Hola! Después de un tiempito aquí les traigo el siguiente capitulo de esta historia. Las disculpas de siempre por la demora, el trabajo consume todo el dia y al llegar a casita solo quiero comer y dormir TToTT

Pero bueno, vamos avanzando con esta historia que mezcla dos de mis amores... el futbol y el SS.

Reitero que la cosa irá lentito en este fic, porque ninguno de nuestros dos protagonistas se conoce y eso del amor al tercer capítulo no me gusta.

Alguien me dijo que se perdía con los nombres de los equipos, y puede que tengan razon, jaja. Son un poco enredados, pero aquí un pequeño resumen.

URAWA RED DIAMONDS: Es el equipo protagonista. Pertenece a la J1 (primera division del futbol japonés). Es el equipo de la ciudad de Saitama y que está bajo el mando de Kakashi como DT y Sakura como médico... Y aquí estarán la mayoría de personajes de Konoha.

FC Tokyo: Equipo que también pertenece a la J1, obviamente de la ciudad de Tokyo y con Orochimaru como el presidente del equipo (como algunas acertaron) y Kabuto como el DT.

Ojo: Todos los personajes son del mundillo de Naruto, tanto manga como anime. Casi no habrán OC y de existir, serán solo de relleno sin ningún papel importante.


A favor de la Campaña "Con voz y voto - Porque agregar a favoritos y no dejar comentario es como manosearme la teta y salir corriendo"

No me manoseen, porfa! Si pueden, dejen un lindo review. Eso anima como no tienen idea, jijij.

Naruto y sus personajes no me pertenecen.

Ojo: Las ciudades, equipos y torneos son reales.

oooooo y cursiva indican flashback


DE FUTBOL Y OTRAS PASIONES

IV

Un nuevo integrante

Saitama, prefectura de Saitama.

Dos golpes en la puerta de su oficina le avisaron a Sakura que ya era el momento. Ni siquiera se molestó en revisar la hora, sabía que Sora* iría por ella exactamente a las 8:30 de la mañana.

Se levantó de su silla con un movimiento relajado y comenzó a ordenar sus cosas, aprovechando de dar un último vistazo a la planificación del procedimiento que se mostraba en la pantalla de su laptop y a las tres placas radiográficas expuestas en un pequeño negatoscopio.

Cuando estuvo lista, caminó hacia la puerta y la abrió, encontrándose con Shiho, la joven jefa de prensa y Sora, su asistente y segundo médico del equipo.

Con un sencillo asentimiento de cabeza, Sora indicó que todo estaba listo. Sakura asintió también y ambos siguieron a Shiho.

—Hay varios de ellos afuera. Son demasiado molestos. —explicó la rubia, refiriéndose a los periodistas. —Kakashi-san ya dio una declaración ayer, pero seguro querrán oír algo de ustedes. —indicó mirando a los dos médicos. —Tal vez se sientan acosados, pero les recomiendo que se resistan a responder. No ahora, al menos, ya después en el comunicado oficial pueden explayarse cuanto quieran.

—¿Qué podrían querer escuchar de mi ahora? —preguntó la pelirrosa, arqueando una ceja. —La declaración de Kakashi-san debió haber sido suficiente, ¿no?

—No lo sé, pero está ese sujeto extraño, Kakuzu…. siempre me pone de los nervios. Es tan… no sé… tan… —comenzó a mover sus manos graciosamente. —Tan raro. —se estremeció. —Odio cada vez que aparece aquí con su arsenal de preguntas ponzoñosas. Mas que periodista parece un ente maligno que viene a reclamar almas inocentes.

La respiración de Sakura se aceleró un poco y de manera nerviosa, se acomodó un mechón de cabello tras la oreja.

—Ah, pero no te preocupes por esos buitres. No tienen autorización para una entrevista así que puedes ignorarlos con toda confianza. —agregó, acomodando sus lentes y su cabello despeinado. —Ustedes solo hagan lo suyo y yo me encargaré de los pajarracos de afuera. Les arrojaré agua para espantarlos si es preciso.

—Siempre dices eso. —mencionó Sora, mirándola con ojos entrecerrados. —Pero nunca te he visto hacerlo.

—Es una manera de hablar, tonto. —se defendió. —Pero si es necesario, lo haré.

Sakura no pudo evitar sonreír ante lo relajado de la escena frente a ella y de cierta forma sintió que la tensión que llevaba a cuestas disminuía un poco.

Entonces sintió una mano sobre su hombro.

—Todo saldrá bien, Sakura-san. No tiene de qué preocuparse. —la animó el joven de cabello azulado. —Será algo sencillo, ya lo verá.

La pelirrosa asintió y algo cálido se expandió en su pecho ante aquella pequeña muestra de apoyo y confianza.

Sora estaba en lo cierto. Todo saldría bien, era un procedimiento que había hecho cientos de veces, después de todo. Claro, era un nuevo equipo de trabajo, con profesionales nuevos y talentos diferentes a los que acoplarse, pero estaba segura que todo estaría bien.

Ella sonrió en respuesta y se animó a asentir con más energía.

"Una pierna rota es una pierna rota aquí y en cualquier lugar del mundo" le había dicho a Danzo aquella vez. Porque era cierto, totalmente cierto. En este caso era un brazo roto, pero el concepto era el mismo. No podía asustarse por algo que ya había hecho en incontables ocasiones.

Y el hecho que su paciente fuera un futbolista famoso, no debería afectar en lo más mínimo su desempeño.

El procedimiento tenía sus riesgos, sí, como en cualquier otro tipo de cirugía, pero nada que la dejara excesivamente nerviosa. De hecho, lo que la inquietaba en sí era que llevaba un tiempo ridículamente corto dentro del equipo y ya tenía que entrar a quirófano con uno de sus jugadores. ¡Por dios, si no llevaba ni siquiera dos semanas! Hace apenas cuatro días ella misma había concluido las pruebas físicas de todo el equipo y presentado el informe a Kakashi, aprobando a todos los muchachos como óptimos para el juego en cancha.

