Holaaa! Aquí, como siempre, activandome para escribir y actualizar de noche, jijij. Aquí les traigo el tercer capitulo de este fic. Debo decir que todo el ambiente de la Copa América me tiene embobada completamente -si, soy futbolera a morir - lo que a su vez me dio una bofetada inspiradora otra vez.

Espero que les guste este capítulo. Como se habrán dado cuenta, la cosa irá lentito con el SS. Ninguno de los dos se conoce, Sasuke estaba en Italia y Sakura trabajando con el equipo femenino, así que la cosa irá con calma. Recuerden que aun no se conocen y como he repetido en varias ocasiones algo que no me gusta de los fics es que los personajes ni se conozcan y ya al segundo capi se amen con la intensidad de mil soles, jajaja.


A favor de la campaña "Con voy y voto" - Porque agregar a favoritos y no dejar comentario es como manosearme la teta y salir corriendo.

¡No me manoseen, porfa! Si pueden dejen un review en el buzón. Eso anima bastante :P


Naruto y sus personajes no me pertenecen...

Ojo: Todas las ciudades, equipos y torneos mencionados son reales.


DE FUTBOL Y OTRAS PASIONES

III

Un nuevo equipo

Saitama, prefectura de Saitama.

Miércoles, 6:45 AM.

Mientras la mayoría de la ciudad dormía aun —incluyendo al dueño de aquel departamento— una muy despierta Sakura contemplaba su reflejo en el espejo, analizando su elección de vestuario con ojo crítico. No estaba segura de qué vestir, lo que a su vez aumentaba el nerviosismo que le carcomía las entrañas.

Oficialmente sería su primer día de trabajo y eso requería una presentación personal impecable. Al evocar su primer día con las chicas del Nojima Stella, cuando fue presentada ante las jugadoras, recordaba vestir una falda larga color vino y una blusa negra. Sin embargo en esta ocasión, la idea de vestir algo que mostrara sus piernas —incluso una porción pequeña —no le resultaba muy apropiado. No quería causar una mala impresión, después de todo podía ser que Kakashi y Homura no tuvieran prejuicios ante la contratación de una mujer, pero no podía asegurar lo mismo del resto del plantel.

Sabía que más de alguno tendría el mismo pensamiento retorcido y retrógrada de Danzo y podrían interpretar algo tan sencillo como una falda como una provocación e incitación al coqueteo. Tan solo recordar las palabras venenosas del viejo Danzo le provocaron un revoltijo en el estómago y su ceño se marcó de manera inmediata, pero se obligó a si misma a respirar profundo para calmarse.

Todo estaba bien. Todo saldría bien.

Así que por milésima vez, después de estirar una arruga inexistente en su blusa, contempló su reflejo en el espejo y asintió con aprobación. El conjunto era sencillo y formal a la vez, pantalón negro no muy ajustado, blusa blanca y un abrigo gris. El cabello recogido en un moño simple, con algunos mechones enmarcando su rostro y casi nada de maquillaje. Inhaló profundamente, en un par de días ya no tendría que preocuparse por esas cosas, pronto se acostumbraría y después recibiría el conjunto institucional con los colores del equipo.

Dándose un golpecito en la cara para animarse, salió del dormitorio en completo silencio y fue hasta la cocina para prepararse un plato de cereal.

Aun era muy temprano, pero aprovecharía de preparar algo para Sai también y obligarlo a desayunar.

- o -

Siendo las 8:10 de la mañana, Sai detuvo su auto una cuadra antes de llegar al centro de alto rendimiento del Urawa Red Diamonds.

—Sigo diciendo que exageras. No es gran cosa que lleguemos juntos.

—Por ahora lo prefiero así. —respondió Sakura, liberándose del cinturón de seguridad. Era su primer día, no quería tener que explicar por qué llegaba en compañía de uno de los jugadores del equipo, ni mucho menos dar pie a malos comentarios que le causaran problemas a Sai.

El pelinegro se encogió de hombros, sabiendo que no ganaría nada con insistir y Sakura bajó del automóvil, inclinándose hacia la ventana para despedirse momentáneamente de su amigo.

Sai le dedicó una pequeña sonrisa de ánimo y encendió el motor.

—Nos vemos dentro, feita. Se fuerte.

La pelirrosa lo vio partir y perderse en el interior del edificio a los pocos segundos después. Dio un profundo respiro y comenzó a caminar, sintiendo su corazón aumentar su frecuencia con cada paso.


Recargado sobre la mesa de la sala designada a la recreación, el relajo o simplemente la "vagancia" de los jugadores, Kakashi pasó una mano por encima de su cabello, acomodándolo por unos segundos antes que éste regresara a su posición original.

Junto a él estaban algunos de los miembros de su plantel, su asistente técnico y mano derecha, Yamato; Gai, el entusiasta preparador físico del equipo y Azuma, su entrenador de arqueros. Los cuatro amigos y antiguos jugadores durante sus años universitarios.

El DT revisó su reloj, faltaban apenas diez minutos para la hora señalada y frente a él tenía menos de la mitad de sus jugadores y resto del plantel. Esperaba que ninguno llegara tarde o se las verían con él. Perderse en el camino de la vida era algo suyo, no de las personas bajo su mando.

