negros. De fondo los ventanales daban una hermosa vista de la ciudad de Tokio.
Al otro lado del escritorio, el presidente se erguía en su silla como si fuera un trono. Su ojo derecho vendando y esa cicatriz en su barbilla le daban un aspecto temible.
—¿Y usted es?
Ni buenos días, ni una disculpa por la demora. Nada.
Sakura no se dejó amedrentar por el tono déspota de aquel sujeto, ni por su ridícula actuación de creerse tan importante como para no reconocerla aun sabiendo que era su siguiente reunión. Respiró profundo y contestó de lo más normal.
—Sakura Haruno. —hizo una pequeña inclinación de cabeza. —Gracias por recibirme, presidente Danzo.
El hombre mayor la escaneó de arriba abajo sin ningún reparo. Sakura se estremeció.
—Ah, sí, sí, señorita Haruno, tome asiento.
La chica obedeció y se sentó en la silla frente a él, dejando su bolso y maletín sobre el reluciente piso de mármol.
—Como le dije, solo tengo diez minutos. —miró el reloj de su muñeca y luego regresó la vista hasta ella. —Cuénteme, qué es lo que puedo hacer por usted. —con las manos cruzadas sobre el escritorio y reclinándose sobre su silla, el anciano prácticamente exudaba la esencia de alguien que se creía dueño del mundo.
O en este caso, dueño del mundo del fútbol japonés.
—Presidente Danzo, estoy aquí para…
—He oído que usted trabajó en el equipo Nojima Stella de Kanagawa. —la interrumpió, entrecerrando su ojo visible, de por si ya pequeño.
—Ah, es correcto. —suspiró. —Pero en estos momentos…
—¿Cómo jefa del cuerpo médico, verdad?
—Así es.
—Impresionante logro para alguien tan joven.
Pero a juzgar por la completa falta de expresión en su rostro, todo aquello le resultaba cualquier cosa menos impresionante.
—Presidente Danzo…
—¿Cuánto tiempo fue parte del Nojima Stella?
Sakura soltó un par de maldiciones internamente. ¿Cuántas veces más pensaba interrumpirla? Con una venita furiosa palpitando en su frente y apretando los puños por debajo de la mesa, la chica se obligó a responder calmadamente.
—Dos años y medio.
—Ya veo. —hizo una pausa en donde Sakura se vio tentada a hablar de una vez, pero el viejo continuó. —Me informan que ahora su aspiración profesional la lleva a querer ingresar a la JLeague.
—Es correcto. —respondió sin titubear, aunque el comprobar la red de información que manejaba ese sujeto le provocó cierto nerviosismo.
—¿Por qué?
La pregunta la aturdió unos segundos y tardó en contestar.
—Pues… porque…
—¿Cómo le ha ido con su búsqueda? —interrumpió otra vez y a través del tono frío de su voz Sakura podía percibir el leve toque burlón que ocultaba.
—Am, no tan bien como esperaba, pero…
—Una lástima. ¿Ese es entonces el motivo de esta reunión? Porque si es así, no le veo el caso, señorita Haruno.
La venita en la frente de Sakura creció aun más.
—En realidad…
—Ahora, como seguro usted comprenderá, estoy muy ocupado y…
—En realidad quería discutir personalmente con usted el tema de la contratación femenina dentro del círculo de la JLeague.
Las arrugas en el rostro de Danzo se volvieron más evidentes en el momento en que frunció el ceño. Se enderezó sobre su silla y clavó su oscura mirada en la de la chica de ojos verdes.
—Supongo que sabe que no hay ninguna ley que prohíba la contratación de mujeres en los equipos de la JLeague, ¿verdad? —continuó ella.
El anciano no respondió, pero Sakura vio que marcaba aun mas su ceño y los músculos de su cuello se tensaban.
—Aun así, no hay ningún equipo masculino que cuente con la participación de una mujer dentro de su cuerpo médico o técnico y todos argumentando prohibiciones dentro de la organización.
—Señorita Haruno, las contrataciones del plantel de un equipo son facultades completamente propias del equipo en cuestión. Debería saberlo ya. —se removió incómodo, pero su único ojo, pequeño y fiero, estaba fijo en la cara de Sakura.
—Creo que ningún equipo parece conocedor de eso.