Y ahora, en un giro de eventos de lo más inoportuno, se encontraba a horas de ingresar a pabellón con uno de los jugadores estrella del Urawa Red Diamonds. A momentos de demostrar sus capacidades y habilidades que tan bien habían sido aceptadas por Homura y Kakashi. Y sabía que también, a partir de este momento, todos los ojos estarían fijos en ella, analizándola, estudiándola y tal vez preparándose para juzgarla.

Realmente era demasiado pronto. Las cosas no debieron ocurrir así, pero nadie se hubiese esperado ese final.

ooooooooooooo

Estadio de Saitama.

El partido amistoso entre el Urawa Red Diamonds y el Blaublitz Akita iba con los resultados esperados; el equipo dirigido por Kakashi ganand ya en los últimos veinte minutos del segundo tiempo.

Dar vuelta el marcador ya era casi una tarea imposible, lo que normalmente debía dejar al Blaublitz en una postura de resistir y simplemente impedir una nueva anotación del equipo rival. Sin embargo, los jugadores del equipo en desventaja seguían atacando con la intención de al menos anotar un descuento, cometiendo a su vez, varias jugadas peligrosas y agresivas.

Sakura veía nerviosa el partido, las tarjetas amarillas comenzaban a aparecer y los ánimos iban calentándose cada vez más. Solo esperaba que ninguno de los muchachos se hiciera expulsar por no saber controlarse un poco.

Era solo un amistoso después de todo.

De pronto, un contraataque sorpresa del Blaublitz Akita logra acercarlos peligrosamente hacia el área del Urawa Red. Todos los jugadores se reúnen para defender, el balón pasa de un jugador a otro, pero la defensa no logra alejarlo completamente de su área y regresa a posesión del Blaublitz.

Una jugada espectacular de un rival logra dar una patada que impacta directamente contra los puños de Idate Morino, el portero de 28 años del Urawa Red Diamonds. La pelota sale disparada, pero cae directo hacia los pies de otro jugador rival quien lanza un nuevo disparo hacia el arco, pero es desviado oportunamente por la defensa.

El Blaublitz vuelve a controlar el balón y todos se reúnen alrededor del área de portería. Los jugadores del Urawa Red se reúnen en una formación que busca presionar al rival y así obligarlo a soltar el balón, pero un delantero rival logra escabullirse de los perseguidores y realizando una ágil maniobra da una potente y desesperada patada. La trayectoria del balón indica que va fuera, pero Idate prefiere no arriesgarse y busca atraparla con las manos o al menos desviarla con los puños, mientras que al mismo tiempo un jugador rival decide no darla por perdida y busca dar un cabezazo para anotar.

Los dos saltan al mismo tiempo y chocan violentamente.

Idate recibe el golpe de cabeza contra el pecho, quitándole el aire por unos instantes y aturdiéndolo lo suficiente como para no lograr rotar su cuerpo y prepararse antes de la caída.

Y entonces cae pesadamente de costado, con el jugador del Blaublitz sobre él.

Un horrible crujido y un grito de dolor escapa de la boca del portero.

El árbitro suena el silbato ante la falta. El jugador rival se levanta rápidamente, pero Idate no lo hace, solo se remueve contra el césped, maldiciendo de dolor y sujetando su brazo derecho.

Los jugadores del Urawa se reúnen en torno a él, completamente alarmados y con expresiones de pánico. Naruto y Kiba intentan levantarlo, pero los gritos de dolor de Idate lo impiden.

Nadie sabe qué hacer. Entre gritos de angustia y desesperación llaman al árbitro quien se acerca para evaluar la situación y suena el silbato nuevamente para alertar al cuerpo médico del equipo.

Sakura se sobresalta ante el llamado y en tan solo un minuto ya va corriendo hacia la cancha, seguida de Sora y Mizuki*, el fisioterapeuta del equipo. Al llegar a ellos, Sakura ordena que todos se aparten y se agacha para revisar a Idate. No le tomó más de un par de instantes notar la evidente lesión en su brazo derecho; la inflamación, la deformidad y el acortamiento visible en el húmero indicaban a gritos una fractura, tal vez a centímetros de convertirse en expuesta.

Ella niega con la cabeza y le dice al árbitro que Idate no puede continuar. Con una mirada indica a Sora ordenar el carrito para sacar al chico de la cancha mientras aplica un anestésico rápido y con ayuda de Mizuki, inmovilizan la extremidad, dejándola apegada al torso del muchacho. El carrito llega y los auxiliares la ayudan a subir al portero a una camilla y luego al vehículo.

El pánico se apodera de los presentes. La situación era más grave de lo que parecía.

Al llegar a las bancas, Sakura baja del carrito y da una breve explicación a Kakashi antes de volver a treparse al vehículo para abandonar el estadio. Kakashi queda perturbado por varios segundos, pero se obliga a reaccionar y luciendo como si nada terrible estuviera pasando, ordena al portero suplente que entre a la cancha en sustitución al titular.

El partido termina con el mismo marcador; 4 – 0 a favor del Urawa Red, pero nadie siente ánimos de celebrar. La situación del portero era preocupante.

Los exámenes imagenológicos de Idate se realizaron con premura y en tan solo un par de horas, el diagnóstico fue certero; fractura de diáfisis humeral oblicua con desplazamiento.

La situación requería fijación quirúrgica. Idate permanecería un día en observación y la cirugía se planificó para el día lunes a las diez de la mañana.

ooooooooooooooo

Al momento de atravesar las puertas del edificio, se encontró con varias cámaras y micrófonos acercándose a su cara, ansiosos de obtener algún tipo de comentario por parte de ella.

Sakura se obligó a ignorar las preguntas y caminar rápidamente hacia la salida para subir al auto de Sora.

—Haruno-san, ¿está segura de haber sido rigurosa en cuanto a los exámenes físicos del portero Idate? ¿Cómo explica la situación de un jugador lesionado tan solo a días de haber sido calificado como apto por usted misma?

Aquel tono acusador la hizo detenerse en seco y voltear a encarar al periodista que había lanzado la pregunta. Ni siquiera tuvo que preguntar quién era, con solo mirar esos fríos ojos verdes y esa expresión arrogante y agresiva, supo que era el tal Kakuzu del que había hablado Shiho.