Y casi como si hubiesen anticipado el castigo espartano ante una posible tardanza, faltando apenas dos minutos para las 8:30, una ruidosa ola de hombres atravesó la puerta de la sala, apurando sus pasos para sentarse en cualquier silla disponible y saludando a sus demás compañeros a viva voz.

Kakashi sonrió levemente, aunque con una ligera decepción al ver que se habían salvado.

Yamato repasó la sala con la vista, tomando asistencia mental de todos los presentes y luego de asegurarse que nadie faltaba, asintió con la cabeza hacia su jefe.

El hombre de pelo plateado entonces se aclaró la garganta pesadamente, ganando la atención inmediata del público frente a él, más de cuarenta personas que lo miraban con curiosidad.

—Buenos días, muchachos. Hoy es un lindo día, ¿no?

—¿Pasa algo Kakashi-sensei? —preguntó un joven rubio de ojos azules que jugaba en posición de delantero. —¿Para qué nos citó a todos aquí hoy?

—A eso voy, Naruto.

Sai, sentado a un lado del rubio, le dio un suave codazo para que guardara silencio.

—Supongo que recuerdan que les mencioné hace poco de la decisión de Mitokado-san, nuestro dedicado médico jefe, de retirarse para siempre del trabajo en las canchas, ¿verdad?

Todos asintieron, algunos apenas disimulando su entusiasmo ante la idea de ya no ver más al anciano gruñón que los asustaba tanto. Kakashi dio una mirada discreta hacia Yamato, quien solo asintió y salió de la habitación sin decir nada.

—Pues bien, después de una larga búsqueda y en conjunto a las guías de Mitokado-san, al fin tenemos la nueva contratación que se unirá a nosotros como el nuevo jefe del cuerpo médico.

Varias miradas de sorpresa, unas cuantas temerosas que el nuevo médico fuera aun más estricto que Homura.

Tan solo unos instantes después, Yamato regresó a la sala y se mantuvo junto a la puerta, cruzando miradas con Kakashi en forma de afirmación.

Unos segundos de silencio en donde todos se miraban unos a otros preguntándose qué ocurriría a continuación, si a través de esa puerta aparecería un anciano cascarrabias, un sujeto musculoso o tal vez un tipo delgado de anteojos y pinta de nerd.

—Bueno, ella ya está aquí. Espero que todos se comporten y la hagan sentir bienvenida.

Y eso despertó una nueva ola de expresiones sorprendidas.

—¡¿Ella?!

—¿Es una mujer?

La ola de murmullos y comentarios fue más grande de lo que Kakashi esperaba, así que tuvo que golpear sus manos dos veces para captar la atención de todos otra vez.

—Hey, cálmense ya.

Más parloteo, algunos con expresiones de disconformidad que fueron totalmente detectadas por Kakashi. Gai y Asuma lo miraron con preocupación, al parecer también percatándose que a algunos muchachos e incluso a otros miembros adultos del cuerpo técnico no les agradó la idea.

—Dije cálmense.

El DT se enderezó totalmente, dejando su pose despreocupada y tomando una más autoritaria para dirigirse a su equipo.

—Su currículum es impresionante y estoy seguro que será un gran aporte en nuestro equipo. Nada más que eso importa, ¿entendido? —agregó, usando un timbre de voz más grave de lo normal.

El revoltijo de murmullos y palabreo fue silenciado casi al instante.

Naruto levantó la mano, pidiendo la palabra como un niño en un salón de clases.

—Am… ¿y es linda? —preguntó con una sonrisa divertida, tratando de aligerar un poco el ambiente que de un momento a otro se había vuelto demasiado tenso para su gusto.

Kakashi sonrió levemente, pero no respondió.

—¿Cómo se llama? —quiso saber otro.

—¿Y qué edad tiene?

—Mmm…—el DT lo pensó por unos segundos y entonces hizo una seña a Yamato para que la hiciera pasar. —Creo que veintinueve.

—¡Eeeh! ¡Entonces ya es una abuela, Kakashi-sensei!

Naruto, para quien cualquiera nacido un año antes que él ya representaba a un anciano, no pudo controlarse de soltar aquel comentario que para su mala suerte coincidió con el preciso momento en que una hermosa mujer de pelo rosa entraba a la sala.

Sala que quedó en silencio durante unos instantes.

Kakashi se rascó una mejilla, incómodo, y se acercó a ella para guiarla hacia el centro de la sala, donde varios pares de ojos la miraban con sorpresa.

—Bueno, muchachos, ella es la doctora Haruno.


El primer instinto de Sakura fue arrojar su maletín contra la cara de ese rubio con cara de idiota que se había atrevido a decirle abuela. Bien, sabía que sería un poco mayor que algunos jugadores, pero…¿una abuela? ¡Jamás!

Por suerte aquella molestia que sintió sirvió para controlar un poco su nerviosismo. Y eso sumado a la tranquilidad que irradiaba de Kakashi y a las sonrisas amistosas de Yamato, Gai y Azuma —a quienes había conocido hace un día— fueron suficientes para lograr un estado mental semi tranquilo.