—Eso ya escapa de mis manos como presidente de la JFA. —frunció el ceño, estirándose aun más en su asiento, tratando de marcar la diferencia entre él y la mocosa sentada al otro lado de su escritorio. —Pero supongo que de esa manera se evitan conflictos entre los jugadores y el personal del plantel. Hay algunas cosas que no deben mezclarse, señorita Haruno. De ser así, seguro que las nuevas contrataciones tendrían ambiciones que superarían sus aspiraciones profesionales.
¿Qué diablos quería insinuar? Sakura se estremeció.
—Permítame discrepar. —continuó ella. —Pero en varios países extranjeros, sobre todo en Europa, hay muchos equipos masculinos que cuentan con personal médico femenino. Incluso hay mujeres árbitro dentro de las ligas masculinas.
El hombre soltó un suspiro lleno de desdén.
—Puede que así sea en Europa, pero todos sabemos en qué terminan esas audaces contrataciones. Escándalo tras escándalo. —la voz de Danzo era un viento gélido que buscaba congelarla en cualquier momento. —Ocurre muy seguido. Y ver comprometida la integridad de un equipo japonés solo por las ansias de estabilidad o…de otra índole por parte de ese tipo de personal es algo que no se puede permitir. —hizo una breve pausa y luego la miró directamente a los ojos. —No hay prohibiciones aquí, es cierto, pero es bueno mantener las cosas separadas, señorita Haruno. Usted pudo haber tenido éxito con el equipo femenino de Kanagawa, lo reconozco, pero esto es la JLeague, el nivel es diferente, las exigencias son diferentes y por lo tanto lo esperado de los profesionales a cargo del cuerpo y la salud física de los jugadores es diferente a lo que usted podría estar acostumbrada. No hay lugar para arriesgar. Son jugadores profesionales de los que estamos hablando, no dueñas de casa ni muchachitas estudiantes. Las distracciones no son toleradas.
Y Sakura quedó en shock por unos instantes, casi como si la hubieran abofeteado.
—Veo que tiene un impresionante currículum. —tomó un folder amarillo que hasta ese momento Sakura no había visto y revisó varias hojas. —Egresada con honores de la universidad de Tokio con especialidad en traumatología y medicina deportiva en un país extranjero. En verdad impresionante. —y otra vez ese tono vacío y aburrido. —Según veo usted trabajó un par de años en el sistema público. ¿Por qué se alejó entonces? Estoy seguro que usted podría ser un éxito en la liga femenina y eso ya es un plus a su carrera médica, pero no en la JLeague. Nuestros médicos simplemente tienen que ser de élite, porque la JLeague es lo mejor que tiene Japón. No es lo mismo que su antiguo equipo femenino. Aquí hay cientos de años de tradición deportiva que no pueden arriesgarse por simples distracciones o incompetencias.
Y eso terminó por hervir la sangre de Sakura.
—¿Por qué? —escupió.
—¿Me pregunta por qué?
—Sí, se lo pregunto. —repitió, sus ojos verdes mirándolo furiosa. —Sus llamados médicos de élite estudiaron la misma cantidad de años que yo y estoy segura que comenzaron a trabajar a una edad similar. No veo diferencia. —a Sakura no le gustaba presumir su currículum, pero este viejo estaba tratándola como si fuera una mocosa incompetente y eso no podía permitirlo, ella tenía una carrera extensa y prácticas importantes cursadas en el exterior desde su segundo año de carrera. —Y los pacientes de un hospital o las chicas de la liga femenina no son diferentes a sus preciados jugadores. —estaba realmente furiosa, quería estampar su puño en la cara de ese viejo.
Por poco y Danzo sonríe.
—Usted es aun muy joven, señorita Haruno.
—Tal vez, pero una pierna rota es una pierna rota aquí y en cualquier lugar del mundo y muchos de sus médicos de élite están tan oxidados como la cabeza directiva de la asociación. Si sigue buscando diferencias basura como esa, entonces toda la liga está perdida.
El humor desapareció del rostro del anciano y una mueca amarga y amenazante desfiguró su rostro.
—Será mejor que…
—No se preocupe, me dejó claro que ya hemos terminado. —dijo alzando una mano para interrumpirlo, ganándose una iracunda mirada por parte del hombre. —Pero le agradezco que me aclarara el asunto sobre la potestad de los equipos en lo referente a futuras contrataciones. Quería oírlo de su propia boca. —se levantó y recogió sus cosas del piso. —Gracias por su tiempo.