—¿Algo qué decir en su defensa, Haruno-san? ¿Está segura de poder estar a cargo de un equipo tan importante como el Urawa Red con su limitada experiencia?

"¿Limitada experiencia?"

Sakura inhaló profundamente, resistiendo las ganas de estrellar su puño contra la cara de ese tipo.

—No habrá preguntas por ahora, por favor les pido que se retiren. —gruñó Shiho, tratando de apartar a los insistentes periodistas con ayuda de Sora.

Kakuzu por su parte no se iría sin respuestas y siguió lanzando un arsenal de preguntas que más bien parecían acusaciones hacia Sakura con respecto a la lesión de Idate.

—La lesión del portero Idate fue un desafortunado acontecimiento que nadie esperaba —dijo la pelirrosa finalmente, ya hastiada de ese sujeto. —No permitiré que se ponga en duda mi desempeño ni la de mi equipo en lo referente al cuidado de los jugadores. —agregó con molestia. —La densitometría ósea, la electromiografía y todos los exámenes relacionados a la condición física del portero estuvieron dentro de los rangos normales, que por motivos confidenciales no puedo compartir con el público en general. Ahora, podría darle una detallada definición del concepto de fractura y sus posibles causas, que incluye una larga serie condiciones externas al estado del individuo, pero eso implicaría una clase bastante larga con conceptos que dudo pueda entender a la primera y justo ahora estoy un poco corta de tiempo. —agregó, con un tinte de desagrado y la mirada fija en la cara de Kakuzu, quien le devolvía la misma mirada. —Ahora, si me disculpan, con permiso.

Y sin agregar nada más, dirigió sus pasos hacia donde el auto de Sora esperaba estacionado, dejando a varios periodistas con expresiones de desconcierto, incluyendo a Sora, que tardó en reaccionar y apurar sus pasos para alcanzarla.

- o -

La Clínica de la Universidad de Saitama, un enorme y moderno edificio dependiente de la principal casa de estudios de la ciudad, era la clínica más prestigiosa y la encargada de recibir todas las hospitalizaciones e intervenciones de los jugadores del Urawa Red Diamonds.

Faltaba poco para las diez de la mañana, ya pasado el disgusto con el tal Kakuzu y mientras realizaba el correspondiente lavado quirúrgico de manos, los pensamientos de Sakura divagaron por un minuto hacia las chicas del Nojima Stella. Se preguntaba cómo estarían, si el nuevo médico las trataba bien, en cómo iría la recuperación de la lesión de Tenten y si algún día, las chicas contarían con los mismos recursos de la liga masculina.

Porque solo había que mirar a su alrededor para notar la abismal diferencia. Para Idate todo se programó increíblemente rápido en la mejor clínica de la ciudad, con profesionales que prácticamente pelearon para ser parte del staff durante la cirugía y con decenas de periodistas al pendiente de su evolución. Recordó entonces una lesión similar con una de las chicas del Nojima, en donde la intervención fue programada para cinco días después, en espera de un cupo en un hospital general y con un equipo que a regañadientes tuvo que aceptar trabajar con ellos. Y con cero cobertura o preocupación por parte de la prensa.

Suspiró y negó con la cabeza. No era momento para pensar en eso. Sí, era injusto y esperaba que pronto las muchachas ganaran más aceptación del público en general, lo que significaría un mundo de mejoras para ellas, pero por ahora debía concentrarse en su paciente.

Terminó de lavar sus manos y dio un vistazo a su asistente que ya se secaba con uno de los paños estériles.

—¿Estás listo, Sora? —le preguntó, sonriendo a través de la mascarilla. —Será nuestra primera vez. Sé amable conmigo.

La parte visible del rostro de Sora enrojeció por completo y parecía que humo salía de sus orejas. Sakura sonrió divertida ante su cara de incomodidad.

—Bueno, andando. —una sonrisa animada antes de entrar por la puerta del quirófano en donde la esperaban su paciente y el resto del staff; un anestesiólogo, dos enfermeras y una arsenalera. Todos listos para ayudarla en su primera cirugía como jefa del cuerpo médico del Urawa Red Diamonds.


Kakashi tenía recargada la cabeza contra el respaldo de su silla y miraba el techo como si sobre el estuviera escrita la solución a todos sus problemas.

Pero lo cierto era que la total blancura del techo no le decía nada, nada salvo que el conserje del edificio limpiaba bien. Demasiado bien, de hecho. Ni siquiera podía ver una mota de polvo o alguna mancha. ¿Cómo hacía para alcanzar hasta allá arriba? ¿Se subiría a algún andamio especial? No recordaba haber visto uno.

Sacudió su cabeza. Comenzaba a divagar otra vez.

Y lo cierto era que tenía problemas.

La cirugía de Idate había terminado de forma satisfactoria hace tres horas y en compañía de Sakura y la despeinada Shiho, ya habían dado un comunicado de prensa en donde aseguraban el completo éxito de la operación.

Todo bien en ese aspecto. Excepto por ese mismo aspecto.

A pesar de la cirugía exitosa, Sakura aseguró que Idate estaría fuera de juego durante al menos cinco meses.

Cinco meses. Y el torneo comenzaba en dos semanas.

Y ahora solo contaba con un portero.

Kakashi sacudió su cabello con desesperación y recorrió con los dedos la cicatriz que cruzaba su ojo izquierdo, un recuerdo de la herida que casi lo hace perder un ojo en su juventud y casi arruinar su carrera. La misma herida que ahora le daba un atractivo exótico y misterioso, según algunos. Y todo por sus impulsos heroicos de juventud por salvar a una indefensa jovencita que terminó siendo un muy agresivo jovencito líder de una pandilla de ladronzuelos.

Sacudió la cabeza otra vez. Seguía divagando.

La verdad era que… contaba con un solo portero en su equipo. Uno.

Si ya con la presencia de Idate, presentar un equipo con solo dos porteros era algo arriesgado, presentarlo con uno solo era una locura. Casi un suicidio.

El segundo portero titular, Iwashi Tatami * estaba de permiso desde poco antes de la llegada de Kakashi al equipo, debido a una situación complicada con el embarazo de alto riesgo de su joven esposa. No podían contar con él.