Con la espalda perfectamente erguida y el mentón levemente alzado, recorrió la habitación con la vista, deteniéndose un par de segundos en el rostro de Sai, quien le sonrió en son de apoyo.

—Buenos días. Mi nombre es Sakura Haruno y a partir de hoy estaré a cargo del cuerpo médico del equipo. En verdad es un placer trabajar con ustedes, espero que nos llevemos muy bien. —una educada reverencia y una sonrisa amistosa.

Y la sala seguía en silencio, con más de treinta pares de ojos mirándola fijamente.

Sakura se sentía como un juguete en exhibición, pero sabía que no debía mostrarse afectada. El camino que decidió sería difícil, acababa de entrar a un terreno peligroso repleto de testosterona y cabezas huecas, tal como le había dicho Sai. Tenía que ser fuerte, era su trabajo soñado después de todo.

Kakashi entonces dio un paso al frente.

—Bien, eso es todo por ahora, chicos, pueden comenzar a prepararse y subir a las canchas. —dijo en tono casual. —Gai quedará a cargo por el momento, Yamato y yo acompañaremos a Haruno-sensei para la presentación oficial en la sala de conferencias.

"Haruno-sensei" repitió Sakura en su mente. Nadie le decía así desde que trabajó en el hospital de Tokio hace varios años, pues con las chicas del Nojima habían forjado una relación muy cercana y la utilización de títulos y honoríficos no iban entre ellas.

De todos modos agradeció el apoyo de Kakashi, pues para ella tampoco pasaron inadvertidas ciertas expresiones de disconformidad de parte de algunos de los presentes.

Ella solo asintió y se despidió de los muchachos con una leve inclinación de cabeza, notando que los ojos azules del rubio idiota seguían fijos en ella. Frunció el ceño ante su descaro y eso pareció darle una pista de la manera en que estaba mirándola, pues desvió la mirada avergonzado y se rascó la nuca.

—Por aquí, Haruno-sensei. —la suave voz de Yamato llamó su atención y la guió a través de la puerta, siendo seguidos por el DT.

- o -

La presentación oficial en la sala de conferencias fue breve y concisa, con apenas un par de periodistas y la jefa de prensa del equipo. Algo que alegró a Sakura, para nada acostumbrada a todo eso de las cámaras y fotografías.

Después de eso, Yamato la guió hasta su zona de trabajo.

Las instalaciones destinadas al área clínica para el monitoreo y control medico de los jugadores realmente eran enormes, dos pisos completos dedicado solamente a eso. Sakura admiraba los equipos tecnológicos con la emoción de un niño frente a una juguetería, todo nuevo y resplandeciente. Realmente la diferencia entre los recursos de la liga masculina y femenina eran abismales.

Luego del tour, Yamato le presentó al resto del personal del cuerpo médico; kinesiólogos, fisioterapeutas, nutricionistas, asistentes médicos, un cardiólogo y un psicólogo de expresión seria y que a sus ojos parecía no ser muy paciente. Todos fueron amables y le dieron una cálida bienvenida, a excepción del psicólogo que apenas y le dijo hola.

Posterior a eso, Sakura se estableció en su —ahora designada—oficina. Respiró profundamente y se estiró para relajar sus músculos tensos.

—Bien, hora de comenzar.

- o -

Con la nómina de todos los jugadores en una tablilla, Sakura llegó hacia los vestidores. Tal vez no era necesario que fuera personalmente a comunicarles sus órdenes, pero siendo su primer día, no lo veía mal. Tenía que establecer un lazo con los muchachos, conocerlos y motivarlos a que confiaran en ella.

No sería fácil y por lo mismo prefería comenzar a acercarse a ellos sin perder tiempo. Claro que al momento de abrir la puerta de los vestidores, no recordó que precisamente eso era; vestidores. Es decir, una amplia habitación con treinta muchachos semidesnudos y sudorosos.

En menos de un segundo los colores se le subieron al rostro y estuvo a punto de darse vuelta y huir, pero se obligó a si misma a calmarse. Ella era médico después de todo, ver cuerpos desnudos no era nada nuevo para ella.

Ni siquiera unos tan bien formados como esos.

Sin embargo para los jugadores, ver una mujer entrando a los vestidores era algo nuevo. Muchas expresiones de pánico, shock y molestia, otras ligeramente pervertidas y más de alguno se cubrió como una jovencita avergonzada.

Una vez estuvo segura que su voz no temblaría, Sakura dio un paso al frente y se acomodó un mechón de cabello tras la oreja.

—Ejemm… buenos días. —comenzó, tratando de sonar lo más casual posible.

Ninguno respondió, todos la miraban como si fuera un bicho raro.

—Am… muchachos, les informo que a partir de mañana iniciaremos con las pruebas médicas. Necesito una evaluación completa de cada uno, así que comenzaremos con los exámenes de laboratorio a primera hora y luego seguirán los exámenes físicos.

—¿Otra vez? —reclamó uno, poniéndose de pie. —Ya nos hicimos exámenes hace menos de tres meses, sensei.