Y con una simple inclinación de cabeza, giró sus talones y dirigió sus pasos hacia la puerta.
Danzo solo la vio partir, mirándola con una mezcla de indignación y sorpresa.
- o -
Tres horas y media después y con un viaje en el tren bala Shinkansen de la línea Tokaido, Sakura ya estaba de regreso en Kioto en el departamento de Ino.
Y su humor poco había mejorado.
—¡Argh! ¡Viejo idiota!
Ya en la soledad de la habitación, Sakura maldecía a viva voz y caminaba de un lado a otro, tratando de calmarse antes que le diera por arrojar cosas contra la pared.
Cosas que pertenecían a Ino.
—¡Qué maldito! —gritó furiosa.
Seguía sin poder creer la cantidad de barbaridades que dijo el viejo Danzo. ¿Quién demonios se creía? ¿Quién carajo creía que ella era? ¿Una mocosa en su primera rotación como estudiante? ¿Alguien deseosa de buscar marido y estabilidad? ¿Qué estudió tantos años medicina solo para entrar a un equipo, seducir a un jugador y acostarse con él para asegurar su futuro? ¡Qué tipo tan desagradable! Apostaba a que era soltero. ¿Porque qué mujer iba a soportar tener a un tipo así de amargado?
La reunión había resultado fatal, casi catastrófica, pero al menos una de las frases que le dijo la dejó un poco más tranquila.
Ino tuvo mucha razón y gracias a eso y a que logró contactarse con su amigo Amai, pudo armarse con el conocimiento que necesitaba. No había ninguna ley que prohibiera que una mujer trabajara en el cuerpo médico o en el plantel técnico de un equipo masculino. No podrían rechazarla por eso ahora.
Eso la animó un poco y sin darse cuenta una pequeña sonrisa apareció en su rostro, aunque más parecía una mueca malvada. Se dejó caer sobre la cama y elevó sus piernas hasta dejarlas apoyada contra la pared.
Esperaría a que Ino llegara del trabajo, necesitaba hablar con ella y contarle lo ocurrido en la junta con el viejo Danzo. Y después de desahogarse con su amiga, estaría lista para pensar en el siguiente paso; seguir buscando un equipo que necesitara un médico y no tuviera miedo de contratar a una mujer.
Saitama, prefectura de Saitama.
Kakashi se desparramó en la silla de su oficina dentro del edificio del Urawa Red Diamonds. Ya llevaba tres semanas desde su nombramiento como Director Técnico del equipo y aunque las cosas iban bastante bien con los jugadores y su plantel, aun tenía un pequeño problema que solucionar.
Sentado frente a él, de brazos cruzados y con su típica expresión dura, Homura Mitokado miraba la pila de folders amarillos sobre la superficie negra del escritorio.
Kakashi masajeó su cuello y se estiró para tomar otra de las carpetas y leer el currículum en su interior. Ya llevaban varios días en la misma actividad, leyendo expedientes de varios médicos ansiosos por conseguir el trabajo, pero con alguien tan exigente como Homura, la cosa no iría tan fácil. De hecho, apenas había conseguido "aprobar" a tres posibles candidatos.
—¿Qué tal éste? —preguntó, extendiéndole el folder. —Tiene experiencia con un equipo de segunda división japonés y realizó su especialidad de traumatología en Estados Unidos.
El anciano lo recibió, leyó la información por apenas diez segundos y luego lo cerró.
—Lo conozco, no es bueno. Solo un mocoso presumido con apellido rimbombante.—sentenció sin miramientos. —Mi reemplazo tiene que cumplir las expectativas que el cargo exige. No dejaré la salud y el bienestar físico de los muchachos en manos de cualquiera.
El hombre más joven sonrió complacido. El viejo podía ser exigente, rudo, cascarrabias y todo eso, pero no podía negar su completa entrega a los miembros del equipo.
—Lo sé. Y le agradezco que me ayude en esto, Mitokado-san.
—Por supuesto, chico. —asintió con la cabeza. —Si te mantuve a ti en una pieza, espero que mi reemplazo pueda hacer lo mismo con la generación actual.
—Esperemos que sí. —Kakashi sonrió otra vez y entonces regresó a su labor.