Un sorbo a la taza de té frente a él y volvió a mirar el techo desesperantemente limpio.

—Necesitamos un reemplazo pronto. —murmuró al aire y dejó escapar un suspiro.

La Copa del Emperador, uno de los torneos más antiguos en la historia del país, comenzaría en dos semanas y los primeros encuentros serían sorteados en un par de horas.

Sintiendo que estaba a punto de sufrir un colapso nervioso, Kakashi marcó a Yamato para citarlo a su oficina de forma urgente. Colgó la llamada y entonces llamó a la oficina de la chica de Recursos Humanos. ¿Cómo era que se llamaba? ¿Yujo? ¿Egao? Kakashi no lo recordaba, pero ahora no le importaba. Tenía que hablar con los dos cuanto antes.

Tokyo, capital de Japón.

El dolor de cabeza de Juugo no había disminuido ni una milésima parte en los últimos tres días. El frasquito de pastillas para la migraña tintineaba dentro de su bolsillo con cada paso que daba alrededor de la amplia sala de estar del departamento de Sasuke.

—¿Sigues pensándolo? ¿Por cuánto tiempo más? —preguntó el hombre de pelo naranja, mirando a su representado con los ojos entrecerrados.

Sasuke no respondió, solo bebió un trago de su botella de agua.

Aquella falta de reacción provocó que la tensión en los hombros y la presión dentro de la cabeza de Juugo aumentaran en proporciones cósmicas. De manera inconsciente llevó una mano dentro de su bolsillo y apretó el frasquito de pastillas.

—Vamos, Sasuke, no te comportes como un niño. —lo regañó. —Dejamos Italia porque dijiste que querías jugar en un equipo japonés. Bien, tengo a uno interesado en ti, uno de primera división por si fuera poco y ahora resulta que ni siquiera quieres responderles.

Silencio.

Juugo suspiró.

—El presidente Orochimaru no es alguien muy paciente, lo sabes.

Sasuke dejó la botella sobre la mesa y frunció levemente el ceño ante la mención de ese sujeto. Le provocaba escalofríos el solo imaginar su cara de serpiente.

—Si no es el FC Tokyo, ¿entonces qué quieres? —presionó el agente. —La Copa del Emperador comenzará en dos semanas y si no estás en la nómina de algún equipo para entonces…

—Eso lo sé. —gruñó el futbolista. —No soy estúpido.

—¿Y entonces…? Creí que te gustaba el equipo de Tokyo.

El Uchiha exhaló con fastidio. Siendo sincero, sí le gustaba el FCTokyo, tenía un buen manejo de juego, era uno de los equipos más importantes de Japón y uno de sus favoritos, pero… simplemente no se veía a si mismo como portero del equipo rojo y azul. No lo hacía despertar en él esa emoción y esas ansias por vestir la camiseta como cuando fue escogido por el Juventus o la que sentía momentos antes de cada juego.

La mirada confusa e interrogante de Juugo lo hizo fruncir el ceño y un gruñido de molestia escapó de su garganta.

Sí, era momento de dar una respuesta. Y la respuesta era "no". Los rechazaría, así hiriera orgullos y sensibilidades, lo haría. No le importaba. Y si no tenía otra opción para entrar en la JLeague después de rechazarlos, que así fuera. Se perdería la temporada, pero no perdería la cabeza por eso, no se obligaría a si mismo a encerrarse en un equipo con el que no estaba un 100% comprometido.

Pocas cosas lo atrapaban de tal forma. El fútbol era una de ellas.

Y un año sabático tampoco sonaba tan mal.

Después de un profundo suspiro, dirigió su mirada oscura hacia la cara expectante de su agente.

—Diles que no.

Juugo abrió los ojos, espantado.

—¿Qué?

—Tsk. Me oíste.

—Pero… el presidente… querrán una razón.

—Inventa cualquiera. —dijo sin más y en ese momento su celular vibró, mostrando en la pantalla la imagen de un hombre joven muy parecido a él. —Te lo encargo, Juugo.

Se levantó, tomó su aparato y la botella de agua para salir al balcón y contestar la llamada.

Juugo se dejó caer sobre el otro sillón de la sala y tomó el frasquito de su bolsillo para sacar dos comprimidos. En la mesita frente a él estaba su taza de café —más que frío a estas alturas—pero lo tomó de todos modos y aun sabiendo que el café era una pésima combinación para los analgésicos lo bebió de golpe, tragándose las pastillas que esperaba esta vez, dieran resultado inmediato.

.

.

.

Saitama, prefectura de Saitama.

Tres días después, Kakashi miraba el entrenamiento de sus jugadores en las canchas del centro de alto rendimiento. La situación del portero suplente que necesitaban seguía atormentándolo, pero su rostro permanecía tan sereno como siempre. Después de todo, controlar sus emociones era algo en lo que siempre fue bueno y sabía que nada ganaba preocupando a sus jugadores o presionando al pobre de Morio*, su único portero a la fecha.

El primer partido que jugarían en la Copa del Emperador sería contra el Cerezo Osaka, un equipo relativamente bueno y para su desgracia, con ningún jugador lisiado.

Suspirando con el pesar de alguien que ha vivido mil años, Kakashi pasó una mano por su cabello, despeinándolo aun más —si es que eso era posible — y caminó alrededor de la cancha para al menos distraerse un poco y revisar su celular en la espera de una buena noticia.

Nada por ahora.

Yugao, la encargada de Recursos Humanos, ya se había puesto en contacto con varios equipos de primera división con la esperanza de encontrar algún jugador con ansias de traslado o con un contrato pronto a expirar, pero nada.

La suerte no le estaba sonriendo.

—Demonios.

.

.

.

Tokio, capital de Japon.

—Demonios. —Juugo maldijo en voz alta y cerrando su laptop, se dejó caer contra el sofá, rascándose la cabeza con desesperación.

La suerte no le estaba sonriendo.

No había recibido nuevas ofertas de los equipos a los que había contactado y eso solo sumaba más estrés a su cuerpo, el que había aumentado después de todo el lío con el equipo de Tokyo.