—Homura-san debe tenerlos por ahí guardados. —se unió otro. —¿No sería mejor buscarlos?

—Sí, todo eso de los exámenes es muy odioso.

Varios comentarios de ese tipo se unieron a los anteriores y pronto se formó una especie de discusión.

Sakura quedó en blanco por unos segundos, no esperaba que fueran a mostrarse tan reacios a su plan de trabajo. Sin poder evitarlo, desvió la mirada hacia su único amigo dentro de esa habitación, buscando una especie de apoyo. Sai solo le sostuvo la mirada, animándola silenciosamente a imponer su posición. Sabía que por más que le molestara la reacción de sus compañeros, no podía defenderla o hablar por ella, de ser así, nunca la respetarían.

Ella asintió discretamente, interpretando las palabras escritas en la mirada oscura de Sai y animándose a darse valor a si misma.

—Necesito…—comenzó, pero alguien la interrumpió sin ningún reparo.

—Mis últimos exámenes resultaron bien, Haruno-sensei. —soltó un muchacho de cabello castaño.

—Los míos también. ¿Puedo eximirme entonces?

El ceño de Sakura se frunció y apretó con fuerza contra el pecho la tablilla que llevaba. La situación ya se estaba volviendo desagradable, tenía que dejar claras las cosas cuanto antes.

—Esperen un momento…

—Será un día perdido de entrenamiento y el torneo ya se avecina, sensei. ¿No cree que es mejor aprovechar todo el tiempo posible en entrenar? Supongo que lo sabe, ¿verdad?

Los ojos verdes de Sakura se clavaron en la cara del chico que soltó aquel comentario y sintió como el estómago se le revolvía por el disgusto. Con el ceño fruncido y los músculos del cuello y hombros tan tensos como la cuerda de un arco, dio un paso al frente, con las palabras y consejos de sus amigos apareciendo en su cabeza.

"Estarás completamente fuera de tu área de confort, Sakura, ya no verás a un montón de chicas que te adoran y obedecen ciegamente. Tienes que demostrar desde el principio que no te intimidan. Patéales el trasero si es necesario."

"Están acostumbrados a un viejo gruñón y dictador. Si te muestras solo como una chica que quiere ser su amiga nadie te escuchará. Muestra ese carácter terrible que cargas, feíta"

Y estuvo a punto de hacerlo, pero el sermón furioso, con probablemente varios insultos incluidos, quedó atrapado en su garganta cuando el sujeto rubio intervino en la discusión.

—Hey, ya basta. —dijo poniéndose de pie, a la vez que ajustaba la toalla alrededor de su cintura. —No se porten como idiotas, hay que seguir las instrucciones de Haruno-chan… ¡perdón! Haruno-sensei. —una mirada de disculpa por parte del muchacho y Sakura sintió que ya no lo detestaba tanto.

—¡Bah! Estoy seguro que Kakashi-san no se molestará porque posterguemos las pruebas por algunas semanas.

—Pienso lo mismo. Entrenar es más importante ahora.

Y eso fue todo. Sakura dio otro paso al frente, con el sonido seco de sus tacones contra el piso de cerámica resonando en el camerino y una expresión seria y marcial en el rostro.

—Creo que no me expliqué bien. —comenzó en tono calmado. —No es una sugerencia, muchachos, es una orden. A partir de hoy estoy a cargo de todo lo referente a su salud y si necesito realizar todos los exámenes físicos de nuevo para asegurarme de ello, es lo que se hará, ¿entendido? —hizo una breve pausa. —Después de todo, en caso que lo olviden, quien decide si están aptos para jugar o no… soy yo. —finalizó con una voz filosa y una mirada que amenazaba con golpear a quien se atreviera a contradecirla.

El vestidor quedó en silencio por varios segundos.

—¿Entendido?

Un asentimiento masivo de cabeza.

—Bien, eso es todo. Los espero a las ocho de la mañana en los laboratorios. Preséntense puntuales y con un ayuno de doce horas, por favor. —caminó hacia la puerta y antes de abrirla, con la mano sujeta a la manija, giró un poco su cabeza para darles una mirada de reojo y agregar: —Buen trabajo el de hoy.

Y entonces salió de los vestidores con un portazo seco, dejando a veintiocho hombres totalmente perplejos, a un pelinegro con una sonrisa divertida y a un rubio con ojos brillantes y mejillas ligeramente sonrojadas.

- o -

Ya eran las seis de la tarde cuando Sakura salía de su oficina, mucho después que el resto de su personal se hubiera marchado de las instalaciones. Arrastraba sus pies como si fuera un anciano, se sentía totalmente agotada pero a la vez con una ligera satisfacción en el pecho. Consideraba que para ser su primer día, no lo había hecho tan mal.

Escribió un mensaje a Ino y continuó su camino hacia la salida. Sai se había marchado hace mucho tiempo así que tendría que regresar por su cuenta hasta su casa.

Al llegar a la entrada del complejo pudo ver una figura masculina sentada en los escalones inferiores. No le costó trabajo reconocer esa cabellera rubia y despeinada.

Al escuchar sus pasos, el muchacho se puso de pie y le dedicó una sonrisa nerviosa.