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Kioto, prefectura de Kioto.
Cinco días después de la desastrosa entrevista con el vejete presidente de la JFA en Tokio, Sakura estaba recostada a lo largo del sillón de la sala, mirando en la televisión el partido amistoso entre el Gamba Osaka y el Kashima Antlers.
En la mesita frente a ella, una caja con varios trozos de pizza y un refresco de cola le hacían compañía.
La puerta del departamento se abrió, pero ella estaba tan concentrada reclamando contra una falta cometida a un jugador del Gamba y a la vez disfrutando su poco saludable pero delicioso bocadillo, que ni siquiera la escuchó.
—¡Sakura!
Y mucho menos había escuchado a las dos personas que llegaron hasta la sala. Con el trozo de pizza a medio camino de su boca, alternó la mirada entre los dos recién llegados, sorprendiéndose de ver a Sai, el novio de Ino, de regreso en Kyoto tan pronto.
Ino frunció el ceño al ver la chatarra que comía su amiga, pero ya después la regañaría por eso. Primero tenía que decirle algo muy importante y para eso necesitaba su completa atención. Dio un paso hacia ella y de un ágil movimiento le quitó el control remoto y apagó la televisión.
—¡Ino! —chilló espantada. —¡Espera, espera, ya falta muy poco para el final!
—¡Cállate y escúchame, que esto es importante!
—¡Aish! ¿No puede esperar?
—No, feita, no puede esperar. —sonrió Sai. —Hazme espacio. —le dio un golpecito en las rodillas y la pelirrosa recogió sus piernas, acomodándose en un extremo del sillón.
El pelinegro entonces se sentó a su lado y estiró una mano para tomar un trozo de pizza y darle un generoso mordisco.
—Está buena.
—¿Verdad que sí? —sonrió ella. Algo que le gustaba de Sai era que siempre la apañaba en sus comidas poco saludables.
—¡Sai! —Ino lo miró con molestia. ¿Por qué se distraía tan fácil con la pizza? En verdad esos dos eran unos tragones de lo peor.
—Sí, sí. Ya voy. —se apuró en terminar de comer ese trozo.
La pelirrosa ladeó la cabeza y los miró extrañada.
—¿Pasa algo?
—Nada importante, solo que hay una vacante para tu tan anhelado trabajo. —ironizó la rubia. —Ah, pero tranquila, tú sigue comiendo tu adorada pizza, seguro es más urgente.
Los ojos verdes de Sakura se abrieron con sorpresa.
—¿Qué?
La rubia no respondió, en cambio volteó el rostro y se cruzó de brazos en una dramática pose de infinito desprecio.
—Ino, ¿de qué hablas? —Sakura se incorporó sobre sus rodillas y miró a su amiga de manera suplicante y ansiosa.
Y el infinito desprecio e Ino desapareció tres segundos después.
—¡Ah, Sakura, es genial! —se sentó sobre la mesita frente a ella y tomó sus manos, con una radiante sonrisa iluminando su rostro. —El equipo de Sai está en busca de un nuevo jefe para el cuerpo médico. Creo que el anciano al fin se retirará.
—¿Mitokado-sensei? —los ojos de la pelirrosa se abrieron un poco más. —¿De verdad? —miró a Sai quien asintió a la vez que comía otro trozo de pizza. —Pero, lo último que supe es que seguiría en el Urawa Red por un par de años más.
—Sí, pero al parecer cambió de opinión. Tal vez ya sabe que se acerca el final de sus días y prefiere pasarlo con su familia, descansando.
Las dos mujeres le dedicaron una mirada reprobatoria.
—¿Cuándo lo supiste?
—El nuevo director técnico nos contó anoche, después del entrenamiento. Se suponía que no nos dirían hasta tener el reemplazo, pero Kakashi-san pensó que era mejor que lo supiéramos de una vez.
Sakura escuchaba y movía la cabeza en señal de entendimiento.
—Según oí, la búsqueda continúa. El viejo Mitokado es bastante quisquilloso así que aun siguen recibiendo postulantes. —Sai sonrió. —Me debes otra pizza, feita. Pedí ausentarme hoy y vine exclusivamente para contártelo.
La pelirrosa sonrió agradecida, pero entonces reparó en algo.
—¿Oye, y por qué no me avisaste por teléfono?
