Capítulo Tres
Shaina no sabía si estaba bien o fingía estarlo para no dar que hablar. En los últimos tiempos había sido el centro de atención porque todos conocían su amor hacia Seiya y eso llegaba a ser una terrible molestia para ella, debido a las circunstancias.
Habló con el caballero de Pegaso durante un tiempo, más por insistencia de él que otra cosa. La verdad es que él se había portado muy bien con ella a pesar del rechazo a una relación, por lo que una amistad era algo que podría darse sin problemas.
Pero si sus sentimientos hacia Seiya habían ido cambiando con el paso del tiempo, no lograba entender por qué seguía tan reacia a dejar de lamentarse.
—Añoras algo que nunca has tenido, ¿te das cuenta Shaina?— le dijo Afrodita, al ver su rostro congestionado por la rabia— Es absurda tu actitud.
En ese momento, el caballero de Piscis no se dio cuenta de las formas en las que soltaba aquella frase, pero al ver como el cosmos de ella se alborotaba y se alejaba a toda prisa de su lado, suspiró resignado.
Salió en su busca, pero tardó en dar con ella. De espaldas en un rincón, su máscara estaba tirada y podía escuchar sus sollozos.
—Déjame— pidió la joven—, en serio.
—Lo siento Shaina, perdóname— dijo el caballero—. No era mi intención molestarte.
Ella dio la callada por respuesta y tras secarse los ojos, volvió a colocarse la máscara.
—En serio, déjame, hoy no quiero hablar con nadie.
Afrodita se mordió el labio pero hizo caso a la petición de la mujer, alejándose del lugar con su sigiloso andar.
Shaina se pasó la jornada ocupándose de sus asuntos del trabajo en el Santuario y aunque estaba centrada, su mente le recordaba constantemente las palabras de su compañero.
A veces le daba la razón, otras veces no. Dependía del momento y mantuvo esa zozobra de pensamientos constantes hasta la noche, que regresó a su casa.
Cuando llegó a la puerta, divisó algo en el suelo y lo recogió. Era una rosa con un mensaje atado al tallo.
Afrodita le pedía disculpas de nuevo por su comportamiento y le pedía una plática a solas para poder explicarse. Cuando ella quisiera o estuviese lista para ello.
Abrió la puerta de su casa y colocó esta tercera rosa en el jarrón junto a las otras dos, que seguían tan frescas como el primer día.
Mañana decidiría qué hacer al respecto.
Gracias por los reviews que me dejan los lectores, ¡los aprecio! Actualizo cuando me devuelven el escrito ya que me lo revisan antes de publicar, por eso no hay día concreto de publicación. Continuará...