Como esperaba, Orochimaru no tomó muy bien el rechazo de Sasuke —presentado por Juugo en persona— y, sin dejar de mostrar en ningún momento esa calma que a Juugo tanto lo inquietaba, recriminó y lamentó el poco profesionalismo mostrado por el Uchiha ante su generosa oferta. Oferta que aseguró ya no volvería a recibir, utilizando un tono viperino y ligeramente amenazador que hizo que los cabellos de la nuca del agente se erizaran.

Kabuto, el DT del equipo, fue mucho más extrovertido para mostrar su descontento y repitiendo constantemente la frase "mocoso presumido" declaró entre líneas que un rechazo al equipo de Tokio no sería perdonado y que tarde o temprano Sasuke se arrepentiría y regresaría con la cola entre las piernas suplicando por una oportunidad que le sería negada sin miramientos.

Realmente ese había sido un día agotador y desagradable, pero no pudo evitar sonreír burlonamente al recordar el berrinche de esos dos.

Porque ellos no conocían al Uchiha. Sasuke no suplicaba. Nunca. Si algo no lo convencía simplemente no lo haría y punto, importándole muy poco si ofendía a alguien o no. Eso era algo tan admirable como desesperante, como en estos momentos en donde sus radicales decisiones solo aumentaban los niveles de estrés y de tensión que ya tomaban valores exponenciales dentro de su cuerpo.

Ah… tanto que hacer todavía.

¿Qué harían si no conseguían equipo? ¿Realmente Sasuke estaría contento con perderse la temporada?

Sacudió la cabeza. No, no podía permitirlo. Su representante estaba al tope de su carrera, no podía dejar que se alejara de las canchas por tanto tiempo. Era su trabajo, tenía que encontrarle un nuevo equipo.

¿Pero en dónde?

Golpeó sus mejillas un par de veces para despertar y abrió la laptop nuevamente para comenzar a teclear a gran velocidad.

Debía seguir trabajando.

Si era necesario, llamaría personalmente a cada uno de sus contactos dentro del mundo futbolero.

.

.

.

Saitama, prefectura de Saitama.

Tres días después y aun nada.

Poco más de una semana para el inicio del torneo. Los niveles de estrés aumentaban con cada día que pasaba, pero por fuera, la expresión de Kakashi seguía igual de serena.

Con su típico caminar despreocupado, el director técnico dirigió sus pasos hacia Asuma Sarutobi, quien supervisaba el desempeño de Morio en la portería intentando atrapar los disparos de sus compañeros.

Los ojos negros de Kakashi siguieron la trayectoria de la pelota pateada por Naruto y que el portero no pudo atrapar. Con ojo analítico observó el segundo round, esta vez siendo Kiba quien pateaba el balón y que nuevamente anotaba por una mala salida del portero.

—Aún se adelanta, ¿verdad?

Asuma anotó algo en la planilla que cargaba y miró de reojo a Kakashi para después asentir.

—Cada vez menos, pero aun lo hace. —suspiró. —Podría funcionar, aunque si nos enfrentamos a penales tendríamos problemas. —agregó el hombre de barba. —Esperemos no tener que llegar a eso.

Kakashi suspiró con pesar. Eso de esperar por cosas buenas y favorables nunca daba resultado. Si quería asegurarse que algo saliera bien, debían hacerlo ellos mismos.

Con las manos en sus bolsillos y una postura levemente encorvada, el DT del equipo caminó hacia el centro de la cancha para acercarse a su portero, quien al verlo llegar lo miró con nerviosismo.

—¿P-pasa algo Kakashi-san?

—Mmm… no realmente. —respondió con calma, acercándose más a él y acomodándose a su lado. Miró hacia el cielo por unos instantes y se perdió en la bonita forma de las nubes por un buen rato. ¿Cómo se formarían? ¿Tendrían algún tipo de clasificación?

—Am… ¿Kakashi-san?

La voz de Morio lo hizo reaccionar y recordar el por qué estaba ahí. Sacudiendo su cabeza, regresó su atención al muchacho a su lado, encontrándose ahora prácticamente rodeado por el resto de jugadores de su equipo, con miradas expectantes sobre él y demasiado interesados en lo que tenía que decir.

—Uh… ustedes sigan en lo suyo, vayan a entrenar por allá. —les dijo agitando una mano con ligereza, como si estuviese espantando un par de moscas.

Un par de reclamos y expresiones decepcionadas, pero todos obedecieron finalmente.

Kakashi sonrió divertido y entonces se concentró en Morio. Le dio un par de observaciones en cuanto a su forma de juego con los pies y en su desempeño bajo el arco, criticando algunas cosas y alabando las que merecían ser alabadas. Trataba de no destruir su seguridad, pero tenía que asegurarse que entendiera sus puntos débiles para que se enfocara en trabajarlos.

Morio lo escuchaba con atención, asintiendo a todo lo que decía, tanto así, que Kakashi no sabía si en realidad le entendía o solo quería complacerlo fingiendo que lo hacía.

—Lo harás bien. —le dijo entonces en tono calmado. —Solo trabaja en lo que hablamos y verás que todo saldrá bien.

El joven asintió otra vez y Kakashi decidió retirarse hasta un extremo de la cancha para dejarlo seguir entrenando, no sin antes llamar de regreso a sus jugadores para que continuaran ayudando en la práctica del joven portero.

"Una pequeña mejora" admitió contento. ¿Le habría entendido tan rápido? Al parecer sus dotes de maestro eran excepcionales.

"¡Ah! Volvió a hacer lo mismo" se lamentó después de un segundo. Al parecer no le había entendido. Tal vez no era tan buen maestro.

Kakashi se rascó la cabeza y se dedicó a observar a su portero, buscando el mejor momento para acercarse nuevamente y darle una nueva charla motivacional. Y entonces un desagradable aroma a cigarrillo se acercó a él desde su espalda.

Ni siquiera tuvo que voltear para saber quién era.

—Ya te habías tardado en encender uno. —señaló, arrugando la nariz con desagrado.

Asuma soltó una pequeña carcajada y exhalando una bocanada de humo, se acomodó a su lado.

—Hey, se supone que no puedes fumar aquí. Es un recinto deportivo. —lo regañó el DT, alejándose un paso para no marearse con el olor tan intenso.