—Mmm… porque perdí mi celular. Sospecho de uno de los niños del club de fans.
—Ah.
—No digas eso, Sai. —lo regañó su novia. —Apuesto a que lo dejaste olvidado en alguna pizzería de Saitama.
—Mmm…puede que tengas algo de razón.
—¡Pero bueno, qué esperas, Sakura! Tienes que ir Saitama ahora mismo antes que el señor ese consiga alguien más. ¡Aish! Te acompañaría para darte apoyo moral, pero tengo que trabajar mañana temprano. Sai tendrá que apoyarte esta vez, aunque yo podría viajar mañana en la tarde y así pasar el fin de semana todos juntos…
—Él fue tu profesor en la universidad, ¿verdad? —preguntó el pelinegro, interrumpiendo el parloteo de su novia, a lo que Sakura asintió. —Mmmm… no sé si eso sea algo bueno o malo como para tenerlo de referencia, Mitokado-san es un tanto especial.
Sakura asintió, recordando su tiempo como estudiante bajo su tutela. En verdad el anciano era alguien brillante y entregado a sus alumnos, pero que no tenía favoritismos hacia nadie ni tampoco reparos en decir las cosas, sin preocuparse por ofender sensibilidades.
Verlo de nuevo le causaba un poco de temor. ¿La recordaría? Ella nunca ha olvidado todo lo que le enseñó, ni tampoco los regaños que le daba por parlotear demasiado durante su clase o por presentarse con el cabello o ropa desordenada.
—¿Qué harás, Sakura? —dijo Ino entonces. —¿Te presentarás?
Lo pensó por apenas un segundo.
—¡Pero claro que lo haré! —la sonrisa de Sakura iluminó su rostro por completo. —Partiré en el último tren hoy y así estaré a primera hora mañana en Saitama.
Ino sonrió emocionada y abrazó a Sakura deseándole la mejor de las suertes. Sai también sonrió y aprovechó para comer otro pedazo de pizza.
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Saitama, prefectura de Saitama.
Al día siguiente, a las once de la mañana, la encargada de Recursos Humanos del Urawa Red Diamonds dejó una nueva pila con folders de curriculum y expendientes listos para ser revisados en la oficina de Kakashi.
Dentro de esos se encontraba el de Sakura.
Ya entrada la tarde, después de terminado el entrenamiento con los jugadores, Kakashi y Homura regresaron a su tarea de leer los expedientes en busca de alguien que cumpliera las expectativas del estricto jefe médico del equipo.
El hombre más joven suprimió un bostezo y tomó uno de los expedientes, abriéndolo con pereza. Apenas leer el nombre, una de las cejas de Kakashi se arqueó.
"Una chica" pensó con sorpresa. Era la primera mujer que postulaba al cargo y le llamó la atención, enderezándose en su silla dispuesto a brindarle toda su atención a aquel expediente.
Un par de minutos después, Kakashi ya había terminado.
"Interesante"
Alzó la vista hacia Homura y lo pensó por unos segundos. ¿Sería impedimento para el viejo aceptar a una mujer? Era bastante quisquilloso. El currículum de la chica era impresionante y para él no era problema, pero bien sabía que muchos… hombres conservadores, alias, ancianos anticuados, no eran fan de la incorporación de mujeres a un entorno que consideraban netamente masculino.
Un pensamiento bastante idiota, en su opinión. ¿Sería Homura Mitokado uno de esos tipos?
Tenía que comprobarlo de todos modos.
—Aquí hay otro. —comentó entonces, extendiendo el folder amarillo hacia Homura que lo miró extrañado.
El anciano lo recibió y leyó los primeros datos, frunciendo levemente el ceño ante la atenta mirada de Kakashi. Pero para su sorpresa, el viejo continuó leyendo, sin expresar demasiado en su rostro. Al terminar de leer, dejó apartado el folder y tomó otro.
—¿Y bien? —preguntó el de cabello plateado, ansioso.
—Es buena. —dijo sin más. —Déjala para una entrevista.
Los ojos de Kakashi se cerraron en una sonrisa.
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Sakura y Sai miraban un partido de fútbol por televisión cuando el teléfono de Sakura sonó.
La chica se puso de pie de un salto y corrió a contestar, más que nada para terminar pronto la llamada y regresar a ver la final de un partido entre dos equipos coreanos. Había una apuesta en juego y estaba segura que ganaría.