—Hola.

Ella lo miró fijamente, preguntándose la razón del por qué estaba esperándola.

—Am… lamento lo de hoy. —comenzó él, rascándose la nuca con un movimiento nervioso. Ella arqueó una ceja. —Ya sabes, lo que dije. Eso de… ejem… abuela. —terminó bajito.

Sakura siguió mirándolo sin decir nada.

—No fue con mala intención, en serio. —continuó. —Se me escapa a veces.

Si quería arreglar las cosas, no lo estaba haciendo bien. La nariz de Sakura se arrugó un poco en una mueca de molestia.

—¡Ah, espera! Eso no es lo que quería decir… Digo, obviamente no eres una anciana, solo que por tu edad… ¡Argh! ¡Noo! ¡Olvida eso! ¡Demonios! —el rubio comenzó a pasar sus manos por su cabello, en una pose exagerada de desesperación.

Y eso la hizo sonreír internamente, poco faltaba para que el muchacho comenzara a arrancarse el pelo, aunque por fuera su expresión se mostraba igual de colecta y seria.

—Está bien, no te preocupes por eso.

—Aun así, lo lamento. —continuó él, apenado. —Ah, y también lamento que todos se comportaran como gorilas idiotas hoy.

Aquel comentario la hizo soltar una pequeña carcajada, eso a su vez provocó que el muchacho suspirara aliviado y riera animadamente al verla un poco mas relajada y sin darse cuenta, Sakura se encontró a si misma sonriendo también. La alegría de ese chico era contagiosa.

—¿Sabes? Si necesitas golpear a más de uno, puedo ayudarte. —le propuso el rubio, llevando las manos por detrás de su cabeza.

Y otra risita por parte de la Haruno, aquel rubio ya le caía bien.

—Lo tendré en mente, pero espero que no sea necesario. —respondió en tono divertido. —Am, tu nombre es Naruto, ¿verdad?

—Sí, Naruto Uzumaki. —extendió una mano hacia ella y la estrechó con energía. —Un placer conocerte, Haruno-chan… ¡Perdón, sensei!

—Sakura está bien. —le sonrió, sin siquiera preocuparse en si podría tener problemas por eso o no. Era su primer acercamiento a uno de los jugadores y por alguna razón ya estaba segura que aquel chico era una buena persona.

Dejaron las instalaciones juntos y caminaron en la misma dirección por las siguientes dos cuadras envueltos en un cómodo silencio.

Al llegar a una parada de autobuses, la pelirrosa se detuvo y volteó a ver al chico de ojos azules.

—Esta es mi parada, supongo que aquí nos separamos —mencionó, a lo que el rubio asintió. —Nos vemos mañana entonces, Naruto. Espero que seas puntual.

—¡Lo seré! —aseguró el rubio. —Nos vemos mañana, descansa Sakura-chan.

"¿Sakura-chan?"

Y una cálida sensación invadió el pecho de la pelirrosa mientras veía la figura del futbolista apurar sus pasos y perderse en una esquina.

Definitivamente había sido un buen día.

Tokio, capital de Japón.

Con el ceño fruncido y una expresión amenazante, Danzo apagó el imponente televisor que decoraba su oficina y dio un golpe sobre la mesa del escritorio, haciendo caer un porta lápices y un marco de fotografía.

Con la mandíbula apretada y su único ojo brillando furioso, tecleó rápidamente en su laptop y presionó con más fuerza de la necesaria el botón de "aceptar". Un segundo después, la pantalla del buscador entregó varios resultados sobre la noticia que acababa de perturbar su día y probablemente su semana.

"El equipo de Saitama, Urawa Red Diamonds y su primera contratación femenina; Sakura Haruno como el nuevo médico jefe"

"Del Nojima Stella de Kanagawa al Urawa Red Diamonds; Sakura Haruno, revelación"

"La arriesgada apuesta del DT Kakashi Hatake y el presidente Hiruzen Sarutobi; Sakura Haruno a cargo del cuerpo médico del Urawa Red"

Danzo apretó con fuerza la mandíbula y escuchó sus dientes crujir.

—Maldita mocosa. —gruñó a la pantalla en donde la fotografía de una chica de cabellos rosados sonreía nerviosa ante un par de periodistas.

Después de leer por un par de minutos varias de las noticias que ya abundaban por internet, Danzo cerró su laptop con un brusco movimiento y apoyó su espalda contra su ostentosa silla.

Realmente lo había hecho. Aquella mocosa había conseguido entrar en un equipo masculino y no a cualquiera, sino uno de primera división dentro de la JLeague.

¿En qué carajos pensaba el mocoso de Kakashi? ¿No se daba cuenta de todos los problemas que traería consigo la incorporación de esa chiquilla? Maldijo nuevamente al DT por sus ideales modernos y también al viejo Hiruzen por permitirlo. Solo a alguien como él se le ocurriría permitir semejante ultraje a cientos de años en tradición deportiva.

El presidente de la JFA recargó sus codos sobre la superficie del escritorio y cruzó sus manos, apoyando su mentón sobre ellas y mirando al frente con expresión sombría.