—No seas aguafiestas. —se defendió el barbudo. —Solo es uno, para calmar los nervios.

—¿Nervios de qué?

—De todo, la incertidumbre, el torneo que se avecina, la vida, mi próxima etapa como padre, etc…

Kakashi sonrió levemente.

—Supongo que son buenos motivos. —concedió. —Solo espero que Sakura no te vea.

Asuma se estremeció ligeramente.

—Uh, no le dirás, ¿verdad?

—No lo sé. Si se entera que te cubrí, me irá mal a mí también.

La cara del Sarutobi mostró una expresión de circunstancia y decidió apagar el cigarrillo. La pequeña y rosada jefa del cuerpo médico ya le había dejado en claro lo perjudicial que era el cigarrillo para su salud y la de los que lo rodeaban en un sermón tan largo, agotador y enojado, que terminó haciéndolo prometer no volver a fumar. Al menos dentro de las instalaciones.

—Buen hombre. —el DT le palmeó la espalda en un son de lástima y soltó una pequeña risita burlona.

—¿Qué es ese ruido?

—¿Huh? —Kakashi miró en todas direcciones hasta que logró identificar el origen del sonido. —Ah, es mi celular.

—¿Tienes un opening de anime como ringtone?

—¿Por qué no? Es una buena canción.

Asuma negó con la cabeza, divertido.

Kakashi entonces tomó su celular que vibraba al ritmo de "Heroes wa comeback" y revisó la pantalla del aparato.

Era Yugao.

De inmediato, las alarmas de su cerebro se encendieron y decidido a no perder ni siquiera un segundo, se alejó de su amigo para contestar la llamada y brindarle completa atención a su interlocutora.

—Yugao.

Kakashi-san, buenos días. —contestó la voz al otro lado de la línea.

—Dime, ¿buenas noticias? — trató de no sonar demasiado ansioso.

Eso creo, tengo un posible candidato para el puesto.

—¿De dónde?

No está afiliado a ningún equipo de la JLeague en estos momentos, por eso costó un poco conseguir el contacto. Está disponible para entrevista, pero…

—Excelente, tráelo. —ordenó. —No importa a qué hora, lo esperaré.

No puede ser hoy, Kakashi-san, él está en Tokyo ahora, pero programé una entrevista con su representante para mañana a las 8. Le estoy enviando el expediente del muchacho a su correo electrónico para que lo revise.

—De acuerdo. Gracias Yugao. Buen trabajo.

No hay problema, Kakashi-san.

Finalizó la llamada y dejó escapar todo el aire que había retenido en sus pulmones. No quería emocionarse demasiado, pero esas eran muy buenas noticias.

.

.

.

08:40 AM

Al día siguiente, sentados en el amplio sofá negro de la oficina de Kakashi estaban dos hombres. El más alto de ellos con la espalda perfectamente recta y expresión calmada, mientras que el otro estaba cruzado de brazos, con el ceño fruncido y moviendo una de sus piernas ansiosamente.

Frente a ellos, Yamato miraba nervioso a su alrededor, sin saber qué decir para justificar la tardanza de su jefe y revisando una y otra vez su teléfono en caso de haber recibido un mensaje que hubiera pasado por alto y que explicara su demora.

Cuando se aseguró por décima vez que no tenía ningún mensaje de esa índole y tratando de ser lo más discreto posible, Yamato observó al muchacho sentado frente a él. No parecía mayor de 27 años, alto, cabello negro, ojos negros y expresión seria, tal vez demasiado seria para alguien de su edad.

O tal vez solo estaba molesto. Sí, a juzgar por el ceño fruncido, parecía querer matar a alguien.

Y Yamato sabía quién sería ese alguien.

—Am, lo siento… estoy seguro que…

Pero a mitad de la disculpa de Yamato, la puerta de la oficina se abrió con un golpe sonoro y la alta figura de Kakashi apareció en la entrada.

—Buenos días. Lamento la demora, pero encontré un gatito abandonado en una caja dentro de un canal y tuve que detenerme a salvarlo antes que se ahogara. ¿Quién sería el monstruo que haría algo así?

Yamato parpadeó varias veces y luego negó con la cabeza, ligeramente avergonzado. ¿Por qué su jefe no inventaba alguna excusa más creíble? El tráfico, una inspección policial o simplemente disculparse por quedarse dormido.

—Iba a dejarlo en mi casa, pero entonces recordé que tengo ocho perros, algunos más gruñones que otros, y que seguramente no estarían muy dispuestos a tener un nuevo compañero gatuno en casa. Además de recordar que a mi tampoco me gustan los gatos. —agregó.

—Am, Kakashi-san… —Yamato iba a pedirle que por favor se detuviera.

—Así que decidí traerlo conmigo. A ver si alguno de los muchachos lo quiere.

Y ante la sorpresa de todos, del interior del bolsillo de su abrigo, Kakashi sacó un pequeño gatito color blanco y gris.

Los ojos de Juugo se detuvieron por varios segundos en el animalito y una pequeña sonrisa se formó en su rostro.

—Pero bueno, ya fue suficiente de mis experiencias como rescatista animal. —dijo como si nada, acercándose a ellos. —Ahora vamos a lo que nos compete.

Los invitados se pusieron de pie y Yamato notó que los ojos negros del muchacho permanecían fijos en la cara de Kakashi, mirándolo con detenimiento, analizándolo milímetro a milímetro.

El hombre más alto entonces dio un paso al frente.

—Gracias por recibirnos. Mi nombre es Juugo. —hizo una pequeña reverencia y luego extendió su mano para anunciar a su representado. —Él es Sasuke Uchiha.

—Mucho gusto, soy Kakashi Hatake, el DT del equipo y él es mi asistente técnico, Yamato.

Una inclinación de cabeza por parte de ambos y para Yamato no pasó desapercibida la ligera sorpresa que mostraron los ojos del tal Sasuke. Algo que duró apenas un segundo, pero para alguien tan observador como él era imposible de ignorar. Y estaba seguro que Kakashi también lo notó.

—Am, ¿pasa algo? —Kakashi como siempre, directo al grano. O al menos cuando quería, porque a veces podía ser bastante esquivo.