Pero el partido quedó olvidado y estuvo a punto de caer sentada cuando a través de la línea, una voz femenina le comunicó una entrevista programada con el jefe del cuerpo médico del Urawa Red Diamonds.
La pelirrosa agradeció la llamada y regresó a la sala con Sai, que la miraba con curiosidad.
—Tengo una entrevista para mañana. —dijo en un susurro, sintiendo que las rodillas le temblaban. —Con Mitokado-sensei. ¡Ahh…! Será mañana a las nueve de la mañana.
Sai ladeó la cabeza.
—¿Y por qué estás tan nerviosa? Eso es bueno ¿no?
—Sí, pero… ¿qué tal si no quedo aquí tampoco?
El hombre sonrió divertido y le despeinó los cabellos en un gesto amistoso.
—Tranquila, feita, todo saldrá bien. —le sonrió otra vez y mirando la hora en su reloj, suspiró y se puso de pie. —Tendremos que escuchar la final por radio, se hace tarde y hay que ir a recoger a Ino en la estación.
La pelirrosa asintió con energía y recogió su bolso para acompañar a Sai a la estación.
Turín, Italia.
Al mismo tiempo y desde el balcón de su departamento, Sasuke disfrutaba el aire fresco que revolvía su cabello y de la hermosa vista de la ciudad, con Los Alpes de fondo para cerrar la postal.
Sin duda, Turín era un ciudad hermosa, pero de cierta forma deseaba cambiar esos paisajes por los tranquilos y espirituales paisajes de Japón; con el monte Fuji de fondo, sus ríos, montañas y bosques y los hermosos árboles de sakura que adornaban las calles.
Juugo le había dicho que tuviera paciencia, pero desde la final de la Copa Italia ya casi había pasado un mes y las reuniones seguían y seguían, pero su salida del Juventus aun no se concretaba. No debería tomarle tanto tiempo, pensaba. Su contrato pronto acabaría de todos modos y era solo cosa de no firmar su renovación. ¿Qué tanto problema había en eso?
Suspiró con frustración. El próximo torneo en Japón comenzaría en poco menos de dos meses y ni siquiera habían visto la posibilidad de incorporación a algún equipo de primera división de la JLeague. Si se tardaban un poco más se perdería el inicio del torneo o tal vez incluso la temporada y eso no podía ser. Él quería volver a jugar en un equipo japonés. Y sus planes eran hacerlo cuanto antes.
Suspiró nuevamente y regresó a la sala, desparramándose sobre el sillón negro. Encendió la televisión y buscó un canal deportivo japonés. Tardó un rato, pero encontró uno que transmitía la repetición de un amistoso entre el Urawa Red y el FC Tokio hace una semana.
Se incorporó en el sillón para mirar la pantalla con atención. Siendo nativo de Saitama, su apoyo iba naturalmente hacia el Urawa Red Diamonds, pero debía aceptar que tras vivir varios años en Tokio también había desarrollado una pasión hacia el FC Tokio.
Sin poder decidir a cual de los dos apoyar, decidió mirar el partido solo para disfrutarlo, observando la destreza de los jugadores, especialmente de los porteros y preguntándose la posibilidad de ingresar a cualquiera de esos dos equipos.
—Tsk. ¡Qué imbécil! —gruñó al ver un error garrafal del portero del equipo de Tokio que permitió un gol de los de Saitama.
"Probablemente al portero del FC Tokio lo reemplacen pronto" pensó con una leve sonrisa, acomodándose aun más en el sillón para disfrutar el partido.
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Saitama, prefectura de Saitama.
Sakura trataba de mantenerse lo más erguida posible mientras esperaba su turno para entrar a la oficina del director técnico del equipo. Sentía las miradas de la mayoría de los hombres que esperaban junto a ella, varios de ellos con cejas alzadas y expresiones petulantes.
Ella trató de no prestarles atención y se entretuvo revisando su celular. No podía dejarse intimidar por esos tipos.
Estaba entrando en un terreno peligroso repleto de testosterona y cabezas huecas, le había dicho Sai. Tenía que mantener la cabeza erguida y no bajar la mirada ante nadie.
Cuando fue su turno de entrar, caminó con elegancia hacia la oficina con el ligero sonar de sus tacones contra el piso de mármol.