Bien. Por ahora ya no podía hacer nada. No podía intervenir en su contratación y además, por su propia lengua le había asegurado la completa potestad de los equipos para hacer y deshacer con lo referente a sus nuevas incorporaciones.

Pero estaría atento. Ella no lo engañaba, estaba seguro que aquella zorra tendría otro tipo de intenciones poco honorables. Detrás de esa cara de determinación y ese falso discurso de profesionalismo se escondía solo otra chica inescrupulosa y estúpida que no estaría contenta hasta meterse dentro de los pantaloncillos de todo el plantel y arruinar a uno de los equipos más importantes de Japón, ya sea por negligencia o por un lío de faldas.

Y evitaría eso a toda costa. La mantendría vigilada. Pronto demostraría su incapacidad como médico o su habilidad como mujerzuela.

Y cuando eso ocurriera, se encargaría de hacerla desaparecer.

- o -

Mientras tanto, en el aeropuerto internacional de Narita, en medio del mar de personas que llegaban y otras que buscaban su puerta de embarque para partir, dos figuras masculinas se abrían camino entre la multitud.

El más alto de ellos, un hombre de cabello naranja y complexión robusta, hablaba por celular con un tono levemente angustiado. El otro, de cuerpo atlético y cabello negro, cubierto por una gorra de beisbol, caminaba con las manos en los bolsillos y el ceño fruncido.

El avión desde Turín a Tokio había llegado con cinco horas de retraso. ¡Cinco! Nada agradable que sumar a un viaje ya de por si tedioso con sus quince horas de vuelo.

Sasuke maldijo internamente. Ya eran pasadas las seis de la tarde, había perdido la entrevista que tenía programada a las dos y eso lo hacía apretar la mandíbula del coraje, especialmente porque no tenía con quién desquitarse. No podía culpar al estúpido clima europeo ni tampoco a la jodida aerolínea y sus protocolos de seguridad.

Pero eso no hacía nada por mejorar su humor.

—Sasuke. —escuchó al hombre a su lado. —El DT del FC Tokyo aceptó nuestras disculpas.

El aludido no detuvo su caminar, solo volteó a mirarlo de reojo con una ceja alzada.

Juugo suspiró, ya acostumbrado a interpretar el lenguaje de pocas palabras de Sasuke y traduciendo aquel gesto como un "¿y bien?"

—Y… nos ha programado una nueva entrevista para mañana al mediodía, esta vez incluido el presidente del equipo.

El mal humor de Sasuke disminuyó en un 10%. Eran buenas noticias que el viejo DT del FC Tokyo no los mandara a volar por dejarlo plantado en una entrevista. Eso significaba que estaba al tanto de sus habilidades… o que tal vez estaba un poco desesperado. Aunque el hecho de incluir al raro presidente del equipo le causaba cierto recelo.

—El presidente se ha mostrado ansioso por inscribirte en sus filas. —agregó el agente.

El Uchiha frunció el ceño ante la nueva información. El tipo ese en sí ya era raro, imaginarlo "ansioso" le resultaba un poco desagradable.

Y mientras caminaban hacia la salida del aeropuerto y Juugo repasaba la agenda para el siguiente día, Sasuke se percató de un niño que lo miraba con curiosidad desde uno de los sillones de espera del aeropuerto. El pequeño tendría unos nueve años y estaba en compañía de sus padres y otro mocoso que supuso era su hermano menor.

La mirada del niño no abandonó su cara hasta que finalmente pasaron frente a ellos y entonces escuchó un par de pisadas acercándose a él.

—U-Uchiha… ¿eres Uchiha, verdad?

El pelinegro se detuvo y volteó el rostro para verlo. El niño llevaba de la mano a su hermano y al confirmar la identidad del futbolista, los rostros de ambos se iluminaron.

—¡Ahh! ¡Sí es él! ¡Souta, te lo dije! ¡Es Uchiha! —chilló, sacudiendo la mano de su hermanito, que miraba al pelinegro como si fuese una especie de deidad.

Con un carácter serio y fácilmente irritable, una muy corta disposición a la conversación y un casi nulo interés en interactuar con personas ajenas a su ya de por si reducido círculo social, Sasuke no era precisamente la más encantadora de las personas. Su personalidad en Europa resultaba como el típico estereotipo de hombre japonés; misterioso, serio, reservado y conservador. En Japón, en cambio, solo era un tipo asocial, seco, gruñón y amargado para algunos.

Y sin embargo, a pesar que tampoco era precisamente fan de los niños, no podía negar esa pequeña chispa de empatía que sentía cada vez que un pequeño se acercaba a él con el propósito de saludarlo, felicitarlo o solo intentar hablar con él, en un aspecto deportivo, mirándolo con ojos esperanzados y de admiración. Porque aunque nunca lo admitiría, todo eso tocaba una fibra sensible en él, despertando recuerdos de sus años de infancia en donde él era un mocoso de ocho años y junto a su hermano perseguían a los jugadores.

Aun recordaba la emoción que sintió cuando el ídolo de su equipo favorito, el Urawa Red Diamonds, firmó su camiseta y le regaló una gorra de fútbol. Una mezcla de deseos de llorar, gritar y desmayarse de emoción.