—No. —fue la escueta respuesta del pelinegro.

—Bien, ¿les parece si comenzamos? —preguntó Juugo en tono cordial.

—Sí, sí, por favor.

Los cuatro tomaron asiento y la conversación comenzó. La entrevista en sí no era diferente a la de cualquier otro equipo. Kakashi y Yamato preguntaron sobre la carrera de Sasuke, sus logros en Europa, sus comienzos, su motivación, sus metas personales, la razón de su regreso a Japón y alguno que otro dato personal.

- o -

Ya de regreso en su habitación en el hotel, Sasuke miraba el paisaje de Saitama desde su balcón. Era bastante nostálgico haber regresado a su ciudad natal, ahí donde vivió los primeros doce años de su vida, antes de mudarse junto a su familia a la capital del país, por trabajo de su padre.

Todo era tan diferente a Tokyo, el paisaje, el ambiente, el sonido e incluso el aire. El ritmo de vida era mucho más relajado comparado al de Tokyo y eso le agradaba bastante.

Si tuviera que escoger una de las dos ciudades, claramente escogería Saitama.

Ah… realmente fue buena idea regresar. Él nunca se consideró a si mismo como alguien nostálgico, pero después de cinco años en Europa, extrañaba el sentirse en casa. En su verdadera casa.

¿Podría quedarse a vivir ahí nuevamente?

Lo pensó por unos segundos y después de soltar un profundo suspiro, regresó al interior de su habitación.

Se dejó caer sobre la cama, en donde lo esperaba el contrato con el Urawa Red Diamonds, listo para firmar.

Sus ojos negros recorrieron el techo blanco. ¿Le gustaba ese equipo? ¿Se veía a si mismo como parte del equipo rojo y negro?

Un hormigueo de emoción recorrió su pecho y sus manos ante la imagen de si mismo parado bajo el arco en un partido y posando para la fotografía oficial con el resto del equipo.

Y eso fue respuesta suficiente.

Sí, le gustaba el equipo. Siempre fue su favorito. No había que pensarlo demasiado.

Tomó los papeles y acercó el lápiz hacia la superficie.

Se había decidido, aunque tal vez demasiado rápido en comparación con los días que tuvo en suspenso a la directiva del equipo de Tokyo. ¿Tal vez debería hacerlos esperar un poco?

—Tonterías.

Negó con la cabeza de inmediato. No había tiempo qué perder. El equipo le gustaba y sus decisiones siempre eran definitivas "sí o no".

Y en este caso era un rotundo "si".

Con un par de precisos movimientos, plasmó su nombre y su firma sobre las hojas, para después ordenarlas y dejarlas sobre la mesita de noche.

Una pequeña sonrisa ladeada apareció en su rostro ante su decisión y tomando su chaqueta y su celular, dejó la habitación del hotel para salir a caminar un rato.

De paso le llamaría a Juugo para avisarle que el contrato ya estaba listo y que se encargara de coordinar lo demás.

.

.

.

Al día siguiente a las 8:30 de la mañana, Kakashi leía un par de documentos que al parecer debían ser de lo más divertidos, pues tenía una pequeña sonrisa tatuada en su rostro.

—Ya deja de sonreír tanto, asustarás a los niños. —bromeó Asuma, sentado en el sillón frente a él.

Kakashi lo ignoró.

—¿Algo por lo que estés de tan buen humor? —inquirió Gai. —¿Algún nuevo perro que hayas comprado o tal vez un nuevo volumen de tus libros pervertidos?

—Ya te dije que no son pervertidos. Es literatura elevada con matices levemente eróticos apuntada al público adulto.

—Sí, sí, como digas.

—¿Y? ¿Nos dirás para qué nos tienes a todos aquí? Porque verte sonriendo tanto me resulta perturbador.

Kakashi solo agitó una mano, restándole importancia y siguió en su trabajo, ignorando las insistentes preguntas de sus dos amigos.

Yamato soltó una pequeña risita y también regresó a leer sus documentos. Él sabía el por qué del buen humor de Kakashi y de hecho también lo hacía sonreír a él, completamente aliviado. Después de todo, estuvieron mucho tiempo con los nervios de punta después de la lesión de Idate.

La llegada de ese chico era increíblemente oportuna. Todo se dio muy rápido, pero parecía que el cielo les había sonreído al fin.

El nuevo portero del equipo debía aparecer en cualquier momento para ser presentado al cuerpo técnico del equipo y posteriormente al cuerpo médico para las pruebas pertinentes. Y con eso esperaba que todo saliera bien. Los exámenes debían ser hechos con premura, pues ya casi estaban en el tiempo límite para ingresar al chico en la nómina antes del inicio del torneo.

- o -

La presentación de Sasuke ante el plantel técnico duró veinte minutos, entre preguntas, bienvenidas, palmadas amistosas y abrazos calurosos —cortesía de Gai y no muy bien recibidas, como siempre pasaba—y ahora era el turno de presentarlo con el cuerpo médico.

Kakashi y Yamato guiaron al chico nuevo hasta las dependencias médicas del edificio, en donde apenas entrar se encontraron con Sora, quien les dio la bienvenida y los guió hasta la oficina del jefe del cuerpo médico.

—¿Haruno-sensei no se encuentra? —preguntó Yamato, extrañado.

—Viene en seguida, está en el tercer piso discutiendo algo con Mizuki.

—Ya veo.

Sasuke permaneció en silencio, mirando a su alrededor. La decoración era bastante sobria y eso le agradaba. Se fijó en los libros ordenados en una estantería y en los varios diplomas que decoraban la pared de fondo.

Se preguntaba qué tipo de médico sería el tal Haruno. Tal vez un tipo nerd de anteojos y complexión delgada.

—Am, iré a buscar a Haruno-sensei. —informó Sora. —Ya se le hizo un poco tarde y aquí estamos listos para las pruebas de reconocimiento.

Kakashi asintió.

—Te lo encargo, por favor.

Sora dejó la oficina a paso rápido y Sasuke bufó con cierto fastidio. Al parecer el director técnico no era el único impuntual en ese equipo.