Apenas entrar se encontró con la nostálgica figura de su antiguo profesor, Homura Mitokado y un poco más alejado, un hombre mucho más joven con un cabello plateado despeinado y expresión serena.
—Buenos días. —saludó con una educada reverencia y tomó asiento frente a los dos hombres.
Si Homura la reconoció, no dijo ni una palabra y comenzó con la entrevista, leyendo el expediente de Sakura y acribillándola a preguntas. De vez en cuando el otro sujeto intervenía para preguntar algo, pero de una manera más amable y relajada.
A pesar de todo, Sakura se mantuvo tranquila. No era nada del otro mundo, tampoco hubo preguntas raras o comentarios ponzoñosos como con los otros viejos o el desagradable Danzo. Solo le pidieron hablar de su formación profesional, su trabajo con las chicas del Nojima Stella y sus aspiraciones a futuro, su determinación a contribuir con la excelencia del equipo y varias cosas más.
Al terminar la entrevista, Sakura se puso de pie e hizo una reverencia formal.
—Me alegra verte después de tanto tiempo, Haruno. —dijo Homura entonces, sorprendiéndola. —Es bueno que al fin hayas controlado esa verborrea tuya y esos juegos de manos cuando de preguntas se trata.
Sakura se sonrojó y asintió con una sonrisa nerviosa.
—Eso solo era por los nervios de sentirme reprobada por usted. —le sonrió otra vez e hizo una nueva inclinación de cabeza. —Gracias por su tiempo.
—Igualmente, gracias por venir Haruno-san. —le devolvió el director técnico, poniéndose de pie. —Estaremos en contacto con usted.
Sakura asintió y salió de la sala, cerrando la puerta con suavidad.
—Vaya, así que después de asustarnos aquí, también asustaba a sus alumnos en la universidad, Mitokado-san. —comentó Kakashi en tono divertido una vez quedaron solos.
El anciano soltó una carcajada.
—Pero les sirvió para formar carácter, solo eran niños llorones entonces.
—Seguro que sí. —sonrió el menor.
Homura se acomodó los lentes y tronó su cuello.
—¿Cuántos quedan?
—Mmm… faltan tres.
—Bien, continuemos.
Kakashi asintió y presionó el discado rápido para pedir a su secretaria que hiciera pasar a la siguiente víctima de Homura.
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Los siguientes tres días fueron los más largos para ella. Al quedarse sola en casa de Sai, después que éste partiera a los entrenamientos con su equipo, Sakura entraba en la angustia y desesperación.
Tratando de distraer su atención de su celular y las ansias por escuchar una llamada entrante, Sakura se obligaba a hacer cualquier cosa. Limpiaba el departamento, aun cuando Sai era un hombre muy ordenado y podría decirse casi maniático por la limpieza, cocinaba lo que sea que se le ocurriera, hacía ejercicio o a veces salía a caminar cerca del edificio.
Y entonces al cuarto día recibió una llamada.
Había sido escogida para el puesto y debía presentarse para una última entrevista y evaluación psicológica.
Y el grito de felicidad que escapó de su boca se escuchó por todo el edificio.
chan chan! Bueno, ojalá les haya gustado. Sakura cayó en el equipo de Kakashi, ahora hay que ver si pasa la segunda fase de entrevistas :)
Sasukito sigue en Italia, esperando a que lo liberen del Juventus. En el próximo capitulo ya regresa a Japón.
¿Cuántos odiaron a Danzo? Confieso que el ex presidente de la asociacion de futbol de mi pais en varias ocasiones soltó comentarios parecidos referentes al futbol femenino, calificandolo de "cacho", palabra usada aquí para referirse a algo que causa molestia y problemas. ¡Que bueno que ese calvo fraudulento ya no está!
*JFA : Japan Football Asociation - Asociación japonesa de fútbol. Es la máxima autoridad y entidad del futbol japones, reguladora y organizadora de todos los torneos.
JLeague: Es la liga de futbol profesional masculina que incluye a la primera division J1League , la J2 League y J3 League, siendo obviamente la primera división la mas importante.
Espero leernos pronto. No olviden dejar un lindo comentario.
Matta ;)
Pd: Los invito a pasar por mis otros fics SasuSaku... "El siguiente paso", "Luces y sombras" y "Nuestro tiempo de felicidad"