Y los niños frente a él tenían la misma expresión.

—¡Sabía que pronto regresaría a Japón! —exclamó el chiquillo, volteando a ver a sus padres. —¡Se los dije!

—¡Woooo! Eres el mejor, Uchiha!

Ante aquel comentario, una pequeña sonrisa ladeada apareció en el rostro de Sasuke. Después de todo, eran muy pocos los porteros japoneses que tenían éxito en equipos europeos y ver que su desempeño lograba reconocimiento en su propia tierra no podía menos que alegrarlo.

Tratando de ser lo menos brusco posible, se agachó un poco frente a ellos y despeinó el cabello de ambos niños en un toque amistoso, y —aunque no le gustaba mucho hacerlo —aceptó tomarse una foto con ellos a petición de los padres, que miraban fascinados la interacción del futbolista con sus retoños, al igual que varios usuarios del aeropuerto que lo habían reconocido y detuvieron sus pasos para observar la escena.

Unas cuantas preguntas más y finalmente, después de desearle suerte en cualquiera que fuera su próximo equipo o campeonato, la familia se retiró.

—Eso fue lindo, Sasuke. —comentó su agente como si nada, mientras escribía en su celular.

—Hmp.

Sasuke regresó a su expresión seria de siempre y apuró sus pasos, ignorando a la demás audiencia que pedía su atención y dejando tras de si a un Juugo que negó divertido.

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Saitama, prefectura de Saitama.

Mientras Sai corría en la cinta ergomética, Sakura estaba de pie a un par de metros de él, con la vista fija en la pantalla que mostraba sus signos vitales y atenta a cualquier variación anómala que pudiera aparecer.

Por su parte, Naruto estaba recostado sobre una camilla, siendo atendido por el cardiólogo que realizaba el ecocardiograma reglamentario.

El resto de jugadores estaban repartidos en las distintas estaciones del centro médico, cada uno siendo sometido a un estudio en particular. Tuvo que dividirlos en grupos de diez hombres para comenzar los estudios y no sobrepasar a los trabajadores del cuerpo médico.

Sakura notó con cierto alivio que las expresiones disconformes habían disminuido bastante en comparación al día anterior. Tal vez había sido buena idea confrontarlos desde un principio, hacerles saber que ella estaba a cargo y que todo lo que quería era asegurarse que estuviesen en perfectas condiciones.

Incluso ya había comenzado a acercarse más a los jugadores. Varios de ellos se presentaron oficialmente y entablaron cualquier tipo de charla ligera y amena.

Y eso era otro gran paso.

.

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Tres días después, Sakura llevó los resultados de las pruebas hasta la oficina de Kakashi, quien tomó la carpeta y leyó las hojas a una velocidad impresionante.

—Eso es bueno. —dijo amigable, devolviéndole la carpeta. —Me alegra que los muchachos estén en buena forma.

—A mi también. —sonrió ella, acomodándose en la silla frente al DT. —Mitokado-sensei los cuidó bien.

—Um, pues es difícil no seguir las instrucciones de Mitokado-san. —confesó el hombre, rascándose una mejilla en un tono nervioso. —Era casi un suicidio.

Sakura soltó una pequeña risita, esperando en el fondo generar el mismo nivel de compromiso de los jugadores para con ella. O tal vez aun mayor.

—Buen trabajo, Sakura. Todos están oficialmente aprobados para el comienzo del nuevo torneo.

Ella asintió.

—¿Hubo problemas?

—¿Eh?

—Ayer. —continuó el de pelo plateado. —Seguro notaste algunos rostros incómodos o disconformes. ¿Fue igual hoy?

—Ah, eso. —acomodó un mechón de cabello tras su oreja y negó con la cabeza. —En realidad no, todos fueron accesibles. O al menos la mayoría.

—Ya veo. —hizo una breve pausa. —Supongo que será un poco complicado al principio. Son buenos chicos, solo… no sé, tal vez necesiten un poco de tiempo para acostumbrarse a alguien nuevo.

—Lo sé.

—O tal vez un par de golpes. Lo que sea más efectivo.

—Naruto ofreció lo mismo. —confesó, sin ocultar la gracia que le provocaba la idea.

Kakashi asintió como si contemplara la idea como factible y Sakura decidió cambiar el tema. No quería imaginar a esos dos golpeando a los jugadores que no quisieran obedecerla.

—Am, ¿y ya tienen el resultado del sorteo de las fechas del torneo?

El DT negó con la cabeza.

—Será en tres días más.

—Espero nos toque contra un equipo interesante. —comentó ella. —Sería genial un encuentro con el Kashima Antlers o el Gamba Osaka.

Kakashi se frotó la barbilla.

—Mmm… preferiría un equipo más flojo y de preferencia con jugadores lisiados.

Sakura dejó escapar una risita y Kakashi sonrió divertido también. Justo en ese momento entró Yamato a la oficina, dejando varias carpetas sobre el escritorio del DT, quien arrugó la nariz al notar todo ese papeleo aburrido que tendría que leer.

—Kakashi-san, aquí están las estadísticas del Blaublitz Akita* para mañana.