El Uchiha entonces se dejó caer sobre una silla y cruzó sus brazos a la altura de su pecho. Nunca le había gustado esperar y aunque en este caso no podía exigir que se dieran prisa, pensando que tal vez el médico estaba atendiendo a otro jugador que necesitara sus servicios, no podía disimular su molestia.

—Ehh…Seguro que pronto llegará. Espera un poco, por favor. —comentó Yamato en tono pacificador.

Sasuke chasqueó la lengua. ¿Qué otra opción tenía? Ahí era otro paciente, no podía simplemente irse.

Los tres hombres entonces permanecieron en silencio, cada uno entretenido en lo suyo. Yamato revisaba su celular, Kakashi leía un libro de portada naranja que sacó de uno de sus bolsillos y Sasuke movía una de sus piernas con impaciencia.

Entonces la puerta se abrió y los tres hombres se levantaron.

—¡Lamento la demora! —exclamó una voz femenina. —La planificación con Mizuki llevó más tiempo de lo esperado.

—Ah, tranquila Sakura, recién llegamos. —sonrió Kakashi, guardando su libro.

Sasuke entonces reparó en las dos figuras que acababan de llegar. El primero era el tal Sora, quien dio un paso al lado para dar protagonismo a la persona que lo acompañaba, una mujer joven, de ojos verdes y con el cabello del color más escandaloso que hubiera visto alguna vez en su vida.

Kakashi entonces le dio un ligero golpecito en la espalda para hacerlo avanzar y presentarlo correctamente.

—Muy bien. —dijo en tono amigable. —Sasuke, ella es la doctora Sakura Haruno, nuestra jefa del cuerpo médico. —sonrió y entonces se dirigió a la chica. —Sakura, él es nuestra nueva contratación, Sasuke Uchiha.

Sasuke parpadeó confundido por unos segundos. No esperaba que esa chica fuera el médico del equipo. Si incluso se veía más joven que él. ¿Cuánto tiempo llevaría trabajando con el equipo de Kakashi? De inmediato, su mente comenzó a hacer juicios pre establecidos con respecto a su edad e inexperiencia, pero los desechó de inmediato.

Esos eran pensamientos de viejos y él no caería en eso. Había visto a viejos con más de veinte años de carrera, siendo igual de irresponsables y pésimos tratantes y a jóvenes recién egresados mostrando un talento innato que superaba lógicas.

Su propio hermano era prueba de eso.

Así que si esa chica había sido aceptada por Kakashi, era porque realmente era buena en lo que hacía. Y de igual forma él no tenía mucho qué opinar en ese aspecto. No era un mocoso quisquilloso que no se dejaría tratar por un médico en particular, no era de seda, ni de cristal, ni nada delicado después de todo. Él era solo un jugador al que realmente no le importaba si era un hombre viejo, una mujer joven o incluso un transformista de edad media, lo importante era que tuviera talento y fuera bueno armando juguetes rotos.

—Mucho gusto, Uchiha-san. —le sonrió ella, extendiendo una mano hacia él. —He oído mucho sobre ti. Espero que nos llevemos bien.

El Uchiha asintió y estrechó su mano en un apretón de mera cordialidad. Una mano pequeña en comparación con la suya y de dedos fríos.

—Bien, él es Sora, el segundo médico del equipo y mi asistente. —continuó ella, presentando al otro médico a quien también saludó con un estrechón de manos. —Si tienes cualquier tipo de molestia y yo no me encuentro, puedes dirigirte a él en cualquier momento con toda confianza.

Kakashi entonces dio dos golpes con las palmas.

—Excelente, ahora que todos nos conocemos, es hora de trabajar. —anunció en tono animado. —Sakura, Sora, les encargo a Sasuke. No lo asusten demasiado y sean amables con él

Sasuke frunció el ceño. Lo estaban tratando como un niño al que dejan al cuidado de una niñera. Y era ridículo, después de todo, no era su primera vez haciendo todo ese teatro médico.

—Seremos buenos. —sonrió ella y Sora se unió a su risa.

—Espero tener buenas noticias. —suspiró. —Nos vemos pronto, Sasuke.

—Vendré a recogerte una vez que terminen las pruebas para presentarte al resto del equipo. —le dijo Yamato.

Y con un simple movimiento de manos, Kakashi y Yamato desaparecieron de la oficina.

Sakura se acomodó el cabello y subió las mangas de su blusa gris.

Sasuke notó entonces que una vez quedó sola frente a él —incluyendo a Sora, claro— sus hombros se volvieron ligeramente rígidos y sus ojos verdes se mostraron duros y desconfiados, mirándolo como si estuviera buscando algo dentro de sus propios ojos que la hiciera estallar y saltar a su cuello, lista para atacar.

¿Estaba a la defensiva? ¿Por qué?

Una ceja alzada por su parte y al parecer su completa calma e indiferencia fue suficiente para que ella se relajara, porque su postura se volvió desenfadada y sus ojos un poco más cálidos.

Y Sasuke comenzó a preguntarse si tal vez esa chica sufría de trastornos de personalidad.

Y si realmente había caído en un buen equipo.

Entonces ella se acomodó el cabello otra vez y con una pequeña sonrisa, se dirigió a él.

—¿Bien, comenzamos?


chan chan! Y bueno, al fin nuestra parejita estrella se conoce. Sasuke ahora está en manos de Sakura para que lo revise de pies a cabeza... jejeje (* ¬ * )

* Y ahora la lista de personajes que aparecieron. Todos pertenecientes al mundillo de Naruto.

Sora: Aparece en una saga de relleno de Shippuden, el chico monje que queria ser parte de los 12 guardianes y que tenia una parte del chakra del Kyubi.

* Iwashi Tatami: El chuunin que junto a Genma y Raido realizan el jutso del 4to Hokage para transportar a la Mizukage hasta donde estaba Madara en la 4ta guerra ninja.

* Mizuki: El sensei malvado de pelo blanco que aparece en el 1 capitulo de Naruto.

* Morio: El chuunin de Iwa que le da una cartita de amor a Sakura después que ella lo cura en la 4ta guerra ninja.

Y bueno, supongo que a Idate y Yugao sí los recuerdan.

Eso es todo por ahora. Espero actualizar pronto mis otros fics.

Matta ;)