—Oh, gracias.

—Um, solo espero que no sea una goleada tan aplastante para ellos. Digo, es amistoso y todo eso y sé que queda como experiencia, pero entre primera división a la tercera y con un equipo relativamente nuevo como el Blaublitz y jugadores con menos experiencia…—Sakura dejó escapar un suspiro. —Me daría tristeza ver una diferencia tan abrumadora. Aunque Watanabe** es un buen portero y su desempeño ha sido bastante bueno en los últimos partidos, generalmente se ha visto luchando solo por no conseguir un completo enganche con los miembros de la defensa.

Los dos hombres voltearon a verla totalmente sorprendidos. No esperaban que conociera tanto de fútbol, tal vez acostumbrados a Homura, a quien no le interesaba ningún otro equipo salvo el suyo y apenas veía los partidos oficiales e importantes. Pero de ahí a conocer completamente otros equipos e incluso su estilo de juego… nunca.

—Vaya, en verdad te gusta el fútbol, Sakura. —señaló Kakashi, con un tono de voz divertido.

Sakura reaccionó entonces y al notar las dos miradas masculinas fijas en su cara, no pudo evitar sonrojarse.

—Yo…solo…

—Eso es bueno. Podríamos pedirte asesoría después. —agregó Yamato en el mismo tono.

Y el rostro de la chica enrojeció en dos tonalidades más.

—Pero primero… Kakashi-san, las estadísticas. —lo apuró el castaño.

Kakashi bufó y para Sakura fue la oportunidad perfecta para escapar y así regresar a un color normal. Además que también tenía trabajo que hacer, aun debía organizar los nuevos resultados en las nuevas fichas médicas de cada jugador.

—Bueno, será mejor que me vaya. —dijo Sakura poniéndose de pie. —Tienen mucha tarea por hacer y yo también. —con una ligera inclinación de cabeza, se despidió de los hombres frente a ella y caminó hacia la puerta.

Yamato se despidió de la misma manera y agregó en tono amable.

—Gracias por su esfuerzo, Haruno-sensei. Y espero que los muchachos se hayan comportado.

Ella volteó a verlo y agregó.

Sakura, está bien. —corrigió con una sonrisa amistosa, ya un poco menos avergonzada. —Los veré luego.

Cerró la puerta tras ella y escuchó el profundo suspiro de cansancio proveniente de Kakashi y la voz de Yamato animándolo a comenzar luego.

Tokio, capital de Japón

Recostado a lo largo del sofá de su sala, Sasuke miraba la televisión con aburrimiento. Nada nuevo, las típicas noticias; crimen, condenas a criminales acusados de corrupción, ayuda prestada a otros países, colaboración científica, sismos en alguna isla del archipiélago, etc.

Suspiró con fastidio y sus ojos negros viajaron hasta la mesita de centro frente a él, en donde esperaba el contrato con el FC Tokyo listo para firmar, pero que por alguna razón aun no se decidía a hacerlo.

Dejando a un lado la escalofriante presencia del presidente del equipo, la entrevista con el DT había resultado bastante buena. La paga era muy buena y el puesto lo dejaba como segundo arquero, una posición bastante ambiciosa para cualquier recién llegado, pero algo no terminaba de convencerlo.

El equipo de Tokio era uno de sus favoritos y uno de los más importantes dentro de la JLeague, no había razón para no querer integrarse a sus filas.

¿Pero acaso no había otra opción? ¿Sería el FC Tokyo él único interesado en sus habilidades de portero? Eso lo hacía sentir molesto. ¿Y qué hacía Juugo que no le conseguía algún otro prospecto de trabajo? Eran 18 equipos de primera división dentro de la J1, imposible que ninguno de ellos necesitara de él.

Solo había que investigar un poco para conocer su currículum. No cualquier portero asiático tenía éxito en Europa y ahí estaba él, con cinco torneos ganados a su espalda.

Con el ceño fruncido y viendo el riesgo de quedarse fuera de la temporada que ya casi se venía encima, tomó el bolígrafo y lo acercó a la superficie del papel. Sin embargo, antes de siquiera trazar el primer kanji con su nombre, la vocecita en su cabeza lo hizo detenerse y en un ataque de furia, arrojó el bolígrafo contra la pared.

Sintiéndose molesto y frustrado consigo mismo por alguna razón que aun no entendía, se levantó del sillón y después de tomar sus llaves y su abrigo, salió de su casa dando un portazo.

Esperaba que el aire frío le ayudara a enfriar su cabeza y tomar una decisión.


chan chan! Espero que les haya gustado.

Sasukito ya está en Japón! ¿Quién es el presidente del FC Tokyo? Jijiji... al que adivine le doy una galleta.

Y bueno, Sakura ya está en trabajo con su equipo y como siempre, Naruto y su encantadora sonrisa amistosa ya se ganó su confianza. *w*

* Blaublitz Akita: Equipo de futbol de la J3 (tercera division de la JLeague) que apenas en 2014 ingresó a sus filas.

** Watanabe Yasuhiro: Futbolista japonés de 26 años, portero titular del Blaublitz Akita.